Disclaimer: Sailor Moon volverá a la pantalla chica una vez más, esta vez basada en el manga. Lástima que ninguna versión me pertenezca ='(
"Día diez: Outer senshis."
Estaban disfrutando del festival. La ventaja de ser a penas un grupo emergente, era quizá que aún podían pasar desapercibidos; la única que tenía que ocultarse era sin duda Mina, quien había optado por salir de melena castaña esa tarde, con unas gafas que para nada tenían aumento, pero que sin duda lograban darle facciones diferentes a las propias. Los demás llevaban o gorras o lentes de sol y como el sol pegaba bastante fuerte a esa hora, no se podía decir que estuviesen ocultándose.
Llevaban bastante rato dando paseos por los comercios que estaban establecidos cerca de la playa, atiborrada ya de gente con deseos de divertirse. Estaban enfrascados en conversaciones un tanto banales cuando de repente algo dentro de una tienda de artesanías llamó la atención de Yaten.
Se detuvo de inmediato, mirando a través de la vitrina el pequeño objeto que había llamado su atención. Era una colección de llaveros con las letras del abecedario, cada una con una figura como pareja. La que había atraído su mirada era la figura tallada de una libélula, con una H como compañera en la cadena que colgaba del aro.
-Es muy hermoso.
Mina en un instante ya estaba a su lado, con su rostro pegado al del chico, casi descansando sobre el hombro de éste. El platino estaba ya tan acostumbrado a las mañas de la rubia (ahora castaña), que ni siquiera se sobresaltó al sentir su aliento en su mejilla. Por el contrario, se irguió sin aviso y la chica casi es golpeada por el cuerpo del mismo, pero consiguió alejarse justo a tiempo para verle entrar a la tienda.
-¿Vas a comprarlo?
Yaten no se molestó en mirarla para responderle con ese tono amargo tan característico de su persona.
-¿No es obvio?
Mina infló los cachetes molesta, antes de seguirlo dentro de la tienda.
-Bruto -murmuró a sus espaldas.
No demoraron mucho. Yaten sólo tenía intenciones de comprar un sólo objeto, uno solo y nada más. Mina no tuvo opción mas que seguir los pasos del chico tan pronto se dispuso a abandonar la tienda. Cierto era que quería ver más a detalle las artesanías que vendían, pero sentía más curiosidad por el motivo de aquella compra. No se sorprendió de ver que los demás los habían esperado afuera, dos tiendas más adelante; era obvio que se habían percatado de la ausencia de los mismos.
Serena fue la primera en atacar a Yaten con la pregunta que Mina había deseado hacerle desde que pagó por el objeto. Pero el chico pareciera que quisiera ignorarla todo el tiempo.
-¿Qué compraste Yaten?
Sin embargo, con Serena era diferente, notó Mina, estupefacta de ver la sonrisa abierta en el rostro del chico al que llamaba gruñón.
-Esto. -Contestó, mostrándole a Serena el llaverito con las dos piezas talladas de madera: la libélula y la letra H -Es para mi hermana. -Explicó.
Y Mina registró de inmediato aquella información, en todo el tiempo que llevaban juntos no había reparado en la familia de ninguno de ellos y sintió deseos de golpearse mentalmente, había sido descuidada.
Serena acarició el objeto frente a sí usando su mano derecha, le miró con detalle y el chico no puso objección por el tiempo que se demoraba la chica en admirar el objeto.
-La pequeña Andrea se pondrá muy contenta. -Exclamó, Yaten ensanchó su sonrisa, convencido de aquello.
Y Mina abrió los ojos confundida.
"Pero si su hermana se llama Andrea, ¿por qué eligió un llavero con la letra H?", se cuestionó mentalmente. Y así de rápido como le vino aquella pregunta, le llegó también una posible forma de dar con la respuesta. Disimuladamente, como quien revisa la hora en su reloj, se comunicó con su pequeño guardián, yendo, como era su costumbre, directo al grano. -Artemis, ¿cuál decías que era el nombre de Sailor Saturn?
Para su suerte, Artemis era igual que ella y de inmediato respondió.
-Se llamaba Hotaru en su otra vida, ¿por qué?
Una sonrisa ladina se acomodó en el rostro de la rubia, mientras veía directamente al chico que tenía en frente.
-Qué interesante. -Se rió.
¡Bendita esencia de Venus que se había dignado en agraciarla en esta vida!
Había encontrado, sin quererlo, a la primera de las outers.
Hotaru Sailor Saturn.
Drive my soul - Lights
Estaban en una tienda de mascotas, sin verdadera intención de comprar alguna. Simplemente se habían metido a bobear, por decirle de alguna manera. Ese día había sido de práctica para el grupo de porristas y no podían realmente quejarse teniendo el campeonato a la vuelta de la esquina. Así que a pesar de no ser día de escuela, habían tenido que ir a ésta y encima temprano. Pero para la chica de ojos violeta aquello no representaba ningún problema.
La noche no le causaba estragos sino lo contrario. De modo que el sueño tampoco le duraba mucho. Por ende no tenía realmente necesidad de relajarse paseando de aquella manera, pero era más fácil siendo quien era.
-Andrea, ya vámonos -llamó una de las chicas con el uniforme de porrista.
La aludida, que no era otra que la "hermanita" de Yaten despegó al fin los ojos de la enorme pecera que adornaba la pared.
-Ya voy -respondió, corriendo a la entrada del local para alcanzar a sus compañeras.
Se había perdido mirando a una estrella de mar pegada al vidrio, al fondo de la pecera. Sus ojos la habían encontrado y al hacerlo se habían perdido dentro de ella. Se había dejado jalar por esa energía, como siempre le ocurría cada que ésta reaparecía como hologramas de colores frente a sus ojos.
Sus ojos.
Tan llenos de ese poder de vida y destrucción.
Sabía perfectamente bien quién era, al mismo tiempo en que lo ignoraba. Como toda una geminiana, ella era las dos caras de una moneda. A veces una, a veces la otra. A veces destruía y a veces creaba. A veces su sailor interna despertaba y a veces se dormía. La única de las sailors que había acompañado a todas y cada una de las soberanas de la Luna hasta que la esencia de la misma renació. Aquella misma esencia que se le había escapado de las manos cuando el jardín de semillas estelares se creó.
A menos que sus planetas natales fuesen destruídos, las sailor senshi no desaparecerían del todo y sus cristales les permitirían renacer una y otra vez, hasta que fuesen capaces de fusionarse con la energía del mismo. Saturno era el único que poseía vida y muerte en equidad de condiciones, lo que significaba que en cierto modo era eterna. Con lo que había logrado juntar poco más de 200 seguidores, conocidos ahora como sus satélites. Todos ellos se habían vuelto tan longevos como ella. Y era de esperarse. Después de todo tanto ella como Plut eran hijas de Chronos.
El primer mal del universo.
En aquella primera pelea la soberana de la Luna se llamaba Artemisa, mientras que su hermano y amante no era otro más que Apolo. Con el tiempo los nombres fueron cambiando y las sailors de estrellas, es decir, las descendientes de la luz, el Reino Solar, se habían ido apagando hasta casi desaparecer. Mutado o transformado si se quisiera decirle de otra forma, no estaba segura. Pero en algún punto, los planetas se hicieron de esa misma energía, la misma que había sido concedida por el resplandor de las estrellas, siendo el favorito, la Tierra.
Era de esperarse que siendo el dios del sol su compañero, la Luna siguiera brillando tan intensamente. Y Saturn, la única que había presenciado y participado en todas las batallas contra el caos desde el origen del Universo.
-¿Vendrás esta tarde al cine con nosotras Andrea?
La de ojos violetas levantó la mirada rompiendo de nuevo aquél hechizo.
-Claro -respondió sonriente -No puedo quedarme en casa ahora que Yaten no está. Pero dejó algo para divertirnos -exclamó contenta enseñándoles el disco que su hermano le hubiese obsequiado dos semanas atrás.
