Disclaimer. Los personajes presentados no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. Historia creada sin fines de lucro.


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Capítulo 10 "Inevitable"

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El encuentro entre dos personas es como el contacto entre dos sustancias químicas: si se produce una reacción las dos se transforman. (Carl Gustav Jung)"

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¿Cómo le pides a un río embravecido que detenga su cauce después de un monzón?, ¿cómo intentas calmar sus aguas si tienes miedo de ahogarte?, ¿cómo?...

Puedes formular cuantas preguntas quieras… pero nada asegura que las respuestas sean lo que esperas escuchar…

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Domingo

—¡Aaachuu…!

—Oh cielos, parece que te resfriarás —decía Kasumi inclinándose en dirección a su hermana.

Akane hizo una mueca de desagrado. —Espero que no, es horrible estar enferma, todo por este loco clima —replicó frotándose los brazos con las manos, ahuyentando el escalofrió que se había instalado en su piel.

Kasumi sonrió cerrando los ojos. —Que señora tan agradable la de ayer ¿cierto? —habló tomando asiento frente a Akane.

—Sí… me recuerda a la abuela, sólo que un "poquito" más escandalosa —dijo con un sonrisa divertida.

—Es verdad —concordó con su cálida sonrisa— por cierto ¿pasarás la noche aquí? —continúo hablando Kasumi.

—No, ya abuse mucho de su hospitalidad…

—Tú sabes que está es tu casa, Akane, sólo lo dije para acompañarte a traer algunas cosas tuyas de casa y que estés más cómoda.

Akane en respuesta esbozó una tímida sonrisa. —Gracias… pero iré a Tokio… —contestó pausadamente— Sayuri está de visita y quede con ella de vernos, la he extrañado muchísimo —dijo con visible ánimo dibujado en su rostro.

—Ah, que alegría, ¿cuánto tiempo estará aquí? —preguntó realmente interesada. Sayuri vivía en Estados Unidos desde un año atrás ya que estaba cursando una maestría en finanzas.

—Una semana, bueno tres días más, llegó desde el martes.

—Ya veo, dale mis saludos, por favor —pidió la mujer.

—Sí, lo haré —aseguró, luego consultó el reloj de su muñeca y eran cerca de las 8:30 de la mañana— ya debo irme, tengo que pasar a casa, bañarme y pediré un taxi para no llegar tarde a la reunión —finalizó poniéndose de pie.

—¿Por qué no te bañas aquí? te puedo prestar ropa, y también hay algunas prendas tuyas, así no tienes que ir hasta casa —Kasumi propuso como solución.

—Sí, creo que será lo mejor, así no pierdo tiempo —concluyó con una media sonrisa.

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A las 9:15 de mañana, el taxi que había pedido Akane se estacionó frente al consultorio de su colega y cuñado, la chica se despidió de su hermana quien esperaba en la entrada del sitio, Akane le informó que lo más probable era que estaría hasta el martes en Tokio con Sayuri, no dejó instrucciones sobre sus pacientes puesto que la única consulta que tenía prevista era con la señora Sato y eso ya había pasado, por lo cual no tenía ningún pendiente.

—Llamaré en cuanto este con Sayuri —decía mientras abordaba el vehículo con una pequeña mochila al hombro que contenía sus posesiones, Kasumi asintió y vio perderse el auto calle adentro.

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—¡Escúchame, no puedes llegar e imponer tu voluntad! —habló casi gritando al ver que su testarudo amigo no le prestaba ni la más mínima atención.

—¡No voy a imponer nada! —exclamó en grave vibrato— ya te lo dije, sólo quiero hablar con ella —su voz sonaba a todo menos calmada, y Ukyo quien bien conocía su ímpetu, no iba a permitir que se fuera hecho una bestia.

—Sí, claro y yo soy una crédula, mira cómo te pones —siseó perdiendo la paciencia— lo único que lograrás es que ella se niegue por completo siquiera a verte —masculló enérgica.

—Ukyo —habló pausadamente— no soy tan animal como piensas, he madurado y puedo controlarme —habló seguro.

Ukyo relajó el agarre, pues lo tenía sometido a nivel de piso; ella se encontraba sentada sobre la espalda de Ranma apretándole fuertemente las muñecas y tobillos por detrás de su espalda, ayudada por sus fideos especiales de goma.

—¿Por qué no te creo? —acotó la cocinera con claro sarcasmo.

Ranma exhaló sonoramente. —Deberías —habló entre dientes— ¿puedes soltarme? prometo que me calmaré antes de buscarla ¿de acuerdo? —pidió modulando la voz, bien podría zafarse de sus ataduras en un simple movimiento, pero de hacerlo Ukyo podría salir lastimada y eso es lo que menos quería— vamos U-chan, se me están acalambrando los brazos y las piernas —continuó removiéndose un poco sobre su vientre.

Al final Ukyo cedió, corto los fideos con su enorme espátula y se puso en cuclillas frente al hombre.

—Nunca cambiarás ¿cierto? —acotó en un suspiro.

Ranma se incorporó, se sentó cruzando las piernas y sonrió triunfante. —He cambiado Ukyo, lo digo de verdad —habló solemnemente— y dime ¿qué has hecho en estos años? —preguntó interesado intentando desviar la conversación a un terreno mucho más seguro.

A Ukyo se le instaló un rubor intenso en las mejillas. —Y-yo pues… —comenzó titubeante— mi negocio va creciendo… de a poco, pero se está haciendo bastante popular, sobre todo con pedidos para fiestas... por eso contrate a Hatsu, es un poco torpe pero cocina de maravilla, aprende rápido y…

—¿Y Konatsu? —interrumpió Ranma.

—Ah… ¡ese ingrato!, hará más de un año que regresó con sus locas tías y no he sabido nada más de él —respondió poniéndose en pie y dirigiéndose a uno de los bancos altos.

—Parecía que le gustabas mucho —soltó como si nada.

—Oh… sí que lo sabía —sonrió entretenida— sabes… estuvimos saliendo… como novios y así durante dos años poco más, pero al final no resultó —finalizó encogiéndose en hombros.

