09.- Nuevos reclutas


Draco parpadeó y se desperezó, intentando poner en orden sus pensamientos. Estaba en una mullida cama y no quería levantarse, pero debía. Sobre todo porque empezó a recordar y supo que esa no era su cama. La cama estaba en medio de una habitación bastante cómoda, pequeña pero funcional. Al lado de la cama, había una jarra con un vaso de agua y su varita, tenía toda su ropa encima y estaba entero.

¡Orpheus! Él, lo había animado a seguirlo, lo llevó a la Cámara de Slytherin y finalmente… le habló de un tercer lado en la guerra. ¡Libertad! Orpheus le había ofrecido una salida, a él y su familia. Contra todos sus pensamientos que le gritaban que no confiara en Orpheus, había una ligera esperanza en el corazón de Draco y una extraña corazonada que le decía que estaba bien, que todo saldría bien.

Por una vez, Draco decidió ignorar a su cerebro y confiar. La evidencia respaldaba esto. Orpheus pudo haberlo atado o inmovilizado, deslizarse pociones o incluso violarlo si hubiera querido, en cambio, estaba entero, descansado y tenía su varita consigo.

Draco se levantó y empezó a ponerse los zapatos, que fue lo único que le quitaron de encima, cuando entro Avery seguido de Dobby quién traía una bandeja con comida y algunas pociones.

—Debes tener muchas preguntas—Empezó Avery—Prometo que serán resueltas, pero primero deberías comer algo y tomar esas pociones. Son una poción relajante y una de nutrientes, así como una para curar el daño a los nervios y reforzarlos. El estrés constante puede hacer muchas cosas en un organismo—.

Draco reconoció a Dobby como el elfo liberado de su padre, así que eso indicaba que Potter estaba mezclado en todo esto, pero ver a Avery ahí, le indicaba que lo dicho por Orpheus era verdad. No concebía otra manera en que un mortífago y el niño dorado de Gryffindor pudieran convivir, a menos que Orpheus le hubiera dicho la verdad. Había un tercer lado que no era ni de luz, ni de oscuridad.

Libertad… por fin.

Draco le sonrió a Dobby sinceramente, por primera vez en su vida y el elfo le sonrió de vuelta, sabiendo que el joven antiguo amo, había decidido confiar en ellos—El joven señor Malfoy debe tomar todo lo de la bandeja—.

—Lo haré Dobby, gracias—El elfo simplemente asintió y se retiró.

—Bien, come y toma tus pociones y vendré en media hora por ti. Hay un baño al lado derecho de la habitación para que te refresques—Avery le puso una mano en el hombro—Relájate, estas a salvo y ni la loca de tu tía, ni el cara de serpiente volverán a ser un problema, incluso si decides no unirte a nosotros—.

Draco asintió y Avery ya estaba yéndose cuando Draco lo llamó—¡Avery! ¿Dónde estamos? —El mortífago sonrió al rubio.

—Estamos en Umbra—Y salió de la habitación, dejando al adolescente a solas con sus pensamientos, todos ellos galopando por todo su cerebro, pero sobre todo uno: estaba a salvo.


Avery regreso tal como dijo, media hora después y Draco ya se veía como siempre, al menos, antes del horrible verano donde le encomendaron matar a un hombre que si bien, despreciaba, tampoco lo quería muerto. Mientras caminaban por los pasillos, Draco notó que había salones de clases, salas de duelos, un comedor grande, habitaciones al por mayor, lo que parecían ser varias bibliotecas y laboratorios y finalmente, llegaron a una habitación que tenía varios asientos, sillones y demás, todos alrededor de un podio.

Había más personas ahí y todas ellas conocidas. Orpheus y Thomas Black estaban ahí, al igual que la sangresuc… Granger, el cararajada, las comadrejas menores, el loco de las plantas Longbottom y la loca de las criaturas imaginarias Lovegood, así como otros compañeros de años anteriores y menores al suyo. Reconoció a otros tres mortífagos, pero dos de ellos fue extraño verlos ahí, las hermanos Lestranges, ya que Rookwood siempre fue más astuto de lo que los otros mortífagos le daban crédito.

