secretlistener:¡gracias por leer! lamento haber tardado tanto, tuve un par de semanas del terror, pero por fin estoy recuperando tiempo.

Guest:Thank you very much! I hope you continue reading this history (my english is not the best, but I always try aajaj)

Vnimrod: Gracias por esperar, realmente fue frustrante no poder actualizar! :)

Espero que les guste este nuevo capitulo!


IX

"Hima"

.

"Hima, ¡vamos a jugar!"

"¡Hima, no corras tan rápido-dattebasa!"

"¡No le digas a papá, Hima!"

"¡Hima!"

Puede que les parezca una tontería, pero desde que tuve aquella conversación con tía Hanabi hace un par de semanas… no puedo dejar de pensar en ese tonto apodo que alguna vez inventé.

"Hima, confía en mí"

"¡No tengas miedo, Hima, solo son rayos! ¡Estás a salvo conmigo!"

"Hima, por favor"

"Hima…"

Repitiéndose sin cesar en mi mente, día y noche… aquella palabra se ha vuelto incluso asfixiante, como si estuviese atorada en mi garganta.

Por lo mismo, un sentimiento insoportable se ha aferrado a mí estos días, una presión en mi pecho que no desaparece por más que me esfuerzo en otra cosa. Se trata de una angustia que, con el pasar de los días, no hace más que aumentar.

No entiendo porque, pero cada vez que veo a mi hermana siento que me estoy ahogando. Llamarla por su nombre comienza a sentirse como algo erróneo, y así es como su apodo aparece en mi mente y se queda atorado en mi garganta.

Es una tontería, se los dije, sin embargo, este pequeño dilema me está complicando mis horribles días de adolescencia aún más.

Me está deprimiendo.

Porque ese es el apodo que solía utilizar mi vieja versión de mí mismo, el Boruto que era un buen hermano mayor. Mi yo de ahora, en cambio, no puede llamarla de esa manera, no con los sentimientos que posee, no con los pensamientos enfermizos que siempre rondan en su cabeza.

Si lo que siento por ella no es lo que debería sentir un buen hermano mayor, entonces simplemente no puedo permitirme usar aquel apodo, ¿me entienden?, no estaría bien, no sería honesto conmigo mismo, o con ella, sobre lo que realmente siento.

Aunque, hablando de eso, ¿qué es exactamente lo que siento por mi hermana menor?

Hace un par de semanas tía Hanabi me ha explicado la diferencia entre dos sentimientos muy diferentes, entre estar enamorado y amar a una persona.

"Que tu corazón lata muy, muy rápido, o que sientas mariposas en tu estómago, no significa que sientas amor, solo significa que alguien te gusta"

Aún puedo recordar esa conversación con claridad en mi mente, pero tras semanas completas reflexionando al respecto aún no consigo hallar una respuesta.

La diferencia entre estar enamorado y amar. ¿Cuál es para mí? ¿Dónde separo las líneas?

Si lo pienso con cuidado, aquella inminente sensación que tengo todo el tiempo sobre ser una bomba a punto de explotar es causada por aquellos sentimientos intentando coexistir en mi interior, y si es de esa forma… ¿acaso eso no significa que puedo desactivar la bomba antes de que destruya todo a mi alrededor?

¿Puedo abandonar alguno de esos sentimientos y evitar que un desastre suceda?

¿Volver a ser un buen hermano… o ser egoísta con respecto a lo que siento?

- ¡Boruto!

El grito de mamá me trae a la realidad de golpe y me fuerza a abandonar mi reflexión diaria.

Solo entonces recuerdo que hoy no nos encontramos casa. De hecho, estamos en el centro comercial, buscando un regalo porque el cumpleaños de papá se acerca. Bueno, en realidad lo hacen mamá e Himawari, yo solo me distraigo viendo los anaqueles de los comics y videojuegos que están a la venta.

O lo hacía, hasta el grito de mamá llamándome y su mano sosteniendo mi brazo con fuerza, desesperada por mi atención.

Con eso sé, casi con seguridad, que algo malo está pasando.

- ¿Qué sucede-ttebasa? -su grito me ha inquietado y, con solo verla, sé que tengo razón al sentirme de esa forma.

Algo malo está pasando, porque de inmediato consigo notar el miedo en los ojos de mamá, mientras me mira presa de un pánico notorio a primera vista.

- ¡No encuentro a tu hermana!

Puedo ver lo asustada que está en cuanto me dice aquello, sin embargo, irónicamente sus palabras solo consiguen que me tranquilice, porque no es algo de lo que preocuparme.

