¡Volví! ¡GRACIAS POR LOS REVIEWS! Jo, no me esperaba que os gustara tanto la historia T_T Me hacen muchísima ilusión, en realidad yo no me considero una escritora demasiado buena, pero seguiré escribiendo por vosotros, sí, sí, sí ^^
En fin…¡Capi dentro!
El sonido de un protector al ser atado más fuertemente.
El pelo siendo recogido.
El Kunai guardándose.
Y el grito siendo lanzado.
-¡La familia Uzumaki está lista!
Siempre era la mismo, en cada batalla importante el mismo ritual al que Naruto se había acostumbrado, miró a sus hijos, los cuales se encontraban sonrientes frente a él. Después de que un par de Hyuuga informaran sobre la falta de chakra en algunos de los atacantes, para su sorpresa los más poderosos, Naruto sabía que no podía fiarse de nadie.
-¡Vamos, papá!—Gritó Haruto, quien ya corría hacia el puesto que anteriormente le había sido dado.
-¡Nii-chan, vuelve!—Chilló Kasumi, corriendo tras su hermano.
Natsuki fue a perseguirles, pero fue parada por la mano de su padre aferrada a su hombro.
-¿Papá…?—Susurró ella, confusa.
De golpe, se vio entre los protectores brazos de su progenitor, quien la abrazaba con casi fiereza, como si fuera el último abrazo que pudiera darle y, entendiendo, Natsuki también le abrazó.
-Ten cuidado. Yo…yo no quería darte esta misión tan peligrosa, fueron los ancianos del consejo los que me obligaron, yo…-Trató de decir el Hokage.
-Papá.—Cortó la Uzumaki.—Prometo volver, ¿vale? Solo espérame, serán seis meses como muchísimo…
Naruto suspiró y besó a su hija en la frente.
-Nunca olvides que me siento orgulloso de ti, Natsuki, y que tanto tus hermanos como tú sois lo mejor de mi vida.
Ella sonrió ampliamente como solo una Uzumaki puede hacer y se contentó con decir antes de echar a correr:
-Bueno, papá, no seas melodramático. Al contrario que tú, soy alguien responsable.
Patada en el orgullo.
-¿QUÉ HAS QUERIDO DECIR, NATSUKI, DATTEBAYO?—Ella solo se rió en respuesta y, corriendo tras ella, Naruto continuó gritando, utilizando por primera vez en mucho tiempo el nombre completo de su hija.-¡NATSUKI KUSHINA UZUMAKI HYUUGA, VEN AQUÍ Y DISCÚLPATE AHORA MISMO! ¡ESE ERA UN MOMENTO BONITO Y FAMILIAR!
-0-0-0-0-0-0-0-
Natsuki miró hacia su villa vacía, un suspiro cansado nació en sus labios mientras observaba el Sol comenzar a despuntar a lo lejos. La batalla se acercaba con cada segundo.
-Natsu-chan.—Llamó la voz de uno de sus amigos, y ella se giró.
Daisuke llevaba una chaqueta negra con unos pantalones a juego, el protector de Konoha brillaba en su frente, las marcas que imitaban a los colmillos tan típicas de los Inuzuka se veían, rojas y brillantes, en cada una de sus mejillas. La sonrisa perruna de su amigo hacía contraste con el aura de preocupación que le rodeaba, por más que él lo tratara de ocultar.
-¿Si?—Inquirió ella.
-No estarás preocupada, ¿cierto?
-¿Yo preocupada? ¡Caro que no! ¡Eso significaría que tenemos la más mínima opción a perder, dattebayo!—Gritó ella, felizmente.
-Bien dicho, Natsuki.—Corroboró Kokoro, colocándose junto a Daisuke.
La Nara llevaba su chaqueta de Chuunin sobre una camiseta verde oscuro, bajo la que se veía otra de rejilla, los pantalones negros le quedaban sueltos, dándole libertad de movimiento. Sin embargo, su protector se ataba fuertemente a una de sus piernas. El pelo recogido en dos coletas (colas) bajas, ella sonreía levemente, lo suficiente como para que no se notara su infelicidad. Ni siquiera ella podía mostrarse tranquila en un momento así.
-¡Ey, Natsu!—Gritó Obito, llegando al lugar junto al resto de sus hermanos, excluyendo a Itachi, quien había sido enviado el día anterior a observar los terrenos.
Su mejor amigo iba vestido con el uniforme ANBU, la máscara estaba colocada a uno de los lados de su cabeza, y el tatuaje se veía claramente en su brazo derecho, todo ello adornado por el mango de la Katana que destacaba de su espalda.. El Uchiha sonrió ampliamente, no parecía preocupado, al contrario, Natsuki se sentía segura y protegida al lado de su amigo.
