Título: My soul, your beats
Pairing: Harry/Draco con menciones de Albus/Scorpius
Warnings: Theodore/Draco
Género: Slash
Clasificación: NC-17 o M
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc.

Autora: Sui Felton (sui_tan)
Beta: Cydalima Faëlivrin (motoko_cydalima)


Abrió los ojos lentamente mientras se movía con cuidado, sintiendo cómo los agarrotados músculos de su cuerpo comenzaban a resentir la incómoda posición en la que se había quedado dormido. Alzó levemente el rostro, sólo para encontrarse a escasos centímetros de un muy dormido Harry Potter, quien, a juzgarpor lo que podía sentir, estaba abrazándolo por la cintura.

Un fuerte sonrojó se apoderó de inmediato de sus mejillas, mientras que sus ojos se paseaban nerviosos por el rostro del Gryffindor. Bien, al menos aún estaba dormido.

Se sentó con cuidado, rogando a todos los Dioses que Potter no despertara, que tuviera el tiempo suficiente para vestirse y poder huir hacia la seguridad de su sala común. Alzó la mirada hacia el techo, notando cómo los rayos del atardecer aun iluminaban el invernadero. Gimió para sus adentros, se había quedado completamente dormido, y a juzgar por lo que podía calcular, habían pasado casi cuatro horas desde aquel suceso.

Apretó las manos sobre las túnicas que aún cubrían su cuerpo desnudo, notando cómo su torso y sus muñecas comenzaban a mostrar las mordidas y moretones que seguramente tardarían varios días en desaparecer. No podía creerlo. Era imposible. Sucedió por segunda vez, Harry Potter y él habían… Se mordió el labio con fuerza, intentando controlar aquel extraño sentimiento que lo recorría con sólo recordar las caricias de Potter sobre su piel. ¡Era completamente inaudito, se negaba a aceptarlo!

Intentó ponerse de pie, pero un fuerte dolor en la parte trasera de su cuerpo logró arrancarle un gemido.

¿Te duele mucho? ―dijo una voz ronca detrás de él.

Draco giró de inmediato, sintiendo cómo el pánico comenzaba a gobernarlo. Para su sorpresa, Potter posó una mano sobre la suya mientras le dedicaba una mirada serena y profunda, intentando tranquilizarlo.

Esto… no…. ―jadeó sin poder completar una frase completa, no podía decir nada, no cuando Harry lo estaba mirando de esa manera.

Solo ríndete ―murmuró Potter mientras deslizaba una mano por su nuca, acercándolo hasta que sus rostros quedaron sólo a escasos centímetros de distancia―. Deberías ser capaz de sentirlo también, Draco.

Los ojos de Draco se entrecerraron mientras su respiración se volvía cada vez más agitada, sintiéndose completamente perdido ante la cercanía del cuerpo de Harry, pues sabía que esa camisa abierta era la única prenda que vestía; contrario a él, que estaba completamente desnudo. Su piel se erizó, pues la magia de Potter comenzaba a rodearlo otra vez.

No… no debería ser así… ―jadeó, intentando controlar los acelerados latidos de su corazón.

Harry soltó una pequeña risita y después negó con la cabeza, mirándolo con ternura.

Si puedes, intenta luchar ―dijo con voz suave, acercándolo cada vez más hacia él―, pero la verdad, no creo que logres vencer.

Y sin decir más, lo jaló hacia sí, hasta caer recostado nuevamente, con Draco encima de su cuerpo.

.

My Soul, your beats
Capítulo 10

.

―¡Estaré bien, papá! ¡Prometo traerte muchos obsequios! ―exclamó el niño pelirrojo, sonriendo ampliamente mientras se aferraba a su mochila.

―Estoy seguro de eso ―contestó su padre mientras acariciaba su cabeza.

