Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.
Capítulo 9
Ella siempre ganaría... ¿Siempre?
-Ara, ara, ¿Cómo…?- La pregunta murió en sus labios, a medida que levantaba la caja de la pequeña caja que sostenía en el regazo. El gesto sorprendido de la castaña al deslizar los dedos por su regalo le dieron la respuesta. Había elegido bien. Natsuki sonrió y bajó la vista, tallándose la nuca, mientras Shizuru levantaba la tela, a contra luz, y luego volvía a observarla por el lado contrario, maravillada.
-Es… preciosa…- Unas gotas de sorpresa se deslizaron por su voz. La morena sonrió más anchamente. No, no lo habría pasado por alto sabiéndolo. La castaña devolvió con cuidado la tela al paquete y le colocó una tapa encima. Parecía estar tratando plata líquida más que una simple caja. Natsuki había recorrido toda la tarde junto a Yamada, en busca de la indicada, estaba dispuesta a gastarse su suelo completo sólo por ella. Observó de nuevo la caja blanca sin decoraciones, apenas había tenido tiempo para envolverla en un papel brillante y ponerle una cinta encima. Apenas había tenido tiempo para pensarlo. Y apenas, creía, tendría tiempo para disfrutar el vérsela puesta.
-¿Para qué la usarás?- Inquirió Natsuki, observando los pasos delicados con los que guardaba el regalo. Shizuru se levantó hacia el armario, sin mirarla o responder. La morena esperó, ya se le hacía costumbre que su pareja tomara un tiempo para responder. Notó, levantando una ceja involuntariamente, que marcaba cada paso con las caderas, haciendo fluir su cuerpo en el corto trayecto. Bajo el pijama largo que usaba podía adivinar el contraerse de sus músculos sobre la piel tersa. Una punzada de deseo le hizo tragar duro. La castaña depositó la caja en uno de los compartimientos del armario de la habitación. Luego se dio vuelta con una sonrisa juguetona en los labios. Oh, sí, algo se trae esta mujer
-¿No es obvio?, la tela para kimono* sólo puede ser utilizada para una cosa- Respondió. La mujer sonrió, mostrando su hilera de dientes blancos. –Sólo para eso…- Volvió hacia ella, Natsuki la esperó sentada en medio de la cama, aún era temprano, muy temprano, pero no había esperado para entregárselo. La castaña trabajaría ese día y ella también, no tendría más tiempo ese día para dárselo. No tendría más tiempo… Shizuru se sentó frente a ella, a la usanza tradicional. La morena levantó una ceja cuando su pareja apoyó las manos frente a ella, y las dos cuando se inclinó en una reverencia de agradecimiento.
-¡Shi-Shizuru!, ¡Vamos, no es necesario!- La sujetó por los hombros, tratando de levantarla. La castaña levantó la vista y Natsuki supo que había caído en la trampa. Le cayó encima en un solo salto, un grácil gesto hecho con tanta naturalidad que la morena se sorprendió. Iba a protestar cuando dos ojos rojos se posaron en los suyos, acallando cualquier queja. Shizuru le tomó el rostro entre las manos, dándole un suave beso. La morena cerró los ojos. Se estaba bien, se estaba tan bien así.
-No tenía una así desde hacía años… gracias Natsuki- Suspiró en su oreja antes de volver a besarla, más profundo, con un afán casi posesivo. La morena respondió, subiendo una de sus manos para afianzarlas en su cintura divina cintura. La otra desapareció tras la abertura del pijama, en busca de la piel tibia de su espalda No se dio cuenta cuando la castaña separó sus piernas con una rodilla. -¿Quieres darme otro regalo, adicional?- Le susurró, jugando con uno de sus mechones azulados. La morena la miró, debía protestar, debía trabajar, debían seguir con la rutina. Miró nuevamente el fondo rojizo de los ojos de su compañera, con el rabillo del ojo distinguió como Shizuru se relamía los labios, una corriente eléctrica descendió hasta su vientre al verlo. Al diablo con ellos. Por toda respuesta volvió a besarla, trató de darse vuelta, para quedar encima de ella, pero la castaña la retuvo con los brazos, una sonrisa pícara le adornaba el rostro.
-No esta vez…-
-¿Te gustó mi regalo, Viola?- Takeda saludó a la mujer desde el último peldaño de una escalerilla. Shizuru observó como su jefe terminaba de arreglar una de las luces dirigidas al escenario. El lugar aún estaba cerrado, pero por esas fechas del año pasaba mucha gente que acudía en busca de un poco de diversión en medio de la pequeña ciudad aburrida. Muchos paseantes que sólo venían a saludar a sus lejanos familiares por las fechas.