-Ey, Uchiha-san, ¿qué te parece un último beso antes de la guerra?—Bromeó un Chuunin que pasaba por allí cerca lanzando una mirada lasciva a Hanami, quien pasó olímpicamente de él.
Lo verdad era que Hanami iba ciertamente hermosa, la ropa shinobi se pegaba al cuerpo de la pequeña, una camiseta (Creo que se decía polera, pero no estoy segura…) de color negro que dejaba al aire su estómago liso, adornada con el símbolo Uchiha a la espalda, unas calzonas (shorts) Ninja sobre las que llevaba una falda de color azul oscuro, y para concluir, una katana fuertemente atada a la parte de atrás de su cintura.
-Hmp.—Fue todo lo que dijo ella.
-¡Hikaru-kun!—Kasumi apareció de la nada, corriendo hacia su novio, quien la abrazó con fuerza.
Su hermana parecía una hermosa princesa nórdica, vestida de blanco como iba, con un vestido Ninja de éste color con los detalles en negro, adornado con unas calzonas (shorts) negras y unos zapatos shinobi altos, tal y como los que solía llevar su tía Sakura, de color oscuro también. El protector de Kasumi se ataba a su frente, y la coleta (cola) en la que ataba su pelo dejaba escapar algunos mechones rebeldes de éste.
Hikaru llevaba manga larga en su camiseta azul oscuro, al contrario que la mayoría que, pese al tiempo invernal, vestía como si estuvieran en pleno invierto, preparados para el calor de la batalla. De los pantalones negros del chico colgaba un pequeño adorno con el símbolo de su clan, que también se podía apreciar en su espalda.
-¿Es que los Uchiha os pasáis toda la vida poniendo vuestro símbolo en todas partes?—Comentó de forma sarcástica Natsuki.
-Habló la de la espiral.—Respondió Obito con el mismo tono.
Ella fue a responder, pero algo la paró, de golpe alguien la abrazaba por la espalda, y Natsuki no tardó en reconocerlo, se giró lentamente, devolviendo el gesto.
-¿A qué viene esto, Haruto?
Esa misma mañana, su hermano menor parecía cien por cien seguro de la victoria, ni siquiera se había despedido de ella, asegurando que su hermana podría hacer cualquier cosa y que no tardaría en volver, y sin embargo allí estaba, temblando por aguantar las ganas de llorar.
-No lo sé.—Reconoció el Uzumaki.—Pero…simplemente, necesitaba hacer esto.
"Lo sospecha." Pensó ella. "Es técnicamente imposible, pero él lo sospecha, sospecha que después de esto tardaré mucho en volver a casa."
-No pasará nada, Haruto-nii.—Susurró usando el apodo cariñoso de su hermano.—Todo irá bien.
Besó la coronilla de él, que se separó de Natsuki lentamente y volviendo a sonreír como Uzumaki que era, seguidamente se giró e hizo un gesto a una muchacha que observaba todo alejada del grupo. Por su cabello azul, la Uzumaki pudo reconocer a aquella chica de la que su hermano menor tantísimo hablaba.
-¡Oh, tú debes de ser la tal Hana, dattebayo!—Saludó Natsuki con una sonrisa zorruna.
La chica llevaba un vestido Ninja azul, con una cinta que se ataba a su cintura de un color algo más oscuro, revelando sus formas, una leve sonrisa se entreveía en su rostro, dejando ver la vergüenza que la atenazaba, completado con un leve rubor en sus mejillas.
-Soy Natsuki, la hermana de Haruto.—Se presentó la susodicha.
-Natsuki.—Llamó entonces una voz algo más adulta, femenina sin duda alguna.
-Asuko-san.—Saludó la Uzumaki.—Cuánto tiempo.
Asuko Sarutobi sonrió, ella llevaba una camiseta (¿Polera? O.o sigo sin saberlo –o-) de color rojo, a juego con sus brillantes ojos color sangre, y unos pantalones negros. Sus cuchillas estaban ya presentes en sus manos, preparada para cualquier ataque, y el pañuelo blanco que solía llevar atado a la cintura y que antiguamente había pertenecido a su padre estaba impoluto, sin una sola mancha, prueba de que lo había lavado para la batalla.
-He estado practicando nuevas técnicas.—La Sarutobi se rascó la nuca, sonriente.—No es por molestarte, Natsu, pero ni Obito ni tú tenéis que estar aquí.
Ella asintió con la cabeza, entendiendo lo que su compañera quería decir, pues su lugar correspondiente estaba lejos de allí.