Harry se agachó un poco y sonrió a su pequeño James, quien lucía realmente emocionado. Detrás de él, Hermione y Ron sonreían a sus propios hijos, quienes parecían no aguantar las ganas de correr hacía Luna y su esposo, Rolf Scamander.

―Has prometido portarte bien, Hugo ―dijo Hermione, soltando una pequeña risita―. Recuerda que el señor Scamander va a hacer un trabajo.

El pequeño bufó, un tanto decepcionado. En cambio, Rose no dejaba de mover las manos de un lado a otro mientras hablaba rápidamente con su padre, quien lucía particularmente nervioso ante las rápidas gesticulaciones de su hija.

―¡Tomaré muchas fotografías y después escribiré un ensayo sobre esto!

―No te esfuerces demasiado, cariño ―murmuró Ron un tanto preocupado.

Momentos después, los niños entraban a la sala de espera de la terminal de trasladores, seguidos por una muy sonriente Luna y su esposo. Harry volteó hacia sus amigos y les dedicó una sonrisa cómplice que ellos no tardaron en responderle.

―De pronto me han entrado ganas de un café… fuerte ―dijo Ron con un suspiro.

―Digo lo mismo ―contestó Hermione con diversión―. Por un lado me compadezco de Rolf, aunque bueno, los niños aprenderán mucho en este viaje.

―Eres cruel, Hermione ―murmuró Ron entre dientes, para después dirigirse a Harry―. ¿Qué dices, compañero? ¿Te animas a un café antes de irnos?

Harry sonrió y asintió con la cabeza.

―Pero será uno rápido, aún tengo que ir por los niños a la guardería ―contestó el auror mientras comenzaban a caminar.

―Oh, ¿qué tal van las clases para Scorpius? ―preguntó Hermione con curiosidad, aferrándose al brazo de su marido.

―Supongo que van bien… ―Harry se rascó la nuca y sonrió con nerviosismo―. Es un niño muy inteligente, Albus le ha estado enseñando también, así que en un par de días será todo un experto.

―No se te ve muy feliz ―comentó la castaña―. ¿Algo te preocupa?

―No, todo está bien ―contestó rápidamente, esperando que su amiga no hiciera más preguntas al respecto, pues no estaba seguro de estar dispuesto a responderle con honestidad.

―Yo sigo sorprendido de que Malfoy aceptara que cuidaras de su hijo ―murmuró Ron, pensativo―. Podría jurar que te hechizaría o algo parecido, pero no fue así.

―No es que a Draco le hiciera mucha gracia, pero no le quedó alternativa ―Harry se encogió de hombros―. Sus ―dudó un momento antes de continuar― amigos lo han presionado mucho con los ensayos; además, su madre nunca aceptaría que yo fuera a la mansión Malfoy.

Omitió mencionar que Scorpius había tenido mucho que ver con la decisión de su padre, después de todo, le había dado un argumento muy razonable a Draco: que éste estaría muy ocupado con los preparativos del concierto y no tendría tiempo para ayudarlo. Al parecer el pequeño tenía una enorme habilidad para hacer valer su deseo y voluntad, y al ver la forma en cómo se manejaba en su casa, apropiándose de ella, no tenía demasiadas dudas al respecto.

―Bueno, ahora tienen muchas oportunidades para estar juntos ―dijo Hermione, más para sí misma que para los hombres que la acompañaban.

Harry no pudo decirle que, no importaba cuanto lo intentara, Mikael Bertrand y Yuri Saucet no permitían que Draco hablara con él más allá de lo necesario.

o.o.o.o.o.o.o.o.o

Mikael llevó una mano a su boca e intentó ocultar un bostezo detrás del cuaderno de partituras que sostenía en ese momento. Odiaba los climas fríos, especialmente el de Inglaterra, que era mucho más brumoso y triste que el de Francia. Dirigió una mirada aburrida hacia Yuri y Draco, quienes se encontraban a un par de metros de él, eligiendo cuerdas para el violín del rubio, y no pudo evitar sonreír. Una escena similar había tenido lugar hacía varios años, en Paris, cuando su hermano aún vivía.

