DE VUELTA
-Todavía no he muerto, Weasley. No le entres aún a mi esposa si quieres seguir tú con vida.
La voz de Draco sonaba ronca y apagada, pero al mismo tiempo tenía ese tono burlón que le caracterizaba cuando bromeaba o quería ser molesto.
Ron estaba tan sorprendido que no supo qué decir, solo se puso en pie, rodeó la cama y se puso al otro lado de la cama de Draco. Hermione por su parte no podía volver la cabeza hacia su marido. Tenía miedo de que todo fuese un sueño. El suave apretón de mano que la había dado Draco al despertar, era lo que la había dejado congelada. No podía creerlo. "¿Y si es un sueño? ¿Y si me vuelvo y no está despierto?", pensaba con angustia Hermione.
Sin embargo, lentamente se volvió y lo vio mirándola sonriente.
-¡Malfoy, estás...! -Ron no podía hablar a penas, ni podía creer que le alegrase tanto ver a Draco despierto-. Escucha, yo no le estaba en...
-Lo sé, Weasley, era una broma -dijo Draco volviendo la cabeza hacia Ron y agarrando el antebrazo del chico.
-Ron, ve por un sanador, una enfermera o lo que te encuentres en el camino -dijo Hermione, poniéndose en pie bruscamente, como si la que hubiera despertado fuera ella.
Ron salió disparado de la habitación sin decir una palabra, y en cuanto éste hubo salido, Hermione se subió de un brinco en la cama de Draco, tumbándose al lado de él y abrazándolo por el cuello con fuerza, mientras le besaba toda la cara.
-Sabía que no me dejarías-. Decía entre beso y beso, mientras las lágrimas la caían sobre las mejillas sin que pudiera evitarlo-. Mi vida, no sabes cuánto te he echado de menos...
-Bueno, creo que me hago una idea -dijo riendo, mientras la abrazaba-. Hermione... Hermione, cielo, tranquilízate, me estás asfixiando...
-¡Oh, lo siento! -dijo Hermione todavía llorando, pero sonriendo al mismo tiempo.
Se levantó de la cama y se recompuso lo mejor que pudo, antes de sentarse en el sillón y aferrarse de nuevo a su mano.
-¿Cómo te sientes? -preguntó algo más angustiada.
-Hum. Pues... me duele todo, la verdad. Pero estoy bien. Aunque... -contestó Draco incorporándose un poco.
-¿Aunque qué?
-Pues que estaré mejor, cuando mate con mis propias manos a ese zafio de Huff -contestó entre dientes y con mucho coraje.
Hermione volvió a reír mientras se secaba las lágrimas.
-Tranquilo, ya se encargaron los Aurores de él. Está en una habitación, intentando recuperarse del fuerte golpe en la cabeza. Solo ha conseguido despertar de forma breve en un par de ocasiones -explicó Hermione, antes de que Ron entrase de nuevo en la habitación con el sanador de Draco.
-Bienvenido, señor Malfoy -lo saludó sonriendo el sanador-. Menos mal que ha despertado justo cuando terminaba mi turno. No me hubiera echo ninguna gracia tener que enterarme de su vuelta el último. Mi nombre es Adam Patrick y soy su sanador.
-Encantado -le saludó Draco, estrechando su mano.
-Bien, veamos, ¿qué tal se encuentra? -le preguntó mientras le tomaba el pulso.
-Pues bien, aunque me duele todo -volvió a repetir Draco.
-Bueno, no me extraña. Tiene todo el torso quemado y se dio un buen golpe en la cabeza -le informó el sanador.
-¿Ah, si? -preguntó algo confuso Draco.
-Si. El señor Huff le atacó utilizando el veneno de Wyvern. Un veneno corrosivo, similar al ácido -explicó el sanador, palpando la parte trasera de la cabeza de Draco-. Pero no se preocupe. Gracias a su bella e inteligente esposa, las heridas se están curando muy bien, y espero que no tarden mucho más en curar del todo.
Draco miró a Hermione, que se sonrojó un poco, con una ceja levantada. No le sorprendía en absoluto lo que le había dicho el sanador.
-¿Y cómo ha colaborado, exactamente, mi esposa en la curación de las heridas? -preguntó suspicazmente Draco, con una media sonrisa.
-Pues fue quien averiguó que era el veneno de esa cosa lo que te había provocado las heridas -terció Ron sonriendo-. Los otros cuatro heridos tan graves como tú, han ido despertando poco a poco en estos días, y ya están mejor.
