Sailor Moon © Naoko Takeuchi

[Siempre fuiste tu]

Capitulo dedicado a KATABRECTERI: lectoras como tu hacen mi dia (: que bueno que te pude animar! ESpero te guste.



Llegué un poco tarde a mi casa. Eran poco más de las cinco y media de la tarde; tenía menos de una hora y media para estar lista para Yaten y ni siquiera me había bañado. Sin embargo me alisté rápido y estuve lista a la hora acordada. Cuando escuché el timbre corrí a atender.

– ¡Ya llegué! ¿Lista? –. Exclamó Yaten en cuanto abrí la puerta. Me miró sorprendido al verme vestida con un estilo bastante menos formal que el que siempre usaba. – ¡Vaya Bu! Te ves… diferente. Muy bella, por supuesto –

– ¿Tú crees? A mí me gusta–. Le dije divertida mientras le modelaba un poco mi outfit.

– Pareces un pequeño monstruito travieso y bonito–. Me dijo mientras me alcanzaba y me rodeaba con sus fuertes brazos. – Te ves hermosa–. Besó levemente mi frente y sonrió. Sonreí con él mientras me quedaba absorta mirando su rostro.

Yaten era realmente atractivo. A pesar de que antes fue guapísimo, ahora me mostraba un Yaten mucho más maduro, todo un hombre y la verdad, me era tremendamente difícil resistirme a sus encantos. Tan solo sentir sus manos alrededor de mi cintura me hacía sentir… todo.

– ¿Nos vamos? –

– Si. Iré por mi bolso y mi abrigo–

Bajamos del edificio bromeando y riendo. Llegamos a donde el coche estaba.

– Adelante princesa– Dijo galante mientras me abría la puerta.

Yaten ahora era muy payaso, pero me gustaba. Antes siempre fue caballeroso y atento, pero nunca tan ¿cursi? Esa parte me tocaba a mí. Pero parecía que ya no sería así.

Yaten prendió la radio y condujo en silencio hacia algún lugar del que yo no tenía idea. El escuchar la radio sonar me hizo recordar a Seiya; él y yo siempre cantábamos a todo pulmón las canciones que sonaban. Inevitablemente me entristecí.

– ¿Estás bien? –

Yaten tomó mi mano y me miró sonriendo tan tiernamente que en seguida sentí cómo olvidaba lo demás y me concentraba solamente en su rostro, en él, con la mirada boba. Y en ese momento, de verdad deseé que algo en mi corazón volviera a nacer. O renacer.

– Claro que si –

Luego de un rato llegamos a una enorme casa con un enorme jardín iluminado por lamparitas colgantes y guías de luces de colores por todos los arboles. Se veía de ensueño. En el centro del jardín había un kiosco blanco y grande. Y al centro de éste una mesita con alcatraces y dos sillas. Evidentemente era una cena romántica para dos.

Rara vez Yaten hizo cosas como esas, pero siempre eran en una ocasión especial. Antes me había dicho que quería hablar de nosotros, y eso me tenía muy intrigada. En realidad no sabía qué esperar.

El platinado me ayudó a bajar del coche y me condujo hacia el jardín.

– ¿Te gusta? –

– Esta maravilloso Yaten –

– Más te vale, porque tarde años en poner esos malditos foquitos– Gruñó.

Sonreí y rodeé su cuello con mis brazos, dejando mi rostro muy cerca del suyo. –Los foquitos están maravillosos. Gracias–. Me alejé de inmediato brincando y corriendo como una niñita por todo el jardín. Él solo me observaba, riéndose abiertamente.

***

Mina nunca iba a cambiar. Aun seguía siendo la niña preparatoriana, loca e hiperactiva que conocía antes. Lo que me hacía sentirme de verdad enamorado de ella. De verdad esperaba que todo el show de las luces y la cena le gustaran, tal vez eso le ayudaría a escuchar con menos incomodidad lo que iba a contarle.

