X
Mi cuerpo se paralizó. Estaba a pocos centímetros de la figura masculina perfecta de ese chico. Sentir sus manos en mi cintura provocaba un leve ardor en toda mi espalda, mis piernas empezaron a flaquear, mis brazos a temblar, un temblor imperceptible. Estaba por desvanecerme en sus brazos, sus fuertes, musculosos y bien formados brazos. Era todo un Adonis. Era perfecto. Era un sueño hecho realidad. Podía sentir la sangre invadir mis mejillas dolientes de tanto fluido rojizo en ellas. Mi corazón quería salirse de mi pecho, no aguantaba tan poco espacio y necesitaba, urgentemente, escapar de la prisión detrás de las costillas para latir libremente. Sus finos labios masculinos estaban a escasos centímetros de los míos. Su cálida respiración, tranquila y pasiva en comparación a la mía, agitada y febril, abrazaba mi rostro totalmente ruborizado y con una expresión de ansias y, al mismo tiempo, confusión y una pizca de miedo. Mis ojos se cerraron involuntariamente cuando la distancia entre Inuyasha y yo era casi nula. Su pálida nariz rozó la mía y sus labios entreabiertos estaban ya a punto de impactar los míos temblorosos.
-Lo siento…- "¿Qué?" Sentí esas dos palabras en mis labios y, después, la repentina lejanía de nuestros cuerpos- …Lo siento- Fue lo único que dijo para girar sobre sus talones y perderse entre la multitud allá alborotada por el exceso de alcohol en sus cuerpos.
-…pero… ¿por qué?- Pregunté en susurro al aire.
-¿Por qué no puedo dejar de pensar en eso?- Era sábado. Eran las dos de la tarde y no había pegado los ojos en toda la noche pensando en Inuyasha. "Acaso…¿se arrepintió?" -…¿En qué estoy pensando?... nos dejamos llevar por el momento y ya…no fue nada… no significa nada de nada. No importa… además, iba a ser sólo un beso… ¡Uy, si, gran cosa, un simple beso!-Me dije a mi misma para convencerme de la insignificancia total de ese incidente. "¿Insignificancia? ¿Incidente?... no te lo vas a creer nunca Kag. Te destrozó que Adonis no te besara" - ¿Podrías callarte? Déjame en paz…- Sí, aún seguía hablándome a mí misma. Pero no sólo me hablaba, también peleaba conmigo misma-…Simplemente dejaré de pensar en él y en la fiesta. Fue una pésima idea asistir…- "Es normal que pienses en él. TE GUSTA ¡Duh!... además, no hay por qué sentirse mal, Inuyasha es prácticamente un Dios de la belleza. Todas las chicas están locas por él, ¿por qué no ibas a estarlo tú? Y… ¡oye! Debes sentirte importante, eras la única con quien habla y… si te fijas, no posó su mirada en OTRA, sólo en ti… quizás le gustes tanto como él a ti" Claro, peleábamos y luego me alagaba, así cualquiera quiere hablar consigo mismo-… ¡Pero yo no quiero ser como las demás!... aunque es totalmente innegable que Inu es… bueno… perfecto…- No podía sacarme su imagen de la cabeza. Era simplemente hermoso. Tal y como lo describía Bankotsu, pero aún más, porque su misterio lo hacía tener una hermosura y una atracción mayor, como si quisiera huir de tanta perfección pero no quería, no podía. Sus ojos me atrapaban y su esencia me encadenaba-… si tanto le "atraigo", ¿por qué no continuó el beso?... quizás esperaba a que yo lo hiciera… pero… ¿qué chico iba a querer eso?, además… él lo empezó, debió haberlo terminado él… - No podía negar lo desconcertante que era el hecho de no haber recibido, al menos, un mínimo contacto de sus labios-… quizás tenga miedo…- "¿miedo?"-…y… ¿si nunca ha besado a alguien?...- "SI, CLARO" - …si, qué tontería. Quizás sea sólo timidez… o… pensó que era demasiado pronto, es decir, ¡Apenas nos estamos conociendo!- Me tiré abatida a la cama y estrujé la almohada contra mi pecho. "…entonces… no le des más vueltas, espera otro momento y… ve qué pasa. No saques conclusiones sin si quiera conocer bien al muchacho"
-Srta. Kag… ¿está todo bien?... ¿No va a almorzar?- Era Martha que abría lentamente la puerta de mi habitación-… ¿qué sucede mi niña?...- Preguntó con preocupación cuando me vio acostada en la cama abrazando a mi almohada como una niña triste.
