Disclaimer: Todos los personajes de Twilight pertenecen a la genial Stephanie Meyer. Yo sólo juego con ellos =)


* ¡Hi Diablitas! ¿Como están? Les agradezco mil, por todos sus comentarios, alertas y favoritos! *-* Ya saben que sus reviews me pone re feliz, y son un gran aliento para continuar. =)
También agradezco a todas las chicas silenciosas. =) ¡Muchas gracias por leer! *-*

* Y un "gracias" gigantesco a mi beta: larosaderosas. Te lo vuelvo a decir, ¡eres lo máx! Contigo aprendí muchas cosas. Mil gracias.

* Y también agradezco a Romi y Kalita por alentarme con este capítulo.

¡Nos leemos abajito!


Canciones para el capítulo (gracias Romi ^^ ):
-"If you say my eyes are beautiful" (versión de Whitney Houston y Jermaine Jackson)
- "You make me feel like natural woman" de Aretha Franklin


.:: Construyendo Fantasias ::.

Capítulo 10


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"De pedazos en pedazos se forma la ternura"

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Diseñar una casa implica mucha imaginación y conocimiento de normas y reglamentos. En cambio, hacer una maqueta conlleva muchísimo más tiempo. Son horas de sacrificio y de intensas madrugadas que se vuelven interminables, es drogarte con el olor tóxico del pegamento o el UHU, es volverte adicta al café o a cualquier otra sustancia que te ofrezca dosis extra de cafeína… es, en pocas palabras, volverte loca.

Estudiar arquitectura no es nada fácil. No fue nada fácil para mí; Sin embargo, siempre pasé las materias con muy buen puntaje, nada que envidiarle al primer puesto del salón: Emmanuel, ni al chico más odioso del planeta: Alex. Ambos se habían convertido en un martirio para mí, sobre todo en los últimos semestres académicos. Siempre me consideré una buena alumna, muy dedicada y minuciosa al realizar mis trabajos y maquetas mas nunca pretendí ser la mejor ni robar el primer puesto a nadie, pero, para Emmanuel y Alex, eso era sólo un pretexto para cubrir mis verdaderas intenciones, y no les quedó otra alternativa que empezar a hablar mal a mis espaldas. No sé exactamente por qué se comportaban asi, pero supongo que era por la envidia que sentían por una mujer que les arrebataba el poder sin querer, y al sentirse desplazados, su ego se sentía maltratado... Por ello, ambos siempre trataron de poner en duda mi trabajo y mi credibilidad ante los profesores quienes eran insistentes, antipáticos e injustos; pero, era la época universitaria y no podía hacer nada contra ello. No obstante, logré salir adelante haciendo 'oídos sordos' a las habladurías y demostrando con mis actos, lo bien ganado que tenía mi título de arquitecta.

Luego, vino la época profesional y mi creatividad tuvo un papel importante. Conseguí trabajo fijo en la empresa donde laboro actualmente -luego de ser practicante por seis meses- y conseguí un sinfín de responsabilidades. Poco a poco y gracias a mi buen desenvolvimiento, logré ingresar al staff principal de arquitectos, lo que significó que mis obligaciones se volvieran más tediosas, importantes y riesgosas, así como debí aprender a ser cautelosa y a saber guardar los secretos sucios de los dueños de la empresa.

Era irónico. Yo escapaba del suplicio de la universidad y me vengo a encontrar con algo peor. Pareciese que las injusticias y las sinrazones me estaban siguiendo a través de los años pues, descubrí un mundo de mafia, estafas y chantajes donde lo valiente no era lo importante, sino, lo era la astucia que debías emplear para sobrevivir. Pero y muy a pesar de lo desafortunada que era al tener unos jefes mafiosos y unos colegas malintencionados, me gustaba y amaba mi trabajo como arquitecta: diseñar, crear, plasmar ideas en un papel, bosquejar sueños con un lápiz, construir pequeños mundos… era lo máximo.

Y no había punto de comparación.

Además, gracias a mi trabajo en esta compañía, conocí a mi mejor amiga. Una de las pocas personas excepcionales que trabajaban conmigo: Alice Brandon, "mi pequeña demonio". Nos hicimos amigas al mes siguiente de ingresar en la empresa como practicante. Ella llevaba ya cuatros meses de pasantía y siempre, daba la casualidad, nos encontrábamos solas tomando café y comiendo un sándwich en la cafetería de la empresa. Una cosa llevó a la otra y de pronto un día nos vimos conversando animadamente sobre Le Corbusier y Mies Van der Rohe –nuestros arquitectos modernos preferidos –. La amistad nació como un chispazo, congeniábamos tan bien que parecíamos hermanas, compartíamos gustos y adicciones extrañas y sólo nosotras dos entendíamos lo que era hacer prácticas pre-profesionales en un monstruo constructor como era "KVC property & constructions", nuestro malvado centro de trabajo. En los años que siguieron, preferí asociarme con Alice y siempre trabajar y hacer las maquetas con ella, no sólo por su increíble talento y habilidad, sino porque era mi mejor amiga, con quien yo me sentía a gusto.

Y bueno, fue así, que en una de esas tantas noches que pasé en su casa "maqueteando" (*), llegó… apareció Edward… para dar un giro de ciento ochenta grados a mi existencia, para sacarme del caos infernal que era mi trabajo, ¿quién creería que una maqueta, una simple maqueta podía haber cambiado mi vida? Era irreal. Cada vez que imaginaba a Edward observándome desde el silencio y acechándome con una mirada oculta aquellos días que me vio en casa de su prima, me daba escalofríos, no de miedo, no; sino porque, por muy raro que parezca, me encantaba ese pequeño gran detalle. Nunca nadie había hecho eso por mí, nunca nadie me había dicho que valía la pena tanto esfuerzo, nunca nadie me había hecho sentir tan afortunada como me hacía sentir Edward…

Nunca pensé que el destino me haría encontrarte aquel día, Bella me dijo el lunes por la noche mientras pasaba su brazo por encima de mis hombros, acurrucándome.

¿No buscabas a nadie? le pregunté con incredulidad, un hombre como él debía tener a todas las chicas a sus pies.