Granger se le acerco con una folder y le dio un asentimiento de bienvenida y lo dejo a solas con el folder. Picado por la curiosidad, Draco no perdió tiempo y abrió el folder, pasando sus ojos rápidamente por los documentos y asombrándose más a cada paso.

No sabía que era más impactante: saber que el Señor Oscuro era un mestizo o saber que Thomas Black era el señor oscuro a esa edad. O por lo que decía el documento, "al parecer", lo que indicaba que no estaban seguros de "que" más que "quien", era Thomas. Orpheus Black era Sirius Black, dado por muerto hace meses, mientras Cedric Diggory seguía vivo. Severus Snape era parte de Umbra, al igual que Sprout y Flitwick.

Y Dumbledore… en verdad que su vida fue trágica, pero el tipo era patético, intentando ser un titiritero demente tras bambalinas, "guiando" a la gente a lo que él "creía" que era correcto y digno, cuando en la luz había tanta podredumbre como en la oscuridad.

Harry Potter empezó la reunión extraordinaria y Draco saco su cerebro de la lectura y empezó a escuchar a Potter.

—Hoy, Orpheus ha traído a Draco Malfoy, con la promesa de libertar a su familia. Nosotros honraremos esa oferta, incluso si Draco no está interesado en unírsenos, pero Draco, queremos que lo pienses. Con Umbra tendría acceso a toda la magia, ayudarías a derrocar a un loco disfrazado de santo y a otro loco que no oculta sus intenciones, pero es poderoso como para ser derribado tan fácil. Podrías ser un miembro muy útil en nuestra cruzada para obtener un mundo libre de etiquetas, de barreras, restricciones… ¿Qué dices? —.

Draco había leído la parte sobre los objetivos de Umbra y estaba fascinado con la idea de poder estudiar lo que quisiera, y él quería estudiar Alquimia. Un área desaparecida de la magia, al menos en Hogwarts, ya que requería un mínimo de "interesados". Y "casualmente" cada año siempre faltaban interesados… desde la época de su padre e incluso antes de eso, por lo que él mismo le había contado.

Así que no había mucho que pensar—Estoy dentro—.

Harry sonrió y continuó—Demos la bienvenida a Draco Malfoy, nuestro nuevo miembro de Umbra. Ahora, el siguiente punto es la recuperación de los señores Malfoy y su protección en Umbra ¿Ideas? —.


Minerva McGonagall estaba expectante. Había un aire en el ambiente de que pronto algo grande sucedería. Solo que la forma en que eso grande llegó fue suficientemente inesperada. Todo comenzó cuando observo una nueva interacción entre Orpheus Black y Draco Malfoy. Estos dos parecían haberse acercado y ahora eran un equivalente Slytherin de la relación entre Ronald Weasley y Harry Potter de Gryffindor.

Remus había llegado el lunes siguiente en que el profesor de defensa había renunciado, este último siendo muy vocal sobre "mocosos ineptos y sin cerebro" que lo había "hechizado con esa cosa desagradable", hablando sobre una broma donde el hechizo erró su objetivo y le dio de lleno, llenando su cuerpo de manchas púrpura, verdes y amarillas, dándole una curiosa apariencia de lagartija camaleónica.

McGonagall estaba impresionada por la broma, recordándole sus épocas de los merodeadores y eso la hizo preguntarse sobre el papel de los hermanos Black en esta "guerra", pero no tenía pruebas que los ligaran con ella, y todos los Hufflepuff decían que no sabían quién era el "Tejón Anónimo". Al menos la broma hacía Severus tenía algo de sentido, porque siempre habría un alumno guardándole rencor, pero la broma que inicio la guerra, la broma a la Casa de las Serpientes… esa no tenía sentido.

