"EL FANGO"

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¡Gracias por tomarse la molestia de entrar aquí y leer!

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Advertencias: NaruSasu. OroSasu. AU, Spoilers. Todas las edades de los personajes están alteradas en la primera temporada, cuando Sasuke aún formaba parte de Konoha. Pederastia, yaoi, acoso sexual, temas familiares, tabús, parafilias, tortura psicológica y mucha vida común tras el telón de perfección. Yo avisaré cualquier cosa para que estén preparados.

Notas: Las palabras japonesas (tal es el caso de baka, teme, usuratonkachi, dobe, -kun, -chan... -sensei, blah blah blah) las utilizaré como una especie de agregado amistoso. (Editando capítulos…)

Admito que el capítulo no me ha gustado, ni el que sigue, ni el que sigue del que sigue; pero realmente eran necesarios. Traté en lo posible de mantenerme en línea IC pero aún así… ¡Oh, diablos! ¡No sé si esté bien! La relación Naruto-Sasuke en una revoltura de ternura, peleas, insultos tras las bambalinas del drama que, maldición, a veces ni yo sé cómo se desarrollarían en el tema.

Repito por billonésima vez que ésta es mi primer historia larga y que trato en lo posible de borrar esos clichés de pacotilla. En fin, cualquier cosa apestosa, agradecería y me lo dijeran para borrarlo y reescribirlo de nuevo.

Por último y no menos importante, aviso que éste será el último capítulo del 2008. Carolina me ha convencido de ir a la Sierra a disfrutar de la nieve pura y el aire helado por algunas semanas. No sé cómo diablos ha conseguido que le den permiso su abuela y su madre, pero lo consiguió.

Y ella está tan feliz y presurosa como los murciélagos por la noche. En fin, ya alquilamos una cabaña con el dinero que ahorré por meses, en la búsqueda de una nueva computadora… y punto. Bah, tonterías, no voy a quejarme porque adoro la nieve.

Y ver a Carolina bailando entre la nieve con sus gabardinas y sus vestidazos no tiene precio. Además, el café sabrá a las mil maravillas.

Agradezco los reviews y las visitas. Siento no poder responderlos ahora, pero estoy de prisa con las maletas y metiendo al gato panzón y su diosa en el gigantesco transporte para animales.

Tsunade25, Selene Mindthelay, Unrealistic Nightmare, Loveless 7, Arasumi, Denisuki.

Muchísimas gracias. Y si Denisuki está por ahí, le agradezco la crítica. Ya corregí esas cosas (Algunas cosas sobre la tilde me confundí. ¿Acaso se pone acento en la "e" cuando, por decir; Naruto se refiere a sí mismo como "el"? Pregunto yo con las mejillas sonrojadas) y no tienes que darme explicaciones. Yo también soy persona.

Y ya, me voy, realmente tengo varias cosas que hacer.

¡Hasta enero, señoritas!

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Capítulo Diez

Hacía cerca de media hora que había terminado de comer cuando escuchó el característico pitido del claxon de los automóviles. Al principio no le prestó atención, pero cuando el sonido se intensificó aún más, decidió asomarse por la ventana, sorprendiéndose al tener el femenino y hermoso rostro de Sakura detrás del vidrio.

Casi a trompicones, corrió hacia la puerta, quitándole el cerrojo y abriéndola tan deprisa que el aire helado le golpeó sin compasión alguna el cuerpo, paralizándolo del frío.

—Ya era hora, Naruto —se quejó la muchacha, entrando a la casa mientras se frotaba las manos enguantadas—. Tenía tiempo esperándote.

El rubio se giró a mirarla, cerrando la puerta más fuerte de lo normal por una ventisca pasajera. Ella vestía un abrigo rubí pálido, con un holgado pantalón verde hasta los tobillos. Sakura giró los talones de pronto, acercándose hacia él con una mueca sospechosa. Naruto tragó saliva, antes de armarse de valor y comenzar a platicar con ella.

—¿Cómo…? No, más bien… ¿quién te trajo aquí?

—¿Quién? —Sakura alzó las cejas, poniéndose los brazos a forma de jarras en la cintura—. Pues… Ino le preguntó a Shikamaru y ella y su padre me trajeron aquí.

Naruto pareció convencido, asintiéndole, invitándola torpemente a la sala de estar, junto al calentón, para que se sentara en uno de los sillones. Sakura no se hizo esperar.

—¿Pasó algo, Sakura-chan? —le preguntó, después de un corto silencio de estupefacción.

Ella se recargó en el sofá, inspeccionando la modesta casa con los ojos perdidos.

—¿Estás solo?

—No del todo. El pervertido está durmiendo en su cuarto… y la vieja salió porque le llamaron del hospital para que les ayudara con algo.