Himawari de seguro está bien, es mamá quién se ha tenido que alterar por nada.

- Mamá, tranquilízate, debe estar en la tienda aún -ella niega con su cabeza, incluso antes de que yo pueda terminar mi frase.

- Se separó de mí y no puedo encontrarla -responde. No espera mi respuesta, de un momento a otro sostiene mi mano y me obliga a caminar con ella por la tienda, directo hacia la salida.

Otras personas nos miran alrededor, sin embargo, mamá no se detiene, sigue arrastrándome sin escucharme siquiera.

Sé que para cualquiera de ustedes esto debe parecerles una exageración, ¿no es así?, incluso para mí, que soy su hijo. Y lo pienso así porque Himawari no está perdida, solo debe estar distraída viendo juguetes o ropa.

Ya se los dije, de seguro mi hermana sigue en la tienda, mamá simplemente está exagerando.

O eso pienso inicialmente, hasta que recuerdo un evento importante que explica perfectamente porque mamá está tan alterada con haberla perdido de vista.

Sucede que, cuando éramos niños, Himawari se perdió una vez en medio de un parque de diversiones. Y cuando digo que se perdió, es que desapareció en medio de esas enormes filas para los juegos, repletas de personas moviéndose de un lado a otro sin detenerse.

Recuerdo con claridad haber estado caminando junto a ella y, de pronto, en medio de tantas personas, tuve que ver como su mano se deslizaba de la mía. Así de rápido, de un segundo a otro.

Ella simplemente había desaparecido, justo frente a mí.

No recuerdo haber sentido jamás tanto miedo ni culpa por haberle quitado la vista de encima y por no haber sido capaz de sostener su mano con más fuerza. Y pese a que avisé a mamá y papá lo más rápido que pude, nos tomó medio día encontrarla y fue necesario que cerraran el parque para eso.

Hasta ese día jamás había visto llorar a papá antes. Y probablemente eso fue lo que me hizo llorar a mí también, porque si él estaba llorando entonces significaba que las cosas eran muy malas. Por suerte, en aquella ocasión no fue así, tuvimos un final feliz y encontramos a Himawari con el pasar de las horas, del otro lado del parque y con una familia que había estado cuidando de ella. Sin embargo, no puedo negar que el no saber en dónde se encontraba, el haberla perdido de vista durante tanto tiempo, fue un sentimiento realmente aterrador y angustiante.

Uno que había olvidado hasta ahora, al darme cuenta de que sin importar a dónde mire no consigo verla ni a ella ni a su tonta mochila de panda.

Y de pronto, estoy compartiendo el mismo miedo que mamá, mirando alrededor, verificando si puedo encontrarla yo mismo moviendo mi cabeza de un lado a otro.

Sin embargo, nada.

Multitud de mujeres, hombres, niñas y niños, pero no mi hermana.

No la veo, de verdad no puedo verla por ninguna parte.

La preocupación y angustia no tardan en alcanzarme.

Con mamá salimos de la tienda y solo necesitamos caminar un par de metros para encontrar un guardia de seguridad. Al vernos, el guardia de inmediato intenta comprender lo que está sucediendo.

- ¿Dónde la vio por última vez?

- En la tienda de ropa que está por allí -dice mamá, puedo oír la angustia en su voz, temblorosa y baja-. Volteé un solo momento para buscar a un vendedor, pero cuando volví a mirar no pude encontrarla.

- Señora, tranquilícese, ¿cómo estaba vestida?

Mamá le responde, dice que Himawari va con su ropa de siempre. Calcetines negros, falda rosa y poleron amarillo. Yo la corrijo, le recuerdo que hoy no lleva su poleron amarillo y que lleva consigo una mochila de panda.

El guardia se aleja un par de pasos para hablar por su radio. De pronto me siento como en esos programas de investigaciones policiales, dando una descripción a la policía. Me siento como un idiota por estar tan preocupado, pero no puedo evitarlo, de un segundo a otro mi mente juega y se llena con cada posible escenario de lo que podría sucederle a mi hermana mientras yo me quedo sentado esperando.

Ciertamente necesito dejar de ver programas de homicidios y secuestros.

Y en cuanto imagino que podría tratarse de algo similar, esperar una respuesta es simplemente horrible. Sé que mamá debe sentirse igual o peor que yo, porque su mano tiembla mientras sostiene la mía, con tanta fuerza que llega a doler.