Como fuera, Minerva estaba segura de que la hora estaba llegando cuando vio al nuevo dueto de amigos. Malfoy parecía haberse relajado y había perdido su habitual sarcasmo hiriente y ahora parecía ser un simple sarcasmo amigable, parecido al que usaba ella con Severus. Que a ojos menos entrenados parecía una pelea sin cuartel, pero ellos dos lo sabían mejor, así era como los mejores amigos como ellos se llevaban.

El resto de los Slytherin parecían haber terminado de aceptar a Orpheus, como la Casa Hufflepuff, incluyendo a un renuente Zacharias Smith, parecían haber aceptado a Thomas y esta tranquilidad irreal de la escuela era perturbadora.

Minerva había esperado por las incursiones de los mortífagos en El Profeta, pero solo hubo una breve mención de un robo en Borgin & Burkes en el callejón Knockturn y nada más. Fuera de eso, los mortífagos habían estado relativamente callados… hasta ese día. Una fuga en Azkaban, donde habían desaparecido varios mortífagos recién capturados. Lucius Malfoy ahora estaba a la fuga y con orden de captura inmediata.

Si la noticia afectó o no a su hijo, su actitud relajada no lo mostró. Ahora mismo estaba hablando en voz baja con Orpheus durante la clase de McGonagall y esta estaba por llamarles la atención cuando observó que la transfiguración de un trozo de carbón en un anillo de "diamante" que le había costado trabajo a Draco, ahora la estaba realizando correctamente. Draco sonrió a Orpheus, quién continuo con su siguiente tarea, que era convertir otra roca en un collar de algún tipo.

Minerva estaba afectada por todas estas cosas que no parecían tener sentido: una guerra Slytherin-Hufflepuff, Draco Malfoy siendo "normal" (al menos tan normal como podía), mortífagos callados y al final de todo, las miradas soslayadas que Severus le estaba dedicando de un tiempo acá, como si estuviera observando un experimento muy interesante en Minerva.

Ese día, estaba al límite y decidió tomar las riendas.

—Severus—El aludido volteo hacia la profesora—¿Me preguntaba si tendrías un momento después de la cena? Hay un par de asuntos en los que me gustaría tu opinión—Terminó la profesora sin levantar su mirada de su cena.

—Por supuesto Minerva, ¿Debo sacar la hierba gatera? —Snape era su sarcástico habitual, al menos.

—No será necesario, algo de whiskey casi tan viejo como tú sería adecuado—Contestó Minerva sin inmutarse.

—Encantadora como siempre Minerva—Terminó Severus, sabiendo que el día había llegado.

Snape se fue unos minutos antes que Minerva y dispuso el "escenario" para su amiga. Cuando Minerva tocó a la puerta del profesor, ya había dos vasos de whiskey servidos en las rocas. Severus abrió la puerta para su colega—Minerva, adelante—.

La profesora entró a las habitaciones de su colega y se sentó en su lugar habitual junto al fuego y convocó el vaso de whiskey que Severus había preparado para ella. Sus nervios agradecían el líquido ambarino, ya que conforme pasaba por su garganta, estuvo más relajada y observó a Severus sentarse en su lugar habitual.

Minerva respiro hondo y comenzó—¿Qué está sucediendo Severus? —.

—¿Qué te hace suponer que está sucediendo algo, Minerva? —.

—No me tomes por idiota Severus. Algo está sucediendo. Lo sé. No tengo pruebas, pero mis instintos me dicen que algo sucede—.

—Tontas ideas tuyas, Minerva. Fuera de las cosas habituales de la escuela y alguna que otra noticia del Señor Oscuro. Este ha estado siendo un año particularmente tranquilo—.

—¡A eso me refiero! ¡No es normal esta tranquilidad! —La máscara de ecuanimidad de Minerva se rompió. Había soportado mucho estos meses—Desde que Harry llegó a Hogwarts, no ha pasado un año sin que algo suceda—Las manos le temblaban ligeramente—No es normal, Severus… no lo es—.

