Hola gente linda! Gracias por todos los comentarios que me dejaron en el cap anterior! Es por eso, que estoy aca, media enfermucha, para dejarles este.

Este capítulo, me gustó, espero que a ustedes también les guste mucho!

Nos leemos abajo.


Siempre amé tu locura

Capítulo 10

Cadence

Ni bien salieron de la carpa, Ginny vomitó lo que había ingerido en la última hora. No podía hilar un solo pensamiento coherente después de abandonar a la lunática de Elly. ¡¿Cómo sabía tantos detalles de su vida privada?! ¿Acaso trabajaba para el Servicio Secreto del ministerio? ¡Porque eso de que era experta en Adivinación tenía que ser un verso! ¡Embarazada! Definitivamente era imposible que lo esté. ¿Qué sabía esa mujer del sufrimiento de no poder concebir? Volvió a vomitar, su amiga le sostenía el pelo.

Luna respiraba entrecortado, de los nervios y el calor. Las sagradas palabras de Elly galopaban en su mente, y ella no lograba traducirlas. Primero resultó que Ginny era estéril, Ginny no se había cuidado, ¡Ginny estaba embarazada! ¡Entonces no podía ser estéril! Todo eso era un disparate. ¿Su amiga había cometido la peor de las locuras para ser madre? ¿Acaso se trataba de eso? No veía la hora de que deje de vomitar, para saldar sus dudas. Ginny se limpió la boca, con el dorso de la mano y la miró…

-Diablos…-dijo agitada y transpirada.

-Deberíamos ir a San Mungo.

-Ni loca…-descartó, de mal talante. Odiaba que su amiga tome en serio las palabras de Elly.- En serio, no iré a ninguna parte más que a mi hogar…

-¡Tienes síntomas, no puedes negarlo!- señaló, exasperada.

-No los tengo…

-¡Te ruego que no seas negadora Ginevra! – la hilvanó Luna, con el mismo tono enojado.

-¡Vomité a causa del maldito sahumerio de la vieja loca!- se encendió Ginny.- ¡Eres mi mejor amiga y como tal deberías recordar QUE ODIO EL OLOR A SAHUMERIOS!

-¡Si claro, los sahumerios!- contestó mordaz. El celular de Ginny sonó. Ella lo sacó de su cartera, agitada por haber vomitado. Al verlo, palideció nuevamente.- ¿Qué, qué pasa?

-Es un número desconocido.- Luna se acercó, rápidamente para ver la pantalla.- No deseo molestarte, Ginny, solo quería desearte un muy feliz cumpleaños. Harry.

-¡Genial! ¡Aprovecha y dile que va a ser padre! –sugirió, irónica.

-¿Te volviste loca? – dijo Ginny.- ¡Deja de decir estupideces! Como si fuera cierto que yo…-dejó la frase irresuelta- ¡Sólo le diré una cosa! ¡Gracias! ¡Y se lo pondré mal escrito! –Consultó el horario, a modo controlador.- Será dentro de dos o tres horas…así aprenderá lo que es la humillación ese maldito…

-¿Quieres enfocarte? –La reprendió Luna- ¡Tenemos otro problema muy grave aquí! – le señaló el vientre con renovada vehemencia.

-¡No sé cómo se me ocurrió escuchar a esa vieja del demonio! –Rezongó, desprestigiando a Elly- ¡Debo estar loca para hacerte caso de entrar en su mugrosa carpa!

-Te mandas la peor cagada de tu vida, ¿y le echas la culpa a Elly? –dijo Luna sarcástica.- ¡Ella no te embarazó, por si no lo recuerdas!

-¡Basta con eso, Luna! ¡No estoy embarazada! – Se apresuró a excusarse- ¡Esa vieja está trastornada, entiéndelo!

-¡Mira, Ginny! – Luna perdía los estribos- ¡Estás obsesionada con ser madre hace muchísimo tiempo!

-¿Obsesionada, dijiste? – Murmuró acusadoramente, entrecerrando los ojos- ¡Sabes cuánto me duele que llamen obsesión a mi deseo de ser madre! ¡No puedo creer que tú…!

-¡Tu deseo se cumplió! – La anotició, encolerizada- ¡Estás embarazada, mierda! ¿O acaso no escuchaste a Elly?- agregó, sardónica.

-¡No estoy embarazada, Luna! ¡Se trata de un delirio de tu amiguita! –Contradijo segura- No puedes confiar en ella.

-¿Te cuidaste? – Ginny negó.- ¿No utilizaste protección al acostarte con Potter?

-Soy estéril – se tocó la garganta, las palabras le costaban, le ardía demasiado por el asqueroso gusto del jugo gástrico. Y aún su estómago daba vueltas como si estuviera en una montaña rusa.- Da igual si me he cuidado o no.

-Te ruego que no me mientas. –Chascó la lengua, desaprobándola- Ya está, descubrí todo…

-¿Cómo dices?

-¿Crees que no me di cuenta de tu plan?

-¿Mi plan? –Repuso, autorreferencial.- ¿De qué carajo estás hablando Luna? –preguntó, furiosa.

-¡Del macabro plan para utilizar a Harry como banco de semen! – la inculpó Luna, enojada.

-¿Qué dices? ¡Yo no he utilizado a nadie! –Refutó, ofendida.- ¿Cómo se te ocurre semejante pavada? ¡Te confesé que soy estéril!

-¡Al diablo con ese verso! – Ginny estuvo tentada de golpearla.-No te creo nada, lo utilizaste… se que Potter es un pobre idiota que te creyó el cuentito de que eras estéril, pero en esto no pienso apoyarte. Se trata de un niño, Ginny, no es ningún juego.

-¡Al diablo tú! ¡No es ningún verso, yo soy estéril! –Rugió llena de furia- ¡Puedes ir a preguntarle a Ann, ella misma me lo confirmó! ¡Y deja de decir que hay niños, porque no hay tal niño!

-Te volviste loca, definitivamente te chifla el moño Ginevra… embarazarte de Potter, ¡solo a ti se te ocurre! ¡Es un mujeriego, un tarambana!

-¡Luna, no seas idiota! ¡Te hablo en serio, no puedo estar embarazada! Yo soy estéril… Ann me lo dijo. – Luna la miró seriamente- ¡Jamás hubiera hecho una cosa así con Harry! Debes creerme, Luna.- le tomó las manos, como rogándole un voto de confianza.