-¡Aaahh! -gritaron emocionadas sus amigas, que de inmediato la rodearon.
No podía evitarlo. Siempre sería así. Hasta que no la llamara aquella a la que le había jurado lealtad eterna su despertar sería un ir y venir constante. Y dicho despertar seguiría afectando a quienes la tuvieran cerca y que ella deseara le reconocieran.
"Hotaru", pensó. "O libélula". Para ella era tan exacto a su persona aquél nombre, que lo había adoptado incluso en esta nueva vida. Y se lo había dejado saber a su hermano, quien, dominado por el hechizo de ella, ni siquiera se daba cuenta del cambio que hacía cuando estaba con ella y últimamente también estando lejos de ésta. De hecho, todos aquellos recuerdos que poseía el platino habían estallado en su mente porque ella se los había reventado cuando se le venía en gana.
Sólo había una, aparte de ella misma, que tenía ese mismo poder de presentarse frente a ella cuando no estaba despierta y despertarle. La esencia misma de la Luna, Serenity, una vez reencarnada en Usagi Tsukino.
La única que le había dado la habilidad en su última vida de no morir tras usar su energía de destrucción, sino renacer o rejuvenecer a la edad de un bebé y por ende sólo ella podía llamarla de nuevo a combate. En su primera vida el regalo que le dio fue el de la esperanza. Tanto a ella como a Plut, las había liberado del castigo de tener que corregir los errores de Chronos y absorber los estragos de éste. Artemisa le había dado el don del Renacimiento. Aprendió de ella que todos merecían una segunda oportunidad y fue por eso que muchos de sus seguidores habían sido perversos en un inicio. Como Pandora por ejemplo.
Pero Artemisa era apenas un reflejo de la Luna y cuando fue reemplazada por su hija, aquella tradición de redención se fue perdiendo con el paso del tiempo. A pesar de eso, ella siguió sirviendo al imperio lunar, aunque desde lejos. Sólo hasta que Pharaon 90 atacó fue que Sailor Saturn permaneció dormida, semi-muerta. La entonces reina Serenity usó el cristal de plata para concederle el pelear contra aquél enviado del mal y permitirle reencarnar en donde dicho enviado apareciera. Confiaba en que su poder de destrucción absorbiera a dicho enemigo. Pero ese poder había sido tan inmenso que cuando el Milenio de Plata se destruyó la primera hija de Chronos cayó presa de un profundo sueño de abandono, ocasionando que el enviado del mal despertara antes que ella.
Para su suerte, la esencia de la Luna, la energía misma de ésta había reencarnado también en la forma de Usagi Tsukino. Ella era el enviado del bien, designada así desde su concepción en el Caldero Mágico. Por eso su adoración con Rini había sido tan absorbente, porque deseaba seguir al lado de la madre de ésta. Ahora que la sabía eterna igual que ella, ahora que al fin esa esperanza renacía...
Y sin embargo, ni siquiera esa luz estaba libre de sufrimiento.
Eos y Serenity habían estado prometidos el uno al otro. Ambos esencias mismas de estrellas, ambos guardianes sin saberlo de la Tierra. Pero en la primera batalla contra el caos, Saturn había llegado muy tarde y no había conseguido salvar a Eos a tiempo. Al final, tan avergonzada estaba de fracasar en la protección de la felicidad de su princesa, que se había sacrificado para controlar al caos; reduciendo su poder a casi nada y permitiendo con ello el que sailor galaxia le encerrara al fin. No había usado todo su poder de destrucción, la actual reina se lo había impedido a sabiendas de que ocuparía de ella en una batalla próxima; pero ni así quiso volver al Milenio Plata y activó por su cuenta aquél poder que su soberana había impuesto en ella: se durmió a espera de su última pelea contra el enviado del mal; a quien planeaba derrotar para luego finalmente dejarse morir. Destino que se vio frustrado cuando Metalia destruyó al Milenio de Plata y su espíritu se quebró suspendido en el tiempo hasta dar con la época en la que Pharaon 90 despertó.
La morena sintió el peso de una manta caer sobre su espalda, sobresaltada miró a la chica que se la había puesto.
-Dafne -exclamó.
La aludida, una peliroja de ojos esmeraldas, le sonreía con semblante preocupado. Estaban en casa de una de las chicas escuchando el disco de su hermano y su compañera había notado el instante en el que la morena se perdiera en sus pensamientos, luciendo cada vez más llena de nostalgia que antes.
-Te notas muy triste, ¿está todo bien?
-Sí, extraño a Yaten después de todo. -Contestó sonriendo.
A lo que su compañera negó con la cabeza, como reprochándoselo.
-No es necesario que me mientas, Hotaru.
Hotaru sonrió con tristeza.
-Lo sé.
Dafne era una de sus sacerdotisas, una de sus seguidoras, una soberana de uno de sus tantos satélites. Una que secretamente llevaba consigo desde el Milenio de Plata, cuando la mayor parte de sus deberes era ser niñera de la pequeña Serenity, justo como lo sería después de Rini.
-Saturn.
No cabía duda, pensó la sailor del cambio mientras sonreía a la pequeña que corría delante de ella rumbo al lago congelado, lista para patinar de la mano de su prometido. Entonces dichos niños tenían apenas nueve años y ella ya estaba por los 16. Aquellos sin duda, pensó, eran las almas mismas de Artemisa y Apolo y se preguntó si en esta nueva vida conseguirían seguir juntos hasta envejecer. Tuvo que aprender a la mala que a veces al desear algo con fuerza, ocurre exactamente lo contrario. El chico murió antes de que aquél compromiso fuese oficial.
La vio entonces por hechizo del difunto, olvidarse del mismo. Huir a la Tierra y enamorarse por segunda vez, aunque ella sintiera que era la primera. Todas lo dejaron pasar, esperando que simplemente ella pudiese alejarse del dolor. Pero Saturn sabía la verdadera razón detrás de aquél nuevo enamoramiento, la semejanza entre uno y otro era casi perfecta. Subconscientemente Serenity había visto algo de Eos dentro de Endymion.
Dejó que pasara, demasiado avergonzada para negarle nada. Había sido su culpa el no haber estado ahí para protegerlo. Pero parecía que sólo tomaba las decisiones equivocadas, pues apenas dos años después, el Milenio de Plata fue destruido y con ello su esperanza.
Fue allí que Dafne se unió a su otro guardián para mantenerla cuidada en su nuevo despertar. Aquél otro guardián no era otro que su padre. Quien siempre estuvo conciente de quién era ella y lo que podía hacer. Era el más grande de todos, Titán, siempre cercano a Saturno. Pero el poder oscuro era tan fuerte, que en su intento de despertar a la sailor, había sido absorbido por la energía negra y terminado más bien trabajando para despertar al enviado del mal.
Hotaru había sido entonces y siguió siéndolo después. Una luciérnaga que habita en la oscuridad pero capaz de iluminar tenuemente. Ella fue quien le dio vida a la Neo Reina Serenity, ayudándola a despertar el planeta. Cuando eso sucedió, aquellos recuerdos también regresaron.
Primero los analizó, hasta estar segura de lo que tenía que hacer. Corregiría los errores que cometiera en el pasado, pero no sería tan impulsiva como la primera vez. Así que esperó lo suficiente hasta que el reino estuviese asegurado y solo entonces ella, sembró la duda en el corazón de la futura reina. Trabajando desde la oscuridad, facilitó las cosas para que Rini resolviera el rompecabezas. Ya que, al ser la hija de Chronos tenía el poder de la premonición, pero no era tan exacta como su hermana que dominaba el curso del tiempo; no podía realmente asegurar que sus predicciones se cumplieran tal cual. Así que ella también ocupaba investigar y para no crear sospechas lo había hecho a través de Rini.