—Ya veo…

Naruto se sentó en el sofá más grande, recogiendo en silencio las envolturas de papas fritas y sopa instantánea esparcidas a su entorno. Después de ir a la cocina y echarlas al fondo del bote de basura, un largo silencio nació entre ellos, más intenso e incómodo que el anterior.

Cansado de eso, el único muchacho presente, comenzó a contar cosas absurdas y graciosas que le habían pasado en el transcurso del día, desde su estupidez al confundir la llave de agua caliente por la fría mientras se bañaba, hasta la película aburrida de acción que sólo había aguantado por quince minutos.

—¿Qué problemas tiene Sasuke-kun? —preguntó Sakura de improvisto, con la voz tan frágil que parecía un susurro arrastrado por el viento.

Naruto borró completamente la sonrisa, oliendo la razón por la que la chica lo había visitado de esa forma tan inesperada.

—¿Está enfermo o algo así?

—No —le respondió, agravando la voz inconscientemente—. Son sólo problemas familiares, ya sabes, nada que otro adolescente no tenga.

—¿Seguro? —Los ojos verdes lo miraron con suspicacia—. Ayer en la pizzería lo dijiste de una forma tan… tan extraña que creí que era algo bastante grave.

—Seguro —le afirmó Naruto, sonriéndole distraídamente para que le creyera. Comprendía su preocupación por Sasuke, porque sabía que lo quería; pero él no era nadie para divulgar los problemas familiares que sólo concernían al bastardo—. No es nada grave, de veras.

Sakura suspiró, un poco más aliviada.

—¡Qué bien! Creo que estaba preocupándome de más. Es que Sasuke-kun es tan frío que a veces no sé como acercármele, y quería ayudarlo si tenía algún problema… suponía que él podría necesitarme para algo.

—Sí, lo sé —se mostró de acuerdo, fortaleciendo la sonrisa que ya tenía—. He estado con ese bastardo desde hace tiempo.

Sakura arrugó la cara.

—No lo llames así.

—¿Cómo? ¿Bastardo? —Sakura asintió. Él le devolvió una mirada confundida—. ¿Por qué no?

—Porque si no, te enterraré mi puño en tu cara.

Naruto tembló un poco en el sillón, sonriendo nerviosamente. Aunque Sakura aparentara ser una muñeca de porcelana, tenía una fuerza endemoniada en su interior. Y él la conocía perfectamente, porque ya había sido estampado en el suelo cuando lograba fastidiarla demasiado.

—Bien, Sakura-chan, no te pongas agresiva. Intentaré no llamarlo así aunque se lo merezca, créeme.

Ella pareció satisfecha, cerrando los párpados tranquilamente.

—¿Irás a ver a Sasuke-kun hoy? —Él le asintió con energía. La muchacha volvió a abrir los ojos, metiendo la mano en el bolsillo de su chamarra, sacando una carta sonrosada y arrugada—. ¿Podrías dársela por mí cuando lo veas? Quise mandársela el último día de clases, pero él siempre sale tan rápido que no me dio tiempo de entregársela.

El rubio pareció titubear en aceptarla, sabiendo de antemano que Sasuke no se tomaría el tiempo para leerla y que no se creía capaz de entregarle una carta de amor, siendo que hacía poco había descubierto que lo quería más que a un hermano. Pero el rostro hermoso y sonrosado de la muchacha fue lo suficientemente embriagante para cumplirle el capricho.

Aún le atraían las mujeres, mucho, de eso no había duda.

—Gracias Naruto, y espero que en verdad se la entregues —amenazó cómicamente Sakura, con el puño alzado—. Si me entero por alguien que te la quedaste tú, te sacaré los dientes de uno por uno.

Él volvió a estremecerse y Sakura sonrió divertida. En ese momento, el timbre inconfundible de un celular empezó a escucharse, proveniente del bolsillo de la chica. Ella suspiró, sacando el aparato electrónico y llevándoselo a la oreja.

—Ya voy, puerca. Ya estaba saliendo —respondió a su escandalosa interlocutora, después de escuchar sus reclamos. Naruto oyó claramente cuando Ino le mandó unos saludos, saludándola el también a base de gritos—. ¡Van a dejarme sorda, par de idiotas!

Sakura colgó cuando escuchó las risas de Ino y aún así no se libró de ellas por completo, dado que un leve murmullo se oía desde afuera.

—Hasta otra, Naruto. Y ya te dije lo de la carta, se la entregas.

—Sí, sí. No quiero perder mis dientes tan pronto —susurró entre dientes, recordando la amenaza que le había hecho.

—¿Qué has dicho, idiota?

—¡Na-nada, Sakura-chan! Que te la pases muy bien en tus vacaciones, nada más.