Me había propuesto sincerarme completamente con ella ya que, ahora que Seiya estaba fuera del mapa, podíamos comenzar de cero y de la mejor manera nuestra relación. Y para eso era necesario desenterrar dolores y sentimientos del pasado. Algo me decía que debía hacerlo. Y de hecho, lo haría.

– Mina ya. Ven a sentarte, anda–. Mina llegó agitada y riendo feliz a la mesa.

– ¿Qué vamos a comer? –

– Hm, ¡lasaña! –. Exclamé sacando el platillo, algo frio, de debajo de la mesa. De acuerdo, no encontré quien hiciera el papel de mesero. O bueno… en realidad no quería que hubiera nadie más que nosotros esta noche.

– ¡Que rico! –

La rubia devoró más de la mitad del platillo entero. ¡No sé cómo puede caberle tanto! ¡Y no engordar! O vomitar…

Una vez que terminamos (o mejor dicho: terminó) me acerqué a ella y la invité a sentarse conmigo en un enorme puf negro que estaba a un lado de las escaleras del kiosco. Por supuesto, accedió. Me senté de lado y ella también lo hizo recargándose en mi pecho y rodeándose con mis brazos.

– ¡Ahh! ¡Estoy llena!-. Dijo mientras se acariciaba la pancita.

– ¡Cómo no! Acabaste con lo que hubiera podido alimentar a toda la colonia–. La rubia reía divertida. Subió uno de sus brazos y comenzó a acariciar mi cabello mientras su mirada veía hacia el cielo mirándose totalmente relajada.

– Mina…–

– ¿Hmm? –

– Yo… quería hablar contigo. Contarte algo, más bien–

– Dime–

Dudé unos segundos, intentando tomar valor hasta que por fin hablé. – ¿Alguna vez te has preguntado qué paso entre nosotros? ¿Qué paso para que yo hiciera lo que hice? –

Mina se tensó y guardó silencio.

¡Estúpido! ¿En que estaba pensando al preguntarle eso? ¡Obviamente se preguntó el porqué yo me había vuelto un imbécil y la había tratado de una forma tan vil!

Me revolví en el puf y la acomodé frente a mí. Ella estaba a la expectativa, con su mirada fija en mí.

–Mina, esta noche quiero contarte lo que pasó–. Dije al fin.

– Siempre…– Dijo súbitamente.

– ¿Qué? – Respondí sin entender.

– Siempre me lo pregunté–. Bajó su mirada a sus manos que se movían nerviosamente, retorciendo los dedos una y otra vez.

– Antes que nada quiero que sepas que, el día en que te pedí el divorcio, yo te amaba más que a nada Mina–

Ella regresó su mirada a mí rápidamente. Sus ojos cristalizados reflejaban confusión. Era obvio, el patán que la dejó le estaba diciendo que la amaba cuando lo hizo… ¡Vaya idiota!

Mina se había puesto las rodillas frente a ella, abrazándolas y recargando su mentón sobre ellas. Me escuchaba con atención. Supongo que había esperado muchos años para oír la historia que estaba a punto de contar.

– Yo me equivoqué Mina. Todo fue una secuencia de acciones que me llevaron a hacer lo que hice… aunque nada estuvo justificado, lo sé. – Suspiré, inhalando profundamente aire fresco. Lo iba a necesitar. – Todo comenzó el día en que conocí a Hotaru…–

***

FLASHBACK

Era un día cualquiera en el trabajo, a excepción de la reunión de bienvenida del nuevo director. Hoy conocería al individuo al que prefirieron darle el puesto en lugar de a mí. El tipo resultó ser muy amigo de un hombre con poder y entonces yo salí sobrando. Obviamente mi humor estaba peor que de costumbre, bastaba con que se cruzara alguien en mi camino para quejarme a diestra y siniestra de todo. Me sentía abatido, enojado y decepcionado de mi propia vida.