—Vaya, lo siento…

—Pasó hace mucho —lo dijo mientras sacudía la mano enérgicamente, restándole importancia al asunto— además... ahora que regresaste… —cambió su tono de voz por una más melodiosa y seductora.

Ranma advirtió el cambió de actitud de la mujer y su rostro adquirió una tonalidad rojo intenso, tragó duro.

—Ukyo y-yo… n-no —balbuceaba y ni siquiera se le entendía palabra alguna.

Ukyo soltó una sonora carcajada. —Eres tan predecible —acotó aun entre risas ante la mirada confundida de Ranma— aún te pone nervioso que una mujer te hable así, pensé que ya serías experto… después de todo… —lo último lo dijo entre dientes.

Él la miró confundido y aliviado a la vez, para luego soltar el aire que contenía sin darse cuenta.

—Ah, por cierto —continuó Ukyo— nuestro compromiso… ya no puede continuar —lo dijo con fingido dolor posando la mano sobre su pecho— lo lamento mucho Ran-chan —finalizó conteniendo otra risilla.

En reflejo, Ranma enarcó una ceja, no le molestaba la idea de concluir ese compromiso, pero sentía curiosidad por saber cuál era el motivo.

—¿Por qué? —preguntó tomando asiento frente a su amiga.

—Ah, chico curioso —apuntó divertida— pues verás y-yo… —suspiró con añoranza— bien, estoy saliendo con alguien... y sé que es él con quien quiero formar una familia —habló ilusionada, mientras sus ojos se iluminaban con un brillo muy especial.

Ranma sonrió sinceramente. —Eso me alegra mucho U-chan —dijo apoyando su mano sobre el hombro de la chica— y ¿quién es?, ¿lo conozco?

Ukyo se puso en pie con visible emoción. —Sí, sí… es alguien que conoces —decía mientras daba pequeños saltitos en su sitio.

—Y ¿bien? —habló invitándola a continuar.

Ukyo fijó la vista en el reloj de pared del Ucchan's y sonrió. —Ya lo verás… —contestó dejando a Ranma bastante confundido.

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Minutos más tarde la puerta del Ucchans comenzó a abrirse muy lentamente, la diferencia de iluminación entre el interior y el exterior del local, hizo que la figura postrada en la entrada sólo se viera oscura, como una sombra, Ranma entrecerró los ojos para intentar distinguir a esa persona... pero antes de poder hacerlo una sombrilla roja fue lanzada en su dirección, él, en reflejo pateo con fuerza "el arma" en dirección de dónde provino y su dueño la volvió a tomar como si nada.

—Rogaba que te hubieses ahogado en las pozas malditas, pero sería pedirle mucho a la vida —habló con voz atronadora.

—¡¿Ryoga?! —exclamó sorprendido— ¿estás saliendo con… con él? —preguntó a Ukyo, ignorando olímpicamente al hombre de la puerta.

—¡OYE! te estoy hablando —gritó furioso avanzando a grandes zancadas al encuentro con su viejo "enemigo".

—Sí que tienes mal gusto U-chan —habló mientras esquivaba una patada del recién llegado.

Ukyo hizo una mueca de espanto. —¡NO!, no es él —comunicó entre el barullo que se estaba formando dentro del Ucchan's.— ¡Basta! van a destrozar mi negocio —pedía a gritos mientras blandía su espátula intentando asestarle un golpe a uno, a cualquiera, no importaba realmente, antes de que de verdad terminaran destrozando todo el lugar.

Ranma esquivaba con suma agilidad todos y cada uno de los intentos de golpes de Ryoga, él por su parte estaba furioso y lo único que lograba con esa actitud era desconcentrarse en demasía, tan así, que cualquier intento era burlado con facilidad, Ukyo era más lenta que los dos, por mucho, así que opto por recurrir a una solución más factible; lleno un balde de agua fría, que lanzó sin mirar a quién.

Los reflejos de Ranma eran sin duda superiores a los que poseía con anterioridad, cuando solamente era un muchacho, cuando percibió el agua que se dirigía en dirección suya, saltó quedando detrás del hombre de la pañoleta y así evitó ser tocado por el líquido. Ryoga, bueno, él no corrió con la misma suerte…

Ukyo corrió en dirección a Ryoga convertido en cerdito negro y lo atrapó bajo el balde.

—Anda… vete ya, hablaremos después, mientras lo intentaré calmar ¿sí? —solicitó a su amigo.— Recuerda, prometiste ser paciente —sentenció mirándolo fijamente.

Ranma asintió cansinamente. —Vendré pronto —habló suavemente a Ukyo.— Hey fue un gusto verte nuevamente P-chan —finalizó con una sonrisa burlona.

Su cerdo "enemigo" emitió sus característicos sonidos animales reprimidos por el balde, Ukyo optó por rodar los ojos, ese par jamás cambiaría.

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Ranma decidió cumplir su promesa, buscaría serenarse por completo primero, antes de buscar a Akane, su prometida, lo haría muy a su pesar y de todo el lío que se libraba en su cabeza, ahora que sabía que su querida marimacho no estaba casada se sentía un poco más ligero y su estado anímico tomó nuevos bríos; en su mente no veía problema alguno en retomar el compromiso que hace años habían pactado sus padres, ejercería, de ser necesario, su mal llamado "encanto Saotome" y vería la forma en que ella volviera a aceptarlo, y quizás por fin contarle acerca de todos sus sentimientos.

Camino directo a la casa de la señora Sato, la mañana era un poco más cálida lo cual lo ponía de mucho mejor humor, avanzaba con los brazos cruzados por detrás de la cabeza, silbaba una melodía que había escuchado por ahí, se sentía "bien"; pronto estaba frente a la puerta de entrada de la casa de la mujer, golpeó el portón con los nudillos de manera rítmica, imitando la tonada que silbaba momentos antes…

Su sonrisa se borró por completo al ser recibido con un escobazo en la cabeza.

—¿Dónde se supone que estabas, muchacho cretino? —fueron las palabras de bienvenida de la señora Mori.