Tras casi un minuto de angustia, el guardia vuelve por fin. Dice que tenemos que esperar un momento para ver si alguien más ha encontrado "una niña con las características que describen", sin embargo, a mí aquello se me hace imposible.

- Es mi culpa -mamá lo musita para sí misma, sin embargo, yo consigo oírla.

Quiero decirle que se equivoca, que no es culpa suya. Es mía, por no ayudarla a cuidar a Himawari, por preferir quedarme viendo videojuegos en un anaquel.

Siento el miedo apoderarse de mí, tan rápidamente que necesito hacer algo, cualquier cosa, para que este horrible sentimiento desaparezca de mi interior. Por lo mismo, antes de darme cuenta, estoy soltando la mano de mamá y corriendo por el pasillo.

- ¡Voy a buscarla!

La escucho gritar mi nombre, pero no le respondo.

En lugar de hacer eso, corro por el pasillo mirando hacia el interior de las tiendas, esperando divisarla, pero no importa lo rápido que me muevo no consigo verla ni oírla. El sonido de la música en la tienda amortigua cualquier sonido, así como las cientos de conversaciones que hay alrededor.

Hay demasiados adultos alrededor, demasiadas personas transitando de un lugar a otro.

Y mi hermana está perdida y sola, en medio de todo esto.

De pronto, solo consigo sentirme pequeño e inútil. La imagen de su mano deslizándose de la mía aquel día en el parque de diversiones vuelve para inundarme.

Mi mente trabaja a toda prisa entonces, intentando hallar una solución. Pienso en que ella no pudo haberse alejado demasiado, y en que mamá siempre dice que, si nos perdemos, debemos quedarnos quietos hasta que vuelvan por nosotros; o, si es que hay demasiada gente alrededor, debemos buscar un guardia de seguridad inmediatamente. Sé que ella lo sabe perfectamente, así que tal vez deba estar haciéndolo.

Me detengo entonces, agotado.

Necesito un momento para tomar aire.

Miro alrededor, solo para darme cuenta de que he llegado al punto medio del centro comercial. Veo las escaleras eléctricas y los ascensores alrededor y, debajo, en el primer piso, la gran fuente con la escultura de un par de querubines se está besando.

Respiro profundo otra vez, intentando normalizar mi respiración, ocupando uno de los pilares que se encuentran junto a las escaleras eléctricas para descansar solo un instante.

Me siento inútil, no importa lo mucho que mire alrededor no consigo verla. Y pese a que ya he recorrido casi la mitad del segundo piso sigo sin hallar rastros de ella.

Desearía poder dividirme a mí mismo y así poder buscar en más lugares al mismo tiempo.

Las dudas no tardan en atraparme. ¿Acaso debería volver con mamá o seguir intentando encontrarla por mi cuenta? ¿Y si el guardia ya la encontró? ¿O si, por el contrario, nadie sabe nada de ella?

Mi vista se mueve entonces por el primer piso, de forma rápida.

Y entonces -casi como si fuese una broma, por lo fácil que me resulta-, la veo.

Veo a mi hermana.

O más bien, es su mochila de panda lo que veo, por solo una fracción de segundo. Pero sé que es ella, de inmediato lo sé. Quiero creer que nadie más usaría una vieja, raída y tonta mochila de panda en público.

- Rápido, rápido.

Camino pegado al barandal, directamente hacia la escalera sin apartar mis ojos de la mochila. Y entonces, en un fragmento de segundo en el que la persona que va tras ella se aparta, consigo divisarla por completo.

La polera celeste, la falda rosa, el cabello azul como el de mamá.

Es ella. Es mi hermana.

No pienso, de inmediato corro y comienzo a bajar las escaleras eléctricas. Me abro paso entre la gente intentando no quitarle la vista de encima, aunque al llegar al primer piso me veo rodeado por adultos más altos que yo.

¡Es tan frustrante ser pequeño aún!

Salto los últimos escalones, ahorrando tiempo, y corro hacia el lugar en que la he visto antes, esquivando a un montón de adultos que se me cruzan por el camino.

Vuelvo a ver aquella vieja mochila de panda que carga, esta vez del otro extremo de la fuente y dirigiéndose hacia la salida entre tantas personas.

Quiero correr a ella, pero la fuente en medio de ambos me obliga a buscar otro camino. Me muevo por la izquierda esperando ser lo suficientemente rápido para no perderla de vista mientras rodeo la fuente.