Cuando la pelirrosa se subió al coche de los Yamanaka, y ambas chicas se despidieron con la mano, Naruto cerró la puerta, guardándose la famosa carta en uno de sus bolsillos. Era curioso como con Sakura, la chica que antes soñaba a su lado, los celos que debería sentir por Sasuke fallaban miserablemente en formarse. Y eso, suponía, se debía a que antes la amaba y que ella siempre sería la elegida entre todas las demás si por algún momento lo suyo con Sasuke no funcionaba.

Apretó la boca. La sola idea lo agobió un poco, dado que se había encargado en decirle a Sasuke que no podría corresponderle jamás, por mucho que lo intentara.

¿Qué idiota se vería ahora, cuando le dijera que el que estaba enamorado era nada más y nada menos que él?

Acercándose al teléfono inalámbrico de la mesita de luz y una vez teniéndolo entre sus manos, marcó instantáneamente a la casa de los Uchiha. Tenía que ponerse de acuerdo para estudiar con el bastardo antes de cualquier otra cosa.

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Como no quedaba nada que hacer en casa, Sasuke se dirigió a la biblioteca, con la intensión de perderse en el grueso libro que leyó hace unos días, cuando Naruto estaba bañándose en su bañera blanca. Su madre e Itachi habían salido de casa, misteriosamente, despidiéndose de él con un café caliente en la cocina. Y su padre, como de costumbre, estaba trabajando en la oficina, como gerente directivo de la policía.

Antes de que subiera por las escaleras, el teléfono comenzó a sonar, devolviéndose en sus pasos, fastidiado, con dirección a la cocina, donde estaba el aparato más cercano.

—Habla Uchiha Sasuke y no hay nadie en casa. Puede dejarme su mensaje si es importante.

—Eres incluso bastardo y amargado para contestar el teléfono, de veras —le criticó Naruto, entre risas. Sasuke arrugó la frente.

—¿Qué quieres idiota?

—¿Olvidaste que me ayudarías a pasar los extraordinarios, teme? —canturreó Naruto, burlón.

—Entonces tenía razón —comentó, después de un corto silencio y con la sonrisa autosuficiente arqueada en los labios—. Has suspendido como lo suponía.

—Te equivocas —apresuró a aclararse, tumbándose en el sofá con el teléfono pegado a la oreja—. Reprobé una, Sasuke-baka, así que no cuentan tus malas intenciones.

—Lo que digas, dobe.

—En fin… ¿voy a tu casa o tú te vienes a la mía?

—No puedo salir de aquí —avisó, volteándose para darle la espalda a la pared y escurrirse por ella, hasta sentarse en la alfombra—. Madre e Itachi salieron de casa hace tiempo y todavía no han regresado.

—Aaaah… entonces yo me voy para allá. Le aviso al viejo pervertido y me voy contigo.

—Bien.

Naruto decidió despedirse, pero Sasuke ya había cortado la línea, así que, suspirando, depositó el teléfono en su sitio y se encaminó hasta la habitación de sus padrinos. Al llegar, y sin compasión alguna, sacudió al hombre de cabello blanco, avivándolo.

—¿Qu-qué pasa?

—Me voy con Sasuke un rato. Regreso más tarde.

Jiraiya pareció despertarse por completo.

—Naruto, cuando llegue Tsunade aquí, va a tirar el grito en el cielo.

—No vi a Sasuke ayer, así que no me puede reclamar que lo veo todos los días.

—Pero sí la mayoría —susurró entre dientes, jalando la ancha cobija de lana por arriba de la cabeza—. Como sea, ten cuidado y has lo posible por llegar temprano. Retendré a mamá gallina hasta que llegues.

Naruto se abalanzó hacia él, agradeciéndole el gesto con una grandísima y extraña sonrisa. Jiraiya se alertó un poco por ese gran entusiasmo del muchacho, pero dejó pasarlo. Ya le contaría sus problemas en algún momento, porque ellos siempre se habían tenido confianza y había aprendido con el tiempo y con paciencia a no forzarlo.

—Vengo pronto.

Una vez escuchó la puerta principal cerrarse con candado, Jiraiya se removió inquieto en la cama. Era escritor y la forma en que Naruto actuaba lo dejaba confundido, dado que pintaba varias muecas que describía en las parejas enamoradas. Quizá estaba malinterpretándolo, o Tsunade se había equivocado al pensar que el único enamorado de ellos sería Sasuke.

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—…y entonces, en este caso, la intensidad de la fuerza sería igual a la suma de las intensidades de los componentes y su sentido también cambia de igual forma.