—¡Auch…! pero ¿por qué? —decía mientras se sobaba un creciente chichón en la cabeza.

—¿Por qué? todavía lo preguntas —habló negando con la cabeza— adentro, te curaré esa cosa —ordenó haciéndose a un lado para que Ranma pasara.

La mujer miraba de reojo a su huésped mientras buscaba el pequeño botiquín en uno de los cajones de la sala, Ranma se encontraba sentado en el suelo sobre la alfombra negra, de respaldo utilizaba el brazo del sofá; la anciana se acercó con un pequeño banquito para estar un poco más alta que el chico, se acomodó en el lugar, le paso el botiquín a Ranma y él lo sostuvo con ambas manos a la altura de la mujer, ella lo abrió dejando su contenido expuesto, tomó una torunda de algodón y la empapó con un desinfectante.

Ranma hizo una mueca, la cosa esa ardía. —Cuidado —pidió en resuello.

—Humm —fue lo que obtuvo por respuesta.

—¿Estaba preocupada por mí? —preguntó en tono conciliador con ojos brillantes.

—No —respondió secamente.

Él, sin proponérselo soltó una risotada, la señora Mori lo vio con los ojos entrecerrados. —Creo que sí tiene mucho en común con Akane —continuó intenando calmar la risa sin mucho éxito.

—Ya veo… —murmuró tomando una pomada desinflamante del botiquín— es una mujer muy hermosa y amable —habló misteriosamente.

—Sí que lo es… —continuó él con clara ilusión— pero… ¿cómo? —dijo sorprendido al observar la extraña sonrisa que portaba la mujer. Es que acaso ellas se conocían.— U-usted… ¿la conoce? —preguntó con voz queda.

—Antes no, la conocí ayer… —dijo fijando sus ojos en el hombre— a ella y a su hermana Kasumi, muy linda también —continuó en tanto se ponía de pie para guardar todo en su lugar.

Ranma permaneció con la boca abierta por un lapso de instantes.

—¿Dónde? —atinó a preguntar.

—Es lo de menos, tengo mejores noticias, mucho mejores… —comunicó en tono cómplice.

La señora rehízo sus pasos y se sentó en el sofá, palmeo el sitio a su lado, Ranma obedeció como buen chico y tomó asiento; la miraba atento, su ojos le pedían continuar, la mujer esbozo una cálida sonrisa y procedió a contar la información que poseía, Ranma escuchaba atentamente y su rostro denotaba fascinación, pero conforme avanzaba el relato, se dio cuenta que los dos poseían la misma información, sólo un enorme detalle fue omitido por la señora Mori, el lugar donde todo había ocurrido

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—Jumm —se quejó— eso ya lo sabía —repusó cruzando los brazos sobre el torso.

—Ah, sí... y ¿cómo? —empezó a decir— es que tú… ya hablaste con ella —soltó emocionada.

—¿Eh? NO, no he podido encontrarla…

—Pues mira, yo sin buscarla la encontré, ¿será que estas huyendo todavía? —acotó con ironía.

—Eso no, yo sí la busque... fui a su casa y no estaba y después yo… bueno, fui con una amiga y ella fue quien me lo contó todo —enunció al hilo.

—¿Amiga? —entrecerró los ojos— y que más te dijo esa amiga —interrogó acentuando la palabra amiga.

Ranma sujeto su barbilla meditando, finalmente se encogió en hombros.

—Nada más eso.

La anciana sonrió triunfante, al menos tenía un poco más de información acerca de la señorita Tendo.

—Oh...

—¿Oh?... ¿qué? —indagó Ranma ante la mirada astuta de la mujer.

—¿Te gustaría saber en dónde la encontré? —preguntó, en respuesta él asintió con la cabeza en repetidas ocasiones— pues verás… —comenzó espaciando cada palabra— la señorita Tendo… —botó aire despacio, haciendo que Ranma empezará a perder la paciencia, mientras la mujer se divertía a costa suya.

—Vamos... dígame dónde, por favor —pidió regalándole su mejor sonrisa.

—Bueno… con esa sonrisa no podría negarte nada —acotó con voz cantarina— bien, debo decir que es sorprendente, un encanto de persona y es… la... doctora de mi hermana —finalizó con voz triunfal.

A Ranma se le dibujo en automático una sonrisa. —E-es… maravilloso —habló a media voz— es… increíble.

Para la señora Mori, no pasó desapercibido cada gesto y el tono de voz con el cual él se refería a ella.

—Podrías buscarla ahí, en el consultorio del doctor Tofu, es ahí donde trabaja —ofreció al muchacho— pero es domingo, quizás no esté ahí hoy —meditó mientras fruncía el ceño.

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Lunes

Al día siguiente, Ranma se levantó muy temprano, sus anfitrionas ya se encontraban despiertas y muy activas; el invierno al fin parecía dar tregua, todo comenzaba a tomar diferentes formas poco a poquito. Desayuno apresuradamente, pues quería ir en busca de Akane, su Akane…

—Vuelvo en la tarde —dijo mientras apuraba a calzarse y salir de casa.

—¡SI! —contestaron al unísono las mujeres.

—¿Será que tenga suerte? —preguntó Chiasa a su hermana.

—Deseo que sí —contestó en voz baja.

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El primer lugar al que sus pasos lo llevaron fue a la casa Tendo; volvió a hacer lo propio, golpeó en un par de ocasiones el portón y nada, esta vez sí fue un poco más atrevido y saltó la barda, quizás Akane aun dormía y por eso no lo había escuchado. De momento sintió como si nunca se hubiera marchado del lugar, su memoria muscular lo guiaba, trepó el árbol cercano a la ventana de la mujer, su corazón palpitaba fuerte, tanto que sentía que podía tocarlo a través de su ropa, se acuclilló frente a la ventana y golpeó levemente el cristal... pero no hubo respuesta, además empezó a sentirse como un intrusó, puesto que no había ni el más mínimo ruido, ¿dónde estaba todo el mundo? una cosa era Akane, pero ¿y los demás? ¿a dónde irían tan temprano?