Salto entre un par de personas, esquivo a una familia y tengo que alejarme de la fuente para no chocar contra uno de los pilares que hay. Pero cuando por fin termino de rodear el pilar y volver a correr junto a la fuente un carrito con dulces surge de la nada y me cubre el paso.

¡Mierda!

Quiero alejarme de nuevo para rodearlo, pero entonces una masa de adultos evita que lo consiga. No puedo esquivar el carrito y no hay forma de volver por dónde vine. Estoy atorado y perdiendo valioso tiempo intentando encontrar otra ruta. Volteo de nuevo hacia la fuente, hacia la mochila de panda entre la multitud a tan solo unos metros de mí.

De verdad esta tan cerca que es frustrante no poder alcanzarla.

- ¡Voltea! -gritó, sin embargo, ella no me escucha como estoy esperando, en vez de eso puedo ver como su atención está en la marea de personas que camina a su alrededor de forma tan descuidada.

¿Por qué nadie más puede ver su gesto asustado? ¿Por qué nadie más se da cuenta de que se trata de una niña perdida?

O bueno, en realidad sé que mi hermana no es una niña pequeña. Ella es casi una adolescente, y sabe que debe ir con un guardia de seguridad en caso de perderse en el centro comercial. De hecho, probablemente se esté dirigiendo a la entrada por lo mismo, pero puede que desde allí la lleven a otro lugar, a algún cuarto de niños perdidos o algo.

Eso es perder mucho tiempo, si ella está justo frente a mí. El gesto de terror de mamá es algo que tampoco se va de mi cabeza.

Y, además, ¿quién me dice que realmente encontrará un guardia de seguridad? ¿O qué algún adulto no intentará secuestrarla al verla perdida?

¿Quién me asegura que si la pierdo de vista en este segundo será como en el parque de diversiones años atrás? ¿Quién puede decirme que todo terminará de buena forma por segunda vez?

No, no puedo perderla de vista. Tengo que conseguir su atención ya.

No sé de que forma y cuando exactamente se me ha ocurrido, pero antes de darme cuenta estoy subiendo sobre la cornisa de la fuente, dando un salto tremendo y usando mi brazo para sostenerme de la tonta estatua de querubines.

Y entonces la veo con claridad, allí, a metros de mí. Tan cerca que solo necesito que voltee y me vea.

Puedo sentir como mis pulmones se llenan de aire, de aire y de desesperación. Pero cuando quiero gritar su nombre, por alguna absurda razón siento como si este se quedara atorado en mi garganta.

¿Es una broma, cierto? ¿Realmente, cuando está tan cerca de mí, no soy capaz de llamarla?

Como si fuese una pesadilla en la que no eres capaz de gritar, me estoy ahogando con una palabra tan simple, todo por culpa de este tonto y absurdo dilema conmigo mismo que estoy arrastrando hace semanas.

Porque estoy enamorado de una persona a la cual solo debería amar fraternamente; porque no soy capaz de separar estos sentimientos que no deberían coexistir en primer lugar; y porque en realidad no deseo llamarla por su nombre completo.

En realidad, quiero llamarla por otro nombre, uno que yo he creado, uno que necesito gritar tan alto y fuerte como pueda en este segundo.

- ¡Hima!

Ella se detiene casi al instante, y sin pensarlo gira a verme al igual que un montón de personas a su alrededor. A mí, al extraño chico colgado de la fuente, sin embargo, eso no me importa.

Solo me importa mi hermana.

Inmediatamente ella sonríe. Sus ojos brillan de un momento a otro y comienza a correr a mí.

- ¡Hermano!

El nerviosismo se va, en vez de eso siento un profundo alivio, que me cubre como si fuera una capa.

Me suelto de la estatua, me dejo caer dentro de la fuente y corro a ella. La calma en mi interior es tal que ni siquiera me importa que mis pies se hundan en el agua. Salgo de la fuente, justo antes de sentir sus fuertes brazos rodear mi cintura y sostenerme con fuerza.

El corazón se me acelera entonces, pero su pequeño cuerpo abrazándome me reconforta.

- ¡¿Dónde te fuiste-dattebasa?!

Me alejo para mirarla, pero aun así ella no me suelta por completo. Puedo ver las lágrimas asomar en sus ojos.

- Lo siento, no quise alejarme -hace un mohín entonces, y yo reconozco aquel gesto que hace cada vez que está apunto de comenzar a llorar y quiere evitarlo-. Estaba buscando un guardia de seguridad y… y…

- No llores, tonta hermana -le exijo. De inmediato sé lo estúpido e insensible que me estoy escuchando. Por supuesto que va a llorar, tras todo lo pasado.

