Ni los personajes ni la historia me pertenecen
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Capítulo 10
Lucy no sabía qué esperar cuando llegaron a la ciudad, Natsu debería llevarla al hotel, tal y como había prometido, para hacerle el amor en todas las formas posibles hasta la mañana siguiente.
O, a juzgar por el silencio que habían compartido durante todo el trayecto en coche, tal vez estuviera pensando en llevarla a su casa, dejar su equipaje y su gato en la acera y salir disparado hacia el aeropuerto.
Lucy lamentó haber hablado más de la cuenta. Debería haber mantenido la boca cerrada y no haberle contado lo que su madre le había dicho. Pero en honor a la verdad, y por mucho que esas palabras la hubieran afectado, tenía que compartirlas con Natsu. Aunque sólo fuera para comprobar si al pronunciarlas en voz alta le sonaban menos terribles.
¿De verdad su madre había visto amor en sus ojos? ¿En los suyos y los de Natsu? ¿Cómo era posible? Sólo llevaban una semana juntos, por Dios. El amor no podía surgir tan pronto.
Su madre, obviamente, pensaba lo contrario. Al fin y al cabo, su padre y ella se habían enamorado a primera vista.
Pero esas cosas no sucedían todos los días… Y menos a una mujer como ella.
Y a un hombre como Natsu.
Al llegar a la ciudad, Lucy contuvo la respiración hasta ver qué dirección tomaba Natsu. Y cuando giró hacia el hotel en vez de a Lincoln Park, casi estuvo a punto de besarle.
Necesitaba desesperadamente aquellas últimas horas con él, sobre todo después del comentario de su madre.
No creía que Natsu la amara, pero la idea de que ella se hubiera enamorado de él no le parecía tan disparatada. De hecho, empezaba a sospechar que pudiera ser cierto. Y a partir de esa sospecha quería pasar tanto tiempo con él como fuera posible.
-Estoy impaciente por explicar las huellas de un emú en el coche-murmuró Natsu al entrar en el aparcamiento del hotel, sonriendo por primera vez en las dos últimas horas.
Lucy había dejado su furgoneta en aquel aparcamiento… Tal vez Natsu sólo la hubiera llevado allí por eso. Al fin y al cabo ella tenía que recoger su vehículo.
Natsu aparcó y agarró la jaula de Happy. Lucy estaba segura de que se despediría con un beso y se dirigiría en solitario hacia el ascensor. Era lógico. No podían atravesar el vestíbulo de un hotel de cinco estrellas con un gato gordo y arisco en una jaula.
Pero ésa parecía ser exactamente la intención de Natsu.
Sin preguntarle nada, se colgó las dos bolsas de viaje al hombro y echó a andar hacia el ascensor con la caja del gato en la otra mano.
Ella no lo siguió enseguida y él la miró por encima del hombro.
-¿Lucy?
Ella tragó saliva y corrió tras él.
-Ya voy.
No sabía lo que Natsu estaba pensando, ni cómo se sentía por lo que le había contado en el coche, pero él le estaba dejando claro que sus planes para el resto del día, y de la noche, no habían cambiado lo más mínimo.
En cuanto a lo que ocurriera después… Lucy no podía pensar ahora en eso.
Entró en el ascensor tras él y Natsu pulsó el botón del vestíbulo. Por desgracia, el ascensor no subía directamente hasta su planta, por lo que tendrían que pasear un poco más con Happy.
-¿Nos dejarán subirlo a la habitación?
Él se encogió de hombros, absolutamente despreocupado.
-Sobornaré a cualquiera que se atreva a impedírnoslo-levantó la caja y miró a Happy-. Lo que significa que tendrás que portarte bien.
Ni siquiera consideraba la posibilidad de que les prohibieran meter un animal en el hotel. Aquel hombre irradiaba una seguridad sorprendente en sí mismo y en todo lo que hacía. Si Lucy estuviera tan segura de sí misma como él, no habría tenido que ir a una subasta de solteros para encontrar un acompañante.