De pronto una realidad poco analizada golpeó sus sentidos, sólo tenía conocimiento de la ubicación de las hermanas Tendo, de Soun Tendo no tenía ni la más mínima idea, y de sus padres… sus padres ¿dónde estaban? ¿estarían bien?, esas y otras preguntas empezaron a abrumar sus pensamientos, en verdad se había comportado como todo un cretino al no informar sobre su ubicación o su estado general; sabía bien que no podía esperar que todos lo recibieran con los brazos abiertos, pero no saber siquiera dónde se hallaban sus progenitores, lo puso en extremo nervioso y una creciente angustia se instaló en él, así que fue de nuevo a buscar a Ukyo, quizás ella le daría esa información que tanto necesitaba escuchar...

—¡Hola U-chan! —saludo con su mejor sonrisa mientras ingresaba al lugar.

—Hola Ran-chan —respondió ella— ¿necesitas algo? —preguntó posando sus azulados ojos sobre el hombre.

—Bueno… s-sí —titubeó, acaso era demasiado obvio, sí que necesitaba algo, información.

La mujer sonrió. —¿Camarón o pulpo? —preguntó mientras encendía la plancha.

A Ranma de a poco se le abría la boca. —No, no… no es comida lo que necesito —apuró a contestar mientras Ukyo acercaba los ingredientes.

—Ah… ¿No?, entonces… —habló incierta frunciendo el ceño.

El hombre botó aire despacio. —Necesito que me digas algo —dijo sentándose frente a la plancha.

Ukyo dudó antes de responder. —¿Cómo qué? —finalmente dijo.

—¿Sabes en dónde están mis padres? —preguntó sin darle muchas vueltas al asunto.

—Ah… pues, ellos se mudaron —contestó posando las manos en la cintura.

—¿Se mudaron? —musitó aturdido— ¿desde cuándo? —soltó esa pregunta en voz casi audible.

La mujer suspiró antes de seguir hablando. —Diez u once meses después de que te marcharas —finalizó escondiendo la mirada tras su flequillo.

—Pero… ¿por qué? ¿sabes a dónde? —volvió a preguntar.

—El por qué... no me corresponde a mí decírtelo, lo siento —se excusó mirándolo apenada— pero sí te puedo decir en donde viven —ofreció como respuesta.

—No lo entiendo… —murmuró.

Ukyo sacó una libreta del cajón de una gaveta cercana y comenzó a pasar algunas páginas.

—Aquí esta… —soltó de pronto— Akane me dio la dirección hace unos años, ahora viven en Nakano muy cerca de la parada de autobuses —dijo leyendo aquella libreta.

—¿Es lejos? —sólo pudo preguntar eso, muchas dudas surgían en su mente, preguntas que parecían no tener respuesta.

—No, en el bus son como veinte minutos —contestó aun viendo la libreta.

—Bien… —titubeó mirando al piso— ¿por qué no puedes decirme el motivo por el cuál se fueron? —terminó preguntando pues la duda corroía cada célula de su cuerpo.

Ukyo expelió aire lentamente. —Ran-chan… —comenzó a hablar.

—Vamos U-chan, no puedes dejarme con esta duda —pidió con voz queda y mirada suplicante.

—Es que no sé muy bien cómo pasaron las cosas, sólo sé lo que Akane me contó, por lo que es mejor que le preguntes a ella, o a Kasumi —dio esa opción.

—¿Tan malo fue? —volvió a preguntar confundido, ¿por qué no simplemente le decía y ya? se preguntaba sin atreverse a decirlo en voz alta.— Fue… fue ¿por mí?

La cocinera no supo controlar su expresión pues con la mirada que se instaló en su rostro, Ranma no necesito escuchar la respuesta.

—Yo… de verdad quisiera, pero sería contarte cosas a medias, lo lamento mucho —se justificó la chica.

—Esta bien Ukyo… tengo que irme —empezó a decir poniéndose en pie.

—Ranma, ¿te sientes bien? —preguntó situándose a un lado suyo.

Él se encogió en hombros. —Supongo… —contestó sin ánimos— por cierto ¿dónde está Ryoga? —preguntó desviando la conversación anterior.

Ukyo entrecerró los ojos, bien se dio cuenta de la intención de Ranma de dejar el tema por la paz y suspiró antes de responder. —Fue a buscarte, así que conociéndolo te encontrará en un mes... si tiene suerte —finalizó con una sonrisa tenue.

—Tarado —contesto simplemente.— Ukyo… —murmuró— nada, olvídalo —habló rápido sin darle tiempo a la chica en contestar— te veré después.

—Sí. Cuídate…

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Ranma creó una rutina que repitió por los siguientes dos días; se levantaba temprano, desayunaba con sus anfitrionas, caminaba directo a la casa Tendo, de nuevo nadie parecía habitar el lugar, después visitaba a Ukyo y hablaban sobre trivialidades, caía la tarde y regresaba a la casa de la señora Sato, aunque las mujeres insistían en que fuese a visitar el consultorio del doctor Tofu, él se mostraba reacio pues quería primero hablar con ella a solas y no ser cuestionado por nadie más.

Finalmente el tercer día, cambio su rutina, se levantó temprano pero esta vez a entrenar. Entreno hasta pasado el mediodía, después comió con las mujeres como si no lo hubiese hecho en años, se duchó y vistió, tomó rumbo a la calle cerca de las tres de la tarde, esta vez su destino, el consultorio de Tofu…

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—Este día sí que estuvo pesado.

—Es verdad, y dime ¿qué has pensado sobre tu posgrado? —preguntó Tofu.

Akane sonrío francamente. —Bien, lo estuve analizando y me he decidido por Medicina del deporte —finalizó juntando las palmas muy emocionada.

—Me parece perfecto pequeña Akane, y ¿dónde aplicaras? —indagó.

—En el Hospital Juntendo… haré la solicitud para ingresar al programa en agosto.

—Seguro lo aprobaran, eres muy brillante —acotó posando una mano sobre el hombro de la chica.