-Ara, sí… fue muy completo, Takeda-san- Dejó que un ligero matiz de sensualidad discurriera por su voz. Sonrió al observar como el hombre casi cae de la escalera completamente rojo. La castaña no pudo reconocer si era de rabia o de impresión. Siempre enfermaba al hombre de rabia con la inclusión del honorífico en su apellido y siempre lo excitaba al recordarla que tenía a la morena para sí. La fulminó un momento sosteniéndose la nariz antes de refunfuñar algo y bajar hasta su altura.
-Agradece que hoy es tu cumpleaños, sino te hubiera rebajado el sueldo…- Plegó la escalera y la guardó bajo su brazo. Se detuvo, observándola, luego simplemente su vista pasó más allá, pareció considerar un momento antes de volver a verla. Shizuru levantó una ceja, esperaba que el hombre se retirara, usualmente no intercambiaban muchas palabras, sino cada quién se dedicaba a lo suyo. Y, como siempre, Takeda demoraba mucho en tomar una decisión.
-Hoy sales temprano, así te puedes retirar antes… además, elige como quieras de qué tratará la presentación- La castaña lo miró, entre extrañada y agradecida. De pronto notó un ligero chichón en la frente de su jefe, junto a un moretón azulado que la cruzaba. Sonrió, divertida e hizo una pequeña reverencia para agradecer. Natsuki le había dado, hasta el momento, tres regalos. Depositó el estuche de su fiel compañera en el suelo y se dejó caer junto a ella. Tener libertad creativa no era algo que siempre se le daba bien. Además, probablemente, no haré una presentación, sino que crearé toda una serenata para ella. Observó el lugar a su alrededor. Suaves luces llegaban a través de las ventanas. Cerró los ojos, disfrutando el momento. Ella estaría ahí, sí, no sabía por cuánto tiempo, no sabía por cuánto. Pero ella estaba ahí, era más, ella estaba en su corazón, junto a ella.
Haruka también vendría, sí, estaba segura.
Dijo que lo haría, y ella nunca incumplía sus promesas.
Shizuru volvió la vista nuevamente, junto al estuche negro había paquete. Sí, Haruka cumplía sus promesas, por imposibles o absurdas que fueran. Estaba segura que no la decepcionaría.
Inclusive con esta.
No la decepcionaría.
Sacó su móvil, escribiendo un rápido mensaje para la rubia.
Animada sacó la guitarra, tensando las cuerdas para afinarla. Una sonrisa ligera le voló sobre el rostro. Oh sí, ya sabía que tocaría.
Era su cumpleaños, pero esa noche ella también se haría un regalo.
Tocaría para ella.
Tocaría para que ella se diera cuenta.
Tocaría hasta que se desgastaran las cuerdas. Hasta convencerla.
Fuera, el motor de un auto que reconoció crujió sobre la grava helada. Sonrió más ancho, pulsando con más fuerza cada nota.
Oh sí, por su propia mano la convencería.
Natsuki consideró subir los pies a la mesa por cuarta vez. Hacía veinte minutos que esperaba la presentación de la castaña, pero ni señas de aparecer aún por el escenario. Aburrida observó a su alrededor, estaba lleno de los incipientes adolescentes desesperados por mostrar su cédula de identidad para ordenar algo que beber. Tomó su vaso de agua y bebió otro trago largo. Le había prometido a su pareja no tomar una gota de alcohol hasta que celebraran juntas. Pasó toda la tarde declinando las ofertas de su incrédulo jefe, mientras su garganta lloraba esperando su tan acostumbrada cerveza.
No, subir los pies no estaría bien.
Menos considerando que tenía las botas manchadas de barro y tierra.
Tal vez debió sentarse con Haruka y Yukino. Pero la sola idea de escuchar como la rubia cuestionaba su modo de vida o trabajo la desanimaba de la idea.
Tamborileó sobre la mesa una canción, distraída. Sólo ahora notaba sus manos vacías. Quizás debí traerle algo… como flores… ¿Y de dónde esperas sacar flores en esta época?. Estaba aburrida.
No, no estaba aburrida. Lo sabía, su corazón golpeándole el pecho como un saco de box se lo dejaba en claro.
Estaba desesperada.
Quería verla, escucharla.