Ni hablar. Por nada del mundo habría dejado de ir a aquella subasta.
-¿Lo ves? Nadie se ha fijado en él-dijo Natsu mientras atravesaban el amplio vestíbulo hacia los ascensores de las habitaciones.
-Menos mal que no hay ningún perro cerca, o se habrían oído los chillidos de Happy hasta en la cuarta planta.
-No, es un gatito muy bueno, ¿verdad que sí, grandullón?
Lucy estaba sonriendo por su tono tierno y cariñoso cuando las puertas del ascensor se abrieron ante ellos con un suave zumbido. Dentro había dos mujeres, elegantes, con bolsos de diseño y con ostentosas joyas en el cuello y los dedos.
Lucy apenas les prestó atención, hasta que sintió cómo Natsu se quedaba de piedra junto a ella.
No se movió, ni entró ni hizo ademán de apartarse. Se quedó mirando a una de las mujeres, una atractiva morena de cuarenta y pocos años, quien al verlo se acercó tanto a él que sus cuerpos casi se tocaron.
-¡Natsu!-exclamó, con una sonrisa tan radiante, que le quitó diez años de encima.
Maravilloso. Una ex. Como si necesitaran recuperar la tensión que finalmente parecía haberse esfumado después del viaje en coche.
-Constance-respondió Natsu con una sonrisa forzada.
-No sabía que estabas en el país-dijo la mujer, y se quedó boquiabierta de asombro al ver la jaula con el gato-. Vaya, debes de estar trabajando para una gata de verdad esta vez, en vez de para una simple gatita como yo.
Lucy, que se había vuelto completamente invisible o carente de todo interés, se atrevió a carraspear.
-Natsu, ¿quieres que me lo lleve para que puedas hablar con tu… amiga?
Él la miró a los ojos y fue entonces cuando ella se dio cuenta de que no se había vuelto de hielo. Todo lo contrario. En sus ojos ardía un fuego salvaje, y no de lujuria precisamente.
En su expresión se reflejaban unas emociones que Lucy nunca habría relacionado con aquel hombre. Ira. Vergüenza. Tristeza…
Oh, Dios. Aquella mujer no sólo era una ex novia. Natsu debía de haberla amado de verdad, aunque el comentario de ella sobre su trabajo era un poco confuso. ¿Había tenido una relación con su jefa?
Alargó el brazo para agarrar la jaula, pero Natsu no la soltó.
-Ya lo llevo yo-insistió con voz dura. Parecía tener un nudo en la garganta.
-¿Natsu?-dijo la otra mujer, y finalmente se percató de la presencia de Lucy y la sometió a un intenso escrutinio visual. Sus ojos ambarinos se fijaron en el pelo alborotado, la sencilla camiseta, los modestos vaqueros y las sandalias baratas-. Oh-murmuró. Parpadeó unas cuantas veces y sus mejillas se cubrieron de rubor antes de volverse hacia Natsu-. Lo siento. No sabía que…
-No pasa nada-la interrumpió él bruscamente-. Me alegro de verte.
La mujer asintió y volvió a mirar a Lucy.
-Has conseguido a un hombre maravilloso-le dijo con una sonrisa casi sincera. Entonces agarró a su sorprendida compañera del brazo y se alejó rápidamente.
Lucy y Natsu permanecieron en silencio frente al ascensor, que había vuelto a cerrarse. Natsu no intentó pulsar el botón y Lucy se preguntó qué estaría pensando. ¿Fingiría que aquel encuentro no había tenido lugar o se enfrentaría abiertamente a ello?
Lucy no sabía lo que ella prefería, y casi temía lo que pudiera decirle. Finalmente, Natsu apretó el botón, pero no la rodeó con el brazo ni la besó para asegurarle de que la tarde saldría según lo planeado.
Ni le dirigió la palabra mientras subían hasta su planta y se dirigían hacia su habitación.
