Inuyasha © Rumiko Takahashi
10 Orgullo
Kagome pensó que se trataba de una broma y por poco lo acusó de burlarse de ella, pero nada en la faz de Sesshomaru Taisho hablaba de sátiras; su mandíbula tensa denotaba nerviosismo y la fuerza de su mirada, todo su peso en ella, la convencía poco a poco de que acababa de decir una verdad. En ese momento se ruborizó con un brío tal que ningún maquillaje habría hecho la magia y sintiéndose expuesta agachó un poco el rostro.
—Lo que pretendo confesar es de larga data, tal vez desde la primera vez que la vi. Ese día supe que usted es la clase de mujer que querría para mí. No obstante, obstáculos como mi posición y la suya, mi situación en la vida, mis deberes familiares y la inferioridad de sus circunstancias me supieron mantener a raya. A pesar de ello, no he podido desarraigar estos sentimientos y le solicito que me considere con la seriedad que yo la considero a usted.
—¿Considere…?
—La quiero en mi vida, señorita Higurashi, con todo lo que eso supone.
Aunque había decidido que mantendría a ese hombre en su lista de personas no gratas, no estaba en su naturaleza desestimar los sentimientos ajenos, ciertamente no los de Sesshomaru Taisho; decidió que lo respetaría por ello, porque abrirse así es de valientes, y que lo mínimo que le debía era corresponderle con delicadeza.
—A pesar de que nunca deseé su buena opinión sobre mí, debería darle las gracias por todo lo que ha dicho. Supongo que si existiera, efectivamente, gratitud en mí podría ser más concluyente pero como bien ha dicho usted mismo, esos son sentimientos de los que ha intentado deshacerse y que ha concedido en contra de su voluntad. Asumo que todas esas cuestiones que lo frenaron en el pasado lo ayudarán a desarraigar tales afectos eventualmente.
A juzgar por la sombra que cruzó su semblante, Sesshomaru no esperaba tan categórica negativa. Desvió la mirada con el fin de aplacar el infierno que se había desatado en su cabeza y decidió que nada diría hasta recuperarse completamente. Paseó sus ojos por todo el amplio recinto, se sometió a la aceleración de su respiración y dando un amplio paso hacia atrás, irguió aún más su espalda y desde su altura la miró.
—Quizá me permita usted preguntarle por qué se me rechaza poniendo tan poco empeño en aparentar cortesía.
—Yo podría también preguntarle —replicó, elevando la voz un tono— por qué ha decidido confesar, con evidente intención de ofenderme e insultarme, que le gusto en contra de su razón. Además, tengo otros motivos, más graves incluso, que usted bien conoce.
—Ilumíneme.
Kagome se sintió fustigada por su insospechado sarcasmo:
—Aunque tuviese mi favor y mi estima, ¿cree que podría acceder a profundizar un vínculo con la persona que tuvo el atrevimiento de obrar en contra de la felicidad de mi más querida amiga?
La reacción de Sesshomaru se vio en su lenguaje corporal: sus hombros que cayeron un centímetro y los puños que se abrían.
—¿Niega haber tenido participación en esa absurda opinión colectiva sobre lo que ustedes creían que era mi amiga?
—No —repuso entonces, en calma y con una voz neutra—, no lo niego.
—¿Cómo pudo? —Kagome sintió una pequeña cosa dentro suyo hacerse añicos cuando lo escuchó corroborarlo. No supo por qué, pero había creído, había deseado, que efectivamente todo hubiese sido una fabricación de Inuyasha, una mentira, que Sesshomaru no podría nunca haber hecho eso, no en contra de su amiga.
—Observé a su amiga con gran atención en todas las oportunidades que departió con Miroku. Obré con sinceridad.
—¿Observaciones? ¿De qué habla? ¿Acaso no la vio feliz esa vez en el bar?
—Sí, pero situaciones posteriores comenzaron a convencerme de lo contrario. Fue durante su cena de cumpleaños que me convencí de que Sango no correspondía a los afectos de mi amigo.
—¡Estaba nerviosa!
—No fue esa mi lectura.
—Cuando todo se terminó con Miroku, apenas me dijo a mí lo que había ocurrido y ni siquiera yo advertí qué le pasaba, hasta que habló. ¿Qué le hace pensar que su lectura iba a ser correcta?
—No me arrepiento de mis acciones. Obré de buena fe.