Mierda, estoy enamorada. Sólo quería tenerla cerca, metida junto a ella, cerca, en una cama, en donde fuera...
Apuró otro vaso de agua, esta vez mucho más largo.
De pronto le pareció mejor si Shizuru se tomaba un par de minutos más para prepararse. Si la veía ahora mismo sería capaz de hacerla suya en el escenario. La morena apretó las manos, intentando controlarse. Su mente se desbocó, cientos de imágenes se le pasaron por la mente en cuestión de segundos. Eso no estaba bien no está nada bien, ¡Enfoca, Natsuki! No seas una jodida… Agitó la cabeza con fuerza.
No en la mesa, no en el piso, no contra la muralla, ni mucho menos en la ducha. Joder la cama, se había concentrado en la cama no rompas pactos contigo misma "se fiel a ti". Estaba roja, podía sentirlo. Toda su sangre se acumulaba en su rostro y en su abdomen. No podía creerlo, no le pasaba desde la adolescencia.
Esta mujer… me descontrola… de nuevo.
Suspiró, considerando levantarse al baño para meter la cabeza de lleno en el agua fría. Pero el suave crujir de las cortinas la detuvo. Observó al escenario, entre atemorizada y ansiosa. Sí, ahí estaba, ignorante del encendido deseo que le caía encima. La morena se sentó sobre sus manos para mantener el control. Un caluroso aplauso la recibió. Era una figura conocida y admirada en comunidad, a pesar de sus 'desvaríos' con respecto a su sexualidad. Natsuki observó como la mirada carmesí se perdía entre el público hasta dar con ella. La sonrisa suave que se formó en sus labios fue cálida. Tan cálida que la morena sintió que se derretía de a poco. Nunca había recibido tanta tibieza por parte de una pareja en un solo gesto.
Sintió miedo. Mucho miedo.
Y, a la vez, mucho amor. Una oleada de calor le recorrió el cuerpo. No estaba bien, no estaba para nada bien ¿Lo sabes, idiota, no?, no es un solo corazón el que quieres romper, son dos.
-Ara, ara, ¿Hay mucha gente hoy, no?- Volvió su vista al público, disolviéndola entre la masa de ojos que le miraban, atentos. –Hoy es un día bastante especial, así que haré una presentación algo distinta, ¿Eh?, espero les guste- Acento de Kyoto, ese delicioso acento de Kyoto. Estaba segura que la mitad no habría escuchado lo que la castaña dijo, pero no importaba, ese acento bastaba para hacerla estar al frente, sonriendo. Sonriéndole.
-Hey Jude, don't make it bad*- Natsuki levantó una ceja, luego las dos. Esa era una buena manera de lanzarle una indirecta. Shizuru sonreía tras el micrófono. Oh, sí, era para ella. La morena se acomodo, liberando sus manos, ahora más tranquila. Por supuesto que conocía la canción, y aún así no era necesario. Una de las pocas cosas que había procurado aprender bien era el idioma extranjero. –Remember to let into your heart- No jodas, ya estás ahí.
-Don't carry the world upon your shoulder- Natsuki de pronto parpadeó, sorprendida. ¿Era tan fácil de leer?, no, no lo era. Entonces, lo había hecho, había dejado que la castaña se involucrara mucho más de lo que había pensado. La canción de pronto dio un giro, rompiendo las notas que seguían, Shizuru sonrió mientras que con un rápido juego de dedos iniciaba un arpegio distinto, en medio de la canción, cortando una e iniciando otra. –This thing, called love, it cries in a cradle all night it swings it jives*- ¿Dejarás de lanzarme indirectas toda la noche?, ya entendí mujer…
Natsuki bajó la vista, nuevamente a sus manos, se sorprendió de encontrarlas crispadas. Sí, quería escapar, tomar su motocicleta y correr por todo el camino hasta no poder más, hasta estar lista*. –She gives me hot and cold fever then she leaves me in a cool cool sweat*- Puedo decir lo mismo…
Está bien, relájate Natsuki. Aún queda mucha noche por delante. Aún queda mucha noche por delante…
A la mierda, la quiero ahora, la quiero ya. No tengo tiempo para esperar.
La morena dirigió directamente la vista hacia la castaña, buscando sus ojos. Un solo destello verde le dio a entender a Shizuru que era exactamente lo que quería. Un gesto de su hombro le dio a entender que la seguiría pronto. Natsuki se levantó, dirigiéndose hacia el escenario sintiendo la mirada cómplice de Takeda en su espalda. ¿Desde cuánto había aprendido a leer tan fácilmente los gestos de su pareja?
