Disclaimer: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama


Advertencias:

Lenguaje soez. Lime. Situaciones para adulto.


Soundtrack Recomendado:

Capturing Images.-Anni B Sweet


#PrayForSurveyCorps


-¡..cuatro, tres, dos…! ¡Feliz Año Nuevo!

Tan pronto todos gritamos aquello, pesqué a Levi de la cintura, lo atraje hacía mí y le planté lo que sería el primero de muchísimos besos aquel nuevo año. Él jadeó, pero al final me respondió, envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello.

A nuestro alrededor todos gritan, y joder, me siento tan feliz que en mi interior la sangre bulle, haciendo latir mi corazón cómo un loco.—Feliz Año Nuevo, mi amor.—Susurra con timidez en mi oído. Le sonrío, con dicha y lo envuelvo en mi poderoso abrazo de macho alfa, abdomen de espartano, barba de leñador, de mirada poderosamente gay.

Es la madrugada del primero de Enero de un nuevo año, y el alcohol, la comida, la pólvora y las luces de bengala lo llenan todo. Estamos sentados en el patio trasero detrás de la casita, y el lago se ilumina con majestuosidad .—Levi, cariño...—Digo en cierto momento de la madrugada, con bastante e impropia timidez bullendo de mis palabras, mientras reímos por las palabras del idiota de Connie.—Podemos… ¿podemos ir a…?

Desde aquel furtivo encuentro en la camioneta, hemos estado cómo locos, sobeteándonos en cualquier lugar que pueda aprovecharse y Hera no me dejará mentir, que esos deliciosos fajes son mil veces más placenteros que todos los polvos espontáneos de mi promiscua vida.

No me dejó terminar. Se puso de pié de un salto y le tomó de la mano.—Joder, estaba a punto de secuestrarte, te tardaste demasiado.—En mi impresión digna de una deidad, me eché a reír. Mi hombre es una cajita de monerías, joder.

Loados sean los dioses.

-¿Tan rápido os vais a ir a fornicar?—Comienza Connie.

-¿Acaso quieren comenzar el año con mucho, mucho, pero mucho amor (1)?—Le siguió Marlo.

-¿Amor? ¡Amor mis pelotas inexistentes! Esos dos van a ir a follar hasta perder la consciencia,

Nos echamos a reír. Vamos que no follaremos cómo lo piensa la bollera pervertida, pero la expectativa nunca está de más, ¿no?

-La puerta, la puerta...—Dice con desesperación cuándo llegamos a nuestro cuarto iluminado por nada más que no fuese la luz de los fuegos artificiales del exterior y me echo a reír.—La cama, la cama...—Le digo con mofa y él bufa.

A saber Atenea cómo ambos llegamos a la suavidad del lecho, pero cuándo lo hacemos, Levi me abre la camisa de botones de un tirón. Acaricia mi pecho y jadea.—Maldito seas, jodido turco... vous êtes belle , malheureux (2)—Dice sin aliento antes de besarme con ansiedad. Al escuchar esas sensuales palabras, mi polla da un entusiasmado respingo.

Sonrío entre sus labios, y abro el pantalón, haciéndole estremecer.—¿Recibiremos el año con mucho, mucho, pero mucho amor?

Él se ríe y asiente.—Estás en lo correcto...

Sè que aún no llegaremos al final, pero al recostarlo sobre las sábanas sonrojado y a la expectativa, me hace saber que no importa. Que lo tengo cómo siempre soñé y que él lo desea tanto cómo yo.

Sin embargo veo el temor en su rostro, y me lleno de resolución. Lo haré disfrutar. Lo haré gritar de puro placer o por mi sagrado Zeus que me dejo de llamar Eren Yaeger.

-Despacio, ¿vale? Lo haré despacio.

La voz que sale de mi garganta es un ronco gemido de ansiedad. Levi asiente, sonrojado, temeroso y esa imagen de él tan indefenso me endurece aún más dentro de mis pantalones.

Con delicadeza abro sus jeans grises y los deslizo hacía abajo. La piel que esconden es blanca, tal y cómo siempre imagine (y sabrá Afrodita bendita que lo imagine infinidad de ocasiones) y odio a Levi por ser un exagerado y llamarse así mismo gordo cada vez que puede. Es perfecto, joder. Diferente a todos esos tíos a los que les he dado placer, único y jodidamente perfecto.

El suspira, y sus dedos se retuercen. Asciendo a su boca y lo beso. Primero tierno, luego poco a poco humedezco sus labios con m aliento, muerdo su labio inferior y con un delicado movimiento introduzco mi lengua a esa boca anhelante. Y Levi gime de nuevo.

Y yo me hago de piedra, y cierro los ojos luego de contemplar segundos enteros esa deliciosa expresión suya, de cejas fruncidas, y mejillas rosadas. Disfruto su saliva colarse a mi boca, degusto felizmente su aliento entremezclado con el mío y con un ondulante movimiento alzo su camisa para verle. Él se sobresalta, avergonzado y trata de cubrirse y lo detengo antes de que cometa esa barbaridad.—No.—Digo, autoritario.—No. Déjame verte. Quiero verte, ¿no lo entiendes?

-Pero…

-Me estás provocando la más agonizante erección que jamás he tenido. Me has puesto duro con sólo escucharte, así que por Zeus, tenme piedad.—Él enrojece aún más y cierra los ojos, apenado cuándo mi boca desciende por su cuello y con la lengua traza un insinuante camino hasta uno de los botones rosados que se presentan indecentes ante mí. Y cuándo mi lengua alcanza al primero, Levi jadea, se retuerce y al final dice mi nombre.

Y yo quiero más, quiero escucharlo aún más, así que con los dientes recorro la roja piel de su pezón y lo succionó.—¡E-Eren!

Sí, di mi nombre, oh mi amor, di mi maldito nombre.

Y Levi lo hace, y con sinuosa lentitud desciendo hasta sus caderas. Me alejo de nuevo y le beso en el mismo instante que introduzco mi mano en la tela de sus bóxer. Y Levi jadea.

-N-No, E-Eren, yo…

Lo beso de nuevo. Y con suavidad toco su sexo, hinchado, caliente y húmedo, supurante de excitación y lo recorro de arriba abajo, haciéndole gimotear.—E-Eren, oh, joder…

Sonrío, y hago constante ese movimiento, acariciando con mi pulgar su glande y descendiendo perezoso tirando de la suave piel hacía abajo antes de repetir la acción. Y Levi parece enloquecer.

-¡Mgh! E-Eren, me vo… ¡AH!