Dejó que pasara todo como deseaba que pasara. Como necesitaba que pasara para evitar aquél futuro oscuro para su reina. Cuando ésta peleó por primera vez con el rey Endymion, fue ella quien lo encolerizó para que éste lastimara a su esposa. Había usado a una de sus sacerdotisas, Eris, para sembrar la discordia entre ambos. Tan sólo la había zarandeado lo suficiente para lastimarle el brazo, nunca el rostro; Saturn no creía poder vivir con la culpa de una evidencia tan clara. Al final la había arrojado fuertemente contra el piso. "Suficiente", había pensado la sailor entonces de la destrucción, liberando al rey de aquella cólera. Cuando la Neo Reina Serenity salió corriendo, ella se cruzó en su camino y, viéndole sonreírle tan comprensivamente, la rubia se lanzó a sus brazos sin pensarlo.
-Ven -le había dicho acariciándole la rubia melena -te llevaré a un lugar en el que estarás a salvo -le aseguró con esa misma sonrisa, la rubia se irguió un poco, separandose del regazo de la morena para poder mirarla, sentía curiosidad de aquél lugar del que ella hablaba, algo le decía que no era la Luna -Te prometo que allí se te olvidará el dolor de esta herida.
Como lo esperó no le preguntó a dónde la llevaba, simplemente confió ciegamente en ella. Y a pesar de que eso debió hacerle sentir algo de culpa, Hotaru sólo sintió una inmensa felicidad al saberse dueña de aquella confianza. Y, el ver la expresión de ella tras descubrirse en Kinmoku había valido la pena cualquier daño que ella pudiera haberle infringido tan sólo para verla sonreír de aquella manera.
La había llevado con Seiya. Y éste, la había besado en cuanto la vio...
Así que los dejó, alterando el curso y ajustándose a los nuevos cambios. Hizo despertar a Hermes aunque para ello hubiese tenido que destruir a Maker. Renació a las anteriores y verdaderas sailor de Kinmoku. El más renuente fue Yaten, a quien supo que tendría que atar a ella en la nueva vida si deseaba controlarlo o de otro modo le sería igual de imposible el conseguir que Adonis despertara. Healer no deseaba separarse de Kakkyu, pero ésta, que deseaba seguir a Sailor Moon desde que era una niña, la obligó a marcharse.
El rezago del caos se hizo fuerte entonces; sailor Galaxia envió la alerta, pero Saturn se encargó de que sólo en la Tierra aquél mensaje nunca llegara. Seiya corrió hacia allá al descubrirlo no sin antes decirle que no era digna de ser una senshi. La morena ni siquiera se inmutó.
-Me lo agradecerás más adelante -le había dicho -Y entonces entenderás que lo hice por un bien mayor.
Seiya le miró demasiado consternado como para permanecer ahí a discutir aquello y se alejó hacia la Tierra rogando llegar a tiempo.
-Descuida, llegarás a tiempo -le había dicho Saturn tras leerle el pensamiento, aún a pesar de que éste ya se había ido y no podría escucharla -A tiempo para morir igual que antes. Pero ella se irá contigo esta vez.
-Hotaru -era su padre quien le habló tan pronto ésta entró a la casa. Ya era entrada la noche. -La cena ya está lista, ve a lavarte las manos.
-Sí, papá.
Ese hombre era uno de los más grandes, poderosos y ancianos de los guardianes. Se le podía considerar un sabio, pero sin importar todo esto él siempre fue, era y sería un hombre noble y de corazón humilde. Lo necesitaba. Lo sabía. Pues era hija de Chronos, el primero y más grande de los males, y sin él ella se perdería en su carácter frío y sanguinario. El mismo carácter que le había permitido destruir Tokyo de Cristal. La misma esencia que se liberó con felicidad tras ver que el heredero era un niño y no una niña. La energía que la había dominado y la había hecho sonreír al descubrir que ya no estaría en servicio de aquél reino y que por tanto podría destruirlo sin culpas.
Lanzó su mochila al sillón y desvió la vista hacia las puertas de vidrio, esas que llevaban al jardín. Había comenzado a llover y ya estaba de nuevo sumergida en una nueva visión. Su padre lo supo y evitó el despertarla sino hasta que dicho mensaje terminara.
Claro que recordaba quién era. Claro que de vez en cuando lo olvidaba. Sólo estaba a la espera de que su princesa le llamase.
Y faltaba muy poco, para que eso ocurriera.
Era ya entrada la noche cuando terminaron de cantar y ahora se dedicaban a disfrutar de la música regional, mientras la gente bailaba sobre la arena o participaba en los juegos sobre la playa o simplemente pasando de puesto en puesto. Tal era el caso de Seiya y Serena que en ese momento comían crepas mientras seguían acumulando más comida para degustar una vez terminaran con dicho postre. Caminaban distraidos, sin poner verdadera atención en lo que hacían, sólo se dedicaban a disfrutar aquél momento.
-¿No has hablado con Haruka? -preguntó Seiya tan pronto sus ojos habían dado con una motocicleta de pista, aparcada cerca del muelle.
-No, ¿por qué? ¿debería hacerlo? -cuestionó la rubia ajena a lo que había visto su compañero e ignorando el motivo tras ésta. Y luego sonrió burlonamente -¿Vas a confesarte al fin? -inquirió en tono de escándalo con la burla por todo su rostro.
Seiya junto las cejas.
-Muy graciosa, bien sabes porqué lo pregunto.
-En realidad no. -Le dijo encogiéndose de hombros y volviendo la atención a los puestos de comida.
El moreno suspiró. Ya sabía que aquella rubia era despistada por naturaleza, pero a veces sentía que exageraba.
-Bombón ya te olvidaste de lo que sucederá este fin de mes?
Lo cierto era que no lo había hecho. Quizá momentaneamente pero no por completo. Un corto instante y al fin la luz se encendió en su cabeza.
-Ah!
-Exacto. -Rió Seiya al ver que ella finalmente caía en la cuenta.
-La competencia de Fórmula 1 / LA COMPETENCIA DE FÓRMULA 1! -dijeron ambos al mismo tiempo, sólo que la rubia lo había gritado como si el evento ya hubiese ocurrido, para su fortuna aún le quedaban unas cuantas semanas.
Así que tras un parpadeo recayó en cuenta de eso y siguió el hilo de sus pensamientos, haciendo a Seiya más como otra de las tantas voces en su cabeza y no como la compañía de esa tarde que en realidad era.
-Pero apenas habré regresado a la escuela, ¿tú crees que me den permiso de faltar? -inquirió con una mano bajo la barbilla y mirando hacia el cielo estrellado.
Seiya sabiéndose relativamente ignorado, se limitó a concentrar la vista en su casi acabada crepa de cajeta.
-Mejor sería que te esperaras a entrar después del evento, tan sólo son quince días.
Las cejas de la chica se juntaron en un gesto algo frustrado.
-No creo que Haruka esté muy de acuerdo con eso.
-¿Por qué no simplemente le preguntas? -sugirió, terminándose la crepa de ella sin que ésta se diese cuenta.
-Lo haría pero...
-¿Pero?
Sus miradas se cruzaron entonces y parecía como ella a penas se daba cuenta de la presencia de él. Y de pronto el gesto cambió a uno de asombro, por un momento el moreno temió que ella se diese cuenta de que le había robado el postre, pero la sonrisa que se formó después en el rostro de la chica eliminó cualquier anterior temor.
-¿Por qué no vienes conmigo Seiya? -pidió, tomándolo de las manos. -Podemos ir cuando empiece la competencia, si me acompañas mis padres no tendrán problema y mi hermano no tendrá más que resignarse a tenerme a su lado.
El chico arrugó el gesto.
-Sin mencionar que su molestia se rediccionará de ti hacia mí ¿o no bombón? -inquirió molesto. -¿por qué no simplemente eres honesta?
La rubia rió divertida.
-Porque es más divertido de esta forma.
Haruka Sailor Uranus.