-¿Lo juras? – dijo con la voz ronca de tanto gritar.

-Sí, te lo juro. No fue así cómo tú dices, no existió tal plan.

-Entonces tú, ¿te cuidaste?- Ginny enrojeció. ¡Si ya le había dicho que no! Le encantaba torturarla.- ¡Maldita sea!

-No utilizamos condón. –Admitió, culposa.- ¡Pero! Siendo estéril yo no corría riesgos. Y claro, él no se atrevió a insinuarlo porque yo estaba tan mal con el asunto…-reflexionó, para sí misma.- ¿Entiendes? – Luna la miró perturbada.

-Es como yo digo. Harry creyó que eres estéril…- remató, espantada.

-¡Soy estéril! ¡No es ninguna mentira como piensas! ¡Ann me lo dijo!

-Como sea, ¿le contaste a él que eres estéril, y a mí no? – la acusó con sus enormes y expresivos ojos claros.

-¿Hablas en serio? – Alzó las cejas- ¿Qué es esto, una escena de celos? – la miró incrédula.

-¡No se trata de eso, Ginevra! – Exclamó, harta de su tesitura- ¡Estás embarazada! ¡Esto no es moco de pavo!

-¡No lo estoy! –Por primera vez, dudó. ¿Y si Elly estaba en lo cierto? ¡Ay, no! ¡No debía ilusionarse! O más bien debía ocultarle a Luna que la idea la ilusionaba.- Si soy estéril, eso no puede ser posible…

-Elly nunca se equivoca. ¡Te dijo la fecha exacta en que quedaste! – Luna parecía más preocupada que Ginny- ¿Puedes caer a la realidad? ¿O estás encantada con la noticia?

-¡Pues claro! – Ironizó Ginny- ¡En el caso remoto de que estuviera, espero un hijo de un hombre que no me ama y vive en el culo del mundo! ¡Ja, hermosa noticia! – no logró darle el matiz irónico que quiso.- ¿O no? –sonrió y Luna pudo jurar que emanaba ilusión.

-¿Y eso qué te importa a ti? – Contrarrestó, apática- ¡Habías hecho averiguaciones para inseminarte! ¡Siempre quisiste tener un hijo a como dé lugar!

-Basta Luna… -la cortó secamente- ¡esta conversación no tiene puto sentido! Me iré a mi casa…

-¿A tu casa? –negó con la cabeza-No, de ninguna manera. Iremos a San Mungo, necesitamos hablar con Ann. Tu sanadora te debe varias explicaciones.

-¡Por favor! – Juntó sus manos - No hablemos como si estuviera embarazada, no me gusta…

-¡Lo estás, maldita sea! – le recordó una vez más, y luego la miró.- ¿Será malo que te aparezcas?

-¡No! ¡En el caso, apenas es un mes! – Le tomó la mano- Pero mejor hazlo tú.

Segundos después, aparecieron en la puerta del Hospital de San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. Ginny estaba mareada, a causa del gran cúmulo de emociones. Elly, su noticia, y el mensaje de Harry. Estaba enternecida, él se había acordado de su cumpleaños. ¿Por qué lograba ablandarla con tan poco? ¡No era justo, carajo! Lo extrañaba, muchísimo.

Sacudió la cabeza, eso no era el problema principal, Luna tenía razón, debía enfocarse… Elly y su locura. ¿Realmente podía ser posible que esté embarazada? ¿Y su esterilidad? ¿Y los análisis de Ann? ¡No entendía nada! ¡Menudo cumpleaños estaba pasando! No podía ser, no quería que fuera así… ¿o sí lo deseaba? De repente, cualquier preocupación por el posible bebé que estuviera en su vientre, fue reemplazada por la brillosa ilusión de cumplir el deseo que tenía desde hace años… Internamente se emocionó de júbilo. Luna tenía razón, si daba positivo iba a entusiasmarse, ¿por qué debía ocultar su enorme dicha? Ser mamá era sueño, estaba segura que hasta saltaría de alegría. Bueno, su modo de tener un hijo era poco convencional, pero…

-Hola…-Luna hablaba con decisión a la recepcionista- Necesitamos hablar con la sanadora Ann Tisdale.

-Ella está atendiendo.-repuso la joven, serena.

-Por favor, ¡es urgente que hablemos con ella! – intervino Ginny, de repente ansiosa por saber la respuesta.

-Bien- consultó una lista- Deben esperar, hay dos pacientes adelante, después Ann seguramente las atenderá en un entre turno. –Las miró, sin saber bien a cual dirigirse- ¿El nombre de la paciente?

-Ginevra Weasley. - musitó Ginny con prontitud.

-Bien, yo le hago saber que están aquí, así las atiende más rápido. Vayan por el segundo piso.

-Gracias.

Luna y Ginny esperaban en la sala, las dos en silencio.

La prematura ilusión nacida minutos antes se apagó en el corazón de Ginny, y fue sustituida por el miedo, el terror. La alegría de por fin ser madre, en el caso de que confirmen en embarazo, se vería empañada por un manojo de problemas del tamaño de un Colacuerno Húngaro con crías. Sí, justamente con crías. ¿Qué pensaría Harry? Negó, para sí misma, hablando sola. No era bueno adelantarse a los resultados… tenía que esperar pero la ansiedad carcomía sus pensamientos sin piedad. ¡Necesitaba sacarse la duda! ¡Urgente!

Ann Tisdale, su sanadora y médica, egresó de su consultorio y verificó una larga lista de pacientes.

-Ginevra Weasley…-Ginny y Luna se miraron, extrañadas de que las llame tan rápido. Se acercaron rápidamente a la sanadora. Al mismo tiempo se levantó otra mujer, de tes morena, ojos color miel; ella también se daba por aludida.- Perdón... ¿Ginny, estás bien? Me avisó Susan que viniste por una emergencia. ¿Quieres por fin llevarte tus estudios?

-Vine porque…

-Disculpe –irrumpió la mujer de tes morena- Yo soy Ginevra Weasley… - Ginny la miró.

-¿Te llamas Ginevra Weasley?- preguntó sin poder creerlo.

-Sí, ¿por? – sonrió con simpatía.