Una vez dentro, Natsu dejó las bolsas y la jaula en el suelo. La abrió para sacar a Happy y sólo entonces volvió a fijarse en Lucy.
-Será mejor que te sientes.
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Si tuviera que elegir entre asistir a una de las fiestas de compromiso que su padre le preparaba a traición, o contarle a Lucy la verdad sobre su pasado, Natsu reservaría sin dudarlo una plaza en el próximo vuelo a Dublin. Porque la segunda opción iba a ser una de las cosas más difíciles de toda su vida.
Y sin embargo, tenía que hacerlo.
-Esa mujer… estás pensando que es una antigua novia.
Lucy, que había seguido su consejo y se había sentado en el sofá de la suite, asintió.
-Sí… Oye, que yo te hablara de mi sórdido pasado no significa que tengamos que compartir todas nuestras historias de amor.
-No hay amor en esta historia.
Ella esperó a que siguiera hablando.
-De hecho, mi relación con Constance, que sólo duró una semana, hace unos años en Munich, fue sólo por trabajo.
-¿Y ella lo sabía?
Natsu abrió el minibar. Necesitaba un trago a pesar de la hora, y le gustaría que ella tomase otro. Muy pronto iba a necesitarlo.
Pero ella rechazó el ofrecimiento y esperó mientras Natsu se servía unos dedos de whisky. No era especialmente bueno, ya que no procedía de Irlanda, pero aun así le sentaría bien.
-Sí, lo sabía-respondió finalmente-. A pesar de lo que pueda parecer, es una buena mujer.
Lucy asintió. Era evidente que había visto el sincero arrepentimiento de Constance al percatarse de su metedura de pata. Su antigua cliente no era estúpida. Le había bastado con echarle un vistazo a Lucy para darse cuenta de que tenían una relación muy personal. Cualquiera podría ver que aquella joven rubia y hermosa no necesitaría contratar a un hombre para recibir lo que quería.
-Es la propietaria de una galería y acababa de divorciarse. Estaba asistiendo a varias subastas en Munich. Necesitaba a alguien para que le echara un ojo, a ella y a sus adquisiciones, y me contrató para tal fin.
Lucy pensó un momento en lo que acababa de oír y ladeó la cabeza con perplejidad.
-¿Quieres decir que eras su… guardaespaldas?
-Sí, para eso me contrato… al menos al principio.
-No lo entiendo. Creía que eras un hombre de negocios.
Natsu tomó un sorbo de whisky y soltó una áspera carcajada.
-Me dedico a hacer negocios para otras personas, Lucy. Normalmente trabajo para grandes empresas, negociando y cerrando tratos. Pero hace tiempo mis clientas a menudo querían algo más que un buen traductor o un hábil negociador.
-¿Como qué?
Aún no se lo había imaginado, de modo que Natsu se obligó a ser lo más claro posible.
-Como un amante.
Lucy ahogó una exclamación.
-Sin amor, claro. Todo se reducía a la atracción física y al dinero. Nada más.
Entonces vio cómo Lucy lo entendía todo. Su hermosa y apetitosa boca tembló y se quedó abierta en un gemido casi inaudible. Sus bonitos ojos marrone se abrieron desorbitadamente. Y sus bronceadas mejillas perdieron todo el color.
Natsu no se molestó en dar más explicaciones. No le dijo que sus negocios actuales eran mucho más normales y menos impersonales de lo que habían sido. Tampoco intentó justificarse alegando que nunca se había acostado con una mujer por la que no se sintiera atraído, por mucho dinero que ésta le ofreciera.
No le dijo nada más, porque nada de eso importaba. La verdad era que había hecho exactamente lo que Lucy pensaba que había hecho.
-Eras un gigoló.
Natsu se estremeció de asco al oír la palabra, pero no intentó negarlo.
-Sí-admitió con una fría sonrisa-. Aunque en su tiempo prefería considerarme un simple acompañante.
