10. Dolor

Arthur escribía en silencio en el escritorio de su casa, solo el leve ruido del reloj rompía la monotonía del lugar. Sintió pasos en el salón principal y dejando de escribir se levanto de su asiento.

— Debe ser Manu que acaba de llegar — murmuro dirigiéndose al salón.

Al llegar vio a un Manu todo despeinado, con su vestido roto y completamente mojado por la lluvia, Manu lo miro y sonrió torpemente ante la expresión de Arthur.

— Lo siento — exclamo Manu con gesto torpe — rompí el vestido que me regalaste — se rió suavemente — prometo pagártelo.

— No quisiera preguntar pero ¿Qué paso? — pregunto Arthur seriamente.

— Nada… me enoje y rompí mi vestido es todo… — bajo la cabeza con tristeza pero al darse cuenta de eso la levanto rápidamente sonriendo. — ¿puedo darme un baño?

— Si… claro — respondió Arthur que aunque quería saber lo que había pasado le pareció que no era el momento adecuado para preguntar.

Mientras Arthur veía a Manu alejarse, Francis salía de la cocina de Arthur con una botella de vino en su mano.

— Que vino más malo tienes — suspiro reclamando.

— ¿Tu, que haces aquí? — pregunto Iggy sorprendido.

— Nos necesitas — respondió Alfred sentado en el sofá.

— ¿Yo no los había echado a ustedes dos de aquí? — pregunto Arthur cruzando los brazos.

— ¿ah? ¿Qué? ¿Era para siempre? — pregunto Alfred con gesto inocente.

— Si te dejamos solo, puedes hacer cualquier tontería — respondió Francis sentándose al lado de Alfred.

— No necesito la ayuda de ustedes dos. — exclamo molesto.

— ¿Con que no? ¿Y donde esta Manu? — pregunto Francis seriamente.

— Bañándose — respondió Arthur con tranquilidad.

La expresión de maldad que se dibujo en el rostro de ambos fue indescriptible. Sin decir nada agarraron a Iggy quien los miraba sin entender. Abrieron la puerta del baño en donde Manu se bañaba, y lo tiraron para adentro dejándolo encerrado.

— ¡Hey par de idiotas, abran la puerta! — grito Arthur desesperado.

— No no, ya después nos agradecerás este favor — respondió Alfred del otro lado riéndose.

—¡¿Qué favor?! Abran esa puerta ya! — Arthur tironeaba del picaporte tratando de abrir, algo difícil si del otro lado Alfred y Francis tiraban con fuerzas para no dejarlo salir.

— ¿Arthur? — exclamo Manu. Al escuchar la voz de Manu se cubrió los ojos con el brazo.

— Lo siento Manu, Alfred y Francis me encerraron aquí.

— Ese par — suspiro Manu —, pero no te preocupes, terminare rápido de bañarme

— Lo siento — murmuro Arthur sonrojado.

Unos minutos después que para el pobre Arthur se hicieron eternos sintió los pasos de Manu que se acercaban hacia donde se encontraba.

— Ya puedes mirar — señalo Manu.

— ¿puedo mirar? — Arthur miro con timidez.

— sí, aunque estoy solo con la toalla — sonrió sonrojado porque igual la situación no era cómoda.

— Lo siento — repitió Arthur sonrojado evitando mirarlo demasiado.

— No es tu culpa — respondió Manu sonriendo levemente para quitar la tensión del momento.

Arthur se fijo en los puños enrojecidos de Manu y cuando este noto que miraba sus manos las escondió y rió con torpeza.

Lejos de ahí, en una taberna desconocida…

— Con que aquí estas — exclamo Rosaura molesta cruzando los brazos — ya lo decía yo, "Diego de seguro se está emborrachando" — suspiro.

— Vete a molestar a otro lado mujer — respondió Diego con gesto aburrido.

— ¡A mí no me hables así! — Le dio un golpe en la cabeza — vaya por Dios hombre ¿Quién te enseño a tratar a una mujer?

— Es que ustedes se pasan de violentas — respondió sobándose la cabeza.

