A/N: ¡Actualización! Faltan sólo tres capítulos para dejar de traducir esta genial historia, por eso hay que disfrutarla hasta donde se pueda. Creo que en una semana o un poquito más estará terminada por mi parte, a menos que Crystal mágicamente se inspire y decida continuarla (cosa que dudo, pero uno tiene derecho a ilusionarse, ¿no?). En fin, que lo disfruten.
Disclaimer: Ni Naruto ni este fic son míos. Le pertenecen a Masashi Kishimoto y a Crystal Renee, respectivamente.
Sacrificio: Flor Marchita en Primavera
Capítulo IX: Auto Vigor
—¡Sasuke-teme! —se quejó Naruto—. Esto es estúpido. Dímelo otra vez, ¿por qué estamos haciendo esto?
Apretó los puños. Esta era la decimosexta vez que Naruto hacía la misma pregunta desde que habían iniciado su trayecto hacia la oficina de la Hokage.
—Porque, Naruto, si alguien puede convencer a Sakura de volver a sus servicios, es la Hokage. Fue tu idea, ¿recuerdas?
Él sonrió abiertamente.
—¡Tsunade-baachan puede convencer a cualquiera de cualquier cosa! Es astuta con sus palabras… a veces me pregunto si ella simplemente miente. ¡Es tan mala como Ero-sennin!
Cerrando sus ojos, Sasuke se apartó de Naruto y siguió caminando por las escaleras. Ninguno de los dos había visto a Sakura en más de cuatro días; había desaparecido de la vista de la aldea, todos sus amigos incluidos. Él suspiró, fueron muchas las ocasiones en que se había detenido afuera de la puerta de Sakura, tratando de obtener el coraje para entrar e intentar convencerla una vez más de que continuara siendo una kunoichi. En algún lugar muy profundo, estaba asustado de volver a verla. El dolor por el que ella había atravesado lo había asustado y herido.
Y para ser franco, eso lo estaba fastidiando.
—Sasuke-teme, ¡si sigues caminando, chocarás con la puerta!
Despertando de su ensoñación, Sasuke se detuvo a escasos centímetros de la puerta de la Hokage. Sin dudarlo, la abrió y se dirigió hacia el interior, con Naruto a su lado. Tsunade se encontraba roncando con poca gracia sobre su escritorio y con una botella de sake en su mano, para luego desperezarse, hasta que finalmente parpadeó, despertando. Se echó hacia atrás, estirando sus extremidades y reclinando su silla hacia la ventana. Permitiendo que una sonrisa agraciara su rostro, estampó sus codos contra la madera de su escritorio y un enorme crujido sonó en toda la habitación.
—¿Disfrutas irrumpir en mi oficina, Uchiha? Últimamente lo estás convirtiendo en un hábito —refunfuñó, mirando con enfado a aquellos dos conocidos rostros—. Estaba haciendo un trabajo importante.
—¡Estabas durmiendo! —rebatió Naruto—. ¡Y realmente estamos aquí por algo importante, Tsunade-baachan!
Su ojo comenzó a temblar, mientras controlaba su ira.
—¿Y qué sería eso tan importante?
Sakura se sentó en su cama, acomodándose en ella, por lo que su rostro se asomaba por la ventana. El viento ondeaba las cortinas, doblándolas con la intensidad de suaves dedos que rozaban su piel. Con las rodillas flexionadas hacia su barbilla, toda la concentración de Sakura estaba sobre el metódico movimiento de las cortinas; casi bailaban con el viento, como un vals romántico que no podía llegar a los oídos de los mortales.
Al lado de la ventana, se encontraba el bolso que había llenado con todos sus recuerdos de kunoichi. Pese a sus intentos por deshacerse de él, no tenía las fuerzas para olvidarse de su pasado. Los últimos cuatro días los había pasado mirando por la ventana y luego al bolso, en un interminable ciclo de destrucción mental. Se estaba recogiendo a sí misma, pieza por pieza, tratando desesperadamente de encontrar la solución para desprenderse del miedo y la ansiedad que la agobiaban. Cadenas la ataban a su pasado y, a pesar de sus esfuerzos por romperlas, quedaban fijas desde su corazón hasta sus recuerdos.
Suspirando, Sakura relajó su postura y permitió que su mirada cayera. Se estaba empujando hacia direcciones que no podía tomar y el efecto de eso era mental y físicamente extenuante. Sus respuestas seguían eludiéndola y, con un suspiro, se resignó a intentarlo por otro día más. Después de haber sido ninja-médico, comprendió y fue capaz de evaluar sus propios límites; ya los había alcanzado.
Justo después de levantarse, se escuchó un fuerte golpe en la puerta de su apartamento. Saltó, cubriendo su cabeza con los brazos en un intento de ocultarse del supuesto adversario. Los golpes continuaron de forma constante, finalmente sacándola de su postura protectora para emprender una caminata cautelosa hacia la puerta. Cada latido en la madera se hacía más fuerte, dándole un tono de urgencia.
—¡Sakura-chan! —llamó una voz—. Por favor, abre; ¡es muy importante que hable contigo!