Lucy se levantó, caminó con piernas temblorosas hasta el minibar y agarró la botella que había rehusado antes. Desenroscó el tapón y bebió directamente de la botella, y al acabar parpadeó unas cuantas veces antes de mirarlo a los ojos.
-Entonces… la subasta de la semana pasada… Era algo habitual para ti.
Natsu fingió una naturalidad que no sentía y apoyó la cadera contra la mesa, cruzando los brazos al pecho.
-En realidad, no fue nada habitual. Ninguna mujer había pagado antes cinco mil dólares por pasar una noche conmigo.
Ella frunció el ceño.
-No, claro. Supongo que pagaron mucho más. Desde luego que sí.
Como si no soportara mirarlo, Lucy se agachó y extendió los brazos hacia su gato. El animal pareció percibir la necesidad de su ama, porque fue rápidamente hacia ella y dejó que lo acariciara mientras se frotaba contra sus piernas.
Sus hermosas y temblorosas piernas…
Natsu se dio la vuelta, incapaz de mirar. Quería levantarla en sus brazos, besarla y contarle toda la historia. Por qué lo había hecho, qué lo había impulsado a tomar ese camino… Todo.
Pero algo lo retenía. Tal vez fuera el modo como Lucy le había repetido las palabras de su madre en el coche. Parecía aturdida, conmocionada… y quizá un poco ilusionada.
Fuera como fuera, Natsu no podía hacer realidad esas ilusiones. Y mucho menos ahora que Lucy sabía la verdad sobre él. Lo que era… y lo que había sido.
-No esperaba tener que contarte nada de esto-admitió-. Nunca imaginé que tendría motivos para hacerlo.
Ella levantó la mirada. Tenía los ojos llenos de lágrimas.
-¿Y ahora sí los tienes?
-Sí, ahora sí-siempre había odiado la crueldad necesaria, pero era la única manera. No quería que Lucy llorase por él. No merecía ni una sola de sus lágrimas-. Lo vi en tus ojos cuando me contaste lo que tu madre te había dicho.
Lucy entornó los ojos en un gesto defensivo.
-No mezcles el sexo con los sentimientos, Lucy-le dijo él-. Es evidente que estás un poco confusa, lo cual es lógico después de lo que te hizo ese imbécil de Loke. Pero no estás enamorada de mí.
No añadió «y yo tampoco lo estoy de ti». Porque él podía ser muchas cosas, pero no era un embustero. Y tampoco quería mentirse a sí mismo. La verdad era que nunca había sentido por nadie lo que sentía por Lucy. Quería estar con ella, hacer realidad sus sueños y vivir todo aquello de lo que siempre había huido.
Pero no podía hacerlo. Lucy era demasiado buena para él.
Tal vez fuera mejor así. Todo acabaría entre ellos y ambos se evitarían un sufrimiento mayor. Él saldría de su vida y ella encontraría a otro hombre que pudiera hacerla mucho más feliz de lo que él jamás podría.
Lucy se levantó finalmente y tragó saliva para sofocar cualquier emoción que pudiera haber brotado en su interior.
-Puedo separar el sexo del amor-dijo con voz fría y apática.
Había funcionado. Natsu la había herido en sus sentimientos, la había provocado y ella había reaccionado tal y como él esperaba. Entonces, ¿por qué se sentía como si se hubiera tragado un puñado de cristales rotos?
-Pero hay algo que debes saber-añadió ella.
Natsu esperó y se preguntó si no se habría felicitado, y maldecido, demasiado pronto.
-A pesar de lo que puedas pensar de mí, no me asusto fácilmente. No me gusta lo que me has contado, pero no puedo despreciarte por algo que hiciste mucho antes de habernos conocido.
-¿Es que no lo entiendes? Lo que hice demuestra lo que soy.
-Lo que eras-aclaró ella.
-Eso no importa.
Ella se acercó y le acarició los labios con los dedos.
-Sí, sí que importa. No sé con cuántas mujeres te habrás acostado, pero te equivocas si crees que me repugna pensar en la cifra. Todos los hombres que he conocido en Chicago se han acostado gratis con cualquier mujer que se lo propusiera.
