Capítulo IX
Aniversario
-¡Bella!-me di vuelta para ver quien me llamaba. Aunque tenía una ligera idea. Su voz era totalmente distinta a cualquier chica que conociera. Tomando en cuenta además, que aún estaba de moda el sonsonete.
Alice me observó con detenimiento y luego miró más allá de la puerta.
-¿Llegas recién?
Asentí.
-Mi auto se descompuso a unas cuadras de mi casa.-¿Era mi idea o Alice reía divertida?
-Perdóname, Bella. No me mires así. Es que sólo a ti te pasan estas cosas.
-Si, es cierto-admití. Miré mi reloj, debería estar terminando educación física.
-¿Llegaste sola? ¿Te viniste caminando?
-No-musité.-Tu hermano me trajo-las manos empezaron a tiritarme, las escondí en los bolsillo de mi chaqueta. Lástima que no pudiera esconder también mi rostro ruborizado o acallar los latidos de mi corazón, saltando con violencia, amenazando con salirse de mi pecho.
-¡Oh! ¿Edward? Y, ¿dónde está?
-Volvió a su casa, supongo.
Alice lucía algo decepcionada.
-¿Fue agradable?
-No
Alzó la vista, sumamente extrañada.
-¿Te trató mal?-quiso saber.
-¡Por supuesto!-suspiré enfadada-¿Cómo es eso de quedarse parado allí y negarse a encender? Y además tan cerca de mi casa que parecía que se estaba burlando de mí...
Alice suspiró, paciente.
-Me refería a Edward.
-¡Ah!-qué vergüenza-Si-empezaría a balbucear en unos segundos-fue agradable-tosí, intentando alejar su imagen llegando en el momento oportuno, intentando alejar de mi pensamiento lo segura que me sentí a su lado y lo poco que quería llegar al instituto, lo poco que quería alejarme de él.- ¿Es algo raro en él?
Alice soltó una risotada, puso los ojos en blanco y dijo:
-¡No! Pero creo que hay mucha gente que, sin conocerlo, lo considera poco grato-ahora hablaba seriamente.
-Jamás he escuchado algo malo sobre él.
-¿Por qué no se quedó Edward?
Sonreí, preguntándome si debía delatar a su hermano o no. Hacer novillos no está muy bien considerado en algunas casas. Creo que en ninguna. Pero sentí que Alice terminaría enterándose de todas formas.
-¿No podrías ayudarlo?-pregunté
-¿Ciencias exactas?-hizo una mueca-¡yo no se nada de eso! Pero tu si.
-¡¿Yo?!-me atoré.
-¡Si!-su cara brillaba como ante una brillante idea-Edward siempre me habla de lo mucho que sabes y de lo bien que te va en química. Podrías ser algo así como su tutora.
-¿Ah, si?-me sentía azorada.
-Si-mal interpretó mi rostro-Edward es inteligente, no va a ser una carga.
Asentí con la cabeza, considerándolo. Alice cerró los ojos y frunció el ceño murmurando:
-Tonto y retonto-movía la cabeza de un lado para el otro.
-¿Alice?
Abrió los ojos y me miró con el rostro ausente, cayó en mi mirada y recordó que conversaba conmigo.
-¿Me prometes que lo intentarás? ¿Preguntarle e intentar ayudarlo?
-Si, está bien-prometí.
A la hora de almuerzo Jessica, Tyler y Eric conversaban animadamente sobre una celebración que se llevaría a cabo el viernes.
-El aniversario del instituto-me comentó Ángela.
Cada año se festejaban los nosecuantos años de la fundación del colegio con competencias, música y una gala final. Todo el año se coordinaba a partir de esa fecha.
-¡Genial, un día libre!-exclamé encantada, pensando en qué podría hacer con todo mi viernes.
-No puedes faltar-me dijo Mike.-Debes venir y luchar con nosotros por el mejor electivo. Este podría ser nuestro año.
Ya no se competía por alianzas, se competía por electivos.
-¿Cuáles son los premios?
Ninguno supo responderme.
En el restaurant, volví a tirar la bandeja con un pedido y luego llegó Edward. Al pasarle la carta, toqué su mano por accidente.
-Yo también soy como tu-le dije. Me miró, sin comprender. Empecé a ruborizarme. Agradecí la poca luz que tenía el lugar en el que solía sentarse. No notaría lo roja que me estaba poniendo. Recordé la promesa que le había hecho a Alice. Me sonrojé aún más.
-Tengo también mala circulación en las manos. Toda la sangre…
-Se te va al rostro-terminó mi frase, alzando la vista.
Me mordí el labio, avergonzada. Me retiré, sin tomarle la orden.