—¿Shizune-san?
Llegando hasta la puerta, Sakura quitó el seguro y la abrió para ver a Shizune cubierta de un espeso sudor, con Tonton en sus brazos. La temperatura en su cara denotaba lo urgente que había sido su carrera hasta allí. La preocupación comenzó a formarse en el estómago de Sakura. ¿La necesitaban en el hospital para una misión que había salido terriblemente mal?
—¿Qué sucede, Shizune-san?
Ella contuvo la respiración, mientras se recostaba en el borde de la puerta.
—¡Tsunade-sama necesita verte ahora! ¡Es muy importante, iba a venir ella misma!
—¿Qué ocurre?
—No estoy segura, pero nunca la había visto así; estoy segura de que es algo serio —respondió Shizune—. Por favor, ¡sígueme!
Juntando las manos para apoyar su barbilla en ellas, los ojos avellana de Tsunade escrutaban la pared frente a ella. ¿Cuánto tiempo más se iba a tardar Shizune? No había manera de que Sakura se tardara tanto en llegar si se trataba de una llamada urgente, independientemente de la situación actual.
—¡Mantente alejado de aquí, Naruto! —gritó Tsunade, observando la puerta que obstruía su vista del chico que acababa de lastimar—. ¡Trátame con algo de respeto y tal vez escuche tus demandas!
Sasuke esperó pacientemente a que la Hokage se sentara de nuevo. Después de tomar un sorbo de su sake y de un pequeño desliz de rabia sobre su escritorio, la atención de Tsunade volvió al heredero Uchiha. Su postura era la misma de siempre; rígida y disciplinada. Pero era su mirada lo que la había preocupado. Para un hombre que se suponía que no tenía ningún apego a nadie ni a nada, la emoción en sus ojos giraba a un ritmo alarmante.
—¿Qué necesitas? —preguntó, en un bufido.
—Necesito que le asignes una misión a Sakura.
La mirada de Tsunade descendió hacia el escritorio.
—No puedo hacer eso. Ya no es una kunoichi de Konoha.
—Tenemos que forzarla —razonó él—. Conoces a Sakura – hay que lanzarla a una situación antes de que lo entienda.
—En mi opinión, no está lista para una misión, aunque la forzare a ello.
—¿Y si tú se lo pidieras?
Alzando una ceja, observó al chico delante de ella con cansancio—. ¿Qué quieres decir?
—Sakura necesita una misión, para que abra los ojos.
Tsunade negó con la cabeza—. No puedo. Su situación es demasiado delicada.
—¿Y si yo estuviera con ella en la misión? —sugirió él.
—Reforzar su confianza contigo protegiéndola sin saberlo, no va a ser lo único que la ayude a superar todo esto —razonó Tsunade—. Asumo que ya sabes lo que le ocurrió.
Los ojos de Sasuke siguieron mirando en la misma dirección, con las emociones aún flotando en ellos con un nivel visible. El debate consigo mismo se hacía cada vez más evidente.
—No quiero que se dé por vencida.
Dedicando una larga mirada al único Uchiha sobreviviente, Tsunade empezó a evaluar la situación. ¿Cuándo fue que Sasuke se había vuelto tan preocupado por el bien de Sakura? ¿Por qué estaba tratando tan duramente de devolverla a una situación que podría tanto paralizarla como rescatarla? ¿Valía la pena el riego?
Un miembro del escuadrón ANBU apareció al lado de Tsunade.
—¿Por qué la gente simplemente está apareciendo en mi oficina hoy? —se quejó—. ¿Tienes algo que informar?
Él se acercó a su oído y comenzó a susurrarle el mensaje. Los ojos de Tsunade se abrieron como platos, para luego golpear su puño contra el escritorio. El ANBU retrocedió un paso y desapareció tan rápido como había llegado. La expresión de sorpresa en el rostro de Tsunade fue suficiente para enviar un escalofrío a la columna de Sasuke; algo definitivamente no estaba bien.
—¡Tendrás tu misión con Sakura! —le informó Tsunade, desde su mesa—. ¡Te enviaré a buscar a Ino y a Shikamaru! ¡Repórtate aquí nuevamente cuando los encuentres, ve!
No tuvo que decírselo dos veces.
—¡Shizune!
Tsunade golpeaba sus dedos contra su sien, luchando consigo misma para recuperar la compostura. Tenía que ser paciente. Shizune se arremolinaría contra la puerta junto a Sakura en cualquier momento, interrumpiéndola y luego correría al hospital para atender a los heridos recuperados.
La puerta de su oficina se abrió.
—¿Tsunade-sama?
Su corazón dio un vuelco.
—Sakura…
Ingresando al cuarto con cautela, Sakura cerró la puerta detrás de ella y fijó su mirada en el suelo. Ya había visto suficiente el rostro de su mentora para entender cuan grave era la situación; algo no andaba bien en la aldea de Konoha. ¿Para qué la necesitaría?
—Sakura… por favor… tengo algo que pedirte —se escuchó su voz—. Por favor… vuelve a ser una kunoichi de Konoha, una vez más.
