Bueno, aquí está el capítulo post desastre en Okinawa. ¿Qué hará Seiya?

De nuevo quiero dar gracias a todas las personas que siguen esta historia y dejan sus reviews.

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Capítulo 10. Encuentro con un mentiroso

Había decidido regresar a la ciudad temprano esa mañana. No es que le hiciera mucha gracia volver, pero no podía obviar sus responsabilidades y tampoco podía huir de lo que había hecho. Lo noche anterior, la noche de aquel fatídico acontecimiento, había comprado un boleto de avión de vuelta a Tokio, un vuelo que salía a primera hora de la mañana. No se había despedido de nadie, porque cuando él se marchó, todos aún dormían. Estaba de más decir que Seiya no había logrado dormir nada. Además, le tocó recomponer su celular y llamar a Taiki para que lo recogiera en el aeropuerto. Aunque, tampoco le entusiasmaba mucho encontrarse con su hermano mayor y ver su expresión llena de decepción.

Durante el tiempo que duró el vuelo, Seiya tampoco fue capaz de dormir. Y cuando se bajó del avión y arrastró su maleta hasta la salida, tenía unas ojeras pronunciadas. El arrepentimiento no lo había dejado dormir. Sólo esperaba que lo mal que se sentía no interfiriera con sus responsabilidades en el hospital. No, definitivamente no podía mezclar su vida privada con el trabajo. El teléfono vibró dentro del bolsillo de su pantalón. Sacó el aparato y miró la pantalla con desgana. Se mordió el labio en cuanto se dio cuenta de que se trataba de un mensaje de Serena.

En cuanto regreses a Tokio, ¿podrías avisarme? Sé que probablemente te sentirás muy cansado para salir a alguna parte; por eso pensé que quizás podrías venir a casa y te prepararé algo de comer. Estoy convenientemente sola esta noche.

No es que no quisiera verla. ¡Se moría por besarla! Pero estaba seguro de que cuando la besara recordaría lo que había hecho la noche anterior. Demonios, ¿cómo se le había ocurrido cometer semejante tontería? ¿Acaso podía ser más estúpido?, en verdad esperaba que no. Cuando levantó la mirada, se encontró con su hermano que, contrario a lo que había pensado, lo miraba con un gesto de comprensión, como si le estuviese dando su apoyo. Por alguna extraña razón sentía unas ganas terribles de arrojarse sobre él y abrazarlo, pero se contuvo. Taiki lo condujo hasta el sitio donde había estacionado su automóvil. No hablaron durante el corto trayecto. Taiki acomodó la maleta en la parte trasera y ambos se subieron al auto.

Pasados unos minutos, Seiya se dio cuenta de que se estaban alejando de la ruta que los llevaba a la residencia Kou. Extrañado, miró a su hermano, quien, sin apartar la vista del camino, simplemente sonrió. Seiya se dedicó a mirar el camino; sin duda se estaban acercando al puerto. Taiki detuvo finalmente su vehículo, justo al lado de una pequeña cafetería de la zona portuaria. Seiya lo siguió de cerca, mientras el otro ordenaba un par de cafés y unos pastelillos. Se sentaron en unas sillas plásticas y empezaron a comer. Hasta ese momento fue cuando Seiya se dio cuenta de que estaba en realidad hambriento.

—Bueno, ¿quieres hablar sobre lo que pasó? —preguntó el castaño, tomando un sorbo de café, mientras su mirada violácea se cruzaba con la azulina de su hermano menor. Seiya se mordió el labio, pero asintió con la cabeza.

—Lo que prometía ser un viaje de placer terminó convirtiéndose en una pesadilla —dijo, abatido.

Seiya se lo contó todo, con todos los detalles que era capaz de recordar. Claro que a Taiki no le interesaba conocer los detalles acerca de su encuentro íntimo con Serenity Tsukino, pero de todos modos escuchó lo que su hermano tenía que decirle. Lucía abatido, deprimido y completamente arrepentido. Había quienes le decían a Taiki que era un hombre sabio, pero el castaño en ese momento rogaba que Seiya no le hiciera "esa" pregunta.