-¿De veras? -dijo Draco burlón mirando a Hermione y acariciando el dorso de su mano con el pulgar-. Hum. No me extraña. ¿sería posible que tomara algo de agua? Tengo la garganta tan seca que siento pinchazos.
-Por supuesto -dijo el médico, sonriendo por los comentarios burlones de Draco y acercándole un vaso de agua-. Creo que se recuperará pronto, señor Malfoy.
-Eso espero -dijo Draco bebiendo un sorbo de agua y poniendo un gesto de dolor, cuando éste bajó por su traquea-. ¡Aah!
-Beba despacio, señor Malfoy -le aconsejó el sanador-. Bueno, ¿quiere que mande que le traigan algo de comer? -le preguntó el sanador.
-Hum. Creo que no, gracias. Ahora no tengo hambre -dijo amablemente Draco-. Quizá más tarde.
-Bien. Como quiera, pero le aviso que la cocina no estará mucho más tiempo abierta.
-No se preocupe, mi mujer me traerá algo de la cafetería, si es que puedo comer comida normal -contestó Draco esperanzado. Odiaba la comida de hospital.
-Claro que puede. Pero, creo que su esposa debería ir a descansar un poco, ahora que usted...
-De eso ni hablar. Yo no me muevo de aquí -protestó enérgicamente Hermione. Ahora que Draco había despertado, no pensaba irse a ningún lado.
-Pero, seño...
-He dicho que no me muevo de aquí -interrumpió al sanador, ceñuda.
-Hermione, deberías... -intentó intervenir Ron, pero también fue interrumpido.
-Bueno, ya está bien. No pienso irme, no necesito nada, ¿vale? -Hermione se había puesto en pie y parecía furiosa.
-Vale, vale. Tranquilos todos -intercedió casi sin fuerzas Draco, al ver que tanto el sanador como Ron se disponían a replicar, y adivinando el estallido que su mujer podía tener, intentó evitar la furia de unos y otros-. ¿Se puede saber qué ocurre aquí?
Nadie dijo nada. Ron y el sanador se miraron como si quisieran ocultar algo y Hermione se sentó de nuevo en el sofá, ceñuda, cruzándose de piernas y brazos, claramente enfurruñada.
-Hermione, ¿Qué pasa? -insistió Draco, incorporándose otro poco más, en la cama y alargando la mano hacia la cara de su mujer, para que lo mirase.
-Nada. No pasa nada -contestó Hermione, entre dientes.
-Pasa, señor Malfoy, que su esposa no se ha separado de usted más que un día, no ha dormido a penas y tampoco ha comido mucho -explicó el sanador con un suspiro.
Draco miró a Ron, quien le confirmó aquello con un gesto afirmativo de cabeza. Después volvió a mirar a Hermione, esta vez más detenidamente, examinándola de arriba abajo, percatándose que se la veía más delgada y muy cansada. Tenía ojeras moradas y bolsas debajo de los ojos. Hizo un gesto de disgusto y después volvió a hablar.
-Ya veo -dijo Draco con calma-. Bueno, sé que debería descansar, pero me gustaría que se quedara conmigo esta noche.
-Pero, señor Malfoy, ambos necesitan... -empezó a protestar el sanador.
-Lo sé. Pero, por favor, necesito que se quede -pidió Draco de nuevo-. Solo será esta noche.
El sanador hizo un gesto de impaciencia y suspiró antes de contestar.
-Está bien. Como quieran -concedió finalmente-. Son ustedes las personas más cabezonas que he conocido. Pero, bueno, dejaré que se quede, solo si promete que descansará bien, antes de volver a quedarse con su esposo -propuso el sanador, adivinando las intenciones de Hermione de quedarse hasta que saliera de San Mungo.
-Prometido -dijo Hermione sonriendo de oreja a oreja.
-Bien. Entonces les dejo solos, iré a avisar a sus padres.
-¡No! -exclamó Draco, sorprendiendo a todos-. Por favor, no los avise. No quiero que lo sepan aún... quiero que sea una sorpresa -añadió apresuradamente Draco, al ver las caras de los tres.
-Está bien. Como quiera, daré orden de que no los avisen. Me pasaré mañana. Buenas noches.
-Buenas noches -contestaron, Ron, Draco y Hermione al mismo tiempo.
