LA MALDICION DE LA MARIONETA.
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Por favor, no te vayas aún con la luz de la luna llena,
que ya me di cuenta de mis errores.
Ahora todos me rodean, y quiero
romper esa tranquilidad y calidez.
¿Acaso soy una niña pecadora?
Aún no entiendo el significado de mis lágrimas, que se derraman.
Por favor, no digas esas palabras malditas nunca más
que el amor es tan pesado como las cadenas.
Susúrrame con un tenor más dulce que el de papá,
si estás listo para cualquier cosa.
Entonces ven y jura con tus labios temblorosos,
los latidos de aquel cazador que el néctar arranca,
podrías escapar conmigo, si tienes el valor
de dispararme directo hacia el pecho.
Por favor, hazlo de una manera en la cual,
si te atrapo ya no puedas escapar de mí.
Canción de Ali proyect.
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Hola chicas, sentimos la tardanza pero aquí está un nuevo capítulo, esperamos que lo disfruten.
Gracias por el capítulo a nuestra grandiosa Beta Flor Carrizo, de Betas FFAD.
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Capítulo 9
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— ¿Y tú quién eres? —pregunta Edward, medio sorprendido y a la vez frustrado.
— ¿No te enseñaron modales, Edward? Es una lástima, no es la forma de preguntar el nombre de una mujer. Pero bueno, haré caso omiso de tus modales y te lo diré… mi nombre es Alice Masen. ¡Es un placer conocerte!
Edward se aleja de Isabella, para detenerse cerca del clóset y así poder ver mejor a las dos chicas, abre la boca pero al instante la vuelve a cerrar. Se queda unos segundos callado, pensando bien qué es lo primero que quiere preguntar. Cuando ya lo ha decidido, las mira seriamente.
— ¿Desde cuándo están aquí?
—Desde hace mucho tiempo —Isabella es quien contesta a su pregunta.
—Eso te hace a ti el intruso. —Una voz mortecina se escucha al fondo de la habitación.
Edward mira en la dirección de la que la voz proviene, y una joven hermosa rubia se va acercando con pasos firmes, su expresión muestra un gran desprecio hacia Edward. Ella se detiene a la par de la otra chica de cabello negro y corto.
Edward las mira a las tres detenidamente, observándolas. La rubia es imponente y orgullosa, una mujer muy hermosa, con su largo cabello que cae con ondulaciones por su espalda, sus ojos azules parecen tan fríos como el hielo. Ella es lo contrario de la otra chica que está a la par, sus ojos grises muestran una felicidad demasiado extraña, nada normal y, acompañados con la sonrisa de sus labios, hace que él tenga escalofríos con sólo verla; su cabello, corto y negro, es tan oscuro como la noche. Alice es hermosa pero de una manera diabólica. Edward aleja su mirada de Alice para centrarse en la última de ellas.
Comparando a las tres, Isabella es la más hermosa de ellas, sus ojos verdes como la esmeralda son tan trasparentes y llamativos, muestran sensualidad y peligro. Si ella quisiera podría pasar por una dulce niña inocente y nadie se daría cuenta de lo peligrosa que es. Cada vez que él fija su vista en ella, siente como su cuerpo comienza a reaccionar y eso no es lo que quiere en ese momento.
Edward centra su mente en el objetivo, toma una respiración profunda y, después de sacar sus conclusiones con respecto a ellas, se da cuenta que, como él había pensado antes, las tres son muy diferentes… pero aun así necesita saber más de ellas.
— ¿Qué tienen que ver esas familias con ustedes? —Edward pregunta, mirando sus reacciones.
—Eso no te importa —dice Rosalie
—Sí me importa, porque están viviendo aquí, y cualquier problema que se dé quedaremos implicados también. —La voz de él es mordaz cuando le contesta a Rosalie.
Ella se enoja y, por impulso, se abalanza hacia Edward; pero antes de que llegue a tocarlo, Isabella se pone entre ellos y la detiene.
—Basta, Rosalie, Edward tiene razón —le dice con autoridad. Rosalie hace un gesto de disgusto, pero obedece sin dejar de ver a Edward.
—Entonces… ¿me dirán qué tienen que ver las familias con ustedes? —él pregunta mirando a Isabella.
—Todo a su tiempo Edward, ahora sólo acostúmbrate a vernos aquí —ella contesta, guiñándole un ojo—. Ahora si no te importa… Alice.
Antes de que Edward pueda protestar, la mano de Alice toca su cuello, ella hace presión y Edward siente como su cuerpo va perdiendo el equilibrio hasta que pierde por completo la conciencia.