No una media sonrisa un tanto irónica curvó su rostro. Y eso es lo más misterioso de la vida. Cuando crees que te lo ha quitado todo y no hay nada más por hacer, te envía una señal...

Suspiró como recordando algo. Edward tenía ese atractivo especial que te volvía loca, pues en un segundo se mostraba tranquilo y al otro era una figura intimidante y reservada que escondía, al igual que yo, un sinfín de secretos.

Pensamos igual ― le confesé avergonzada acercándome más a su esculpido pecho y extendiendo la mano para trazar las líneas de su antebrazo con la yema de mis dedos. Muy a pesar de que tengamos un océano de preguntas internas, nos hacíamos bien el uno al otro ―. Yo… yo tampoco pensé encontrarte ― me ruboricé aún más y su sonrisa se hizo más amplia.

Me encanta el sonrojo cálido de tus mejillas cuando te ruborizas ― me dijo pausadamente al tiempo que me despeinaba el pelo con la mano libre ―. Me gustan tus ojos chocolate, el aroma de tu cuerpo ― inhaló suavemente en mi muñeca―. Pero sobre todo, me encanta el sonido de mi nombre en tus labios cuando suplicas por más, cuando anhelas que te haga mía… ― un temblor agradable y excitante me recorrió el cuerpo ante sus sensuales palabras. Luego me besó y perdí toda coherencia.

Alguien dijo una vez: lo realmente importante es saber que vale más fracasar por intentarlo que fracasar por no haber tenido la fuerza para hacerlo. Y eso estaba tratando de hacer…

Como llamando a la casualidad y bajándome de mi nube sentimentalona(*) –que nunca pensé tener – un sonido estilo Pop-Rock llenó mi oficina y sonreí aún más al reconocer de inmediato su procedencia… Miré la pantallita de mi celular, y su número ya estaba ahí:

555 – 0904 – 1305
Edward
-New Phone-

¡Oh! Y hablando del rey de Roma, mi hombre que se asoma…
¡No, 'tu hombre' No! Es el mío, intrusa.
Lo que digas Isabella…

Una nota de ilusión emergió por los poros de mi piel. Habían pasado varios días desde nuestra "reconciliación" y déjenme decirles que lo estábamos llevando de maravilla. Me sentía muy contenta y tranquila, por no decir muy orgullosa de mí misma, pues paso a paso, detalle a detalle, aprendía a confiar nuevamente en un hombre. Claro que muchas veces, me levantaba mareada, con la sensación de que todo lo que había ocurrido el día anterior había sido sólo un sueño, con la idea fija en que los hombres perfectos no podían existir y los cuentos de hadas eran meros engaños infantiles escritos en papel, mas no en la vida real... Pero, llegó Edward y me sorprendió e hizo que revalorara mis convicciones y promesas. Creo que, desde el instante en que lo vi, todo cambió en mi vida.

― ¿Aló? ― pregunté sonriendo. Lástima que él no me veía tras el celular. ¡Ah sí! debo una explicación: Edward me dijo que no pudo llamarme como prometió porque su celular 'murió' en uno de sus viajes por los alrededores de Seattle. No es que le haya creído de inmediato, pero no quise hostigarme más con malos pensamientos. Además el mismo lunes en la noche, antes de ir a cenar, lo acompañé a comprar un nuevo teléfono. Así que…

― Hola cariño, ¿cómo estás? ― sonó su voz aterciopelada por el otro lado de la línea y entró de inmediato a mi radar sentimental.

― Aburrida, y ¿tú?, ¿cómo te fue anoche? ― le pregunté. Ayer jueves no cenamos juntos porque él debía reunirse con sus jefes temporales.

― Mmmm, creo que fue una pérdida de tiempo. Ya teníamos todas las reglas aprobadas y los objetivos propuestos para construir de inmediato. Bastaba una sola llamada para eso, pero creo que los señores Federline querían cerciorarse de nosotros. Sobre todo del más escurridizo de mis socios.

― Oh… ― me mordí el labio, disgustada. Edward siempre tenía problemas con ese socio, en la primera cita lo mencionó y me dijo que era un alma que corría con el viento y que no le gustaban las responsabilidades ―. ¿No fue con ustedes a la reunión?

― Sí, pero llegó tarde ― bufó ―. Menos mal que los Federline andaban de muy buen humor y dejaron pasar por el alto este pequeño suceso.

― Deberías hablar con él. Esto los puede perjudicar mucho, quizá no ahora, pero en un futuro sí.

― Lo he hecho, pero según él, "ya no lo volverá a hacer", pero lo dudo ― me explicó con rabia suspirando con fuerza al final―. Pero si hubieras estado anoche conmigo... Quizá estaría mejor hoy ― agregó con una vocecita quejumbrosa, seguro que un hermoso pucherito se dibujaba en su rostro en ese instante anhelando que lo abrazara. Y yo quería hacerlo.

― Oh... Quisiera poder hacer algo para que te sientas mejor...

― ¿Sí? ― cuestionó divertido ―. Pues se me ocurren muchas cosas interesantes que podrías hacer… ― su tono de voz cambió dando paso a uno más sensual, exactamente como me gustaba―. ¿Qué tal si empiezas por aceptar mi propuesta para cenar juntos hoy en la noche donde tú quieras, y luego, para deleite y placer mío, te dejas vendar los ojos para degustarte como postre?

Mi corazón dejó de latir. Amé esa propuesta.

― Hmmm... Suena tentador señor Cullen, pero no creo que sea posible… ― le respondí juguetonamente. Había adquirido la manía de hacer que me convenciera, a él le gustaba mostrar su atractivo poder de persuasión sexual y yo adoraba ser seducida por él―… debo ir al supermercado a comprar algunas cosas para mi departamento. No tengo nada para el sábado ni el domingo.

― No veo el problema, podemos pedir comida china o italiana como el domingo pasado.

Hice un sonidito como de duda.

― O quizá podríamos pasar primero por el supermercado ― propuso de inmediato―. A lo mejor piensas que una compra insustancial es mucho mejor que pasar una velada bajo la luz de la luna conmigo ― se quejó.

― ¡Oh! ¿Así que me quieres deslumbrar con una cena prometedora? ―me mordí el labio inferior.