¿Qué habías pensado sobre la muralla?... ya no importa.
Sostuvo su cuerpo con las piernas. Natsuki había levantado a la castaña desde su centro, rodeándola firmemente entre sus brazos y casi arrojándola sobre la pared. Ninguna de las dos se detuvo, la morena desesperada, comía los besos que esa boca suave le prodigaba. Shizuru rodeó con sus piernas su cintura, asegurándose y liberando las piernas de su pareja. La castaña enterró su cabeza en el cuello moreno, olía a mujer, a camino, un remoto olor incluso a bosque la rodeaba. Era un olor fuerte, la volvía loca. Aspiró fuerte, logrando arrancarle un suspiro a la mujer que se trastocó a gemido cuando deslizó suavemente la lengua por la piel. Sabía bien, quería más, mucho más. Apretaron sus cuerpos un poco más a la pared, ahogando los quejidos y suspiros. Natsuki subió las manos, para sacarle la camisa a su pareja. Shizuru la detuvo, sosteniendo entre sus manos su rostro. Sus ojos rojos y encendidos selo dijeron, no tenían tiempo para eso, menos en el camarín, no pasaría mucho antes que fueran a buscarlas. La morena volvió a besarla, acallando cualquier protesta, mordisqueando suave su labio inferior. Subió su rodilla, frotando la entrepierna abierta de su pareja. Ahogó cualquier sonido que se le escapara de la garganta a la mujer con su lengua. Tras el beso pudo sentir como sonreía.
Estaba bien, lo entendía, sería rápido.
Pero no por eso menos satisfactorio.
Buscó con su mano libre el botón y el cierre del pantalón de la castaña. La mujer la abrazó con fuerza cuando lo desabrochó y deslizó la mano hacia dentro. Sonrió, estaba excitada, muy excitada. Ayudándose con su pierna realizó la primera embestida. En su cuello fueron a morir los gemidos de la castaña. Subió nuevamente, adoptando un ritmo ligeramente ascendente. Sería rápido, pero Shizuru no lo olvidaría en un buen tiempo.
-¡Hey!, ¡Bubuzuke!, ¡Vamos, sal rápido, la noche es joven y me quiero embarrar!-
-Se dice emborrachar, Haruka-chan…- Shizuru levantó la vista sorprendida. Natsuki sólo enterró un poco más el rostro en su cuello, sin detenerse. Unas gotas de sudor le resbalaron por el rostro.
-¡Un momento, Suzushiro-san!- La morena se sorprendió que su pareja pudiera hablar coherentemente y sin rastros de nada en la voz. Apuró el ritmo, una sonrisa malvada le adornó el rostro. Oh sí, eso terminaría rápido. La castaña volvió a enterrar su rostro en su cuello, ahogando nuevos gemidos. ¿No te gustaban las indirectas?, ahora sal en buen paso de esto…
Cruzó los brazos con más fuerza, estaba cerca, lo sentía. Natsuki empujó un par de veces más, antes de sentir como la castaña se tensaba y luego relajaba entre sus brazos, soltando incluso las piernas que antes tenía firmemente apretadas contra su abdomen. Poco a poco la separó de la pared, dándole tiempo para respirar y reponerse. Ambas jadeaban, Shizuru la miró y luego sonrió, besándola rápidamente mientras volvía a abrocharse los pantalones. La morena se retiró, buscando el baño que el camarín tenía, necesitaría un poco de agua fría para intentar disimular.
Suspiró, satisfecha. Shizuru apareció a su lado, también refrescándose con un poco de agua fría antes de abrirle la puerta a la rubia, que volvía a golpear con ganas de derribarla. Le dedicó una sonrisa rápida y una ligera caricia en la mejilla. Suficiente para dejarla deseando volver a tirarla al piso sin miramiento alguno. Escuchó tras de sí como la puerta se abría y una Haruka entraba estampando pasos en el piso. Asomó la cabeza por la puerta. La mujer sostenía un par de botellas de sake en las manos, mientras gritaba algo sobre la juventud y las delicias de la noche. No podía creer que era la misma moralista que le lanzaba sermones sobre su 'escandaloso y desastroso' estilo de vida. Se secó las manos rápidamente y salió, después de todo, un poco de sake no le haría mal. Y la noche era aún muy joven.
Muy joven para muchas cosas.
