Fate.
Disculpas.
Edward condujo por la ciudad por al rededor de 20 minutos, mientras yo maquinaba en mi cabeza como iba a explicar a Alice y Sue mi huida de la casa.
Sonreí.
-¿Que pasa?.- pregunto Edward mientras giraba en la Avenida Principal.
-Nada, solamente considerando posibles respuestas para explicar a mi Nana y a Alice porque salí tan apresurada de la casa.- dije haciendo una mueca.
-Puedes decirles la verdad.- dijo simple. Lo miré.- ¿Qué?. El hecho de que aún no me tengas confianza a mí no quiere decir que ellas se crean cualquier cosa que les digas.- dijo encogiéndose de hombros.
Sonreí.
-Saliste más listo de lo que pensaba.- dije divertida. El sonrió.
-Ese soy yo, un hombre demasiado inteligente.- sonrío. - Mira está es la empresa donde trabajo.- dijo mientras un gran y alto edificio se extendía sobre nosotros. Lo miré asombrada.
-Así que eres todo un hombre de negocios, ¿no?.- dije admirando los cristales del lugar.
Era un edificio de aproximadamente 6 pisos cubierto todo con celdas panorámicas de cristal que reflejaban el exterior. Quizá la vista era solamente de dentro hacia afuera para evitar accidentes.
Al costado del edificio mayo estaban dos de cada lado de tres y dos pisos cada uno.
-Edward.- llamé.- ¿En que trabajas?.- pregunte curiosa.
-Yo...- dijo pero un ruido insistente no lo dejo terminar. Lo miré mientras el giraba a la derecha para entrar en la parte subterránea del edificio. Acomodo el automóvil y saco rápidamente su móvil.
-Edward Cullen.- dijo de forma varonil y profesional. Sonreí.- Sí, de hecho acabo de aparcar. Subo en un momento. Llévalo a la Sala de Juntas. Ahora voy.- dijo mientras fruncía la boca. Guardó su móvil y se quitó el cinturón.-¿Vamos?.- pregunto.
Asentí.
Se bajo del auto y rápidamente le dio la vuelta al automóvil y me abrió la puerta.
-Gracias.- dije mientras el cerraba la puerta y ponía sutilmente su mano en mi cintura guiándome al ascensor.- Bella ahora que subamos te dejaré en mi oficina mientras recibo a un cliente en la sala de Juntas, está bien?.- preguntó.- En cuánto termine te llevaré con Rosalie para que te cambies de ropa.- dijo sonriendo.
Asentí.
-Edward.- dije haciendo que me mirará.- No quiero molestar, pero desearía llamar a casa para no preocupar más a Sue y a Alice.- dije haciendo una mueca.
Edward me miró y sonrió.
-Haz lo que tengas que hacer, vale?.- dijo mientras acariciaba mi mejilla. Sonreí.
El ascensor se abrió y revelo una estancia muy elegante. Con cuadros y cuadros de marcas conocidas, y algunas fotografías de actores de antes. Sonreí. Me recordaba un poco a Marie.
-Sigueme.- concedió mientras tomaba mi mano y nos abría paso entre la gente que caminaba apresurados de un lado a otro.- Josephine.- dijo Edward haciendo que alzará la vista.
Una chica de mas o menos mi estatura, con cabellos rojos teñidos y piel apiñonada estaba frente a nosotros. Tenía un vestido corte empresarial de tela rígida pero cómoda de color caquí y un gafet colgando del pequeño saco de un tono café borgoña que traía.
-Buenos Días, Sr. Cullen.- dijo ella con una sonrisa amable.
-Buenos Días.- respondío Edward.- Ella es la Srita Swan.- dijo señalandome. Me ruboricé. Josephine me miró de arriba a abajo y sonrió con un chispa de diversión en sus ojos. Seguro por mi vestimenta. Asentí en forma de saludo mientras extendía mi mano.
-Buenos Días, Isabella.- dije dándole la mano.
-Buenos Días, Srita.- dijo respondiendo a mi saludo.
-Ella se quedará en mi despacho mientras hace una llamada, por favor sí en 20 minutos no he vuelto, te pido le pidas a Rosalie suba y le informes que necesito su ayuda con el vestuario de la Srita.- dijo Edward. Josephine asintió y se encaminó a las grandes puertas de madera a un costado del escritorio que ella ocupaba.
