He aquí un nuevo capítulo en esta historia.

Por cierto, si no se han enterado, el capítulo especial ya fue publicado, por lo que si quieren leerlo pasense por aquí: s/9367566/1/La-primera-noche

Disclaimer: Halo no me pertenece; si fuera mio, seguramente no sería un videojuego.


Capítulo 9: Hallazgo fortuito.

Un portal Shaw-Fujikawa se abrió cerca de Lenapi. De él surgió la pequeña nave que transportaba al equipo majestic junto a la comandante Palmer. Las cámaras criogénicas comenzaron el proceso de descongelación de sus ocupantes. El primero en despertar fue Thorne, que de inmediato comenzó a sufrir los efectos secundarios del viaje al inclinarse para volver el estómago.

―Esta es la parte que más odio de esto ―comentó mientras se limpiaba la boca con el dorso de su mano izquierda.

―Nada que un buen desayuno no cure ―agregó Hoya, quien había despertado inmediatamente después que él y parecía no sufrir tanto.

El resto de los pasajeros despertaron casi simultáneamente.

―¡Atención soldados! ―gritó Palmer. Todos se pusieron en posición de firmes, a pesar de las náuseas sentidas―. No estamos de vacaciones, esto es una misión de búsqueda. Si encontramos un indicio de la presencia de John 117 deben hacérmelo saber inmediatamente para reportárselo al contralmirante Harrison. En ningún momento traten de aprehenderlo. Ya que, como ustedes saben, su experiencia en combate es muy superior a la de cualquiera de nosotros. No importa que seamos Spartan. El Jefe maestro es muy peligroso... ―luego agregó―: Hoya, Madsen, si la mujer que lo acompaña está junto a él. Por favor, no traten de seducirla o les haré correr desnudos por toda la Infinity, incluyendo el puente cuando volvamos ―por el tono utilizado, todos supieron que hablaba en serio―. Ahora arréglense. Parecen recién sacados de una fiesta de universitarios.

Unas horas después, el transporte entraba en la atmósfera. Después del descenso, fueron dejados en una carretera cercana a una población donde comenzarían su trabajo.

―¿Tenemos que caminar hasta allá? ―preguntó Hoya.

―¿Qué? ¿le atemoriza al niño caminar unos cuantos kilómetros? ―el sarcasmo era patente en la voz de Palmer.

―Se me van a estropear los zapatos ―se quejó.

―Eso debiste pensar cuando salimos de la Infinity ―comentó DeMarco a su subordinado.

―¿No tienes calor? ―preguntó Grant a su líder al verlo vestir completamente de negro.

―No.

―Ok. Yo solo preguntaba ―aunque Grant era una de los Spartan más eficientes, a veces actuaba como una niña ante las palabras de otros.

De pronto una ráfaga de viento corrió, haciendo que la corta falda de Palmer se alzara más de lo normal dejando ver su ropa interior. Aunque no se inmutó y siguió caminando al frente del grupo.

―¡Una cámara, mi reino por una cámara! ―Hoya murmuraba, lo que no evitó que la comandante lo escuchara.

―Ya sé quien será el primer castigado cuando volvamos a la Infinity... Espero que hallan disfrutado de la vista señores, porque será lo último que verán en mucho tiempo ―Hoya se quedó callado de inmediato.

―Idiota ―completó Grant.

―Comandante ―llamó Thorne.

―Dime, Thorne.

―¿Usted conoce al jefe maestro?

―Solo un poco ¿por qué?

―¿Es cierto lo que dicen? ¿que estaba triste cuando llegó a la Infinity? ―todos pusieron atención a lo que Palmer diría.

―Nunca he visto a nadie más triste ―contestó. Aunque tristeza no era precisamente lo que ella vio en los gestos de John. Más bien vio a un hombre destrozado, como si hubiera perdido lo más valioso de su vida. Si pensaba bien en la situación, era como si el jefe hubiese perdido en Cortana a la mujer de su vida.

―He oído rumores entre algunos soldados veteranos diciendo que el jefe estaba enamorado de su I.A. ―comentó Grant.

―Eso sí sería raro ―complementó Madsen.

―¿Quién sabe? Tal vez sea cierto ¿no lo creen? ―preguntó DeMarco.

―Pues con lo bonita que era esa I.A. no me molestaría enamorarme ―agregó hoya.

―Vaya que sí era ¡ardiente! ―agregó Madsen en tono lujurioso―. Y lo mejor de todo...

―¡Estaba desnuda! ―dijeron al unísono para después soltar sonoras carcajadas.

―Sea como sea. Es desagradable perder a alguien querido. Lo sé por experiencia ―Thorne recordó cómo perdió a su familia en el ataque contra New Phoenix por causa del compositor del Didacta.

Grant se acercó a Palmer, tratando de alejarse de sus compañeros.

―Comandante. ¿Usted cree que pueda ser posible enamorarse de una Inteligencia Artifical? ―murmuró.

―No lo sé Grant. Pero hemos visto tantas cosas raras que esa sería una más en la lista.

―¿Sabe? Yo creo que el jefe si lo estaba. No sé tengo esa corazonada.

―Pues si eso es así. No me explico porqué huyó con esa otra mujer.

―Quizás estaba enamorado de esa chica y su I.A. era su confidente.

―Pues ojalá sea eso y no algo peor.

El sol sobre Lenapi había llegado a su cenit, por lo que en ese momento el calor era insoportable. Para ese momento, Madsen y Grant ya se habían acabado sus raciones de agua.

―Creo que deberíamos pedir un aventón ―sugirió Madsen.

―¿Has visto pasar algún vehículo por aquí? ―preguntó DeMarco con cierto disgusto.

―Parece que los pilotos nos dejaron en una carretera abandonada a propósito ―se quejó Hoya.

―¡Silencio! ¿Son Spartan o niñas? ―gritó Palmer cansada de estar escuchando a sus compañeros.

―Perdón, Señora ―se disculpó el moreno.

―¿Alguien más tiene quejas? ―Palmer estaba realmente molesta.

―No, señora ―contestaron todos los demás.

Transcurrieron dos horas más antes de llegar a su destino. Para entonces ya todos deseaban beber algo helado. Así que, una vez tuvieron un pie en la ciudad, lo primero que buscaron fue un lugar donde refrescarse. Grant y Madsen fueron los primeros en pedir su bebida.

―¡Oye, Gabriel! Aparta una mesa, quiero sentarme un momento ―ordenó DeMarco a Thorne.

Thorne, siendo el «novato» del grupo tuvo que acatar la orden. Aunque para el joven Spartan fue más un alivio que cualquier otra cosa, porque realmente deseaba sentarse, sus pies lo estaban matando, y no por el cansancio, sino por lo caliente que se habían puesto las suelas de sus zapatos e imaginaba que el resto de sus compañeros debían estar sintiendo lo mismo.

―Escuchen, señores, no estamos de vacaciones. Por más que estemos en un paraíso tropical como este, no podemos distraernos de nuestra misión ―murmuraba Palmer a sus subordinados. Temiendo que alguno del grupo se olvidara por completo de su objetivo. Temía especialmente por Hoya y Madsen, quienes habían mostrado las principales señas de indisciplina―. Si llevan a cabo la misión satisfactoriamente, les prometo darles una semana de vacaciones en cualquier hotel de la zona. Pero hasta entonces, deberán seguir el plan.

―Y ¿usted nos acompañará comandante? ―a pesar de que DeMarco había intentado coquetear con su superior en el pasado y esta lo había reprendido, no podía dejar pasar una oportunidad para intentar algo con ella.

―No lo creo. Si alguno de ustedes está cerca de mi, no podría disfrutar de mis vacaciones correctamente.

―¡Uy! Golpe bajo ―se burló Hoya.

―La verdad es que me encantaría pasar una semana disfrutando de este lugar ―agregó Grant, cuya mirada se dirigía hacia una playa cercana al local donde se refrescaban.

―¿Y te pondrías las tanguitas que traes en tu equipaje? ―nuevamente hoya era el que hacía un comentario fuera de lugar.

―Solo si hubiera hombres guapos alrededor ―contraatacó la mujer del equipo.

―Pues aquí hay varios ―intervino Madsen refiriéndose a él y sus comapañeros.

Grant comenzó a voltear para todos lados.

―¿Dónde? No los veo ―aquella acción provocó que Palmer sonriera, pues, aunque no lo demostraran, sabía que sus compañeros de armas habían sido heridos en sus orgullos.

―Que mala eres con nosotros, Tedra ―Madsen se quejó. Grant sonrió ante su logro.

―Se lo merecen por libidinosos.

―Bien, señores. Hora de irnos, tenemos que buscar un lugar donde quedarnos para ya saben que ―Palmer se levantó, seguida de los otros cinco Spartan. Pagaron sus respectivas bebidas y salieron del lugar para buscar un lugar donde hospedarse.

Quizás pasarían una larga temporada en ese lugar. Aunque a la mayoría de ellos no les molestaba en absoluto, estaban en un lugar en el que les encantaría quedarse para siempre.

En Minister, el amanecer apenas comenzaba en Rose Valley. John descansaba en su cama, a su lado, Cortana dormía plácidamente sobre su brazo derecho. Él apenas había dormido un poco después de pasar la noche con su mujer, porque, después de lo sucedido, por fin podía llamar su mujer a Cortana. Muchos recuerdos pasaban por su mente en ese momento: el día que la conoció y el peligroso ejercicio al que el coronel Ackerson los había sometido para hacerlos fallar y asesinarlos. Todas las peripecias durante la batalla en la instalación 04 y lo que sufrió cuando la creyó perdida después de luchar contra el Didacta.