― Podría decirse... Pero lo tomaría más como una cita romántica que acabaría contigo embelleciendo mi cama, ¿qué dices?

"Cita romántica"¡Wow! Que milagro que a estas alturas no saliese corriendo como venado… y es que… la Bella temerosa estaba en búsqueda de algún rincón para ocultarse.
Aplausos para Isabella, por favor...

Esbocé una sonrisa de oreja a oreja casi imperceptible para él. Sí, creo que me merecía unos cuantos aplausos, y… ¡Claro que aceptaría cenar con él!... ¿Cómo no hacerlo si todos los días me seducía y colmaba mi ser de una dicha inmensa bajo el halo de la dulzura y la sensualidad? Debía estar loca.

¿Saben? Nunca pensé decirlo, pero nuestra rutina habitual se había vuelto muy peculiar haciendo que mi vida se pareciese más a extractos sacados de alguna película sensiblera o romántica. Y se sentía muy bien... Les cuento: nos encontrábamos en la obra pasadas las diez de la mañana, conversábamos sobre los avances del día o las actividades que él quería desarrollar con la ayuda de Paul y los demás obreros, facilitando así, el proceso de construcción; luego, almorzábamos juntos en algún restaurante cercano para regresar de inmediato a la obra. Yo aprovechaba ese tiempo libre para sentarme con mi laptop en la caseta y poder así avanzar como una desesperada los informes de "Costos y Presupuestos". Una tarde, Edward se ofreció a ayudarme con las cuentas pero yo de inmediato me negué consiguiendo una mirada suspicaz por su parte... Y para que no hiciera berrinche, tuve que cubrirlo con besos, caricias y algo más... De todas formas, logré que se olvidara del asunto, pero temía que volviese a ocurrir.

En las noches, salíamos a cenar, no sin antes darnos una buena sesión de besos en la caseta, y sí, si lo preguntan, volvimos a tener sexo ahí por lo menos tres veces. ¿Y saben qué les digo? Fue genial, asombroso y apasionado. Cada vez mejor. Al finalizar la noche, cuando nos despedíamos, siempre le agradecía por su constante apoyo y por el interés desmedido que mostraba en la obra. Él me respondía con una sonrisa radiante y hermosa y me susurraba al oído palabras dulces para luego besarme delicadamente en los labios.

He aprendido que para ser realmente feliz, necesito acostarme y amanecer con un dulce propósito… Y verte a ti feliz, me hace feliz, Bella. No he podido pedir al cielo mejor regalo que tú, mi pequeño angelito ― un suspiro abandonó mis labios y me derretí en ese mismo instante ―. Claro, que muchas veces este angelito se convierte en una diablita... ― me acarició la mejilla con la yema de su dedo mientras que mi corazón se encogía ―… y me encanta. No tendría problema en irme al infierno por eso.

Cada vez que él me deslumbraba de esa manera, las dos 'Isabellas' aparecían de la nada, una con sus hermosas alas plateadas y la otra con una brillante cola rojiza. Lo único que las unía era un tierno abrazo y el deseo desesperado de fundirse con el hombre que tenían al frente.

Yo por mi parte, le sonreí tímidamente. Nunca, y lo repito, nunca, me habían hablado de esa manera. Edward era tan dulce como sexy y endemoniadamente apasionado. Y, de lejos, el sentimiento que empezábamos a compartirse volvía cada vez más mágico e indescriptible; y cada mirada que me lanzaba impactaba en mi cuerpo haciéndome desvanecer en el aire.

Algo nuevo para mí…

― Hmmm... No lo sé ― jugué un poco más con su paciencia.

― Isabella... No me estás dejando otra opción que convencerte en persona ― apuntó con una seriedad que rayaba de lo habitual disgregando en cada palabra su sensualidad innata ― Y sabes muy bien a qué me refiero.

Oh sí... sexo de convencimiento… ¡Lo que me gustaba!

Gemí

― ¿Te gusta verdad? ― preguntó, él conocía la respuesta ―. Pues... Creo que debo idear otra forma más dolorosa para convencerte ― iba a responderle cuando unos ligeros golpecitos en la puerta de mi oficina llamaron mi atención e hicieron que maldijera internamente por tener que cortar mi plática con él.

¡Aish! Acaban de tocar la puerta, debo abrir ― refunfuñé. ¿Dónde se había metido Jessica esta vez? Siempre desaparece cuando más la necesito.

― Ok, pero no tardes.

Caminé hacia la puerta con desgana. Lo que menos me gustaba era ser interrumpida en momentos como este. Pero, ¿qué iba a hacer? Jessica estaba cada vez más distraída y nerviosa, y por los tiempos turbios que vivíamos en la compañía, podría ser algo mafiosamente urgente.

Giré la manija de la puerta con fastidio, sacándole el seguro y lo que vi me dejó estúpida, anonadada e inmensamente sorprendida.

― Hey ― susurró curvando sus labios. Los celulares que estaban en nuestros oídos fueron cerrados a la vez de un solo golpe y nuestras miradas se encontraron de inmediato para reflejar sus almas en ellas.

― Edward… ― musité sintiendo galopar a mi corazón. Sin pensarlo dos veces, atrajo mi cuerpo al suyo por mi cintura y como siempre se moldearon perfectamente haciendo que el roce fortuito generase tenues temblores en mis piernas y en mis labios que ya ansiaban besarlo.

Me miró con fijación e hizo que me olvidara totalmente del lugar donde estábamos, convirtiendo todas y cada una de las imágenes de mi alrededor en un mescolanza multicolor, exactamente como si estuviésemos en una película...

Me deslumbró.

― ¿Puedo pasar? ― me susurró al oído, rozando con su nariz mi cabellera oscura y aspirando profundamente mi colonia lo cual me hizo despertar del trance y darme cuenta de la realidad. Tiré de su corbata azul y nos adentramos en mi oficina, pues si seguíamos mirándonos de esa forma, todos mis compañeros de trabajo se darían cuenta. Edward me siguió y de una patada cerró la puerta para de inmediato voltearnos y apoyar una de sus manos en el muro, a la altura de mi cabeza logrando así aprisionarme contra la fría pared y abalanzarse sobre mi cuerpo para besarme la boca con urgencia.