Le arranco la ropa interior y recorro con mi lengua lo mismo que mi mano había sentido ya y Levi parece morirse. Joder, pienso, aturdido. Hasta su polla es bonita, de un adorable color rosado, gruesa y de un tamaño considerable. Se me hace agua la boca y la introduzco en ella con hambre. Levi resuella, se retuerce y jadea en busca de oxígeno. Le sujeto las caderas, deseoso de verlo llegar al límite y marco un ritmo en mis succiones, recorriendo gustosamente con mi lengua el miembro caliente de mi novio, que parece a punto de enloquecer, llamándome cómo desesperado.—¡E-Eren! ¡D-Déjame… AH! ¡Ah, jo-joder!

Acaricio con mis manos sus testículos endurecidos y aumento el ritmo y entonces suelto sus caderas, satisfecho de esas preciosas reacciones que me regala y lo dejo embestirme. Levi gimotea de nuevo, aferra mis cabellos con sus pálidos dedos y al final se corre con un grito que me provoco estragos en la cordura.

Lo trago todo y él suspira, en busca desesperada de oxígeno. Ver su cara es ver con orgullo lo hermosa que he hecho que ésta se ponga, sonrojada, sudorosa, con los ojos azules empañados y la mirada perdida en su orgasmo. Y sus labios, enrojecidos de besos sólo pueden decir algo y ese algo es nada más y nada menos que mi nombre.

Asciendo a su boca, dejándole dolorosamente semi duro, deseoso y desesperado y rio cuándo él se restriega contra mí. Duele, pero joder, cuándo su sexo se roza con el mío, es más de lo que puedo manejar. Lo sujeto con mi mano y le masturbo con lentitud. Levi gimotea de desesperación y me bebo su aliento, antes de quitarme los pantalones, arrancarme la camisa y dejarme caer sobre él con delicadeza.—Ah, E-Eren yo...

No le dejo terminar. Me hago en un lugar entre las piernas y él se tensa.—Tranquilo, mi amor.—Susurro en su oído.—Tranquilo. Sólo quiero probar algo...

Y lo hago. La fricción entre nosotros es enloquecedora. Utilizo mis brazos para sostenerme sobre él, y embisto con suavidad, haciendo que la humedad y ese curioso y obsceno sonido se escuche por sobre nuestros gemidos. Es un roce, sin embargo siento cómo mi cuerpo arde cuándo Levi me envuelve la cintura con las piernas y empuja las caderas hacía mí.—J-Joder, Levi...

Gruño, le beso y embisto, friccionando su sexo con el mío, endureciéndolo aún más, llevándolo al borde.—¡E-Eren, más rápido! ¡Ah, ahí!

Acelero el ritmo, envuelvo ambos miembros con una de mis manos y de arriba para abajo igualo el vaivén que llevan mis caderas, haciéndolo gritar, desesperado.—Mi amor.—Gruño contra su boca bebiéndome sus gemidos, atesorando cada uno de sus preciosos sonidos.—Mi amor, mi amor, mi amor…

Luego sus orbes color zafiro se clavan en mi rostro, y con voz anhelante, habla. .—H-Hazlo...—Susurra sin aliento, sonrojado, perdido, indefenso.—Hazlo, hazlo sí lo deseas…

¿Qué si lo deseo? ¡Estoy que me muero por sumergirme en él!

Sin embargo, logro atisbar en sus ojos aún la inseguridad y niego con la cabeza.—No está noche, agapitè.—Digo con una sonrisa.—Pero te voy a mostrar lo bien que se sienten otras tantas cosas, si es que mi Riv me lo permite...

Y mi Riv lo hace.

-Lo haré despacio, ¿vale? Si te duele, lo sacaré de inmediato.—Él tiembla, asiente y se aferra a mis hombros.—Necesito qué—No termino. Su lengua, su pecaminosa y rosada lengua se remolina en los dedos que pongo frente a él y me mira con travesura. Gruño. Cuándo mi lubricado primer dedo se hace espacio en su interior, jadeo de frustración. Está apretadísimo, ardiente y húmedo y me endurezco más sí es que eso cabe aún a consideración. Gime, se retuerce y abre los ojos, sorprendido.—Tranquilo, mi amor.—Le digo, plantándole un suave beso.—Tranquilo, lo haré despacio...

Él asiente.—D-Duele—Reconoce en un murmullo.—P-Pero se siente...—De pronto, remuevo mi dedo, alcanzando más profundidad y él se estremece con violencia.—¡AH! ¿E-Eren qué...? ¡Ah, ahí! Dios, ahí, E-Eren…

Sonrío, satisfecho y empujo mi dedo, embistiendo su próstata con insistencia. Él se pierde de nuevo y me regala un segundo orgasmo más hermoso aún que el primero de aquella noche.—Mgh, E-Eren ahí, ahí… ¡Oh, ahí! Sí, p-por… ¡E-Eren!

En ese momento, en el cuál está a punto de alcanzar un tercer orgasmo, él baja sus manos de mis hombros y recorre con sinuosidad mi torso, hasta que acuna entre sus dedos mi sexo. Jadeo de sorpresa y él sonríe. Y entonces, ambos nos dejamos ir. Compitiendo, tratando de hacernos llegar más rápido el uno que el otro.

Embisto con mis dedos, él complace con sus manos y al final ambos lo alcanzamos. Alcanzamos el clímax, y se corre primero, cubriendo nuestros pechos de néctar blanco. Le secundo y al final, ambos nos miramos y nos echamos a reír.

-¿Te gustó?—Pregunto, limpiándole las piernas a besos. Él sonríe y avergonzado asiente.—Joder, sí. ¿Qué fue eso que...?

-¿...hice con mis dedos?—Enrojece aún más. Asiente de nuevo y se cubre la cara con sus preciosas manitas blancas.—Encontré tu punto dulce, Riv. Y me parece que eso te gustó...

Y Riv asiente.—Mucho.

Le lleno la cara de besos y él protesta.—No, no. ¡Dios, eres un empalagoso!

-Ajà.—Lo envuelvo entre mis brazos y él se calma. Se relaja y su cuerpo encaja tan bien contra el mío que pienso que Zeus nos debió de haber hecho el uno para el otro. Quiero confiar en que así fue.—Cuándo lo hagamos...

-Ya lo hemos hecho.—Digo con una sonrisa enternecida. Se ve nervioso y lo estrecho aún más, esperando que mi cercanía lo calme. Y lo hace.

-Cuándo lo hagamos hasta el final...—Me mira con sus preciosos ojos azules.—Prométeme que no me pondrás en cuatro cómo esos maricas de los videos porno.

Me echo a reír, asombrado.—¿Estuviste viendo porno gay?

Se encoge de hombros.—¿Qué? ¿No pensaste que te dejaría metérmela sin antes echarle un vistazo al sagrado internet, cierto?

Me rio a carcajadas.—No, Levi. Jamás te pondría en...—Me quedo callado unos momentos.—...en cuatro. Joder, eso suena guarro hasta para mí. Jamás lo haría. Cuándo lo hagamos, te miraré de frente y me perderé en tus ojos cómo siempre he querido.—Le di un suave beso en la frente. Nuestro beso de las buenas noches.—Cómo siempre he soñado.