Hacía mucho tiempo que amaba a esa mujer, pero su personalidad fría y retraída le impedían demostrarle nada más que compañerismo. Aún así, su escape de la Tierra había sido el causante de lo que en ese momento le acontecía. Finalmente y después de un largo periodo de dudas, había logrado hacer suya a Cortana. No se arrepentía de nada. Lo que había hecho esa noche era algo que siempre guardaría en su mente. Ya que, quizás, cuando UNSC apareciera en el horizonte, él no sobreviviría a la batalla. Porque no permitiría que ellos se llevaran a la mujer que le hizo ver que todavía era humano, que aún había un corazón debajo de esa pesada coraza de frialdad.

También recordó que Cortana no era la primera mujer con la que había estado en la cama. Ya antes de que ella siquiera existiera, había tenido encuentros con otras mujeres, la mayoría de ellas compañeras del proyecto Spartan II y una que otra mujer del cuerpo de marines, fuerzas navales y ejército. Al fin y al cabo, siendo hombre, tenía necesidades. Catherine se lo había hecho entender en una ocasión, cuando le pidió consejo para calmar la ansiedad que sentía cuando estaba entre mujeres. En ese tiempo él era solo un adolescente.

Fue así que, ante el primer ofrecimiento, se dejó llevar por sus instintos. Aunque procuraba no hacerlo tan seguido, ya que nublaba su mente antes de la batalla. Aún así, pudo disfrutar de los placeres de la carne en algunas ocasiones más. Incluso después de que Cortana fuera creada, por lo que ella ya estaba enterada de sus andanzas.

Cortana sabía bien que él no era un santo, pero tampoco un pervertido. Además, durante todo ese tiempo, había sido especialmente cuidadoso de no dejar hijos regados por todas partes, no quería tener fama de padre desnaturalizado.

Hijos. Esa simple palabra encerraba un significado tan grande. Mientras había evitado tenerlos con otras mujeres, con Cortana sentía que sería diferente. Con ella, definitivamente, deseaba tenerlos. Ella sería una buena madre, lo sabía por la forma de hacer las cosas, siempre con cuidado y con amor. Se había dado cuenta de eso un día que le servía el desayuno a Catherine antes de llevarla a la escuela. John recordaba una escena similar de su infancia, cuando su madre le servía el desayuno cada día.

¿Qué habría pasado con sus padres? Desde que fue raptado por la doctora Halsey, no volvió a saber nada de ellos. Su paradero o si murieron durante el ataque del Covenant a Eridanus II. A pesar de no recordar sus rostros ni sus nombres, deseaba que ellos hubieran sobrevivido y superado la muerte de su hijo. Porque ellos creían que el clon puesto en su lugar, era él.

Dejó de desviarse de sus pensamientos originales, mirando nuevamente a Cortana, quien seguía dormida a su lado.

Antes que ella, habían estado otras mujeres. Pero sobre todas estaba Cortana, la única que le había hecho sentir el verdadero placer de estar con una mujer. Aún con su inexperiencia, esa chica había logrado lo que ninguna otra... hacerle sentir que realmente era un hombre en toda la extensión de la palabra. Mientras pensaba, se compadecía de algunos compañeros Spartan, cuyas consecuencias de las modificaciones a sus cuerpos habían perdido su apetito sexual o padecían atrofia en sus órganos reproductores. Él había corrido con suerte, como siempre, pues había conservado todo lo que un hombre debería tener.

Miró nuevamente a joven, sus ojos cerrados y labios semi abiertos le atraían como nunca. Y contrario a lo que normalmente hacía cuando la veía así, se acercó a ella y la besó suavemente, tratando de no despertarla. Pero falló, ya que ella abrió sus ojos casi de inmediato devolviéndole el beso.

―Buenos días ―dijo ella después de finalizar el beso.

―Buenos días ―contestó él. Ella sonrió.

―John...

―Lo que pasó anoche... ―el Spartan la interrumpió. Cortana, por un segundo, temió que él le dijera que lo ocurrido esa noche había sido un error― ...espero que podamos repetirlo en otra ocasión.

―¿Tan buena soy? ―dijo ella en tono presumido. Y con el alivio de saber que su amado no se había arrepentido.

―Mejor que todas las demás ―había sinceridad en la voz del hombre. Cortana lo supo, lo conocía bien. Mejor que nadie.

―Creo que es hora de levantarme para preparar el desayuno, Catherine no debe tardar en despertar y Kelly ya debe estar esperando ―de inmediato, Cortana abandonó la cama. Su total desnudez, por primera vez desde que ella era humana, no provocó que John volteara hacia otro lado, sino muy al contrario, que la observara mientras caminaba por la habitación.

―Deberías desnudarte más a menudo ―comentó él.

―Cuidado con lo que deseas, se puede volver realidad ―la chica tomó su ropa interior y se la puso. Recogió su vestido y estaba por salir cuando los brazos de John la rodearon deteniéndola.

―¿Por qué no mejor nos quedamos así? Catherine puede hacer su propio desayuno. Y no creo que tenga el valor de subir a ver, sabiendo lo que podrías hacerle si intenta hacer algún comentario incómodo.

―Prefiero no arriesgarme. Tú, mejor que nadie, conoces a Catherine. Aunque sea una grande y reputada doctora, ahora tiene la apariencia de una niña de seis años y como tal, se aprovecha de eso para hacer y deshacer con nosotros.

―Al menos, podríamos esperar un poco más, antes de bajar ―el Spartan insistía pegándose más a la chica. Cortana sentía la desnudez de su amor presionándose contra sus glúteos.

―¿Eso que siento en mis nalgas, es lo que yo creo que es? ―preguntó con picardía, sabiendo perfectamente de lo que se trataba.

―Podrías disfrutarlo un poco más si te quedaras ―por primera vez desde que se conocían, Cortana notó en la voz de John un tono de insinuación. Tales palabras le provocaron una tremenda excitación, pero se contuvo. Debía preparar el desayuno.

―Pero debo ir a hacer el desayuno. No quiero que Catherine entre a mi habitación y se dé cuenta de que no dormí allí anoche.

―Ella ya debe saberlo. Por eso se fue a dormir al sótano. Simplemente previó lo que haríamos anoche.

John tenía razón. No había motivo para pensar que la doctora no había anticipado lo que ocurrió esa noche. Cortana agradeció que su hermana fuera tan precavida. Aún así, sabía que la pequeña comenzaría a hacerles comentarios subidos de tono en cuanto viera a cualquiera de los dos.

―De todos modos, debo ir a asearme. No quiero que empiece a hacer bromas sobre esto. Ya la conoces ―John la soltó a pesar de no querer hacerlo. Ella tenía razón. La chica salió rápidamente y cruzó corriendo el pasillo hasta su habitación, donde alistaría ropa y se ducharía. Lo mismo hizo él.

En la sala, Catherine y Kelly miraban algunos videos. Hacía poco que habían desayunado, cortesía de la pequeña doctora.

―Tal vez esto es lo que le faltaba a John ―comentó Kelly después de darle un sorbo a su taza de café―. Aunque, ya se había tardado ¿no lo crees?

―Desde luego. Pienso que ellos debieron haber estado juntos desde mucho antes. Ambos siempre estuvieron solos y a pesar de que en muchas ocasiones me he mostrado fría con respecto a ese tema. La verdad es que sentía pena por ellos. Por eso es que en cuanto llegamos a este lugar, me puse manos a la obra para juntarlos. Y parece que esos esfuerzos han dado frutos.

―Me parece que sí. Esos dos no me dejaron dormir en toda la noche ―Kelly sonrió.

―Habla por tí. Yo dormí como un angelito.

―Por cierto. ¿Quienes eran las chicas de anoche?

―¿Las del altercado? ―Kelly asintió―. La niña es Amanda, una compañera de mi grupo. Es hija del director de la escuela y también una niña mimada y presumida que quiere tener a todos por debajo de ella para humillarlos. Pero yo no me dejo pisotear por nadie. Eso ya debes saberlo. La otra, según escuché que es su hermana mayor.

―Ya veo. Pero me llamaste tía y Cortana me llamó cuñada ayer cuando platicaba con uno de sus vecinos.

―Ah, bueno. Eso es porque todavía no nos hemos puesto de acuerdo. Tal vez terminemos siendo concuñadas, porque no pienso hacerte pasar por mi hermana. Eres demasiado mayor para eso. En cambio, eres perfecta para pasar como hermana de John. Ya que sus edades son similares.

―Todo esto me parece demasiado raro.

―Ya te acostumbrarás. Mientras tanto, espero que aquellos dos se levanten pronto. Porque no pienso irme sola a la escuela.

―Déjalos que sigan durmiendo, una noche como la que tuvieron, puede cansar a cualquiera, incluyendo a cualquier Spartan; si te tranquiliza, yo puedo llevarte.

―Si, creo que será lo mejor.

Pronto, unos pasos en las escaleras las hicieron voltear. John bajaba, recién bañado y perfumado. Catherine se acercó a él.

―Buenos días ―saludó el recién llegado, en su rostro se dibujaba una inusual sonrisa.

―¡Quédate ahí, quédate ahí! ―Cahterine se acercó corriendo al recién llegado―. ¿A qué huele? ―preguntó mientras olfateaba a su mejor Spartan―. Huele como a... hombre.