Anoche había necesitado de sus besos, mis manos habían extrañado enredarse en su cabello cobrizo, mis ojos habían añorado verse sumergidos y compenetrados con la calidez de los suyos... Había extrañado todo de él, y tenerlo a mi lado ahora solo incentivaba mis ansias con una ferocidad inaudita. Nuestras lenguas juguetearon, se disfrutaron, se deleitaron con el magnífico sabor a menta y café logrando que perdiera mis sentidos y me aferré a su cuello dejándome llevar por esta abrasadora sensación...

... Un sólo contacto nos transportaba a otra dimensión.

― No sabes cuánto te eché de menos ayer... ― confeso en mi oído con voz ronca sellando nuestra unión con un suave beso. No quise abrir los ojos, preferí seguir atrapada entre su respiración y los latidos furiosos de su corazón.

― ¿Por qué no me dijiste que estabas en la empresa? ― le pregunté agitada.

― Quería sorprenderte... ― delineó mi rostro con su nariz tratando de calmar su acelerado ritmo cardiaco, llegó a mis labios y me embriagó con su fresco aliento ― Y necesitaba verte.

― Yo también ― sonreímos.

― Ten, traje esto para ti ― me dijo segundos después rompiendo nuestro cómodo silencio, se separó de mi, cogió una bolsa de cartón fino blanco y me la dio con una gran sonrisa. Lo miré sorprendida y confundida porque no recordaba haberlo visto llegar con una bolsa. Sólo me fijé en sus ojos y en sus labios y fue mi perdición.

― Oh, Edward no debiste… ¿qué es?

― Descúbrelo tú misma ― arrugué mi nariz y caminé hacia la salita de mi oficina con el paquete en mis manos.

― No me gustan las sorpresas. Deberías saberlo.

― ¿Estás segura? Si mal no recuerdo nunca te quejaste de mis asaltos desprevenidos ― dijo riendo.

― Sonso.

Abrí la bolsa de cartón y de ella saqué una caja rectangular amarrada con un elegante moño, lo deshice de inmediato y levanté la tapa. Ante mí apareció un estuche de gamuza color azul océano. Mi corazón tamborileó en mis oídos y sentí como se me secaba la garganta de la impresión. Era el estuche característico de una joya y nadie me había regalado algo así, pues las pocas joyas que tenía eran de mi abuelita.

― Vamos Isabella, no me desesperes, ábrelo.

Hice caso. Era un hermoso collar de fantasía con dos cadenitas plateadas entrelazadas entre ellas y del cual colgaba un dije redondo con varios corazoncitos dentro que brillaban a la luz (*perfil). Era muy bonito y delicado.

Y era un detalle muy tierno…

Awww… Isabella Swan tierna… ¡quién lo diría!

― Gracias. Está muy hermoso, pero… no debiste Edward.

― Shhhh… ― me silenció suavemente acercándose a mi lado―. Es un pequeño obsequio, tú mereces mucho más Bella.

Lo miré a los ojos y la sinceridad adornada con ternura se reflejaba en ellos. Acababa de darme cuenta que necesitaba en mi vida mucha ternura… y sólo él me la estaba dando; sin embargo, mi mente se negaba a aceptar la idea de que yo merecía cosas buenas. Suspiré. Iba a replicar pero me calló apresándome entre su cuerpo y el respaldo del sofá.

― Además, quiero que lo uses esta noche para mí ― me dijo seductoramente.

― Ehhh… ― bateé mis pestañas y me hizo girar quedando de espaldas a él. Cogió la cajita de gamuza y sacó el collar para colocármelo en el cuello. La cadena fría hizo contacto de inmediato con mi piel, erizándola, y el suave toque de su mano en mi nuca, me estremeció aún más.

― Te ves preciosa, Bella. ¿Lo aceptarás? ― susurró aprovechando la piel expuesta de mi cuello para depositar varios besos estimulantes en él hasta subir al lóbulo de mi oreja y mordisquearla suavemente. La familiar corriente eléctrica se estampó en mi bajo vientre y su deslumbrante efecto hizo magia nuevamente en mí.

― Sí… ― musité rendida ― buscaré un vestido negro a juego...

― No Isabella... No me entendiste ― replicó ―. Quiero que "sólo" uses esto esta noche... ― me plantó delante de él ―. Quiero que modeles para mí... ― pasó un dedo por mi rostro, su piel quemaba―. Y sobre todo, quiero ver el contraste que hace con tu piel y tus senos en el momento que te haga mía... ― tragué saliva, su mirada era oscura, al acecho―. ¿Entiendes Isabella?

― Sí… ― respondí temblorosa. Su voz me excitó.

Sonrió con satisfacción y volvió a atacar mis labios. Sin darnos cuenta rodeamos el sofá, único lugar cómodo para dar rienda suelta a nuestros instintos, sobre todo los de la diablita Isabella, brindándole confianza para que volviese a aparecer.

― Tenemos tiempo para un pequeño adelanto ― lo tire al sofá y me senté a horcajadas sobre él. Deshice su perfecta corbata y se la saqué suavemente hasta tirarla por algún lugar de la habitación.

― No fue muy difícil que aceptaras salir esta noche conmigo.

― Eso es porque juegas sucio. Vienes aquí y me deslumbras…

― ¿Yo te deslumbro? ― me preguntó haciéndose el desentendido.

― Muchas veces ― admití acomodándome sobre su regazo. Edward, impaciente con la tela de mi falda, la alzó hasta mi cintura dejando al descubierto mis braguitas de encaje azul… su color favorito. Noté la sorpresa y la lujuria en sus ojos y me atrajo hacia él para besarme mientras sus manos empezaban a masajear mis nalgas… Su piel era tan suave y se sentía tan delicioso ser tocada, seducida y apresada por él.

Era imposible negarse a él.

― Me encanta cuando usas falda ― pronunció bajito con aquella voz tentadoramente fascinante que me ponía loca. Le sonreí lascivamente mientras que sentía el golpe de la sangre correr con ardor por mis venas. Me estremecí entre sus brazos y me balanceé aún más sobre él. Al hacerlo sentí el roce y la presión de la evidente erección de Edward contra mi centro. Fue ahí cuando supe que no podía dejar pasar el momento y me importaba muy poco si estábamos en mi oficina o no. Empecé a desabrocharle los botones de la camisa, aparté los laterales y él terminó de quitársela, serpenteé mi cadera con más fuerza sobre su miembro y me fasciné con los gemidos que escaparon de su garganta los cuales se volvieron más roncos y desesperados cuando me incliné para besarle y lamerle su esculpido pecho sin ningún rasgo de timidez.