A la mañana siguiente desperté con un sueño de lo más extraño. Manejaba hacia algún lugar del bosque y luego caminaba entre raíces y flores bajas, rodeada de gigantes árboles que no permitían el paso de mucha luz. Tropecé en varias ocasiones, pero seguí caminando, segura del lugar al que tanto quería llegar. Estaba cansada porque iba en subida pero sabía que lo que me esperaba era mucho mejor que cualquier contrariedad que tuviera por el largo y difícil camino recorrido. Mi corazón latía esperanzado porque pronto llegaría. Tomé aliento para caminar los últimos metros que me separaban de mi destino y…desperté.
El agua de la ducha salió totalmente fría por lo que me apresuré en vestirme para bajar y tomar algo caliente. Estábamos en otoño pero el clima era invernal. Tomé mi abrigo negro de la perchera y salí al gélido frío procurando controlar mis nervios al tiempo que intentaba no castañear los dientes. En el camino, ensayé lo que iba a decir, no podía ser tan difícil. No era una declaración. Eran solo cuatro palabras. Esperaría su respuesta y me iría luego de acordar qué día usaríamos para las clases. Y el lugar. Una biblioteca podía ser. Aunque tanto silencio se volvería incómodo y como nadie frecuentaba la biblioteca pública de Forks temía decir algo que no debía decir. Podía ser en el restaurant en el que trabajaba, pero solía estar llena en las horas que yo tendría libre y no podría concentrarme con todas las miradas en nuestra mesa. Dudaba que me miraran a mi. Lo mirarían a él y luego a mi, intentando descifrar por qué alguien como Edward compartía su tiempo con alguien como yo. Deseché la idea con desagrado. Podía ser en mi casa, Charlie nunca estaba y estaría en mi terreno, me sentiría cómoda. Conocía todas las vías de escape por si se me ocurría hablar demás o la situación se tornaba insostenible.
Me armé de valor y bajé del auto. Vi, unos metros más adelante, a Edward apoyado en su auto, con las manos en los bolsillos y la cabeza baja. Me acerqué a él, pensando que podría estar escuchando música, pero alzó la vista antes de que llegara a su lado. Me miró con curiosidad y el resto de su rostro fue indescifrable. Pese al nerviosismo que tenía, el mío no se había ruborizado.
-Hola-no esperé que contestara-me preguntaba si me dejarías ayudarte con química.
Bueno, esas no habían sido cuatro palabras y no era lo que había ensayado, pero habían cumplido con su objetivo. Empecé a jugar con los tirantes de mi mochila, mientras esperaba la respuesta.
-No.
Alcé la vista, confundida. No era así como me lo había imaginado.
-No necesito tu ayuda.
Se quedó mirándome, como preguntándose por qué seguía frente a él. La razón era que me costaba mover las piernas. De un momento a otro mis ojos se llenarían de lágrimas. Tragué con dificultad y me volví para entrar al instituto y perderme en algún corredor.
-Edward-susurré, cuando ya estaba lo bastante lejos de él. Apreté una de mis manos en puño y caminé rápidamente para desaparecer de su campo visual. Aunque dudaba que me estuviera observando.
En el camarín Ángela me preguntó qué me pasaba.
-Nada-respondí en un hilo de voz.
-Para nada, no hay como el ejercicio. Ayuda a botar cualquier frustración, pena o disgusto. Y calma los nervios.
El viernes llegó para alivio y consuelo de todos los estudiantes de aquel instituto. No sabía lo que me esperaba, y como siempre me habían desagradado las sorpresas no podía compartir las ansias ni el nerviosismo por aquel esperado día.
Me encontré con Jessica y junto a ella, entré. Cada sala estaba decorada ya según el electivo que representaba. El más lindo era la sala de literatura. Estaba disfrazada de teatro antiguo. Una cortina de terciopelo granate cubría la entrada y dentro las sillas se habían dispuesto en un semicírculo. Sobre el escenario unos muñecos representaban el final de Tristán e Isolda. Ella observaba el cuerpo casi sin vida de su amado. Un poco más atrás la observaba su esposo, el rey. El veía como las lágrimas bañaban el rostro de Isolda, poco después le contaría que aceptaba la realización de aquel amor callado. Tristán miraba a Isolda, con gesto débil y agotado pero le dedicaba una pequeña sonrisa, una esperanzadora sonrisa. Quizás sí había una oportunidad para ellos. No sería donde se encontraban ahora, pero algún día volverían a encontrarse sus almas y podrían disfrutar el uno del otro como nunca pudieron hacerlo en vida…
Salí de la habitación inmediatamente, la melancolía se había apoderado de mi y no podía seguir conteniéndome. Sentí como mía su batalla y la pena me consumió completamente.
Mike me encontró saliendo del baño, ya calmada. Me llevó a la sala de química porque la competencia iba a comenzar. El desafío era el siguiente: se debía escoger a una pareja del electivo para una prueba sorpresa. Teníamos que demostrar que éramos los mejores y que los alumnos que conformábamos el electivo disfrutábamos hasta más allá de la médula con Chang y Mcmurry.