-…Martha… como siempre… es confidencial, hasta nuevo aviso…-
-De acuerdo… dígame qué sucede…- Se sentó en el borde de mi cama y me acarició la cabeza como si fuese su bebé. Entendía perfectamente qué significaba "confidencial hasta nuevo aviso": Que sólo ella lo sabría hasta que yo misma lo contase a alguien más.
Solía contarle todo a Martha. Mis padres viajaban constantemente justo en los momentos en que me atacaba la crisis existencial de la adolescencia. Entonces, por lo general, era siempre Martha quien se enteraba de las cosas de primera. No omití ningún detalle. Ninguno. Comencé desde que lo vi el primer día hasta que vi cómo desaparecía entre las gentes en la fiesta del día anterior.
-Ay hija… tranquilízate. Recuerda no precipitar tus sentimientos ante el primer indicio de un aparente romance-
-¿Romance? ¡Es sólo atracción física!- Alcé un poco mi voz, estaba totalmente ruborizada.
-¡Exacto! Por eso no debes precipitarte… y no sabes cuales son las intenciones del muchacho. O… su pasado. No sabes si ha tenido buenas o malas experiencias…como tu…- "como tú" Se refería a mi antigua relación con Ethan.
-…quisiera saber qué piensa… bueno, qué pensó en eso momento…-
-Entonces… pregúntaselo si tanto quieres saberlo…-
-…je… Sí, claro…- Dije sarcásticamente.
- Ven, levántate y vamos a almorzar. Martin nos espera en el comedor…-
"Ni modo" Me levanté y acompañé a mi nana hasta el comedor dónde, efectivamente, Martin nos esperaba ya con la comida en la mesa.
Gasté mi sábado viendo televisión y escuchando música. Usé unos treinta minutos para pasear con Chuck por la urbanización. A eso de las cinco de la tarde caí muerta en la cama. No había dormido desde el viernes. Morí hasta las seis de la mañana del domingo, cuando Chuck, como todos los domingos y, en sí, casi todos los días, saltó a mi cama y empezó a lamerme con su pequeña, babosa, cálida y graciosa lengua. Increíblemente el muy diablillo ya había entendido que cada siete noches nos tocaba salir a caminar en el bosque de Corsky. Sabía perfectamente que me levantaría, me vestiría con una ropa deportiva, bajaría a desayunar cereal con un poco de jugo, prepararía un termo de agua fría para el camino, ajustaría la gorra en mi cabeza sujetando mi largo cabello con ella, ataría la cadena para perros en su collar y avisaría a Martin que ya estábamos listos para ir al bosque, él nos dejaría allí y estaría pendiente de nosotros. Acostumbrábamos a pasear unas dos horas, a veces tres. Casi siempre era porque nos perdíamos, pero al final, lográbamos encontrar el curso del río y caminábamos por él hasta su desembocadura, aproximadamente una media hora más, donde se alzaba un puente de piedras construido para "exploradores del bosque", como Chuck y yo. Martin siempre nos esperaba ahí cuando ya había calculado las dos horas. Ese domingo el bosque estaba más tranquilo de lo normal. Estuvimos caminando alrededor de una hora, cuando me decidí a descansar en un claro, muy bonito por cierto, que estaba lleno de flores blancas. Me senté en el césped y le quité la cadena a Chuck. Él sabía muy bien que debía quedarse cerca de mí, ahí en el claro, sin alejarse mucho, siempre en mi campo de visión, o, en tal caso, que él siempre me pueda ver. Me dediqué a contemplar el cielo azul despejado de esa mañana mientras tomaba un poco de agua y Chuck jugueteaba con un par de mariposas