-Pase por aquí Srita..- dijo amable. Asentí.
-Gracias, y por favor.- dije mirandola.- dime Bella.- Sonreí.
-Ella asintió y se alejó de nosotros rumbo al ascensor. Edward miró hacia dondé iba Jo y después me miró a mí.
-Haré lo posible por terminar pronto, está bien?.- dijo sonriendome.- Prometo que después de esto, te llevaré a que conozcas un poco más la Ciudad.
-No te procupes.- dije para tranquilizarlo.- No quiero importunarte Edward, seguro está muy ocupado.- dije preocupada.
-Que va.- dijo restandole importancia.- Lo que tenía que hacer ya lo hice, esto es extra. Y no me importunas en nada, Bella, creélo.- dijo mientras se acercaba a mí y besaba mi mejilla.
Sentir sus labios cálidos provocó que me ronsojará. Baje la mirada y logré escuchar su risilla. Fruncí el ceño.
-Te burlas de mí?.- dije poniendo mis brazos en jarras. El río.
-Claro que no, tonta.- dijo mientras me volvía a dar un beso fugaz en la mejilla y se alejaba.
-Volveré pronto.- se despidió.
Suspiré y sonreí.
Pase al interior de la oficina, maravillandome con lo pulcra y elegante de está. Era al estilo Edward. Varonil, y divertida. Sin mencionar que la vista era maravillosa. Desde ahí podías ver casi media ciudad circulando de un lado a otro. Cerré la puerta tras de mí y me encaminé al escritorio. Me senté y tome el teléfono marcando el número de celular de Alice.
Espere un momento, quizá unos dos segundos cuendo de pronto escuche su alarido.
-ISABELLA SWAN...!.- gritó del otro lado. Arrugue la cara por la sorpresa de su grito.
-Como supiste que era yo?.- dije intrigada.
-¿Quien más me iba a llamar de un teléfono fijo en Londres? ¿La reina?.- dijo esceptica.
Buen Punto.
-Cierto.- dije sonriendo.- Tranquila, vale?.- dije para tratar de calmarla.- Lo lamento, seguro Sue ya te contó y se armó un gran jaleo ahí, cierto?.- dije apenada.
-Sí, Bella, la pobre mujer subió corriendo a mi habitación a despertarme y zarandearme de un lado a otro gritando que te habías ido.- dijo histerica.- ¿Sabes lo que me preocupé de que te pudiese pasar algo? Somos nuevas aquí, y por más que allás leído guías turísticas sobre Londres, no quita que te puedas hacer daño Y más después de lo de ayer.- dijo molesta. Suspiré.
-En verdad lo lamento, es solo que te juro que no sé que paso, Me sofoqué, sentí que me estaba ahogando Alice, son tantas cosas en tan poco tiempo. No es fácil de digerir. Lo único que quería era que se me olvidará todo, huir de ahí.- dije sintiendo la ansiedad de nuevo. Aspiré y trate de calmarme.
-Oh, Bella.- dijo Alice más tranquila.- No te puedo decir que te entiendo, pues sabes bien que no he pasado por eso, sin embargo sabes que estoy para tí siempre, amiga.- dijo conciliadora.- Pudiste haberme despertado, o no sé decirle a Félix que te llevará a algun lado. Te pudo haber pasado algo Bella, y eso tampoco está bien.- dijo triste.
-Lo sé, y lo siento. Muchas Gracias Alice.- dije sonriendo.- ¿Cómo está Sue?.
Escuché una pequeña risita.
-Se bebió como 6 tazas de té de hierbas para sus nervios, ten por seguro que te esperan un par de nalgadas aquí.- río.- Ahora está en la cocina entreteniéndose.- dijo Alice.- ¿Por cierto, dondé estás? ¿Quieres que le diga a Félix que me lleve a recogerte?.- dijo intrigada.
Suspiré.
-Alice, no te preocupes.- dije tranquila.- Y en cuánto a lo otro.- dije.- ¿recuerdas al chico que nos ayudo ayer?.- pregunté.
-Al que nos hizo el favor de traerte a casa?.- preguntó confundida.