Try - Pink
El viento estaba helado esa noche, como muchas otras anteriores. Pero a él le fascinaba sentirlo chocando en su cara. La sensación de dagas atravesándole el cuerpo. Él amaba aquél trato rudo. Y en ese momento no había nada más que lo excitara de aquella forma. Al menos no cerca de él. Michiru había regresado a Francia hacia exactamente cuatro días y no volvería a verla sino hasta dentro de dos semanas más en aquél evento por el que año con año se preparaba sin descanso. Llevaba dos años invicto, y pronto serían tres, se dijo.
No había terminado de aceptar a la chica de aguamarina y lo cierto era que la había engañado al decirle que la recordaba. Cierto, tenía uno que otro recuerdo de ella, pero nada más que flashes de escenas a las que no les hallaba sentido. Hasta ese momento quizá, cuando había vuelto a besarla. Ella no se había dado cuenta o al menos no le había parecido que lo hubiera hecho, pero le había transmitido las memorias compartidas de sus vidas pasadas y desde entonces había estado al borde del colapso.
Parecía que cada vez entendería menos y aún así estaba deseoso de conseguir nueva información.
Se detuvo de repente, con el corazón latiendole desbocado y la respiración agitada, las manos sobre sus rodillas y el rostro mojado de frente al suelo. Llevaba alrededor de tres horas corriendo sin detenerse. Ahora por fin entendía de dónde venía su fuerza.
Urano. El segundo de los grandes. El Cielo mismo, hijo del día y la noche. Y desde el inicio un hombre. Pero un hombre que cometió muchos crímenes aunque sin verdadera malicia al hacerlo. La guardiana del caldero junto con sailor Galaxia, había decidido que siendo un hombre con tanto poder además, no poseía del corazón necesario para evitar sus malos actos y habían decidido sellarlo y poner a alguien más en su lugar. En aquél entonces la reina Serenity se opuso y propuso una solución menos tajante...
Lo convertirían en una mujer y lo harían una sailor senshi además.
"Sailor Uranus posee la esencia y la fuerza de un hombre" -había dicho Neptune en uno de sus recuerdos. Y sólo hasta ahora entendía a lo que se había querido referir entonces.
Un cristal sailor le había sido entregado entonces para calmar su temple. Y había dado resultado, pero como consecuencia, habían venido muchos problemas de por medio. Sailor Neptune había sido uno de ellos. Y lo seguía siendo.
Ya más relajado, Haruka se decidió a mirar al Cielo y, sacando su pluma de transformación, se dispuso a meditar para dar con esa voz interna. Hoy era el día en el que su brillo se alinearía con el de su planeta natal. Así que se sumió en una completa meditación dejando que uno a uno lo atacaran esos recuerdos, mientras su cristal sailor refulgía en su interior. En un instante aquella masa de imágenes lo atacó...
...Hasta nockearlo.
Una hora más tarde corría de nuevo, intentando en vano hallarle un orden coherente a la enorme cantidad de imágenes que plagaban su mente. Y no pudo más. Cayó de sentón al suelo, sosteniéndose con las manos por detrás de la espalda, la espalda recta y el rostro hacia el cielo. En ese momento veía aquellos recuerdos pasar a través de sus ojos y sintió la ironía del que resaltaba de entre todos.
-¿Qué se siente tener dos identidades opuestas dentro de tí?
Ésa había sido la pregunta que se hiciera muchas veces durante los últimos días y ahora resultaba que alguien más le había cuestionado lo mismo en otra época, en otra vida. El hombre que lo había hecho había sido el aclamado Eos, el Rey del Sol y heredero de las estrellas. Estaban viajando entonces para enfrentarse a uno de los enemigos más grandes, el Caos mismo.
Su yo anterior le miró con molestia.
-No te burles.
Una sonrisa ladina se plantó en el rostro del chico antes de responder.
-No lo hago. -Le dijo en tono burlón y a pesar de ello, la sailor pudo darse cuenta de que estaba diciendo la verdad. -En realidad me encuentro fascinado por tu situación.
La chica entrecerró los ojos mirándolo atenta.
-¿Y porqué habrías de estarlo?
La sonrisa de Eos se volvió mucho más amplia.
-Te confiaré un secreto, tan sólo porque me agradas.
Tras decir esto, el muchacho abrió su mano derecha y al instante una pequeña semilla se reveló frente a sus ojos, un mar entre naranja y rojo (imposible definir alguno) bailaba en el interior de aquél prisma.
-Eso es...! -Eos sonrió satisfecho al ver la expresión de asombro en la chica, pero tan pronto como el gesto se dibujó otro nuevo de sospecha tomó su lugar al instante. -¿cuál es el significado de esto? ¿Por qué lo tienes tú?
El guardián dejó salir una sonora carcajada antes de responder. La chica se sintió molesta ante su actitud.
-Soy uno de los originales. -Respondió. -Al igual que la guardiana del caldero y sailor Galaxia, tengo el poder y el derecho de decidir quién es merecedor de un cristal sailor. -Le explicó, divertido de saber que todavía existía quienes le desconocían en su propio sistema solar. -En cierta forma, el cristal que posees te lo entregué yo.
Asombro, sorpresa, miedo y sospecha, de nuevo atravesaron el rostro de la sailor que no quería tener que creer aquello.
-¿Cómo podría ser eso posible? Eres mucho más joven que yo. -Refutó al ver las facciones aún algo aniñadas del muchacho que tenía frente a sí.
-¿En serio crees eso? -inquirió más para sí levantando las cejas de pura incredulidad, haciendo evidente que aquella ingenuidad le estaba dando ganas de reír. Las mejillas de Uranus se tiñeron de rojo. -Mi vida no corre al mismo tiempo que la tuya. Aunque desde que has estado con ella, tu tiempo también se ha vuelto más lento. Por un milenio vivirás. -Le dijo, haciendo referencia a Serenity.
Pero la sailor del aire se negó a dejar el tema sin conseguir una respuesta.
-¿Qué edad tienes realmente?
-¿Eso importa? -bufó el príncipe. -He vivido mucho antes que tú, aunque técnicamente hayas tenido más vidas que yo. -Confesó, restándole importancia al asunto con un ligero subir y bajar de hombros. -La última vez, yo te entregué el cristal que posees.
Sailor Uranus le miró precavida.
-Y el cristal que tienes ahora...?
La sonrisa de desdibujó del rostro del chico tan pronto ella pronunció aquella pregunta.
-Helena lo rechazó. -Respondió mirando aquél cristal bailar en su brillo. Se le veía pensativo, pensó la joven, y un tanto decepcionado. -A pesar de que la Tierra necesita de una sailor, cree que yo lo necesito más ahora, por si acaso. -Volvió a sonreír, pero la sonrisa no le llegó a los ojos. -Y mientras, confía en que los Generales del Cielo sean suficientes para proteger el planeta.
Haruka rompió aquél recuerdo. Se levantó del suelo y se dirigió hacia las gradas que rodeaban la pista. Sobre una de ellas descansaba su morral, lo abrió y rebuscó en él hasta dar con el ruidoso aparato que lo había distraído. Su celular. Al deslizar el dedo sobre la pantalla para desbloquearlo, la imagen de su hermana lo saludó de vuelta, sacándole la vuelta. Hubiera sonreído igual que siempre pasaba cuando veía aquella foto, pero esa noche no estaba de humor. Así que se limitó simplemente a leer el mensaje.
"Hey Haruka! Volveremos a la ciudad st lunes
aunq probablemente ya no t encuentre. X
eso t aviso q iré a verte al campeonato junto
con Seiya. Sigue entrenando. Tqm!
Serena.
-Ése estúpido de Seiya... -murmuró tan pronto terminó de leer aquello.
Conocía a su hermana y sabía que esa era la forma en la que ella se libraba de un sermón por parte de él. Pero no era toda la verdad. Secretamente no sabía qué hacer para asegurar la felicidad de su hermana. Mucho menos llegados a este punto. Porque realmente qué podía decir que fuera mejor! Obligarla a recordar un pasado por el que su anterior vida se destruyó al olvidarlo aún si terminaba con el presente que ahora tenía, ó dejar que disfrutara su presente hasta que el pasado la alcanzara demasiado tarde para volver a corregir las cosas y entonces volver a ser infeliz.