Hacía mucho tiempo que Naruto dejó de prestarle real interés a la explicación, creyendo más importante contemplar el nacarado y esculpido perfil de Sasuke. Incluso había notado que con la luz de la lámpara, sus ojos negros se veían más claros, casi tiñéndose de un líquido gríseo. Y las pestañas que enmarcaban sus ojos, tan espesas y oscuras, nunca le habían parecido tan largas y rizadas.

—Si no vas a prestarme atención, usuratonkachi, te sugiero que lo digas de frente para dejar de hablar como un estúpido.

Naruto se estremeció cuando Sasuke, con el rostro arrugado, cerró el cuaderno de golpe y lo miró fijamente.

—¿Qué es lo que te llama tanto la atención de mi cara? ¿Encontraste una espinilla a punto de hacer erupción o qué?

—¡Cla-claro que no!

—¿Entonces qué es lo que te tiene tan entretenido?

Naruto no bajó la mirada, pero eso no quería decir que los nervios no lo comieran por dentro. Cubierto de un espontáneo impulso, estiró la mano y toqueteó la punta de la nariz respingada, apretándola suavemente. Sasuke frunció el ceño, pensando que Naruto solo quería molestarlo, pero los grandes y brillantes ojos azules no parecían salpicados de socarronería. Cuando le deslizó el dedo tostado por el puente de su nariz, un brillo confuso relampagueó en lo más profundo de sus ojos ónices.

¿Qué era lo que pretendía ese imbécil?

—¿A qué estás jugando?

El rubio no le respondió, completamente embelesado en la suavidad y el calor que le transmitía la pálida piel. Sasuke no lo soportó más y, antes que el dedo bronceado delineara su mejilla, apartó la mano contraria de un fuerte manotazo.

—¿Qué demonios haces, idiota?

—Sasuke, tengo que hablar contigo.

—¿Y ahora qué? —curioseó enrevesado, con un extraño y molesto nudo en el estómago debido a la seriedad que, de pronto, destilaba el personaje contrario.

El nuevo silencio lo exasperó profundamente, obligándolo a arrugar el rostro impacientemente. El otro carraspeó, perdiendo el valor por unos segundos, exigiéndose a sacar la rosada y perfumada carta de Sakura, dejando de lado los problemas que acarreaba por su impulsividad.

Sasuke echó un vistazo al sobre sin entender, alzando las cejas y mirándolo después a los ojos. Naruto abrió la boca, entregándole la carta, tratando de explicarse de la forma menos enredada y directa que encontró en ese instante:

—Te la mandó Sakura.

Directo al grano.

—¿Y qué?

—¿Cómo que qué? ¡Pues léela, bastardo!

—¿Y para qué? Siempre he tirado esas cartas a la basura sin leerlas antes y tú lo sabes.

—Pero ésta es de Sakura-chan, debe ser importante.

—Sí, claro —resopló Sasuke, sarcástico, tomando la carta indiferentemente y abriéndola de una de las esquinas—. Léela por ti mismo y verás cuán importante es.

Naruto sujetó el papel blanco y arrugado, desdoblándolo casi instintivamente. Tosió un poco, antes de comenzar a leer en silencio y, una vez sus ojos se empequeñecieron del asombro, empezó a entonar las palabras escritas para que también las escuchara Sasuke.

—"Sasuke-kun, quiero desearte unas felices vacaciones y espero de todo corazón que cuando vuelvas…" —la pequeña pausa hizo sospechar al otro—…"dejes de ser un bastardo amargado con todo el mun-…"

—¡Trae acá, estúpido!

La risa de Naruto era contagiosa y alegre, pero se detuvo abruptamente cuando Sasuke se impulsó hacia él, cayendo ambos al suelo debido a que la silla no fue capaz de resistir su peso. Ninguno prestó atención cuando la carta patinó en el aire, escurriéndose por debajo de la cama.

El ojiazul sonrió maliciosamente. Aunque Sasuke cayó arriba de su cuerpo, se había encargado rápidamente de rodar sobre sí, aplastando intencionalmente al otro con su propio peso. El moreno no se dio por vencido, e impulsándose, rodó por la alfombra, con Naruto apretado a su cuello, intercambiando nuevamente las posiciones.

La batalla duró por varios minutos entre insultos y amenazas, cesando una vez ambos quedaron esquinados entre la pared y el suelo, con Sasuke arriba de Naruto.

—Te he ganado por pasarte de listo, idiota.

—Eso es lo que tú crees, bastardo.

Tomándole de las muñecas sin respirar, Naruto giró en sentido contrario, haciendo caer nuevamente a Sasuke, posicionándose arriba de su abdomen, y con los brazos estirados, sujetándole las canillas por arriba de la cabeza.

—¿Ves? —Sasuke intentó zafarse, siendo su movimiento tan inútil como apartar a una colmena de abejas de un frasco de miel, en un día de campo.

—Ya vi, usuratonkachi, ahora quítate de encima —gruñó, tan áspero y desabrido como siempre.