-Sí, el mismo.- dije asintiendo con la cabeza aunque sabía que no podía verme.- Pues verás. Mientras maneaba en la moto me lo tope en la calle.- dije mientras hacia circulos con mi dedo en la madera del escritorio.- De hecho casi chocamos.- dije cerrando los ojos esperando el regaño.
Un jadeo se escucho del otro lado.
-BELLA.- gritó.- Mujer demente, que te pasa, te pudiste haber matado.- siceo.
-Lo sé, lo sé, escucha.- dije rodando los ojos.- En fin, nos topamos y me reconoció, me vio en pijama y seguro hambrienta y me invito a desayunar, fuimos por un café y un panqué delicioso- te llevaré pronto a probarlo- en fin, desayunamos viendo la Abadía y pues ahora estoy en su oficina, esperandolo para que me presente a una chica que me dará algo de ropa decente.- dije de un respiro.
-Amiga.- dijo Alice alarmada.- Tienes menos de una semana aquí y ya estás flirteando con un británico?.- pregunto divertida. Reímos.
-Calla, que sabes que no estoy para eso.- dije triste.- Al menos no tan pronto.
-Bella.- dijo Alice seria.- Sé que lo que Mike te hizo no tiene nombre y mucho menos apellidos, pero debes dejarlo atrás, él no vale la pena, cariño y no con eso te digo que te tires a los brazos del chico London.- dijo asertiva.- sino que debes superarte, quedamos que este iba a ser un nuevo comienzo.- dijo.
-Lo sé, Alice.- dije suspirando.- Solo que es difícil olvidar 5 años de relación quieras o no me acostumbre a él.- dije triste.
-Es cierto, sin embargo debes seguir adelante.- dijo.
-Alice...- dije pero no pude terminar.
-¿Hola?.- dijo una voz aparte impidiendo que le respondiera a Alice.
Alcé la vista y vi una cabellera rubia suelta enmarcando una cara perfilada y fina asomada detrás de la puerta de madera. Era muy guapa la chica, a pesar de que me veía con el seño fruncido.
-Amiga, me tengo que ir.- dije a Alice.- Nos vemos después en casa.- dije y sin esperar respuesta colgué.
Me puse de pie y trate de alizar apenada mi ropa.
-Buenos Días.- dije
-Buenos Días.- dijo la chica adentrándose en la habitación.- Perdona, pero ¿quien eres?.- dijo confundida.
-Lo lamento.- dije apenada.- Mi nombre es Isabella Swan.- dije tendiéndole la mano.- supongo que eres Rosalie, cierto?.- dije sonriendole.
Asintió devolviendome la sonrisa.
-Así es.- dijo tomando mi mano.- Mucho Gusto, cariño.
Rosalie se sentó en la silla frente al escritorio y yo tomé asiento. Me pregunto que si a caso sabía para que la llamaba Edward, a lo cuál yo le explique la situación, claro sin entrar en detalles de mi pasado, y ella no paraba de reír. Al ver mi atuendo empezó a farfullar que cosas podrían quedarme. Era agradable.
Al parecer ella llevaba ya 3 años trabajando en la Empresa como Diseñadora y que le fascinaba su trabajo. Me contó que Edward era un gran jefe, a veces cuando las campañas iban atrasadas se ponía insoportable, pero no pasaba a más.
-Bella.- dijo Rose-ahora me dejaba llamarla así-.-Perdona la indiscreción, pero ¿ qué te trajo a Londres?.- dijo intrigada.
Suspiré.
No sé porqué pero sentía que podía confiar en ella, Era una chica realmente amable y me había tratado bien independientemente de saber si era amiga de su jefe o no.
-Verás yo..- comencé pero el ruido de la puerta siendo abierta abruptamente me sobresalto. Me puse de pie de golpe y miré en dirección a la entrada.
-Me puedes explicar porque no me habías dicho que tú eres la Nieta de Gissel Marie Swan?.- dijo un Edward molesto mirandome fijamente.- Que pretendías?.- pregunto.
-Perdón?.- dije sorprendida. ¿Quien demonios le había dicho de mi abuela? ¿Qué piensa él que puedo pretender?.
Gruñí internamente.
Al parecer aún no terminaban las discusiones.