-Bueno, yo también debo irme ya -dijo Ron carraspeando cuando el sanador salió-. Me alegra mucho verte despierto al fin, Malfoy. Nos vemos mañana -dijo, dando un golpe en el hombro de Draco.
-Gracias, Weasley. Yo también me alegro de que estés por aquí -contestó Draco sonriendo.
-No vemos mañana Hermione -dijo abrazando a Hermione.
-Claro. Gracias por estar conmigo, Ron -dijo Hermione, mientras abrazaba a su amigo-. No sabes cuánto significa para mí...
-No tienes que agradecer nada, para eso están los amigos -respondió Ron, separándose de ella y sonriendo-. Bueno, pareja. Nos vemos mañana. Qué descanses Malfoy.
-Gracias, Weasley.
En cuanto Ron salió de la habitación, Hermione se volvió nerviosa hacia Draco. Por el tono que había empleado anteriormente, cuando le dijo al sanador que quería que se quedara, sabía que no estaba nada contento, lo que pudo corroborar al girarse y ver la cara de Draco. Estaba recostado en la almohada y parecía cansado, pero sus ojos lanzaban fuego. No es que no estuviera nada contento, es que estaba furioso.
-Ya puedes empezar a explicarme con detalle a qué se debe el aspecto tan horrible que tienes, Hermione. Y porqué, el sanador y Ron estaban tan enfadados -dijo con dureza Draco cuando Hermione se sentó en el sillón.
-Pues, yo... -empezó Hermione con un nudo en la garganta. No podía creer que Draco estuviera tan furioso-. Yo... No podía... dejarte aquí solo... -consiguió balbucear Hermione.
-Así que te has pasado día y noche junto a mí. Sin dormir ni comer a penas -terminó Draco, con el gesto aún duro, pero el tono de voz suave, haciéndose a un lado y apartando un poco las sábanas-. Ven, sube -la dijo finalmente.
Hermione se mordió el labio inferior asustada, y tras pensarlo durante unos segundos y tras el gesto de apremio que le brindó Draco, se quitó los zapatos y se subió a la cama, tumbándose al lado de él, que la abrazó con un brazo por detrás de la cabeza.
-Bueno, pues ya estoy bien... casi -se corrigió sonriendo un poco-, así que mañana te irás a casa, dormirás el tiempo que sea necesario, comerás en condiciones y, después de eso, permitiré que vuelvas. Le diré a mi padre que te acompañe y se quede contigo, parece que le temes más que al tuyo, así me aseguraré de que obedeces.
Hermione no pudo evitar reír. Se acurrucó un poco más junto a él y se dio cuenta de que todo el dolor que había sentido, el nudo en la garganta, y el vacío en el pecho habían sido reemplazados por una inmensa emoción y alegría.
-No sabes cuánto te hemos echado de menos, Draco -susurró cerca del cuello de Draco, ignorando las palabras que había dicho su marido-. El mundo se me vino abajo cuando me dijeron que te habían atacado, y creí que me moriría cuando no despertabas... no lo pasaba tan mal desde hacía mucho tiempo -confesó Hermione sin poder evitarlo.
-Lo sé, mi vida. Lo siento mucho -dijo suavemente Draco besando la cabeza de Hermione con ternura-. Pero, ya he vuelto, así que no tienes porqué temer ya. Ni tampoco voy a permitir que me ignores. Mañana irás a descansar, ¿me oyes? Tienes un aspecto horrible, no me gusta que estés así por mi causa. En serio, Hermione, ¿porqué no le pediste a tus padres o los míos o a alguien, que se quedara conmigo, aunque fuera por el día, si no querías dejarme solo? -la medio reprendió Draco.
-Porque no me hacía falta -contestó Hermione cerrando los ojos-. Todos querían relevarme. Me dijeron mil veces que me fuera a descansar... pero yo... simplemente no podía -explicó encogiéndose de hombros.
-Ya. Siempre tan testaruda, ¿no? -dijo Draco sonriendo. Al fin y al cabo, le gustaba saber que Hermione lo quería tanto como para no dejarlo solo ni un minuto, lo que por otro lado, no le impedía sentirse mal, porque estuviera tan cansada.
-Mmm, ¿si piensas así? -dijo Hermione entre risas y encogiéndose, de nuevo, de hombros.
-Gracias por estar a mi lado -susurró Draco besando la frente de Hermione.
-No tienes que agradecer nada. Es mi obligación -le contestó Hermione, besándolo suavemente en los labios.
