Disclaimer: el fanfic es una traducción autorizada del original "The Adventures of Greene and Dixon" de la autora apenny12. Tanto el universo de The Walking Dead como sus personajes no nos pertenecen a ninguna de las dos, sino a su creador, Robert Kirkman.

#121: Confesión

Beth avivó el fuego, pinchó los trozos de comida en un palo largo y miró pensativamente las llamas. Podía oír a Daryl afilando su cuchillo en una piedra mientras estaba sentado frente a ella. Habían marcado su perímetro con cordeles y tapacubos de plástico de un coche abandonado que se habían cruzado cuando cayó la prisión enroscados en ellos. Habían añadido unas cuantas latas y botellas de plástico, dándoles un poco más de seguridad.

Habían desarrollado un buen sistema en el que Daryl cazaba y Beth le ayudaba a limpiar y cocinar la carne. Luego comían mientras tenían conversaciones informales sobre absolutamente nada; compartiendo pedazos y retales de su vida anterior. Beth participaba más en la conversación que Daryl, y pronto descubrió que Daryl no era la clase de persona que contara nada por iniciativa propia. Le daba pequeños y vagos fragmentos de su pasado para apaciguar su curiosidad, pero nada de gran relevancia sobre su vida. Fue entonces cuando ella decidió que empezaría a hacerle preguntas. Si le preguntaba por partes de la historia, le haría explicarse con más detalle, y finalmente podría ser capaz de imaginarse todo el cuadro.

Él compartía de mejor gana cosas con ella, dándose cuenta de que no iba a dejarle responder con monosílabos, y ella sentía que ahora se conocían mejor el uno al otro de lo que había conocido a la mayoría de las personas que estaban… habían estado en su grupo.

Beth le miró. Estaba afilando metódicamente su cuchillo, pero parecía más perdido en sus pensamientos que afilando realmente la hoja. Decidió que habían permanecido en silencio el tiempo suficiente. Ella necesitaba tener una conversación y él necesitaba volver al estado de Georgia desde el planeta que estuviera visitando.

"¿Cuándo es tu cumpleaños?" le preguntó en voz baja.

"¿Qué?" Daryl parpadeó un par de veces y se volvió hacia ella.

"¿Cuándo es tu cumpleaños?" recalcó tranquilamente cada palabra.

"En enero", contestó Daryl.

"¿Qué día?" indagó Beth.

"El seis", respondió él.

"¿Qué año?" Beth trató de fingir indiferencia.

En secreto, había estado intentando hacer que le confesara su edad durante semanas. No entendía cuál era el problema. No le estaba haciendo ningún tipo de profunda y significativa pregunta. Sólo quería saber qué edad tenía y, por algún motivo, se negó rotundamente a divulgar aquella información, lo que había hecho que Beth quisiera saberlo con más intensidad.

"En el siglo veinte", comentó inteligentemente.

Beth puso los ojos en blanco, "Al final voy a sonsacártelo".

"Puedes intentarlo", sonrió Daryl.

"¿Es un desafío?" Beth entrecerró los ojos.

"Tómatelo como quieras", la mueca de Daryl se amplió hasta una media sonrisa.

Beth le miró con cansancio. Él la ignoró e inspeccionó la hoja de su cuchillo de caza, pasando el pulgar por el filo para probar lo afilada que estaba. A veces le molestaba que él apenas le preguntara cosas sobre ella. No sabía si a él simplemente no le interesaba saber mucho de ella o si se sentía como un cotilla.

"¿Cuál es tu segundo nombre?" Beth le hizo la siguiente pregunta que saltó en su cabeza.

"No tengo", Daryl no parecía sorprendido por su aleatoriedad, pues se había ajustado a lo improvisado de sus pensamientos.

"¿En serio? ¿Y Merle?", tanteó el terreno.

Daryl la miró, pero ella se aseguró de que su expresión pareciera de simple curiosidad.

"Él tampoco tenía uno", dijo en voz baja.

"Bueno", empezó Beth, "no es raro. Hay un montón de gente que no tiene segundo nombre".

"Joder, tuve suerte de conseguir un nombre de pila", su comentario sarcástico parecía cargado de resentimiento.

Beth se quedó callada, dejándole libertad para terminar o continuar la conversación.

"Mi madre no nos cuidó mucho. Siempre era Merle y yo. O sólo yo si Merle estaba en el reformatorio", le explicó Daryl.

Beth asintió, no queriendo ofenderle presuponiendo nada o haciéndole una pregunta inapropiada cuando estaba en terreno peligroso mencionando a Merle.

"De todas formas no le doy mucha importancia a los nombres de la gente", terminó Daryl.

Beth pegó las rodillas al pecho, dejando descansar la barbilla en sus vaqueros deshilachados, y se mordió el labio inferior, "Mi nombre significa mucho para mí".

Daryl dejó de juguetear con su cuchillo y la miró. No estaba segura de si él estaba esperando que siguiera, queriendo saber la importancia de su nombre, o si sabía que al final ella acabaría entrando en detalles.

Decidida a no quedarse hundida en sus pensamientos, Beth le dijo, "Beth Ann Greene. Ann es un diminutivo de Annette… por mi madre".

Hubo un silencio pesado.

"Creí que Beth era el diminutivo de algo elegante", admitió Daryl, girándose hacia el fuego.

Beth notó el sutil cambio en su comportamiento. Estaba preocupado por si su comentario anterior la había ofendido. Decidió quitarle el peso de encima, y dijo el primer comentario inteligente que se le vino a la cabeza.

"Estoy llena de sorpresas", le chinchó ella.

Daryl bufó, obviamente divertido, y ella sintió alivio de que su comentario se hubiera llevado la incomodidad de Daryl.

La conversación acabó en un punto muerto, con ambos mirando al fuego en un agradable silencio. Beth volvió a avivarlo y Daryl sacó otro cuchillo para afilar. Cuando él se detuvo a la mitad, ella le miró.

"¿Cuándo es tu cumpleaños?" le preguntó tras una breve pausa.

"El treinta de agosto", le respondió Beth con una sonrisa.

Puede que él se preocupara más de lo que ella pensaba.

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