que se encontró corriendo en el césped. Después de un rato el cachorro se recostó a mi lado, descansando después de haber perseguido, sin éxito alguno, al dúo dinámico de las mariposas, que ya habían desaparecido. Pasaron unos cinco minutos cuando Chuck se irguió repentinamente, poniendo toda su atención canina en una dirección específica, en el profundo y espeso bosque. El lado contrario del que veníamos, por cierto. Soltó un ladrido y empezó a correr hacia ese ALGO que llamó su atención. No me quedó más remedio que perseguirlo. Nos adentramos en el bosque, me tropecé con todas las raíces de árboles que había en el piso, en varias ocasiones me apoyé de los gruesos troncos para no terminar en el suelo. "Gracias a Dios que estoy usando zapatos deportivos" pensé mientras aún corría detrás de Chuck y gritaba una y otra vez un nombre. En algún cruce perdí de vista al cachorro, por lo que me asusté. Intentando encontrarlo con la mirada caí al suelo al tropezar con una ENORME raíz de un GIGANTESTO árbol que sabrá Dios cuántas décadas tendría ahí plantado. Seguí con un paso apresurado, sin correr, pues ya me había raspado la rodilla derecha y me dolía inmensamente, buscando a mi cachorro, que de vez en cuando podía escuchar su ladrido a lo lejos. Intenté guiarme por el sonido.
-¡Guau!- ¡Estaba cerca de él!
-¡Chuck!...- empecé a llamarle impacientemente. Entonces logré verlo allá abajo, corriendo en busca de quién sabe qué-… ¡Chuck, vuelve aquí ahora!... – dije prácticamente gritando mientras me precipitaba en esa empinada bajada. Podía escuchar cerca una cascada, quizás la misma que había visto el otro día. Iba corriendo, estaba segura de que en cualquier momento me iba a caer, pero necesitaba alcanzar al cachorro antes de perderlo nuevamente de vista. Mientras más me acercaba al final de aquella bajada, menos árboles se atravesaban y dejaban ver que, efectivamente, estaba por llegar al lago que formaba la caída de agua que intentaba plasmar en el lienzo. Pude ver a Chuck corriendo hacia ella cuando vi a un chico, sin camisa, caminando en su dirección. "¿Qué hace ese muchacho aquí? ¡y sin camisa!" fue lo único que me dio tiempo de pensar antes de volver a tropezar con, esta vez, una piedra saliente del suelo y terminar rodando en la bajada hasta caer en suelo firme. Lo último que vi antes de caer fue a Chuck corriendo a los brazos de ese chico y él lo cargaba como si se conociesen y tuviesen años sin verse. Bueno, en realidad, Chuck era así con todos, pero fue algo extraño que se lanzara así a los brazos de un desconocido. Ah, sí, entonces me caí.
-¿Kag?...- "¿Inu?" estaba de medio lado "tirada" en el suelo, me dolía MUCHO mi rodilla derecha y, al parecer, mi tobillo derecho también había salido perdiendo en esa fea caída-…Oh por Dios… ¿Estás bien?- Preguntó con un tono notablemente preocupado.
-S-Si…- Dije sentándome y contemplando el torso desnudo y humedecido de Inuyasha. "Oh… mi… Dios…" Una cosa eran sus brazos, que derretían con un simple contacto, ahora, otra cosa MUY diferente era su exquisitamente bien formado abdomen. Y esos pectorales. Y esas entradas. Me iba a morir entre tanta conmoción, no solo me había caído de lo feo, me había raspado la rodilla y, probablemente, torcido el tobillo, no solo eso, si no que tenía frente a mí a Adonis en persona. Iba a morir de un paro cardíaco de tanta emoción.