Sinceramente, a veces pensaba que era mejor no hacer nada. Además... ¿Cómo estar seguro de que el Seiya de esa época era el mismo de la anterior?
Se sentó resignado sobre la banca, a un lado de su morral. La mirada perdida y el celular aún en su mano. Si su hermana era en realidad su princesa entendía porqué habían terminado siendo parientes en esa nueva vida, pero también tenía el temor de dejarla enamorarse por miedo a que no fuera "su destino" y repetir la misma historia fallida...
Después de todo, ahora recordaba aquello. Aquél evento cerca del final de la era de Tokyo de Cristal, cuando las outers habían recibido la petición del Rey Endimion de traer de regreso a la Neo Reina Serenity a la Tierra. Habían ido a la Luna y ella no había estado allí, Plut las dirigió entonces a su palacio en su planeta natal para discutir la situación.
-Los reyes han estado teniendo problemas. Discusiones más que nada. -Reflexionó Neptune, con la mirada clavada en un punto distante del suelo.
El puño derecho de Uranus fue detenido por su palma izquierda, su temple irradiaba ira.
-Él la hirió y se supone que debemos obedecerle sin cuestionarle?! -se quejó levantando la voz.
Los reyes habían discutido y la reina había escapado llorando evidentemente herida no sólo en lo emocional sino también en lo físico. Sailor Saturn así se los había dejado saber antes de desaparecer junto con la reina.
-No lo hizo intencionalmente. -Le dijo Plut intentando calmarla.
Pero Uranus estaba lejos de querer hacer aquello.
-Claro que no, pero eso no podría importarme menos.
-Debería -Le enfrentó la morena, sosteniéndole la mirada con una advertencia.
Sólo entonces Neptune levantó la vista del suelo para mirar fijamente a la sailor del tiempo. Aquél cambio en su actitud le decía que había algo más preocupante debajo de toda esa pantalla.
-Setsuna, ¿qué está pasando realmente?
Al entrar en la discusión consiguió que incluso Uranus despertara de aquél sentimiento de molestia y le mirará por primera vez interesada.
Sailor Plut tragó seco antes de contestar.
-Es Hotaru -Respondió sintiéndose resignada. -Ha sido ella quien los ha obligado a pelear.
Sus compañeras le miraban perplejas, aquello no podía ser cierto.
-¿Por qué habría de hacer algo así? -cuestionó Neptune y aunque Uranus no dijo nada era evidente que pensaba igual que ella.
Por segunda vez la sailor del tiempo lució resignada.
-Es justo que les muestre la razón de ello. -Les dijo, levantando su báculo para abrir las puertas del tiempo ante las miradas de asombro de sus compañeras. -Descuiden, controlo el tiempo, será como si nunca nos hubiéramos ido.
Ambas sabían que aquello era cierto y confiaban en regresar para ir en busca de su reina. Pero lo que vieron tras esas puertas les hizo dudar si aquello que estaban pensando hacer era realmente lo correcto.
El ruido del celular volvió a regresarlo al presente. Haruka contestó sin molestarse siquiera en ver quién lo llamaba, casi en automático.
-Haruka, hijo -sus ojos se abrieron en asombro y un matiz de culpa le oscureció el rostro un instante. Aquél era su padre y para que él le llamara era sin duda porque se le había hecho mucho más tarde de lo usual. Lo suficiente al menos para preocuparlos. -¿vendrás a casa a cenar? Tu madre está preocupada.
-Lo siento. Sabes cómo me olvido del tiempo cuando corro. -Escuchó que su padre suspiraba aliviado y eso sólo lo hizo sentir más culpable. De los tres hijos que aquella pareja tenía él era el único siempre bien portado. -Dile a mamá que llegaré en una hora, primero tengo que pasar al taller a recoger algunas piezas para el auto. -Se explicó, comenzando a guardar sus cosas para irse.
-De acuerdo. -Asintió su padre. -Y Haruka -le llamó y el chico se quedó quieto para escuchar algo que sin duda prometía ser importante, aunque sin tener idea de qué. -Ya no lo analices tanto. Si dejas de pelear será más fácil entenderlo.
Sus ojos se abrieron en asombro, se quedó rígido al oír aquél consejo y no reaccionó ni siquiera al oír el tono muerto del teléfono. Su padre sabía exactamente todo cuanto le pasaba y aparentemente también el momento en el que le pasaba. ¿Qué tanto sabían esos dos sobre las verdaderas identidades de sus hijos? ¿Sobre Serena? ¿Y Daniel?
Evitando darle más vueltas, se apresuró a salir del estadio y a dirigirse al pequeño taller que dirigía desde un año antes de entrar en las carreras de autos. Su padre lo había financiado. Fue incapaz, sin embargo, de evitar seguir recordando, mientras buscaba, encontraba y guardaba las piezas que ocupaba para su vehículo.
Tras haber visto el pasado a través de las puertas del tiempo, habían ido en busca de su soberana. En ese punto ya no podían decir que era enteramente una sorpresa el haberla encontrado en Kinmoku y mucho menos al lado de Seiya, quien había probado ser la reencarnación de Eos. Había sido toda una escena la mirada de asombro y angustia en el rostro de su reina, casi de miedo; la precavida en el rostro del pelinegro y sus compañeros; pero sin duda la más arrebatadora era el semblante apacible de Sailor Saturn, donde una sonrisa invisible dominaba su rostro.
-Hemos venido por tí. -Le había dicho Sailor Plut a la soberana de la Luna que ante su avance no había podido evitar dar un paso hacia atrás, como si temiera el que la hirieran.
Y eso, sumado a la inexpresión de su compañera sólo había terminado de enfurecer a la sailor del aire, quien terminó desquitándose con quien menos quería y del modo que menos deseó.
-¡Uranus! -gritó horrorizada Neptune al ver cómo su compañera le había soltado una bofetada a su reina, tan fuerte, que ésta había terminado en el suelo, apenas sosteníendose con ambos brazos para evitar caer de cara con el concreto.
-¿Qué haces?! -le reprochó Plut, igual de contrariada que su otra compañera.
Sólo Seiya se había colocado a la altura de Serena, pero la sostenía por los hombros con gesto lejano; dándole espacio a las sailors de discutir aquello pero dejándole saber a Serena que él estaba allí para ella. Por una vez Haruka agradeció el gesto en él. Y se dedicó a aceptar la oportunidad de aquella confrontación.
-Así no se hacen las cosas y lo sabes. -Le reprochó a la mujer de coletas que estaba delante de ella, sin opacar su enojo. -No puedes permitirte ser tan débil, especialmente ahora después de tanto tiempo. No puedes pasarnos por alto, no así. -Le recriminó, la rubia le escuchaba sin dirigirle la mirada, entre una mezcla de vergüenza y miedo -Lo mínimo que puedes darnos es tu confianza. -Le espetó y los ojos de su reina se entrecerraron en un clásico gesto de tristeza -¡No llores! -Le prohibió, consiguiendo que aquél grito la asustara lo suficiente para evitar el que la joven mujer soltara aquellas lágrimas. -¡No te atrevas a hacerlo! No después de mal juzgarnos y creer que seríamos incapaces de entender.
Serena pasó saliva con fuerza, apretando los ojos y las manos en puños. Respiró hondo y con ayuda de Seiya se puso de pie frente a Uranus. La miró a los ojos y en su mirada ya no había lugar a aquella frágil niña de instantes atrás.
-No tengo modo de corregirlo y lo sabes. -Le dijo. Uranus apretó la mandíbula evidentemente conteniéndose. -Espero que entiendas que de verdad quisiera hacerlo. Pero, si de verdad ya sabes lo que ocurrió, entonces sabrás entender porqué justamente a ti no podía decirte nada.