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Esme va abriendo sus ojos poco a poco, mientras su mente se despeja, intenta mover su cuerpo pero le parece imposible, lo siente pesado y muy magullado. Los golpes que se dio cuando el coche cayó por el acantilado están cobrando cada músculo de su cuerpo.
Cuando por fin abre sus ojos, lo primero que ve es a un chico sentado frente a ella.
— ¿Tú eres… quién me salvó? —Su voz sale rasposa por el agua del mar que tragó.
—Sí —el chico le contesta sin dejar de mirarla.
Esme hace un esfuerzo por levantarse, cuando logra sentarse en lo que parece un sofá, la manta se cae. Ella no presta atención a eso y fija su mirada en él.
— ¿Cómo te llamas? —Su garganta le duele cada vez que habla.
Alec baja la mirada de su cara a su cuerpo y, mientras se toma su tiempo para contestar, observa su cuerpo desnudo. Arquea una ceja al mismo tiempo que dice en su mente: No será tan aburrido estar con ella.
Una sonrisa se forma en los labios de Alec cuando contesta:
—Alec Masen.
—Es un gusto conocerte, Alec —Esme contesta inocentemente.
—El placer es mío, Esme.
Un escalofrío recorre la espalda de Esme, al escuchar como Alec pronuncia su nombre, la parte baja de su vientre también reacciona humedeciéndose.
Un poco confundida por la forma en cómo su cuerpo ha reaccionado, se distrae cuando siente como una pequeña brisa entra y estremece su cuerpo.
Ella baja por primera vez su mirada a su cuerpo y se impresiona al ver que está completamente desnuda, sólo una sábana blanca se encuentra en sus piernas cubriendo su intimidad. Rápidamente lleva sus manos a sus pechos tratando de taparlos de la vista penetrante de Alec.
— ¿P-or qu-qué estoy des-desnuda? —Su voz tiembla cuando pregunta.
—Bueno… tu ropa estaba mojada, no iba dejar que te enfermaras, ¿o sí? —él contesta, sin dejar de mirarla.
— ¿Y era necesario quitarme todo? —dice ella molesta.
—Soy quien te ha salvado, ¿y así es cómo me agradeces? —La voz de Alec sale sombría de sus labios.
Tratando de tranquilizarse Esme piensa cómo poder salir de ahí sin molestarlo.
—Eh, lo siento, gracias por ayudarme.
Ella hace un gran esfuerzo para levantarse, agarra la sábana y la coloca bien sobre su cuerpo para cubrirse, se estira un poco para relajar los músculos de su cuerpo.
— ¿Dónde está mi ropa? —ella pregunta con cautela.
— ¿Qué pasa si te digo que ya no está? —Una sonrisa juguetona se forma en los labios de Alec.
El miedo comienza a dominar a Esme haciendo que pierda un poco el control de su voz cuando contesta:
— ¿¡Cómo que ya no está!? ¿Dónde la metiste?
Alec puede sentir el miedo en cada parte del cuerpo de ella, sigue pensando que Esme es aburrida y débil para él, pero si va a manipularla es mejor hacerlo a su estilo y, de algo estaba completamente seguro, disfrutaría saborear ese generoso cuerpo.
Esme comienza a retroceder, primero poco a poco, pero, cuando ve que él también avanza, se preocupa y comienza a correr. Antes de que ella pueda tocar la puerta vieja de la entrada, una mano en su cintura la encierra contra la fría madera. El cuerpo de Alec la presiona, su cuerpo se contrae.
— ¿Qué vas a hacer conmigo? —dice con su voz apenas audible.
Él deja que ella sienta cada centímetro de su cuerpo al mismo tiempo que contesta:
—Eso depende ti.
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—Alice, ¿qué sucedió con Esme? —Isabella pregunta, mientras se sienta en el banquito del tocador.
—Todo está marchando como tú lo querías Isabella —contesta.
—Eso me parece genial, dentro de poco comenzaremos con el juicio final, ninguno podrá escaparse del pecado que corre por sus venas.
—Ah, eso me pone de muy buen humor, ¡ya quiero matar! —dice Alice dejando ver la emoción en cada una de sus palabras.
—Sabes que si alguien te oyera decir eso pensaría que eres una psicópata enferma, pero me uno a tu alegría.
Al escuchar las palabras de Rosalie, las tres ríen a carcajadas.
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Esme siente un miedo profundo cuando Alec le da media vuelta para que esté frente a él, sus ojos grises son tan intensos que la hacen sentir pequeña.
—Por favor…. no me hagas daño —Esme se obliga a decir cuando logra encontrar su voz—, si quieres dinero te lo daré, pero no me lastimes.
—Deja de decir estupideces, yo no necesito tu dinero, lo que quiero de ti es… —Alec deja las palabras en el aire cuando vuelve a centrar su mirada en la boca de Esme.