― Bella… ― jadeó.

― Gracias… por… todo…

Nos sumergimos en el placer. Edward deslizó la cremallera lateral de mi falda para lograr mayor soltura y adentró sus manos por mi espalda, acariciando cada lugar hasta alcanzar la curva de mis glúteos, los cuales apretó con fuerza haciéndome liberar un ahogado gemido de mi boca.

Apoyé una mano en su abdomen y la fui deslizando lentamente hacia abajo. Edward contrajo su rostro excitado y entreabrió sus labios para exhalar, yo busqué su boca y me impregné de su embriagador aliento mentolado. Su miembro duro y latente se sentía cada vez más tras la tela, pidiendo entrar y yo para alargar el momento, empecé a frotarme sobre él en círculos.

Sólo unos besos más, unos segundos más y perderíamos el control en mi sofá, en mi majestuoso sofá…

Pero…

¡Bella! ¡Necesito hablar contigo urgente!― chilló una voz al otro lado de puerta. No era la voz usual de Alice.

― Otra vez no ― sollozó en mi boca, Edward.

― Tu prima debe odiarte. Siempre que estamos juntos viene y nos malogra el momento.

¡Bella!

― Chilla como desesperada. Nunca cambiará. ¿No conoce el significado del teléfono? ― cuestionó algo enfadado. Podía entenderlo a la perfección, habíamos llegado a un punto dónde nuestros cuerpos mandaban sobre nosotros y nos pedían a gritos sentirse libres.

― Al parecer no ― le dije parándome de su regazo.

― No le abras ― me sujetó de la cintura

― Debo hacerlo. Trataré de hablar rápido con ella. Anda al baño.

― No quiero Isabella. Deseo estar dentro de ti. Ahora.

Me mordí el labio. Si mi entrepierna dolía y mis bragas estaban empapadas, escucharlo hablar así, casi hizo que me corriera. Podía mandar a la mierda a Alice y no hacerle caso, pero era mi amiga, y su voz no era la de costumbre, podía presentir que había algo más que tristeza y confusión en ella.

― Oh vamos Edward... Prometo recompensarte esta noche ― le dije acariciando su magnífico y sonrojado rostro.

Bufó.

― No creas que me olvidaré fácilmente de esto.

En estado catatónicamente(*) desolado, Edward se marchó al baño para ocultarse de Alice. La suerte y la casualidad estaban de mi lado, porque si Alice hubiera visto el instante en que nos devorábamos con la mirada bajo el umbral de la puerta, el plan "jefa y capataz" se iban al tacho y quedábamos al descubierto. Y también agradecí a la puerta por tener un sistema seguro que no permitía que se pudiese abrir desde el exterior sino era con la llave.

Bellita…

Acomodé mi ropa y mi cabello. Mis mejillas ardían y mi respiración aun era errática.

― Te llamo luego para seguir discutiendo sobre el tema, ¿ok? Adiós ― pretendí hablar por celular mientras le abría la puerta y le hacía una señal para que entrase.

― ¿Con quién hablabas?

― Con Lauren ― mentí ― debía darle algunos detalles para el proyecto que haremos.

― ¿Desde cuándo tú te relacionas con esa zorra?

― ¡Alice!

― Oh, no salgas a defenderla ahora, por favor. Esa chica te ha hecho mucho daño, no solo con sus chismes infundados si no con el problema del centro comercial. ¡Robarte la idea! ¡Ja! Es una sinvergüenza.

― ¡Ni me lo recuerdes! Pero solo es trabajo Alice, nada más.

― Eso espero... ― su mirada se volvió vacía

― ¿Qué sucede Al? No estás bien.

― Tengo la cabeza hecha un lío. ¿Me acompañarías a la cafetería mientras te lo cuento todo? Necesito un consejo. Urgente.

― Sí claro, pero primero déjame ir al baño para retocarme un poco.

Alice me lanzó una mirada llena de recelo y desconfianza que me hizo ruborizar. Eran las nueve de la mañana y yo debería estar bien arreglada, no con una maraña en el cabello ni con la piel enrojecida. Esquivando su mirada, la dejé sentada en el sofá y apresure el paso para ver a Edward. Él era ajeno a todo esto.

Cerré la puerta del baño. No había pasado ni medio segundo que ingresé al pequeño cuarto y estando aún con la vista nublada, Edward me atacó arrimándome a la cerámica y haciéndome saber lo excitado que aún se encontraba. Sin duda, él esperaba ser liberado de la prisión que representaban sus pantalones negros mas yo no podía rendirme esta vez... ¿O sí? ¡Este hombre me tenía loca!

― Eres una niña mala Isabella, me provocas primero, para luego dejarme así.

Mordió mis labios y los tiñó de rojo por la fuerza con que lo hizo, pero el ardor fue sofocado por la calidez y el intenso sabor de su boca, cuya lengua me hacía el amor con delicia provocando tanto placer como sólo él era capaz de darme.

― Lo siento Edward... ― le dije agitada ― no era mi intención...

― Sólo recuerda que en la noche me cobraré por toda la semana ― sentí mi sexo palpitar―. ¿Está bien? ― Enfoqué mi mirada y me encontré con los ojos oscuros y atentos de Edward. Como siempre, mi mente se bañó de osadía, y mis pezones hormiguearon al recordar lo que estuvo a punto de pasar hace minutos en mi sofá. Ellos querían atención, querían sexo al igual que el resto de mi anatomía, la cual anhelaba sentir y estremecerse ante la sensación de su piel bajo mis manos y la deliciosa forma en que me llenaba y se movía cuando estaba dentro de mí.

