Semana Zelink día tres: #perfume


Los personajes han sido creados por Nintendo. No me pertenecen en lo absoluto.

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Perfumes

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Zelda caminaba por el pueblo cuando supo de los maravillosos productos de la comerciante, actualmente, más ingeniosa de Neburia. Escuchó el alboroto que provenía de la tienda de Goselle; un grupo de muchachas corrían hacia el lugar, emocionadas, parloteando con la alegría reflejada en sus caras sobre quién sabe qué. Se hicieron filas enormes para comprar los tónicos y el estrépito aumentó cuando Goselle abrió la entrada y se dispuso a atender. Pasaron unos minutos y una de las jóvenes pasó junto a Zelda feliz de la vida con un frasco elegante de cristal entre sus manos, la tonalidad lavanda del líquido llamó la atención de Zelda. Ella se preguntaba, cada vez que pasaba por el área comercial, qué causaba tanto furor en el pueblo, específicamente en las mujeres jóvenes de su edad.

Se quedó ahí varada, intrigada, mirando a lo lejos el ajetreo e intentando adivinar qué compraban tanto las aldeanas; sus deberes como sacerdotisa, cuidadora del Templo del Presidio y de la Trifuerza, no le dejaban mucho tiempo libre; sobre todo ahora que la natalidad había aumentado en el pueblo debido a las nuevas tierras descubiertas, como sacerdotisa debía velar por los niños, ayudar en la partería y, junto a Link, organizar los pequeños asentamientos que se irían construyendo en las Tierras Inferiores, cuidando siempre los lugares sagrados de no ser tocados por manos ajenas a los elegidos.

Suspiró, bajando la cabeza sin energías; todo se había vuelto trabajo y ya no tenía esas tardes tranquilas para divertirse con trivialidades como las muchachas que corrían a su lado, emocionadas por sus compras pequeñas. Incluso Link, después de haberla salvado, tomó más en serio su puesto en la Guardia y se dedicó a entrenar a hombres para las expediciones, se marchaba por semanas en viajes que ella a veces desconocía y volvía uno o dos meses después; maltrecho, con la sonrisa radiante y heridas en el cuerpo.

Zelda lo echaba mucho de menos, más de lo creyó posible, esas semanas en las que su presencia se esfumaba como el humo, el pecho le pesaba dolorosamente en un escozor punzante, haciendo fallar su respiración a veces y entorpeciendo los latidos de su corazón. Todos en el pueblo veían a la sacerdotisa entristecida y evitaban frente a ella nombrar al héroe para no lastimarla. Olvidaban que Zelda conocía a Link de una manera más profunda que otros, inclusive, más que él mismo; el espíritu del héroe no estaba para ser perpetuado en un mismo lugar, necesitaba expandirse, descubrir nuevos lugares, tener aventuras... Comprendía la razón mejor que nadie. Ella no se acostumbraba a eso todavía.

Probablemente Hylia lo había escogido por eso, además de sus sentimientos puros y sinceros, sabía que él no dudaría en arriesgarse para proteger a quienes lo rodeaban.

Link parecía no comprender que ella anhelaba tenerlo cerca suyo, más allá del protocolo existente entre el héroe y la sacerdotisa, más que entre amigos de la infancia y compañeros...

—¿Y esa cara? —Zelda giró el rostro hacia la voz femenina, atraída abruptamente a la realidad.

—Ah, hola, Karane, ¿qué tal tu día? —saluda, acomodando sus libros contra su pecho, donde llevaba el seguimiento de las mujeres embarazadas.

—¿Por qué estás aquí? —sonrió Karane, sin responder, Zelda contemplaba todavía a la muchedumbre histérica en la tienda de Goselle y al notarla tan distraída, sacó sus propias conclusiones—. ¿No me digas que tú también quieres comprar sus perfumes?

¿Perfumes?

Zelda ladeó la cabeza, intrigada y extrañada—. ¿Por eso tanto alboroto? Por unos perfumes...

Karane se largó a reír y la joven no le daba cabida a su entusiasmo en cada carcajada.

—Ay, Zelda, no sabes qué clase de perfumes son, ¿verdad?

Ahora no entendía nada.

—Por supuesto que lo sé —contesta, ofendida y roja—. Papá me regaló uno para mi cumpleaños hace algún tiempo.