―No sé de qué hablas ―trató de disimular con las mejillas un tanto rojas por la vergüenza de ser escrutado por quien él consideraba casi su madre.

―No te hagas el tonto conmigo que no te queda. Con todo el ruido que hicieron ustedes dos, me sorprende que haya podido conciliar el sueño para poderme levantar temprano. Mira a la pobre Kelly, tiene los ojos hinchados porque no la dejaron dormir. Apenas durmió unas dos horas. Solo el café la mantiene despierta ―Kelly levantó su taza para mostrársela a John. Sus ojos lucían unas pronunciadas ojeras.

Antes de que el hombre pudiera contestar, Cortana bajó.

―He aquí la otra culpable ―siguió comentando en tono entre burlón y sarcástico. Se acercó a la chica y comenzó a olfatear―. Hueles a... ¡sexo! ―la doctora comenzó a carcajearse. Las mejillas de Cortana se pusieron muy rojas ante el comentario jocoso de su hermana. Cosa que no soportó, por lo que la levantó por las orejas y le dijo:

―Si divulgas esto, te aseguro que no habrá poder alguno, ni Spartan que te pueda salvar de lo que te voy a hacer ―la molestia era patente en las palabras de Cortana.

―Ya, ya, ya. Esta bien, no diré nada. Pero solo si me prometes decirme qué pasó con lujo de detalle.

―¡No te diré ni una mierda! Mucho menos detalles de mi intimidad.

―No es necesario que nos lo digas. Lo escuchamos todo ―se unió Kelly a la conversación. A pesar de aparentar frialdad en casi todas sus conversaciones, tenía fama de hacer comentarios sarcásticos de vez en cuando.

Las mejillas de Cortana se pusieron todavía más rojas ante la afirmación de la Spartan sentada en el sofá más grande de la sala.

El sonido de alguien tocando la puerta se escuchó. John, quien era el que estaba más cerca, abrió. Frente a él estaba James, su vecino.

―¡Buenos días vecino! ―saludó alegremente el moreno.

―Buenos días ―contestó John en su usual tono frío.

―Verás, mi esposa y yo saldremos de vacaciones hoy, por lo que quería preguntar si ¿podrían cuidar nuestra casa mientras no estamos? Serán aproximadamente 3 meses ―James, a pesar de ser un marine retirado, no tenía un carácter tan duro como muchos podrían suponer.

Cortana escuchó la conversación y se acercó a los dos hombres.

―Buenos días James. ¿Qué se te ofrece?

―Vengo a pedirles el favor de que cuiden de mi casa estos meses que estaré de vacaciones con mi esposa. Ayer te lo comenté.

―Si, ya recuerdo. Por nosotros no hay problema. Puedes irte tranquilo.

―Gracias Caroline. Eso me tranquiliza ―la voz de James sonaba aliviada. Pero guardó silencio unos segundo, luego volvió a hablar―. Tienes la cara roja ¿Estás enferma?

―Eh... no... es solo que acabo de salir del baño, el agua estaba muy caliente. Anda, ve y disfruta tus vacaciones. Por cierto ¿A dónde piensan ir tú y Etna?

―Lenapi. Hay unas playas preciosas allá.

―Me parece bien. Me han dicho que son las mejores playas de la galaxia ―concordó Cortana.

Después de que James se retirara, el tiempo transcurrió sin mayores novedades. Tanto así que pronto transcurrió un mes completo. Los días habían cambiado desde que llegaron a Minister; el verano le había cedido su lugar al otoño, por lo que los días se habían vuelto cada vez más frescos. Y no solo el clima había cambiado, sino también la relación que John y Cortana tenían.

De solo amigos, habían pasado a ser marido y mujer, pues aunque nunca hubo una boda como tal, había un documento que avalaba tal unión, aún siendo falso. Pero ellos querían creer lo contrario. Además, ante todos sus vecinos y la sociedad de Rose Valley, ellos estaban casados. Así que desde hacía varias semanas dormían juntos. De hecho, ya en más de una ocasión habían hecho el amor en la soledad de su habitación, aunque siempre a escondidas de Catherine, no fuera que a la «chiquilla» le diera por bromear sobre eso.

Nunca, en toda su vida, ninguno de los dos se había sentido tan bien. Sencillamente, eso era lo que le hacía falta a sus vidas, principalmente a la de John.

A pesar de que Minister era un planeta con una rotación de igual duración que la de la Tierra, sus estaciones eran más largas, aproximadamente un mes, lo que provocaba que el clima no coincidiera con los meses, como lo hacía en la tierra. Tal peculiaridad en el cambio de las estaciones hacía que existiera un ciclo de cuatros años, por lo que, si el inicio de la primavera se daba en marzo, el siguiente año lo haría en julio y luego en noviembre para volver a iniciarse en marzo al siguiente.

John, Cortana y Catherine habían llegado a Minister a mitad de julio, coincidiendo con el inicio del verano de ese año. Pero el otoño llegó hasta noviembre, casi dos meses después de que lo hacía en el hemisferio norte de la Tierra, por lo que todavía era común ver a muchas personas con abrigos ligeros en esa época.

Durante ese tiempo, tuvieron la oportunidad de encontrarse con el Inquisidor y sus elites, la sorpresa fue mayúscula por parte de los Sangheili, pues nunca esperaron ver con vida a quien durante mucho tiempo consideraron un demonio. Pareciera que fuera inmortal. Quizás los rumores eran ciertos y los Spartan fueran inmortales.

―Spartan, nunca creí que sobrevivieras a la destrucción de tu nave. Todos en tu planeta te creyeron muerto ―dijo el Inquisidor una vez miró a John.

―Todos mis conocidos me dicen que tengo mucha suerte ―John no portaba su armadura, y vestía como un ser humano común. Algo que parecía desconcertar a los sangheili―. Debo verme muy extraño sin mi equipo de combate ―señaló.

―Durante años te habíamos visto solo con tu armadura, es una gran novedad verte como un humano normal ―Thel 'Vadamee, el Inquisidor, también había sido sorprendido por John al verlo tan «normal»―. Sin embargo, lo que más me sorprende es ver a tu construcción de forma física. Es inesperado ―miró a Cortana, quien tomaba el brazo de John.

―La última vez que nos vimos, huíamos del Arca ―aclaró Cortana.

―Ella ahora es humana y mi mujer ―declaró el supersoldado.

―En ese caso, felicitaciones. Y estoy enterado de que para eso, han debido huir de su planeta.

―Es cierto. Si en la Tierra nos descubren, quien más peligro corre es ella. Pero aquí estoy. La defenderé de quien sea, incluso de mi propia raza.

―Eso, señores, demuestra el honor de defender lo que se ama ―el inquisidor se dirigió a sus compatriotas―. Su compañera, aquí presente, me dio algunos detalles de su huida ―se refería a Kelly―. Al parecer, todo ha ido muy bien durante ese tiempo.

―No podemos quejarnos ―agregó Cortana.

―Solo quiero saber si nos ayudarán en caso de que UNSC nos encuentre ―más que una pregunta, era una exigencia.

―Si está de nuestra parte poderlos ayudar, lo haremos, pero dadas las débiles relaciones que aún mantenemos con su gobierno, no podemos asegurarles protección absoluta.

―Por mi no hay problema. Quien me preocupa es ella ―dijo viendo a Cortana―. Si llega a darse la ocasión, quisiera que ustedes la ocultaran en su mundo.

―Si ese es el caso, entonces podemos ayudarles ―había seguridad en las palabras del Inquisidor.

―Es un trato ―John estiró su brazo. El Inquisidor correspondió al gesto estirando el suyo y estrechando la mano de quien durante décadas fue su enemigo.

El tiempo continuó transcurriendo y más pronto de lo que pensaban, estaban celebrando navidad y año nuevo. Cosa que no agradó del todo a John ni Kelly, quienes no veían utilidad en eso. En cambio, Catherine y Cortana eran más festivas y habían convencido a los otros dos de adornar la casa para la ocasión. Fue así como transcurrieron esos días, entre villancicos, mucha comida y bebidas. Al extremo de que Catherine comenzó a echar pancita, lo que constituyó la ocasión perfecta de Cortana para molestar a su hermana.

Era 7 de enero, a mitad del otoño en ese hemisferio de Minister. Cortana se reía a carcajadas de Catherine, quien batallaba para ponerse un pantalón de mezclilla que hacía apenas un mes le quedaba perfecto.

―Estas gorda ―se burlaba Cortana. Catherine le echaba miradas furiosas.

―¡No estoy gorda! Estoy creciendo ―se defendía la pequeña.

―Si, estás creciendo... pero a los lados ―nuevamente las carcajadas salieron de la boca de la mujer. Catherine la miraba con enfado.

Desde la puerta, Kelly observaba la conversación esperando que la «niña» se terminara de poner la ropa para llevarla a la escuela.

―Deberías apurarte, ya casi es hora ―apuraba la Spartan.

―Estos malditos pantalones no entran ―la frente de Catherine ya lucía algunas gotas de sudor―. Es inútil, no entrará. Vale más que busque otra cosa que ponerme ―buscó entre sus demás prendas en su closet―. Aquí hay otro pantalón. Me lo probaré ―para su buena suerte, ese sí le entró.

―¿Segura que no es uno de los míos? ―preguntó Cortana en son de burla.