Inconscientemente llevó una mano a su pecho, tocando sobre la tela con las yemas de sus dedos el dije que se escondía debajo de su ropa. Suspiró, alzando la mirada, dejando que ésta se perdiera entre los estantes que se encontraban frente a él, viendo sin ver. Si hace seis años alguien le hubiera dicho que estaría allí, bajo esas circunstancias, se habría reído de inmediato. La vida sí que daba muchas vueltas.

Él lo sabía y por eso había hecho hasta lo imposible para llevarlo hasta ese lugar, manipulándolo, cosa que nadie había sido capaz de lograr. Eran hermanos después de todo.

―¿Estás segura de esto? ―gimió Draco.

―Por supuesto, te ayudará a sincronizarte con el estilo de Mike ―dijo la castaña mientras sonreía pícaramente― , ya sabes que es su pieza favorita.

―No estoy muy seguro de esto… ―murmuró el rubio con recelo―. El piano no es mi fuerte, menos este tipo de piezas…

Mikael se acercó a Draco por la espalda y lo rodeó por la cintura atrayéndolo hacia sí, causando que el rubio jadeara horrorizado mientras intentaba separarse de él. Sonrió. Sólo por unos momentos se permitiría tocar aquello que siempre le había estado prohibido. Por eso, comprobaría si ese hombre, Harry Potter, merecía esa oportunidad.

o.o.o.o.o.o.o.o.o

Harry apareció justo frente a su casa, llevando a Albus y a Scorpius de la mano, sonriendo ante la animada conversación que los pequeños mantenían en ese momento.

―Entonces, James prometió nunca más revisar las cosas de papá ―dijo Albus con una sonrisa divertida.

―Ya entiendo ―contestó Scorpius, soltando una risita―, yo nunca lo hago, pogque papá es muy cuidadoso con sus cosas.

Harry sonrió con ternura y después levantó la mirada, encontrándose con un muy ruborizado Draco Malfoy, quien desviaba la mirada, evitando que ésta hiciera contacto directo con él. Ninguno de los dos se movió, simplemente se limitaron a observarse… o más bien, a que Harry lo observara. Draco parecía sumamente nervioso e incómodo.

―¿Draco? ―preguntó Harry con incredulidad―. Pensé que vendrías por Scorpius a las siete.

―S-Sí, lo sé ―contestó el rubio frunciendo el ceño para él mismo―. L-lo que pasa es que han surgido algunos asuntos de último momento ―alzó la mirada y finalmente la clavó en los ojos verdes de Harry―. Necesito pedirte un favor.

Albus y Scorpius miraron a sus padres por unos momentos, para después intercambiar una mirada curiosa entre ellos.

Draco observó con atención cómo su pequeño Scorpius era guiado por Albus, el hijo de Harry, mientras intentaba conducir ese extraño aparato que, hasta ese momento, nunca había visto en funcionamiento. Suspiró, se sentía agotado y sumamente estresado. Giró levemente el rostro al sentir la presencia de Harry detrás de él, encontrándose con la cálida sonrisa que le dedicaba el auror.

―Toma ―dijo el moreno mientras extendía hacia él un vaso.

―Gracias… ―observo el líquido cristalino con curiosidad, abriendo los ojos con sorpresa ―. ¿Esto es…?

―Limonada ―completó Harry por él, para después dar un trago de su propia bebida, sin despegar los ojos de él―. Pensé que quizás te gustaría.

Limonada, una bebida muggle bastante común y corriente. Para cualquier otro mago, sería una bebida un tanto rara. Sin embargo, no era la primera vez que ellos dos compartían esa bebida en particular. Diez años atrás, cuando Harry Potter lo arrastró al mundo muggle por primera vez, le había comprado un vaso de esa misma bebida, para su horror, en aquel entonces. Sorprendentemente, le había parecido una bebida bastante rica, así que insistió en que Potter le comprara otra, sin importar que estuvieran a mitad de la película. Pero Harry no lo hizo, en su lugar, compartió lo que le sobraba, bebiendo los dos del mismo vaso… y después, disfrutando del sabor de la boca del otro.