― Niña mala... ¿quieres que me cobre ahora, no es así? ― su duro sexo se rozó impaciente contra el mío, podía sentir su magnitud, aún llevando ambos las ropas puestas―. No tengo ningún problema, puede ser algo rápido pero igual de placentero…

Estaba muda, sintiendo mi respiración oscilar, bajando y subiendo, reclamándome a mí misma lo débil que era cuando se trataba de Edward. Ya les he dicho, él tiene ese algo que me volvía loca y podía notarlo, pues empezaba a sentirme húmeda de la excitación que experimentaba y deduje que él era consciente de ello también por la manera en la que gemía de placer en mi oído mientras nuestras caderas se contorneaban una contra la otra, en una sensual fricción.

― No podemos…

― Yo creo que sí ― dejó mis labios y empezó a besarme la barbilla hasta descender a mi cuello. A continuación, su lengua siguió el mismo recorrido que su boca. Mi cerebro se conectó con un fuerte ruido interno, y lo maldije con enojo. No quería dejarlo así, pero debía hacerlo.

― Edward... Alice me espera...

― Ya lo sé... Pero me gusta excitarte. ¿A ti no?

― Si... ― tragué en seco.

― Dímelo completo, Isabella ― ordenó.

― Me gusta todo lo que me haces, Edward.

― Lo sé... ― sonrió triunfante mientras me acercaba más, rodeando mi cintura con sus brazos y manteniéndome cerca mientras nos besábamos suavemente―. En la noche cariño, serás toda mía. Ahora, anda y haz una de las cosas que más me gusta de ti.

― ¿Cuál?

― Ser una buena amiga.

Bajé mi cabeza sonriendo. El corazón me dio un vuelco de emoción y mi pecho se hinchó de orgullo. Estaba feliz, o al menos eso aparentaba, y desde ahora haría todo para que así sea. Edward era tierno y dulce como un niño en búsqueda de protección, pero a la vez era aprehensivo, posesivo y endemoniadamente sexy con un sex appel que me tenía absorta de deseo.

Son dos almas similares pero distintas a la vez, Isabella... No te olvides de ello. Ustedes se complementan. ¿Será casualidad de la vida o el destino?

No lo sé, pero si la vida nos juntó era para algo… y estaba dispuesta a averiguarlo… Awww

― Te veo en la noche...

Con un último besito sellé nuestro encuentro y me arreglé correctamente antes de salir y toparme con Alice.

― Te noto muy inquieta Bella ― opinó parándose del sofá y colocándose a mi lado dando pequeños saltitos. Disimulé mis nervios―. Y… ¿has hablado con Edward? ― me preguntó dejándome sorprendida. Era la segunda vez que ella me preguntaba por él. Alice poseía un poder de intuición muy fuerte, pero me parecía sospechoso que justo ahora lo sacase a relucir. Curioso, pensé.

― Un poco ― me encogí de hombros ―. No tenemos mucho de que hablar. Solo cosas de la obra, los materiales, nada más, ¿por qué? ― entrecerró sus ojos un rato tratando así de analizar mi postura. Ella no me creía, puedo estar segura.

― Es imposible que él no te haya hablado más que eso.

― Pues ya lo ves ― le dije con dificultad―. Debe ser muy tímido.

― ¿Edward tímido? ¡Ja!

Pasé por alto el tono de su voz.

― Andando Alice… que tengo que trabajar.

Dio unos cuantos saltitos más y se tranquilizó, pero sabía que su alma cotilla saldría al ataque muy pronto… Pero como ya dije, Alice era muy entusiasta, diferente a mí, y hasta que ella no hable, yo no diría nada.

Cruzamos el portón de la cafetería bajo algunas miradas, las de costumbre seguro, pero como siempre, no les hicimos caso. Tomamos asiento en nuestros lugares preferidos y hablamos de todo un poco, comiendo muffins y tomando cappuccinos, hasta que llegamos a la parte difícil: Alice no sabía si aceptar o no la invitación a cenar que le ofreció su nuevo galán, pues pretendía algo más, y ella no quería fracasar nuevamente… Para su temperamento, esto era difícil; pero lo que más me llamó la atención fue saber que su abuelito estaba grave.

Me entristecí. Y como dijo Edward… hoy hice mi papel de amiga, apoyándola.

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Estacionó el auto en el aparcamiento frontal del supermercado. Edward había recibido una llamada de Riley, su socio, diciéndole que debían reunirse hoy a las siete de la noche para ultimar detalles de la obra en Seattle, así que nuestra velada se vio interrumpida una vez más. Cuando lo escuché hablar por el móvil, me entró una sensación de angustia, pues... ¿Qué pasaría si él debía irse de nuevo? Me quedaría sola sin duda, pero, ¿podría soportarlo?

¿Seguirá Paul en la obra? ― le pregunté tratando de parecer calmada cuando colgó.

Solo unos días más porque se irá con Riley y los demás a Seattle para empezar con el reconocimiento y el estudio de análisis de suelo del terreno en el cual se hará la construcción.

Sentí una punzada en el estómago. Mi corazón latía furioso, con una mezcla de miedo, dolor y desesperación. Si él me dejaba de nuevo, podría decaer… quizá sería mejor que... ¿lo deje ir? ¿Dar por terminada esta pequeña relación antes de que sea tarde?

Ohh… ¿Tú también te irás con ellos? ― traté de decirlo lo más calmada posible, pero creo que mi voz sonó trémula y temblorosa.

No. Por el momento no. Me voy a quedar contigo ― forcé una sonrisa ―. Pero cuando tenga que viajar, tú vendrás conmigo. No pienso dejarte sola nunca más Bella ― cogió mi barbilla y me hizo mirarlo. Una luz resplandeció en sus ojos y me embelesé con ella.

Edward, sabes que no puedo faltar a mi trabajo.

Pues ya idearemos algún plan. Por lo pronto, no te preocupes, estaré aquí, a tu lado como te prometí.

Con un suave besito me calmó temporalmente los nervios. Pero estaba segura que ellos esperarían con cautela hasta el día que él tenga que irse a Seattle para explotar…

Ven, cariño deslizo sus brazos alrededor de mi cuerpo atrayéndome hacia el calor y lafuerza del suyo confía en mí.

Eso trato...

De todos modos y con una velada truncada, decidimos aprovechar nuestro tiempo libre del almuerzo para comer algo rápido y a la vez hacer las compras para mañana sábado.