—Entonces, ¿qué debería hacer? —sí, esa —¿Debería decírselo… a Serena? —o esa. No, de verdad él no podía responder esa pregunta. En otro momento quizás le habría dicho que debía ser sincero, pero las cosas no eran tan fáciles. Serena resultaría lastimada y Seiya también. Entonces, ¿cuál era la mejor opción? —Lo siento, Taiki. Sé que no debería preguntarte algo así. Es mi problema y soy yo quien debe resolverlo.

—Vaya, no me imaginé que te hubieses convertido en un hombre tan sensato, Seiya —bromeó el más alto. Seiya esbozó una ligera sonrisa y se terminó el café de un solo trago —Has lo que creas prudente, pero recuerda esto, Seiya: las mentiras tarde o temprano terminan saliendo a la luz.

Ciertamente su hermano tenía razón. Estaba seguro que, tarde o temprano, de una u otra manera, Serena terminaría enterándose de toda la verdad. Tal vez fuera la misma Serenity quien se lo dijera, tal vez a él se le escapara en algún momento. Serena había sufrido suficiente con su primer matrimonio, sólo se merecía lo mejor, además, Serena odiaba a la gente mentirosa. No quería decepcionarla y convertirse en el tipo de persona que ella más odiaba, pero tampoco quería lastimarla. Pero… pero. ¡Suficiente de "peros"! definitivamente tenía que decírselo. Sí, iría esa noche a su casa y le diría toda la verdad. Lo haría aunque eso significara perderla. Si eso pasaba, simplemente volvería a empezar y se ganaría su confianza poco a poco.

—Creo que sé lo que tengo que hacer —dijo entonces —Iré a su casa esta noche —el castaño sonrió.

—Ah sí, antes de que se me olvide. La fiesta de cumpleaños de Darien es el próximo fin de semana, la tía Kakyuu quiere que invites a Serena y sus hijas —el muchacho suspiró.

—Se lo diré esta noche cuando la vea.

—¿Verás a Serenity cuando vayas? —Seiya negó con la cabeza.

—Va a quedarse en la casa de Esmeralda en Osaka por un par de días —Taiki arqueó una ceja —Sólo lo escuché de Eagle, no me interesa en lo más mínimo lo que esa mujer haga.

—Por tu bien, espero que sea cierto. Mantente lejos de Serenity Tsukino, Seiya. Hazme caso esta vez —a Seiya no le quedó más que asentir, como un niño que acababa de ser reprendido por sus padres, puesto que sabía que Taiki tenía razón.

S x S

¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué de repente se sentía como una adolescente enamorada? Bueno, más bien como la adolescente promedio que se enamoraba del chico más popular de la secundaria. En serio, ¿cuándo era que se había vuelto tan cursi? Los mensajes llenos de dulzura, las llamadas constantes, el anhelo que sentía al querer verlo de nuevo, el decirle "te amo". Y lo peor de todo, ¡se lo había dicho por medio de un mensaje de texto! Ay no y con lo que había criticado a Rubeus cuando se le declaró a su hija por teléfono. Pero no pasaba nada, esa noche lo vería y finalmente podría decírselo en persona.

Esa tarde se había demorado más de lo habitual a la hora del baño. Se había metido en la tina, asegurándose de elegir las sales de baño más finas y exquisitas que tenía. Había lavado su cabello con un nuevo champú del que se había enamorado y que Amy le había traído de Europa. Dedicó más tiempo de habitual para elegir la ropa que vestiría esa noche. No quería verse demasiado formal, pero quería lucir bien para él.

Se había en encargado de comprar su vino favorito, que esperaba también fuera del agrado de Seiya. El pollo ya estaba en el horno y comenzaba a inundar la cocina con su agradable olor. Dio gracias al cielo por tener una amiga chef; sin Lita seguiría siendo un desastre en la cocina. No estaba muy segura de qué tan bien le había quedado el creme brulée, pero al menos lucía comestible. Ay no, ya se estaba poniendo nerviosa otra vez. Tenía que calmarse. Entró en su habitación para vestirse y colocarse un maquillaje ligero. Justo acababa de ponerse el labial rosa, cuando sonó el timbre. Faltaban cinco minutos para las siete, – la hora pactada – Seiya era puntual como siempre.