Sonrió, yendo a su encuentro. Tras las dos mujeres que ocupaban el centro de la habitación como un remolino Shizuru la miró, cómplice.
Definitivamente, Eso estuvo muy bien.
Cama, piso, pared, baño. Ya no lo recordaban. Estaba pronto al amanecer, y estaban las dos exhaustas. Shizuru se apretó contra su pareja. Natsuki rodeaba firmemente su estomago, respirando suavemente sobre su nariz. No podía pedirle mucho más a la vida, hacía años que no se sentía así de llena. Observó el cuello que palpitaba suave. Había marcas ahí, que ella había dejado y no recordaba exactamente cuando había sido. Se removió intranquila, de pronto las palabras surgían solas. Demasiadas palabras por su cuenta. Y no podía controlarlas, no podía medirlas, mucho menos contenerlas.
A la mierda.
-Cuando estoy contigo… o, mejor dicho, cuando estoy aquí, no los veo- Shizuru se tensó, sabía de que estaba hablando, toda su somnolencia fue borrada de un solo plumazo. –Durante muchos años fueron mis amigos, mi familia.
Después de todo crecí sin una.
Mai era una pelirroja exuberante, habladora, excéntrica… y se preocupaba mucho de todos. De todos nosotros. Es fácil cerrar los ojos y recordarla, recordar cómo Mikoto se le lanzaba a la espalda. Cómo Tate andaba tras ella babeando…
Fue mi culpa. Bebí más de la cuenta… no he vuelto a manejar un solo vehículo después de eso, ¿sabes?, sólo motocicletas.
Están muertos, más que muertos. Yo misma fui a cada uno de sus entierros. Vi como les apaleaban la tierra encima, como caían. Sin mí, caían.
Oh, pero les gusta joder la vida… los veo, todavía los veo, todavía me hablan. Ellos están aquí, conmigo… y yo no quiero estar con ellos. Quiero que descansen y me dejen descansar.
Pero ellos siguen ahí, donde vayan, me siguen. O tal vez yo los sigo a ellos… no lo sé…
Los extraño, los quiero, pero cuando se vayan… no saben cuánto descansaré cuando lo hagan
Pensarás que estoy loca, ¿No?-
-¿Por eso viajas y viajas?-
-Sí…-
-¿Y has logrado algo?- Apretó el abrazo tras ella, ese era un no. Shizuru sintió algo de rabia. Nada, nada de nada. -¿Cuánto tiempo llevas así?-
-Creo que un par de años, he perdido la cuenta…-
-¿Qué piensas hacer en diez años más, en veinte?, ¿Toda tu vida se guiará en torno a esto?- ¿No crees que es hora de superarlo?. -¿Cuándo piensas perdonarte?-
Natsuki no respondió, simplemente la giró de uno de los hombros, haciéndola encararla. La castaña se sorprendió de encontrar sus ojos manchados de lágrimas. Hasta el momento su voz había sido suave, entera. La morena se acurrucó en su pecho, aún negándose a contestar. Shizuru la encerró en un abrazo, suspirando. Estaba más allá de lo que creía, más allá de lo que esperaba. Natsuki seguiría viajando, a medida que fuera incapaz de perdonarse, seguiría esperando que el tiempo la favoreciese –No cargues el mundo sobre tu hombro*… Te creo… te creo… pero, no te entiendo- Susurró, acunándola, intentando darle otra noche de sueño tranquilo. Y aún así, sigo igual de enamorada de ti… ¿Qué voy a hacer contigo?, y aún más, ¿Qué voy a hacer conmigo?
-Bubuzuke, cumplí- Haruka le entregó sonriente la caja de vuelta. Shizuru la tomó, entre admirada y agradecida. -¿Es todo lo que necesitabas?-
-Ara, ara… que persona más confiable y eficiente eres, Suzushiro-san- Susurró, abriendo la caja y sonriendo.
-No hay problema… pero, ¿Para qué es?-
-Oh, para nada en especial…-
NdA: "Hey Jude" The beatles, "Crazy little thing called love" Queen (Sí, repito canciones... soy un desastre xD). Escuché muchas más mientras lo escribía, pero... bah, no las pondré xD. ¿Y ese lemon? Kuro, tú no sueles escribirlos... salió, nada más que agregar. Espero hayan disfrutado el capítulo. Me retrasé un poco con este pero... bueno siempre intentando seguir el ritmo. Hasta la próxima actualización, saludos.