―Síguete riendo y todos los vecinos se enterarán de las cosas que tú y John hacen por las noches ―amenazó.

―Nada que otras parejas del vecindario no hagan. Apúrate; Kelly te está esperando.

Catherine se terminó de vestir y salió junto a su enorme acompañante con rumbo a su escuela. Media hora después, Kelly volvió.

―¿Nos vamos? ―preguntó la mujer a Cortana.

―Si. John debe estarnos esperando en la cueva.

Esa semana, tanto John como Cortana, habían pedido unos días libres para atender asuntos personales. Una verdad a medias que les había funcionado muy bien, ya que no tuvieron objeciones de parte de sus jefes, quienes, ante el gran desempeño en el trabajo de cada quien, no dudaron en darles una semana para que atendieran los asuntos que debían. Fue así que, durante ese día, se adentrarían en el bosque para transportar algunos materiales de la nave donde John, Cortana y Catherine habían llegado a Minister hasta el sótano de su casa.

Las dos mujeres salieron casi de inmediato, ya que les tomaría casi tres horas llegar hasta el lugar si se iban corriendo y querían estar antes de las tres para recoger a Catherine en la escuela. Aunque conociendo a la pequeña doctora, lo más seguro era que ideara un plan para escaparse de clases y volver sin problemas a su casa. No obstante, Cortana tenía la preocupación de que alguna persona se aprovechara para raptarla o algo peor, y aunque su mente era la de una adulta, su cuerpo no, así que no tendría oportunidad de defenderse.

Mientras tanto, en la cueva, John había comenzado los preparativos para el traslado de los materiales a la casa. Ya vestía su armadura, la que sin duda, le ayudó a sentirse bien, pues hacía meses que no la utilizaba. Había estado sacando cosas de la nave, aunque era una lástima que no tuviera ningún arma abordo.

Una vez terminó con lo que estaba haciendo, se sentó en la entrada de la cueva a esperar a que sus compañeras llegaran para ayudarle a transportar los materiales hasta su casa. Mientras eso ocurría, la mente de John comenzó a viajar en sus recuerdos, haciéndolo reflexionar sobre todas las cosas que en ese momento estaba viviendo.

Antes de huir de la Tierra, jamás se habría imaginado desertar de UNSC, simplemente era algo imposible en su mente. Pero ahí estaba, huyendo de quienes le habían dado un propósito en la vida. Aunque, si lo pensaba bien, durante toda su vida solo recibió órdenes, limitándose a ser guiado como corderito al matadero, jamás, nadie se preocupó por él a excepción de Cortana y Catherine y algunos compañeros Spartan. Y de todos ellos, solo Cortana se preocupó por su corazón. Tal vez, después de todo, haber desertado para proteger a la mujer había sido la mejor decisión que haya tomado en su vida. Con Cortana había vivido de todo, incluida la ocasión cuando ella le entregó su cuerpo. Algo que jamás olvidaría, pues fue con ella con quien realmente conoció el amor de pareja.

Inmediatamente después vino a su mente algo que Kelly le informó el día que llegó con ellos. Serin estaba buscándolos. Por tal motivo, debía ser cuidadoso y proteger bien a su mujer y a Catherine. Cuando Serin se le declaró, hacía ya muchos años, él tuvo que rechazarla porque realmente no sentía nada por ella que no fuera compañerismo. Sin embargo, ella no lo tomó así. Y cuando Cortana apareció en escena, las cosas se pusieron peores, pues la mujer comenzó a hacer comentarios hirientes y hasta insultantes con respecto a él y a la chica. Si no fuera porque en una ocasión la amenazó con darle una paliza, Serin seguramente habría hecho que lo castigaran por conductas fuera de las normas de UNSC y habrían eliminado a Cortana.

Pero lo peor no era eso sino lo que vino después, cuando hizo su reporte ante el alto mando de la flota. Su sorpresa fue mayúscula cuando descubrió que Serin había reemplazado a Lord Hood en el puesto. Si no hubiera sido por su carácter forjado en el fragor de la batalla, se habría puesto a temblar al verla en medio de todos los altos oficiales de la armada. Durante su informe, el cual, le obligaron a hacerlo oral, notó ciertos detalles en su ex compañera de armas: su expresión, aunque parecía la misma, tenía cierto toque de algo que solamente pudo definir como locura; sus palabras al momento de hablar le hicieron sentir que esa mujer sería capaz de cometer cualquier acto, por cruel y reprobable que fuera.

Kelly le advirtió de lo mismo en una ocasión mientras entrenaban en el patio trasero de su casa. Tal vez para el resto de personas, Serin pasaría como alguien normal, dentro de lo que cabe para un militar, pero para cualquier Spartan que la conociera de toda la vida, habría notado inmediatamente que aquella mujer no estaba bien de sus facultades mentales. Lo que la hacía altamente peligrosa. Así mismo, Kelly le advirtió de la crueldad con la que trataba a sus subordinados en los ejercicios de entrenamiento, habiendo enviado a muchos al hospital o directamente a la tumba ante su uso de fuerza desmedido.

Si quería defender a Cortana y tener probabilidades de salir airosos, debía conseguir armamento lo más rápido posible. Había sido un error imperdonable el no haber conseguido armas cuando llegaron a minister. Quizás, se estaba ablandando con su nueva vida como civil. Pero no podía reprochar eso, simplemente no podría, no después de todo lo que Cortana y Catherine le habían enseñado durante esos meses. Tal vez en ese momento era más blando que antes, pero en definitiva se convertiría en un monstruo si llegara a ver que lastimaran a una de ellas.

Poco menos de tres horas más tarde, Cortana y Kelly subían hasta la cueva, donde John las esperaba sentado en el mismo lugar donde había estado pensado.

―Vaya que esta lejos este lugar ―comentó Kelly antes de sentarse en una roca a los pies de John.

―No recordaba que fuera tan difícil la subida ―agregó Cortana. Su respiración era agitada.

―En esa ocasión utilizaste tu armadura para subir ―recordó John.

―Todavía me sigue pareciendo increíble que Cortana tenga las mismas capacidades que nosotros. Aunque no está en tan buena condición como debería. Me di cuenta de eso porque se vino quejando todo el camino.

John sonrió. Recordaba las veces que Cortana le reclamaba por hacer algo atrevido, estúpido o si ella no estaba de acuerdo. Osea, casi todo el tiempo.

―Es muy difícil avanzar entre una vegetación tan densa. Además, está muy alta esta cueva ―la respiración de la chica comenzaba a normalizarse, el sudor corría por su cuerpo humedeciendo su ropa.

―Desde mañana mismo tendrás que comenzar a correr por las mañanas para que puedas hacer condición física, de lo contrario, si en algún momento tenemos que correr, no podremos huir y nos atraparán.

―Lo dices como si estuvieran a punto de atraparnos ―comentó con sarcasmo la más joven del trío.

―Podría ser. No podemos confiarnos y lo sabes ―Kelly tenía razón, podría ser que en ese momento alguien estuviera observándolos―. De hecho, en este momento alguien podría estarnos viendo.

―¿Como qué? ¿una ardilla o... quizás la mosca que tienes parada en el hombro izquierdo? ―la mosca voló del hombro de Kelly. La mujer se percató de eso con una expresión entre neutral y molesta.

―Las cosas menos obvias casi siempre son las más importantes, no podemos descartar ninguna posibilidad ―aunque Kelly se mostraba tranquila, le molestada la ligereza con la que Cortana tomaba su seguridad.

―En vez de estar discutiendo por cosas que aún no suceden, deberían ayudarme a cargar las cosas ―no lo demostraba, pero las dos mujeres intuyeron que John se había enfadado con ellas.

Sin poner objeciones de por medio, ambas se levantaron del suelo y comenzaron a acomodar todo para su transporte. Cortana tardó un poco más al tener que ponerse su armadura. Cuando Kelly la vio, sonrió.

―Es muy raro verte vestida así ―su expresión era sincera.

―Lo mismo me pareció a mi cuando me vi al espejo la primera vez ―Cortana sonreía.

―Quizás debería ir por la mía, para completar la colección.

―Eso sería de lo más sensato ―intervino John―. Pero no en este momento, no hay tiempo que perder.

―¿Más del que ya perdiste todos estos meses? ―como siempre, Kelly sacó un comentario sarcástico. Algo que realmente no le afectó a John.

―La vida en familia no es lo que parece, Kelly.

―Imagino que si. ¿Sabes? Si no fuera por todas las cosas que hemos vivido, quizás en este momento yo tendría una familia, tal vez hijos, quizás alguno ya adulto y con su propia familia. Ya sabes, tanto tú como yo, tenemos la edad suficiente para ser abuelos, aunque no lo parezca.

―Se ven muy jóvenes para eso ―interrumpió Cortana.

―Ese es un buen punto. Aunque, siendo sincera, no me desagradaría tener uno o dos hijos alguna vez.

―No mires a John, él ya está pedido y asegurado ―Cortana se previno. No fuera que a Kelly le diera por intentar seducir a su hombre.

―Ni loca. John es casi mi hermano ―luego agregó―. Aunque sea tan... varonil, con un super cuerpo, y todo lo demás ―su expresión era lujuriosa.

―¿Podrían dejar de estar hablando de mi y concentrarse en lo importante? ―nuevamente, John les llamó la atención. Y se sorprendía de que Kelly entrara en conversaciones tan banales con tanta facilidad. O quizás era la innata habilidad de Cortana de introducir a las personas en su juego―. Quiero terminar rápido; Catherine debe estar por salir de clases y debemos volver.