Nerviosa como una chica en su primera cita, Serena corrió para abrir la puerta. Casi soltó un gritito cuando lo vio. Estaba guapísimo con sus jeans ajustados y la camisa de mangas largas, con un par de botones desabrochados, mostrando su pecho. Le sonrió de esa forma tan suya que le robaba el aliento.

—Buenas noches, bombón —al principio se habría quejado de lo mucho que odiaba el sobrenombre, pero tenía que admitir que había extrañado que él la llamara de esa manera.

—¡Oh Seiya, te extrañé tanto! —la rubia se arrojó a los brazos del chico y se dejó envolver en ese abrazo que había anhelado durante tanto tiempo. Serena levantó el rostro para besarlo, pero el beso no duró ni dos segundos, cuando Seiya la estaba apartando, sujetándola de los hombros —¿Sucede algo? —preguntó ella, herida al sentirse rechazada.

—No es nada, bombón. Sólo estoy algo cansado —se excusó —Y tengo hambre. Ah, ¿qué es eso tan delicioso que huelo? —a Serena volvieron a iluminársele los ojos.

—¡Ah sí! Vamos a comer antes de que se enfríe —la rubia lo tomó de la mano y lo condujo hasta el pequeño pero elegante comedor de su casa. Seiya se sentó, mientras Serena servía la comida, tarareando una canción —¡Espero que te guste! —dijo, colocando el plato humeante enfrente de él, antes de sentarse.

—Muchas gracias —contestó con una sonrisa. Cortó un pequeño trozo y se lo llevó a la boca, saboreándolo. Serena lo miraba expectante. No creía haber estado tan nerviosa antes.

—¿Y bien? —Seiya cortó otro trocito, antes de responder.

—Está delicioso, bombón. No sabía que podías cocinar —bromeó. Serena fingió indignación por el comentario, pero en realidad estaba feliz.

—Hay muchas cosas que no sabes sobre mí —le dijo la rubia, guiñándole un ojo. Seiya sonrió y bajó la mirada hacia el plato, sintiéndose incapaz de soportar la sincera mirada azulina de su novia. Su hermosa novia a la que había engañado. Se mordió el labio y dejó caer el tenedor, que hizo un ruido sordo al caer —¿Te sientes bien, Seiya? —él asintió con la cabeza —¿Estás seguro? ¿Prefieres recostarte un rato?

—No, de verdad estoy bien, bombón —respondió, agachándose para recoger el tenedor. Serena se apresuró a traerle otro —No quiero desperdiciar la deliciosa cena que has cocinado para mí. Vamos a seguir comiendo.

Un extraño e incómodo silencio se instauró entre ellos. A pesar de que Serena no era la persona más habladora, siempre eran capaces de conversar de cosas triviales y pasarla bien. Pero había algo diferente esa noche. Algo diferente con Seiya. Definitivamente algo le sucedía y comenzaba a preocuparla. Lo más extraño es que Seiya siempre solía decirle cuando se sentía mal, pero esa noche era distinto. Incluso la había apartado al besarse, cuando normalmente era él quien no quería que se separaran. ¿Acaso había ocurrido algo en Okinawa? ¿Debía preguntarle?

Cuando terminaron de comer, Seiya se puso de pie y se ofreció a lavar los platos. Serena accedió y fue por el postre. Definitivamente el dulce lo animaría; siempre funcionaba con sus hijas. Sin embargo, no parecía tener efecto en Seiya. Le había gustado su creme brulée, se notaba por la avidez con que lo comía, pero las cosas seguían sin estar bien. Seiya se levantó para ir a sentarse al sofá, pero Serena en cambio lo arrastró hasta su habitación y notó que él se tensaba. ¿Por qué lucía tan nervioso?

Le quitó los zapatos y lo obligó a recostarse en la cama. Ni siquiera el aroma de Serena lograba hacerlo sentir mejor. Cada vez que veía aquellos ojos azules, recordaba la noche que se había acostado con Serenity. Ya no podía soportarlo, tenía que decírselo. La rubia se sentó a su lado y le acarició el largo cabello que tanto le gustaba, mientras le cantaba una canción de cuna. Seiya de pronto sintió que todas sus preocupaciones comenzaban a evaporarse. Cerró los ojos y simplemente se dejó hacer.