Draco no dijo nada. Con manos temblorosas se llevó el vaso a la boca. ¿Por qué tenía que escoger precisamente esa bebida? Queriendo ignorar el hecho de que, en realidad, el recuerdo no le afectaba tanto como lo hacía la mirada y la cercanía de Harry.

―Está rica… ―murmuró, escondiendo la mirada detrás de los cabellos de su frente.

No podía mirarlo a la cara, no en ese momento. No sabía que podría pasar si lo hacía. Harry dio un paso hacia él, mordiéndose el labio. Las mejillas de Draco estaban sonrojadas, y Harry se moría por tocarlas otra vez. Lo había recordado, estaba casi seguro de ello. Las reacciones de Draco ante la bebida así se lo habían dejado saber. Y él no podría ser más feliz por eso.

Dos gritos se escucharon detrás de ellos, seguidos por un fuerte golpe.

Harry y Draco intercambiaron una rápida mirada y después corrieron hacia sus hijos, quienes se encontraban tirados en el suelo. Scorpius estaba sobre Albus, quien estaba abrazando al pequeño rubio mientras este temblaba ligeramente asustado.

―¿Están bien? ―preguntó Harry cuando llego con ellos. Albus asintió y miro a Scorpius con preocupación. Harry tomó al niño entre sus brazos y lo revisó rápidamente, verificando si estaba herido―. Vaya, creo que sólo estas asustado ―dijo con una pequeña sonrisa, tranquilizando a Draco que estaba detrás de él.

―¿Estás seguro? ―gimió Draco, moviendo los dedos de sus manos con nerviosismo―. Quizás debería llamar a un médico… o llevarlo de inmediato a San Mungo.

―Sólo está asustado, Draco.

―Albus me abgazo antes de caegme… ―sollozó el pequeño mientras se abrazaba un poco más a Harry.

Los ojos grises de Draco se abrieron con sorpresa y giro para ver a Albus, quien ya se encontraba de pie, notando el raspón en la rodilla del niño. Se mordió el labio con nerviosismo y dio dos pasos hacia él, para después agacharse hasta quedar a su altura.

―Gracias ―extendió una mano hacia él y le sonrió agradecido.

El niño sonrió feliz ante el gesto y asintió, tomando la mano del mayor. Harry y Scorpius los miraron a los dos y después entre ellos, compartiendo una sonrisa similar.

―¿Estás seguro de esto? ―preguntó con preocupación mientras Draco se arrodillaba en el suelo, frente al sofá―. No es necesario que lo hagas.

―Dije que puedo hacerlo ―bufó el rubio, sin evitar el fuerte sonrojo que cubría sus mejillas―. ¿Podrías darte prisa?

Harry desvió la mirada un momento y después suspiró, avanzando los pasos que lo separaban de Draco. Se arrodillo junto a él y lo vio directo a los ojos, comprendiendo que esto no era nada fácil para él, pero que aun así estaba decidido.

―¿Quieres que te diga cómo? ―preguntó Harry con una pequeña sonrisa.

El rubio asintió, frunciendo el ceño mientras se concentraba. Entonces Harry le entrego la caja del botiquín de primeros auxilios y los dos alzaron la vista hacia Albus, que se encontraba sentado frente a ellos, junto a Scorpius, quien miraba todo con atención.

―Sólo he hecho esto una vez… ―murmuró Draco un poco aprehensivo, para después mirar a Albus a los ojos―. Dime si llego a lastimarte.

―¡No se preocupe! Me he caído en muchas ocasiones, esto no es nada ―exclamó el niño con entusiasmo, causando un jadeo levemente escandalizado en el mayor de los Malfoy.