—¿Qué? ¿Te enojaste porque te gané?

—He dicho que te quites de encima.

Naruto arrugó la nariz, viéndolo con los ojos enardecidos. Sasuke tenía nuevamente la boca y el ceño arrugados, tan enfadado como siempre cuando algo no salía como quería. Debía hacerle entender a ese bastardo que no podía ganar en todo, que era prácticamente imposible. Y cuando se disponía a decírselo abiertamente, algo sucedió.

Sasuke repentinamente había cerrado los ojos, relajándose, pensando quizá en una táctica complicada para sacárselo de encima. Pero Naruto se embrujó, deleitándose la vista con el rostro lívido y fino, más hermoso y paralizante desde esa distancia.

No fue consciente en el momento en que sus rostros se encajaron en un toqueteo de labios, moldeándose perfectamente como la última pieza del rompecabezas.

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Las muchachas veían disimuladamente la atractiva figura masculina, mientras ésta inspeccionaba cautelosamente las partes de un piano de apariencia aristocrática. Mikoto tapó su sonrisa con la mano, divertida, consciente que su hijo no les prestaba ni la más mínima atención al barullo de jovencitas.

Los ojos de Itachi detuvieron su inspección de golpe, apartándose al escuchar un sonido suave y tan embrujante como lo era la luna llena por la noche. Mikoto también lo percibió, adentrándose a un ancho pasillo donde vendían una cantidad incontable de violines. Él la siguió, enfocándose gradualmente en la torpe y encantadora melodía que se intensificaba conforme se acercaban.

Al final del pasillo, en lo que parecía una fina exhibición, encontró lo que buscaba. Un antiguo piano, de cálidos matices marrones y castaños, de una estructura tan sofisticada y elegante como los que se fabricaban antaño a finales del siglo XVIII. No miró a su madre, pero sabía que estaba más que complacida. Un anciano, enfundado en un uniforme blanco y gris, era el causante de aquel ruido que le llamó la atención, dado que toqueteaba las teclas para probarles la calidad a los clientes que se habían acercado con curiosidad.

Itachi, con paso firme y decidido, apartó a las pocas personas interesadas y se acercó al hombre, picándole el hombro con los dedos para que le prestara atención. Una vez el hombre mayor le dio la cara, le dijo que estaba dispuesto a comprar la pieza.

—Es muy caro —repuso él, con voz suave y cansada—. El más costoso de todos los que están aquí.

—No le he preguntado eso, he dicho que voy a llevármelo. Así cueste un millón de dólares.

El mayor le miró sorprendido, sacándose las gafas de fondo de botella para ver mejor a su nuevo cliente. Itachi frunció delicadamente el ceño, desesperándose poco a poco por la forma en que el señor de canas lo miraba; de una manera tan estupefacta y confusa que no parecía ser un servidor de esa tienda.

—¿Puedo llevármelo o no?

Tras el primer momento de asombro, el hombre asintió, colocándose los anteojos de vuelta e indicándole que lo siguiera por el pasillo, en la búsqueda del directivo del lugar para así poder empezar los trámites de compra. Itachi caminó detrás, pisándole los talones con los ojos entornados, distantes, imaginándose el rostro de Sasuke cuando encontrara el precioso instrumento en el salón, esperando impacientemente a que lo tocara.

Mikoto, con el debido permiso de uno de los guardias, se sentó en el sofisticado y mullido taburete; de los mismos cálidos colores que los del clavicordio, delineando delicadamente uno de los tantos dientes blancos del piano. Tuvo que reconocer que Itachi tenía unos gustos exquisitos, más selectivos que los suyos propios. No mentía si decía que ella habría escogido el primer piano que le pusieran frente a las narices, porque para ella todos eran hermosos.

Pero éste era especial, diferente. Lo sentía mientras deslizaba cautelosamente sus dedos por cada una de sus teclas. Éste piano sería tocado por Sasuke, con sus dedos ágiles, tan llenos de apogeo, y eso era más que suficiente para ella.

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Nadie había hablado por más de cinco minutos, pero el hielo que se acumuló de pronto en los ojos ónix del moreno, fue la señal más estable del holocausto para que el pánico de Naruto echara raíces.

—Eres una completa escoria, imbécil.

Aunque al rubicundo le dolió considerablemente la forma fría y afilada en que le hablaba, entendía plenamente su confusión y también comprendía que el puñetazo que le proporcionó Sasuke en la mejilla se lo merecía; por ser un impulsivo y hacer las cosas antes de pensarlas.

—¿Por qué me has besado, inútil? ¿Te parece divertido burlarte de mí, verdad? ¡Lárgate de aquí, vete!