O eso creo, hasta que la veo negar con su cabeza. De pronto, incluso es capaz de sonreír.

- ¡Me encontraste, hermano! -exclama, con sus ojos fijos en mí-. ¡Pude oír tu voz claramente cuando me llamaste "Hima"! ¡Hace mucho no me llamabas así!

Siento mi corazón latir en una carrera al comprender que consiguió reconocer aquel viejo y torpe apodo. Demonios, esto es tan vergonzoso.

No debería sentirme así, pero la sangre sube a mis mejillas por cuenta propia. Pronto, incluso mis orejas me arden.

Puedo sentir como mi rostro se sonroja.

- ¡S… Solo cállate y ven conmigo! ¡Mamá está preocupada-ttebasa!

Ella me asiente, con esa enorme sonrisa que no se quita de su rostro.

- Te has sonrojado, hermano -dice entonces, mirándome fijamente-. Eres tan tierno.

En cuanto la escucho solo me inundan unas enormes ganas de gritar. ¡Pero es que lo que me acaba de decir es tan vergonzoso!

¿Lo entienden, cierto? ¿Entienden la razón por la cual quiero hundirme bajo tierra en este segundo? El solo sentir como mi rostro completo arder por culpa de sus palabras es suficiente como para desear correr y alejarme de ella lo más posible. Sin embargo, obedecer aquella orden imperante en mi cabeza es imposible en este segundo.

Por eso, en lugar de alejarme, solo sostengo su mano.

La sostengo con fuerza, mientras permito que mis dedos se entrelacen a los suyos.

Luego de eso doy media vuelta y comienzo a caminar, tirando de ella. Y, sin decir palabras, mi hermana me sigue a través del centro comercial.

Mi corazón comienza a golpear tan fuerte que temo alguien más pueda escucharlo.

Descubro entonces que la mano de Himawari es pequeña y suave, y se entrelaza perfectamente a la mía. Es una tontería, lo sé, pero de pronto es lo único en lo que puedo pensar, en que había olvidado aquel detalle tras tantos años. Y el cosquilleo que me recorre por notar aquello es lento y agradable.

Sé que tomar su mano ahora es malo, que rompe mis reglas, y aunque no debería continuar sigo sosteniéndola mientras caminamos hacia la escalera eléctrica.

Ustedes creen que debería soltarla, ¿cierto?, porque ya sé que ella me está siguiendo y que no se apartará de mí si la suelto. Pero no lo hago, prometiéndome a mí mismo que solo la sostendré un segundo más antes de dejar de usar esto de excusa para estar cerca de ella.

No tardo en notar que soy un mentiroso, porque un segundo se convierte en dos y luego en cinco… luego en un metro, dos, tres y cuatro.

O eso, hasta que veo a mamá abrirse paso a toda prisa, corriendo por las escaleras eléctricas.

- ¡Boruto, Himawari! -nos llama. Yo aguardo, mientras la veo correr a nosotros. Mi hermana también espera, aunque ha visto a mamá al igual que yo.

Siento su mano sujetar la mía con mayor fuerza que antes por aquel escaso segundo, y aunque sé que ya no es necesario seguir tomados de la mano vuelvo a prometerme que solo será un momento más.

Solo la sostendré por hoy, se los prometo, solo algunos segundos más hasta que mamá baje las escaleras. Pero eso no sucede, porque al llegar al primer piso ella corre a nosotros tan rápidamente que no me da tiempo de reaccionar.

Inmediatamente nos abraza a ambos, tan fuerte que duele.

Himawari comienza a llorar entonces, se disculpa con ella por haberse alejado. Y mamá le dice que todo está bien, que está realmente aliviada de que ella no esté perdida, de que no le haya pasado nada malo.

Entonces me agradece a mí por haberla encontrado, por ser un buen hermano mayor.

Yo, en cambio, solo puedo guardar silencio, fingiendo en que todo esto da igual; fingiendo que mis pies no están empapados por el agua de la fuente; y fingiendo que sus dedos aún entrelazados a la míos no me hacen desear sostener su mano así todo el tiempo.

Fingiendo, como siempre, que mis sentimientos son los de un buen hermano mayor.

Soy un gran mentiroso, pero creo que ustedes ya saben eso.

Lo que no saben, es lo difícil que resulta ser de esta manera todo el tiempo…

CONTINUARÁ…