-Yo también, Ginevra Molly Weasley…-aún no podía creer tanta coincidencia.

-Bueno, en realidad mi nombre es Ginevra Judith Weasley.-corrigió la chica, sonriendo.- ¿Qué casualidad, no?

-¡Ya me lo temía! – Terció Luna, indignada, sobresaltándolas a las tres.- Esto no es ninguna casualidad. ¿Podemos aclarar esto en su despacho, Ann?

Confundida, la sanadora asintió y las cuatro mujeres se inmiscuyeron en aquel rectangular consultorio. Había una camilla y todos los títulos de Ann colgados en la pared atrás de su escritorio. Por su expresión, Ginny supo que Luna estuvo tentada de tirárselos por la cabeza… La sanadora se sentó, parecía algo nerviosa.

-¿Qué está ocurriendo aquí?- dijo Ann nerviosa.-No entiendo nada, si alguien me explica se lo agradecería.

-Quienes queremos explicaciones somos nosotras- repuso Luna, como si estuviera en un juicio, ella fuese la abogada defensora de Ginny, Ann la acusada y la otra Ginevra, una testigo. -Ginny está embarazada.-reveló sin más preámbulos. Ann abrió los ojos, sorprendida, pero para bien.

-¿En serio? – Ginny no contestó, solo parpadeó. -¿Finalmente has accedido a hacer el tratamiento? ¡Me alegro mucho!

-No he hecho ningún tratamiento, Ann- Balbuceó Ginny, angustiada- ¡De hecho, creí que era estéril!

-Sigo sin entender…

-¡Hoy fui a una feria, y una bruja experta en Adivinación me dijo que estoy embarazada!- explicó Ginny escuetamente. Estaba tan nerviosa que le costaba hilar las palabras.

-¿Tu creíste en una bruja? ¿Y por eso viniste a armar este lío a mi consultorio? – la acusó Ann, ofendida.

-Mire, no se trata de cualquier bruja, se trata de Elly Kedward.-dijo Luna, como si eso fuera garantía de confianza.-

-¿Y? Eso no es científico, señorita.- respondió serena.

-Sea científico o no, mi amiga está embarazada.-le espetó ofendida- Y da la casualidad que esta chica se llama igual que ella. ¡Es sumar dos más dos, aquí hubo un grave error!

-Puede ser lo que dice esta chica diga la verdad.-intervino Ginevra Judith – Porque usted Ann me hizo unos análisis y ¡en teoría yo no tenía problemas para concebir! Pero con mi marido venimos intentando, y no hay caso… ¡no logro quedar embarazada! – se compungió.

-¿Trajiste tus estudios? – le preguntó Ann, colorada.

-No… los he olvidado, lo siento.

Ann se tomó la cabeza, preocupada, cayendo en la cuenta del posible error.

-¡Mierda, mierda!-empezó a caminar a lo largo de su consultorio, nerviosa. –Primero que todo, debemos confirmar tu embarazo Ginny, no creeré en una bruja experta en adivinación, - miró de soslayo a Luna, quién parecía ofendida por el comentario.- por más eficiente que parezca…

-¡Bien, hagamos un test!- propuso Luna exasperada.-Verá que da positivo.

-Sí, necesito saberlo o moriré de un infarto.-musitó Ginny con angustia.- ¡No soporto más la tensión!

-Haremos una ecografía de cuatro dimensiones. –Decidió Ann, tragando saliva. – Acuéstate en la camilla, Ginny…

Ella lo hizo y se levantó la musculosa. Ann le pasó gel en todo el vientre, las manos le temblaban. Su reputación estaba en juego, y lo sabía. Encendió la pantalla y tomó el transductor inalámbrico. Programó con su varita, y suspiró, rezando internamente por un resultado que la favoreciera. Enseguida apareció algo en la pantalla. Ginny no tenía ni idea de lo que veía…

-¿Y? – La apuró Ginny, asustada- ¿Qué pasa? ¿Estoy o no estoy?

-¡Díganos de una vez! – Apremió Luna.

-Disculpen…- Ginevra Judith se acercó para ver la pantalla, con emoción- ¡Yo también quiero saber ahora! Me intrigaron… ¡OH! – dijo al vislumbrar la imagen.

Se hizo un silencio sepulcral. Ann giró una pequeña perilla y se empezaron a escuchar una especie de latidos, tenues, pero firmes.

-Sí, Ginny.-balbuceó Ann, con la voz quebrada- En efecto, tienes un mes de gestación. La experta en adivinación dijo la verdad.

-¿CÓMO?

-¡Era evidente! – soltó Luna enojada.

-Debido a un error cambiaron los análisis.- Ann estaba a punto de llorar. Ginny se levantó y se tapó la cara con las manos. Bajó su remera sin limpiarse el gel, ni importarle nada. Luna, se apiadó de ella por primera vez y fue a consolarla.- Lo lamento por ambas…-Miró a Ginevra Judith-Ginevra, ¿podrías esperar afuera? Claramente, los estudios estaban invertidos, pero no debes preocuparte, tú podrás concebir con un simple tratamiento.

-¿De verdad? – se ilusionó la chica.

-Sí, así es.

-Bueno en ese caso…- miró a Ginny, un tanto incómoda.- ¡Felicitaciones! No te angusties.- Ginny solo pudo apenas sonreír.

-Lamento no poder atenderte hoy – dijo Ann, quién contenía el llanto.- Necesito hablar con Ginny de esto… ella es la más perjudicada.

La chica asintió y se fue, bastante seria. Ginny no podía articular sonido. Todo era muy confuso. ¡Finalmente estaba embarazada! ¡Como tanto había esperado! Y del hombre que amaba, pero ese ya no era Dayron, sino otro hombre que en cambio, no la correspondía y encima vivía en otro país. Y quién sabe si algún día volvería. ¡Diablos! ¡Diablos! Ann sacó un papel del ecógrafo…

-Ginny…

-Usted es una irresponsable- la increpó Luna - ¡Mire lo que ha provocado!

-¡Lo lamento! ¡Les ruego que no me acusen con el Ministerio! – Sollozó la sanadora, desesperada- ¡Me echarán del hospital! ¡Lo mismo sucederá con varios de mis colegas!

-¡Ginny va a tener un hijo por este descuido! ¿Le parece poco? – recriminó Luna.