Souta, quien acababa de llegar y ya estaba junto a Hanami, con el abanico entre unas manos enguantadas, le sonrió de forma desinteresada. El chico también vestía de verde, al igual que su hermana, pasó una mano por su cabellera rubia mientras murmuraba un "problemático."
Natsuki se preguntó por qué ese día se fijaba tantísimo en el aspecto de sus compañeros, y entonces cayó en la cuenta. Alguno de ellos podría caer, podría ser la última vez que les viera, la última vez que sus miradas se cruzaran. Y, por un momento, temió por la vida de ellos. Entonces, y como si sospechara su miedo, Kasumi se separó de Hikaru y la abrazó a ella.
Y allí, momentos antes del dolor, momentos antes de las lágrimas, momentos antes de la sangre, momentos antes del sufrimiento, momentos antes de la separación y momentos antes de la batalla, las mellizas se abrazaron, sintiéndose una sola, sintiendo que, quizá, todo podría salir bien, solamente si confiaban en la otra, en que podría cuidarse. Porque, aunque fueran como el día y la noche, ellas eran hermanas, habían compartido el vientre de su madre durante nueve largos meses, habían compartido risas y lágrimas, y al fin y al cabo, se querían mutuamente más que a nada.
-Te espero, no te mueras, Natsuki.—Susurró Kasumi, aún aferrada a su hermana.
-Lo mismo puedo decir, nuestra familia podría desmoronarse en ese caso, Kasumi.—Fue la respuesta de la mediana.
Y entonces, separándose lentamente, ambas Uzumaki se dieron la espalda, dispuestas a afrontar un destino, uno que quizá las separaría cruelmente, pero un destino, al fin y al cabo. Y allí, con una mirada preocupada al suelo por parte de Kasumi y una falsa sonrisa por la de Natsuki, que miraba al cielo con los brazos tras el cuello, ambas hermanas tomaron su propio camino.
-0-0-0-0-0-0-
-¡Haru-kun! No me esperaba que estuvieras aquí.—Saludó la Uzumaki al llegar a su destino.
El Sabaku No la miró con una leve sonrisa, al igual que anteriormente Natsuki se había fijado en el resto, él no pudo evitar mirar de arriba abajo a la chica.
Natsuki llevaba una camiseta (sigo sin saber si es polera) de color naranja que llegaba hasta el estómago, al partir del cual solo se veía red, la parte del escote también era de éste material, atándose al cuello, con una chaqueta abierta de color negro con los remolinos Uzumaki en la parte superior de la manga, llevaba unos guantes de color negro, protegidos por una planchita de hierro que tapaba la parte de los nudillos y sin dedos. Las calzonas (shorts) dejaban ver sus torneadas piernas, todo esto adornado por su inseparable muñequera naranja con el símbolo Uzumaki, el cual se veía también en su pecho. Los mechones de su flequillo azabache con destellos rojizos caían sobre el protector de Konoha.
-Yo me debo ir ahora, Natsu-chan, solamente estaba aquí para verte y desearte suer…
La Uzumaki tapó la boca de él con la mano.
-Ah, no, no, no, no.—Negó rápidamente con la cabeza acompañando éstas palabras.-¿sabes? No necesitamos suerte, puedes pedirme que vuelva, pero no darme suerte, porque de nada sirve.—Sonrió ampliamente y le dio un beso en la mejilla, dejándole anonado.—Pero gracias, de cualquier forma.
-De todas formas, acepta esto.—Le tendió un pequeño anillo con el símbolo de Sunagakure grabado, anonada, la Uzumaki se lo colocó.
Él sonrió mientras revolvía cariñosamente el pelo de Natsuki, a lo lejos alguien le llamó, y Haru se dio la vuelta para irse.
-Haru-kun…-Llamó ella,
Él se giró, y entonces notó con sorpresa que Natsuki se ponía de puntillas, acortando la distancia que los separaba para estampar un breve y casto beso en sus labios. Haru se quedó de piedra, desde que ella le había confesado que le quería solamente se habían besado en contadas ocasiones, en las cuales solo rozaban de forma cariñosa sus labios. Ambos sabían que, hasta que se decidieran a llevar su relación más lejos, lo mejor era no unirse demasiado, y menos con un padre como Naruto suelto por ahí.
-Vuelve sano y salvo.—Pidió Natsuki antes de darse la vuelta y correr hacia Obito, quien estaba de espaldas a ellos hablando con Asuko
Haru sonrió levemente mientras, de un salto, se iba de allí.
En ese momento, se escuchó la primera explosión, que hizo a la Uzumaki, al Uchiha y a la Sarutobi resbalar por el suelo, colocando un brazo para proteger sus rostros.