Después de una mañana infernal, llego el mediodía y el momento de conocer al hombre. Fueron 45 minutos de observar cómo todos le besaban el trasero al estúpido obeso. No lo soporté más y salí del lugar en cuanto pude. Sin embargo diez minutos después el hombre me llamaba, quería conocerme individualmente, porque para mi desgracia, yo era el subdirector, conocía bien el proceso y tendría que ser su asesor, dígase criado, por un rato.

Llegué a su oficina y traté de poner mi mejor cara. Después de todo el trabajo es el trabajo y él era mi superior. Entré y lo encontré sentado en la enorme silla de director, disfrutando de la comodidad de la que hubiese sido mi enorme oficina, mientras yo sentía el estomago rugir de coraje.

– Siéntate… ¿Kou, cierto? –. Todavía se daba el lujo de dudar de mi nombre…

– Así es, Yaten Kou– dije con orgullo –…señor ¿Tomoe, cierto?– Pregunté con un tono algo prepotente del cual me arrepentí al notar la terrible y amenazadora mirada que lanzó sobre mí.

Después de presentarnos, hablamos de la empresa y asuntos de trabajo. El tipo no servía para nada más que para dar órdenes. Internamente estuve quejándome todo el tiempo, y no iba a parar hasta cansarme. Hablando estábamos cuando tocaron a la puerta. Segundos después una hermosa joven de cabellos negros entraba sonriendo al hombre frente a mí, llamándolo "papá".

¡Vaya! Admito que me sorprendió. Si algo sabia hacer bien este señor, era hijas como ella. La niña estaba preciosa. No más de veinte años, su piel blanca como la nieve contrastaba con el negro intenso de su cabello y el violeta de sus enormes ojos. Vestía un abrigo gris y falda corta. Parecía una bella muñequita, fina y delicada. De esas que son carísimas y de colección.

– Buenos días –. Dijo sonriéndome tímidamente.

– Buenos días –. Asentí.

– Kou, ella es mi hija, Hotaru. Él es Yaten Kou –

– Mucho gusto –. Dije y me acerqué a besar su mano, galante y seductor.

– Igualmente –. Contestó con las mejillas sonrojadas. Preciosa. No pude quitarle la vista de encima, ni ella tampoco a mí, claramente. Fue hasta que su padre habló que dejamos de observarnos. Después de un rato ella se despidió y salió de la oficina, esto sin dejar de sonreírme.

– Cuidado Kou –. Dijo el director en cuanto ella desapareció – Te lo advierto…–. Me miró asesinamente y me dejó ir.

No necesité preguntar a qué se refería. Pero yo no estaba acostumbrado a que me pusieran límites. Es más, los límites siempre me han parecido un reto. Y, ciertamente, tampoco estaba acostumbrado a perder retos.

Pasó un mes desde ese día, mes en el que Hotaru visitaba sin falta la oficina, y no exactamente a ver a su padre. Ella y yo nos encontrábamos en mi área y charlábamos. Era una mujercita inteligente y educada. Y en realidad se convirtió en una buena amiga. Sabía escucharme y era siempre atenta conmigo.

Le conté sobre mí, mis hermanos y sobre mi linda esposa. Siempre pude darme cuenta de cómo le molestaba el tema, pero siempre que eso pasaba, la contentaba con un algún piropo. Siempre la veía sonrojarse y sonreír con ellos. Me divertía verla.

Continuamos con nuestra sana relación. Poco a poco ella tomó más y más confianza, y comenzaron los abrazos y las prolongadas miradas, sin contar las veces en que trataba de tomarme la mano. Yo sabía lo que estaba ocurriendo, pero lo dejé pasar. Seguía coqueteándole e intimidándola a mi antojo. Admito que a veces me "pasaba", pero a pesar de todo Mina nunca dejó de estar presente en mi mente. Ella era mi mujer y la amaba más que a nada. Pero eso no me impedía divertirme un rato, ¿cierto?