—Eso espero… —contestó con voz nerviosa— pero... si me aceptan, ya no podré trabajar aquí —habló un tanto cabizbaja.

—Ah, por eso no te preocupes, Akane… lo importante es que alcances tus sueños, nosotros siempre estaremos para apoyarte ¿de acuerdo? —dijo en tono fraterno.

—Lo sé… —contestó con voz suave, segundos más tarde miró la hora— ya es tarde, es mejor que ya me vaya, extraño dormir en mi cama —habló mientras se le escapaba una sonrisa.

En ese momento Kasumi se asomó al consultorio.

—La comida ya está lista, sino tienen más consultas vengan ya a comer —ofreció sonriente.

—Anda Akane come con nosotros, ¿sí? —solicitó el hombre.

Akane dudo un momento. —Bien, iré a cambiarme y bajo enseguida —apostilló saliendo del lugar.

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Ranma llegó al consultorio de Tofu con prontitud, iba a entrar por la puerta principal, aquella que conducía a la sala de espera, pero ese algo que muchas veces lo impulsaba a hacer las cosas de distinta manera, lo guío a la parte trasera del inmueble, ahí donde estaba ese enorme árbol en donde hace tantos años había vigilado a Akane cuando ella se había lastimado en la clase de gimnasia. Trepó al árbol con sigilo, de momento no escuchaba nada, ni vio nada, avanzó por una rama más gruesa que mostraba otra parte del edificio y de pronto la vio... ahí estaba, abotonándose una blusa color gris claro frente a un espejo grande, él se quedó de piedra, ahí estaba... podría dar un salto a la cornisa cercana a esa ventana, pero su cuerpo no estaba cooperando, está prendado al reflejo que le regalaba el espejo en donde ella se miraba.

Akane estaba totalmente concentrada en vestirse, se miraba al espejo sin realmente hacerlo, los últimos días había estado tan concentrada en su trabajo y en la visita de Sayuri que muy poco había pensado en Ranma; por eso, en el momento en que sus ojos captaron a través del espejo esa figura conocida y esos ojos azul intenso que la analizaban desde afuera, no podía creer que fuera real, ella le devolvió la mirada cargada de incertidumbre, "¿podría ser?", él ni siquiera se movía, ni siquiera parpadeaba, "seguro es mi imaginación" pensó. Se giró rápidamente para corroborar que esa escena únicamente estaba en su cabeza…

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Ella camino con mesura, un pie tras otro, hasta la ventana, sus castaños ojos no perdían de vista el sitio aquel, abrió muy despacio la ventana dejando entrar un brisa ligera.

—Sólo fue mi imaginación —murmuró despacio, finalmente asomó la cabeza completamente por la ventana y miró hacia ambos lados, hacia el suelo y no había nadie, un suspiró involuntario escapó de su pecho.

[Tú sabes que él no es real] —oyó susurrarle al oído esa espantosa voz, aquella que la hacía sentirse siempre vulnerable.— [Sí lo fuera, él sólo volvió para lastimarte de nuevo, recuerda cuánto daño te hizo] —continuaba susurrando aquella fría y cavernosa voz, Akane empezó a escuchar una especie de pitido que la aislaba de todo el sonido del exterior y por el cual solamente lograba escuchará a esa maldita voz.

—No, él no sería capaz… —le respondió a la voz, aunque el temblor de su vocecilla parecía divertirle a su interlocutor.

[Vamos Akane, tú sabes que sí, lo hizo una vez, lo hará las veces que le plazca, recuerda lo mucho que lo odiabas… o es que de nuevo eres esa tonta enamorada] —susurro con ironía.

—Cállate… —le contestó ella con claro disgusto— el único que no es real… eres tú… déjame en paz —bisbiseó en tono firme con una voz que sonó mucho más grave. Escuchó aquella risa sardónica evaporarse poco antes de dejar de escuchar ese pitido ensordecedor y después, todo parecía estar "normal".

Akane recogió sus pertenencias a toda prisa, las metió en su mochila y salió de la habitación, al llegar al comedor donde la esperaban su hermana y cuñado, en seguida supo que no podía estar ni un momento más en el lugar…

—No me quedaré, lo siento —se excusó antes de que Kasumi empezará a servirle de comer.

—¿Por qué? —cuestionaron al unísono el matrimonio Ono.

—Pues… ya es muy tarde, no quiero estar a estas horas en la calle —dio como respuesta.

—Akane… —empezó a hablar Tofu.

—¿Sí? —contestó intentando mantenerse firme.

—¿Quieres que te acompañe? —ofreció realmente preocupado.

—No es necesario… mañana nos vemos —dijo y salió a prisa sin dar tiempo a réplica alguna.

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—Es un estúpido… —hablaba entre dientes.— Él es el único culpable, ¿para qué volvió? —continuó preguntándose, estaba tan enfrascada en sus propias palabras que no notó que había alguien recargado en la pared del consultorio de Tofu.

—Volví porqué lo prometí —habló despacio.

Akane se quedó inmóvil por espacio de segundos, sus brazos colgaban laxos a los costados, permaneció así, discerniendo si aquello que escuchó era real o sólo imaginario, finalmente se decantó por su imaginación, negó con la cabeza tan sutilmente que él no lo vio. Ella reanudó su camino, no le dio mayor importancia a esa voz y menos a esas palabras.

—Akane, ¿podemos hablar? —pidió un poco más alto cuando vio que la chica ni siquiera lo miro.

—Akane, necesito hablar contigo —insistió caminando detrás de ella, Akane por su parte miraba fijo hacia adelante, lentamente comprendió que él estaba ahí, que no era su imaginación.

—Vamos Akane, quiero hablar —continuó acercándose un tanto más— ¡puedes por lo menos mirarme cuando te estoy hablando! —dijo elevando la voz, aunque rápidamente se cubrió la boca— lo siento, no era mi intención —se disculpó enrojeciendo hasta las orejas.