Me escogieron a mí y me dieron la libertad de escoger a mi pareja. Recorrí la sala con la mirada y mis pies se detuvieron frente a Edward. El se acercó a mí y se ofreció para ser mi pareja.
-No, gracias. Ya había quedado con Mike-mentí mientras miraba ceñuda a Edward y Mike se ponía a mi lado con gesto protector.
Frente a nosotros el profesor y juez de la prueba dejó dos vasos precipitados. Ambos con la misma cantidad de líquido transparente. Debíamos averiguar cual era agua y cual HCl. Mike dio un paso hacia atrás y se rascó la cabeza mientras perdía la mirada en el líquido. Edward se había puesto al lado del juez, frente a nosotros y miraba divertido el comportamiento de mi pareja. Empecé a ponerme nerviosa. Tenía cinco minutos para deducir cual era cual.
-¿Puede darme papel pH?
El profesor negó con la cabeza.
-Debes averiguarlo con tus sentidos. El olfato, la visión, el tacto, el gusto…el que quieras.
Mike se abalanzó sobre un vaso con intención de hacer una prueba. Lo tomé del brazo, con fuerza y le dije:
-¡Estas loco! Si es ácido te quemarás todas las vías respiratorias. Si lo tocas-le advertí-te quemarás.
Pensé y volví a pensar en una manera de descubrir cual era cual. Al final del tiempo, me rendí:
-Lo siento, profesor, pero si estas son las condiciones no se me ocurre nada para reconocerlos. Sin implementos solo puedo ver pasar el tiempo y esperar a que el ácido se evapore, pero en cinco minutos no sacaré nada.
Edward me miraba con una sonrisa torcida, el profesor me miraba serio y el resto estaba tan o más nervioso que yo esperando que el segundo hablara. No respiré. Había echado todo a perder. El electivo perdería por mi culpa. Mantuve la mirada insistente de Edward, no dejaría que ganara esta vez. No le iba a dar el placer de verme derrotada y vulnerable ante él.
-Srta. Swan, ha hecho muy bien en alejar a su compañero del vaso. Sr. Newton, es muy ingenuo si piensa que dejaríamos que nuestros alumnos tocaran u olieran un ácido. Srta. Swan-volvió a dirigirse a mi, pero yo no le miraba, mis ojos deambulaban sobre los de Edward-¿quiere volver a dar su respuesta?
Ambos vasos contienen agua, pensé. Lo que le había dicho a Mike bastaba como pista.
-Ninguno de los vasos contiene HCl, profesor.
-Muy bien Srta. Swan, ha hecho ganar a su electivo.
Edward me sonrió, y me pareció que no había en el mundo una sonrisa más cálida que aquella, asintió con la cabeza levemente y yo hubiera preferido quedarme con su mirada en silencio a los abrazos y felicitaciones de mis compañeros de electivo.
Pese a esto el electivo ganador fue literatura. Gracias a Alice, que respondió a todas y cada una de las preguntas que le hizo el profesor encargado. Desde los antiguos clásicos a la actual ciencia ficción, Alice parecía haberse leídos todos los libros.
Supongo que si hubiera ganado carpintería los habrían llevado al aserradero, más nosotros, los literatos, iríamos al teatro.
Por la tarde serían las competencias deportivas. Como no me interesaban en lo más mínimo decidí irme. Camino al estacionamiento me encontré con Mike, que se acercaba a mí. Me detuve y lo esperé.
-¿Te vas?
Asentí con la cabeza.
-Mañana es la gala-me informó.
Ladeé la cabeza hacia un lado, sin comprender a donde quería llegar.
-Se acostumbra a ir en pareja. La vestimenta es semi formal…es como un baile.
-¡Ah! Ya veo.
-Deberíamos ser pareja. Lo hicimos muy bien en química, deberíamos repetirlo…
-No-lo detuve, confusa.
-¿Ya tienes pareja?-su tono era algo dominante.
-No-contesté, ahora molesta-no asistiré a la gala.-Me di media vuelta y me dirigí al auto.
-¡Bella!-se puso frente a mí.
Esperé.
-Salvaste mi vida. Allá en química, pude haberme calcinado, pero tu me salvaste.
-Mike, era agua. Ambos vasos tenían agua.
-Pero tu no lo sabías en ese entonces.
-Mike, déjalo ya. O desearé de verdad que alguno de esos vasos hubiera tenido ácido y que tu hubieras metido algo más que las narices.
Muchas gracias por los reviews :D y por leerme. ¡Alegran mucho mis días!
Yuliiaa, gracias por el dato ya lo he cambiado.
Pd. Si alguien sabe como diferenciar, así a la vista, HCl del agua, les estaré muy agradecida xD.