Un día, la Hotaru que yo conocí desapareció. O mejor dicho, cambió. La linda y dulce niña de mi jefe se volvió en una mujer coqueta y seductora de un día para otro. De la niña buena, tímida y educada no quedó nada. Y eso me encantó.

– Hola Kou –. Saludó sensualmente.

– Hola Hotaru –. Dije sin voltear a verla mientras buscaba unos papeles en el archivero. Escuché sonar los tacones en el piso acercándose a mí. Espera, ¿tacones? ¿Hotaru? Levanté la vista buscado a la chica y la encontré justo frente a mí, peligrosamente cerca, y enfundada en el vestido corto más ajustado que hubiese visto antes.

– Quiero proponerte algo Yaten –. Dijo mientras acariciaba mi cabello y pasaba sus manos por mi rostro, con una seguridad en si misma que me sorprendió aun más de lo que ya estaba. Alcé las cejas y después sonreí coquetamente.

– ¿Qué es lo que propones? –. Ella respiró profundo y se acercó aun más a mí, recargando sus caderas sobre las mías. De inmediato sentí el calor de su cuerpo y del mío. Para esas alturas ya estaba ardiendo en deseo por ella. ¿Cómo una niña buena se vuelve mala? Así.

– Salgamos esta noche. Solos. Nadie tiene que enterarse… –. Terminó la frase susurrando en mi oído y pegando su pecho en el mío. Sin pensarlo, con una mano la tomé por la cintura y la presioné contra mí, y con la otra la tomé del cabello, halando de él un poco para posicionar su rostro frente al mío.

La lujuria y el deseo me hacían respirar entrecortadamente. Mi mente luchaba por pensar que lo que estaba a punto de hacer estaba mal. Por Mina, mi matrimonio, por mi jefe, por… no importa.

Tomé aire y mi boca se lanzó sobre la suya. Sus labios eran suaves y delgados, delicados, pero su forma de besar era exquisita. Mis manos comenzaron a moverse de arriba abajo, explorando lentamente cada una de las curvas que aquél entallado vestido dejaba sentir. La sentía estremecerse con la sensación y me orgullecía de ello. A pesar de su actitud de mujer fatal, yo sabía que seguía siendo la niña de antes, y que, además, estaba loca por mí.

Cuando por fin mis labios soltaron los suyos, sonrió. –Supongo que eso es un si…–

– Supones bien…–

FIN DEL FLASHBACK

***

Mina seguía firmemente abrazada a sus piernas, con su vista cristalizada fija en mí. No pude saber qué pensaba, y no lo iba a preguntar hasta que hubiese oído toda la historia.

– Esa tarde te llamé…– Dije avergonzado –… y te dije que tendría algo del trabajo. Que llegaría tarde y… que no me esperaras a cenar…–

***

FLASHBACK

En un auto de la compañía, me detuve frente a una enorme casa blanca. Cinco minutos después una figura femenina se acercaba y subía junto a mí. No dijo nada, solo sonrió y me dio un delicado beso en los labios. Sonreí con autosuficiencia y di marcha al auto, saboreándome la noche que me esperaba.

No hablamos, así que sin preguntar la llevé a un hotel a las afueras de la ciudad, con la única intención de llevármela a la cama. Primero cenamos y después pasamos cerca de tres horas bebiendo en el bar. Platicamos y reímos, hasta que el alcohol hizo sus efectos. Desinhibiéndonos por completo, comenzamos a bailar sensualmente, cerca el uno del otro. Ella paseó sus manos por mi pecho y mi espalda. ¿De dónde había aprendido ella a acariciar así? Lo ignoro, pero ¡que bendición! Acurrucó su rostro en mi cuello.

– Llévame a la habitación –. Susurró. Sonreí ampliamente.

Con dificultad llegamos hasta el cuarto. Era elegante y bastante grande, ideal para cumplir cualquiera de las miles de fantasías que habían cruzado mi mente en los diez minutos que tardamos en subir.

