"Kaichou wa Maid-sama!", no me pertenece, le pertenece a su respectiva autora, Hiro Fujiwara; al mismo tiempo que "What Happens in Vegas", todos los derechos son de su respectivo creador.
Capítulo 10. También jugaré sucio.
En el consultorio de la psicóloga Shizuko Kaga, se escuchaban a más no poder los gritos de la pareja de esposos al quejarse de las cosas negativas que, según ellos, los perjudicaba: "que Usui no hacía nada en todo el día"; "que Ayuzawa siempre está sobre él"; "que él tiene una mentalidad de un niño de nueve años"; "que ella está haciendo todo lo posible para que la engañara"; "que él esto"; "que ella lo otro"; y demás quejas se escuchaban en el pequeño despacho de la psicóloga. Shizuko sólo se dedicaba a escuchar cada queja y palabra que emanaba de las bocas de los jóvenes veinteañeros, quienes no dejaban de quejarse y de decir: "Porque simple y sencillamente no quiere que éste matrimonio funcione".
Una vez que ambos dejaron de gritar, Shizuko dio un gran suspiro, para después sonreír levemente. Tomando su tablilla y anotando diversas observaciones, comenzó a hablar.
―Muy bien. Están discutiendo, eso sí fue una verdadera pareja de esposos ―Anotó algo más en su pequeña tablilla, mirando el rostro sorprendido de ambos jóvenes―; están avanzando ya en su quinceava terapia.
Ambos jóvenes pusieron cara asustada, para después mirarse de una manera extraña.
Una nueva tarde se presentó en el hermoso país de Japón. Estaba oscureciendo cuando el rubio de ojos verdes llegó a su pequeño departamento, dispuesto a darse una larga ducha y meterse a dormir; su sorpresa fue tal al escuchar voces desde fuera de su departamento; voces que reconoció al instante.
―No, no puede ser…
Entró rápidamente a su departamento, encontrándose con las personas que menos quería ver, interrumpiendo la charla entre la familia reunida.
―Gerard; Edward…
―Oh, ¡hola, cariño! ―dijo la pelinegra mientras se acercaba al rubio, quien traía una cara sorprendida.
―¿Q-qué están haciendo aquí? ―preguntó él, mientras miraba con cierta duda a sus familiares.
―No seas descortés, Takumi ―contestó el hermano mayor de Takumi, muy similar a él, a diferencia del color de pelo y ojos: Gerard tiene el color de pelo negro con ojos azules claros.
―Tranquilo, cariño ―llamó a su lado la pelinegra, mirándolo con una sonrisa―, los invité yo misma: encontré el número de tu hermano en tu agenda, quise darte la sorpresa ―Se acercó a él y le implantó un beso, a la negación y resistencia de él.
―Cuñada, ¿sabías que nunca nos había invitado a su departamento? ―comentó el hermano de Takumi, acercándose a la pareja―. Es la primera vez que vengo a su pequeño departamento.
―Es más ―interrumpió el papá de Gerard, mirando a Takumi―; ¿por qué no nos dijiste que te habías casado?
―Sé que sigues molesto por lo que pasó en Inglaterra pero, ¿te casaste y no nos dijiste? ―Continuó el pelinegro, mirando con desaprobación a su hermano―. Eso no sabes cuánto nos duele, sobre todo porque no conocimos desde antes a esta joya que es Misaki.
Ambos se sorprendieron por las palabras del pelinegro, quien los miraba con una sonrisa. Misaki se repuso rápidamente, sonriendo muy grande, agradecida por las palabras de su cuñado. Takumi sólo se dedicó a recibir a su padre, quien lo abrazaba hasta casi asfixiarlo. Él lloraba cómo si sus ojos fueran un par de cascadas.
―No sabes lo felices que estamos ―decía entre sollozos el padre de Gerard, aun llorando a ríos―. Pensábamos que nunca asentarías cabeza después de la popularidad que tenías entre las mujeres…
―Y tiene, suegro; aún tiene popularidad entre las mujeres ―interrumpió la pelinegra, siendo abrazada al instante por su suegro.