-Soy consciente que esto es grave, pero ella deseaba tener un hijo, ¿no es así Ginny? Siempre fue su más lindo deseo…-recordó, nerviosa.

-Sí, pero no de esta manera.-fue Luna quién contestó- ¡El bebé que espera ni siquiera es de su novio! –Ann quedó pasmada con ese dato.- ¿Sabe de quién es?

-¡Basta Luna!- reaccionó Ginny por fin.- No ventiles mis cosas íntimas, demasiado tengo con todo esto…

-Ginny, ¿no es de Dayron? –quiso saber la sanadora. Ginny negó.- ¿y entonces de quién es?

-No tiene importancia.-suspiró Ginny.

-Usted es una…

-Deje de insultarme por favor. Le comento, que el día que le di los resultados de los estudios, Ginny huyó de mi despacho sin siquiera mirar el diagnóstico.

-¿Y eso que tiene que ver? –dijo Luna indignada.

-¡Quizá hubiéramos podido percatarnos de este error! Por el segundo nombre, no sé…

-Nunca ponen el segundo nombre…-intervino Ginny apagada- En los análisis siempre figuré como Ginevra Weasley. De lo contrario, mi tocaya hubiera hablado.

-Tal vez pensó que fue un error de tipeo.-dijo Ann

-¿Importa eso ahora?- se fastidiaba Luna. Ginny nunca la había visto tan nerviosa.

-¿Me vas a denunciar, Ginny? –Le preguntó aterrada-¡Diablos! ¡Perderé mi matrícula…!

-¿Lo único que te importa es perder tu empleo, cierto?- saltó Luna con fiereza.- ¡Cómo se nota que no es usted la que en nueve meses tendrá un crío!

-¡Lo sé! –Admitió Ann, desperada- ¡Pero no sé hacer otra cosa más que dedicarme a la medicina, no puedo quedarme sin empleo, en la calle! ¡Entiéndeme, Ginny! ¡Por favor, apiádate de mí y no me denuncies! ¡Te ayudaré con tu hijo!

-¿Lo vas a criar tú? – se burló Luna.

-Ann-por fin habló Ginny, ya harta de todo ese circo.- Tranquila, no te denunciaré.

-¿Cómo que no lo harás? ¿Te volviste loca? – dijo Luna- ¡Debes hacerlo!- Ginny la ignoró.

-No, no lo haré Luna- la miró, seria- Es una decisión tomada… Ann, necesito un favor a cambio –ella asintió, sin dudarlo.- que usted no le cuente a nadie de mi embarazo. –Luna chascó la lengua, desaprobando su accionar.

Ann la abrazó, agradecida.

-Gracias Ginny, gracias. Siento tanto todo esto.- le entregó el papel- Aquí tienes la primera ecografía de tu bebé. Ojala todo salga bien.

(…)

Ginny llegó a su departamento, después de despedir a Luna en la puerta de su nuevo edificio. No habían pronunciado sonido después de salir del Hospital. La confirmación hizo que Luna se callara de un momento a otro y dejara de despotricar contra Ann, lo que Ginny lo agradeció internamente. Caminaron en silencio por el atardecer de Londres, como si aquel panorama, por sí mismo dijera todo.

Subió al ascensor, disfrutando del silencio, mirando la primer fotito de su bebé. ¡Su bebé! Iba a tener un hijo, si. No podía creerlo aún. Lo observó, en blanco y negro, no se entendía la imagen. ¿Qué importaba? ¡Era su bebé, su pequeño! Entonces sin previo aviso, lloró con fuerza, sonriendo. Y se arrodilló contra el espejado ascensor, sentándose en él, tocándose el vientre. Lo comprendió por fin. ¡Estaba feliz! ¡Iba a ser mamá!

-Gracias, gracias, gracias…-murmuró mirando al cielo.- ¡Gracias por este milagro!

Las puertas del ascensor, se abrieron sorprendiéndola. Allí estaba el portero, Joseph, con un paquete en las manos. Con agilidad, Ginny escondió la ecografía en su cartera. Había olvidado que todavía era su cumpleaños, el día parecía haber durado meses.

-Niña, ¿qué haces sentada en el ascensor? – se sorprendía el portero, divertido.

-¡Hola Joseph!- lo saludó con voz tomada de emoción.-Es que estoy muy cansada… ¡he tenido un cumpleaños muy agitado! ¡He recibido el mejor regalo de mi vida!

-¿En serio? ¿Cuál?

-Algún día lo sabrás.-dijo misteriosamente.

-Me imagino.- la inspeccionó como padre protector- Te ves muy pálida, deberías acostarte. ¡El calor es terrible! – se apantalló.

-¿Usted que hacía en el noveno piso?- miró el paquete que traía.

-Vine a traerle esto.-se lo entregó, con amabilidad- Lo dejaron para ti, querida.

-¿Quién?- dijo tomándolo y buscando la tarjeta.

-No lo sé - dijo Joseph, enigmáticamente.

-Pero, ¿quién lo trajo? – lo miró extrañada. Era un paquete rectangular.

-Nadie, sólo dice que es para ti, lo dejaron en el buzón de correo. Me atrevería a decir que usted tiene un enamorado secreto.- cerró un ojo, cómplice.

-¿Usted cree? No puede ser...

-¿No vas a abrirlo?- parecía curioso por ver el contenido.

-Preferiría estar sola –pensó en la posibilidad que tuviera algún juguete sexual, y eso la hizo reír internamente.-Luego te cuento…-se inmiscuyó en su hogar tras saludar y sonreírle.

-Siempre me pierdo lo mejor.- se lamentó Joseph con desilusión, tras entrar en el ascensor.

Ginny se arrojó al sillón con el paquete en su mano, miró la gran pecera de sus pequeñines encima de la mesita ratona. Tenían una enorme pecera. Se preguntó si a Harry le había molestado el secuestro de sus peces. Negó con la cabeza. Seguramente no le importaban, no los había reclamado.

-Hola turquesa… ¿ves aquí?- señaló su vientre- Ahora hay un bebito. – sonrió, emocionada.-¡Un bebito de Harry y mío! Si Harry se entera me mata, cariño. –se encogió de hombros- Y bueno, lidiaré con ello, ¿sabes?