Aquello había sido un duro golpe, directo a su pecho y sintió el deseo de retroceder como a quien lo golpean en el rostro, el cual se cubrió con las manos un instante antes de volver a mirarla.
-Debí suponer que el pasado para ti sí importaba. -Le dijo y había decepción en sus ojos, pero su reina no se inmutó.
Y sin más se dio la vuelta para salir de allí.
Sin darse cuenta ya había llegado a su casa. La luz a través de las ventanas le indicaba que sus padres ya estaban a la mesa. No los hizo esperar más y entró para cenar con ellos. Durante la cena, a pesar de desear cuestionar a sus padres, se limitó a no hacerlo y a simplemente disfrutar del calor familiar sin pensar en el pasado. Y se permitió reír como en mucho tiempo no lo había hecho. Se fue a la cama todavía sonriendo.
Mas cuando se recostó sobre su cama y la vista dio con el techo, el corazón se le oprimió de nuevo. Era curioso el recordar su origen y su final, pero nada intermedio. Lo que vivió estrictamente en el siglo XX, salvo por los recuerdos de cuando conoció a Serena y a Michiru, estaban perdidos dentro de una nube gris de incertidumbre. Y en cierta forma entendía porqué.
La última pelea en compañía de aquél sujeto, aquél guardián y heredero del sol, fue contra el mismo Caos. Ella había tenido la oportunidad de pelear lado a lado con él. Pero descubrió que no era tan fuerte como creía y que también le faltaba disciplina.
-Uranus!
Había sido demasiado tarde y sin duda moriría bajo el ataque de aquél mal que dominaba a los muertos como zombies.
-¡Eos!
Pero él se había interpuesto para defenderla. E hizo mucho más que eso, a pesar de la herida siguió peleando como quien recibe apenas un rasguño. ¡cuán errada había estado! Después de un golpe certero que el muchacho hizo, después de gastar tanto poder y energía, había caído de rodillas al suelo, con su mano derecha sobre la herida en su centro izquierdo, casi por debajo de las costillas.
-¡No! ¡No! ¡NOO! -fue el grito de Sailor Saturn ante aquello.
-Saturn, encárgate del resto. -Fueron las apagadas palabras del príncipe mientras caía.
La Sailor de la destrucción no esperó ni un solo segundo para hacer como le había dicho y se había lanzado decidida a acabar con el mal que quedaba. Mientras sailor Uranus se había dirigido hacia él sosteniéndolo al instante.
Eos dejó salir una risa corta, a penas una burla hacia él mismo.
-Parece que después de todo, sí terminaré usando este cristal -inquirió más para sí que para ella, tomando el cristal en su mano libre. La chica alterada y asustada, trató de recriminarle aquello.
-Eres un imbécil porqué...
-Ahora eres tú quien debe protegerla -Pero Eos la interrumpió, mirándola directamente a los ojos, dejando claro que aquello era una orden y la sailor entendía perfectamente bien a qué "ella" se refería. -La era de las estrellas de momento debe entrar en pausa.
Y aquellas últimas palabras acabaron por revelarle la verdad a la sailor del aire.
-Sabías que esto pasaría. -Le acusó con los ojos abiertos como platos.
Una sonrisa ladina se posó en el rostro del chico.
-No sabía el cómo. -Respondió aceptándose culpable. -Pero me alegra que haya sido así. -confesó, poco a poco aquella sonrisa era más honesta, pero aún no alcanzaba a borrar la tristeza de sus ojos. Y de pronto su semblante se enserió. -Dividí los males. -Le explicó. -De esa forma lucharan contra ellos uno tras otro, con periodos de descanso intermedios. Así aseguraremos la victoria.
Aquello explicaba porqué la era de paz entre el fin del Milenio de Plata hasta la liberación de Metalia había sido tan larga. Mientras ése mal no fuera vencido, el siguiente no tendría "permiso" de atacar; así de fuerte era aquél escudo, así de grande era la segunda vida de Apolo.
Él se había marchado a la Luna tras revelarle todo aquello, usando el poder de aquél cristal para poder llegar a tiempo antes de perder la vida y ser capaz de despedirse de su princesa. Aquello había ocurrido durante el Milenio de Plata. Y todo cuanto él le había advertido había ocurrido como se lo había dicho. Cuando recordó aquello durante ese viaje a Kinmoku, fue capaz de serenarse y tomar la decisión que no había querido elegir en un principio por sentirse impotente.
En la última visita a ese planeta, fue directamente con quien empezaría todo en la nueva vida.
-Hermes
El hombre, que no era otro que Taiki, le miró directamente analizándolo y descubriendo sus intenciones al hacerlo.
-Has tomado tu decisión. -Declaró.
Sailor Uranus mantuvo el gesto.
-Es una promesa más allá de ser una orden, que debo, quiero y cumpliré. -Le aseguró, con el brillo de una nueva determinación brillándole en los ojos. -Aunque él esté en desacuerdo ahora.
Hermes suspiró.
-En realidad, parece que no recuerda por completo o no entiende que el método de Saturn, aunque sanguinario, es el más conveniente para el resurgir de las estrellas. -Inquirió, en cierta forma tratando de defender a Seiya.
La sailor sin embargo, decidió obviar aquello y simplemente marcharse para hacer lo que debía.
-Debo irme. Tengo una Tierra que sacudir.
Y sacudirla había hecho. Gracias a ella la Neo Reina Serenity había terminado encerrada y acorralada en aquella habitación. Haruka suspiró de nuevo, antes de volver a tomar su celular para escribir y mandar un mensaje en respuesta al de su hermana.
Después de todo, era lo único a lo que podía apostar por ahora.
Sólo asegúrate de no separarte de
él. Sólo así me sentiré seguro de
saber que estás a salvo koneko.
Haruka.
Incluso si al final, resultaba que se había equivocado.
Estaba cerca de ser la media noche cuando Seiya y Serena habían regresado al hotel bajo instrucción de Taiki, quien les había pedido fueran a la suite de Mina para discutir un tema importante. Un tanto intrigados aunque sin verdadera inquietud, los chicos habían abandonado su misión de reunir comida para cumplir con aquella orden. La verdad es que ambos habían estado aliviados del modo en el que Haruka se había tomado la noticia de que irían a España a la competencia, que no podían pensar en otra cosa.
Cuando entraron a la habitación alcanzaron a escuchar parte de la conversación entonces, que se vio interrumpida bajo su llegada.
-Si lo analizan es una buena oportunidad. -Había dicho Mina antes de dirigir la vista hacia la entrada.
-Hey chicos -saludó Seiya.
El rostro de Yaten sin embargo era de reproche.
-Al fin llegan, estábamos a punto de decidir sin ustedes.
Seiya sonrió divertido.
-Aw, y eso te habría deprimido, ¿cierto?
Serena por su parte ignoró las voces de los chicos, que discutían como si se hallasen solos en la sala y se dirigió a Mina, que hizo lo mismo que ella.
-¿Sobre qué?
Mina se veía algo contrariada de responder y a pesar de que sólo había callado por escasos segundos, Taiki se le había adelantado dando la respuesta que la rubia tenía problema de elaborar.
-Es el campeonato World Series by Renault a finales de este mes, donde participará tu hermano Sere
-¿Qué hay con él? -inquirió más animada en aquella conversación, sentándose en el sillón frente a su compañera, Yaten y Seiya siguieron discutiendo entre ellos pero sobre-escuchando lo que comentaban sus compañeros.
Ésta vez Mina no tuvo quién respondiera por ella.
-Bueno, Andrew consiguió el que tuviésemos una pequeña participación en los festejos del campeonato.
-De verdad?! -Seiya saltó emocionado ante aquello con los ojos tan grandes iguales a los de su novia de coletas.
-Eso es increíble! -clamó Serena sonriente.
-Pero no es sólo eso. -Les dijo Yaten, intentando regresar a los chicos de su nube. -Tendremos que compartir el escenario.
-¿Con quién? -cuestionó Seiya, incapaz de borrarse esa sonrisa del rostro.