—¿Bombón? —dijo entonces —¿Puedo acostarme en tu regazo? —ligeramente sonrojada, Serena asintió con la cabeza y Seiya se acomodó en su regazo. De pronto el silencio que reinaba entre ellos se sentía menos pesado —Bombón.

—Dime, Seiya.

—Hay algo… hay algo que necesito decirte.

—¿De qué se trata? —preguntó la rubia, inclinándose sobre él, repartiendo besos por su cuello. Seiya soltó un gemidito de placer, al sentir los pechos de Serena cerca de su cuerpo.

Extendió una mano para sujetarla de la nuca y apoderarse de sus labios. No la había besado apropiadamente cuando llegó y en ese momento, cuando compartían ese apasionado beso, se dio cuenta de lo mucho que la había extrañado. De lo mucho que extrañaba sus labios, su piel, su sonrisa, sus ojos, su simple presencia. La haló de tal forma que ella quedó encima de él y a su merced para que sus manos pudieran recorrer el cuerpo ajeno. Pasó sus manos por debajo de la blusa, acariciándole la espalda, sin romper el contacto entre sus labios. Ella se separó entonces un momento, para desabrocharle la camisa y repartir besos por su pecho y abdomen. No podía evitar recordar a Serenity, pero se dio cuenta de que lo que sentía por Serena iba más allá de un simple deseo carnal.

Entonces se dio cuenta de que Serena se había sentado a horcadas sobre él y le estaba desabrochando la hebilla del cinturón, para seguir con el botón y la cremallera momentos después. La vio inclinarse sobre su intimidad, tan cerca que sus ojos se abrieron como platos. ¡No podía dejar que ella hiciera eso! No, jamás después de lo que había hecho con Serenity. La apartó de un empujón que casi la hace caer de la cama. Se levantó y se acomodó el pantalón, saliendo como un vendaval de la habitación. Serena lo siguió, preocupada.

—¡Seiya, espera! —gritó ella, en cuanto el otro estaba a punto de abrir la puerta —¿Qué es lo que sucede? ¿Pasó algo en Okinawa? —sí que había pasado y ese era el problema. Había ido dispuesto a contarle toda la verdad, pero no se atrevía —Sabes que puedes contarme lo que sea, si necesitas ayuda yo…

—No me pasa nada —contestó, con un tono más brusco del que le habría gustado.

—Lo siento. No quería… —se volteó y vio que, aunque Serena tenía la cara agachada, no era capaz de ocultar las lágrimas que habían comenzado a rodar por sus mejillas. Se sintió como un malnacido, al darse cuenta de que Serena en verdad era una mujer frágil, que se ocultaba tras una falsa fachada de fortaleza.

—No, yo lo siento —la abrazó y escuchó los sollozos ajenos —En verdad lo siento, bombón. Yo no… yo no quería…

—Confía en mí, por favor —le dijo, cuando se separaron un poco para poder mirarse a los ojos —Hasta que te conocí, no podía confiar en los hombres que se me acercaban pretendiendo salir conmigo. Después del fracaso de mi matrimonio, pensé que jamás volvería a enamorarme, entonces apareciste tú para mostrarme lo equivocada que estaba —por favor, no digas más, pensaba Seiya, que comenzaba a desesperarse de nuevo —Gracias a ti, volvía a creer en el amor. Volví a confiar; por eso quiero que confíes en mí.

—De acuerdo, te lo diré todo —se sentaron en el sofá y Seiya comenzó a sudar frío —Verás, la verdad es que yo… —se aclaró la garganta y la tomó de las manos —acabo de ser asignado al área de pediatría —maldito cobarde, se decía —Sí, bueno, me dijeron que iba a estar a cargo, así que estoy muy nervioso —Serena se quedó en silencio un momento, antes de apretar sus manos.

—¡Seiya, eso es maravilloso! —exclamó ella —Sé lo mucho que te gusta estar cerca de los niños. ¡Esa es una gran noticia! Deberías estar feliz. Vaya, así que de eso se trataba, y yo que me estaba preocupando. Yo pensé que me dirías que ibas a dejarme porque habías encontrado a alguien mejor, o algo así.