Hotaru se tendió en la cama en una provocativa pose, mientras yo trataba de enfocar mi mirada. A mi parecer, ella lucía perfecta y yo, estaba excesivamente mareado. No debí beber tanto.

– Acércate…–. Me ordenó. Así lo hice, tratando de no lucir desesperado por hacerla mía.

Ella se levantó y comenzó a deshacerse de mis prendas una por una, besando cada parte de mi cuerpo que quedaba descubierta. La sensación me tenía ardiendo por dentro, a punto de estallar.

– Hazme tuya Yaten –

Su frase fue suficiente para que yo la tomara por la cintura y la elevara, devorando sus labios y recorriendo con pasión su cuerpo, mientras me lanzaba con ella a la cama.

***

Los rayos del sol entraron por la ventana estrellándose justamente en mi cara. Comencé a despertar encontrándome con una terrible jaqueca y con una sensación pastosa en mi boca. Mi cuerpo también dolía y tenia frío, aun estaba desnudo. Con mis manos la busqué en la cama pero ella ya no estaba. Sostuve mi cabeza entre mis manos y la presioné. Traté de organizar mis recuerdos, pues la mayoría de la noche era una hoja en blanco. La recordé a ella, y me recordé a mí, tirándomela.

En verdad lo había hecho. Muchas veces antes había fantaseado con ello, pero nunca pensé hacerlo en realidad. Definitivamente fantasear era diferente a hacerlo de verdad. Sobre todo cuando lo único que ahora cruzaba mi cabeza era Mina. La mujer que más quería, la que me esperaba desde ayer, la que seguramente no durmió esperándome… Y me sentí culpable, obviamente. Una completa basura.

Hasta ese momento pude ver la gravedad de las cosas. Me había acostado con la hija de mi jefe. No solo ponía en peligro mi imagen, sino también mi trabajo, y lo más importante, mi matrimonio. Tenía que arreglar esto. Hablar con Hotaru. No tenía idea de qué pensaba ella.

No fui a trabajar. Para cuando llegué a casa ya pasaban de las dos, ya no tenía caso que me presentara. Estuve parado afuera de la puerta principal cerca de quince minutos, no tenía el valor de entrar y ver a mi esposa a la cara, como si nada hubiera pasado. Al final entré, y ella me recibió preocupada.

– ¡Yaten, por Dios! ¿Cómo estás? –. Me abrazó con todas sus fuerzas – ¡Debes estar exhausto! Ven, ¿tienes hambre? –

Yo me mantenía con los brazos a los costados y con un maldito nudo en la garganta que no me dejaba hablar. La miré observarme extrañada y preocupada.

– Ahw, pobre de mi amor. No deberían de tenerte trabajando tanto. No te preocupes, yo te mimaré…–

No soporté más y la abracé bruscamente. Acomodé mi rostro en el hueco de su cuello y solté un leve gemido, mi culpabilidad con él.

– ¿Qué te pasa Yaten? –. Me dijo tiernamente, posicionando mi rostro frente al suyo. Sus hermosos ojos y su tierna mirada acrecentaron la pesadez de mi falta. ¡Maldición! ¿Cómo pude ser capaz de hacerle eso? ¡Maldita sea!

– Nada Mina, solo… estoy cansado. ¿Vamos a la habitación? –

Sonrío y me quitó el saco mientras caminábamos hacia el cuarto y me contaba de su noche en vela por no tenerme dormido a su lado…

Pasamos el día acostados, viendo televisión, comiendo, charlando… yo estuve muriendo por dentro todo el tiempo.

***

Al día siguiente dejé a Mina dormida y partí al trabajo. Me distraje un poco de mis pensamientos y me relajé durante toda la mañana. Pensé que vería a Hotaru, pero no fue así. Ella no fue ese día, ni el siguiente, ni en toda la semana, ni la que sigue.

Poco más de un mes había pasado sin que yo tuviera noticias de ella. Hasta que un día apareció.