Había ciertos lujos que las mujeres de Neburia preferían no costearse, un ejemplo de ello eran los perfumes, su proceso de fabricación era tan meticuloso y lento, que se requería demasiado dinero, dinero que, para el común de las aldeanas, podía gastarse en cosas que fuesen necesarias y útiles. Las que alardeaban por tener más dinero en el bolsillo, podían encapricharse de exhibir sus pieles aromatizadas, aunque, dado que la isla no era precisamente abundante en vegetación, sólo podían elegir entre dos fragancias.

Con la nueva tierra descubierta, no obstante, y la variedad de flores, se extendieron las posibilidades. Y Goselle fue una de las ingeniosas mentes en darle un uso "apropiado".

Pero Zelda en su inocencia, ignoraba algo muy importante, que incluso se lograba inferir en el tono y la miraba burlona de su antigua compañera de academia.

—Bueno, a mis ojos, me parecen simples perfumes —responde Karane con una mano en la cadera—. Pero Goselle dice que te ayudan a conseguir más cercanía con tu pareja, por eso es tan popular.

—Cercanía... —repitió Zelda, contemplando a las jóvenes que pasaban a su lado con botellas de distintos colores—. Quieres decir que...

—Exacto —se adelantó ella—. Te ayudarán a tener a tu enamorado más apegado y cariñoso que lo normal. Sube la temperatura y aumentan los mimos, ¿estás interesada en usarlo con Link?

La expresión de Zelda era un poema, coloreada hasta las orejas, se dio la vuelta dándole la espalda a Karane. Se fue corriendo hacia las mujeres encargadas de la partería, avergonzada, sin querer responder.

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—Estás muy despistada, hija mía, ¿ha pasado algo?

Zelda apretó sus labios de niña, inquieta por la pregunta y por las reacciones que había tenido su cuerpo desde la conversación que tuvo con Karane.

¡Se lamentaba tanto de haber descubierto la verdad comprometedora de esos perfumes!

Tanto así que su mente fantaseaba con tantas cosas que no lograba concentrarse ni en el trabajo.

—No es nada —respondió, lamiendo sus labios después de beber leche—. ¿Me he comportado extraña?

Inquiere con inocencia, más por necesidad de saber si inconscientemente estaba demostrando su ansiedad interior. Zelda era pésima para ocultar sus emociones, brotaban sin control, ni reparo. Era capaz de envolver a la gente con su alegría o alejar a todos a su alrededor por el aura amenazante que emanaba de ella cuando no estaba de buen humor.

—Estos días te visto muy nerviosa —sonrió, adivinando el hombre la razón—. ¿Es porque Link volverá?

El corazón, entorpecido por naturaleza, le dio un vuelco y ella se ruborizó.

—¡No es por eso! —soltó Zelda, escandalizada. Pero eso lo hizo más evidente.

La risa de su padre la dejó en descubierto y ella resopló, sonrojada.

—Iré por mi Neburí —dijo—. H-hoy hay trabajo en el templo.

Le dio un beso en la mejilla al hombre y se marchó. Necesitaba respirar aire fresco y alejar sus preocupaciones, provocadas en gran parte por la pronta llegada de Link y la conversación que tuvo con Karane. También por sus fantasías de adolescente.

Zelda había sospechado días atrás la naturaleza de los perfumes, ahora ya entendía por qué eran tan populares y requeridos por las muchachas, no les agradaba quedarse solas por esas tontas expediciones y anhelaban tener a su amado junto a ellas. Zelda suspiró, repentinamente entristecida, mientras avanzaba por los pastizales.

Comprendía el acto infantil de las aldeanas, nadie le gustaba pasar semanas esperando a alguien.

Miró el cielo despejado, preguntándose cuando llegaría Link; su corazón sangraba por él en cada despedida. Caminó un buen rato sin rumbo, olvidando sus responsabilidades, lejos de tener ánimos por encontrarse con alguien. Fue en eso que vio la figura de Goselle cargando un canasto enorme, acercándose hacia ella.

Zelda sintió el pánico apoderarse de sus pensamientos.

No, iba a actuar como una mujer madura. No se iba a dejarse influenciar por cursilerías de niña encaprichada. Esos perfumes no tenían nada de especial.

Sin embargo, desde que veía a las demás jóvenes de su edad emocionadas, preparándose para sus enamorados y embelleciendo sus pieles y cabellos; la invadió una cierta fiebre. Una imperceptible envidia hacia aquellas que podían disfrutar del amor más abiertamente a diferencia de ella. Era una sacerdotisa y como cuidadora de la Trifuerza, un poder sagrado, estaba obligada a alejar todo lo turbio de su mente, las nimiedades que la distrajeran y conformarse con un amor todo menos apasionado, ansioso y devoto. El pueblo esperaba cierta madurez en sus comportamientos y actuar. Sentía envidia por aquellas que veía coger frutos inaccesibles para ella. A partir de ese día en donde descubrió la real naturaleza de las fragancias creadas por Goselle, le fue imposible no observar a las parejas sin sentir un estremecimiento voluptuoso que le causaba placer y aflicción a la vez.