—Tengo otra razón —prosiguió, vapuleada por el calor de la conversación—. Mi opinión de usted ya la tenía formada desde antes. Supe la clase de persona que es después de escuchar el relato de su medio hermano.
Allí Sesshomaru perdió cualquier vestigio de recolección y dando un corto paso hacia ella, Kagome le pareció sentir su instinto de supervivencia activarse.
—¿Inuyasha?
—¿Cómo calificaría su actitud para con él, también obró de buena fe?
—Demuestra mucho interés en la suerte de esa persona.
—Después de oírlo hablar de sus infortunios…
—¡Infortunios! —siseó.
—Causados por usted —rectificó—. ¿Cómo se atreve a tratarlo con sarcasmo después de ser el autor de su humillación, de privarlo de sus derechos familiares?
Sesshomaru sintió, supo, que habían arribado a un punto de inflexión y advirtió que cualquier cosa dicha en profundidad a partir de ese momento sería sólo doloroso, sospechaba que no tanto para ella como para él.
—Y ésta es la opinión que tiene de mí —habló—. Según estos cargos de los que me acusa, mis faltas son verdaderamente graves. Pero quizá esas ofensas podrían haberse pasado por alto si su orgullo no se hubiese sentido herido por mi sincero reconocimiento de los escrúpulos que me impidieron durante largo tiempo confesar mis sentimientos.
—¿Mi orgullo?
—¿Acaso cree que podría regocijarme en pensar en una persona cuya unión me sería tan desventajosa?
—¿Y esas son las palabras de un hombre bien educado? —espetó, impresionada— Nada de lo que hubiese dicho me habría hecho siquiera considerar permitirme intimar con usted. Nada.
Sesshomaru pensó un segundo más en ella, la vio tan cerca que pensó en ella. En el tiempo que luchó contra sí mismo, meses y meses intentando arrancársela; en que había tenido la osadía, el atrevimiento de pensar que esa mujer tal vez, de alguna manera, estaba destinada a compartir su camino.
—Discúlpeme por haber abusado tanto tiempo de su paciencia. Que disfrute la velada —y sin esperar nada, sin dispensar otra mirada, Sesshomaru pasó a su lado y abandonó el salón.
Kagome no se arrepintió de sus palabras, ni en ese momento ni después; no pensó en que había sido dura, cruel o insensible, por eso descansó en su idea de que había sido sensata, coherente y, sobretodo, fiel a sus principios, a su amiga.
Lo que no entendería es por qué tras decir tanto y de tanta envergadura se sentiría tan desdichada. Si se arrepentía no era porque creyera que se había equivocado de argumento, sino por las consecuencias para ella misma: ese extraño vacío en su interior, esa brisa fría que la recorría, como si hubiese dado una bocanada fuerte en una mañana de invierno, esa necesidad de volver el tiempo atrás y…
¿Para qué?
Secó unas lágrimas sublevadas y se fue de ese lugar.
Poco días transcurrieron hasta que Sango la abordó. Su estado de ánimo era evidente hasta para las plantas de la esquina, especialmente el helecho, que ya tenía las puntas de varias hojas secas. Pero no se atrevía a contarle todos los hechos, hacerlo implicaría filtrar lo acontecido con Miroku y las razones de su distanciamiento, implicaría exponer las palabras de Sesshomaru, increíbles pero crueles, porque jamás olvidaría que parte de sus motivos para prorrogar su confesión era la "inferioridad de sus circunstancias", sería pararse de frente a la humillación y al apercibimiento de sus propias emociones.
—Kagome, estoy preocupada.
—No pasó nada, Sango, fue una fiesta aburrida. Además, resultó ser el cumpleaños de la hermana de Sesshomaru Taisho.
La mención de ese nombre suponía otras cuestiones para su amiga y Kagome prácticamente le leyó el pensamiento.
—¿Hablaron?
—Lo mínimo.
—¿Dijo algo de…?
—No —y antes de que viera la mentira en sus ojos, se concentró nuevamente en su computadora—, no dijo nada.
Sintió los pasos de Sango alejarse y se esforzó en su trabajo. Hasta que un mail entrante tuvo el poder de desestabilizarla:
Estimada señorita Higurashi, no se alarme al recibir noticias mías, estas líneas no contendrán la reiteración de los sentimientos que tanto disgusto le ocasionaron ni de la propuesta que le hice. Ciertamente, no escribo para apenarla ni humillarme pero si no fuese porque mi manera de ser me dicta que debe usted conocer ciertos pormenores, habría podido evitarme el esfuerzo de dirigirme a usted en absoluto. Por lo tanto, apelaré a su paciencia una vez más.