Entró vestida provocativamente, pavoneándose por toda mi oficina, como si tuviera el derecho.

– Hola guapísimo, ¿cómo estás? –. Dijo divertida. Instantáneamente la miré y me acerqué a ella, un poco agresivo.

– Hotaru tenemos que hablar…–. Dije enseguida.

– Claro, ¿hoy en la noche? –. Susurró insinuándose con un guiño en su rostro.

– Ahora–. Ella alzó las cejas y sonrió cínicamente.

–Ahora no puedo. Tengo que ir de compras–. Habló altanera y desinteresada. – Pero nos vemos en la fiesta mañana ¿no? –

– ¿Fiesta? ¿Qué fiesta? –

– No sé qué celebran, pero la empresa hará una fiesta mañana en la noche –. Dio media vuelta y caminó hacia la puerta. – Te veo ahí. ¡Ah! Es una fiesta privada, así que no se te vaya a ocurrir traer a tu mujercita. Adiós cariño –. Y se marchó.

Sentí tanta impotencia de ver cómo era tan vulnerable ante una niñita. Sentí coraje, demasiado enojo. Quise correr tras ella y… Bueno, de cualquier manera no podía perseguirla en la oficina, así que decidí esperar hasta la dichosa fiesta. Y el momento llegó.

Llegué temprano y buscando a mi objetivo para acabar de una vez por todas con esto. Le diría las cosas tal cual las pensaba, nunca he sido de los que disfrazan la verdad. Ella tendría que entender que fue cosa de una noche y que lo mejor sería dejar de ser amigos, o lo que sea que fuéramos.

El salón del evento estaba atiborrado de hombres en trajes oscuros y mujeres que más que de gala parecían vestidas como piñatas. ¡Como odiaba esos eventos! Mina los adoraba. Siempre era feliz de acompañarme y yo era feliz de ser acompañado por ella. Ella siempre me hacía sentir bien y contento, en cualquier lugar, siempre…

A lo lejos divisé la mesa de mi jefe y su familia. Allí estaba ella, sentada al lado de su madre. Me acerqué lo suficiente para que me viera. Una vez que lo hizo, le hice una seña de que se acercara y de inmediato se levantó y se excusó con su familia. Comencé a caminar antes de que ella llegara hasta mí. La observé seguirme hasta los pasillos oscuros del lugar. Me recargué en la pared esperando a que llegara totalmente, listo para comenzar la batalla.

– Ahora si Hotaru, aclaremos esto de una ve… ¿Hotaru? –. La pelinegra permanecía con la mirada en el piso. La niña malcriada que había mostrado ayer ya no estaba. Ahora me encontraba de nuevo con la Hotaru que conocí. Seria y tímida. – ¿Hotaru? Te estoy hablando…–. Dije irritado.

– Yaten…–. Su voz temblaba y arrugaba la estola de su vestido entre sus manos.

– ¿Qué te pasa? –. Pregunté frunciendo el ceño.

– ¡Tengo miedo! –. Exclamó echándose a mis brazos y llorando desconsoladamente. La abracé instintivamente, confundido y sorprendido.

– ¿De qué Hotaru? ¿Qué pasa? –

Pasaron unos momentos antes de que ella pudiera tranquilizarse y entonces explicarme qué le pasaba.

– Dime, ¿qué te pasa? –. Le dije menos agresivo, y hasta un poco mimador.

Ella me miró con sus violetas vidriosos. – ¿Qué me pasa? Dirás ¿Qué nos pasa? –

– ¿Qué? –. Contesté confundido.

– Estoy embarazada Yaten…–

¡QUE!

***

Pasamos la noche hablando de lo que había ocurrido, de lo que estaba ocurriendo y de lo que iba a ocurrir. Hotaru estaba atemorizada, demasiado asustada. Y yo, estaba que me llevaba el diablo. Un bebé… ¡solo le podía pasar a un imbécil como yo! ¿En qué estaba pensando cuando me acosté con ella sin precaución? Yo siempre había sido enemigo de estupideces como esa y ¡mírame ahora! ¿Qué se supone que debía hacer? Necesitaba consejo, así que me dispuse a llamar a Taiki.