—Hola, querida —saludó la mayor al encontrarse por el recodo del camino.

La mirada de Zelda se vio atraída irremediablemente hacia las flores que estaban dentro del canasto de mimbre, sobresalían de los bordes racimos abundantes de toda clase y colores. Al percatarse que Goselle había adivinado sus pensamientos y reciente interés, levantó la cabeza con algo de vergüenza propia.

—Buen día —estiró los labios en una sonrisa, fingiendo desinterés por lo que llevaba—¿Está vendiendo flores, señora Goselle? Son muy bonitas.

Oh, esa pregunta sonó tan falsa para sus adentros, pero Zelda se negaba a aceptar que deseaba tener uno de esos perfumes en su bolsillo.

—No, son para mis perfumes —le guiñó el ojo.

—¿Es para seducir a los hombres? —soltó Zelda sin aguantar más la curiosidad—. ¿No es eso comercio ilegal?

La risa de Goselle avergonzó un poco a la muchacha. Se sintió tonta por un segundo.

—Un perfume es un perfume, Zelda, el uso que quieras darle es otro tema.

—Karane me dijo que era para... —se puso colorada, sin poder continuar.

—Pues sí, hago muchos tipos de perfumes con distintas propiedades —confiesa la mujer mayor—. Por supuesto, los que Karane te ha contado son los más vendidos, pero mi repertorio comercial no se basa sólo en eso.

—Creí que...

—¿Estás interesada en alguno?

Zelda titubeó unas palabras, pillada de frentón.

—¿No quieres verte atractiva para Link? —dijo Goselle, con una mirada llena de picardía, envuelta en una compasión que la joven no comprendió.

—N-no, yo... Es decir, sí, pero...

—Ten, extiende tu mano —La mujer sacó un frasquito de vidrio de uno de los bolsillos de su delantal y lo dejó sobre la mano temblorosa de Zelda. Dentro de él había un líquido trasparente, similar al agua.

—¿Qué es?

—Es un perfume, como no quieres nada intenso, te regalo este. No es el más vendido, pero puede ayudarte con Link. Ese hombre es tan despistado y torpe que no me sorprendería que no te haya besado alguna vez.

La cara de Zelda se encendió en un notorio carmesí.

—¡Sí nos hemos besado! —se defiende.

—Ah, ¿sí? —Goselle sonrió apenas—. Pero no te ha hecho sentir como la única mujer que desea, ¿o sí?

Zelda enmudeció. Link era muy respetuoso con ella, los besos que se habían dado eran tan distanciado unos de otros, que ella recelaba cada detalle en su mente. En más de una ocasión se preguntaba si Link se veía atraído por quien compartió tantas vivencias, con la similitud de un amor hermanal en la niñez... Temía que él no la viera como una mujer. El trabajo y la aldea no les dejaba ni un solo momento para compartir a gusto sin estar atentos a cualquier dilema que tuvieran los aldeanos.

—Gracias —murmura, inclinando su cabeza y partiendo a sus labores del día, repentinamente hallando sus soluciones amorosas en ese tónico inusual.

Quería sentirse linda a sus ojos, que Link la viera como una mujer y no como una amiga de la infancia, quería sentirse atractiva y no sólo una compañera por largo tiempo.

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Era de noche cuando el gran grupo de expedición llegó.

Gaepora ordenó colocar mesas, cubiertos y preparar una gran comidilla para los hombres agotados; encendieron una hoguera, se tocó música y colgaron pequeños banderines para darle un aire más festivo a la celebración. La primera ave que se elevó por los cielos de Neburia, fue el Neburí de Link y el pueblo entero clamó alegre por su regreso. El carmesí brilló en el cielo, seguido de los demás. Los aldeanos, aplaudiendo, fueron a recibirlos, felicitando a los osados que se encaminaban por tierras desconocidas y peligrosas.