Anoche me acusó de dos faltas de naturaleza muy distinta y en modo alguno de magnitud equivalente. La primera mencionada es que, errado y tal vez insensible, operé para separar a nuestros amigos, ignorando sus sentimientos. Como le dije, desde que se conocieron estuve pendiente del desarrollo de su relación y no fue hasta que decidió invitarla a su cumpleaños que pensé en que los sentimientos de Miroku eran serios. Ya lo había visto enamorarse con frecuencia en el pasado pero lo que se desenvolvía para con Sango era de otro tenor. Hasta que se no se sugirió que Sango no correspondiese con la seriedad que pretendía Miroku, y hasta no hacer mi propio análisis de la realidad, no intervine. Sé que mis razones le parecen insuficientes y tal vez injustas, pero mis acciones fueron en el servicio de un amigo.
En cuanto a lo segundo, desconozco hasta qué extensión usted está al tanto de los acontecimientos entre Inuyasha y yo pero a fin de esclarecer la duda, la haré partícipe de hechos y le confiaré información de naturaleza sensible, todo para la cual poseo testigos que vieron los hechos muy de cerca e incluso fueron directos participantes.
Inuyasha es el único hijo que mi padre tuvo con su amante, Izayoi. Durante sus primeros años él y su madre vivían en una casa cuya manutención corría a cargo de mi padre; cuando Izayoi murió, su hijo se mudó con nosotros. Yo era lo suficiente mayor como para comprender de quién se trataba, y aunque no lo culpaba, no deseaba tener un vínculo con él. Tal vez fui injusto, lo cierto es que hoy no me arrepiento de la distancia que marqué en ese momento. También sabe que tengo una hermana, Rin, quien en realidad es hija adoptiva de mis padres, no es una hermana biológica, pero así yo la estimo y así la trato. A medida que los años pasaban, advertí la naturaleza vil de Inuyasha y sus intenciones de despojar a Rin de su herencia a través de cuestionables vías legales. Se trata de una cuantiosa suma que supera ampliamente la suya, por eso, al morir mi padre, le entregué inmediatamente todo lo que estipulaba su testamento y corté cualquier tipo de vínculo entre él y mi familia.
Hace un mes aproximadamente se contactó conmigo a través de sus abogados exigiendo más dinero, petición que denegué pues legalmente nada le corresponde, y no volví a saber de él hasta que la noticia de su virtual huida de la ciudad llegó a mí. Las deudas que dejó tras de sí son escandalosas y por respeto al apellido que aún porta, las evacué a todas.
Este es el fiel relato de los acontecimientos, ignoro qué falsedades empleó Inuyasha para convencerla de otra cosa, aunque desconocedora de todo, no es de sorprenderse que decidiera creerle, su naturaleza es confiable.
Esto es todo lo que diré y todo cuanto hay. Sin nada más por agregar, se despide, Sesshomaru Taisho.
Kagome releyó los párrafos mil veces antes de abandonarse a su estupidez, a su ridícula predisposición a pensar tan mal de él. No le perdonaba por completo su intervención en la relación de Sango y Miroku, pero tampoco podía detestarlo por elegir proteger a su amigo. En cuanto a lo segundo… Kagome se encontró con su orgullo, con que su vanidad había sido herida cuando escuchó de boca de Sesshomaru Taisho que sus circunstancias dejaban mucho que desear, que ella no estaba a la altura de su situación en la vida. Lo había aborrecido por pretender denigrarla, a ella, sólo para advertir que se había tratado de su ego ofendido.
Notas de la autora: Leyendo y rererereleyendo admito que es un poco difícil imaginarse a Sesshomaru hablando tanto pero ese diálogo es proverbial, era imposible pasarlo por alto o pretender recortar las oraciones. Por otro lado, aunque este fic es una versión mía, tuve el libro al lado mío en todo momento y hay algunas oraciones que son fieles a la señorita Austen. Personalmente, gocé escribir este capítulo y aunque sé que sabían qué iba a pasar, espero que también lo hayan disfrutado. ¡Nos vemos!