―Bien, Misa, ¿podemos salir un momento? Tengo que decirte algo muy importante ―decía el rubio, separándose de sí a Edward. Ella asintió.
―Claro que sí, mi amor ―contestó, mientras se acercaba a la puerta de entrada―. No nos hemos visto en todo el día, no tardamos.
Salieron del departamento, directo al largo pasillo bien iluminado, pintado con colores beige y vino, estando solitario. Misaki salió con una gran sonrisa, llena de satisfacción; Takumi salió con un rostro serio y molesto.
―Cariño, ¿no sería irónico que tus padres declararan que soy una esposa modelo en el tribunal? ―decía Misaki quien aún traía una gran sonrisa en su rostro. Él soltó un bufido.
―Es obvio que no les has dicho todo ―contestó, mostrando su seriedad y molestia.
―No, esperaba a que tú lo hicieras ―dijo, mirándolo con desafío.
―¿Y si no lo hago? ―respondió en rubio, mirándole con seriedad. Ella se quedó callada―. Ayuzawa, ¿qué necesitas para mantener esto en secreto una temporada?
Ella lo miró de manera sorprendida, comenzando a fruncir el ceño, sintiendo un piquetito de culpabilidad en su pecho al mirar el rostro del rubio. Contestó, un tanto no convencida.
―Uno: quiero que regrese la puerta del baño a su lugar ―Comenzó, señalando con cada uno de sus dedos―; y dos: quiero que bajes el asiento del maldito inodoro. Me fallas una vez: y digo todo.
Entraron sonrientes, sentándose a comer junto a los familiares de Takumi. Edward y Gerard los recibieron: el primero con una gran sonrisa; el segundo mirándolos pícaramente.
―Sinceramente, es un gran honor poder conocer por fin a los familiares de mi gran excelente esposo ―comentó la pelinegra, mientras tomaba asiento, quedando al lado de Gerard y frente a Edward.
―Takumi siempre ha sido un buen muchacho ―comentaba el pelinegro, mientras tomaba un poco de la copa de vino que se sirvió desde antes―; algunas veces creo, y parece, un ser del espacio exterior; es bueno en diversas áreas como cocinar, hacer deporte, y es bastante inteligente. ¡Con contarte que una vez saltó del techo de nuestra casa directo a la piscina y sobrevivió!
―¿Enserio? ―preguntó la pelinegra, mirando al rubio. Asintió algo sorprendido por lo que había dicho su hermano―. Wow, fascinante. He comprobado que es muy bueno en diversas áreas: él me está enseñando a cocinar. ¿Por qué creen que me salió tan bien este Solomillo Wellington*? Me enseñó a prepararla hace un par de semanas.
Takumi se impresionó por lo dicho por parte de ella. ¿Cómo sabe que yo sé cocinar? La última vez que lo hice fue hace mucho tiempo; es más: ¿por qué reconoce que cocino bien?, esos pensamientos se le venían a la cabeza al pobre rubio, quien seguía cada acción que sucedía en el ambiente.
La noche pasó tranquila, con risas, preguntas, comentarios alegres, de vez en vez unas quejas y molestias, y risas forzadas. Justo cuando los familiares de Takumi estaban por retirarse, hicieron una propuesta a los esposos, dejando a un chico rubio peor que molesto.
―Misa, ¿qué vas a hacer el sábado? Tú y Takumi tienen que venir a la fiesta de cumpleaños del abuelo, ¿no es cierto, Gerard? ―preguntó muy entusiasmado el padre de Gerard, quien asintió al instante.
―Es un honor que me inviten ―dijo la pelinegra, ganándose una mirada desaprobatoria por parte de Takumi.