-¿Segura?- preguntó acercándose aún más, acuclillándose a mi lado, posando una de sus manos en mi espalda para yo poder apoyarme en ella y, con su otra mano, quitándome de la cara un par de mechones que cubrían mis ojos y unas cuantas hojas de arboles, junto a un poco de tierra, que se me habían adherido a mi rostro durante las tres vueltas que di antes de caer en suelo firme.
-…s-si…creo…- Estaba tan ruborizada, tan nerviosa. Tan tontamente embelesada por el increíble físico de ese chico. Se notaba que vivía haciendo ejercicio. "¡Es tan sexy!" Sí, mi mente despertó una vez más.
-¿Qué estás haciendo en el bosque? ¿Y a estas horas? ¿Estás sola? … uy, esto está feo… - Dijo observando la herida en mi rodilla. Había olvidado por completo que me dolía cuando mis ojos se posaron en el torso de Inu- …¿Te duele mucho?...- Preguntó viéndome a los ojos, buscando alguna expresión de dolor en mí, cosa que no encontró, pues aún estaba en shock por su perfección física.
-…algo…- Fue lo único que alcancé a decir. Chuck estaba a mi lado, moviendo su cola animadamente. "Pareciera que todo estuvo fríamente calculado por este cachorro endemoniado"
-… ¿Puedes ponerte de pie?...-
-…creo…- simultáneamente intenté ponerme de pie, sin la ayuda de Inuyasha, pero ahí mismo me atacó un inmenso dolor en el tobillo derecho-… ¡Ah!...- solté un gemido de dolor. "Qué vergüenza, justo con Inuyasha te tropiezas hoy. Suertuda"
-…No puedes…-
-…Me duele… me duele el tobillo derecho…- Dije mientras aguantaba el dolor que repentinamente incrementó.
-…déjame ver…-
-¡No! ¡No lo toques, me duele! – "Qué SUPER vergüenza"
-…Tranquila, sólo voy a revisar…- Su voz sonó tan tierna y su mirada se suavizó tanto que accedí completamente a su intento de persuadirme que, evidentemente, no le costó nada.
-…au-au-au-au… - Realmente me dolía.
-Pues… obviamente te lo torciste… está algo inflamado, no creo que puedas caminar. Ven…- Fue lo último que dijo para tomarme en sus brazos estilo nupcial. Estrujando mi cuerpo entre sus fornidos brazos y su desnudo torso, provocando un intenso rojo vivo en mis mejillas, obligándome a rodear su cuello con mis brazos, empezó a caminar en una dirección determinada. Chuck nos seguía moviendo su colita. "Pequeño demonio, todo es tu culpa"
-…y…¿Qué haces en el medio del bosque, semi desnudo, un domingo, a esta hora?...- pregunté para calmar un poco mis nervios después de unos interminables cinco minutos de silencio absoluto.
-…Eso te pregunto yo a ti…- Dijo haciendo el agarre de sus brazos en mi cuerpo, completamente dominado por el suyo, aún más fuerte-…el bosque, aunque tranquilo, es peligroso en muchos sentidos… No hay señal, por lo que no puedes llamar en caso de cualquier emergencia, de hecho, tienes suerte de que tu cachorro me haya encontrado… además hay lobos por aquí… y osos… incluso alces. No querrás toparte con ninguno de esos animales… créeme…-
-…No lo sabía…- Era en serio, no tenía idea de que pudiese haber lobos en ese bosque.
-Claro que… están río arriba…-
-…entonces…¡¿para qué me asustas así?- "Río arriba" dijo. Es decir, a muchos kilómetros de donde estábamos y, lo más importante, de dónde Chuck y yo solíamos caminar.
-No es por asustarte, es para prevenir… no siempre voy a estar por ahí para rescatarte…-
-¡Qué arrogante eres!...- Dije haciendo un puchero. Admito que era infantil pero odiaba que se hiciera tan importante él mismo-…bájame…- ordené.