—Jamás podré encontrar a alguien mejor que tú, bombón. No digas tonterías —la abrazó para que ella no pudiera ver su rostro lleno de arrepentimiento —Estoy feliz, pero también nervioso. De pronto tengo mucha responsabilidad y eso me… asusta un poco.

—Entiendo, así que por eso te veías tan abatido cuando llegaste —Seiya asintió con la cabeza. Maldito mentiroso —Pero Seiya, verás que todo saldrá bien, eres un gran médico y amas a los niños.

—Bombón… —le dio un fugaz beso en los labios —¿Te importaría si… me voy a casa ahora? A decir verdad, estoy algo cansado por el viaje.

—Oh claro, creo que fue egoísta de mi parte pedirte que nos viéramos hoy, cuando recién regresas de Okinawa —el muchacho compuso una sonrisa torcida. Ella le abrió la puerta y lo vio caminar hasta el elevador.

—Te llamaré —entonces, justo antes de que las puertas del elevador se cerraran, las palabras que escuchó de Serena le cayeron como un balde de agua helada.

—Te amo —y por supuesto que él no había podido responderle. Simplemente, había huido de ella.

S x S

Cuando llegó a casa, encontró a su tía y a Darien sentados en la sala, tomando vino y comiendo quesos caros. Según le dijo la pelirroja, estaban haciendo una degustación para escoger qué servirían en la fiesta de cumpleaños de Darien. Cada año, desde que su tía se había casado con Darien, y desde que Seiya tenía memoria, el cumpleaños de Darien Chiba era un acontecimiento tan importante que una gran fiesta era efectuada en su honor. Sí, porque Kakyuu Kou no escatimaba en gastos para celebrar el cumpleaños de la persona que tanto amaba. Seiya recordó que al principio Darien no le parecía más que un sujeto interesado en las riquezas de su tía, sin embargo, no había tardado en darse cuenta de que Darien era un hombre trabajador e inteligente, que tenía su propio dinero y que en verdad amaba a su tía.

Se dejó caer en el sofá y tomó un sorbo de vino de la copa de su tía. Estaba agotado, tanto física como mentalmente. Sólo esperaba que su perspicaz tía no se diera cuenta de que algo pasaba. De lo contrario, no dejaría de interrogarlo hasta que lograra sonsacarle la verdad. Su tía lo miró fijamente, antes de decir:

—Espero que Taiki no haya olvidado decirte que invitaras a Serena y a sus hijas a la fiesta de Darien el próximo fin de semana —ah cierto, se supone que tenía que invitarla, lo había olvidado por completo —¿Se te olvidó decirle? —él asintió —Ay Seiya, no sé dónde tienes la cabeza.

—Lo sé, lo siento. La llamaré en un rato.

—Kakyuu, cariño, no seas tan dura con él —intervino Darien —Ha de estar cansado por el viaje a Okinawa. Mejor dejemos que vaya a descansar —agradecido, Seiya dio las buenas noches y se fue a su habitación.

Seiya se tendió en la cama y miró fijamente la pantalla destrozada de su celular. Una sonriente Serena parecía mirarlo, completamente ajena a lo que él había hecho con su hija. Suspiró. Al final esa noche no se había atrevido a decirle la verdad. Y ahora que lo pensaba bien, ¿lo haría alguna vez? No estaba seguro de ser lo bastante valiente para confesarle tal atrocidad. ¡No quería perderla! Pero tampoco estaba seguro de poder mirarla a los ojos sin recordar lo sucedido. Ella había cambiado, por él. Había retirado las murallas con las que se protegía y se mostraba ante él tal y como era en realidad. Y le había dicho que lo amaba. Pero él no había sido capaz de responderle. No podía. No podía simplemente decirle que la amaba cuando se había acostado con su hija.

Se quitó la ropa y tomó una ducha rápida. Se colocó unos pantalones deportivos de color azul y se tendió en la cama otra vez, tomando el celular. Tecleó rápidamente un par de mensajes. El primero para su hermano mayor:

Al final no pude hacerlo. Soy un maldito cobarde.