-Eres un pervertido.—Me dice con una sonrisa.

-Un pervertido que hace que se te ponga dura, ¿no?—Se echa a reír. Me maravillo con ese sonido y lo envuelvo de nuevo. Unos minutos más tarde, susurra, medio dormido ya.—Te quiero, Eren...

Y cierra sus ojos. Y yo siento que estoy en el Olimpo, en el Valhala y en el paraíso mismo. Su calor se funde con el mío. Su cuerpo se acopla entre mis brazos a la perfección y con una sonrisa, me doy cuenta de que de verdad, estoy en el puto paraíso.

Me siento tan feliz que por momentos largos, olvido que pronto tendremos que regresar a Berlín.

Mad First Love.

Capítulo X

"No sueltes mi mano"

Hitch es una chica bastante amable.

Mi sorpresa había sido monumental cuándo la vi aparecer con Marlo en la motocicleta aquella vez en el puerto, pues ella anteriormente había sido tomada cómo excusa por las perras del instituto para molestar a Isabel.—No supe de eso hasta que Eren nos contó que le gustabas bastante y que le habías arrojado encima un licuado de avena.—Se echo a reír.—He querido disculparme con tu amiga, pero... bueno, es normal que piense que quiero molestarla luego de lo que esas idiotas hicieron.

Estábamos sentados en la barra de la cocina, ella picando jitomate y yo cortando en rodajas el queso, y Marlo sonrió.—Dios, te ves hermosa diciendo majaderías.

Me eché a reír.—Isabel no es rencorosa.—Dije después.—Sólo háblale. Se le olvidará de inmediato.

Aquella mañana, luego de los mejores orgasmos de mi vida casi puritana, (recuerden que Petra me hizo unos cuántos favores), el Sol, el cielo y la vida misma brillaban más.—Parece que Eren sí que te contentó anoche, ¿eh, Levi?—Se mofó Connie desde la sala, dónde jugaba con una consola junto a Franz. Thomas estaba afuera, ayudando a Bertholdt y a Marco a preparar las motocicletas, y Eren e Ymir se hallaban en el pequeño muelle, limpiando la lancha.—Sus gritos se escucharon hasta afuera.

Enrojecí. Tori le lanzó una servilleta.—No seas metido. Que no quieres que hable de unos curiosos ruidos que escuché la vez en la que…

-¡Calla Tori, calla!—Dijo Connie, arrebolado.—Eso no.

Todos los presentes nos miramos con las cejas alzadas. Incluso Hannah, que estaba lavando los trastos se giró con una sonrisa traviesa.—¿Qué ruidos, Tori?

-¡Oh, no te atrevas, enana malvada!

-¿¡A quién coño le dijiste así, cabeza de rodilla!?

Nos echamos a reír a carcajadas cuándo el furioso grito de Ymir nos llegó desde afuera. Tori negó con la cabeza y dijo.—Guardaré el secreto si prometes no ser tan metido.

-Eso es jodidamente imposible.—Repuso Thomas, entrando por la puerta.—Connie vive para el chisme.

-Eso es cierto. Cómo la vez que hizo que Bertholdt le hiciera las tareas con tal de no decirle a su madre que le habían suspendido del instituto por haberle descubierto echando un rapidìn con Marco.

-¡Eren!

El escandalizado grito de Marco nos hizo estallar en carcajadas.—Por cierto, ¿y Armin y Annie?

-Meh, se han de haber quedado cogiendo hasta muy entrada la madrugada. No han salido del cuarto.—Hannah frunció el ceño.—Chicos, despertadles, se quedarán sin el desayuno y es malo no desayunar, porque el desayuno es…

-...la comida más importante del día.—Recitamos todos. Hannah siempre decía eso, y ¿saben algo? Ella era sabia. No le llevaría la contra a alguien que haya pronunciado palabras tan brillantes.—Iré yo.—Dijo Connie, subiendo de dos en dos las escaleras.—Sirve que les tomo alguna foto para chantajearles.

-¿En qué quedamos?—Tori rodó los ojos. Ymir le arrojó su zapato a Connie. El calvo chilló.—¡Bruja enana!

Sasha había ido a comprar unas cuántas cosas que faltaban para el desayuno y luego de la ópera de Connie gritando porque Annie le perseguía, furiosa al haber hecho avergonzar a Armin, nos sentamos todos en la mesa del comedor.—¡Sonrían!—Un flash y Tori sonrió, triunfante.—Qué linda foto, chicos. Levi, déjame decirte que sales pre-cio-so.

-Mi Riv siempre es precioso.—Clamó Eren con orgullo.

Bufé.—Efectos colaterales de cierta polla medio turca, ¿no?—Ymir picó con malicia, haciéndome enrojecer.—Pero que digo, somos todos unos sanos chicos en crecimiento.—Se puso de pié, solemne.—Es normal que todos hallamos follado ayer, es decir, las hormonas son difíciles de controlar después de cierta edad.

-Especialmente para Marco y Bertl—Masculló Marlo, haciéndonos reír.—Oh, especialmente a ellos...

-¿Saben? Quiero comer sin tenerme que enterar de las actividades maritales de todos ustedes.—Clamó Annie con las mejillas coloradas.—Así que a comer.

Y cuándo Leonhardt daba un comando, se debía obedecer.

Antes del mediodía, estábamos cerrando la puerta de entrada con el cerrojo, cuándo Tori nos sacó otra fotografía, esta vez sin pedirnos que posáramos.—Ya sonreís todos con bastante naturalidad.—Dijo, observando orgullosa su cámara.—Ha salido preciosa.

-Pues claro, cariño, que he salido yo.—Dijo Thomas besándole una mejilla.

-¡Eh, patillas, aléjate de mi mujer!

-No haremos paradas. Debemos de llegar a Berlín antes del anochecer, pues es el último fin de semana antes de las vacaciones.—Indicó Armin con seriedad. Me abracé al cuerpo de mi novio y recargué mi mentón en su hombro.—¿Nervioso en volver?—Pregunté con suavidad.

-Odiando la idea de volver.—Me responde con una sonrisa.—Me gustaría quedarme aquí, para siempre, contigo.

-Oh, me agrada esa idea.—Ambos nos sonreímos y con cierta vergüenza pienso que sonreír cómo idiota ya esa algo demasiado común en mí. Que va, si sonreír así es el resultado de cosas tan maravillosas, bien vale la pena ser un poco más marica.

A esas alturas de todo, ¿qué mas daba?

-Habría que huir y no volver hasta el final del nuevo semestre.—Dijo Ymir con el ceño fruncido.—No des ideas, cariño—Interviene Tori, abrazándola con fuerzas.—No podemos perdernos las clases ahora, estamos a punto de graduarnos.