Y antes que Sasuke se levantara completamente del suelo, Naruto, con los ojos sombreados por el cabello, se abalanzó hasta él, abrazándole por el cuello y soportando los dolorosos manotazos que Sasuke le azotaba en la espalda.

—¡Lárgate! ¡Ve a burlarte de alguien más! ¡Vete, estúpido!

Naruto no hablaba, ciñéndose fuertemente al otro, con los ojos perdidos en el cabello negro. Varios minutos después, el moreno comenzó a cansarse, aumentando los latidos de su corazón y los de su respiración, dejando caer los brazos adoloridos a sus lados.

—¿Qué te piensas? —preguntó suavemente, aún furioso e intolerante. Naruto se apartó un poco, sólo lo suficiente para lograr inyectarle la mirada sincera de sus ojos azules.

—Tengo que confesarte algo que descubrí ayer… en la pizzería, con Kiba y con los demás.

Sasuke frunció considerablemente el ceño, taladrándole su mirada brillosa y siniestra, con los músculos contraídos de la mandíbula.

—¿Y qué tiene que ver eso con lo que has hecho ahora?

—A eso voy —le respondió, consciente del escrutinio venenoso que le hacía a sus ojos—. Mira, Sasuke, no estoy burlándome de ti si eso es lo que piensas. Grávatelo muy bien en la cabeza, bastardo. Jamás de los jamases te molestaría de esa forma porque soy tu amigo por arriba de todo.

—¿Ah, sí? —sopló el otro, enfadado y sarcástico—. ¿Amigo? ¿Y qué hay de esa conversación en la que me diste a entender cosas distintas, eh? ¿Qué pasó con el "no puedo corresponderte", "no soy gay", y el "lo siento" que tanto tardase en decirme? ¿Ahora sales con lo contrario de un día para otro? Por favor, Naruto, está claro que está burlándote de mí. No soy estúpido.

—Sasuke, déjame explicarte. Siempre le echas más leña al fuego. ¡Déjame hablar a mí!

—Es lo que estoy esperando, inútil. Hazlo de una maldita vez.

—Mira, bastardo, es que es complicado —empezó otra vez el rubio, clavándole los ojos azules, murmurando las palabras con experiencia empírica—. No sé cómo pasó, bueno… sí sé, pero no sé como decírtelo sin enredarte más de lo que me enredé yo cuando me sucedió.

—Déjate de vueltas, dímelo ya —lo amenazó, y luego añadió, entre dientes—. Estoy perdiendo la paciencia.

Naruto se separó del cuerpo que aplastaba, levantándose del suelo hasta mirarlo por debajo, con los cálidos ojos resplandecientes y los hombros tensos. Sasuke jamás dejó de mirar la figura broncínea, delgada y colorida, que representaba a Naruto en ese momento.

—Yo siento que te… pues,… que —mordió el interior de su mejilla, perdiendo el valor instantáneamente. No era tan fácil como creyó en un principio. Los ojos negros de Sasuke eran demasiado fuertes—. Yo… mira, en verdad, lo siento. No debí besarte, fue un impulso que no pude controlar, como de costumbre. De verdad lo siento. No quise que-

Ahora fue el turno de Sasuke para ponerse de pie, sujetándole los hombros, empujándolo hasta empotrarlo fuertemente en la pared.

—Si ésa era tu mejor excusa, lárgate de una vez —amonestó Sasuke, con la lengua afilada—. Vete y nunca más vuelvas a buscarme, hoy me has decepcionado demasiado.

Naruto curvó las cejas, tan miserable y compungido como un vagabundo que acababa de ser asaltado por otro, robándole su última pieza de pan.

Quería gritarle todo lo que sentía, pero su lengua parecía muerta, enredada cruelmente por la tristeza que le causaba esa última y venenosa frase. Mordió su labio inferior y tensó los puños a sus lados, antes de tomar una fuerza sobrehumana y sujetar al otro de la cabeza, dirigiéndose una vez más a su boca. Tenía que besarle, para que entendiera todo lo que le pasaba. Para que viera que sobre la niebla confusa, había un inmenso cariño listo para abrazarle.

Sasuke se apartó, más brusca y furiosamente, evitando como diera lugar ese beso.

—¡Estás demente! ¡Lárgate ahora mismo!

Naruto no se movió de su sitio y no opuso resistencia cuando Sasuke le jaló del brazo, sacándolo de la recámara con los ojos frustrados y el ceño enfurecido, más dolido y confundido que nada.

—…Te quiero, Sasuke.

Y la puerta se cerró de un portazo, casi golpeándole en la cara. Después el silencio, tan grave y pesado, únicamente cegado por las respiraciones agitadas de ambos, coreadas invisiblemente por retintines y filtrándose en cada esquina de la casa.