Sonriendo, se recostó, analizando aquel regalo sin remitente, ni tarjeta. Sin aguantar más la ansiedad, abrió el obsequio, no lo podía creer. Se trataba de una cámara de fotos profesional, una que cualquier fotógrafo quisiera tener. Era sumergible, tenía zoom personalizado, un pie especial, sacaba instantáneas con diferentes efectos de color (sepia, blanco y negro) y todos los chiches que uno pudiese imaginar…

¿Quién se molestaría en gastar tanto dinero para ella? ¿Harry? No, no podía tenerlo en cuenta, sería imposible. Apenas tuvo tiempo de enviarle un sobrio mensaje de saludo, que no llegó a contestar. No, Harry no pudo haberle enviado eso…estaba en Norteamérica luchando contra el mal, no tendría tiempo ni interés en hacerle semejante regalo. La desenvolvió y no dudó en encenderla. Apuntó hacia el atardecer que se veía desde el ventanal de su departamento, pero luego tuvo una idea mujer…levantó su blusa y fotografió su –todavía chato- vientre.

-Mi pequeño.-susurró acariciándolo.-Soy feliz de tenerte aquí.

La noticia del embarazo pareció ser un electro shock de esperanza para Ginny. En vez de preocuparse ella estaba feliz con la idea de ser mamá. No podía evitarlo, por muchos inconvenientes que en el futuro le traería.

Tanto era su entusiasmo que al día siguiente, decidió ir a una galería Callejón Diagon a comprarle cosas a su bebé. Esos escasos días no le alcanzaron para asimilar la noticia, pero no podía disimular su alegría. Aparte, ¿Por qué reprimirse a disfrutar? ¡El bebé ya estaba hecho! Rió, por la ocurrencia. Y la existencia de ese diminuto ser la hacía inmensamente feliz.

¿Era un pecado estar contenta por ese rapto de locura, por el error de Ann? ¡Ni siquiera fue quién lo planeó! No tenía por qué sentirse culpable. En cuanto a Harry, no lo obligaría a nada. Sintió una punzada de dolor en el pecho, al pensarlo así, sin previo aviso. ¿Qué estaría haciendo su Auror favorito? Lo extrañaba horrores, para qué negarlo. ¿Cómo se tomaría el hecho de que fuera a ser padre? Frunció el seño, seguramente muy mal.

Salía del departamento mordiendo una manzana, sonriendo cuando su móvil sonó. Era Luna… ¡últimamente parecía su marido, la cuidaba demasiado! Sonrió, era una gran amiga.

Haces que mi cielo vuelva a tener ese azul…

Ginny hizo una nota mental de cambiarle la melodía de llamada.

-¡Luna Lunita!- atendió, alegre.

-Hola Gin, ¿cómo te sientes? ¿Tienes síntomas? – Su amiga parecía bastante menos alterada que el día anterior.

-Estoy perfecta, Luni- mordió la manzana animadamente- Iré a Callejón Diagon, al centro comercial.

-¿Para qué?

-Ya no entro en la talla treinta y ocho.-le contó, compungida.

-¿De verdad? –Se sorprendió la rubia- ¿Ya engordaste?

-Sí, unos cuatro kilos.-le comento.- Aunque no tiene la culpa el bebé, claro. Siempre que sufro un desengaño amoroso entreno la mandíbula.

-Estás contenta, te escucho contenta…

-Lo estoy, sabes que siempre quise ser madre.-salió del ascensor.-¿O acaso no puedo estar contenta?

-Sí, claro que puedes Ginny. La noticia me paralizó y apenas lo supe reaccioné tan mal… Lo siento.

-Me pasó lo mismo, no te preocupes.- la tranquilizó.

-Estoy realmente preocupada por ti y por el bebé, es sólo eso.

-Lo sé, pero no deberías… todo estará bien, en serio. –introdujo la llave en la reja del edificio, tras saludar a Joseph con la cabeza- Diablos, hace un calor horrible…

-Sí, estamos en agosto.

-Anoche recibí un último regalo. –le contó, entusiasmada.- Una cámara fotográfica, ¡es espectacular, Luna!

-¿En serio? ¡Qué bueno! Al fin Dayron se jugó con algo eh…

-Dayron no fue.

-Entonces, ¿quién?

-Ni idea, parece que no quiso revelar su identidad.

-¿Si? Que extraño. Cualquiera que compra algo de eso, querría decirlo, para lucirse. –Opinó Luna- Oye ¿no habrá sido Potter?

-No creo.-se encogió de hombros- Harry está en Nueva York, es difícil que recuerde mi cumpleaños.

-Sí lo recordó, anoche te envió un mensaje.-dijo Luna

-Sí, nunca le contesté.-dijo Ginny con pesar- Todo lo de Elly me traumatizó…

-No es para menos.

-¡Debería ir a pedirle que me perdone! –Dijo culposa.- He sido una maleducada con ella y al final estaba diciendo la verdad

-Elly sabe que irías, ya te lo anticipó.

-Debo reconocer que tenías razón en cuanto a ella. Soy muy incrédula…

-Ja, y ahora lo dices. Oye, Gin y ¿cuándo llamarás a Harry?

-¿A Harry?- dijo incrédula.-¿Para qué?

-¡No lo sé, para preguntarle si Nueva York está bueno para ir de vacaciones! –se exasperó, haciendo reír a Ginny.- O tal vez para decirle que en nueve meses será padre. ¡Que momento ese eh! Te conviene encajárselo a Dayron. – carcajeó.

-¡No hagas esas bromas tan pesadas! – Sin embargo, no pudo evitar reírse.- Todavía no he pensado en avisarle a Harry…

-¡Deberías ir pensándolo!

-Esperaré que se cumpla el primer trimestre... Es lo más seguro, ¿sabes?

-No sé si es buena idea, mira que los chismes corren rápido aquí en Londres.

-No importa, el está en Nueva York. –dijo muy tranquila.- No hay forma de que lo sepa.

-¿A Hermione que le dirás?

-¡Aun nada! ¡Es como una hermana para Harry!

-¿y? Es tu amiga también…

-Se lo dirá en cuanto lo sepa – afirmó Ginny como si fuera obvio- Mi hermano y Hermione están de vacaciones en Seychelles… no es necesario darles la noticia ahora…

-¿Cuando regresan?

