Hola! Les traigo capítulo nuevo, espero que lo disfruten!

Va dedicado a Fernii Bowie y a RenBellatrix por comentar y transmitirme sus ganas de seguir leyendo. Me inspiran a seguir escribiendo sobre mis infieles favoritos.

¡Disfruten la lectura!


El Entrenador

10

Despertó en su casa, era lunes y su rutina no debía esperar. Salió de la cama cuando el sol aún no se ponía. Narcissa permanecía dormida, y él ya había salido del cuarto tratando de no despertarla.

Terminó sus ejercicios y se metió a la ducha, el agua caliente le causó un ligero ardor en la espalda. Algo desconcertado, se miró al espejo limpiando el vapor para poder apreciar mejor su reflejo. Al fijarse bien, pudo contemplar unas marcas que le recorrían todo el largo de su anatomía.

Una marca visible de lo que había hecho el viernes.

Trataría de no ser visto por su mujer. No es que se presentara últimamente la ocasión para estar sin camisa frente a su esposa, pero de igual forma debía ser precavido.

—¿Lucius? —la voz de Narcissa se escuchó del otro lado de la puerta. Agradecía haber recordado poner el cerrojo para que nadie pudiera entrar.

—¿Qué pasa?

—Hoy no podré hacerte el desayuno, tengo que ir con mi hermana al hospital.

—Esta bien.

Fue lo único que pudo contestarle a su esposa. Sintió un alivio al saber que no le vería aquella mañana. Ahora se sentía ajeno, ajeno a aquella casa, a su matrimonio. A todo lo que lo rodeaba últimamente.

Aquella mañana se hizo su propio desayuno, estaba solo en el comedor. Nunca había estado solo en esa mesa. Draco aparentemente también se había ido temprano. Se sintió tan extraño no compartir sus alimentos con su familia, incómodo hasta cierto punto.

No importaba si fuera por rutina, o por cualquier otra cosa, extrañaba comer con su familia. Empezar el día viendo a las dos personas que siempre lo habían acompañado. Pero ahora, sus malditas acciones lo hacían alejarse de todo lo que había construido por casi dos décadas.

¿Qué tan dañado podría estar? Si todo lo podía derrumbar con la simple presencia de Hermione Granger.

•••

Narcissa Malfoy acudía varios días de la semana al psiquiátrico de la ciudad. La hora de visita era por las tardes, pasadas las cinco. Pero ella tenía el privilegio de acudir a cualquier hora, cualquier día.

Era localmente conocido que su hermana Bellatrix estaba internada en esta institución. La mantenían a raya, completamente controlada. A salvo de sí misma, e indudablemente, poniendo a salvo a los demás.

Aquella mañana, prefirió estar en compañía de su alocada hermana. Al menos así podía sentir que el daño que ella sentía era nulo, comparado con el daño por el que atravesaba Bellatrix. Entró a la habitación de su hermana, la encontró sentada en su escritorio escribiendo como loca en una vieja máquina de escribir. Era una terapia que había estado dando resultados, la calmaba hasta cierto punto.

—Creí que no volverías si no hasta el sábado —le hablaba su hermana sin voltear a verla, mientras escribía un par de palabras más.

—Es un agradable día, Bella. Me apetece pasarlo a tu lado.

—¡JA! —la sonora carcajada alarmó un poco a Narcissa. La delgada figura de su hermana se puso de pie, observándola con ojos desorbitadamente divertidos—. ¿Soy yo mejor compañía que tu perfecto Lucius? ¿Al fin superé tus expectativas hermana?

No era un secreto que Lucius siempre era la prioridad número uno de Narcissa. Dejando de lado, incluso, a su propia hermana.

—No me vengas a molestar con eso. Hoy no por favor —la súplica con la que habló bastó para que su hermana cambiara el gesto y la mirara con una leve aura de comprensión.

—No todo va de maravilla en el paraíso Malfoy, eh.

Su hermana siempre lograba atacar con la verdad más cruda. Era rudo y masoquista, pero nadie le hacía ver lo frágil de la realidad como Bellatrix.