—Minerva, estoy seguro de que todo está bien—Dijo Severus, presionándola más, necesitaba que ella lo dijera en voz alta.

—¡No lo está, Severus! ¡No seas condescendiente conmigo! No te va… tú mismo estas cambiado, igual que Pomona y Filius… cada verano desde hace dos años, uno de ellos cambio. Es tan sutil que nadie lo nota, y esos chicos… el Ejército de Dumbledore, todos ellos actúan como si fueran partícipes de algo más grande… y luego están los dos chicos Black… puedo creer que Sirius dejará hijos regados por ahí, pero no que ambos heredaran su talento para hacer bromas. Se que ellos están detrás de las bromas en esta guerra entre tejones y serpientes—.

Severus observo a su compañera, y decidió que ya había sufrido lo suficiente, pero ella necesitaba vocalizar todo para que cuando él entrara en escena, todo cayera por su propio peso. Su entrenamiento en Umbra lo había preparado para explicarle las cosas a los reclutas y siempre era mejor que explotaran antes de llegar a Umbra.

Severus sacó su varita y apuntó al techo de sus habitaciones, lanzado un poderoso escudo que aislaba virtualmente ese espacio de Hogwarts, luego lanzó otro, creando su doppelgänger para que tomara su lugar por unas horas. No sería bueno que ambos profesores desaparecieran. Luego de eso, Severus guardó su varita y se acercó a Minerva, quién había observado todas esas acciones con genuina curiosidad.

—¿De verdad quieres saber Minerva? —Se acercó a la profesora, usando el truco de la voz que había aprendido de Black, de todas las personas. Era curioso que compartieran ese don en particular—¿Quieres ver qué tan profundo está la madriguera del conejo? —.

Minerva se sintió relajada y confiada, lo que era inusual, ya que apenas segundos antes, había estado con los nervios al borde, pero la voz de Severus era hipnótica—Si, quiero saber—.

—¿Confiaras en mí? —Minerva pensó en esto, al tiempo que Severus extendía su mano hacía ella y sostenía algún tipo de colgante en la otra—¿Confiaras en mí, Minerva? Te guiaré por la madriguera—.

Minerva tomó la mano de su compañero, luego de dejar el vaso de whiskey en la mesa de centro—Confió en ti, Severus—El aludido sonrió y murmuró: "Umbra".


Minerva no sabía que era posible Aparecerse fuera de Hogwarts, aunque en teoría, no se podía. Quizás solo el director, pero incluso eso… y sin embargo, aquí estaban, en alguna clase de recinto oscuro, pero al parecer, seguro.

Severus dejó que Minerva absorbiera todo antes de hablar por el ópalo a alguien desconocido que al parecer, contestó de forma afirmativa a lo que fuera que estaba diciendo Severus, al menos, desde la perspectiva de Minerva, quién estaba analizando el lugar y descubrió que estaban debajo de la tierra, por la temperatura y por el hecho de que las paredes eran escarbadas en piedra.

Una montaña o una cueva adaptada, eran los candidatos más probables.

Severus tomo de la mano a su colega y le indico que caminarían. Minerva se sentía incapaz de hablar y escucho a medias las explicaciones de Severus acerca del lugar. Al parecer, estaban debajo del lago Ness, en una propiedad particular que servía como base de operaciones, o mejor dicho, cuarteles generales.

Severus ya no era un espía para la luz, pero tampoco lo era de la oscuridad. En cambio, Severus le relato que había encontrado a este grupo, o mejor dicho, el grupo lo encontró y reclutó para convertirse en miembro de ellos. Su colega le estaba comentando que había mandado traer a dos miembros que le explicarían el resto y luego, entonces resolverían cualquier duda que tuviera antes de ser presentada al grupo.

Minerva entonces, entro con Severus a una habitación que tenía una mesa con un servicio de té y a sus otros dos compañeros Jefes de Casa, Pomona Sprout y Filius Flitwick.