―Y aquí está. John, el hombre de familia responsable que se preocupa hasta del más pequeño. No quiero imaginar cuando tenga sus propios hijos ―comentó Kelly en tono de broma. Cortana sonrió ante la visión de John siendo padre.

―Kelly ―habló John.

―¿Qué sucede?

―Te puedes ir adelantando. No creo que terminemos temprano. Y siendo tú la más rápida, podrías ir por Catherine a la escuela y esperarnos en casa ―La voz de John, a pesar de ser seria, hizo pensar a Kelly que tal vez, estaba molesto y por tal motivo la enviaba por la doctora.

―¿Hay alguna razón? ―Kelly no entendía la orden.

―Eres la más rápida de nosotros, por lo tanto, llegarás antes. Esa es la razón. Y no se hable más. Es una orden ―pese a que no estaban en servicio, Kelly no podía desobedecer a su líder. Era como una especie de condicionamiento que se había formado a través de muchos años de convivencia con el hombre.

―De acuerdo. Me voy ―la mujer se dio media vuelta―. Pero no hagan travesuras ―sin esperar respuesta, comenzó a bajar de la pequeña montaña.

Unos minutos después y solo cuando John estuvo seguro de que Kelly estaba lejos habló...

―Cuando Kelly comienza algo es difícil detenerla. Eso es algo que no solo se limita a sus piernas. Ha habido ocasiones en las que he tenido que darle uno que otro golpe para que pare ―la voz de John sonaba tranquila.

―No pensé que ella tuviera ese tipo de desplantes ―comentó Cortana, quien no entendía esa faceta de la Spartan.

―En una ocasión, Fred tuvo que sedarla. Todavía eramos unos niños. Por fortuna mucho de esos desplantes se acabaron cuando llegó a la adultez. Aunque algo quedó, y hoy lo viste.

―Tal vez no quiere dejarse llevar por la vida tan... monótona que tienen los Spartan.

―Nuestras vidas son todo, menos monótonas y lo sabes.

―Me refiero a fuera de los campos de combate. Quizás ella ha sufrido algún trauma y quiere reprimirlo ―la chica recordó el día cuando Kelly llegó a la biblioteca buscándola y el discurso que le dio acerca del amor―. Cuando ella llegó a la biblioteca para hablar conmigo, me dijo cosas que solo una mujer enamorada podría decir ―John la miró, no esperaba algo así.

―¿Insinúas que Kelly ha tenido una relación con alguien?

―Por lo que me dijo, es lo único que puedo pensar. Aunque, supongo que eso no salió bien, porque no ha vuelto a insinuar nada de eso en todo este tiempo.

―Tal vez no tenga importancia ―John tenía esperanza de que Kelly no albergara dolor en su corazón―. Quizás sea nuestra imaginación queriéndonos jugar una broma.

―Ojalá así sea... ―Cortana guardó silencio un breve espacio de tiempo. Luego continuó―. Por otro lado. ¿No crees que esta cueva es perfecta para... tu sabes? ―la expresión en el rostro de la chica era insinuante. Y John no era de piedra.

―Es una suerte que Kelly se haya ido ―él la abrazó, aunque su armadura le estorbaba.

No fue mucho el tiempo que transcurrió cuando los dos ya se estaban quitando las piezas de pesado metal de sus cuerpos.

La playa era un lugar que a Hoya le encantaba, por lo que, a la mínima oportunidad, se desplazó hasta la que había en ese lugar. Nueva Acapulco era una pequeña ciudad costera en donde la mayor fuente de ingresos era el turismo, y Hoya disfrutaba como uno en ese momento. Especialmente cuando veía pasar a hermosas mujeres ataviadas en pequeñas piezas de tela que apenas cubrían su desnudez. Había pasado todo un mes trabajando en la búsqueda de Sierra 117 sin éxito, por lo que, haciendo uso de todo su valor, le propuso a sus compañeros tener un día de relajación.

En un principio, la comandante Palmer no estuvo de acuerdo. Pero ante la insistencia de los demás, terminó cediendo. Aunque él quería pensar que la tentación de estar en una playa y divertirse en el mar, había sido la principal causa de que su comandante hubiese dado su brazo a torcer. Ante tal logro, el moreno fue el primero en sacar su ropa de playa y adelantarse a sus compañeros para apartar un lugar cerca del mar.

Y allí estaba, el buen Hoya, haciendo gala de su bien formado cuerpo, provocando tentaciones entre las mujeres que lo veían, al menos, él estaba convencido de eso. En ese momento, llegaron el resto de sus compañeros, DeMarco era el que venía por delante, detrás de él, Madsen, Grant y Thorne, pero no vio a Palmer.

―¿Qué pasó con la jefa? ―Hoya estaba ansioso por verla en traje de baño.

―Dijo que tardará un poco más en venir, debe hacer su reporte diario ―DeMarco respondió.

Una vez todos estuvieron instalados. Se dispusieron a disfrutar del sol, la arena y el mar. Aunque a todos los hombres les pareció extraño que Grant no se hubiera quitado el short y la blusa que vestía.

―Oye, Tedra. ¿por qué no te quitas esa ropa? Hace mucho calor ―DeMarco fue el que habló.

―Esperaré a que la comandante venga. No quiero estar semidesnuda entre un montón de pervertidos.

―¡Uy! Que mojigata nos saliste ―Madsen dijo.

―No soy mojigata, es solo que no deseo provocar pasiones... todavía ―la chica sonrió.

―En fin. No sé ustedes, pero yo me voy a dar un buen chapuzón ―ni tardo ni perezoso, Hoya, seguido de Madsen se acercaron al agua, donde se tiraron un clavado, con tan mala suerte que en ese momento, la ola que había reventado en la orilla se retiraba, provocando que los dos Spartan cayeran de boca en la arena provocando las risas burlonas de sus compañeros.

―¡Lástima que en los juegos olímpicos no hay competencia de clavados en la arena, porque seguramente ustedes se ganaban la medalla de oro! ―gritó Grant mientras se reía a carcajadas.

―Esto es lo peor viejo ―se quejó Madsen―. Nuestro primer día en la playa, y ya estamos haciendo el ridículo.

―Sopórtalo con dignidad amigo mio ―respondió Hoya.

Los dos hombres se levantaron y tuvieron que meterse al agua caminando.

―Ustedes ¿no van a acompañarlos? ―preguntó Grant a sus otros compañeros.

―No quiero hacer el ridículo como ellos ―comentó Thorne.

―Prefiero pensar que no los conozco ―agregó DeMarco.

―Esos dos son todo un caso ―se escuchó una voz detrás del trío. Ellos voltearon para ver que la comandante Palmer ya había llegado ―y ustedes ¿por qué no están en el agua con ese par de tarados? ―preguntó a Thorne y DeMarco.

―Por lo mismo. Son unos tarados ―contestó Thorne.

―Bueno. Al menos deberían ir al puesto de allá y comprar unas cervezas ―casi ordenó la mujer.

―Si. Eso me suena bien. Vamos Gabriel ―DeMarco se dirigió a Thorne―. Debemos aprovechar el día libre ―los dos se retiraron.

―Y tú ¿por qué sigues vestida? Aprovecha la oportunidad de broncearte ―Sara Palmer comenzó a quitarse la blusa blanca que vestía revelando la parte superior de su bikini azul, luego, comenzó a retirarse el short de mezclilla revelando una diminuta pieza inferior del mismo color que la superior.

Grant no se hizo esperar, y comenzó a desvestirse, revelando un conjunto de color amarillo. Thorne y DeMarco las observaban desde la lejanía.

―Y pensar que somos compañeros de trabajo ―comentó DeMarco.

―Si no fuera porque estamos en un lugar público, me les iba encima ―aquel comentario de Thorne extrañó a DeMarco.

―No creía que tuvieras esos pensamientos.

―No los externo, pero los tengo cada vez que veo una cuerpo tan bien hecho ―los dos chocaron sus botellas de cerveza en señal de concordancia.

En ese momento, alguien chocó contra la espalda de Thorne, quien, siendo fiel a su entrenamiento, actuó casi por inercia deteniendo al cuerpo de quien había chocado contra él.

―Lo siento. Me tropecé con mi sandalia. Perdón ―James Williams había chocado contra un Spartan y ni siquiera se dio cuenta. Además, estaba un poco ebrio, por lo que no era de extrañarse su torpeza.

―No hay problema, señor. ¿Está bien? ―preguntó Thorne, preocupado de que el hombre mayor se hubiese lastimado.

―Si, no hay problema. ¿Puedo invitarles algo? En agradecimiento por preocuparse de este viejo.

―Si no es molestia...

―No, claro que no. Al contrario. Cantinero, dele a los jóvenes lo que pidan.

―Gracias señor ―dijeron los dos supersoldados al unísono.

―Por lo que veo, ustedes son militares ¿cierto? ―los dos hombres se quedaron callados―. Veo que si, lo supe por su corte de cabello y su forma de hablar. ¿Saben? Yo también fui soldado en el cuerpo de Marines. Me tocó vivir muchos enfrentamientos contra el Covenant. Pero esos son viejos tiempos.

―Entonces usted es veterano de guerra ―comentó Thorne.