-Hey, pero la vida es un riesgo, carnal (3)—Dice Sasha desde su moto.—Pero Tori tiene toda la razón. ¡Hay que volver, chicos!

Suspiramos.—Venga, mi amor.—Dice Eren, encendiendo el motor.—Hay que ir y follarnos a Berlín cómo Zeus manda.

Sonrío.

Sí. Eso haremos.

(…)

Resultó que follarnos a Berlín y a todos sus obstáculos fue más complicado de lo que inicialmente creímos.

Y todo nuestro buen humor se fue con una simple y estúpida pregunta, rebuznada por una simple y estúpida bestia de corral.

-Vaya, Eren.—Dijo Kirschtein.—¿Entonces es cierto? ¿Te estás cogiendo a Levi ahora? ¿Al gordo? ¿No te da… asco?

A la hora del almuerzo, Jean finalmente lo logró.

El empujón que le propiné lo hizo salir disparado contra la mesa más cercana. Estábamos en la fila de la cafetería cuándo al muy cabrón se le ocurrió abrir la boca y comenzar a berrear.

En un abrir y cerrar de ojos, me vi acercándome hacía dónde el estúpido gimoteaba.—¿Cuál es tu puto problema, Yaeger?.—Su voz estaba impregnada de la sorpresa, pero sus ojos me decían que ya lo sabía. Que sabía de la causa de mi rabia, que lo sabía y que su intención absoluta era joderme con ello, ridiculizar a Levi, hacerle ver a todos que ese marginado no era sólo un cornudo, sino ahora y para colmo de los males, un maricón.

Y saber eso, enterarme de eso al ver esa socarrona mirada clavarse en mí, me descontroló.—¡Eren, no!

Había sido el grito de Armin, agudo, estridente. Pero no lo hice, no me detuve sino que me lancé contra ese imbécil y lo golpe hasta que me cansé.—¿Qué pasa, maricón?.—Escupió con una sonrisa.—¿Ahora le defiendes la honra a tu puta?

El que ese maldito hijo de perra se refiriese así a Levi, me hizo ver todo rojo Estaba a punto de ver si era verdad eso que el esófago se aplastaba con poco peso (4), cuándo Nile se me fue encima, y luego Auruo, y luego Gunther…

Todo fue muy rápido, ¿saben?

Había estado formado, justo delante de Levi, escuchándole narrar el monumental regaño que se llevó por parte de sus padres por no volverse antes del Año Nuevo, esperando por mi gelatina verde, y pensando en qué haríamos cuándo saliésemos por la tarde y en lo mono que se veía con un suéter celeste.

Y luego, me encontré siendo arrastrado lejos de Jean por el picha corta de Auruo. Grité, pataleé y me liberé, cayendo con pesadez contra el suelo. Era cómo una película puesta en cámara lenta. Pude ver a Marco a punto de arremeter contra Gunther, y a Capitán América, perdón, a Irvin, el primo de Levi lanzándose contra Nile. Auruo, quién intentó agarrarme de nuevo para que Reiner, que estaba congelado frente a nosotros, con cara de espanto, comenzase a molerme a golpes, fue alcanzado por una bandeja. Gritó, se cayó de rodillas y de pronto vi cómo Levi, tan hermoso cómo sólo él lo lanzaba hacía un lado, con una cara de infinito desprecio.—¡No te atrevas a tocarlo!.—Rugió, furioso, por encima de todas las otras voces que llenaban el lugar.—Tú, maldita escoria picha corta, ¡nunca te atrevas a tocarlo!

La patada que le propinó a Bossard me dolió hasta a mí.

A nuestro alrededor los gritos de los demás nos animaban a continuar, y joder, vaya que yo sí quería continuar. Eché un rápido vistazo hacía la mesa de esos idiotas, y vi cómo Petra nos observaba, inmóvil mientras más cerca de nosotros, Hitch, completamente asustada le decía algo en el oído a Marco, a quién había alcanzado a sujetar. Del otro lado estaba Levi mirando con rabia a Jean. Estaba aún en el suelo, por lo que no me sorprendió que dos poderosas manos me levantasen. La frialdad en la voz de Mikasa Ackerman hizo a Levi, girarse, sorprendido.

-Jean.—Dijo ella furiosa, distante.—Ya es suficiente…

No entendía a qué se refería. Por un momento me sentí perdido. Pero luego recordé al idiota de Nile, a su amenaza y a la inicial renuencia que Mikasa tenía en reconocer que de verdad amaba a su hermano y la revelación me golpeó más fuerte, incluso de lo que Jean hubiese podido. Mikasa lo sabía. Sabía lo que esos estúpidos habían estado intentando. Sabía que Jean estaba detrás de todo y ahora sabía que yo no era parte de esa mierda, alabado sea Jesús, Zeus y Odín ya que estamos, por eso.

-No es suficiente.—Escupió Jean, rabioso.—Nunca será suficiente, ¡puta!

Y entonces me liberé del agarre de Mikasa y me lancé contra él, furioso, descontrolado. Hijo de puta, pensé yo. Hijo de puta, hijo de… ¿qué ganaba intentando lastimar así a Levi? ¿Qué ganaba? ¿Qué coños ganaba?

Jean se defendió cómo pudo, me giró la cara de un poderoso puñetazo y me hizo caer de lado. Estaba a punto de volver a la carga, cuándo el cálido tacto de aquel que era capaz de controlar a la avalancha de mi rabia con su sola presencia, me rodeó los hombros y me apartó.—Ya es suficiente.—Susurró, agitado, aferrándome contra él.—Ya es suficiente, Eren, para ya…

Y de pronto, la furia desapareció y para mí fue suficiente. De momento. Me giré para verlo. Estaba asustado, podía verlo. Nuestro secreto se había revelado con esa pregunta inicial de Jean y podía ver que tanto miedo le causaba eso. Y sin embargo ahí estaba. Ahí estaba, mi Levi, mi precioso Riv, sin titubear, sin temer rodearme y sujetarme bien fuerte contra él, sin importarle que los ojos del resto le estuviesen observando cómo si se hubiese vuelto loco.—Pero él…

-No importa.—Me interrumpió, limpiándome la sangre de la cara con sus bonitas manos blancas. No, pensé yo. No te ensucies, mi amor. No conmigo. No por mí.—No importa ya—Me tendió su mano. Su preciosa mano, esa misma que me había acariciado días atrás. Que me había abrazado, sostenido, mientras nuestros cuerpos se acariciaban ansiosos.—No sueltes mi mano.—Dijo.

Me sonrió. Y verlo ahí, tan asustado, pero a la vez tan decidido a no acobardarse, a no retroceder, a ponerse junto a mí frente a toda la escuela sin importarle un carajo el qué dirán, me hizo comprender que amarlo más hubiese sido imposible. Y sin embargo, ahí estaba yo, más de él que de mí mismo, más enloquecido que cuerdo.