—Veo que por fin la trajiste Severus—Dijo Filius con felicidad.

—Prometí que la traería, fue la misión que yo mismo elegí—.

—Lo sabemos y apoyamos tu decisión. Minerva merecía la verdad—Concluyó Pomona.

Minerva se sentó todo lo ecuánime que pudo y se sirvió una taza de té—¿Cómo empezó todo esto? —.

Filius empezó a contar la historia, de cómo Harry y sus amigos se dieron cuenta de que algo no estaba bien desde el primer año en que entraron a Hogwarts, de los Dursley, de cómo lo querían "someter" como un elfo doméstico y como llegaron a la conclusión de que todo parecía orquestado.

Pasaron las siguientes dos horas explicando cómo había empezado Umbra, mientras Minerva examinaba los documentos sobre Albus, Voldemort y lo que buscaba Umbra. Leyendo todo, y escuchando a sus colegas, era claro por qué Severus había entrado tan dispuesto al grupo. Albus no era malo, pero tanta luz más empleada, era quizás tan malo como lo que estaba haciendo Voldemort con la oscuridad.

Le quedo claro a Minerva, en donde había estado Draco y la verdadera naturaleza de los chicos Black. Por un lado, se alegraba de saber que Sirius estaba vivo, por el otro, le asustaba que Albus tuviera ideas tan retorcidas sobre convertir a Harry en un arma contra la oscuridad… su mentor, aquel hombre que admiró durante tanto tiempo, no era más que humo y espejos.

Minerva suspiro y Severus convocó una botella de whiskey y le sirvió un poco en su té, cosa que Minerva agradeció.

Cuando acabaron, un elfo doméstico, que Minerva estaba segura, era el elfo de los Black, aviso que los amos habían llegado para recibir a la profesora y desapareció.

—Minerva, ahora sabes todo. Te damos la opción de unírtenos o irte—Filius dijo, esperando y casi sabiendo la respuesta.

—Me quedo. Ya llegué muy lejos en esta madriguera de conejo—.

—Entonces, déjame ser el primero en felicitarte por tu atinada decisión—Dijo Severus, estrechando la mano de su colega.

—Gracias Severus. ahora, terminemos con esto—Los tres Jefes de Casa restantes, se movieron hacia la salida, y pronto, estaban en el salón principal con el podio al centro y ahí, estaban varias caras conocidas, sobre todo una.

—Profesora, bienvenida a Umbra—Dijo Harry, sonriéndole a su Jefa de Casa.


La guerra de bromas continuo más allá de Halloween y para sorpresa de todos, las bromas no eran idea de Tom ya, sino que muchos Hufflepuff se colgaron el estandarte del "Tejón Anónimo" e incluso había dibujos mágicos plagando los pergaminos de un tejón antropomorfizado como "bandido" a lo Robin Hood. Thomas sospechaba que esto había sido idea de Elliot y su pequeño grupo de amigos, ya que las bromas en su mayor parte eran cosas sencillas y más divertidas que maliciosas, mientras las bromas más "pesadas" y las maldiciones eran seguramente de los Quintos Años para arriba, en un intento de desviar la atención de los pequeños bromistas de Primero.

Tom estaba orgulloso de la malicia y astucia mostrada por su Casa. E incluso había un admirador entre los maestros, Remus Lupin.

Mientras la guerra de bromas le pareció entretenida a Remus, había algo que lo estaba obsesionado un poco. Orpheus Black.

No era solo que al parecer, el chico estuviera involucrado en esta guerra, sino que sus bromas le parecían familiares a Remus, de formas dolorosamente familiares. Y fue peor cuando paso cerca de él una ocasión y casi podía jurar que era el aroma de Sirius.

Pero fue justo esa maldita sonrisa, la que le dirigió a su hermano Thomas cuando se lo encontró en su clase de DCAO, la que detonó recuerdos en Remus, y este supo que Orpheus no era normal… ESA era la sonrisa patentada de bromista de Sirius.