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Pero Akane ni se inmutó, siguió su camino, Ranma continuaba siguiéndola cada vez a menor distancia ¿qué tan difícil era para ella contestarle aunque fuera con una mala palabra? o mandarlo a volar por el cielo de Nerima, no, esa no era la Akane que él conocía y eso fue algo que lo trastocó por completo…

Se detuvo a pocos pasos de alcanzarla, exhaló e inhaló aire ruidosamente.

—¡AKANE!—gritó a voz de cuello— ¡no iré a ninguna maldita parte, hasta que tú y yo hablemos! —sentenció parado a media calle, algunos curiosos se quedaron pasmados ante tal grito y miraban entre curiosos y espantados a aquel hombre de ropas chinas, pero a él, poco le importaba esa situación— sé que me estás escuchando y sabes que no me rindo tan fácilmente —continuó con voz profunda, pero Akane seguía caminando, sólo que un poco más despacio.

Ranma bufó antes de volver a gritar como un completo desquiciado.

—¡MALDICIÓN, AKANE TENDO! ¡NO PUEDE SER QUE SIGAS SIENDO TAN INFANTIL! —vociferó a los cuatro vientos.

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Y algo cedió, su muralla fue desquebrajándose, sus pies no podían continuar, quedó plantada al suelo en medio de la calle, sus ojos no daban crédito a lo que pasaba, su mente, menos, buscaban una salida pero no la había; abrió la boca, quería gritar tan fuerte como se lo permitieran sus pulmones y garganta, pero su voz parecía haberse extinguido por completo y ahí estaba de nuevo, vulnerable y temerosa, y se odiaba y lo odiaba a él por hacerla sentir así, y casi como si la hubiese invocado, ahí estaba, escuchó a esa horrenda voz que le susurraba de nuevo…

[Es tan divertido escuchar cómo te humilla frente a todas esas personas] —susurraba con diversión en cada palabra— [Te quedarás ahí parada como una estúpida mientras él se burla de ti, vaya tonta…]

Akane tenía la mirada pérdida, esa voz sabía dónde atacar, siempre lo supo, también odiaba con todo su ser a esa voz, bajó la mirada y apretó muy fuerte los puños y los ojos; un leve estremecimiento recorrió cada fibra de su cuerpo, giró sobre sus talones y en unas cuantas zancadas estaba parada frente a su tormento, lo aferró de la muñeca y lo condujó hasta un callejón vacío, Ranma estaba en completo shock, ni siquiera la vio venir.

Akane respiraba agitadamente, siempre viendo al piso, soltó la muñeca de Ranma y en un rápido movimiento lo acorraló entre su antebrazo y la pared justo a la altura del cuello del hombre.

—Puedo… necesito… quiero... —enlistó despacio cada palabra— ¿qué pretendes? —habló bastante molesta con furia inyectada en los ojos.

—Lo que oíste... hablar…—contestó jadeante, Akane estaba aplastando bastante fuerte su cuello.

—Escucha… —suspiró con enojo contenido— sólo lo diré una vez... yo no PUEDO, ni NECESITO, mucho menos QUIERO hablar contigo... de nada, ¿entendiste? —masculló amenazante con una mirada que a todas luces no parecía ser la de Akane, era esa misma mirada fría y cruel, tan vacía.

—Akanee… —se esforzaba en hablar.

—Ahora... déjame en paz, no me sigas, aléjate de mí, si no quieres que…

—Si no quiero ¿qué harás? —balbuceó entre carraspeos.

Akane lo miró desafiante y logró aguantar esa mirada azulada que le hacía perder la cordura.

—No querrás saberlo —sentenció dejándolo libre.

Ranma en reflejo se masajeó el cuello y tosió un poco, Akane era muchísimo más fuerte de lo que él recordaba.

La pequeña mujer le dedicó una última mirada de advertencia y dio media vuelta saliendo de aquel callejón. Ranma aún estaba perplejo, ¿qué había sido todo aquello?, permaneció por espacio de segundos hilando los sucesos, pero cada vez, entendía menos, avanzó saliendo de aquella callejuela y la divisó a unos pocos metros…

—¡No me rindo tan fácil Akane! —espetó en voz alta.

Akane a la distancia lo escuchó claramente, la furia que la había invadido momentos antes se había esfumado como siempre, como tantas veces en el pasado, suspiró ya más tranquila y sin proponérselo levantó el brazo por sobre su cabeza y elevó su dedo medio en respuesta a Ranma.

—Contigo nunca me rendiré, Akane... haré lo que sea —musitó confiado para si mismo.

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Suspiraba como siempre, y se sentía más sola que nunca, atravesó el pasillo con los hombros encorvados, llegó a la cocina y se preparó una sopa de vegetales y fideos; su comida no era la gran cosa, pero había dominado algunos platillos que sabían bastante bien, además no era como si fuese a ser chef o abrir un restaurante; avanzó arrastrando los pies hasta la estancia comedor, degustó su sopa y un té de valeriana porqué sabía que esa noche le costaría conciliar el sueño.

Y así fue, normalmente su hora de dormir oscilaba entre las 9:30 y 10 de la noche, ya eran cercanas las diez y del sueño ni sus luces, optó por hacer algo que hacía bastante no realizaba, en la planta alta había un pequeño armario empotrado a la pared, en donde guardaban cosas de gran valor sentimental, álbum de fotos, libros, recetarios, algunas chuches y cintas de vídeo; apresó entre los dedos un pesado álbum color crema con las orillas amarillentas por el paso de los años, se sentó en el piso con las piernas cruzadas y empezó a hojearlo con parsimonia, le dedicaba unos instantes más a las fotografías en donde su madre aparecía, sonreía y sin darse cuenta unas lágrimas brotaron de sus ojos, estrellándose contra las páginas del álbum…

—No hay un solo día en cual no te extrañe mamá, me haces mucha falta… —inspiró dolorosamente— sobre todo ahora, en este instante —balbuceaba entre sollozos.