―Claro. Tenía 17 cuando me enlisté en contra de los deseos de mis padres, lo cual es justificable, ellos temían por su único hijo. Pero aquí estoy, vivo, casado y disfrutando unas geniales vacaciones en compañía de mi esposa, quien por cierto, no ha bajado de nuestra habitación en el hotel. Ya saben como son las mujeres de vanidosas ―el hombre sonrió, los otros lo acompañaron―. Y ustedes ¿vienen con alguien?

―Eh... venimos en grupo, solo que dos de nuestros amigos en este momento están en el agua y las dos chicas que nos acompañan están tomando el sol. Nosotros nos vinimos a tomar unas cervezas para refrescarnos ―DeMarco ya comenzaba a soltarse. Le dio un sorbo a su cerveza.

―Este lugar es precioso. He estado planeando este viaje durante mucho tiempo y por fin se me cumple. Es como mi segunda luna de miel. Ya saben. Diversión durante el día y sexo en la noche ―James se reía, se le notaba que estaba un poco pasado de copas.

―Vaya, eso si es bueno ―comentó DeMarco―. Yo no he tenido sexo hace casi dos años.

El líder del equipo Majestic se giró para mirar hacia el mar dejando su hombro izquierdo a la vista de James, revelando un tatuaje en él.

―Ese tatuaje lo he visto en otra parte ―a pesar de estar algo tomado, James reconoció el diseño.

―¿En serio? ―preguntó Thorne dándole poca importancia. Después de todo, el hombre presente había estado en el cuerpo de marines, por lo que tal vez vio ese mismo tatuaje en algún otro Spartan.

―Si. Mi vecino tiene uno idéntico ―esas palabras casi hacen que los dos hombres se atragantaran con sus bebidas.

―¿Su vecino? ―pese a la primera impresión, DeMarco fingió tranquilidad. Sin embargo, el tatuaje que lucía, era de uso exclusivo del cuerpo de Spartans, por lo que los únicos autorizados para usarlo eran precisamente ellos. Si el hombre que estaba allí, decía que había visto ese tatuaje en otra persona, eso quería decir que ese alguien era un Spartan y como a los Spartan se les tiene prohibido retirarse, la única posibilidad era que...

―Si. Es un hombre muy alto, creo que incluso más que ustedes. Vive con su esposa, que también es muy alta y su cuñada de seis años a dos casas de la mia; Es todo un caso, porque casi no habla, pero su esposa y su cuñada, esas si que son parlanchinas.

―¿Y dice que tiene un tatuaje igual al mio? ―DeMarco estaba sorprendido, pero seguía fingiendo tranquilidad― ¿Cómo se llama?

―Johnathan.

―¡Vaya! ¿y su esposa, cómo se llama?

―Caroline, aunque a veces los he escuchado nombrarse con sus apodos.

―¿Apodos? ¿tienen apodos? ―DeMarco se reía ante lo ridículos que pueden ser los esposos en la intimidad.

―¡Claro! John y Cortana. Son tan raros...

Los dos nombres clave en la búsqueda, las cervezas casi se les caen de las manos al escuchar esos nombres.

―Disculpe, señor ―DeMarco estaba a punto de salir corriendo a avisarle a su comandante.

―Dime James, o Jimmy, como te plazca.

―Si. Eh... James ¿De dónde eres?

―Vivo en Minister, en el pueblo de Rose Valley. Es un lugar precioso... ―no tuvo tiempo de terminar la frase cuando los dos hombres ya estaban corriendo con dirección a las mujeres en la playa.

Palmer y Grant tomaban el sol tranquilamente, pero fueron interrumpidas cuando Thorne y DeMarco llegaron corriendo.

―Tapan el sol. Quítense ―reclamó Grant.

―¡Comandante! ¡Lo encontramos! ―dijo DeMarco más que emocionado.

―¿Qué encontraron? ¿Su masculinidad o sus sentimientos homosexuales? ―preguntó Grant molesta porque aquel par le había tapado el sol.

―¡Encontramos a Sierra 117! ―apenas Paul DeMarco terminó la frase, las dos mujeres se levantaron como impulsadas por un resorte. Sus ojos estaban abiertos a más no poder.

―¿Dónde está? ―preguntó Palmer, viendo hacia todos lados, creyendo que el hombre en cuestión estaba presente en esa playa.

―Vive en Minister, el segundo planeta que debíamos revisar. Nos enteramos por un hombre que está en el bar.

―¿Él lo conoce? ―preguntó Palmer.

―¡Dice que es su vecino! ―Thorne también estaba agitado.

Hoya y Madsen se dieron cuenta del alboroto, por lo que, contra sus deseos, se acercaron al grupo.

―¿Qué pasa? ¿Por qué están tan emocionados?

―Ya sabemos el paradero de Sierra 117. Señores, el día libre terminó. Recojan sus cosas, nos vamos en este instante. De Marco ¿donde está el hombre con el que hablaste? ―Palmer estaba tensa. El interrogado miró hacia el bar, James aún seguía allí.

―Todavía está en el bar ―respondió.

La mujer sacó una fotografía del bolso que había llevado a la playa y seguida de sus otros acompañantes se dirigió rápidamente hasta el bar, donde James seguía bebiendo.

―Señor ―habló Palmer―. ¿Usted ha visto a este hombre? ―preguntó mostrándole la fotografía de John 117 ―James la miró reconociendo de inmediato a su vecino.

―¡Claro! Es mi vecino.

―¿Dónde vive?

―En Minister. Más espe... cíficamente en Rose Valley

―¿Cuál es su dirección? ―la mujer quería extraer toda la información posible.

―¿La mia o la de mi vecino? ―la ebriedad de James no le permitía percatarse que estaba siendo interrogado.

―La de su vecino ―Palmer comenzaba a perder la paciencia.

―Vive a dos casas de la mia en Rose Valley Heroes.

―Gracias, señor ―la comandante dejó unos billetes en la barra y se dirigió al cantinero―. Sírvale al señor lo que pida ―se retiró seguida de sus compañeros.

Rápidamente todos regresaron al lugar donde habían dejado sus cosas, las recogieron y comenzaron su regreso al departamento que habían estado alquilando durante un mes.

―No puedo creer que esto haya sucedido. Es increíble que hayamos perdido un mes en este lugar buscando por todos lados y vengamos a enterarnos a través de un borracho que el fugitivo está en otro planeta muy quitado de la pena fingiendo estar casado ―DeMarco se reprochaba. Palmer se detuvo ante las palabras de su compañero.

―¿Casado?

―Es lo que nos dijo el tipo. Que Sierra 117 vive con su esposa y su cuñada de seis años en esa casa.

―¿Cuñada de seis años? Eso es muy raro. Nuestra información es que John 117 escapó junto a una mujer no con dos.

―Quizás tengamos que averiguarlo cuando lleguemos a Minister.

―Bien. No perdamos más tiempo ―Palmer continuó su camino.

Una vez regresaron al departamente que habían alquilado, Palmer enlazó con la Infinity, no había tiempo que perder.

Thomas Lasky estaba sentado en su asiento en el puente de la enorme nave, los días desde que la misión de búsqueda comenzó habían sido monótonos. Realmente estaba aburrido y lo peor, era que en ese momento, él debía estar de vacaciones. Y para colmo, los constantes discursos del contralmirante le tenían hastiado.

Mientras miraba hacia el vacío del espacio sus ojos comenzaban a cerrarse y temía que el resto de sus subordinados estuvieran pasando por el mismo trance. De repente, el sonido de una comunicación entrante los alertó a todos.

―Comunicación desliespacial, señor. Es la comandante Palmer.

―En pantalla ―ordenó el capitán. La imagen de Sara Palmer se mostró frente él― ¿Hay alguna novedad Palmer? Hace apenas una hora hizo su reporte diario.

Así es, señor. Pero esta información es para el contralmirante Harrison ―por el tono de voz de Palmer, Lasky supo que habían encontrado una pista. El capitán presionó un interruptor.

―Capitán Thomas Lasky al Contralmirante Franklin Harrison, preséntese de inmediato en el puente. Hay información importante de parte de la comandante Sara Palmer.

Harrison estaba en su camarote, descansando y al escuchar lo del mensaje se levantó de inmediato, se puso el saco de su uniforme y se dirigió rápidamente al puente de la Infinity. Cuando por fin estuvo allí, el contralmirante tomó la llamada.

―¿Hay alguna novedad comandante?

Señor, ya sabemos el paradero de Sierra 117.

―¿Cuál es?

Está en Minister, en un pueblo llamado Rose Valley.

―¿Cómo obtuvieron esa información? ―la tensión en el rostro de Harrison era patente.

―DeMarco y Thorne lo escucharon de un hombre que asegura ser su vecino.

―¿Corroboró la información comandante?

―Si, señor. Le mostré una fotografía de Sierra 117 al informante y él lo reconoció. En este momento envío un mensaje escrito con los datos recopilados. No son muchos, señor, pero puede que sean importantes.

―¡Eso es excelente comandante! Ahora que ya sabemos el paradero de Sierra 117, debemos movernos rápido para evitar que escape. Comandante, regrese de inmediato, debemos prepararnos para la captura. Infinity fuera ―La transmisión cesó.

Harrison no podía estar más contento, por fin había encontrado al culpable de la muerte de su familia y pronto lo tendría entre sus manos para hacerle pagar.

―Brecha desliespacial abriéndose ―se escuchó hablar a uno de los encargados de los sensores de la nave.

Aquí nave de transporte víctor322, solicitamos permiso para abordar ―se escuchó en los altavoces de la Infinity.