A la mañana siguiente, Takumi fue visitado por su mejor amigo, Shintani, acompañado de un amigo. Llegaron a desayunar un poco, conversando el cómo le había ido a Takumi en estas semanas que pasaron. Él se desahogó con sus dos compañeros, siendo mal aconsejado por su nuevo visitante.
―Así que, ¿involucró a tu familia?
―Sí, Kuuga; involucró a mi familia ―contestó muy molesto el rubio de ojos verdes, mirando a su amigo. Rubio muy claro, más claro que el de Takumi; ojos marrones; siendo no muy alto, es más pequeño que Takumi y Shintani; vistiendo un pantalón de cuero negro; una playera sin mangas gris; un chaleco negro; con botas de marinero negras: lo hacían ver muy apuesto. Él frunció el ceño, mirando a Shintani comer golosinas. Rodó los ojos.
―Takumi, abre los ojos: estás dejando que esta mujer llamada Misaki te afecte ―Le dijo, mientras Shintani se comenzaba a acercar a ellos, con una mirada interrogativa.
―Lo sé; por eso tengo que descubrir una manera de poder afectarla a ella.
Mientras Shintani y Kuuga se miraban interrogativamente, Takumi comenzó a buscar en toda la habitación algo que lo ayudara para así "afectar a Misaki". Buscó por todos lados: en la sala, la habitación, la cocina, claro, teniendo en cuenta que todo eso estaba en una habitación; también buscó en el baño, entre sus pertenencias, no encontrando nada. Desesperado, salió al balcón, mirando el paisaje de casas y edificios a su alrededor, con un hermoso cielo azul de fondo. Suspiró, sentándose en el suelo, recargado en el barandal, a un lado de la pequeña maceta.
Inconscientemente, la miró, percatándose de un brillo peculiar. Se acercó a ella y descubrió el pequeño anillo de diamantes que traía hace un par de semanas la pelinegra. Sonrió para sus adentros.
―Sí. ¿Cómo no se me ocurrió antes?: si ella puede jugar sucio, yo también jugaré sucio.
Esa misma tarde, Takumi buscó por todas las agencias de negocios a Igarashi Tora, siendo el un importante ejecutivo de esa rama. Lo encontró en el salón de uno de esos edificios, mientras él estaba ocupado atendiendo problemas a través de su laptop. Lo dudó por unos segundos, antes de acercarse a él y hablarle. Unos segundos más y se acercó a él, comenzando con un saludo.
―Hola…
―Hola. Un margarita sencillo, por favor ―contestó el de ojos marrones dorados, sin despegar sus ojos de la pantalla, tendiéndole el vaso a Takumi. Él tomó el vaso, dejándolo en una mesa cercana.
―Oye, ¿tú debes de ser Tora, Igarashi Tora? ―preguntó el rubio, acercándose a él con una sonrisa. Tora lo miró de manera sorprendida.
―Sí. ¿Te conozco?
―No. Soy Takumi, Usui Takumi, un amigo de Misaki ―contestó él, tendiéndole la mano. Tora la apretó, saludándolo.
―¿De Misaki? ―preguntó, más sorprendido que antes.
―Sí ―contestó―. Vine sólo a devolverte esto ―El rubio sacó de su bolsa el pequeño anillo de diamantes que había tomado. Tora había abierto los ojos, impresionado―. Lo tiró a la basura; no podía dejar que se quedara ahí, así que decidí traértelo. ¿Cuánto te costó? ¿Seis mil dólares…?
―Treinta mil, en realidad ―contestó el rubio de ojos marrones dorados, tomando el anillo. Takumi había puesto resistencia después de haber escuchado el precio, pero cedió, entregándole el anillo de diamantes.
―Bueno, sólo a eso vine. Nos vemos.
Y comenzó a retirarse, dejando a un Tora contemplando el anillo. Estaba a punto de salir del salón, justo cuando Tora se levantó del sillón donde estaba sentado y lo detuvo en la puerta, llamándolo. Takumi dibujó una sonrisa sutil en su rostro.