-En septiembre, no sé exactamente la fecha.

-Tu vientre va a notarse para esa fecha.-la previno Luna.

-¡En ese momento les diré! Tengo que cortar Luna…luego hablamos. ¡Si, me cuidaré! Te quiero, adiós. ¡Sí, estoy embarazada, no paralítica! – cortó, riendo.

Luego levantó la cabeza. Dayron Melton estaba allí, mirándola sorprendido. "Que no haya escuchado lo último" pensó Ginny preocupada.

-Gin… ¿oí bien? ¡Estás embarazada! – "Mierda"

-Hola Dayron – se puso de pie, sin saber muy bien qué decirle. Él parecía ansioso.

-¿No me vas a contestar?

-Sí.-el alzó las cejas, confundido- Sí, estoy embarazada…

-¿De quién es? Porque mío no puede ser, ¿verdad?-ella respiró hondo, dándose el valor para enfrentarlo.

-Es de Harry.-le confesó mirándolo de lleno. Lo vio palidecer en dos segundos.- Lo siento…

-¿Qué? – Dijo incrédulo- ¿Me estás hablando en serio?

-Sí. Es la verdad.-bajó la cabeza. Dayron tenía razón en ofenderse, el tenía todo el derecho a saber que estaba con Harry. Pero se lo ocultó por su propio bien, no fue con mala intención.

-¿¡Te acostabas con él!? ¡Mierda Ginny! ¡Te lo pregunté y me lo negaste miles de veces! ¿Por qué? ¿Para qué?– dijo dolido.

-No quise herirte…-quiso tocarlo, pero él la esquivó, como si le quemara su cercanía.

-¿Y pensabas que mintiendo me ahorrabas algún dolor? ¡Eres el colmo! ¡Me mentiste en la cara y yo insistiendo con volver contigo! – Se lamentaba, lleno de rencor- ¡Me siento un idiota! ¡Qué digo, soy un idiota!

-No, no te sientas así Dayron- murmuró, realmente triste- No quise mentirte, no quise hacerte daño…-agregó con tristeza.

-Tienes una curiosa manera de demostrarlo Ginevra – le hizo ver, enojado.- Dime la verdad, ¿lo utilizaste para tener un hijo?

-¿Qué? – Era la misma hipótesis de Luna, y comenzaba a asustarla que todos piensen lo mismo.- ¿En serio piensas eso de mí?

-No lo sé… ¡todo esto es muy raro! – La miró serio- ¡Si me disculpas el atrevimiento, no lo veo a Potter como un gran padre de familia!

-Evidentemente no me conoces, ¿cómo puedes acusarme sin pruebas de algo tan grave? – dijo ofendida. El rostro de Dayron pareció ablandarse.

-Lo lamento, yo… no quise decir eso.-restregó sus ojos y miró el vientre, con angustia- No puedo creer que estés finalmente embarazada y que ese hijo no sea mío…-Ginny asintió.- Esto debe ser una pesadilla…

-Yo tampoco puedo creerlo…-lo miró, seria- Pero que te quede claro, que yo no soy utilicé a nadie. Aparte, jamás utilizaría a Harry, yo lo…-se detuvo en seco, dándose cuenta de lo que no era necesario decirlo.

-Termina la frase, Ginny. –La instó Dayron, sereno.- Es hora de que hablemos con la verdad de una jodida vez.

-Nada, no tiene importancia.-dijo respirando hondo. El calor la estaba matando.

-¿Potter sabe que estás…? – Ginny negó.

-Me enteré ayer. Harry está en Nueva York, vuelve a fines de septiembre.-le explicó.

-¿Y cuándo piensas decírselo?

-Quiero esperar que se cumplan los tres meses.

-Deberías decírselo ya.-la aconsejó.

-Tal vez tengas razón, pero no quiero decírselo por teléfono.- Dayron seguía inspeccionándole el vientre. La ponía nerviosa.

-Llegué tarde ¡te perdí!… ¡fui un idiota!- se compungió de repente, con los ojos llenos de lágrimas.

-No digas eso, tú no deberías…

-Es la verdad. ¡Te perdí por mi egoísmo, por no escucharte! Y ahora tú y él…-Ginny lo conocía muy bien como para saber que estaba a punto de colapsar de angustia. No dudó en darle un fuerte y pegajoso abrazo, teniendo en cuenta que hacía cuarenta grados.

-Tranquilo, no te angusties- dijo suavemente.-Las cosas fueron desastrosas con Harry. No salí ganando como piensas. De hecho no hay nada entre Harry y yo.

-Si lo hay – Aflojó el abrazo sin soltarla del todo.- ¡Hay un bebé en camino!

-¿Y eso es garantía de algo? –dijo, llena de desilusión.- Harry no me quiere…-bajó la mirada.

-Seguramente estás equivocada y…

-Sabes, -lo interrumpió- iba a ir al centro comercial, pero creo que si camino hasta allá sufriré un golpe de calor…

-Si quieres ir, te llevo. –Le ofreció.- Anoche vine, pero no te encontré.- Ginny lo miró.

-¿Tú me le dejaste a Joseph una cámara de fotos?-le preguntó sin preámbulos.

-¿Yo? No, Joseph no estaba cuando llegué… Aparte, tu sabes, te regalé las flores. –la miró algo apenado.- ¿Te gustaron?

-¡Si! Mucho. – dijo con gratitud. – Gracias, de verdad.

-Feliz cumpleaños, por cierto. Estás vieja.-Ginny lo empujó.- Oye, ¿vamos al centro comercial?

-No lo sé…-dijo dudosa.

-Vamos, te hará bien despejarte.-la instó.- Y creo que nos debemos una charla, ¿no?

-Puede que tengas razón.- dijo sonriendo.

[…]

Ginny y Dayron entraron al centro comercial, dando un suspiro de alivio: el ambiente estaba aclimatado. El agobiante calor hacía que Ginny se sienta cansada y fatigada todo el día. No creía que fuera un efecto de su reciente embarazo… ¡sólo llevaba un mes de gestación! La ponía nerviosa, quería cuidar a ese pequeñito con toda su vida.