—Sasuke…

—Vete

—Te quiero, de veras. No estoy bromeando, créeme.

—¡¡Lárgate!!

El moreno apretó fuertemente el escondido pestillo de seguridad, escuchando atentamente como Naruto se sentaba en el suelo, recargándose de espaldas contra la puerta. Él hizo lo mismo, escogiendo como punto de apoyo la pared y escurriéndose hasta el suelo. Pese a que el muro estaba frío, el suéter esponjado y azul que llevaba puesto se encargó rápidamente de protegerlo de aquello.

—Sasuke…

No le contestó, flexionando las rodillas, abrazándolas, recargando su barbilla por arriba de ellas. Naruto suspiró, abatido, al otro lado de la puerta, mirando el largo y tétrico pasillo a sus lados.

—Te parecerá tonto, ¿sabes? Ahorita no tenía valor de explicártelo a la cara, pero es más fácil decírtelo ahora, con la puerta separándonos por la mitad —la sonrisa débil que nació no vivió más de tres segundos, aplastándose en una línea rígida por el silencio—. Hace unos días estaba preocupado de que me amaras a mí y que no podría corresponderte jamás… ahora creo que empecé a enamorarme de ti casi sin proponérmelo. Cuando Tsunade me dijo eso la primera vez… —la voz comenzaba a nublarse—…yo jamás esperé que el enamorado sería yo. Siento haberte besado, siento haberte querido besar otra vez pero, entiéndeme… ¡No sé cómo decírtelo! ¡Soy nuevo en esto también! Yo de verdad te quiero, ¡No estoy diciendo mentiras, de verdad!, pero no sé cómo mierda se supone que debo decírtelo, ¿me entiendes, Sasuke? ¿Sabes lo que estoy pasando?

Naruto hipó, desconsolado, cuando escuchó una puerta cerrarse. Sasuke se había encerrado en el baño, quizá harto de escuchar sus estupideces. Sin poderlo evitar, sus ojos acuosos derramaron el agua cálida que contenían, dejándola fluir por las mejillas a forma de cascadas. Sorbió su nariz, limpiándose la cara bruscamente con el antebrazo, aturdido y sofocado.

Maldijo a Tsunade, a Kiba, incluso al mismísimo Sasuke por encerrarlo en esa prisión espinosa y oscura. Quería regresar a la vida tranquila que tenía antes, esa en que reía despreocupadamente en clase, esa en que Sasuke lo llamaba usuratonkachi… esa en que aún amaba a Sakura.

Pero no podía hacerlo. No ahora cuando el lazo con Sasuke se había transformado en una cuerda de metal, tan fría y corta, que le resultaba incluso más doloroso en tratar de romperla.

El casi inaudible sonido del pestillo alzándose lo alertó, y por poco tembló cuando Sasuke abrió la puerta, casi haciéndole perder el equilibrio. Con la esperanza latiendo en su pecho, volteó a mirarlo, aún con las mejillas húmedas y los ojos irritados.

El moreno le lanzó una bola de papel higiénico a la cara, manteniendo la mueca firme y seria, pero no ocultando la exaltación de sus ojos. Un goce, un sentimiento, tan indescriptible e incoherente que no supo interpretarlo.

Parpadeando un poco, cogió la bola de papel del suelo, limpiándose las lágrimas de la piel y los mocos en las rendijas de la nariz. Sasuke siguió mirándolo, cruzándose de brazos y adentrándose de nueva cuenta a su habitación; dejando la puerta despejada y abierta. Naruto, una vez limpio, se acercó hasta él, con la mirada huidiza y nerviosa; no sabiendo que hacer de ahora en adelante.

Sasuke también parecía tenso, con los dedos fuertemente clavados a sus antebrazos, sintiendo un leve dolor por la forma en que la gruesa tela lo protegía.

—¿Y ahora qué? —formuló Naruto, más para sí mismo que para el otro. Sasuke lo miró contraído.

—¿Y me lo preguntas a mí? Yo no fui quien ha besado al otro.

Naruto animó a su ánimo. Si Sasuke hacía ese comentario era porque deseaba aligerar el ambiente, ayudándole con la roca pesada de su espalda hasta convertirla en una gran burbuja de jabón.

—Eres detestable, Sasuke-teme —alegó con una sonrisa casi imperceptible, y como los ojos húmedos brillando delicadamente—. Y es precisamente la razón por la que me gustas mucho.

Tarde fue cuando Naruto, espantado, se tapó la boca. Las palabras ya habían llegado a oídos del muchacho de cabello negro. Y el rubio no atinó a otra cosa que no fuera disculparse, maldiciendo interiormente la impulsividad sus cuerdas vocales.