El pequeño asintió y Draco comenzó a limpiar la herida de su rodilla con cuidado, bajo la intensa mirada de Harry, quien no podía despegar la mirada de Draco, sentado junto a él, curando a su hijo. Momentos después, Albus lucía una curiosa bandita de colores en la rodilla y Draco no podía sentirse más orgulloso de sí mismo en ese momento.

―Bueno, creo que no lo he hecho del todo mal ―suspiro el rubio con alivio, observando cómo los dos niños se levantaban de sofá y se iban nuevamente a jugar.

―He de decir que estoy impresionado, ¿dónde aprendiste? ―preguntó Harry con curiosidad.

―Bueno… ―desvió la mirada por un momento―. Cuando iba a la universidad.

Harry frunció el ceño, sintiendo una ligera y ridícula punzada de celos. Sabía que no tenía derecho, pero no podía evitarlo. Cada vez que el pasado de Draco salía a flote, no podía dejar de sentir cómo la distancia entre los dos se hacía cada vez más grande. Apretó los labios, furioso consigo mismo; eso era algo con lo que tendría que aprender a vivir. Afortunadamente, Draco ya no parecía tan renuente a dejarlo ser parte de su vida otra vez.

Un carraspeo lo trajo de vuelta a la realidad. El rubio lo miraba fijamente, un poco extrañado ante el repentino silencio. Harry sonrió, intentando ocultar su nerviosismo, aunque en realidad no creía estar logrando su objetivo.

―Cierto, dijiste que necesitabas un favor… ―comentó con rapidez, queriendo ganar un poco de tiempo para controlar sus emociones.

Draco palideció ante la pregunta, y nuevamente evito tener contacto directo con su mirada.

―B-Bueno, sobre eso… ―lo miro de reojo con sus enormes ojos grises, y Harry supo que no sería capaz de negarse a su petición, fuera lo que fuera.

o.o.o.o.o.o.o.o.o

Draco se encontraba con los ojos cerrados, intentando encontrar la concentración que necesitaba. Suspiró y después coloco sus finos y largos dedos sobre las teclas del piano frente a él. Abrió los ojos y frunció levemente el ceño al leer la partitura. Hizo un ligero puchero y comenzó a tocar.

Ígor Stravinsky – Los cuatro movimientos de Petrushka
Primer Movimiento: "Baile Ruso"

El piano no era su especialidad, eso lo había sabido desde su primera lección en la universidad. Aquel instrumento no iba para nada con su estilo, aunque debía admitir que algunas de sus piezas favoritas eran precisamente unas sonatas y conciertos para piano. Aun así, no entendía por qué la gente a su alrededor insistía en hacerlo tocar. Para él, el violín siempre había sido, y sería siempre, una extensión de su propio cuerpo. Tocar algún otro instrumento le parecía inaceptable, sin embargo sabía que no tenía otra opción, puesto que la vida de los músicos como él era sumamente complicada.

Forte [1]―dijo una voz masculina a su lado.

Draco frunció el ceño, sintiendo esa voz como un puñal. Estaba molesto, no le gustaba que otros le dijeran qué hacer. Suspiró por lo bajo y obedeció, ejerciendo un poco más de fuerza sobre las teclas del piano.

Forte ―habló esta vez una voz de mujer.

Draco apretó los labios, intentando controlar la furia que comenzaba a nacer dentro de él. Vale, sabía que esta pieza era un tanto complicada y que consistía en muchos fortissimos y unos cuantos mezzofortes [2]. Se mordió levemente el labio y asintió. Las páginas de la partitura cambiaron, dando lugar a una pequeña variación en la melodía. Momentáneamente había pasado a una serie de pianissimos [3] y eso no era tan difícil. Aunque claro, los fortissimos no tardaron en volver.

