Los verdaderos motivos por los cuales había aceptado ese matrimonio, era el pánico a la irritación de William cuando se enterara de la anulación de la adopción seguro haría una locura y no le importaría de la vida ligera que tenía esa "niña" además si la lograba convencerla, el patrimonio quedaría en manos de la familia y no con un vagabundo sin nombre. No comprendía como sus sobrinos se encaprichaban con ella.
Candy estaba fría y temblaba, no podía creer lo que estaban ordenando solo bajo la cabeza y junto las manos. La tia abuela creyó que con solo decirle que eran deseos de William ella aceptaría, pero que tan equivocada estaba.
– Nunca. – fue primero un rumor tenue que apenas alcanzo a escuchar la Señora Elroy.
– ¿Qué te atreviste a decir? – bramo con enojo.
–¡Nunca! Los odio, odio a toda esta familia para mi ustedes fueron lo peor que me paso en mi vida, aun peor que me dejaran abandonada al nacer. Debieron mandarme a México, dejarme en establo antes que haber formado parte de esta familia. – sin darse cuenta saco todos los sentimientos que tenia por ella, por Neal y sobre todo por el abandono de Albert. Se dio la media vuelta dejando a la tía sin palabras, azoto la puerta de la biblioteca. Neal trato de detenerla y lo único que recibió fue un puñetazo que lo dejo en el suelo. Eliza grito llamando a la tía abuela y a los sirvientes. Samuel trato de calmarla al igual que la criada que le abrió la puerta pero nadie quiso tan siquiera acercársele, había roto la nariz a Neal de un golpe.
Salió de la mansión deseando morir y casi lo logra, George apenas pudo frenar, asustado solio del auto y se sobresalto cuando se percato que era Candy. Si continuaba con esa familia moriría preocupación. Cuando se acerco a ella, la vio llorando y antes de poderle preguntar que pasaba comenzó a gritarle.
– ¿Por qué? ¿Cuántas veces se han reído de mí? Dile al Señor William que no quiero saber nada de él y de su familia, puedo seguir sola mi vida. – Sin entender que pasaba y al observar que se juntaba gente en la calle y la Señora Elroy acompañada de sus nietos salían de la casa metió a Candy como pudo al coche.
– Por favor, seria tan amable de contarme que pasa.
– ¡Como si no lo supiera! Tú eres el mandadero de esta familia. – Eso le dolió, se dio cuenta que en verdad estaba enojada pensó que en cualquier momento le saltaría encima y lo iba a matar pero de todas maneras continuo.
– En verdad no se que está pasando, pero debe de ser algo grave de lo contrario no estaría así señorita Candy.
– Me quieren casar con Neal y el abuelo William ya lo aprobó. – en ese momento la furia se transformo en un llanto y George entendió.
– Le puedo asegurar señorita, que el señor William nunca aprobaría esa unión y mucho menos si usted no está de acuerdo. – Desobedeciendo todas las órdenes tanto de Albert como de la señora Elroy emprendieron el camino hacia Lakewood. Al principio ella no entendía por que salían de la ciudad temiendo que la fueran a encerrar mientras se preparaba la boda.
– ¿A dónde vamos? A nadie le avise que saldría de la ciudad. Por favor regresame a mi departamento. – Pensó en huir en ese momento al hogar de Ponny.
– El señor William se encuentra en Lakewood ahí podrá hablar con él y despejar todas sus dudas, le aseguro que él no aprueba esa unión. – Durante todo el camino pensaba en las dificultades que se encontraba ya había hablado de la anulación con Albert y tuvo que soportar sus arrebato, por primera vez él le había gritado y pensaba como se pondría después de esto. No hablo con Candy en todo el viaje.
Al llegar a la mansión no entraron por la puerta principal, lo hicieron por un camino de terracería que daba a la casa de los empleados. Candy estaba extrañada.
– Sólo esta Doroty, tengo que infórmale que usted está aquí, no hay mas empleados en la casa, el Señor William siempre está en el salón de los cuadros. – Cuando la vio dudando, completo. – El que tiene la vista al jardín principal.
Camino por la mansión, George tenía razón, no había nadie, la mayoría de los muebles se encontraban cubiertos por sabanas y el polvo de años la hacían ver abandonada, ¿Desde cuándo nadie habitaba esta casa? ¿Acaso seria desde que partieron a estudiar a Inglaterra? Los recuerdos llenaron su mente y por un momento se arrepintió de haberle gritado tanto a la tía.
Al entrar al salón de los cuadros solo pudo ver un sillón y suponer que ahí estaba el tío abuelo William. Mientras tanto en ese sillón Albert pensaba por que Candy había vuelto sola de su viaje y como la extrañaba, se arrepentía de no haberla besado y decirle lo que sentía por ella.