-…no…-
-¡Bájame!- empecé a darle pequeños golpes, para nada dolorosos, en su pecho.
-…ya te dije que no. No puedes caminar, te hará daño en el tobillo, además, tu rodilla…no está muy bien que digamos. No vas a llegar a ningún lado así, sin contar que no tienes idea de dónde estás parada… Y Chuck se está muriendo de sed…- me estaba regañando… ¡A mí!
-…Cuál es tu punto…- pregunté sarcásticamente. Obviamente él tenía la razón en todo lo que decía.
-…lo sabes muy bien…-
-…- Estuvimos en silencio unos diez minutos más- ¿a dónde me llevas?- pregunté totalmente resignada a que el Adonis hiciera lo que se le viniese en gana, al fin y al cabo, no tenía mucho que hacer con un tobillo torcido, un rodilla herida, un celular sin señal, una botella de agua casi bacía y un cachorro que solo mueve la cola incansablemente.
-…a mi casa…-
-¿ah?... ¿es por aquí?... creí que era en otro bosque…-
-…así es… en realidad está unido a este, los separa un puente de piedras más abajo…- Oh, mi preciado puente, donde Martin probablemente estaría esperándome.
-…entonces déjame ahí, Martin de seguro estará esperándonos a Chuck y a mí…-
-¿Martin? ¿Quién es Martin?- preguntó mirándome insistentemente.
-…es… como el mayordomo de mi familia… pero ya es parte de la familia…- Respondí sin atreverme a mirarle.
-…ah…-
Cuando por fin llegamos Martin no estaba. Claro, había pasado como una hora y media nada más.
-…entonces a mi casa…-
-…podemos esperar…-
-…no, tu rodilla no puede esperar…- No sabía que le iba a preocupar tanto. "¡SI! ¡Se preocupa por mí! ¡Eso es bueno!"
-…- suspire profundamente y me dejé llevar.
Unos veinte minutos después estábamos bajando, corrijo, Inu estaba bajando conmigo en sus brazos hacia un hermoso valle. En el centro de este se encontraba una enorme mansión cuyas paredes, o bien sólo la sala, eran, en realidad, grandes ventanales que dejaban ver parte del hermoso interior de aquella mansión. Alrededor de ella había unos inmensos y hermosos jardines, con una entrada para autos de piedrecillas bien arreglada. ¡Incluso a través de la mansión corría un pequeño arroyo! ¡A través de la mansión! Estaba construida de modo que no interfiriese con el curso de ese arroyo. ¡Era todo un espectáculo de mansión! ¡Era hermosa! ¡Todo era hermoso!
-E-E-Esta es tu casa…- Pregunté estupefacta después de haber contemplado durante tres minutos la maravillosa mansión.
-…así es…- Dijo simplemente.
-…Es hermosa…-
Me llevó hasta el interior de su "pequeña" casita y me acomodó cuidadosamente en un mueble de la sala.
-…espera aquí…- Dijo para desaparecer detrás de una pared blanca.
Me quedé contemplando el paisaje que se podía ver a través de los enormes ventanales. Era espectacular.
-Inu, ¿llegaste? …– Escuché la clara voz de Bankotsu, que bajaba por unas escaleras que estaban a mi izquierda –… Oh… ¿Kagome?- preguntó algo sorprendido.
- Si… Hola Bankotsu…- Respondí a su "saludo" girando mi rostro para verlo, ¡tampoco tenía camisa!
-¿Qué te pasó?- su voz sonaba aún más preocupada que la de Inuyasha cuando me ayudó en el bosque. Eran imposibles los físicos de esos chicos. Bankotsu estaba tan bien, pero sin superarlo, como Federico.
-…me caí… me torcí el tobillo… y bueno, creo que la rodilla lo dice todo…-
-…Volví…- dijo Inu apareciendo nuevamente- … Bank, trae un poco de agua…-
-No, tranquilo… no tengo sed…- dije. Ya era suficiente molestia el estar ahí sin previo aviso.