Luego, le escribió a Serena:

Olvidé decírtelo. Tú y las chicas están invitadas a la fiesta de cumpleaños de Darien el próximo fin de semana. Será en el hotel Venus, salón Artemis.

Había tecleado un "te amo", pero lo borró antes de enviar el mensaje. Dejó el celular a un lado y se dio media vuelta, quedándose dormido al instante. Ya no quería pensar en nada, sólo quería dormir y despertar en un mundo ideal en el que no se había acostado con la hija de su novia y tanto él como Serena podían ser felices juntos, para toda la vida.

S x S

Finalmente había llegado el sábado y, como Seiya lo había predicho, aquel era un acontecimiento de grandes magnitudes. El salón más grande del Hotel Venus, Artemis, estaba repleto de gente, tanto que a los meseros se les hacía difícil moverse de un lado a otro para servir las bebidas. Había llegado junto con Serena y sus dos hijas, a quienes había ido a recoger personalmente. Serenity le había guiñado un ojo y lanzado un beso con la mano cuando su madre no estaba mirando. Seiya intentó ignorarla, pero el vestido negro que había escogido para esa noche marcaba perfectamente ese cuerpo que él conocía bien ya.

Cuando llegaron hasta la mesa principal, donde estaban sentados su tía y Darien, Amy y Taiki, y también Mina y Yaten, Kakyuu se puso de pie y saludó a Serena con un beso en la mejilla, antes de examinar cuidadosamente a sus dos hijas.

—Buenas noches, señora Serena —dijo la pelirroja —Me alegra mucho que compartan este día tan especial con toda mi familia. Oh, pero qué adorables señoritas, tan hermosas como su madre.

—Oh, señora Kakyuu, siempre tan amable. Permítame presentarle a mis hijas, Serenity —la mayor inclinó ligeramente la cabeza, de forma respetuosa, pero Kakyuu la tomó de la mano, para darle un beso en la mejilla —y Selene, la menor —a los ojos de Kakyuu, aunque vestida de gala esa noche, Selene tenía toda la pinta de ser una muchachita rebelde.

—Es un placer conocerlas, señoritas. Creo que ya han de saberlo, pero mi nombre es Kakyuu Kou, soy la tía de Seiya.

—Es un verdadero honor conocerla, señora Kou —se adelantó Serenity —Es usted un verdadero ejemplo para las mujeres emprendedoras de todas las clases sociales. No se imagina cuánto la admiro —Seiya notó entonces que su tía parecía muy interesada en Serenity.

—Te lo agradezco, cariño. Pero no tienes que ser tan formal conmigo, puedes llamarme Kakyuu —le dijo —Vamos a sentarnos —Seiya le apartó la silla a Serena como un caballero y se sentó entre ella y Yaten. Serenity y Selene estaban sentadas al otro lado de Serena.

Serena se quedó contemplando el lugar, maravillada. Todo era en extremo elegante y la gente que estaba sentada a su alrededor parecía muy adinerada e importante. Casi se sentía un poco fuera de lugar, después de todo, cuando estuvo casada con Diamante, él no solía llevarla a las fiestas de la alta sociedad. ¿Quizás se sentía avergonzado de ella? Bueno, eso ahora no importaba, menos cuando Seiya lucía de mejor humor y volvía a mostrarse cariñoso con ella.

La rubia pronto entabló una conversación con Yaten y Mina, mientras Serenity le lanzaba miradas furtivas a Seiya. Claro que estas miradas no pasaron desapercibidas para Kakyuu quien no podía más que sonreír complacida. ¿Por qué su sobrino no podía haberse interesado en una jovencita hermosa y de su edad, así como Serenity? Sin embargo, Serenity parecía estar interesada en Seiya, así que si ella les daba un empujoncito, quizás algo bueno podía salir de todo eso. Uno de los meseros llegó para hablar con ella, sacándola de su ensimismamiento. La pelirroja sonrió y se volteó hacia Darien.

—Es hora de darte tu primer regalo, cariño —le dijo —Sé que eres admirador de la música de esta señorita, así que… —señaló el escenario principal, donde antes habían colocado un piano de cola de color negro.