―Aquí UNSC Infinity, los recibimos ¿Cuál es su cargamento? ―preguntó el oficial encargado de las comunicaciones.

Transportamos a la almirante Serin Osman.

Todos se sorprendieron ante la respuesta. No esperaban que la comandante suprema de UNSC estuviera por arribar.

―¿Podría repetir su respuesta?

Capitán Lasky, haga el favor de abrir un hangar para que abordemos ―la voz de la almirante se escuchó, fuerte y clara.

―¡Rápido! Que acondicionen el hangar 7 para que la almirante aborde la nave.

Ante la orden de su capitán, la tripulación comenzó los preparativos para recibir a su comandante en jefe.

En menos de media hora, ya todo estaba listo para la llegada de Serin Osman. La nave de transporte llegó 15 minutos después, para entonces, Harrison y Lasky ya la esperaban en el lugar.

La compuerta principal de la nave de transporte se abrió, dando paso a la almirante, cuya estatura sorprendió a más de uno, pues todos sabían que aquella mujer había sido un Spartan. Los dos oficiales de mayor rango en la nave hicieron el saludo marcial a su comandante.

―Bienvenida a bordo, almirante ―saludó Harrison.

―Que novedad hay sobre el paradero de Sierra 117 ―Serin fue al grano. No tenía tiempo para los protocolos.

―Lo hemos localizado en Minister, Señora ―El rostro de Harrison mostraba la satisfacción que sentía.

A Lasky no le agradaba eso. Pero como oficial de rango menor que los dos presentes, estaba atado de manos y pies, ya que solo podía obedecer órdenes y no impedir que esos dos arremetieran contra el Jefe Maestro. Por muy culpable que fuera, el Spartan merecía algo de dignidad después de haber hecho tanto por la humanidad y parecía que aquellos dos no lo veían así.

Harrison y Osman se encaminaron rápidamente hacia el puente, el capitán detrás de ellos los observaba. Ambos parecían involucrados en el asunto más por cuestiones personales que por lo realmente importante: enviarlo a juicio por deserción.

―Antes de partir hacia acá, recibí un informe, en el cual se señala que la I.A. Cortana no fue destruida realmente en el enfrentamiento con el Didacta, y que esa misma I.A. fue compuesta por la Doctora Catherine Elizabeth Halsey, transformándola en humana. Sospecho que la mujer que acompañó a Sierra 117 en su escape, es Cortana ―la declaración de Osman sorprendió a los otros dos oficiales, quienes no esperaban tal revelación.

―¿Pero eso es posible? ―preguntó Harrison, no pudiendo ocultar su asombro.

―Al parecer, la doctora Halsey halló la forma de componer información digital en tejido vivo estudiando los datos obtenidos del compositor del Didacta en la estación Ivanoff. Desgraciadamente la mayor parte de esa información se perdió en la explosión de su laboratorio. Sin embargo, algunos componentes del equipo del laboratorio sobrevivieron, de ese equipo se extrajo la información que acabo de darle.

―Pero la información dice que Sierra 117 escapó junto con un Spartan femenino ―a pesar de lo dicho por la almirante, Harrison no podía terminar de creerle.

―Eso es lo que nos desconcierta. Pero, si esa Spartan era Cortana, entonces eso significa que la doctora Halsey encontró la manera de hacer Spartans sin necesidad de intervención quirúrgica. Me decanto por esa suposición ante la imposibilidad de los humanos normales para usar la armadura Mjölnir.

―Entonces todo se complica. Si John 117 es suficientemente previsor, ya habrá entrenado a la mujer ―a Harrison no le gustaba eso. Sabía perfectamente que Cortana, al haber sido una inteligencia artificial «lista», tenía la capacidad de aprender muy rápidamente. Aquello era muy malo.

―La única opción con la que contamos es utilizar a los Spartan IV de la Infinity para aprehender a John 117 ―pese a su rostro serio, Serin por dentro sentía que pronto tendría sus manos alrededor del cuello de Cortana y la haría pagar por su insolencia―. Capitán Lasky.

―Si, señora.

―Avise a todos los Spartan disponibles en la Infinity que pronto tendrán que atrapar a Sierra 117 y a su acompañante, la ex I.A. Cortana...

Catherine se encontraba sentada a la mesa, frente a ella, Kelly terminaba su segunda ronda de ensalada después de haber comido dos pares de chuletas de cerdo. Era una verdadera suerte que la doctora supiera cocinar, de lo contrario habrían tenido que comprar algo ya hecho o directamente esperar a que Cortana volviera para que preparara todo.

―Eso dos son unos lujuriosos, seguramente no han vuelto porque deben estar haciendo «cositas» en la cueva ―Catherine sonaba molesta y es que no le gustaba preparar su propio alimento.

―Déjalos, después de todo ¿no era eso lo que querías en un principio? Míralo por otro lado, tal vez pronto te den un sobrino ―Kelly se servía su tercera ronda de ensalada.

―Bueno, si es así, no hay problema. Pero esos dos una vez que comenzaron ya no se han detenido.

―Eso es normal, ellos se quieren.

―¿Lo dices por experiencia propia? ―Kelly casi se atraganta, Catherine sonrió―. Veo que si.

―No quiero hablar de eso ―el semblante de Kelly se puso sombrío, no le agradaba hablar de su pasado.

―Si no lo haces, un día de estos esos sentimientos te van a traicionar y no podrás contenerlos ―la doctora se preocupaba por su Spartan.

―Me aseguraré que eso no ocurra.

―No estés tan segura. Tarde o temprano eso te superará y el dolor será insoportable. Créeme, lo viví en carne propia con la muerte de Miranda ―las palabras de Catherine eran tristes.

Cuando se enteró de la muerte de Miranda, trató de no darle tanta importancia, y por unos días fue así. Sin embargo, cuando el impacto inicial pasó y pudo comprender la importancia de aquel suceso, las lágrimas no tardaron en arribar sumiéndola en un llanto que duró horas.

Pese a que durante mucho años no se hablaron, ella la amaba, era su única hija y el haberla perdido tan repentinamente fue un duro golpe a su integridad. Se arrepentía de haber puesto su trabajo por encima de su hija. Finalmente sufría las consecuencias de haber sido tan fría con ella cuando lo que debió hacer fue darle verdadero amor de madre. Eso sería un cargo en su conciencia que nunca olvidaría, al igual que el sufrimiento causado a sus Spartan.

Kelly miraba cómo Catherine se introdujo en sus recuerdos, la veía ausente, lágrimas surgiendo de sus ojos.

―Tal vez, sea bueno hablar ―dijo Kelly finalmente. Aunque con pesar.

―Es lo mejor ―confirmó Catherine secándose las lágrimas que estuvo a punto de derramar.

Kelly comenzó a narrar lo sucedido tiempo atrás.

―Todo sucedió después de una misión secreta que el alto mando me asignó. Había terminado herida, a punto de morir y a la deriva en un phantom. Terminé en Ballast, donde un joven, un... campesino me encontró después de estrellarme... ―el relato de Kelly continuó.

Él cuidó de mi, estuve dentro del phantom alrededor de nueve días porque el muchacho no fue capaz de sacarme de la nave, ya que, como sabes, la armadura es muy pesada. Fue una verdadera fortuna que sobreviviera, ya que mis heridas eran muy graves. Al décimo día por fin pude ponerme en pie, aunque estaba un poco débil todavía.

El chico se presentó como cada día al punto de mediodía, aunque se asustó un poco al no verme allí. Cuando me presenté frente a él, no pudo sino mirarme hacia arriba y con la boca abierta, pues es muy raro ver a una mujer tan alta en un ambiente rural.

Parecerá raro, pero durante lo primeros nueve días no le dije mi nombre, es más, ni siquiera crucé palabras con él, simplemente lo dejaba hablar y me alimentaba de lo que me llevaba. Finalmente me dio su nombre, Richard Baker. Naturalmente tuve que darle el mio, pero como no recuerdo mi apellido verdadero, decidí omitirlo así que le dí mi nombre de pila.

Transcurrieron varios días más antes de que pudiera alejarme lo suficiente del phantom sin fatigarme o sentir dolor. Finalmente, cuando por fin recuperé la mayor parte de mis fuerzas, accedí a su propuesta de mudarme a su casa, una pequeña granja a un kilómetro de donde yo me encontraba.

Catherine, durante ese tiempo viví cosas que jamás creí posibles. Simplemente ha sido la mejor parte de mi vida. Richard era un muchacho que perdió a su familia durante el ataque del Covenant en Eridanus II, él logró escapar y se instaló en aquella alejada granja. Con muchos esfuerzo había logrado levantarla, y en ese momento estaba por cosechar su primer siembra desde que vivía allí. Pero a pesar de su desgracia, el siempre era alegre y le ofrecía su sonrisa a todos sin excepción.

Como agradecimiento por haberme ayudado, decidí ayudarle en su cosecha y distribuirla en un pueblito cercano. Durante el tiempo que estuve junto a él, fui tomándole cariño. Sé que es extraño que yo, una Spartan hable de esta forma, pero no pude evitarlo. Richard era un buen chico, muy servicial y amable conmigo y sucedió lo que suele sucedernos a las mujeres cuando somos tratadas así. Me enamoré de él. Aunque por mi condición, no podía arriesgarme a decirle nada e ilusionarme o ilusionarlo a él.