Fortissimo ―dijo nuevamente la voz masculina, esta vez, con un ligero tinte de diversión.

Bien, había llegado al límite. ¿Querían forte? ¡Por Merlín que se los daría! Los dedos de Draco se movieron con más fuerza y rapidez, dejando que su magia retumbara por cada rincón de la habitación. Le dolían los dedos, pues no estaba acostumbrado a tocar de esa manera, pero ya estaba cansado.

Al terminar, se puso de pie con un sólo y rápido movimiento, quedando tieso como una tabla frente al piano. Su magia no había dejado de vibrar, y las yemas de sus dedos estaban muy rojas. Aunque realmente no le importaba mucho en ese momento. Giró rápidamente el rostro y clavó su mirada en Yuri y Mikael, quienes lo miraban con sonrisas falsamente inocentes.

―Ustedes… ―murmuró por lo bajo, furioso, apretando fuertemente los puños.

Yuri se mordió el labio, divertida.

―Oh, Draco… ―dijo la chica entre risas, sin poder contenerse―. Deberías verte…

―¡¿Te estás burlando de mí? ―exclamó indignado, acercándose a la chica, que no tardó en esconderse detrás del moreno.

―Vamos, Draco ―intervino Mikael, sin dejar de sonreír―. No te lo tomes tan a pecho.

El rubio apretó los labios, sintiendo que la ira comenzaba a quemar cada gota de su sangre. Estaba por sacar su varita, cuando la puerta del salón se abrió. Harry Potter estaba en el marco de la puerta, extrañado, mirándolos a los tres. Y así como vino la ira, se fue, dando paso a otra clase de sentimientos que no tenían nada que ver con ella. Como la vergüenza, por ejemplo.

―Pensé que habían dicho que se comportarían ―dijo el auror con curiosidad.

Draco desvió la mirada, nervioso. Yuri y Mikael simplemente se encogieron de hombros.

―Sólo intentamos ayudar ―dijo la castaña sin preocupación.

―Sí, claro ―masculló Draco entre dientes, ofendido.

―¡Oye! Esta pieza te ayudará a coordinarte y entender mejor con el estilo de Mike, no es mi culpa que solo seas bueno con los piannisimos ―bufó la joven mujer.

Draco abrió la boca, con toda la intención de replicar ante ese comentario, pero la mirada curiosa de Harry lo detuvo.

―Lo siento ―dijo con voz suave, sin saber qué otra cosa decir.

―No te preocupes ―contestó el moreno con una sonrisa―. No es que les haya reclamado nada ―se encogió de hombros―. Pero los gritos y la magia sonaban hasta el jardín, ahora entiendo por qué se dañó el piano de tu casa ―agregó sin dejar de sonreír.

Draco enrojeció avergonzado, y después dirigió una mirada asesina a sus dos compañeros. Yuri era una pianista extraordinaria, pero eso no dejaba de lado su talento para con el violín. Ella y Mikael poseían una gran reputación como músicos, al igual que Draco, aunque éste concentraba su habilidad en un sólo instrumento.

Hasta esa misma mañana, los tres habían estado practicando con relativa normalidad, puesto que los roces entre Draco y Mikael eran constantes y eso les dificultaba un poco los ensayos. Yuri era, por así decirlo, una mediadora entre los dos, ya que sin ella lo más probable es que terminaran matándose antes del evento y eso no era conveniente. Por supuesto, eso no evitaba que ella también se divirtiera con el rubio. Así fue como, en una mañana que pintaba ser común y corriente, la sala de música de la mansión Malfoy había sido devastada, junto a la mayoría de los instrumentos que ahí se guardaban, por los hechizos de un furioso Draco. Para su fortuna, su violín se encontraba en Suiza, pues uno de sus compañeros de universidad se había ofrecido a realizar el mantenimiento necesario para su presentación.