– Yo… nosotros lo vamos a tener, ¿no? –. Me dijo temerosa ¡Claro que sí! No íbamos a matar a un inocente por nuestra idiotez.

– Si Hotaru…–. Le contesté mientras esperaba que mi llamada entrara en línea.

– Entonces tienes que dejarla a ella y estar conmigo –

– ¿¡Qué estás diciendo!? –. Dije encolerizado alejándola con un ligero empujón. Tenía que estar bromeando ¿Acaso creía que dejaría a Mina?

– No tienes hijos con ella, te puedes divorciar con facilidad –. Exclamó exigente.

Colgué el teléfono y caminé iracundo hacia ella. – ¡Cierra la boca Hotaru! ¡No sabes lo que estás diciendo! ¡Yo no voy a dejarla…!–. Grité en su cara.

– Tendrás que hacerlo. Mi padre va a enterarse de esto Yaten, es obvio. Y si no te haces cargo de mi, el… se enfurecerá y…– su voz se quebró – puede lastimarte y hasta… matarte Yaten. No puedo permitir eso…–. Sollozó.

En eso tenía razón. Pero yo no le temía a su padre. Era lo que menos me importaba en el momento.

– Vas a divorciarte de ella Yaten. Te lo estoy advirtiendo. No tienes otra opción. Tendrás que hacerlo o te arrepentirás–. Me dijo y se alejó con dirección a la fiesta.

Me quedé helado en el lugar donde estaba. En cuanto pude moverme salí del lugar tan rápido como pude. Tomé mi coche y conduje sin dirección mientras trataba de llamar a Taiki. Pero no contestaba, ¡justo cuando lo necesito él decide no contestar mis llamadas!

Llegué a un bar y como un cobarde, bebí. Pasé ahí un largo tiempo, llenando mi cuerpo de alcohol. Cuando me sentí lo suficientemente mareado, me largué y conduje hasta mi hogar.

Había olvidado mis llaves así que tuve que llamar a la puerta. Era casi la una de la mañana.

Mina abrió la puerta y me observó seria. Me escaneó de arriba abajo. Seguramente era por mi aspecto de ebriedad.

– Hola Mina –. Saludé y entré en el departamento, haciéndola levemente a un lado.

– ¿Por qué? –. Alcancé a oír que me preguntaba mientras yo me dirigía al comedor.

– ¿Porqué qué?–. La mesa estaba puesta y había comida en los platos. Tenía hambre y comencé a picar uno de los platillos.

– ¡Vaya! ¿Hubo invitados a cenar? ¿Tus padres? – Pregunté.

– El invitado, Yaten, eras tú... –. Contestó Mina lentamente mientras sus puños se cerraban con fuerza.

Poco a poco lo recordé ¡Maldición! Le había prometido llegar a cenar. No recordé decirle que tenía la fiesta, y no recordé que hoy era nuestro aniversario de bodas. Me sentí un idiota.

– Mina…–. Susurré mirando cómo trataba de esconder su coraje.

– Feliz aniversario amor–. Me dijo con sarcasmo y en seguida corrió hacia la habitación cerrándome la puerta.

Me quedé de nuevo inmóvil. Ahí de pie, pensando en la miserable basura que era. Mina no merecía esto. Nada de esto.

– ¡Mina! –. Grité mientras corría hacia la habitación. Me situé frente a la puerta y escuché sus sollozos, sollozos provocados por mí. Le pedí perdón y admití que no tenía excusa, pero que me perdonara. Se lo pedí de todo corazón. Era nuestro tercer aniversario, y ella debía disfrutarlo. Tenía que rescatar algo del día que yo mismo había arruinado.