Hasta que el silencio se hizo en la habitación. Todos tenían la mirada en cualquier parte lejos del semblante de los chicos.
-¿Qué ocurre? -preguntó Serena, de pronto desanimada también. -¿Acaso es alguien malo?
Taiki le sonrió débilmente.
-No realmente, de hecho ya la conociste.
-¿Eh? -Serena parpadeo confusa.
-Y entonces, ¿quién es?
Ésta vez Mina respondió a sabiendas de que sólo ella podía decir lo siguiente, pues era la única que a diferencia de sus compañeros no tenía relación directa con la artista a quien mencionaría y de la que sabía por chisme de su staff que a Serena no le sabía tan bien su nombre. Inspiró hondo antes de explicar.
-Es con Michiru, Serena.
El peso que cayó sobre los hombros de la chica de coletas fue tan grande, que incluso su compañero pudo sentirlo. En cierta forma Seiya sabía que incluso si Serena decía haberle perdonado, del dicho al hecho...
...Había mucho trecho.
Michiru Sailor Neptune.
Blue Moon - Nana Mizuki
-¿Estás lista?
-Sí.
Las luces se encendieron sobre el escenario, al tiempo en que Michiru se posicionaba en el centro de éste. El joven que estaba al pie del mismo, frente a un pequeño órgano, era su director particular en aquella escuela de música tan prestigiada.
-Bien, te daré el acorde para empezar. -Le dijo aquél muchacho de gafas.
-De acuerdo. -Asintió la joven sonriendo.
El piano pronunció sus notas y tras ellas, el violín enunció las suyas.
Ella siempre había sido privilegiada en las artes y siempre había creído que era por ser el complemento de "ella", su sailor gemela. Porque aunque podía ser refinada, el arte también era conocido por ser agresivo. Sin importar esa sonrisa que casi siempre adornaba su rostro, había más de un matiz en la pintura de su persona. Como el mar mismo de quien fuera hija, era indomable, nunca dócil aunque aparentara lo contrario. Era irónico que siendo la sailor de las profundidades marinas, hija de Poseidón, hubiese renacido en un país que justamente era de lo que carecía. ¡Mares! El Océano mismo estaba tan alejado. Y sin embargo, podía entender porqué había terminado en Francia, su música la había llevado hasta allá.
Poseidón, un sobreviviente de Chronos, no era tan posesivo como se pensara y siempre fue condescendiente con su hija (por no decir que se dejaba dominar por ella), su elegida guardiana. Tenía dos sacerdotes a su cargo, sus adorados satélites. Y por su relación con Chronos, Neptune siempre había estado familiarizada con el Reino Lunar. Al igual que Saturn había conocido a la guardiana de aquél satélite que alguna vez había sido un planeta, casi tan grande como Júpiter. Y había aceptado su misión de proteger al Sistema Solar de alguna amenaza externa.
Pero no fue sino hasta que la Reina Serenity del Milenio de Plata le dio una visita, que conoció a su compañera, su gemela que hasta entonces había estado alejada de su planeta natal, recluida por su mal comportamiento.
-Sailor Neptune -Le saludó la Reina.
-Su majestad -respondió la aludida con una reverencia.
-Me alegra verte pequeña, he de presentarte a tu compañera. -Le dijo, atrayendo la atención de la chica hacia la jovencita que estaba de pie a varios pasos por detrás de la mujer. -Ella es Sailor Uranus y a partir de ahora estará a tu cargo.
Recordaba haberla visto con curiosidad, intrigada por la falta de expresión de su futura compañera, como si fuera un chiquillo más que una jovencita. Cualquiera pensaría que era mucho más grande que la joven de cabellos aguamarinas, pero la realidad era que ella era mucho, mucho más grande que ésta ú detalle era que el poder del cristal de plata llevaba interfiriendo con el desarrollo de la sailor desde su concepción; además de que el planeta del agua también era conocido por su longevidad por encima de otros planetas, lo suficiente como para competir en la recta contra Plutón y Saturno. Y ahora Urano, sería igual que ellas una vez su cuerpo les hubiese alcanzado en edad.
Michiru suspiró tras el recuerdo, arrancándole notas al violín con pasión. Casi toda su música hablaba de ella misma, de su vida y de lo que sentía. Amaba a su princesa, pero amaba diferente a quien fuera su compañera. Con el paso del tiempo, recordó, ella y Uranus se habían vuelto verdaderas amigas, casi íntimas. Y la sailor del aire ya mostraba expresiones parecidas a las de su compañera. Lucharon incontables batallas, por ella, por el Reino Lunar. Y aunque Uranus secretamente se sentía atraída por la luz de la Luna, no entendía qué podía deber su compañera a la Reina Serenity como para seguirla.
Así que se decidió a averiguarlo tras el regreso de una batalla.
-¿Por qué la sigues?
No había necesidad de preguntar más o de dar información extra para que Neptune supiera a quién se refería su compañera. Además de haber sido siempre bastante perceptiva, su lazo con la joven que tenía en frente se había convertido en una unión casi psíquica.
Neptune sonrió entonces. Era justo que como su gemela, lo supiera.
-Hubo una vez que conocí a una hermosa niña y a su compañero -comenzó, -ambos eran hermanos y a la vez no lo eran. -Explicó, dejándose envolver por el recuerdo a través de sus ojos. -Se volvieron amantes y dieron vida al Sistema Solar como lo conocemos. Pero ella en especial era tan encantadora. -La sonrisa en su rostro era tan clara y tan bella, que Uranus creyó, que aquella niña debía en serio de ser tan especial como para traer tanta belleza en su compañera. -Era todo a lo que yo aspiraba ser y me concedió tener todo cuanto le pedí. -Confesó. -Hace unos años, esa misma niña renació en la forma de la nueva futura soberana de la Luna. Esta vez quiero ser yo quien le conceda todo lo que ella quiera.
Aquél sentimiento nunca la abandonó. Ni siquiera cuando reencarnó y se enfrentó a dicha princesa. Ella la había conquistado incluso antes de saber realmente quién era. Y les había devuelto la esperanza además. La adoraba, la quería en demasía. El verla feliz la hacía feliz a ella. Pero por sobre todo, amaba el hecho de ser correspondida en su amor por ella, lo suficiente para que le permitiera tener a Uranus como amante, vida tras vida.
Aunque había sido un amor demasiado complicado y duro. Desde el comienzo, sentía que le había fallado de muchas maneras. Cuando pelearon por primera vez contra el Caos, la había dejado entrar en aquella dimensión sin su compañía, pensando que de esa forma podría cuidarle las espaldas.
-No puedo entrar allí. -Declaró deteniéndose por detrás de su compañera que la miró enarcando una ceja, confundida. -Me quedaré a la espera, para prevenir cualquier tipo de emboscada.
Aquella explicación había sido suficiente para convencerla y Neptune se había quedado a evitar que más enemigos les atacaran. Pero ello también provocó el que perdiera a su compañera tras dejarla sola... Cuando Metalia despertó y destruyó el Milenio de Plata, las vidas de ellas dos se vieron interrumpidas, debían renacer en el siglo XX para proteger a su princesa y para mantener a raya a Pharaón 90, de modo que no interfiriera con las otras batallas de las chicas, sino hasta que éstas estuvieran listas para hacerle frente.
En aquella ocasión Uranus fue la primera en apagar su estrella, con Neptune envolviéndola en sus brazos.
-Prometo no dejarte sola en la próxima vida. Te pusieron a mi cargo y a mi cargo estarás. -Le había jurado.
Y un juramento era algo que no podía romper. De modo que fue la primera en despertar y en pelear contra el mal. Fue ella quien la buscó como lo prometió y fue ella quien la cuidó y aconsejó cada que la necesitaba. Y juntas se reencontraron con su princesa.