-Ha comenzado.—Susurró lúgubremente Natsuki.
-0-0-0-0-0-0-0-0-
Los enemigos podían, y debían, temer la combinación de dos Uzumaki o un par de Uchiha luchando juntos, era bien conocido en el mundo shinobi la compenetración de los miembros de ambas familias. Lo único que, quizá, fuera más peligroso que eso, lo único que podría resultar más mortal, era un Uzumaki luchando hombro con hombro al lado de un Uchiha y, aquel día, los enemigos pudieron presenciarlo con Natsuki y Obito.
Los treinta primeros habían intentado colarse el lugar que éstos protegían, tres de ellos tenían falta de chakra, y la chica sintió un miedo atroz por ello. Asuko se lanzó contra uno de éstos, y Natsuki respiró profundamente antes de lanzarse contra otro, una muchacha de pelo claro recogido en un moño alto.
Pronto, la Uzumaki comprobó que, aunque el anterior contra el que había luchado era mucho más poderoso, aquella muchacha era una rival digna. Sin embargo, con lo que aquella desdichada no contaba, fue con que Obito se uniera a la lucha.
-¡Natsu!—Gritó el Uchiha para avisar de su llegada, Natsuki, que en ese momento volaba (literalmente) por los aires, sonrió al notar como la paraban. La enemiga jadeaba, tratando de detener con la mano la sangre que manaba del corte de su pecho.
-Obi-kun.—Saludó como si él fuera un niño pequeño mientras revolvía el pelo del susodicho.—Un placer verte de nuevo, amigo.
-Mientras te pegabas con ésta, he acabado con tres.—Informó él orgulloso mientras echaba a correr hacia la muchacha, sacando su katana de la espalda.-¡Chidori nagashi!
-¡Ah, demonios Uchiha, podrías contar conmigo! ¡Ella es mi rival, dattebayo!—Chilló ella mientras echaba a correr tras Obito.
Mientras la chica trataba de defenderse sin éxito, Natsuki alcanzó a ver con su Byakungan chakra que manaba del suelo, transformándose en una persona, no conocía la técnica, pero sí el peligro que presentaba el hecho de que su amigo no se había dado cuenta, demasiado ocupado en hundir su golpe en el cuerpo de la chica sin chakra.
Natsuki creó un par de clones, creando rápidamente su rasengan y estampándolo contra la espalda del incauto enemigo, que con un grito de dolor cayó al suelo. Obito, que al fin había conseguido atravesar con su katana a la chica, se giró sorprendido hacia Natsuki.
-Nadie tiene derecho a zurrar a un Uchiha excepto los Uzumaki, ttebayo.—Fue todo lo que dijo ella, girándose con una sonrisa.
Obito también sonrió, mientras pegaba su espalda a la de su amiga, y así, protegiéndose el uno al otro, les encontraron los siguiente cinco enemigos que se lanzaron sobre ellos.
-Chidori.—Susurró el Uchiha, envolviendo en éste su brazo.
-Byakungan.—Fue la respuesta de su amiga, dándose cuenta de que a su alrededor ya no quedaban personas sin chakra.—Puedes estar tranquilo, protegeré tu trasero.
-¿A caso no es siempre lo contrario?—Repuso él, con el ego típico de un Uchiha, antes de lanzarse hacia delante.
-Teme…-Masculló la Uzumaki en un gruñido mientras se acercaba hacia un enemigo, descargando el estrés que recorría su cuerpo en él.-¡Juken!
Quince minutos después, la chica estiraba sus brazos, con el Byakungan desactivado y una mueca de disgusto en el rostro por el dolor de sus miembros, suspiró mientras utilizaba el ninjutsu médico para curar un corte en su brazo y miró a Asuko, quien revisaba los daños entre los de Konoha.
-¿¡Todo bien, Asuko-san!—Gritó Natsuki, haciéndose oír por encima del sonido lejano de la batalla.
-¡Perfectamente, Natsu!—Respondió la otra muchacha, alzando un pulgar.
-Bien, si ya no me necesitáis por aquí, iré a echar un vistazo por el bosque, creo que algunos se nos han escapado.—Se giró, dispuesta a irse.
-¡Natsu, sabes que no debemos irnos de nuestro pues…!—Trató de decir la Sarutobi.
Calló al ver que la Uzumaki ya se había ido.
-Iré a por ella.—Repuso Obito, levantándose del lugar donde estaba sentado y desapareciendo en un remolino de hojas.
-Genial…ahora se han ido dos.—Susurró Asuko con desazón.