Zelda estaba en su cuarto, ajena al panorama. Sentada en su cama y mirando el pequeño recipiente de cristal de ese perfume que Goselle le había regalado. No dejaba de sentirse inquieta por lo que haría, parecía ser como si tuviera entre sus manos el mismo elixir del amor, que atraparía al enamorado irremediablemente entre sus brazos para caer y disfrutar de estar juntos, sentir los besitos en sus mejillas y labios e inundarse en su calor. Se supo tonta por un momento, pensando que muchas chicas de la aldea se encontrarían al igual que ella, temiendo y ansiando lo mismo.

Suspiró. Ya no había marcha atrás, destapó el frasco y se aplicó el líquido por la piel del cuello y el nacimiento de los pechos como Goselle le había indicado entre risitas. Estaba en eso cuando tocaron la puerta con tres golpes. Zelda dio un respingo del susto, dejó el perfume sobre la mesita de noche y se acomodó el vestido, encaminándose hacia la entrada, de seguro era su padre que habría olvidado algo como siempre.

Abrió la puerta.

—Zelda —un muchacho rubio, de no más de veinte años y de cabello largo que caía sobre los hombros, le sonrió.

Ella se sorprendió de lo mucho que se estaba pareciendo Link al primer héroe escogido, el que murió en los brazos de Hylia y ella lo lloró más que nadie. Zelda suspiró sin querer y los brazos de su eterno compañero la rodearon sin una sola palabra.

Estaba más alto y el cabello le había crecido.

—Te extrañé, Link... —murmuró, feliz, con el corazón a punto de estallarle de la alegría.

—Yo también, Zelda —confesó, abrazándola fuertemente, apoyando su mejilla en el hombro de ella, buscando su calidez y la sensación conocida de su cuerpo contra el suyo.

El joven puso sus manos sobre los hombros femeninos para observar a la mujer a los ojos, pero algo lo detuvo. Frunció el ceño, llevándose una mano al puente de su nariz.

—¿Tienes algo ahí?

Ella ladeó la cabeza sin entender la pregunta—. ¿Qué?

—Hay... un olor extraño.

La sangre le bulló en los oídos y Zelda no pudo creer que estuviese funcionando. Abrió los ojos, entre sorprendida y fascinada. Goselle no decía mentiras, ¡de verdad funcionaba! Ahora sería linda a sus ojos y Link la querría aún más...

—No es nada —respondió Zelda, haciéndose la desentendida—. Papá quiso cocinar hoy y...

—No, es diferente —Link dio un paso atrás—. Es molesto.

Auch.

—¿Salgamos? Creo que no podré soportarlo más... —dijo, arrugando su semblante, queriendo darse la vuelta.

Era ella.

—No, Link, es... —Zelda dio un paso para acercarse y detenerlo, pero se enredó con la alfombra de la entrada y sus pies fallaron. El muchacho la sostuvo a tiempo antes de que se estrellara contra el piso y supo, inmediatamente, de dónde provenía el olor.

—Eres tú, Zelda —dijo, ayudándola a incorporarse—. Apestas, ¿qué clase de colonia es esa? —se rió.

Ella sintió apretado su corazón; Link no tenía tacto en ocasiones, justificado por los años de confianza, haberla visto como una hermana por un largo tiempo... No importaba qué hiciera, pensó ella, él no dejaría de verla como otra chica más.

Link había sido el primer hombre para ella, el primer beso, la primera caricia, la primera complicidad...

La sal se derramó por sus mejillas, sintiéndose humillada y patética. Retiró los brazos de Link que seguían sosteniéndola con suavidad y lo evadió. Se fue corriendo hacia afuera, silbando por su Neburí para perderse en la densidad de las nubes y descender hacia las Tierras Inferiores que se hallaban deshabitadas, porque toda la aldea se había reunido para recibir a los recién llegados de la expedición.

Link se quedó parado en el pórtico, sin saber qué hacer, viéndola desaparecer.

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Zelda arribó en la primera laguna que pudo ver; era pequeña, escondida entre la espesura y por aquellas horas, debido en gran parte por el clima cálido, aparecían luciérnagas que sobrevolaban por la superficie tranquila del agua. La joven no quiso llorar hasta que tuviera la sensación de ese horrible perfume fuera de su piel, ya con las ilusiones rotas y la soledad, se hundió en las aguas, recibiendo la apremiante sensación de frescor cubriendo su menudo cuerpo.

Aguantó la respiración un poco y después salió, tragando una gran bocanada de aire. Descubrió que tenía la cara caliente por la vergüenza y la pena, y las lágrimas brotaron de sus ojos; ¿qué iba a pensar que su encuentro con Link, después de meses sin verse, terminaría de aquella manera?