– Mi amor, de verdad. Sé que no tengo derecho de pedírtelo pero perdóname. Estuve trabajando Mina, estoy cansado y… –

La puerta se abrió. Gracias al mundo, ella abrió la puerta.

– Gracias nena –. Le susurré observándola. Aun usaba ese vestido negro y tenía los ojos llorosos. Todo por mi culpa. La abracé de inmediato hundiendo mi cara en su cabello y una única e imperceptible lágrima resbaló por mi rostro.

Al abrazarnos unimos más que los cuerpos. Unimos nuestras almas.

Esa noche hicimos el amor como nunca antes. Compenetrados. Fuimos uno mismo como otras veces, pero de manera especial.

La miré dormir toda la noche. Y pensé.

Pensé en lo maravillosa que era, y en todo lo que junto a ella había ganado. Recordé el día en que la conocí, los problemas en los que nos metimos por estar juntos, nuestra boda, todas y cada una de las noches. Pensé en lo hermosa que era y en cuanto me amaba, y en lo idiota que había sido por todo, desde el principio. Pensé en el niño que Hotaru tendría. Me imaginé a mi mismo confesándole la verdad a Mina y la imaginé a ella sufriendo por mis actos y con su vida destrozada, cuidando de un niño que no era suyo, y que seguramente le recordaría mi infidelidad. Lloré ante la idea y el temor de tener que dejarla y me sentí indigno. Envidié a mi hermano menor por eso. El jamás la lastimaría como yo lo iba a hacer. Porque decidí, esa noche, que Mina y yo nos separaríamos. Porque la amaba tanto que la salvaría de estar al lado de un monstruo como yo.

FIN DEL FLASHBACK

***

– Lo demás ya lo sabes Mina… Y tal vez no había necesidad de desenterrar el pasado, pero tenía que contárt…–

– ¿Dónde está el niño? –. Me interrumpió intrigada.

– Hotaru perdió al bebé –

– Lo… yo, lo siento –

–….–

Mina guardó silencio un momento. Parecía estar digiriendo todo lo que acababa de contarle.

– ¿Porqué no me lo dijiste en ese entonces Yaten? –. Me reprochó mirándome con ojos tristes y con su carita mojada en lágrimas. Sentí como un nudo en mi garganta empezaba a formarse.

– Mina, yo…–

La rubia se acercó a mí y tomó mis manos, mirándolas y sollozando al mismo tiempo.

– Yo, tu sabes que yo… yo te hubiera perdonado…–. Me liberó de su agarre para llevar sus manos a su rostro y así poder llorar libremente.

De nuevo estaba llorando por mi culpa. Inmediatamente la tomé por los hombros y luego la abracé.

– Por eso mismo, Bu… –

Sorprendida levantó su vista a la mía. Me miró confundida.

–…yo sabía que tú eras capaz de perdonarme, pero yo no era digno de ti, ni de tu amor… Si algo deseaba, era lo mejor para ti, y yo estaba lejos de serlo –

Ella abrió mucho los ojos tiernamente y se arrojó a mis brazos de nuevo. Lloró por un rato, sacando todo lo que pudo. Yo la sostuve, la acaricié y la consolé.

– Te amo Mina. Es una excusa muy pobre para lo que te he hecho pasar, pero te amo, nunca dejé de hacerlo… –

Ella respondió con una sonrisa y un fugaz beso en mis labios. Se acurrucó recargando su cabeza en mi pecho y yo acaricié sus dorados cabellos. Y así pasamos la noche, en paz, en silencio, envueltos en el frio de la noche, bajo el blanco kiosco y a la luz multicolor de los brillantes focos.

***

Ahora saben las razones de Yaten…

Con esta confesión Mina sentirá que esta con la persona correcta… ¿será?

Y no se preocupen... Seiya will be back! haha

Aquí termina la oferta chicas haha!

Espero les guste

Gracias a todas todas tooodas por leer

Y

Ps.

DEJEN REVIEWWW!

Besitos

Mskou