— Tiene buen sabor… — murmuro José bebiendo de la botella de Diego.

— José no bebas eso — Rosaura lo miro preocupada.

— Te puede traer grandes problemas — Murmuro Francisco recordando su fallada llamada a Rafa. Pero vio que el cantinero trajo una botella de Tequila enseguida se sentó al lado de Diego olvidándose de todo eso.

— ¡Ustedes dos déjense de beber! — Exclamo Rosaura molesta tironeándolos — creen que con beber arreglan todo.

— No, pero por lo menos la pasamos bien — respondió Francisco sonriendo.

— ¿Y qué piensas hacer Diego? — pregunto José.

— ¿Con que? — pregunto sin mirarlo, con sus ojos fijos en el vaso que sostenía en las manos.

— Con Manu

— Nada — cerro los ojos molesto — ese testarudo no escucha. Si quiere hacer las cosas a su manera, que las haga, pero de mí que se olvide. Yo me iré a casa porque ya he estado bastante tiempo lejos y hay un montón de asuntos que arreglar…

— Si quieres llorar te ofrezco mi hombro — exclamo José.

— ¿ah qué? ¿Y quién quiere llorar? — pregunto Diego extrañado y noto que los tres lo miraban fijamente como esperando que llorara.

— No llorare… que se creen — cruzo los brazos molesto.

— Es porque ya lloraste — agrego Francisco.

— Así es… ¡Cállate Panchito! — se sonrojo molesto.

En eso José voltea preocupado y una expresión de angustia se dibuja en su rostro.

— ¿José que pasa? — pregunta Rosaura preocupada.

— Presiento que se acerca un peligro — se mete debajo de la mesa — los demás lo siguen y también se meten debajo de la mesa y justo a tiempo, ven a Antonio que pasa corriendo con expresión seria y preocupada.

— ¿Antonio? ¿Qué hace acá? — pregunta Francisco.

— Gracias a José no nos vio — agrega Rosaura abrazando a José.

— Por fortuna — suspiro Diego — … creo que va a la casa de UK, corre hacia esa dirección… ¿para qué demonios va para allá?

— Pobre Manu, no me gustaría estar en su lugar — agrega Francisco sonriendo con preocupación.

Mientras en el baño Arthur saca un botiquín evitando mirar a Manu que se está vistiendo, saca alcohol, algodón y una gasa.

— Ya puedes voltear — señala Manu, Arthur voltea sonrojado y lo queda mirando por unos instantes, antes de que Manu diga algo se acerca y le toma la mano, a lo que el chico americano respondió sonrojándose.

— Necesito curarte esas heridas — señalo Arthur sin mirarlo, y untando una mota de algodón en alcohol se lo paso con suavidad sobre las heridas — ¿te duele? — le pregunto mirándolo fijamente.

— No mucho… solo arde — respondió Manu sintiéndose extraño de que Arthur curara sus heridas — pero no debes preocuparte puedo curarme solo…

— No digas eso Manu — dejo de mirarlo y tomo la gasa envolviendo la mano de Manuel — si alguien está herido nuestro deber es cuidarlo, no quiero preguntarte porque te hiciste esas heridas porque no tengo la autoridad. Pero supongo que algo tuvo que ver Argentina… pero sea lo que sea que paso debo cuidarte, ya que estas metido en este lío a causa mía. Y estas en mi casa, es lo menos que puedo hacer después de mostrarme tan mal frente a ti… sin embargo no hace bien guardarse todo… — al decir esto tres gotas cayeron sobre la mano de Manu que estaba envolviendo con la gasa y al levantar la mirada ve que a duras penas trata de aguantar las lagrimas — ¿Manuel qué te pasa?

Pero no le responde nada, solo se abraza lentamente a él y apoyando su cabeza en su pecho, empieza a llorar con ahogo quitándose todo el dolor y la rabia que sentía. Arthur lo miro con sorpresa y luego lo abrazo con fuerzas, tampoco quiso preguntar más, solo se dedico a acariciarle el cabello en silencio.