Se quedó un buen rato en las aguas, ordenando sus pensamientos, mirando a las luciérnagas y el reflejo de la luna, abrigada por el silencio y la tristeza. Cuando sus emociones parecieron calmarse decidió volver a casa. Caminó hacia la orilla, pero sus pasos de detuvieron abruptamente cuando vio a un hombre sentado frente a ella, que la miraba atentamente. El corazón de Zelda dio un vuelco.

—¿He metido la pata?

Zelda frunció el ceño, molesta, se pasó una mano por el rostro para secar la piel de su rostro. Estaba escurriendo agua por montones—. Quiero estar sola, ¿qué haces aquí?

Link se puso de pie, sin decir nada, fue hasta ella.

—Vine por ti, una mujer no puede estar sola por la noche, es peligroso.

Ella apretó sus labios—. Que oportuno que lo digas ahora, pero cuando te vas por meses, no parece importarte dejarme sola —espetó en voz baja, demostrando en cada pausa el resentimiento y abandono, dio un paso al lado, alejándose de él.

Link la tomó delicadamente del brazo, interrumpiendo su andar.

—Sabes que dejarte sola es algo que hago en contra de mi voluntad, pero tengo que obedecer las órdenes de mis superiores. Neburia está creciendo y la isla ya no da abasto.

Zelda ocultó su rostro entristecido tras su flequillo, Link siempre anteponía los deseos de otros antes que los suyos propios...

—No quise herirte...

—Lo hiciste —murmuró ella, con la voz temblorosa y la mirada empañada—. Yo quería...

Dejó la frase a medias cuando Link fue atrayéndola hacia él, se sintió embriagada por su presencia, en cómo la miraba y la amabilidad que había en sus manos al ponerlas sobre sus caderas. Zelda se estremeció sin querer, repentinamente abrumada.

—Q-quería verme bonita... —confesó, con una sonrisa entristecida en la cara y la luz de sus ojos disminuyendo—. Quería verme atractiva y por eso usé un perfume y... ¿soy bonita, Link?

Pregunta, de repente, deseando encontrar la respuesta en él. Link sonrió entretenido por descubrirla tan acomplejada por un asunto que le parecía evidente. Zelda no quería verse atractiva para otros hombres más que para Link. Pero ahora que se había ido ese estúpido tónico, creyó estar más lejos de él. Y la sola posibilidad de que joven no la mirase como una mujer la deprimía.

No obtuvo una respuesta en palabras, no obstante, Link la rodeó y ella se abandonó a ese poderoso abrazo, sin entender todavía los deseos del joven. Abrió sus ojos desmesuradamente al sentir los labios del muchacho besando los suyos con el mayor ardor, uno que ella nunca probó. Zelda cerró sus ojos, entregándose a ese beso apasionado que le hizo sentir el vientre apretado, las pulsaciones y la maravillosa sensación de su piel contra la de Link.

—No necesitas esas cosas, Zelda —murmuró el joven, hundiendo su rostro en la hendidura de su cuello, cautivado y embriago por la esencia de Zelda—. Me gusta tu aroma, me recuerda que tengo un lugar al que volver.

Zelda sintió la tibieza calmar su corazón, se puso de puntillas y se volvieron a besar, las veces que fueran necesarias para saciar el hambre por el otro, después de esos meses de ausencia.

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No, no he desaparecido. Y sí, soy una irresponsable por no actualizar y merezco ser lanzada a las profundidades del averno. Pero regreso con un one-shot bien larguito (?) No, en serio, soy de lo peor. Me disculpo por eso; la justificación es... Que estaba escribiendo un long-fic que hace más de un año tenía pensando. Y me devoró el cerebro (Para las interesadas se llama Descubriéndonos)

Espero que les haya gustado este intento del día tres #perfume. Y lamento si no u.u

Como es la semana zelink, decidí volver con esta temática en particular. Iba a escribir algo bien pasado de colores, como Muestras de Afecto (yo todavía no sé qué rayos me pasó con ese one-shot, no era yo xD) Pero no, no pude. Porque soy lerda en esas cosas (y no me gusta tampoco). Estos dos son preciosos así, me iba a salir del canon y el escrito también estaba en riesgo de quedar muy cliché.

Así que me fui por otro camino. Que no sé si quedó del todo bien :|

Gracias por leer, comentar, seguir y agregar a favoritos. Son personas preciosas. Este lugar de fanfiction me ha entregado mucho cariño y es en el que más a gusto me siento. En serio.

Bueno, eso es todo, cuídense mucho. Un beso y abrazo. Nos vemos~


PD: ¿tomatazos?