Él tiene que aceptar que la remilgada de Esme es atractiva y lo enciende. De un sólo empujón quita bruscamente de las manos de ella la sábana que cubre su cuerpo.
— ¡Ah! —Esme da un grito por la sorpresa. Sus manos tiemblan y se siente tan humillada al estar desnuda frente a él, quiere empujarlo y salir de ahí a toda prisa, pero no sabe qué posibilidades tiene de lograrlo.
La mano de Alec roza levemente uno de sus pechos, su temblor aumenta, pero él no deja de verla a los ojos y eso la pone más nerviosa.
La blanca mano vaga por la curva de su seno, para después dirigirse al otro, sus pezones se endurecen. Esme jura internamente que ha sido por el frío aire que se siente en la habitación, pero no está muy segura de que eso sea cierto.
Él sigue su recorrido bajando por su vientre, deteniéndose levemente cerca de su coño. Su respiración es muy pesada para entonces, Esme no sabe qué hacer, si quedarse inmóvil dejando que él la toque a su antojo o apartarlo.
Desesperadamente su mente lucha porque ella recobre la razón, pero su cuerpo no hace caso, quedándose ahí, inmóvil, sin hacer nada.
Alec se acerca al lóbulo de su oreja y, suavemente, lo chupa.
—Vamos, sé que esto te gusta —le dice con voz ronca.
—Yo… no… ¡ah! —Esme no pudo terminar la frase y un grito sale de sus labios cuando siente como Alec juega con sus labios, sus dedos hacen un recorrido de atrás hacia delante, rozando su clítoris, luego introduce un poco su dedo índice en la entrada de su coño.
El cuerpo de Esme reacciona al tacto y se humedece. Al sentirse mojada, se maldice a sí misma porque Alec está mostrando una sonrisa arrogante.
Vamos, Esme, contrólate, se dice interiormente.
Sin poder alejar la atención de lo que él está haciendo con sus dedos, ella no ve venir cuando los labios de Alec se estampan en los suyos. La ferocidad con la que él le devora los labios es una experiencia alucinante. Esme entiende que desde ese momento ha perdido la poca sensatez que aún quedaba en alguna parte de su mente.
La pasión la llena de una manera que jamás le había sucedido y, sin luchar más, se deja llevar por sus instintos más bajos, permitiendo que Alec tome todo lo que quiera de ella, sin importarle que después pudiera matarla o lo que pensara hacer con ella.
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A la mañana siguiente, Edward camina por el campus de la universidad y unos segundos después es alcanzado por Emmett. Los dos hablan tranquilamente mientras salen de la universidad y se dirigen a un café.
—El proyecto del profesor Banner tiene que estar listo para la próxima semana, así que llegaré a tu casa en la tarde para comenzar —dice Emmett mientras lleva su capuchino a la boca.
—Está bien, ¿sabes si Jasper vendrá? —el cobrizo contesta.
—No lo sé, hablando de eso no lo he visto. De seguro debe estar follando con una zorra que consiguió en un bar.
Edward ve a través de la ventana del café y ríe ante las palabras de Emmet.
—Es lo más seguro.
Esa misma tarde, mientras Edward camina por la avenida de Kufürstendamun, un auto negro se detiene a su lado, él lo ve de reojo y simula no darse cuenta de que lo han estado siguiendo desde que salió de la universidad. Camina más rápido, metiéndose entre la multitud que está cruzando la calle en ese momento.
Dos hombres lo siguen de cerca, Edward al ver la proximidad de ellos comienza a correr. Se aleja de la multitud y sigue tratando de perderlos, dobla en la esquina a mano izquierda por Olivearpaltz, luego sigue camino abajo hasta llegar al cruce de Preubenpark, dobla nuevamente a mano derecha…
Sigue corriendo un poco más pero, ya agotado, se detiene un momento frente al hotel Savigny, mira para todos lados pero no ve rastros de alguien siguiéndolo. Sigue su camino tratando de parecer normal ante la gente, pero su respiración aún es bastante irregular.
Llega a la calle de Paulsbornerstrabe y gira a mano izquierda, esa avenida lo dejaría enfrente de Haleense y estaría cerca de llegar a su casa. Pero antes de que Edward pueda llegar a la siguiente calle, cuatro hombres lo interceptan, no le dan tiempo de reaccionar cuando le dan un golpe directo en la cara que lo deja inconsciente y tirado en el suelo.
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Ya estamos en diciembre chicas y les deseamos que tengan unas felices fiestas. Por cierto estaremos actualizando 24 y 31.
Nos leemos hasta el siguiente capítulo chicas y también nos gustaría escuchar sus opiniones del cap.
Hasta pronto…