― ¿Y qué compraremos? ― quiso saber mientras empujaba el carrito por las hileras de abarrotes. Edward se veía dulce y divertido, mientras que yo parecía una niña con dulces de chocolate.

Solo como un secreto para ustedes: nunca había hecho las compras con un chico. Siempre lo hice sola o en lo mejor de los casos con Alice o Leah, más que eso, nada. Quizá parezca exagerada, pero hasta ese momento, no había imaginado lo adorable que podía ser un día en el supermercado con un chico. Estaba tan feliz y complacida que sonaba ridículo.

― Necesito café, azúcar, queso, pan de molde...

― ¿Y crema batida? ― arqueó sus cejas.

― Y crema batida ― afirmé sonriente.

Fui llenando el carrito con miles de cosas, desde atún, salsa roja, fideos, snacks… hasta unas cuantas botellas de café y té verde, claro sin obviar el six pack de Heineken que él quería. Edward se rió de mí cuando le dije que pensaba cocinar el domingo entre muchas confidencias, le conté que no se me daba muy bien la cocina, aún así quería hacer algo rico para él, y qué mejor que spaguettis a la bolognesa, sus preferidos, pero igual le propiné un codazo en las costillas.

― Sonso.

― Hermosa.

Otro wowww... ¡Isabella, la chica seria y señorita anti compromisos pretendiendo cocinar y complacer a un chico era realmente épico!

― ¿Por qué no llevamos esto? ― me alcanzó un pomito color marrón.

― ¿Qué es...?

Fondue de chocolate...

― ¿Te gusta? ― me mostré dudosa. El chocolate derretido debía ser un manjar en sus zonas más vulnerables.

― Un poco, pero sé que me gustará muchísimo saborearlo de tu cuerpo ― una comisura de su pecaminosa y sensual boca se arqueó hacia arriba a la vez que apartaba el carrito de las compras y me miraba con fijación.

― ¡Edward! No hagas esto aquí... ― repliqué riéndome bajito mientras trataba de liberarme del abrazo de Edward.

― ¿Qué problema hay? ― argumentó con un cálido brillo en sus ojos.

Y ahí volvía a aparecer mi Edward sexy, seguro, intimidante, capaz de derretir toda resistencia, limitándose a sujetarme con más fuerza. Estar en sus brazos se sentía tan extrañamente increíble y cálido que aún no lograba descifrar cuál era el lazo que nos unía.

― ¿Ves? Estamos solos y un besito no le roba nada a nadie...

Podía sentir una corriente de electricidad que fluía de su cuerpo hacia el mío, se percibía en el aire, quien se cruzase por nuestro camino lo sentiría, era un lazo magnético que transmitía calor desde la punta de mis pies hasta el último lugar recóndito de mi cuerpo, concentrándose en mi sexo, donde el ardor parecía jugar con él, provocándole necesidad.

— Estoy conteniéndome para no saltar sobre ti, Isabella —dijo él, bajando la voz—. No me niegues un beso.

Esbozando una sonrisa pícara, me acerqué sigilosamente y lo besé, mientras que la diablita exhibicionista mostraba su lado perverso de nuevo. ¡Qué importa la gente! Lo besé con el cuerpo, alma y corazón, señalando en cada suspiro lo perfectamente bien que me sentía al estar entre sus brazos.

"Si la vida nos unió a los dos para crecer, contigo yo quiero aprender".

― Hora del postre. ¿Dónde lo quieres? ¿En el carro o en la caseta? ― preguntó contra mis labios.

― ¡Edward! — exclamé golpeándole el hombro ligeramente. El rió como un ángel mostrando su bella sonrisa y me tomó de la mano para besarla y seguir caminando entre los abarrotes que fueron los únicos testigos de esta desenfrenada pero bonita relación que empezaba. ¿Dónde terminaría esta excitante aventura? No lo sé... Pero por el momento, esperaba que todo marchase bien... Por mi propio bien.

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El sonido incesante de mi alarma me despertó. Confundida, traté de recordar mi sueño y sólo venían a mí imágenes difusas, casi abstractas de lo que fue en realidad. Resoplé en mi almohada y volví a cerrar los ojos, iba a entrar de nuevo a otro recuerdo ensoñador cuando mi teléfono sonó audiblemente logrando levantarme de la cama con mucha pereza. Era sábado y quería imaginar que por un día no tendría nada que hacer en mi agenda de trabajo.

Contesté y era Edward. Me informó que hoy iba a ir a la obra pasada las diez y media de la mañana para no separarse de mí. Me pareció muy bien, porque hoy, sábado, los obreros trabajaban hasta la una de la tarde. Tendríamos la tarde libre, solo para los dos.

Me bañé, me vestí con un pantalón holgado y una blusita de seda azul entallada, y salí rumbo a mi rutina diaria. En la obra me encontré con Paul que preparaba la mezcla de cemento y arena para rellenar los cimientos de las zanjas A y B, es decir de la zona lateral derecha de lo que sería el estacionamiento.

Estaba tan concentrada, entre distraída y preocupada, chequeando los materiales recién adquiridos que no había sentido ningún ruido extraño proveniente de la calzada...

― ¡Hola preciosa! ― me saludó un hombre alto y de buen porte al tanto que se acercaba con pisadas fuertes al lugar donde estaba ―. Te ves muy linda con casco.

― Jacob… ― lo saludé nerviosa. En cualquier momento podía llegar Edward y esto se transformaría en una batalla campal, pero, parecía que él no estaba al corriente pues no le importaba en absoluto recorrer mi cuerpo con sus ojos mientras esbozaba una sonrisa brillante ― ¿Qué… qué haces aquí?

― Vine a verte. La última vez no me despedí como correspondía y siento que te debo una disculpa.

― No… no te disculpes ― dije apresurada sin dejar de mirar a la calzada, lugar por donde Edward ingresaría a la construcción.

― Sí Bella, no fue mi intención irme así como así, pero llegó Edward, nos interrumpió y… ― se rascó la nuca ― bueno digamos que es un poco gruñón. Si lo conocieras más, te darías cuenta que siempre reniega por todo.