-¡Todos ustedes...!—Gritó Riko, la prefecta de último curso, con Irvin y Nile ya bien sujetos del cuello.—¡A la dirección! ¡AHORA!

Entonces me pasé por los huevos la opinión del instituto entero y tomé de la mano a Levi. Él se estremeció, más no se apartó. Aferró mi mano, entrelazando los dedos.—Vamos, tenemos que evitar una expulsión.—Dijo Riv.

Sonreí.

(…)

-¿Tienes idea de lo que pasará llegando a casa…?—Carla Yaeger era, sin duda alguna, una mujer que atemorizaría hasta al más grande y rudo de todos cuándo se encontraba tan enojada. Reiner, pálido y sin parpadear siquiera, era la prueba fehaciente de ello.

Estábamos contemplando el legendario regaño de Carla, luego de haber sido arrastrados hasta a la dirección, tras nuestra épica pelea.—Pero mamá…

-¡Cierra la boca!

-Me has preguntado...—Jodido Eren suicida, masculló Irvin, a mi lado.

-¡Asiente con la maldita cabeza, skatá agóri!(5)—Todos soltamos un respingo. Incluso Mikasa estaba tensa, aferrándose a mi mano, sentada del otro lado.—Tú y yo de verdad que tenemos que hablar, agòri. Ya verás cuándo.. ¡anda, tu mochila!

Eren saltó sobre sí mismo y asintió, corriendo a colgarse su morral. Luego, comenzó a andar hacía su madre. Entonces, se detuvo.—¿A qué estás espe-?

Se quedó callada al ver cómo Eren se inclinaba sobre mí para besar mi frente.—Te veré más tarde, mi amor.—Me estremecí, enrojecí, más sin embargo no pude evitar sonreírle.—Te quiero—Dije yo, haciendo que Irvin soltase un jadeo ahogado.

Ver cómo se iba me dejó un regusto amargo en la boca.

Joder, ya lo extrañaba.

A mi lado, Mikasa sólo suspiró.—Menudo día, ¿eh?

Me giré, confundido hacía dónde Reiner estaba sentado. Estaba ileso, sin embargo, había sido arrastrado ahí con el resto de nosotros. Dentro, Kirschetin se estaba enfrentando con la Muerte, perdón, con Kaney, luego de que Mikasa y varios más de la cafetería interfiriesen para acusarlo de homofóbico.

Mikasa asintió.—Y que lo digas.

Me perdí.

¿Desde cuándo la Bustona le hablaba a mi hermana?

¿Desde cuándo...?

-¿Mikasa?.—Pregunté, cuándo Reiner fue llamado al despacho.

-Fue él quién me avisó de todo.—Dijo finalmente.—Ya sospechaba que esos cabrones iban a querer alguna vez hacer algo en mi contra, pero nunca imaginé que fueras tú el blanco de Jean.—Me dio un suave apretón.—Reiner me contó que Jean planeaba ridiculizarte por ser un maricón.—Bufó.—Lo que no contaba era con la intervención heroica de tu novio que casi destroza media cafetería.

Sonreí, sin poder evitarlo.—Menudo bruto. Me gustaba esa maquina de dulces.—La pelea había causado grandísimos daños. Sillas rotas, bandejas inservibles, la maquina expendedora de dulces con el vidrio destrozado…

-Me defendió.—Contesté yo.—Y tú no has contestado mi pregunta.

-Técnicamente sólo dijiste "Mikasa".

-Sè que no tienes legeremancia(6), pero joder, me conoces mejor que nadie.

-¿Legere-què?

-Oh, lo olvidaba, eres una vil muggle.—Nos echamos a reír.

Resultó que Reiner era amigo de Mikasa, pues ésta, sin importar lo molesto que haya llegado a ser con su pobre y gordo hermanito, le ha ayudado con sus deberes de Matemáticas, y de todas las materias en general.—Te estás tirando a uno de mis bullies, traidora.—Bromeé yo.

Ella rodó los ojos.—Eres un idiota. Reiner es sólo… un amigo.

Bufé.—Claro, claro, así empezamos Eren y yo.—Dije cuándo ambos estuvimos en casa, en mi habitación, luego de un monumental regaño por parte de nuestro padre. De Papá Uri no, él estaba horrorizado y enfurecido por cómo fui insultado por ese imbécil de Jean, más enojado con nosotros no estaba. Hablo de Kaney y su manía con "Hijo, si quieren tú y tu novio mestizo matar a alguien, háganlo, pero háganlo en un lugar no muy concurrido"

Me miró con suspicacia.—Eso… ¿eso significa que ya no eres virgen?

Enrojecí de golpe.—¡Y tú que sabes!

-Vamos Levi, cuándo Petra te dio un beso, parecías colegiala escandalizada.—Rió.—Aún recuerdo tu cara de "diosmìodiosmìodiosmìo" cuándo me lo contaste.

Suspiré.—No tenías porqué recordar eso, ¿sabes?

Ella me miró.—¿Aún te duele? ¿Te duele recordarlo?

Me quedé en silencio un momento. Mi amor, mi amor, mi amor, casi escuché la voz de Eren susurrándome en el oído cómo en aquella noche.—No. En lo absoluto, pero es incómodo.

Ella soltó un suspiro.—Bueno, eso es cierto.—De pronto, su mirada se volvió triste.—Yo también quise a Jean.

-Ugh, eso es asqueroso.—Le tiré una almohada.—Oye, ¿Por qué no intentas nada con la Busto- diga, con Reiner?

-Y dale con lo mismo.—Rodó por mi cama hasta acostarse sobre mis obesas piernas.—Reiner no me gusta.

-Ajà.—Respondí yo, escéptico.—Sabes que no puedes mentirme, hermanita.

Ella bufó.—Si me contestas lo que te pregunté, te diré.—Me crucé de brazos.—Bruja. Maldita seas.

-Respóndeme.

-No, Mikasa, sigo siendo virgen.—Sentí un ardor insoportable en la cara.—Eren y yo apenas…

-Okey, no necesito saberlo.—Rió.—Bien, un trato es un trato y un Ackerman siempre paga sus deudas (7)

-Bien, desembucha.

-Nos hemos acostado.—Dijo finalmente. La mandíbula casi se me va hasta los pies.—¿Qué tú qué?

Ella bufó.—Que me he acostado con Reiner un par de veces.—Se puso colorada. Oh, ese maldito hijo de.—Iré a buscar el bate.—Dije, poniéndome de pié.—Eren seguramente no podrá salir así que le pediré ayuda a Ymir. Ese cabrón...

-Hey, hey, te dije que me he acostado con él alguna que otra vez, no he dicho que lo quiero, ni nada. Es más, él es gay.