Sin embargo, uno de los pianos se había visto severamente afectado por el estallido de magia del rubio. Era imposible repararlo de la noche a la mañana. Había preguntado a todas sus amistades, pero desafortunadamente, ninguno de ellos contaba con un piano de las características que necesitaba.

Fue entonces que Mikael sugirió la brillante idea de preguntarle a Harry Potter. Draco aún no sabía cómo es que se había enterado de que el auror poseía un piano mágico en su casa, pero estaba casi seguro de que su hijo tenía algo que ver con eso, después de todo, al tío Mike le encantaba sacarle información a su pequeño sobrino. Así pues, se vio en la necesidad de recurrir a Harry, so pena de soportar el mal genio de Yuri Saucet.

―El piano es magnífico, señor Potter ―dijo la castaña mientras acariciaba las teclas con un dedo―. Calidad como esta es muy difícil de encontrar.

―Oh no, por favor llámame Harry ―contestó el auror un poco avergonzado―. Yo no sé tocar el piano, así que no puedo darle el uso que merece; me da gusto que les sea de utilidad.

Sus miradas se conectaron entonces, sólo por un breve momento. Hasta que la mansión tembló.

―¿Terremoto? ―preguntó Mikael con curiosidad.

―No, creo que no es eso… ―murmuró Draco.

―Alguien está intentando evadir mis protecciones ―dijo Harry un poco sorprendido, dirigiéndose a la entrada de su casa.

Encontrar a Pansy Parkinson, agitada y sonrojada, completamente furiosa, era algo que no se esperaba. Mucho menos ser atacado con un Desmaius.

o.o.o.o.o.o.o.o.o

¡Ennervate! ―gritó Draco, apuntando con su varita a un muy inconsciente Harry Potter.

Harry abrió lentamente los ojos, sintiendo como si la cabeza fuera a estallarle en cualquier momento. Hizo un intento por levantarse, pero una mano sobre su hombro se lo impidió. Con un poco de esfuerzo logró enfocar a la persona arrodillada junto a él. Draco se veía ansioso, ligeramente mortificado, y jadeaba.

―¿Draco?

―¡Merlín! ―suspiró el rubio con alivio―. Por un momento pensé que despertarías hasta mañana.

―¿Los niños? ―preguntó un poco aturdido.

―Mikael está con ellos ―Draco frunció ligeramente el ceño―. ¿Quieres que llame a un médico?

Si no se hubiera sentido tan aturdido, hubiera sonreído.

―No, estoy bien ―murmuró con un poco de dificultad.

―Has recibido directamente el hechizo, pero creo que se te pasará en un par de minutos.

―¿Quién…? ―no pudo terminar la pregunta.

Draco se mordió el labio, mortificado. Se alejó un poco de Harry, dándole la oportunidad de sentarse.

―Pansy ―dijo finalmente, clavando sus ojos grises en él.

―¿Parkinson?

A su cabeza llegaron las imágenes de lo ocurrido. Una colérica Pansy Parkinson le había atacado al instante en que había abierto la puerta de su casa. Harry alzó la mirada y se encontró a Draco, nervioso y preocupado mientras caminaba de un lado a otro de la habitación. Suspiró.

―No puedo culparte si la denuncias. Estuvo mal lo que hizo, no tiene justificación.

―¿Pero? ―preguntó Harry, sin despegar sus ojos de él.

Draco suspiró.

―Es mi amiga, es todo lo que puedo decirte. Lo hizo porque pensaba en protegerme ―bufó, dándole la espalda―. Es una tonta.

Harry sonrió sin poder evitarlo. Como pudo, se puso de pie y caminó hacia el rubio, hasta quedar detrás de él.

―La verdad es que no puedo culparla ―dijo Harry, muy cerca de su oído.

―¿Qué…? ― jamás pudo completar la pregunta.