-…no es para ti… es para Chuck…- fue el comentario que hiso Inuyasha para empezar a sacar el alcohol del botiquín de emergencias. "TONTA"
-…¿Segura que no quieres Kag?... Inu debió preguntarte…- Bankotsu era tan tierno. Todo lo contrario a Inuyasha.
-…no, gracias Bankotsu…-
-¡Tengo hambre! ¿Qué hay para comer?- La voz de Miroku se hiso sonar por toda la sala y… ¡su torso también estaba desnudo! ¿Qué acaso nadie en esa casa usaba camisa?
-¡Chicos escribí una nueva melodía!- No, nadie usaba camisa. De repente apareció Koga detrás de Miroku, semi desnudo, al igual que sus primos. Cualquier chica diría "estoy en el paraíso", pero yo ya había tenido suficiente vergüenza por un día y lo único que lograban esas réplicas del Narciso era hacerme enrojecer cada vez más y más.
-¡¿Kagome?- exclamaron los dos al unísono mientras bajaban las escaleras.
-…si… hola…-
-¡¿Qué te pasó?...¡¿Qué le hiciste Inuyasha?- Parecían gemelos a pesar de que uno tenía el cabello corto y el otro lo tenía amarrado en una cola alta, sin contar la diferencia entre sus ojos, la forma de sus caras era casi igual, y las expresiones eran prácticamente las mismas.
-No le hice nada…- Respondió un tanto molesto.
-¡Si, claro!- Ambos hablaron al mismo tiempo acercándose y quitándole el puesto a Inuyasha, para arrodillarse, Koga a mi lado derecho, Miroku a mi lado izquierdo y continuar limpiando la herida de mi rodilla, Owen, mientras Miroku comenzaba a sobar mi tobillo con una crema-…tranquila… estarás bien…- Está bien, quizás si estaba en el paraíso.
-¡Oigan! ¡¿Quién demonios se creen que son?- reclamó Inuyasha muy enojado. Claro, si te arrebatan las cosas de la mano y te empujan para tomar tu lugar, te enojas sin lugar a dudas. Pero Inu exageró.
-…volví…- Dijo Bankotsu con un vaso de agua para mí, a pesar de que no se lo pedí, y un envase con agua para Chuck- … chicos… dejen de pelear, van a asustar a Kagome…- Ese comentario salió de que Inu tenía a Miroku "ahorcándolo" del cuello mientras este le halaba el cabello y Koga se encargaba de empujar la cara de Inuyasha con su mano derecha y con su izquierda intentaba soltar el agarre que el mismo chico tenía en el cuello de Miroku, mientras el peliplateado intentaba incansablemente alcanzar la mano que Koga tenía en su rostro para morderla. Era una escena MUY graciosa, parecían todos unos niños-…bueno… veamos esto…- Entonces fue Bankotsu quién se encargó de mis heridas y mi tobillo.
-…Voy a llamar a Martin para que venga por mí…- recordé que, probablemente, Martin ya debía estar en el puente esperando por nosotros.
-… ¿a buscarte? ¿Aquí?...- preguntó Bankotsu un tanto desconcertado.
-…no, nadie puede venir aquí…- Soltó Miroku cuando ya se había deshecho de Inuyasha que aún forcejeaba con Koga.
-¿por qué no?... acaso viven en secreto…- pregunté irónicamente. Al parecer, ese era el punto.
-…pues si…- Dijo Koga que ya había terminado de "jugar" con Inuyasha y se sentó a mi lado.
-…El punto es que nadie venga…- Ahora Inu entraba en la conversación.
-… ¿por qué?...- Me estaban asustando.