―Dime, Takumi, ¿cómo está ella?
Takumi dio media vuelta, mirando a Tora con una sonrisa diminuta en sus labios.
―Está muy contenta ―contestó el rubio, acercándose a Tora.
―¿Enserio? ―preguntó más para sí mismo que para Takumi. Él se acercó a él, abrazándolo por los hombros, sonriendo con amplitud.
―¿Sabes? En verdad eres como Misaki te describió: me dijo que eres un hombre asombroso ―dijo el rubio de ojos verdes, mirando cómo Tora sonreía de manera nostálgica. Sonrió para sus adentros―. También me dijo que se esforzó por ser una mujer perfecta para ti, pero en el fondo sabía que no te merecía.
Tora no dejaba de subir su ego después de todo lo que Takumi le decía. Lo dejó de abrazar por los hombros, para después suspirar, acercándose a la puerta de entrada, mientras aun lo miraba.
―Pero eso quedó atrás: se ha vuelto una mujer segura de sí misma, que arrasa con todo; créeme, no estará disponible por un buen rato. Los hombres están sobre ella, literalmente hablando.
Takumi estiró una vez más su mano, esta vez para despedirse de Tora. Tora la apretó algo dudoso. Takumi sonrió triunfante.
―Bueno, Tora, me tengo que ir ―Se despidió el rubio, quitando su mano del apretón―. Mi abuelo cumplirá años el sábado y tengo que comprarle, por lo menos, un pequeño obsequio. Misaki me acompañará en la fiesta. Será en el parque nacional de Fuji-Hakone-Izu*, algo al estilo inglés; como mi familia es inglesa, querían festejarle en un lugar nuevo para él.
―Sí, no hay problema, Takumi ―dijo el rubio descolorido, mirando el anillo una vez más―. De nuevo: gracias por traérmelo.
―No es nada, Tora ―dijo por última vez, antes de retirarse del edificio, con una gran sonrisa triunfante en su rostro.
Tora se dedicó a regresar a su asiento ocupado anteriormente, mientras seguía mirando el anillo de diamantes. Segundos después, a su mente regresaron escenas vividas con Misaki; escenas donde ella aún lo amaba, pero él la dejó.
Continuará…
Solomillo Wellington: Es una receta de la cocina inglesa que se elabora con solomillo de ternera, duxelles y hojaldre, se pueden añadir otros ingredientes. Si voy a Inglaterra, éste platillo lo tengo que probar.
Parque nacional de Fuji-Hakone-Izu: Es un parque nacional de Japón. Se distribuye por las prefecturas Yamanashi, Shizuoka, Kanagawa, y la zona metropolitana de Tokio. Incluso, creo que también ya fue declarado como Patrimonio de la Humanidad. A mi opinión, éste parque lo tengo que visitar un día de mi vida.
N/A: ¡Mundooooooooooooooooo! ¡Los extrañé un montón! ToT.
Tardé mucho en actualizar, lo sé, pero valió la pena: las semanas pasadas me dediqué a escuela, estudios, exámenes, entrega de calificaciones. ¿Y saben qué? ¡Valió la pena: ya salí de vagaciones...! DIGO, ¡de vacaciones! :D. Voy ésta semana a que me den calificaciones de unas materias más y listo. Me quito un peso de encima. :D. ¡Soy feliz!
Bien, me disculpo por haber tardado, pero ya saben mis razones. :D.
Les agradezco por el apoyo brindado desde capítulos anteriores; espero que éste no sea la excepción: déjenme su opinión acerca de éste capítulo; si les gustó, no les gustó, es una abominación, una obra maestra, merece que la quememos. Díganme, yo les contestaré. :D.
Eeeeeeeeen fin. Me despido. Les mando a todos un Gracias por haber pasado a leer al menos éste capítulo.
Besotes. Nos estamos leyendo. Bye, bye [Cualquier error encontrado, no duden en hacérmelo saber. ^-^V].