Sus labios fueron sellados de inmediato por los de Harry, quien aprovechó su sorpresa para rodearlo con sus fuertes brazos y girarlo hacia él, aprisionándolo contra su cuerpo. Draco intentó separarse, resistirse, pero no pudo hacerlo. Su cabeza empezó a dar vueltas, una y otra vez, mientras sus piernas comenzaban a perder la fuerza que necesitaba para seguir de pie. Alzó sus manos y, de manera inconsciente, se aferró a él.

Harry, por su parte, se moría de felicidad y frustración. No había podido resistirse, habían sido muchos los momentos en los que se había detenido, pues sabía que todos sus esfuerzos podrían ser en vano si se dejaba dominar por sus impulsos. Sin embargo, tener a Draco tan cerca, momentáneamente vulnerable, había derribado todas y cada una de las barreras que el mismo construyó.

Pasaron un par de minutos, quizás un poco más, realmente no estaba seguro de cuanto, pero al no recibir respuesta, comenzó a separarse. No fue mucho, quizás sólo un centímetro, pero fue suficiente para que escuchara el suave gemido de los labios de Draco. Harry abrió los ojos y se encontró con el rostro sonrojado y jadeante del rubio, quien lo miraba con los ojos entrecerrados, intentando controlarse. Lo estrujó aún más contra su pecho y lo besó otra vez, metiendo una rodilla entre sus piernas, sosteniéndolo. Y esta vez, sí fue correspondido.

Entonces, todo a su alrededor desapareció. Ya nada importaba. Poco a poco, los dos fueron caminando hacia atrás, hasta que Harry cayó sobre el sofá, con Draco recostado sobre él. Sin dejar de besarse.

Se escuchó un ruido, seguido de un silbido.

Harry y Draco se miraron por un momento, jadeantes, para después girar el rostro. En la puerta, Mikael Bertrand los miraba con una sonrisa socarrona.

―Eso no es justo. Soy el único que se pierde de la diversión.―bufó el moreno con diversión―. Menos mal que los niños juegan en el jardín, aquí dentro podrían pervertirse.

Harry frunció el ceño, molesto ante la interrupción. Pero toda molestia desapareció al ver que en la otra habitación, tras Mikael, Yuri Saucet estaba sobre Pansy Parkinson, besándola, y al parecer, intentando desnudarla.


[1] Forte: (del italiano forte, fuerte) es un término utilizado en notación musical para indicar una determinada intensidad en el sonido, es decir, un determinado matiz. La intensidad que indica es fuerte, mayor que la que indica mezzoforte y menor que la que indica fortissimo.

[2] Mezzoforte: del italiano mezzo, medio, y forte, fuerte) es un término utilizado en notación musical para indicar una determinada intensidad en el sonido, es decir, un determinado matiz. La intensidad que indica mezzoforte es moderadamente fuerte, mayor que la que indica mezzopiano y menor que la que indica forte.

[3] Pianissimo: (del italiano muy suave) es un término utilizado en música para indicar una determinada intensidad en el sonido, es decir, un determinado matiz. La intensidad que indica pianissimo es muy baja, menor que la que indica piano.

.

¡Hola!

¿Qué tal andan? ¿Todo bien?

Aparezco después de… casi un mes :'D

Disculpen por tardar tanto en actualizar, la verdad es que he estado ocupada, pues DEBO avanzar en mi fic para el hpbigbang_es

La verdad, me estoy esforzando mucho y creo que me está quedando un poco decente :'D, por supuesto, todo gracias a mi maravillosa beta motoko_cydalima y a mis cheerleaders: Jenny_anderson, poison_d90 y loyle .

¡CASI LLEGO A LAS QUINCE MIL PALABRAS!
Gracias por el apoyo, chicas ^ ^

Espero que hayan disfrutado del capítulo. ¡Ya no falta mucho para terminar!

No digo más porque se me escapan los spoilers -.-

Me voy a contestar los rvws del cap. Anterior y después a escribir… probablemente, depende de si me distraigo o no orz

¡Un beso ENORME!

Las quiero *A*