-…porque… no queremos que se les ocurra hacer una urbanización aquí. Es decir, mira este lugar, es perfecto. Se pueden construir por lo mínimo treinta casas grandes y lujosas. Dañarían el valle. Además… nos gusta tenerlo para nosotros solos…y…solemos hacer mucho escándalo por todo, como acabas de ver…- Respondió Miroku
-…ah…- Bueno, tenían razón. Era un lugar hermoso y estaba bien así, con una sola vivienda a la vista-…bueno… entonces… voy a llamarlo para que sepa que estoy con ustedes…-
-…Yo te llevo a tu casa más tarde, cuando te sientas mejor…- Dijo Inuyasha.
-…d-de acuerdo…- "¡ah! ¡Rodeada de cuatro clones de Adonis y tu príncipe te va a llevar a tu casa! ¡Qué suertuda eres!"
Después de haber convencido a Martin de que me encontraba bien, que estaba en buenas manos y de que irían en cuanto pudiera a casa, charlé un poco con los chicos. Me invitaron, los cuatro, a ir algún día al LSwu, dónde acostumbraban a tocar. De hecho me divertí mucho en ese rato que estuvimos hablando mientras se me pasaba el dolor en el tobillo. Los cuatro eran muy simpáticos, incluso Inuyasha.
-…bueno… ya son las diez…- comenzó Inu - …creo que es mejor que te lleve a tu casa antes de que le de un infarto a Martin y a… perdón, ¿cómo dices que se llama tu… nana?-
-…no te burles…- lo había dicho con un tono que no me gustó. ¡Eran mi nana! ¿Algún problema con eso? -… se llama Martha…-
-…No me burlaba… sólo preguntaba…- Dijo defendiéndose - … bueno… vamos…- Me tomó nuevamente en sus brazos-…despídete de los chicos…-
-…Hasta mañana, gracias por todo, me divertí mucho…- dije sonriendo.
-…Hasta mañana Kag…- cantaron los tres al unísono. ¡Eran todos tan lindos!
-…vámonos…- Inu empezó a caminar hacia la cocina, atravesó una puerta que llevaba a una enorme cochera donde estaban las motos de los chicos y tres hermosos carros: Una Chevrolet Avalanche negra, un Ford Fution azul oscuro y un Honda Civic Emotion rojo sangre. Un sueño hecho realidad.
-Ya vuelvo, me voy a poner una camisa…no quiero llegar allá y que me vean así, van a pensar mal de mí…- Dijo el ambarino una vez que, no sé cómo, abrió la puerta de copiloto del Honda Civic y me ayudó a sentarme. "ya era hora de que se le ocurriera ponerse una camisa"
Emprendimos el recorrido a mi casa. Inuyasha era todo un sueño, a pesar de su clara frialdad. "¡Ah! ¡Me encanta! ¡Qué día más espectacular!" Sango, Ayame y Midoriko no iban a creerme cuando se los contara todo.
NOTAS DE LA AUTORA
Hola! volví rápido! :3 ... son las cinco de la mañana *¬* ...seeee...llevo como tres horas escribiendo *¬* tengo hambre, MUCHA HAMBRE, pero aquí estoy, subiendo este cap para ustedes... *¬*
JE! tranquilos...pasa que me desperté a las tres de la tarde... si! tres de la tarde! qué verguenza! *-*... y bueno, tenía una idea de qué escribir y decidí empezar este cap después de leer un poco de El perfume, la novela de Patrick Suskind... está fiina *-*
Bueno, como siempre, gracias a aya-pame-kagxinu, setsuna17 y susuki-1... :3 son lo max! gracias por escribir TT-TT
Oigan...cuando les dije pa' que entraran a mi blog... ps...era en serio U.U ... y si pueden déjenme comentarios porfiiiiiiiiiissssss ^-^
No sé cuándo apareceré por aquí nuevamente, ni si quiera esperaba hacerlo hoy U.U*, pero bueee... cosas de la vida U.U
Y CREANME cuando les que no tengo idea de cómo continuar X_X...ahí veo...
Bueno bye! ahora sii me vo' a dormir... con hambre *~*
Nos 'tamos leyendo! ^u^
Se despide... LbG :3