Cuando finalmente lo miró, atendió sin disimulo alguno como las pálidas mejillas se teñían de rubí, coloreándose hasta la punta de la nariz. Naruto no comentó nada al respecto, evitando los futuros problemas que le acarrearían si le decía algo que podría indignarlo.

—¿Cómo es eso?

—¿Qué?

—¿Cómo puedes decirle eso a un hombre? ¿Cómo es que me lo dices a mí?

—Ya te lo he dicho, teme —Naruto se acercó hasta él, enterniéndose por el carmín de sus mejillas y por la pregunta tan bobalicona—. No me hagas repetírtelo otra vez, yo también soy nuevo en esto y aún me da cosa decírtelo así… es, bueno, raro.

—Es que no logro entenderte. Tú eras el idiota que se empeñaba en buscarme novia en la escuela, y de hecho, también eras el inútil que perseguía a las mujeres hasta fastidiarlas. Muy especialmente a Sakura. ¿Por qué cambiaste…? ¿En qué momento pasó todo esto?

—Te he dicho que no lo sé, bastardo —le repitió, con las cejas fruncidas y la voz suave—. Simplemente sucedió y ya. Así de simple.

—¿Simple? —Protestó el más pálido, mirándolo como si hubiera sacado una calculadora para sumar uno más uno—. Soy un hombre, idiota. Debería darte asco al besarme.

El rubio pareció indignarse, acercándose hasta tomarle la cabeza con las manos, y sin que Sasuke reaccionara, lo besó otra vez, encajando sus labios carnosos a los hinchados del moreno, mordiéndole levemente la carne sonrojada del borde inferior. Una vez terminó, se alejó un poco, con los ojos brillosos en mitad asustados por la reacción que tendría Sasuke ahora, y en mitad indignados por lo que le había dicho.

—¿Y eso te dio asco? ¿Ah?

Sasuke no le contestó, mirándolo mal, limpiándose la boca con el dorso de su mano; tratando en vano de quitarse la saliva y el odioso hormigueo que le cosquilleaban en los labios. Naruto le sonrió con más confianza, tranquilizándose, cuando las mejillas pálidas se sonrojaron un poco más, invisiblemente.

—Deja de besarme, imbécil. No dudaré en partirte la boca si lo haces de nuevo y bien sabes que sí me atrevo.

La sonrisa en la cara bronceada permaneció al no vislumbrar ningún brillo asesino en los otros ojos, pero sí tenues y temblorosas chispas de fluctuación.

—No lo haré de nuevo —respondió, mirándole de reojo mientras se sentaba en la cama—. …pero tenía que mostrarte que besar a hombres y mujeres es lo mismo.

Sasuke abrió los ojos, sorprendido.

—¿Ya te volviste un experto en la materia? —El moreno volvió a cruzarse de brazos, mirándolo incrédulamente—. ¿A cuántos y cuántas has besado para hacer esa hipótesis tan idiota?

—¿Qué? Maldición, Sasuke, estás más loco cada día. Claro que nada más a ti… eso lo saqué de aquí adentro —señaló con el dedo a su cabeza—. Acabo de inventarlo ahorita. Y claro que no soy experto en esto, pero ya te lo dije; es lo que pienso.

Después de un silencio en el que sus miradas se conectaron intensamente, Sasuke tomó el habla, repentinamente indeciso e incómodo.

—No sé qué decirte.

—¿Sobre qué?

—Serás idiota. Me refiero a lo que me has dicho antes —dijo con exasperación al otro, antes de girarse sobre los tobillos y reponer con la voz más amable que podía conseguirse—. No sé qué decirte, porque puedo asegurarte que no te había visto de esa forma,… pero ahora estoy… confundido.

Naruto pareció refulgente y satisfecho, levantándose de la cama para darle una débil colleja en la cabeza.

—Yo me encargaré de eso, baka. Te aseguro que para año nuevo pensarás nada más en mi y tendré que darte una fotografía mía para que no te deprimas.

—Sigue soñando, cabeza hueca. El que estará deprimido serás tú, te lo aseguro.

—Sí, bastardo, como digas. Siempre sorprendo a todos en el último momento, y te aseguro que lograré sorprenderte a ti también.

Cuando Naruto empezó a reírse, jaloneándole el suéter hasta tenerlo entre sus brazos, Sasuke pensó que ese idiota quizá podía lograrlo. No por nada una pequeña y complacida sonrisa brotó inoportunamente de su boca. También creía que Naruto lo conseguiría, y tal vez mucho antes del tiempo que se había impuesto como límite.

Ahora sólo pensaba en ello. Después se amargaría cavilando en su padre, y la deshonra que propiciaría si realmente se enamorara de Naruto. En este momento solamente existía la persona que lo abrazaba, su gigantesca sonrisa y su armoniosa carcajada.

Sólo Naruto y nadie más.

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