Ya internada en el bosque, Natsuki, subida a un árbol, trataba de recuperar el aliento y armarse de valor para cumplir la misión que su padre le había encomendado.
-Joder…-Dio un puñetazo al tronco en el que estaba apoyada (recargada? Ni siquiera sé si no se dice igual, lo siento ^^U)
Se había mostrado segura de sí misma ante su padre, tratando de aparentarse despreocupada, sin embargo el miedo la comía por dentro, el miedo a no volver, el miedo a olvidar quién era, el miedo a deshacerse de sus ideales y conseguir otros, de que la descubrieran, miedo…a todo, en realidad. Era humana, ¿no? ¿No debía sentir ese tipo de cosas? ¡No, ella era una kunoichi!
-Natsu, debemos volver.—Obito se mostraba preocupado cuando llegó, a penas un vistazo le había bastado para comprobar lo extraña que ella se veía.
-¡Obito!—Ella dio un respingo.—Mierda, no deberías haberme seguido…
-¿Qué quieres decir?
-¡Tienes que irte! ¡Asuko-san puede necesitar ayuda! ¡Yo solo vengo a mirar si hay alguien en el bosque!—Trató de excusarse.
-Natsu, puedes contarme lo que sea.—Animó él.
-No hay nada que contar, Obi-kun.—De nuevo, ella se puso de puntillas para revolverle el pelo.
-Natsu, eso estaba bien que me lo hicieras cuando teníamos la misma estatura, pero ahora eres bastante más bajita.—Rió él, y ella infló los mofletes como una niña pequeña.
-Obito…-Natsuki se puso seria de golpe.—No sé si te das cuenta, pero…no soy tonta, ¿sabes? Y tú tienes que irte a otro lugar a ayudar como ANBU que eres.
Él suspiró. Ella le había pillado.
-Sí, pero quería saber qué demonios te pasa antes…
-¡Nada, nada!—Ella sonrió, una sonrisa falsa que él no creyó.—Aleh, aleh…pírate.
Con un suspiro y las manos entre los bolsillos, el Uchiha se dio la vuelta, y ella volvió a sentir miedo, ¿y si Obito no volvía? ¿Y si caía en la batalla? ¿Y si era ella la que moría? ¿Y si sus últimas palabras para su mejor amigo eran "pírate"? Ella no solía ser miedosa, pero no quería que esas fueran las últimas palabras que Obito escuchara de sus labios.
-Ey, Obito.—Llamó Natsuki, y el aludido se giró, sorprendido por que ella le parara cuando parecía tantísimo querer quedarse sola.—Esta no será la única vez que nos veamos, ¿cierto?
-¿EEEH?—El parecía extrañado.—Espera, espera, ¿crees que alguien como YO va a dejarse asesinar por gente como ELLOS?—Bromeó.
Natsuki no se rió, solamente enmarcó una sonrisa triste.
-Suerte, Uchiha.—Y ahí sí, Obito se quedó de piedra. Natsuki nunca deseaba suerte a nadie, era algo contra sus creencias, en la opinión de la kunoichi, un Ninja no necesitaba suerte, solo habilidad. Sin embargo, Natsuki no le deseaba suerte solo en la batalla, si por alguna razón no volvía a ver a Obito…quería que él tuviera suerte, sí.
-Nee, Uzumaki…-Ella dejó de mirar sus pies para alzar los ojos hacia el chico, que extendió el brazo al lanzarle algo.
Natsuki lo pilló al vuelo y, al mirar, descubrió un collar, algo que Obito siempre llevaba encima y que ella conocía a la perfección. Todos los hermanos Uchiha tenían aquel colgante, era el abanico rojo y blanco que les representaba.
-¿Pero qué…?—Susurró ella, asombrada.
-Aunque no volvamos a vernos, cosa que NO va a ocurrir…así podrás acordarte de mí, ¿cierto?—Obito sonrió ampliamente.
Natsuki, lento pero seguro, formó en su rostro una sonrisa enorme, que mostraba sus colmillos.
-Sí, gracias…Obi-teme.—Con una última risa, Obito se fue.
Lo que el Uchiha no sospechaba en aquellos momentos, era que aquel día Natsuki Uzumaki, Konoha No Uzu, orgullosa hija del Hokage, dejaría de existir.
Toma final xDD En fin, si queréis conti, ya sabéis, ¿reviews? *-*
En fin…en el próximo capítulo habrá un Omake, lo iba a hacer ahora, pero no tengo tiempo T_T Cada vez que tenga un rato, haré uno de esos ;P
Ejem…vale, me están echando del ordenador (computadora) así que….lo siento, tengo prisa T_T
¡Nos leemos!