Pasaron alrededor de tres semanas y yo seguía tomándole más cariño a Richard. Sin embargo, él no me miraba con los mismos ojos que yo. Esa mirada la tenía reservada para otra mujer.

Elena era el nombre de la chica de la cual, Richard estba enamorado, sabiendo eso, yo no podía... no debía intentar ganarme su amor y por tal motivo me ofrecí para ayudarle a conquistarla. Fue así que intenté hacerme amiga de la chica, lográndolo casi de inmediato, ya que la gente del pueblo es muy amable.

Durante el tiempo que fuimos amigas, le hablaba sobre Richard, de lo bueno y trabajador que es, de lo mucho que él la quería y de lo bueno que sería que ellos estuvieran juntos. Aunque cada vez que yo le decía esto último, mi corazón latía acelerado, pues más que decirle a ella las virtudes de Richard, era a mi misma a quien se lo decía.

Entre tantas pláticas, ella me confesó que también amaba al joven granjero, solo que ella siempre había sido tímida con los hombres y que por esa razón nunca había tenido novio. Por lo tanto, en ese momento me convertí en una especie cupido para unirlos. Aunque por dentro yo sufría, pues tenía que tragarme el cariño que sentía por Richard.

Transcurrieron unos meses, tiempo durante el cual, entre plácticas y una que otra visita, insistí en unirlos hasta que por fin se hicieron novios. Así que, mientras Richard salía con Elena, yo me quedaba al cuidado de la granja, sufriendo por él y porque no podía decirle mis sentimientos. Finalmente ellos se casaron a los pocos meses de relación. Durante la fiesta le anuncié a los dos que debía retirarme. El deber me llamaba y no podía hacer caso omiso a él. Por supuesto que todo era mentira, pero no podría quedarme con ellos, pues ya estaban casados y yo solo sería un estorbo en su relación. De ese modo, me retiré al día siguiente sin avisarle a nadie más.

De eso ya hace un año, desde entonces no he tenido noticias de ellos, pero creo que estarán bien. Espero que mi sacrificio rinda frutos. Aún así, cuando lo recuerdo, no puedo evitar sentirme triste. Junto a él por fin pude sentir cariño y no solo las palabras duras que nos obligan a levantarnos para seguir adelante en los campos militares. En su presencia sentía que todo por lo que había luchado valía la pena. Pero... él no era para mi y por eso debí dejarlo.

En realidad, nunca tuve el valor de declararle mis sentimientos. Por primera vez en mi vida, tuve miedo de algo. Aunque no me arrepiento de eso, pues sé que si yo le hubiese confesado lo que sentía, él se habría visto obligado a decirme que no me amaba y que no podría dejar en el olvido a Elena. Tal vez yo sea dura en combate, pero no tengo el corazón para romper las ilusiones de dos chicos enamorados.

Pero, como todo lo que comienza algún día tiene que terminar, aquí estoy, contándote las cosas que me sucedieron y me han hecho sonreír y sufrir durante el último año.

Catherine escuchaba atentamente a Kelly. La Spartan, a pesar de su expresión neutra, en sus ojos reflejaba la emoción de contarle todo eso, un par de lágrimas corrieron por sus mejillas, las cuales, secó de inmediato.

La pequeña doctora se bajó de su silla y se acercó a la Spartan para abrazarla. Nunca imaginó que Kelly pudiera ser capaz de un sacrificio como ese.

―Al final, tu sacrificio rendirá frutos. Créeme. Y ahora que te has desahogado, verás que en tu corazón la opresión ha disminuido. Pero, si quieres llorar, hazlo, eso es bueno para ti ―Catherine acariciaba el cabello de Kelly con cariño. Su Spartan sufría por un amor imposible y había estado aguantándolo durante mucho tiempo. Como esperaba, la mujer rompió en llanto sobre su infantil hombro. Eso le rompía el corazón―. Dime, Kelly ¿has pensado en ir a visitarlos alguna vez?

―No tengo valor para hacerlo ―dijo una vez que estuvo calmada―. Sería muy doloroso para mi.

―El dolor nos hace saber que somos humanos ―se quedó en silencio un tiempo, dejando que la mujer se tranquilizara por completo―. Pero deberías secarte esas lágrimas, John y Cortana llegarán de un momento a otro y no querrás que te vean así ―la pequeña besó la frente de Kelly.

Los mencionados llegaron unos minutos después. Aunque entraron por el patio trasero para evitar ser vistos por sus vecinos. Era una verdadera suerte que el vecindario terminara justo al lado del bosque. Lo que no era tan bueno, era que su lado del bosque, estaba del lado opuesto al que estaba la nave.

―John, deberíamos quitarnos las armaduras o terminaremos estropeando el piso.

Los dos recién llegados miraron hacia sus pies para confirmar que el peso combinado de las dos armaduras estaba deformando la madera que componía el suelo de su casa.

―Vamos al sótano, el piso allí es de concreto ―ofreció John.

Con sumo cuidado, los dos se encaminaron hasta el sótano, donde por fin se deshicieron de su pesado equipo y acomodaron las cosas que habían traído con ellos. Por último, subieron hasta el comedor para cenar, pues estaban hambrientos.

―De acuerdo, ahora que ya estamos reunidos, debemos comenzar a planear la estrategia que llevaremos en caso de que UNSC se presente ―Catherine hablaba de una forma tan seria, que combinada con su apariencia infantil provocaba gracia en los otros tres. Cosa que no agradaba a la pequeña.

―Te ves tan mona mientras hablas así ―Cortana suspiraba mientras ponía la cabeza entre sus manos, las cuales, estaban apoyadas en la mesa a través de sus codos.

―Si vas a estar bromeando en un momento como este, es mejor que te vayas a tu cuarto y no salgas en toda la noche ―reprendió la pequeña doctora―. Y esto va para todos ―Nadie la tomó en serio.

―De acuerdo, está bien. Ya no me voy a reír, es solo que te ves graciosa explicando las cosas ―se disculpó Cortana.

―Si, cómo no ―comentó sarcástica la pequeña―. Como iba diciendo, tenemos que crear un estrategia. Y para eso, debemos tener en cuenta varios puntos. El primero, debemos tener información en caso de que las fuerzas de UNSC se estén acercando, para eso, haremos sensores de movimiento con los cuales detectar su acercamiento, yo me encargaré de esa tarea junto con Kelly, ya que ella es muy hábil en las tareas manuales que requieren precisión; Segundo, necesitamos el software necesario para controlar todo el tráfico de información que recibiremos en el momento que UNSC esté aquí. Cortana, tú eres la experta en software y seguridad informática, te encargarás de que el sistema funcione; También necesitaremos con qué defendernos, y para eso es necesario tener armas. John, tú serás el encargado de eso ―las tareas ya estaban repartidas.

―Los sensores, supongo, los fabricaremos con materiales comunes ―espetó Kelly.

―No tenemos más opción. Sin embargo, serán tan sencillos que pasarán prácticamente desapercibidos. Por cierto, los colocaremos por todo el pueblo, así crearemos una red de vigilancia. También, los sensores serán pasivos, así que no nos preocuparemos porque sean detectados.

―Necesitaré una computadora extra, la que tenemos ya es vieja y no tiene la suficiente capacidad para procesar toda la información ―aseguró Cortana.

―Podemos comprar una nueva en la mañana. Supongo que debe ser muy potente ―John conocía los requerimientos para que un equipo de vigilancia fuera eficiente.

―El más potente que podamos comprar ―Cortana también lo sabía.

―Nosotras iremos con ustedes, también debemos comprar los materiales para hacer los sensores ―agregó Catherine.

―También debemos ponerte en forma, Cortana. Hoy demostraste que no entrenas como debes ―Kelly tenía razón, Cortana, a causa de su trabajo, no había estado haciendo ejercicio suficiente.

Una vez todo quedó aclarado, se dispusieron a irse a la cama. El día siguiente estaría lleno de actividad.

―Harrison ―llamó Serin.

―Dígame, almirante.

―Cuando estemos en Minister, yo misma encabezaré la captura no quiero que por error, los dos se escapen.

―¿Qué haremos con esa supuesta cuñada de seis años que mencionó Palmer? ―Harrison aún estaba confundido por la introducción repentina de un infante en el juego.

―La traeremos a la Infinity. Quiero saber quien es.

―Con la información obtenida, seguramente podremos emboscarlos ―el contralmirante estaba seguro de su victoria.

―Eso espero. El viaje que nos aguarda es largo y no sería bueno que hiciéramos una travesía tan prolongada para no lograr nada ―Serin se retiró. Hacía unos pocos minutos habían dado el aviso para que todo el personal se retirara a las cámaras criogénicas antes del salto desliespacial que los llevaría hasta Minister. Se detuvo un momento, volviendo su rostro al cotralmirante―. Avise a todos los equipos que se dirijan a Minister en vez de la infinity ―se fue.

―Si, señora ―Poco tiempo después Harrison envió el mensaje. Luego, se dirigió a las cámarias criogénicas para ser congelado hasta su arribo a Minister.

Pronto nos veremos las caras John. Y en ese momento te haré decidir si la amas a ella o me prefieres a mi. Espero por tu propio bien que me escojas o ella pagará las consecuencias ―fueron los últimos pensamientos de Serin antes de caer en el profundo sueño criogénico.

El portal desliespacial se abrió permitiendo a la Infinity comenzar su viaje hasta el lugar donde John y Cortana se ocultaban.


No sé que agregar. Así que...

¡Nos leemos luego!