Ginny tenía la percepción de que su ex novio, buscaba su mano constantemente, pero quizá era por la costumbre. La perspectiva de hablar con él, también la inquietaba bastante. Estaba segura de que el muchacho se imaginaba su relación con Harry, aunque confirmarlo fue doloroso para él. Pudo distinguir en sus pupilas la enorme desilusión que le estaba causando cuando le confesara que esperaba un hijo de Harry Potter. Se sentía algo culpable, pero la consolaba la idea de que, en realidad nunca había sido infiel, sólo que le faltó sinceridad para confesarle íntegramente la verdad.

Se sentaron en un bonito bar del centro comercial llamado El amor todo lo cura. Se trataba de un bar tradicional, con una decoración informal, en dónde muchos jóvenes iban después del trabajo, a tomar una copa con los amigos y distenderse un poco. Los dos se sentaron. Ginny jugueteaba con las llaves de su casa, las cuales colgaban un sinnúmero de extravagantes llaveros. Sin ellos, solía perderlas. Ginny pidió un jugo de frutas y Dayron un licuado. Cómo por arte de magia, sobrevolaron los dos tragos enseguida, a sus respectivos dueños.

-Entonces…-empezó con cautela- ¿Cómo empezó todo?

Ginny levantó la vista, para encontrarse con sus dulces ojos color miel. Era increíble pensar que hasta hace unos meses, se creía completamente enamorada de ese ser que tenía enfrente. ¡Es que, vamos, cualquier mujer podría enamorarse de él! Dayron era un hombre terriblemente simpático, atento y cariñoso. También era educado, de buena familia. No escribía con errores de ortografía, adoraba el arte y la aventura. Pero, él la terminó cambiando por su apego a ese absurdo desafío de escalar Everest. No podía culparlo, ella se había enamorado de otro que parecía ser el peor partido de la historia, aunque también tuviera buena ortografía y una espalda excitante.

-Hablo de Potter, claro…-dijo, circunspecto. Si, Dayron. Yo también pensaba en Potter.

-Es una larga historia - optó por replicar, apartando la vista. Bebió su jugo y lo miró-. Aparte, me incomoda bastante, ¿sabes?

-¿Qué es lo que te incomoda?

-Hablar de Harry contigo-le dijo, sin rodeos.

-Se me fue de las manos, Ginny – masculló, triste- Nuestra relación…hice todo lo que pude para salvarla, para hacerte feliz, pero fallé y lo lamento.

-¡Yo fui muy feliz contigo!- dijo, con franqueza.- Te amé Dayron, muchísimo…-Le tomó las manos.- Te amé demasiado.-respiró hondo, odiaba la sensación de que aquello era una especie de despedida. La ponía nostálgica… quería erradicar de su ser todo lo que se asemeje a la tristeza.-Hice todo lo posible, de verdad.

-Creo que todavía te amo…-respondió, en un tono lastimero.- Me quedé queriendo solo…-canturreó desafinando.

-¡Ey!-trató de desarticular el drama-. No creo que eso sea cierto… yo tampoco era lo que tú necesitabas, Dayron. Nuestros intereses empezaron a chocar y no lo pudimos manejar. Si fallamos, fuimos los dos, no te culpes por todo- el negó.

-Apareció Potter en tu vida –dijo, directo-. Sino tú y yo hubiésemos vuelto.

-Y luego, hubiésemos vuelto a cortar-repuso Ginny, con certeza-. ¿O tú has pensando en tener un hijo? – Lo apuró con la mirada- Dime la verdad.

-Sí, ya te dije que pensaba hacer cualquier cosa para…

-No es así, Dayron– Chascó la lengua y negó con la cabeza-. Deseaba que tú desearas de verdad tener un hijo conmigo, no que sólo lo hagas para complacerme. Pero eso no nació de ti… y para el caso no éramos una pareja, Day.

-¿Y acaso Potter quería tener un hijo? – Dayron parecía no entender su postura. Ginny se puso seria repentinamente.

-Sobre eso no hablaré contigo…-se había puesto roja, otra vez con esas preguntitas de mierda. Hay cosas que era mejor reservarlas. Sacar los trapitos al sol con tu ex, no era lo que se dice conveniente.

-Respóndeme, tengo derecho a saber; ¿Potter quería tener un hijo contigo? – ella no contestó, sólo le sostuvo la mirada- ¿Por qué se fue a Nueva York?

-Harry y yo no somos una pareja.-sintió un punzada de dolor cerrándose en su garganta-En realidad, nunca lo fuimos. Me equivoqué…-respiró hondo. Dayron parpadeó, dándose cuenta que su ex novia también estaba sufriendo.- Tú tenías razón, estuve demasiado arraigada a la idea de tener un hijo que…

-¿Lo utilizaste? – Conjeturó nuevamente Dayron, inclinándose sobre ella, transformando su voz en un susurro.- Dime, juro que no le contaré a nadie. -Ginny alzó las cejas. Todo el mundo pensaba eso, que ella lo había usado para cumplir su deseo. - Contéstame…

-Mierda, ¿eres sordo? ¡Ya te dije que no!-le respondió de mal humor- ¿Me crees capaz de algo así? –Rodó los ojos, sin esperar respuesta- Evidentemente sí.

-Está bien, está bien… no te enojes, yo te creo, si tú dices que no fue así…-dijo a duras penas-¡Es que no comprendo del todo tu relación con Potter! Y como tú te ciegas mucho cuando quieres algo…

-Nunca hubiera hecho eso con Harry, ni con ningún otro.-Contigo lo intenté, pero mejor ni mencionártelo. Dayron la miró, y sonrió, sin sorprenderse.- Esto pasó por otra cosa…

-Porque no se cuidaron, ¿por qué más va a ser?- dijo crispado.

-Es más complicado, aunque te cueste creerlo.

-¿Al menos me dirás porqué se fue a Nueva York? –la interrogó.

-Porque no me quiere.-se encogió de hombros fingiendo indiferencia.-Y preferiría no seguir hablando de él…

-Está bien, no te enojes Venenito- Ginny rió, nostálgica. Dayron se alegró de hacerla reír.

-Me hacía falta reírme un poco.-confesó risueña.

Se hizo un silencio de unos minutos y luego él la miró, serio.

– Lo amas, ¿cierto? – Ginny se puso nerviosa y él notó esa reacción.

-¿A Harry? – dijo, roja.