Jesús Sacramentado, recibe mi pagana alma.—¿Cómo...? ¿Y por qué diablos...?

-Necesitaba tutorías de Matemáticas y de Algebra. Una tarde, simplemente pasó. Fue sólo sexo, Levi.—Respondió ella.—Nada de compromisos, sólo, pues… eso.

-Joder, ¿es que te estás escuchando?

-Tú preguntaste.—Sonrió.—Además, no es un mal chico. Es... amable. Y la tiene muy grande...´

-¡Mikasa!

Ella se echo a reír. Yo fruncí el ceño, más al final, también reí.—Jodido mundo loco, ¿no?

-Y que lo digas. Tú gay, yo con Reiner… ¿qué seguirá ahora?

-Que.. pues, humm… ¿Qué Irvin sea bi?

-¿Qué no es gay?

-¿Verdad que sí parece?—Ella y yo nos echamos a reír. Al final, me abrazó con fuerzas.—Estañaba chismear cómo vieja de vecindad contigo, ¿sabes?

Yo le besé la mejilla.—Me hago una idea. Tu perfecta vida debe llegar a ser bastante atosigante.—Luego le miré con suspicacia.—Bueno, restémosle por el hecho de que te estás cogiendo a Reiner.

Ella me dio un suave codazo.

Joder, que seguro más tarde en mi primorosa y amorosa barriga habrá una marca morada. Bruta.

-Ni una palabra a nadie, ¿eh?—Dice, poniéndose de pié. Me besa la mejilla a su vez y me guiña el ojo.—Oh, despreocúpate. Dudo mucho que a Papá Uri le haga gracia que le llegue contando a quién te tiras.

Se echo a reír.—Saldré. Dile a Papá Uri que fui con las chicas.

-¿Todo este tiempo ha sido mentira eso? Es decir, ¿todo este tiempo te has estado cogiendo a la Bustona?

-No le llames así.—Negó con la cabeza.—Y no. Es reciente. Pero ahora sí voy a verlo, y no por lo que tú piensas. Mañana habrá prueba de Algebra para los de último curso y me dijo que necesitaba mi ayuda.

-Y tú su polla, ¿no?

Bufó.—Más o menos vas comprendiendo.

Y así cómo así, ella se marchó y me dejó con la mandíbula más desencajada que ninguna mandíbula desencajada en la historia noble y ancestral de las mandíbulas desencajadas.

JO-DER.

Tenía tanto qué contarle a Eren.

(...)

-¿Sabes? No es mala idea que intentes hablarle.—Dice la muchacha pelinegra con una sonrisa cálida. A lo lejos, un alto chico de piel morena le dedica una radiante expresión a la pequeña clienta que entra a la heladería a pedir un cono sencillo.

El chico le tiende uno doble y ella casi se desmaya.—¡Gracias, gracias, señor alto!

Él ríe, Reiner suspira y Mikasa rueda los ojos.—Enserio, no está prohibido que te acerques y le hables.

-¿Y si me rechaza?

-Menuda confianza.—Dice ella con mofa. Bebe de su smootie y tras meditarlo un momento se decide.—Bien, iré yo.

-¿A dónde?

-Pues a pedirle su número.

-Pero pensará que es para ti.

-Entonces le diré que lo requiero para el guapo chico musculoso que lo lleva acosando desde hace meses.—Reiner enrojece.—En ese caso mejor voy yo.

-Ese es el espíritu. Anda, anda, menos habla y más acción.

El alto muchacho le sonríe. Reiner pierde el aliento, oh, es tan guapo.—Buenos días, ¿gustas ordenar otra cosa?

Reiner se hace de tripas corazón.

Reiner lo decide.

Reiner pide un cono doble de cereza.—Aquí tienes.—El chico moreno parece siempre sonreír. Es amable y su voz es un susurro suave y delicado. Joder, Reiner está enamorado.—Que lo disfrutes.

Por un momento, Reiner Braun se queda congelado. El ángel frente a él parpadea, curioso.—¿Pasa...?

-¿Me podrías dar tu número?—Mikasa casi estalla en júbilo. ¡Lo ha logrado! El guapo cajero se ruboriza y comiendo a batir sus pestañas, sorprendido.—E-Eh, es que yo...

-¿Tienes novia, no?—Reiner siente su corazón destrozado. Fue una buena vida, piensa. Le dirá a Mikasa que lo mate y ahorre su sufrimiento.

-Eh, yo...—El chico suspira.—Tengo novio. Pero, ¿podemos ser amigos, no?

Bien, amigos es mejor que nada. Ha sido bateado y dejado cruelmente en la friendzone, y sin embargo, Reiner se siente ligeramente mejor.—Seguro.—Reiner le sonríe y Mikasa piensa que debajo de todo, ese chico rubio que parece desayunar un cuenco de esteroides es incluso más gay que Eren, el insoportable novio mestizo de Levi y eso ya es decir mucho.

-¿No está tan mal, verdad?—Mikasa y él caminan rumbo al apartamento de Reiner. El rubio se encoge de hombros.—No, creo que no. Además, parece ser buen amigo.

Ella sonríe.—Tienes razón.

Sin decir una sola palabra ambos entran al departamento del rubio, y él la carga con un sólo brazo, la aprieta contra sí y la besa.—Dios, que bueno que te haya dado su número.—Ríe. Él rueda los ojos, divertido.—Te ha mejorado el humor.

-Y otra cosa.

Ambos ríen.

Las ropas caen, los empujones comienzan y por un rato, Reiner y Mikasa celebra el pequeño avance del rubio con ese cajero tan simpático de la heladería.

(...)

-¿Enserio?—Jo-der, lo que mi gordito me ha chismeado es algo alucinante. Estamos sentados ambos en nuestra cafetería (sí, nuestra cafetería, ¿algún problema?) y él asiente.—Te lo juro. Me lo ha dicho hoy.

-Ósea, siempre me ha parecido que Reiner y Jean batean para el otro equipo, pero...—Me estremezco.—De… ¿De verdad Bellatrix se lo está tirando?

-No te miento. Enserio. Incluso me habló del tamaño de su pene.—Nos echamos a reír con fuerzas.—He escuchado que si ingieres esteroides la picha se te hace pequeña.

-Mientras tú la tengas siempre cómo la tienes ahora, me basta.—Me guiña el ojo, azul y precioso y sonríe.—¿Qué tal la llevas con Carla?

Bufo.—Casi me castra. Primero por haber destruido la cafetería y luego por no haber terminado de matar al idiota de Jean.—Me acaricia el moratón que tengo en la comisura del labio con una cara preocupada.—Ese maldito, ¿cómo se atrevió a pegarle a algo tan bonito?

¿Escucharon? Levi me ha llamado bonito. ¡Bonito!