― ¿Sí? ― le pregunté sorprendida. No es que conociera demasiado de Edward, pero tampoco me consideraba ajena a su vida. En los días que pasé con Edward no había notado ese comportamiento, más bien, siempre se mostraba dulce conmigo.

Sin olvidar que te hace perder la cabeza cuando te habla sensual y tentadoramente, Isabella.

― Sí, él es el más renegón de los Cullen. Pero olvídalo, no hablemos de él… si lo seguimos mencionando, quizá aparezca como magia y vuelva a interrumpirnos.

― Sí. Mejor…

"Mejor vete Jacob"

― Como te dije, siento que te debo una disculpa y por ello vine a hacerte una invitación.

― Jacob… no creo que pueda

― No Bella, no me digas que no si ni siquiera te he mencionado para que es ― replicó pasando una mano por su cabello algo nervioso. Sus bíceps se hincharon con el movimiento y su camiseta blanca marcó aún más sus pectorales. Jacob era muy atractivo.

Lo invité a continuar.

― Uno de mis mejores amigos y mi socio además, se casa en seis meses y me ha invitado a una cena especial que hará para oficializar su compromiso con su novia de la infancia. Desde luego será algo aburrido, Riley es algo aburrido, pero tenemos planeado ir después a celebrar al "Copacabana". Y me preguntaba si… ― tomó aire ― ¿quisieras ser mi cita para esta noche? Sería un honor ir contigo ya que eres una chica correcta y seria, sin negar lo hermosa que eres ― me dijo usando un tono encantador y galante, muy propio de su coquetería innata, tal como me lo dijo Edward―. ¿Qué dices Bella? ¿Me harías el honor de ser mi acompañante?

Pasé saliva. Parpadeé varias veces y me mordí el labio. Era mucha información en un solo minuto. Primero, ¿Riley se casaba? ¿El socio de Edward, se casaba? ¿El socio de Edward era socio de Jacob? ¡¿Pero por qué mierda no me dijo nada?... o es que… ¿pensaba que yo no era suficiente para ese tipo de citas? Segundo, ¿"matrimonio" al lado de "Isabella Swan"? ¡Debía ser una locura!

― ¿Dónde será? ― no sé por qué pregunté esto.

― En "Il Valentino", ¿lo conoces?

― Sí, he ido un par de veces ― ahí me llevó Edward, pensé.

― ¡Estupendo! Entonces… ¿vienes conmigo? ― me miró expectante―. Luego iremos a bailar y liberar tensiones ― me guiñó el ojo.

No respondí nada. No sabía cómo hacer frente a todo esto. A medida que iba tomando consciencia de la encrucijada en la que me encontraba, miles de dudas y preguntas se arremolinaban más y más dentro de mi cabeza, mareándome a cada centímetro. Incluso tenía la absurda impresión de que Edward no me consideraba adecuada para su nivel...

¿Por qué no me invitó a la cena?

Ayer fue muy bonito... ¿Y hoy? La desconfianza reinaba sobre toda sensación placentera.

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El estacionamiento del semi sótano estaba solitario inmerso en un silencio sepulcral. Me había costado horrores convencer a Paul, que más parecía el doble de Edward en cuanto a protección, para que los obreros se marcharan más temprano hoy sábado. Me excusé alegando problemas en mi trabajo de oficina.

Así que recurrí a ello.

Me enfrasqué en el trabajo e hice lo que pude con los "Costos" pero estaba un poco mezclada. Me negaba rotundamente a admitir el sentimiento que me había impulsado a venir hasta aquí. No podía exigir a nadie a que me invitara a una cena importante. Es más, debí imaginármelo; pero lo más curioso era que en ningún momento Edward había negado ni cancelado ninguna velada conmigo. Era raro...

Debían de ser más de la dos de la tarde y no había mucha gente en la empresa por ser sábado. Mi celular no tenía batería y seguramente Edward estaría preocupado por mí, rompiéndome el teléfono de la casa; de cualquier manera, no tenía idea de cómo enfrentarme a él.

Hallé mi auto en la misma esquina que lo estacioné en la mañana y proseguí a abrir la puerta cuando unos pasos cortos y rasposos cortaron la calma del lugar mientras se acercaban cada vez más al sitio donde estaba. Por instinto traté de protegerme. Estaba sola, sin saber que hacer y podía tratarse de un ladrón o algo peor.

― Creía que militabas en la causa de la soltería femenina ― al escuchar la voz, fría y seca, temblé de miedo. Avancé un paso más y tuve que llevarme una mano al pecho.

― Me sorprendes ― apuntó empujándome con rudeza sobre el capó del auto.

Grité pero sólo escuché el eco de mi voz. Él rió y se apretó a mí.

― Nadie podrá escucharte. Quédate quieta y no te pasará nada. De ti depende.

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(*) maqueteando: esa palabra no existe, es inventada.Y quiere decir: hacer maquetas hasta la madrugada. xD
(*) sentimentalona: tampoco existe, pero es un derivado de sentimental. Quizá lo vean mucho xD!
(*perfil) entren a mi perfil o al blog y podrán ver el collar que Edward le regaló. *-*
(*catatónicamente): no existe, pero quería dar énfasis =P


Notas:

¡Muchas gracias por leer hasta aquí, chicas! Como es costumbre, me escondo para recibir los tomates del caso... jeje... u.u

Bueno, ojala les haya gustado el capítulo *-* como verán he querido centrarme en los sentimientos de Bella. En cómo se va tomando las cosas. la conexión que se está creando entre ellos. Cómo Edward, con sus detalles la va conquistando. Y claro, como la seduce cuando quiere...jajaj (bueno debo aceptar, que yo también me dejaría seducir cuando el quiera... u,u ) Por eso puse la frase inicial: "de pedazos en pedazos...se forma la ternura"... *-*

Ya al final se volvió rara la cosa... ¬¬ ¿qué piensan? ¿quién o quienes le han hablado a Bella? ¿por qué? o.o espero sus teorías... ¡me encantan!

Muchos besos a todas, y mil gracias. No dejen de comentar... ¬.¬ (así sabré si les gusta o no... ) ! y por si acaso, no intenten llamar al teléfono celular de Edward, sino Bella lo tira al tacho. xD! jajaja... ok no.

Nos estamos leyendo, Lucia.