—Damas y caballeros, con ustedes la violinista Michiru Kaioh, —la gente se puso de pie para mirar mejor a la hermosa violinista de cabellos aguamarinas —la violonchelista Haruka Tenoh y el prodigio del piano Helios Anatolios.

Serenity no podía creérselo, ¿qué estaba haciendo su novio en ese lugar? Seiya en cambio vitoreaba internamente. Con Helios ahí, Serenity no sería capaz de hacer nada extraño. Un poco más tranquilo, volteó la mirada al escenario, al tiempo que el trío comenzaba a tocar una hermosa música. Darien abrazó a Kakyuu, susurrándole un agradecimiento y se dedicó a disfrutar del espectáculo.

—¡Haruka! —exclamó Serena, bajito —No puedo creerlo.

—¿Lo conoces? —preguntó Seiya —¿Al famoso piloto de Fórmula Uno?

—¡Seiya!, Haruka es una mujer —lo reprendió Serena —Y sí, la conozco. Ella es la hija de la mejor amiga de mi madre. Cuando era una niña, solía decirme tía. Luego… bueno, el sobrenombre que me puso era bastante vergonzoso.

—¿Sobrenombre? ¿Cuál es? —preguntó Seiya, interesado.

—No te lo diré, te burlarás de mí.

—¡Claro que no! —replicó, dándole un beso en la mejilla —Anda, dímelo.

Seiya seguía intentando hacer que Serena le dijera cuál era ese vergonzoso sobrenombre que la famosa Haruka Tenoh tenía para ella, pero no lo había logrado. Tampoco había podido sacárselo a Selene, quien se proclamó "fiel a su madre", pero no había parado de reír, seguramente recordándolo. Fue entonces cuando la presentación terminó y la gente se puso de pie para aplaudir. Los tres artistas dejaron sus instrumentos y se acercaron a la mesa para felicitar al cumpleañero y saludar a la familia.

—¡No me lo puedo creer! —exclamó Haruka en cuanto vio a Serena. La rubia le sonrió. Haruka vestía un traje entero de color blanco, impecablemente planchado —¿Eres tú, cabeza de bombón? —Serena se sonrojó y le dedicó una mirada de reproche que Haruka ignoró. Se abrazaron.

—Oh vaya, sí que ha pasado muchísimo tiempo, ¡mira cómo has crecido!

—Tú también has cambiado mucho, Serena —dijo Haruka —Luces más hermosa, más feliz. La última vez que te vi te estabas divorciando del malnacido Black. Dime, ¿a quién se debe? —la vio sonrojarse y mirar de soslayo a Seiya, que estaba detrás de ella —Oh. Espera, no me digas que… —los ojos de Haruka se abrieron con la sorpresa.

—Haruka, deja que te presente a mi novio, Seiya Kou.

—Un placer, Haruka Tenoh —dijo Seiya, estrechando la mano de la mujer de cabello corto, que le devolvió el apretón con fuerza.

—Lástima que no puedo decir lo mismo, Kou.

La tensión era palpable entre ellos. Serena se mordió el labio y los vio lanzarse miradas poco amistosas cuando se separaron. Kakyuu arrastró a Seiya a la pista de baile, mientras el resto de la familia iba a bailar también. Vio a Rini bailando con Helios y se sintió más tranquila. Incluso Selene se había ido a bailar con Darien. Haruka arrastró a Serena a la pista de baile y la miró, con el ceño fruncido.

—¿Qué es eso de que estás saliendo con Seiya Kou?

—¿Qué quieres decir? ¿Acaso está mal que salga con un hombre menor que yo?

—No tiene nada que ver con la edad, Serena —contestó —Es sólo que… él no me agrada.

—Haruka, no puedes juzgarlo si no lo conoces —replicó, un poco enfadada —Si no te das el tiempo para conocerlo…

—No hace falta —Serena la miró, confundida —Puedo darme cuenta con sólo mirarlo de que él no te conviene —antes de que la rubia pudiese argumentar, Haruka dijo —Hay algo en sus ojos. Definitivamente está ocultando algo.

Serena se mordió el labio. No quería ser paranoica, pero cuando Haruka decía algo así, nunca se equivocaba.