-No es nada. Su coz ha sido mierda.—Me sonríe.

-¿Sabes? Ya que estamos por graduarnos...

-Faltan cómo cinco meses.

-Oh, calla.—Digo, embarrándole betún de vainilla en su boca. Él se ríe.—Ya que estamos a punto de graduarnos, creo que es buena idea ir asegurándome de que tú, mi precioso, sensual e insaciable gordito, irás conmigo al baile de graduación.—él rueda los ojos.—Debemos ponernos de acuerdo para ir a chismear al salón y a que nos hagan la manicura

Se echo a reír.—Bueno, no es cómo si ese día tuviese algo más qué hacer.—Ambos salimos del lugar luego de pagar y caminamos, felizmente tomados de las manos a través de las callecitas colindantes. Estoy contento, el cielo brilla con una luz plateada y siento que todo va bien luego de semejante espectáculo en la cafetería del instituto.—Sacadme una foto y quedárosla de recuerdo, gilipollas.—Había dicho cuándo un grupillo de tías y tíos de primer ingreso se nos quedaron viendo mientras caminábamos rumbo al despacho del director, luego de la pelea.—Puto maricón.—Masculló una mocosa estúpida y mi novio sonrió y arrogantemente le siseó.—Sí, posiblemente. Pero este puto maricón tiene un jodido Adonis a quién meterle mano cuándo quiere. ¿Y tú qué tienes? Aparte de herpes y mal gusto para vestir, claro está.

Me siete grados más que él en ese momento y la regañina de mi madre valió la pena con creces.

Cada golpe con la chancleta. Cada pellizco.

A pesar de haber estado castigado, sè que Carla no me matará si sabe con quién me encuentro, así que me tomo mi tiempo con mi chico. Me encanta hacerlo, me encanta caminar por la calle y tomarlo de la mano. Me encanta gritarle al mundo entero de que es mío y de que so suyo y de que estoy feliz cómo una jodida, mestiza y muy sensual lombriz.

Es la primera vez que salimos a la calle cómo novios, sin escondernos y que nos damos el lujo de ser unos melosos (o al menos yo lo hago) gays que disfrutan de su amor.

Sin embargo, muy en mi interior sè que nada es perfecto, y no obstante procuro no pensar en eso. ¿Qué importa el pasado? Para mí la vida comenzó de verdad cuándo le conocí. Qué importa el futuro? Levi es mi futuro, por muy cliché que eso suene. Es lo último que pienso antes de dormir y lo primero que cruza por mi mente al despertar. Es quién me hace ver que la vida es hermosa de maneras misteriosas y que me ha hecho aguantar en abstinencia un largo período, para luego recompensármelo con momentos inigualables e inolvidables cómo el de la camioneta o el de la Noche de Año Nuevo.

Joder, estoy seguro de que no todo será color de rosas, pero sè que tomados de la mano nos encargaremos de tapizarlo de ese color si es necesario.

Lo sè, lo sè, y sè que Levi también piensa lo mismo. Lo supe desde que me dejó acercarme a él, abrazarle, verle vulnerable, desde que me permitió besar sus labios y sostener su cuerpo entre mis brazos. Desde que susurró por primera vez mi nombre, desde que lo gimió en medio de un divino orgasmo. Desde que ese gordo idiota me dijo que me quería, tanto cómo yo a él.

Es una revelación que tuve hace tiempo, pero son embargadores los sentimientos.

Son una oleada imparable y preciada. Cómo la sonrisa de Riv. Cómo sus besos, cómo sus abrazos, cómo su mano aferrada a la mía.

Sè que el camino no será fácil. Lo sè. Lo supe desde que comprendí la obsesión de Jean por vengarse de Mikasa, hiriendo a Levi en el camino. Lo supe desde que pares de ojos nos observaron, acusadores en el instituto. Lo supe en el momento en el cuál, luego de un paseo, nos dirigimos a la casa de mi Riv, y la voz de esa mujer nos llegó hasta dónde los dos nos dábamos unos últimos besos antes de despedirnos.

Ella estaba ahí. Había llegado. Finalmente se había atrevido a regresar.

-No sueltes mi mano.—Había dicho él, enfrentándose al instituto entero sin ningún titubeo. Demostrando que jamás, a pesar de las dificultades, me negaría o dejaría que fuese humillado.—No sueltes mi mano—Fue lo que dije yo al comprender lo que se avecinaba, probando así mi teoría de que nuestra historia juntos no sería un camino tapizado en rosas.

Kuschel Ackerman era la prueba fehaciente de aquello.

Pero por los sagrados huevos de Zeus, que eso no iba a separarnos. Nunca.

No sí seguíamos así, tan tomados de la mano cómo en esos eternos instantes.

(…)

"No te apartes de mí..."

Es lo primero que pienso cuándo le escucho. Eren a mi lado se queda inmóvil.

Siento cómo la sangre se me congela en las venas. Siento cómo toda esa bulliciosa, empalagosa y cálida felicidad, la misma causada por furtivos encuentros con mi novio, por tardes juntos, por momentos inolvidables, se esfuma al reconocer su voz. Sin embargo, mi reacción es distinta a cuándo ella me llamó haría unas dos semanas.

No entro en pánico, simplemente me quedo helado.

Permanezco inmóvil, frente a la puerta de mi hogar, simplemente escuchando.—Vienes a casa, buscando a mis hijos, tratando de alterar la vida de mi marido...—La voz de Uri es gélida, impersonal, cruel.—...haberte alejado de Kaney de verdad que alteró tu cordura. ¿Qué diablos te hace pensar que permitiré que veas a mis niños?

-No son tuyos.—Dice ella.—Son míos. Mikasa y…

No! ¡No te atrevas a decir su nombre! No eres digna de pronunciar el nombre de mi hijo. Lárgate antes de que haga que te saquen a rastras de aquí.—Retrocedo un paso. Estamos parados en el pórtico. Tan pronto ella abra la puerta.—No sueltes mi mano.—Me dice una voz. La voz de Eren. De mi Eren.

Aferro sus dedos entre los míos y me dejo guiar. Regresamos por el camino de la entrada, casi corriendo y subimos a la motocicleta. Me abrazo a su espalda y entierro mi rostro en su calidez cuándo escucho los gritos de Uri y de ella hacerse aún más fuertes. La puerta de entrada se abre y me sumerjo en el calor de Eren, aferrándome a la esperanza que me da de que él me saque de ahí. Y entonces, aún por encima del rugido del motor de la motocicleta, escucho su voz gritar. Gritarme.—¡Levi, vuelve!

"¡Mamá! ¡Mamá, vuelve!"

