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La temperatura había bajado mucho, a decir verdad me agradaban esos días en donde el aire se sentía tan frío que era como si cortara tu rostro al caminar, por más que escondieras las manos estaban frías e igual los pies.
Mi madre me había advertido que me llevara un suéter pero no le hice caso. Usualmente ella exageraba mucho en eso, a veces en pleno verano me obligaba a cargar uno para ir a la escuela por precaución.
Había pasado las mejores dos semanas de mi vida junto a TK y fue tan rápido que me parecieron un sueño.
Acepté salir con él pese a las circunstancias. El futuro no era algo que me preocupara, sabía que nada estaba escrito y las cosas podían cambiar de un momento a otro. O al menos una parte de mí esperaba que así fuera mientras otra me decía "deja de pensar en eso".
Salíamos a comer, a caminar, hablaba con él todos los días y el laboratorio… pasaban muchas cosas mientras lo ayudaba a terminar su tesis.
Tanto mi madre como Tai sabían que algo me estaba pasando. No era normal en mí usar vestidos, sandalias y maquillaje. Siempre había sido más la chica de playeras y tenis. Pero no quería decirles nada. No estaba dispuesta a recibir un sermón sobre las relaciones y darles pie a que pensaran mal de TK.
Tanto Yolei como Joe no estaban muy de acuerdo con lo que estaba haciendo. Ambos pensaba que él se estaba aprovechando de mí porque sabía lo que sentía y yo sólo era su diversión antes de irse. Pero yo no lo veía de esa manera, yo sabía que TK sentía algo también, sólo que no hablábamos de eso.
Esa tarde un doctor en ciencias me pidió que me quedara a limpiar uno de los laboratorios. Mientras otros compañeros se quejaban, a mí me gustaba hacerlo, encontraba relajante aquello de limpiar probetas, matraces y demás instrumentos.
Ya que no tenía prisa por regresar a casa, entré al laboratorio, puse música en mi celular y comencé limpiando una mesa de aluminio en la que habían derramado una especie de pegamento blanco, aunque con un olor más fuerte. Cogí una espátula y fui quitando poco a poco la muestra pero sin rayar el aluminio. Después de esto limpie bien y fui llevando los instrumentos a un fregadero. Y una vez que vi todo lo que tenía que lavar me reí. Si mi madre viera lo que hago seguro me regañaría quejándose de que en casa no le ayudo a lavar los trastes.
Sonó Smells like teen spirit de Nirvana y me puse a tararearla sin darme cuenta que alguien llevaba un rato observándome gustoso.
-¿TK!- me sorprendí al verlo, recargado en la puerta. No lo había escuchado entrar.
-Hola, bonita.- saludó, acercándose a mí.- ¿Te han dicho que te ves muy sexy cantando?- me ruboricé toda y él se rió.
-No… pero gracias.- dije, apenada. TK me besó y de inmediato se me erizó la piel. El roce de sus labios, el dulce néctar de su aliento, eran mi droga, él era mi perdición.
-¿Ocupas ayuda en algo?- preguntó, separándose un poco pero sin soltarme de la cintura.
-No, ya voy a terminar.
Seguí lavando, sólo me faltaban tres pipetas. Él se sentó y curioseó con mi celular, cambiando las canciones hasta hallar una que le agradara.
De reojo lo miraba. Llevaba una camisa verde de botones, con las mangas arremangadas hasta los codos, jeans y sus inconfundibles converse negros. Me tuve que morder el labio para reprimir una sonrisa que se me escapaba al imaginarme escenarios en donde ambos quedábamos sin ropa.
-Tienes buen gusto en música.
-Lo sé.- respondí al instante y luego me arrepentí. TK se rió.
-Me agrada tu modestia.- se levantó y se acercó a mí. Me enrojecí.
-¿Sólo eso?- pregunté divertida. Él estaba a escasos centímetros de mí, me fui haciendo hacia atrás hasta que me topé con una mesa. Me tenía atrapada y eso me gustaba aún más.
-Y también tu cabello.- dijo, dándome un beso en el cuello.- Y tus ojos.- otro beso al otro lado del cuello. Mis piernas temblaban y si seguía así no iban a sostenerme bien.- Y tus labios…
Se quedó mirándome sin dejar de sonreír. Y ahí estaba, en su mirada, la cantidad de sentimientos acumulados. La necesidad de estar a mi lado; de sus ojos escapaba un brillo radiante que sólo una alegría genuina puede provocar.
Pasé saliva y miré sus labios. Sus manos recorrieron mis brazos, mi cuello, acariciaron mi cabello, después bajaron hasta mi cintura y pegó su frente a la mía. Lo vi cerrar los ojos. Tenía su aliento en mi nariz. Acaricié su pecho, lo rodee con mis brazos por su cuello y jugué con su cabello.
Y entonces noté que algo no estaba bien.
-¿Qué sucede?- pregunté.
-Esto no está bien, Kari.- dijo, levantando la cabeza para verme de frente.
-¿De qué hablas?
-Vamos a salir muy lastimados cuando me vaya. Eso no es justo para ti.
-¡TK! Basta, recuerda que esa es mi decisión.- él negó con la cabeza y se separó de mí, dándome la espalda.
Sabía que esto sería difícil pero no esperaba que tan pronto y que a él le estuviera afectando así.
-No pensemos en eso, ¿vale?- dije, y lo abracé por la espalda.
-Pensarás que es una locura, pero no quiero imaginarme mis días sin ti.
Me ruboricé ante su comentario y me embriagó una sensación que felicidad y melancolía al mismo tiempo. Era la primera vez que me sentía importante para alguien.
Para mí también sería difícil y en varias ocasiones se me escapaban lágrimas al imaginarme yendo todos los días a la escuela y que él no estuviera ahí.
Se había convertido en una parte importante. Algo esencial. Todo lo que hacía era pensando en él.
-TK…- él se volteó y me miró con ternura.- Vamos a estar bien.- acentué cada palabra y sonreí. Quería que él sintiera que eso no me afectaba.- El tiempo vuela, hay muchos medios de comunicación…
-¿Y los besos… las caricias…?- dijo, tocando mis dedos.
-Esos hay que aprovecharlos ahorita.- acaricié su mejilla y lo besé.
Sus labios se aferraron a los míos y sus manos recorrieron mi cintura pegándome a su cuerpo como si quisiera fusionarse conmigo. Toqué sus hombros, su espalda, su pecho… poco a poco sentí que fue haciéndome hacia atrás hasta que me topé con la mesa.
Sin poner mucha fuerza TK me levantó por la cintura y me senté ahí. Sonreí, ahora mi rostro estaba a su altura. Acaricié su cabello y luego deslicé una de mis manos a su cadera, levanté su camisa un poco y toqué su piel. Lo adoraba. Mientras su lengua se encontraba con la mía.
Lo rodee con mis piernas y así estuvimos un buen rato hasta que nuestros pulmones nos exigieron oxígeno.
TK me acompañó a casa esa noche.
Y una vez que me encerré en mi cuarto, me tiré en la cama y las lágrimas empezaron a salir una tras otra por mis ojos, mojando mis mejillas y mi colcha.
Solamente estaba engañándome a mí misma. Eso no estaba bien y lo sabía. Sabía que me haría un daño terrible seguir en esa situación y, sin embargo, quería seguir intentando. Porque ya no concebía estar un minuto más separada de él.
Dios, ¿qué voy a hacer cuando se vaya?
But it's true... that I was made for you (8)