¿Qué tan dañada estaba, cuando su enferma hermana era la única que lograba comprenderla?

•••

El día transcurrió sin percance alguno dentro de la preparatoria. Se acercaban los exámenes finales y ella intentaba sumergirse de lleno en sus estudios. Anhelaba que la lectura la sumergiera en un mundo donde no tuviera que buscar constantemente con la mirada al entrenador. Recordaba, como en los meses anteriores, sus estudios lo eran todo. Bastaba con una agenda apretada y una pila grande de deberes para sentirse satisfecha con su día a día.

Ahora, ahora miraba por la ventana a cada instante. Para buscar en la cancha al entrenador mientras impartía sus clases. Ahí estaba él, incluso a lo lejos podía distinguir sus gestos, sus movimientos. Cómo se limpiaba el sudor de la frente, todo eso, lo complementaban para formar a un hombre sumamente atractivo.

Así como se limpiaba el sudor frente a la clase, recordaba cómo de esa misma forma se había limpiado el sudor cuando estuvieron juntos en aquel motel. El sólo recuerdo de aquel cuerpo desnudo sobre ella la hacían temblar, provocándole un choque en su pecho. A tal punto de sentir dolor, pero anhelando a cada instante que esa sensación volviera.

El frío de Londres ya no le calaba, ahora un fuego había despertando dentro de ella, invadiéndola, pidiéndole más. Ella ya no era la misma.

—Hola Granger —despegó sus ojos de las canchas, alarmada, para mirar a quien le hablaba. Un rubio estaba parada justo frente a su pupitre, le sonreía. Él jamás le había brindado una sonrisa.

—¿Qué pasa Malfoy? —le respondió fríamente mientras se cruzaba de brazos.

—¿Por qué no acudiste a nuestro encuentro el viernes?

—¿Nuestro? Bueno, Malfoy, jamás te dije que iría.

Draco no sabía qué más decir, por donde mas llegarle. Nada. Ahí estaba ella con su pared, su maldita pared que incluso él mismo ayudó a construir. Sentía una desesperación tremenda, absurdo a tal grado de verse rechazado por la nerd de la clase. "Vaya nerd" pensaba cada que la veía caminar, cada que la observaba estudiar, cada que la oía contestar en clase cada pregunta.

Para Hermione, Draco solo era un odioso, tantos años de maltrato la hicieron no tomarle importancia en lo absoluto.

Miró nuevamente por la ventana, el entrenador se encontraba solo, había dado por terminada su clase. En ese instante el timbre sonó, indicandoles a todos que el final de las clases había llegado. No tardó ni cinco segundos en guardar sus cosas y salir deprisa del aula.

Necesitaba verlo, hablarle. Necesitaba su sonrisa, y sus ojos sobre ella. Necesitaba esa adrenalina, como si de unos fugitivos se tratara.

Salió del edificio y se dirigió por el camino hacia las canchas. Pudo ver como Lucius se echaba su maleta al hombro, dispuesto a marcharse. Antes de dar media vuelta, reparó en ella. Sonrió coquetamente, y le hizo señas para que lo acompañara. Hermione aceleró el paso, decidida a su encuentro.

Se encontraban a pocos metros de distancia, cuando alguien la tomó del antebrazo haciéndola voltear. No tuvo oportunidad de hablar, ni de alejarse; Draco Malfoy la atrajo hacía sí, atrapándola por el cuello, estrellándole un beso en los labios.

¿¡Cómo se atrevía!? Justo con toda la escuela mirando, justo a la hora de salida. Quería golpearlo, pero sus brazos estaban paralizados por el rubio que la sujetaba. Pero al parecer alguien había compartido las mismas ideas que ella tenía, el entrenador llegó y apartó de un empujón a su hijo.

—¿Pero qué..?

Draco no tuvo oportunidad de preguntar nada más, el puño de Lucius se impactó en el rostro de su hijo, con la misma fuerza de un marro.

Ahora todo se había salido de control.