De pronto ya no tengo dieciocho años. De pronto, he retrocedido seis años, seis largos años y soy de nuevo el niño que baja las escaleras corriendo, asustado, gritándole a la nada, que sale de su hogar y se queda parado en medio del jardín, observando cómo el portón está abierto y las huellas del carro de Kuschel Ackerman aún yacen sobre la roca gris.

-No sueltes mi mano.—Repite, Eren.—No la sueltes, mi amor, no la sueltes.

Y no lo hago.

Carla Yaeger es una mujer de un carácter increíblemente fuerte. Sin embargo sus brazos son suaves y cálidos. Cómo los de Uri. Son los brazos de una madre los que me acunan cuándo llegamos a la casa de mi novio, y su voz suena desesperada.—¿Qué está mal, Eren? ¿Qué ha pasado?

-Su madre.—Dice él y Carla lo entiende. No me pregunta nada, sólo me abraza.

El abrazo de una mamá.

Quizás no de mi madre, pues yo realmente dejé de tenerla haría ya largos años, pero sí el abrazo de una madre, de una mamá, cálido, protector, tranquilizador.

Y veo a mi novio, a mi tonto y cariñoso novio, que tanta felicidad, placer y calidez me da a cada momento. Veo su rostro, angustiado. Veo, siento su mano, aferrando la mía y entonces me rompo finalmente y me echo a llorar. Me echo a llorar cómo cuándo ella me llamó por primera vez. Me echo a llorar, cómo cuándo descubrí el cuarto de mis padres vacío, sin nada más que las pertenencias de papá ocupando dos escasos cajones. Cómo cuándo grite por ella a una casa vacía, cómo cuándo pedí que volviese a un jardín empapado en lluvia y en lágrimas...

Lloro cómo un niño pequeño, y los brazos de mamá de Carla me acunan cómo si fuese un pequeño bebé. Eren aferra mi mano, y me doy cuenta de que no sólo lloro por el dolor que me acarrea el mero pensamiento de que Kuschel haya vuelto, sino que también lloro por todo lo afortunado que soy yo, Levi, un chico gordo, arisco y malhumorado al tener a mi lado a gente tan maravillosa cómo lo son Eren, mi atolondrado, guarro y cariñoso novio, y Carla, quién me sostiene contra ella con sus cálidos brazos de mamá.

Cuándo niño, antes de que Kuschel se fuera, solíamos tirarnos en la sala ella, Mikasa y yo. Nos sentábamos en el sillón y nos quedábamos viendo la lluvia caer.

En Berlín durante el invierno, casi siempre llueve. Combinado con el frío, el agua se endurece, se hace más liviana y cae sobre las calles en forma de un ligero algodón blanco. Eren se acurruca contra mí, y ambos nos recostamos sobre el regazo de Carla.

Ella sonríe, me acaricia el pelo y me dice en un susurro.—Duerme, cariño.

Eren me mira del otro lado, sonriendo cómo Eren sonríe para hacerme sentir bien, cálido y a salvo y me repite lo de hace un rato.—No sueltes mi mano.

No lo hago.

Carla nos rodea con sus brazos de mamá y nos cuenta cosas graciosas. Reímos. Luego ella se entristece y lloramos. Luego Eren dice alguna tontería y volvemos a reír.

Afuera la nieve está cayendo.

Cómo caía la lluvia cuándo Kuschel Ackerman me abandonó.

Pero ahí, rodeado por los brazos de mamá de Carla Yaeger, tomándole la mano a su hijo, sè que el contexto es completamente diferente. Ahora no lloro, ahora o le hablo a la solitaria casa. Ahora no ruego porqué ella vuelva, porque ella no me deje solo.

Ahora simplemente cierro los ojos, y pienso, que desde ese momento, los tres ahí, en esa silenciosa sala viendo la nieve caer, los malos recuerdos pueden ser sustituidos por momentos que valdría la pena recordar cada vez que se tuviese una duda sobre porqué vale la pena seguir viviendo.

En unas cuántas ocasiones, tiempo después de el arrullo en la sala, llegué a preguntarme lo mismo.

Dolieron. Esas ocasiones dolieron.

Pero las palabras de Eren, las mismas que me susurró cuándo me llevó lejos de esa mujer que se hacía llamar mi madre, me lo recordaron una y otra vez.—No sueltes mi mano, Levi.—Susurró, justo antes de que yo me quedase dormido.

No lo haría.

No lo habría hecho ni en mil años más, aunque mi vida dependiese de ello.

Mis hermosas criaturas:

7,866 palabras y pienso que no es suficiente. Perdonen la horrible tardanza, pero mi examen de admisiòn me ha triturado los sesos desde hace muchoy he estado luchando por aprender lo mas que se pueda. Espero que sea suficiente, y que les agrade. Sip, parejas sorpresa, pero es que en mi defensa debo decir que Mikasa y Reiner son los dos mas fuertes del escuadròn 104, asì que juntos me imagino que estryen una cama y me pareciò mono.

Espero que les haya gustado el lime, y que vean que los verdaderos problemas no vendràn de Jean ni de Petra. Ellos son còmo los malos malosos de la escuela.

Hay varias sorpresas màs en los proximos capìtulos.

De verdad espero que haya sido suficientey estè medio decente. Gracias, gracias por tan maravillosos reviews, no tengo palabras para decirles cuàn geniales y hermosas son.

Las amo.

Ahora sì, aclaraciones:

(1)

Frase dicha por el tarotista Walter Mercado, que decìa que comenzar el año con "Mucho, mucho, pero mucho amor" daba buenos frutos a la larga.

(2)

"Eres hermoso, maldito"

Levi es todo un romàntico, ¿no?

(3)

Hey, la vida es un riesgo, ¿no lo creen, carnales?

¿Hay alguien que no conozca esa frase? XD

(4)

Hay un dato que leì por ahì que decìa que el esòfago no es difìcil de aplastar con un poco de peso. Lo leì de la novela "Un Amante de Ensueño" El protagonista, Julian de Macedonia es un griego buenorro y guarro, còmo Eren.

(5)

"Estùpido mocoso" en griego.

Carla es la boss.

(6)

Legeremancia;

Arte de leer los pensamientos y conocer los recuerdos mas ìntimos de un individuo. Del universo de Harry Potter.

(7)

Si Levi no fuese un Malfoy, de ley que tiene madera de Lannister. Malvado, precioso y obscenamente rico.

Dedicatoria:

A Charly Land que me ha dado de chanclazos para continuar esta historia y me ha brindado muchisimos animos. Te adoro, pequeña Temis. Un abrazo de oso, poderoso!

TABLA DE AGRADECIMIENTOS

Pandirafa, Lia Primrose, Kokoa Kirkland, JaredKurose, Nanao Himura, Rooss, Izuspp, Sweetvioleth, ChibiGoreItaly, Fjulietta,

Esto es posible gracias a ustedes. Se merecen el cielo.

Gracias por todo

Con infinìto amor, Elisa