-¿Cuánto llevo aquí? ¿Qué me he perdido? -preguntó Draco al cabo de unos minutos de silencio.
-Pues llevas más de un mes. Mañana termina mayo -contestó en voz baja Hermione-. Y no te has perdido mucho, la verdad. El ministro, Harry y Ginny, todos los Weasley, y los señores Huff, han estado visitándote a diario. Sin contar, por supuesto, con mis padres y los tuyos, que han estado constantemente contigo.
-Vaya... ¿los señores Huff han venido a verme? -preguntó extrañado Draco.
-Ajá. Se sienten muy culpables por lo que pasó. Aunque, según nos han contado, hacía casi seis meses que no lo veían ni tenían noticias de él.
-Mmm. ¡Ese maldito, Huff! ¡Cuando me recupere me las va a pagar! -refunfuñó Draco.
-Tranquilo. Harry se encargará de él en cuanto se recupere -susurró Hermione antes de sentarse en la cama y girarse hacia la mesilla para coger el vaso de la poción-. Anda, tómate esto. Ahora que has despertado podrás beber más y hará mejor efecto.
-Gracias -dijo Draco, sentándose también en la cama y tomando el vaso que le daba Hermione-. ¡Puaj! ¿qué demonios es esto, una poción medicinal o veneno? -preguntó con cara de asco cuando dio un sorbo de la poción.
-Es medicinal. Anda, no te quejes tanto y bebe -le apremió Hermione riendo.
-Esto es una tortura, no una medicina, Hermione -volvió a refunfuñar Draco asqueado, cuando se terminó la poción.
-¡Bah! No digas tonterías. Si no fuera por esa tortura, aún no habrías despertado.
-Hum -gruñó Draco, tumbándose de nuevo, y estirando el brazo para que Hermione se tumbara-. ¿Qué tal están los niños? -preguntó acariciando el brazo de Hermione, cuando ésta se acurrucó en él.
-Muy bien. Lucius crece a la velocidad de la luz, ya le verás mañana. Y Cissy... -dijo con ternura, al recordar las visiones de la niña- Cissy, estoy segura de que es vidente, Draco. Predijo tu "accidente", minutos antes de que Harry me enviara la lechuza. Y también predijo que te pondrías bien... dijo que te vio rodeado por todos nosotros, celebrando tu cumpleaños -terminó de explicarle alzando la cabeza para mirarle a los ojos.
-¿En serio? -preguntó Draco maravillado y sorprendido por igual- Vaya, así que nuestras sospechas se han cumplido, ¿eh?
-Eso parece -contestó Hermione-. Han estado todos los días aquí, contigo. Cissy se pasaba casi todo el día tumbada junto a ti. Abrazada a tu cuello, susurrándote cosas al oído. No me preguntes el qué, porque no se la entendía.
-Hum. ¡Curioso! -murmuró para sí, Draco-. Juraría que recuerdo algo... aunque está como borroso... -dijo Draco, esta vez en voz más alta.
-¿En serio? ¿Qué recuerdas? -inquirió curiosa, Hermione.
-No sé... como te digo, está como borroso... pero, es como... bueno es extraño, ¿sabes? -balbuceó Draco, un tanto confundido. Le costaba mucho confesar que mientras había estado inconsciente, había podido oír e incluso ver, algunas escenas. No quería que Hermione pensara que estaba loco-. No sé, la verdad... recuerdo ciertas cosas... sobre todo, la nana que le canto a los niños antes de dormir -confesó tapándose los ojos con la mano, para evitar ver la cara de horror, que seguramente, estaba poniendo Hermione. La conocía lo suficiente como para saber, que para ella, las cosas inexplicables no existían.
-Vaya, si que es interesante -dijo Hermione, pensativa y antes de bostezar-. Bueno, mañana podremos hablar con más calma de todo esto. Ahora duerme y deja que la poción haga su trabajo -le dijo de forma autoritaria, tapándole el torso y el brazo que tenía libre, con las sábanas, quedando ella tapada, a la misma vez.
-Ya. Como si no fueras tú la que está rendida -repuso riendo Draco-. Buenas noches, mi vida.
-Buenas noches. Te quiero -contestó Hermione riendo también-. ¿Draco? Despierta mañana, ¿de acuerdo? No vuelvas a dormirte durante tanto tiempo.
-Descuida. Me despertaré -contestó Draco sonriendo-. Y ahora, duerme. Te quiero.