Y ese no era su plan, ella sólo quería recordar buenos momentos y ahora estaba ahí, llorando, enjugó sus lágrimas con la manga de su suéter y cerró de golpe el álbum, se incorporó para guardarlo nuevamente, pero no entraba, estaba forzando su entrada en el pequeño hueco de donde lo había sacado, hasta que vio al fondo un objeto que se había deslizado ocupando el espacio del álbum, estiró su mano y sacó un videocasete, en un costado tenía una fecha escrita junio de hace 9 años, arrugó el entrecejo

—¿Qué ocurrió en esa fecha? —musitó guardando por fin el álbum.

Bajó a la estancia; afortunadamente aun conservaban el reproductor de cintas, ella esperaba que aun anduviera bien, se colocó sobre sus rodillas, batalló un poco con tanto cable y por fin pudo encender el reproductor, tomó el mando del televisor y presionó la opción de vídeo. Primero empezaron unas imágenes un poco distorsionadas, era lógico, esa cinta llevaba años guardada, después logró distinguir el estanque del jardín y momentos más tarde salía de ahí Genma convertido en panda, una risilla escapó de su boca, el tío Genma emitía sus gruñidos animalescos mientras avanzaba a la casa.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? —se preguntó de pronto, miraba totalmente divertida esas grabaciones, sus ojos estaban expectantes pues no recordaba muchos de esos momentos, había de todo, segundos sin coherencia, cosas sin sentido, hasta que una escena se le hizo sumamente familiar…

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Era el Dojo el escenario perfecto, siempre lo sintió así, aún lo sentía así... ahí estaba ella sentada sobre sus talones, en frente suyo estaba Ranma en la misma posición, ella mantenía los ojos cerrados y las manos un poco escondidas entre las piernas y la falda; Akane miraba la escena con la boca entreabierta, recordaba muy bien ese momento. Ranma se inclinó hacia ella para besarla... Akane nunca lo había visto desde esa perspectiva y lo vio dudar, segundos después ella abrió los ojos y él empezó a justificarse diciéndole que "eso debía hacerse sólo con alguien que quieras"…"

—Idiota —masculló molesta apagando el televisor y azotando el mando muy lejos, lo demás lo recordaba muy bien y no le hacía falta revivirlo otra vez— nunca me quiso y ahora quiere "hablar" como si nada, es… es un estúpido —exhaló intentando serenarse.

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A las 11:30 aún no lograba conciliar el sueño, frustrada, salió de la cama y tomó un baño caliente intentando relajar sus músculos y apaciguar sus ideas. De vuelta en su habitación, al entrar escuchó un titilar en la ventana, dejó escapar un quejido de miedo, odiaba con todo su ser sentirse presa de "ese" sentimiento, de nuevo escuchó ese sonido; las luces estaban apagadas en toda la casa y eso la hacía menos agradable, muy despacio se acercó a la ventana y descorrió lentamente una de las cortinas.

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Sus ojos parecían brillar como las estrellas rodeadas por un fondo tan azul, que estremecía de sólo mirarlo.

—¿Puedo pasar? —habló con ronca voz, haciendo que el cuerpo de Akane reaccionará ante tal sonido, logrando impregnarla de un nerviosismo grato.

Ella abrió la ventana permitiéndole pasar... a partir de ese momento ya no había marcha atrás, quizás nunca la hubo.

—¿Qué quieres? —preguntó con un hilo de voz.— No me lo digas, ya se la respuesta…

—Bien, sí ya la sabes… hablemos —sentenció serio enfrentándose a los castaños ojos de Akane.

Ella resopló. —Ya te dije que no —contestó de la misma manera y le devolvió la mirada.

—Yo te digo que SI.

—¿Para qué? no hay nada que decir… —espetó firme, pero evitó sus ojos, aún así, lo podía ver claramente pues había luna llena.

—¿Cómo? —cuestionó con incredulidad clara en su timbre de voz.

—Es que eres sordo…

Él negó con la cabeza y ambos guardaron silencio.

—¿Por qué me hiciste creer que tú y el idiota de Kuno eran… eran… ESO? —preguntó enfadado, quebrando el silencio.

Akane abrió la boca totalmente incrédula, entendió a la perfección a que se refería con "eso".

—Eres imbécil o ¿qué?... contéstame ¿en qué momento yo insinué "eso"? —siseó entre dientes.

—Vamos Akane, tú siempre me has considerado un ¿qué?... imbécil ¿cierto?... pues estabas muy cariñosa y familiar con él, ¿qué se suponía que pensará? ¿eh? —replicó elevando la voz.

—¡JA! Pues que esperabas, él es parte de MI FAMILIA —respondió enfatizando las últimas palabras.— Además... lo que tú pienses o creas me tiene sin cuidado —respondió subiendo la voz también.

La incertidumbre se instaló en el rostro de Ranma.

—No lo entiendo…

—¿Qué cosa? —atacó con voz aguda.— Acaso esperabas que después de tantos años todo siguiera igual… que te recibiera con los brazos abiertos, que olvidara… todo —lo último lo dijo casi en murmullo.

—No esperaba eso, pero tampoco esperaba que te comportarás… así…

—Así… ¿cómo? —espetó cruzándose de brazos.

—C-como… si me odiaras —respondió entristecido ocultando su mirada.

Akane suspiró hondamente. —Te odiaba… demasiado —confesó ante la mirada atónita del chico— pero ahora ya no significas nada para mí —mintió, quizás sólo así desistiría en acosarla.

—Lo hice por ti… por nosotros…

—Ya no mientas, por favor —suplicó con voz queda— no tiene caso... sé realmente el motivo de tu partida —finalizó conteniendo un sollozo.

Ranma frunció el ceño visiblemente contrariado.

—No… no sé de qué hablas —bisbiseó.

Ella cerró los ojos, recordar la forma en cómo se enteró del motivo real, quebraba su templanza, sus labios se curvaron en una sonrisa triste.

—Tú nunca me amaste… tú la amabas a ella… hubiera sido más fácil decírmelo, me lo debías…

—¿Amarla...? pero ¿de quién hablas? —interrumpió sorprendido, ¿de quién se supone que estaba hablando?