-Gratis, tú lo has dicho-insistió él. Tenía la mandíbula encajada y cada vez le costaba más hablar.
Ella le tomó la mandíbula en la mano y lo sujetó para obligarlo a mirarla a los ojos.
-No… me… importa.
Maldición.
-No me importa lo que hayas hecho, y no creo que pienses que las cosas que hiciste siendo un crío puedan influir en la persona que eres ahora.
En eso se equivocaba. Una semana antes habría estado de acuerdo con ella. Pero ahora, después de haberla visto temblar… Sí, desde luego que su pasado influía.
-Sé lo que intentas hacer, y no te servirá de nada-dijo ella.
-¿A qué te refieres?
-No vas a convencerme de que eres una especie de mujeriego sin escrúpulos que sólo se mueve por dinero y lujuria.
Natsu se pasó una mano por el pelo, frustrado. Se suponía que Lucy debía estar saliendo por la puerta y sin mirar atrás.
-No sé lo que sientes por mí-siguió ella. La voz le temblaba por la emoción-. Pero no te atrevas a decirme que no sé lo que siento por ti. No estoy diciendo que vayamos a vivir felices para siempre, ni que tú quieras hacerlo, pero sí sé que quiero intentarlo. Porque me he enamorado de ti, lo creas o no. Y nada de lo que me digas, ya sea sobre tu pasado, tu presente o tu futuro, va a cambiar eso.
Él la miró fijamente. Vio los sentimientos que Lucy no podía ni quería ocultar, oyó la vehemencia en su voz, y supo que lo decía en serio. Era demasiado tarde. Se había enamorado de él.
Aquella mujer tan dulce, honesta y encantadora se había enamorado de él. Un hombre que no la merecía.
-Déjame amarte-le susurró ella, y se puso de puntillas para intentar besarle-. Déjate a ti mismo amarme.
Él retrocedió y sacudió la cabeza, pero ella lo siguió.
-Deja que ocurra.
Natsu permaneció tan rígido como una estatua. Si no sintiera nada por ella, tal vez podría convencerse de que el pasado no importaba y que él no era una mala persona.
Pero no podía hacer eso. No podía mentirle. Lo que sentía por Lucy le impedía rebajarse a ese nivel.
-No, Lucy. Lo siento, pero no puedo dejar que ocurra.
Ella se quedó en silencio un largo rato, examinando su expresión, sopesando la verdad de sus palabras, reconociendo su determinación.
Finalmente, se apartó y asintió con la cabeza.
-Lo entiendo.
Por fin.
Lucy se agachó para agarrar al gato y lo metió en la jaula.
-Permíteme…-dijo él cuando se dispuso a agarrar su bolsa de viaje, pero ella levantó una mano para detenerlo.
-No es necesario.
Entonces se giró sobre tus talones, se dirigió hacia la puerta y agarró el picaporte. Pero antes de girarlo volvió a hablar, con una voz débil y sincera que le salía del corazón.
-Estaré esperando.
Y salió de la habitación.
Continuará…
…..
Damas y caballeros este es todo el drama que va a haber, a partir de ahora todo será excesiva empalagosidad (para mi gusto). Ah y el capitulo 11 será más corto de lo normal, pero habrá un epílogo.
Agradezco a:
-Mori Summer: muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuchas gracias por el review, siempre me animan mucho, espero volver a tener alguno más en lo que resta de historia que ya es poca, un besazo muy fuerte!
-Karliss: ajjajajaja… cierto fue una noche…gracias por comentar siempre en estos últimos capítulos, te lo agradezco de corazón, espero seguir teniendo… un beso!
-meili-kun: gracias por haberte pasado a dejar un comentario a pesar de que no sueles hacerlo, muchas muchas gracias, nos leemos!
-A todas aquellas personas que me siguen y que estan leeyendo esta historia, muchas graciaaaaaaaas!