-Lo amas, te enamoraste de ese hijo de puta… -agregó, en tono lastimero.

-No lo insultes, Dayron, mantengamos la elegancia por favor.

-¿Qué quieres que le diga?-espetó furioso.- ¡Se fue y te dejó sola con un bebé en camino! ¡Es un desgraciado infeliz!

-¡Ey! ¡Párale ahí…! por favor. Harry no sabe lo del bebé, ya te lo dije. -le hizo ver Ginny- Y tampoco podría imaginárselo. El cree que soy estéril.

-¿Cómo dices? – Frunció el seño, confundido- ¿Por qué piensa que eres estéril?

-Es difícil de explicar-lo evadió nuevamente.- Tengo algo para mostrarte.- sacó la primera ecografía de su cartera- Mira, aquí está la foto…-Dayron la miró y sonrió, pero sin mostrarse muy emocionado.-Eres un insensible…

-La ecografía no se entiende, muéstrame una cuando nazca.- Ginny recordó porqué era su ex. Rodó los ojos, exasperada.- Entonces, ¿no piensas decirle a nadie que estás embarazada?

-¡Lo sabes tú! ¿Te parece poco? – dijo irónica.

-¡Hola chicos! ¿Escuché bien? –Los dos, asustados por la interrupción giraron la cabeza, para ver de dónde provenía la voz femenina- ¡Estás embarazada, Ginny! –Sin pedir permiso, tomó la ecografía.- ¡Te felicito, es muy pequeño!

-Cadence…¿qué haces aquí?-repuso Ginny, sorprendida, ciertamente para mal. Su castaño y largo cabello caía por los costados, estaba muy morena. Lucía un vestido veraniego sin espalda, y unos suecos que hacían juego con él. Tenía en las manos al menos ocho bolsitas de diferentes marcas. Evidentemente se había gastado al menos unos diez mil galleons. Rápidamente guardó la ecografía en su cartera y se maldijo por sacarla.

-¿Qué hago aquí? ¡Lo mismo que tú!- dijo simpática. ¡Simpática, sí!

-Yo…- miró a su acompañante, que parecía incómodo.- Estábamos tomando algo y… -tosió.- ¿Cómo estás? – improvisó.

-Genial– dijo, con naturalidad- Realmente genial. Mi nuevo novio, Jack Parrish, se fue a ver unas corbatas y trajes a la parte de arriba. Me aburre ayudarlo a elegir, tiene un gusto tan… aburrido.-"Ya veo", pensó Ginny.- En fin, ¡te felicito por el bebé! –dirigió sus ojos al vientre de la pelirroja, aunque era imposible, la mesa tapaba todo. Aparte, no había vientre. Luego miró a Dayron- Bueno discúlpame Dayron, LOS felicito.- Ginny tragó saliva. ¡Menuda interpretación!

-Gracias Cadence…- dijo Dayron, interpretando el papel de futuro padre, como podía. Ginny sabía que era malísimo mintiendo, no se le podía pedir más. Cadence le tocó el hombro, en señal de simpatía.- ¿Sabes qué, mi vida? Iré al baño…- Ginny negó, como para que no la deje a solas con esa chica, pero Dayron se fue, huyendo con cobardía. Al menos había dejado las llaves de su auto encima de la mesa, no iría muy lejos.

-¡Ve tranquilo, yo te cuido a la familia! –gritó Cadence mientras lo veía alejarse.- ¿Me puedo sentar? – No esperó respuesta y así lo hizo- ¿Y, cuéntame, de cuánto estás? ¡Guardaste tan rápido la ecografía que no llegué a verlo!

-Estoy de muy poco tiempo, como verás; es reciente, no se me nota…-tartamudeó.

-Es una gran noticia –era insólito, pero parecía que de verdad se alegraba- ¿Estaban buscando eh? –Ginny entornó la mirada.- Ginny, quiero que sepas, que de verdad no tengo rencores contigo por lo de Potter.-rodó los ojos.-Para mi, Potter prescribió, en serio. –dijo irradiando franqueza en su mirada- Lo quise mucho, Harry tiene lo suyo, no vamos a negarlo, ¿verdad? –Le dirigió una mirada complicidad- ¡Pero! Sus puntos débiles dejan mucho que desear, ¿no crees?

-Puede ser…-admitió a duras penas. Era humillante esa conversación. Hasta en algún punto Ginny terminaba creyendo que si su bebé fuese de Dayron, todo sería muchísimo más sencillo.

-Hiciste muy bien al volver con tu novio.-le dijo, algo cizañera. –Dayron es mucho mejor partido que Potter… y si me permites la licencia, es muy buen mozo.

-Gracias… preferiría que no te tomes tantas licencias…-Cadence alzó las cejas y Ginny rió, incómoda- ¡Era una pequeña broma!- Cadence sonrió. El ostentoso móvil de la muchacha, vibró haciendo tintinear las copas.

-¡Uf! En mensaje Jack, mi lindo viejito…

-¿Viejito, le dices?- se sorprendió Ginny.

-Tiene sesenta.-le confió divertida- ¡Pero se mantiene tan bien!- Ginny se ahorró la opinión. Seguramente el encanto de ese hombre provenía de una privilegiada situación económica, que Cadence disfrutaba a diario. - Tengo que irme, Ginny.

-Lo entiendo- se apresuró a decir.

-Cuando quieras, podemos hacer shop juntas.-la invitó, cordial.

-Eh… ¿sabes qué? Me gustaría pedirte un favorcito… -Cadence asintió efusivamente- si tú pudieras no decir nada sobre el embarazo. Sólo lo sabe Dayron y…

-¡OH! Por supuesto… ¡quédate tranquila!- le acarició la mano.- No saldrá de mí. ¡Hasta luego Ginny!

Ginny la vio alejarse, mirando su móvil, distraída. Se sentía inmensamente desgraciada, su mala suerte era de no creer. Dayron se acercó, nervioso… y supo que era el momento de volver a casa.


Nota: ¡Bueno! Hasta acá llega este capítulo.

¿Quieren un adelantito? Ahi va... En el que viene Harry se entera del embarazo y no digo más porque no tendría gracia je!

Por favor, no se olviden de dejar comentarios o tomatazos, todo lo que escriban en reviews ayuda e inspira! ;)

Gracias. Los quiero!

Joanne