—P-pues de… —le costaba horrores pronunciar siquiera su nombre— de… de S...Sham…poo —y algo se quebró, todos sus defensas se fueron al demonio; se llevó la mano a la boca intentando no romper en llanto, pero ya era demasiado tarde, sus piernas no soportaron la presión y cayó sobre sus rodillas.

—¡NO…!, eso… no fue así… Akane, las cosas no pasaron así…

—¡Ya basta! —gritó entre llantos— dime... ¿qué quieres de mí? ¿qué pretendes? —preguntó con voz rota.— Yo… yo creí... creí que podría con esto… pero no… no puedo verte, duele mucho, me… siento que me falta el aire... tú te fuiste y yo… yo te amaba, te amo tanto… y ahora vuelves como si nada... dime, ¿qué hago para que me dejes sola?... dime ¿qué hacer? y lo hago —hablaba tan bajo que Ranma poco o casi nada lograba entender.

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Ella arrugaba la alfombra, que estaba cercana a la cama, con las manos, tan fuertemente que sus puños estaban casi blancos de la presión ejercida, lloraba tan desamparadamente, que verla así le partía el alma, se sintió de nuevo como un malnacido... siempre lograba lastimarla aun sin proponérselo; su cuerpo también estaba exhausto, tal es así que se dejó caer sobre sus rodillas respirando trabajosamente y de a poco avanzó a gatas hasta situarse a un costado de la chica, con mano temblorosa intentó tocar su hombro.

Akane estaba tan inconsolable, que el tacto familiar de aquella mano la hizo estremecer y contraerse en un espasmo agónico, Ranma en respuesta apartó la mano, pero algo en su interior le pedía a gritos intentar consolarla de algún modo; se acomodó en el suelo utilizando como respaldo un costado del escritorio, cruzó las piernas y se inclinó sobre su estomago, sujetó por los hombros a Akane, pasó su brazo por detrás de las rodillas de la chica y en un movimiento la situó sobre su regazo, la abrazó con ambos brazos contra su tórax; ella se aferró a él con ambas manos apretando la camisa y acercó sus rodillas al pecho en posición fetal.

Ranma aspiró profundamente el cabello de la mujer que tenía en brazos y comenzó a mecerla como si fuese un bebé…

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Había pasado una hora desde que Akane había dejado de llorar, ahora, estaba profundamente dormida entre los brazos de Ranma, pero el inclemente frío la hacía tiritar de vez en vez; muy lentamente Ranma se incorporó sobre sus rodillas con ella en brazos para recostarla en su cama, la deposito tan suavemente, que Akane apenas y se movió, cuando iba a levantarse, ella se aferró más fuerte a la camisa…

—No te vayas —habló suave con los ojos cerrados claramente dormida.

—Nunca más… —respondió cerca de sus labios.

Ranma se acomodó en la cama, apretó suavemente el cuerpo de Akane contra el suyo y murmuró, una y otra vez, su respuesta hasta quedar dormido junto a la mujer que siempre querría... esas palabras eran una promesa que cumpliría con su vida si fuera necesario…

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Desde las sombras, su lugar predilecto, oscuro, igual que su misma esencia; observaba esa escena como si de una película se tratase, su espantosa sonrisa se ensanchaba con cada lágrima que Akane dejaba escapar, estaba seguro, esta vez mandaría a Ranma al mismo infierno… pero se equivocó, ahí estaba ese estúpido mocoso, consolándola, prometiendo, amándola en silencio…

Su sonrisa desapareció por completo y en su lugar se formó una mueca de odio, repulsión y un creciente asco... nadie, mucho menos alguien tan insignificante como Ranma, lograría arrebatarle a su presa…

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Continuará…


Hola! Al fin hemos llegado al capítulo 10. Ya se reencontraron y no fue precisamente miel sobre hojuelas, fue más bien agridulce, el camino es difícil y complejo, pero bueno, díganme que les pareció esta entrega, estaré ansiosa y encantada de leer sus reviews.

Andy-Saotome-Tendo, tarde un poco más de lo planeado, pero ya está aquí, disfrútalo :D

Haruri Saotome, sí, nuestro trenzudo querido lo tendrá difícil, más no imposible… espero que este capítulo también te agrade.

bustamantekayla, sip la esperanza es lo último que muere y Ranma lo sabrá muy bien, tarde más de lo que esperaba en actualizar, el tiempo me comió, pero al fin nuevo capítulo.

Afrika, gracias me halaga mucho que te haya encantado :3 cuéntame que te pareció este capítulo.

Any-Chan, agradezco infinitamente tus palabras, sobre lo que le paso a Akane aún falta para ella lo cuente, mientras espero que este cap sea de tu agrado.

nancyriny, me encanta que la historia te esté gustando, sobre Akane he de decirte que si sufre no por mucho tiempo (más o menos), pero son varios causantes y logra superarlos, no daré muchos detalles sino me autospoileo XD

guest, Ukyo this time behaved like a true friend, that's why she revealed that information. About Ranma, there was a reason why I was in China for so long, I can only advance that, thanks for your review. My apologize I use google translator

lila, *grito de emoción, tú review me ha hecho el día :D uff hay ocasiones que siento que me quedó corta con los sentimientos o acciones que quiero plasmar con letras, gracias por tus palabras las apreció mucho. Sobre Akane, NO, ella jamás intentaría el suicidio, lamento si di a entender eso, sólo diré que fueron "cosas" externas las que modificaron su carácter, por uno un poco más sombrío, pero hay esperanza… en tanto disfruta este capítulo.

guest 2, aquí el capítulo 10, espero te agrade.

nancyricoleon, gracias, cruzó los dedos para que este capítulo te guste :D

Elisa, un gracias se quedaría corto, aun así GRACIAS por leer y comentar esta historia :3

Daniela Valezka Avila Gallardo, gracias por tus palabras, tengo algunas ideas en mente, pero verán la luz (espero) una vez terminé con esta historia, en tanto espero este capítulo sea de tu gusto.

Sin más nos leemos la próxima y de nuevo millones de gracias por leer -

13-07-18

Revontuli.