Michuru suspiró verdaderamente cansada, toda la semana había estado practicando y a pesar de que le apasionaba su música, en este momento anhelaba los intermedios de descanso. Sus memorias estaban incompletas y ahí radicaba el que su fuerza también estuviese reducida, pero usaba su música para traer de nuevo a sí misma aquellas vivencias. Lo malo, era que no funcionaba exactamente como le gustaría y eso había provocado el que sólo pudiese ubicar a sus dos "hermanas".
Su celular sonó entonces, un número desconocido aparecía en la pantalla, era una videollamada y decidió tomarla, quizá fuera Haruka.
-¿Hola? -Saludó insegura hasta que la imagen por fin se dibujó en la pantalla.
Una chica amatista estaba del otro lado, literalmente.
-Michiru, tanto tiempo.
El rostro de la aludida se iluminó con una sonrisa.
-¡Rei!, es bueno saber de ti amiga. ¿Qué tal las cosas en Japón? -El rostro de su compañera se apagó, demostrando una gran tristeza, Michiru lo notó al instante -¿Rei?
-Eres la única a la que puedo recurrir en este momento. -Confesó la morena. -Necesito que me hagas un favor, ¿podrías ser tan amable de prestarme dinero? -pidió con pena, pero luego cayó en cuenta de algo más y aquella timidez desapareció. -¡ah! y también si pudieras darme un pase para el evento de NASCAR en Canadá te lo agradecería.
Michiru parpadeo confusa, insegura de si había escuchado bien.
-Quisiera decir que estás abusando, pero mi educación me lo impide -trató de bromear, no era como que no le sobrara el dinero, era una celebridad después de todo. Y sabía que su amiga no era una interesada, por eso quiso indagar en el asunto. -Rei, ¿qué es lo que ocurre?
-Te lo diré tan pronto me reuna contigo -respondió la morena, desconcertándola.
-¿Vendrás a Francia?
Una leve sonrisa llegó a las comisuras de la boca de Rei, como si fuese una disculpa.
-En realidad pretendía ir a España primero, un día antes de tu evento. -Explicó, dejando claro que sabía el itinerario de la chica. -¿Podré verte?
-Claro. -Asintió al instante.
Rei suspiró aliviada.
-Bien, hasta entonces, te enviaré por correo la relación exacta de lo que necesito.
-Sí, de acuerdo.
La conversación terminó y Michiru se quedó un instante más admirando la pantalla. Mars era su otra "hermana", o dicho de otra forma su compañera inner, a quien estaba a cargo de entrenar. La joven escuchó entonces la voz de aquél vivo recuerdo, el mismo día en que la Neo Reina Serena escapara rumbo a Kinmoku por primera vez. Ambas sailors habían estado entrenando ese día y tras tomar un descanso marchaban rumbo a palacio.
En aquél camino se habían detenido a ver lo vasto que era el reino, a lo lejos divisaban a su soberana; pero también percibían el aura de tristeza que la rodeaba.
"¿No deseas a veces, tener la oportunidad de otra vida? -le había cuestionado sailor Mars entonces, mientras le daba la espalda viendo aquella escena en la que su reina tenía la mirada baja de pie frente aquella fuente que noche tras noche reflejaba la Luna. -A veces pienso, que estamos haciendo exactamente lo opuesto de lo que ella quería para nosotras."
Su semblante era triste para entonces, perdida en la nostalgia de aquellos tiempos. Con las lágrimas nublando su vista. Sí. Deseaba con vehemencia la libertad de una vida más simple. De la oportunidad de desarrollar y cumplir sus sueños. Pero también estaba orgullosa de ser una sailor, a final de cuentas era lo en realidad era, su esencia misma y hubo un tiempo en el que había sido todo lo necesario para sentirse feliz y satisfecha.
¿En qué punto cambió aquello?, se cuestionó, cerrando los ojos sintiéndose abrumada; en su mente reviviendo aquella discusión.
-¿Por qué te cuesta tanto trabajo entenderlo? -le reclamó a su gemela tras su enfrentamiento con su soberana. -Tú más que nadie deberías de comprenderla. Tu lealtad además es con ella. Si ella decide cambiar
-Si ella reniega de lo que es entonces no tengo razón para seguir a su cargo. -Le espetó interrumpiéndola, dejando en claro que esta vez no le sería tan fácil el persuadirla.
Seguían en Kinmoku, lejos de la presencia de su reina.
-¿Qué estás diciendo? -Neptune le miró perpleja. -Haruka tú no eres así.
Aquello fastidió aún más a su compañera.
-¿Y cómo se supone que soy entonces? ¿Cómo se supone que es Hotaru? -reclamó, recalcando que la morena también había actuado de un modo que nunca había sido el suyo. -Es como si toda nuestra historia estuviese fundamentada en una mentira.
Neptune inspiró profundamente para relajarse.
-No importa el pasado sino el ahora. Recuérdalo.
-Es difícil hacerlo, cuando la persona que me lo enseñó está arrepintiéndose de su presente precisamente por un pasado que apenas y recuerda. -Murmuró la rubia.
Y sólo entonces Neptune lo entendió. Lo entendió todo.
-Eso es lo que te molesta -declaró, con las orbes abiertas en sorpresa. -Estás herida.
-No me digas lo que siento. -Le exigió su compañera, aunque empezando a ceder.
-Y enojada. -Resaltó, con las cejas juntas. -Porque ella, aún a pesar de tus esfuerzos no puede ser feliz.
Finalmente Uranus cedió por completo, dejando que el peso en sus hombros se evidenciara con su aura caída.
-Era nuestra única misión y fallamos. -Lamentó y Neptune se percató de que su compañera estaba por llorar. -El enemigo siempre fuimos nosotros mismos.
No había sabido cómo consolarla después de eso. De modo que simplemente había optado por dejarla sola y volver a donde estaba su soberana. La encontró sola en medio del jardín central del palacio de aquél planeta. Sentada en el suelo a pesar de su largo vestido blanco. Y en lo hinchados que estaban sus ojos se podía descubrir que había estado llorando.
-Su majestad -le saludó, quedándose a dos pasos de distancia, como el protocolo decía.
La aludida ni siquiera despegó la vista del suelo.
-Lamento toda esta situación Neptune, pero ya no tienes porqué preocuparte. -Le dijo esbozando una débil sonrisa que no alcanzaba sus ojos. -Volveré a la Tierra.
-No es necesario si no es lo que su corazón desea, majestad. -Le dijo, siempre propia. -Además, puede volver cuando quiera; sólo asegúrese de no venir sola. Estamos más que dispuestas a escoltarla.
Serenity le miró de reojo antes de volver la vista al suelo y en su sonrisa había el asomo de una burla hacia si misma. Aquello preocupó en cierto modo a la sailor, lo que menos quería era hacerla sentir peor de lo que ya se sentía. Sin embargo, antes de que pudiese disculparse por cualquier error que hubiese cometido, su reina le habló en confianza, casi resignada.
-¿Sabes? Una de las cosas que aborrecí al volverme reina, fue todo el lenguaje formal que de pronto me tuvieron mis amigas a las que siempre consideré como mis hermanas. -Confesó, con los ojos cristalinos por el asomo de nuevas lágrimas. -Es extraño cómo lo que soñamos realizar termina de alguna manera no siendo tan encantador.
Aquello había sido lo justo que la sailor había necesitado oír para entender qué era lo que realmente necesitaba su reina. No necesitaba una súbdita que fuera una extraña con ella. Necesitaba a la piel que estaba debajo del traje, por hablar metafóricamente. Lo que necesitaba era una amiga.
Se arrodilló entonces justo en frente de ella, tras haber inspirado largamente para despojarse de aquél keigo. Y en un instante su transformación desapareció, dejando sólo a Michiru delante de aquella mujer a la que amaba tanto. Le miró con ternura y verdadera preocupación en sus ojos, logrando el que la rubia la mirara al fin.
-¿Cómo van tus heridas Usagi?
Los ojos azules, esos que conquistaban hasta el más frío ser se abrieron en asombro, antes de soltar las lágrimas que sobrecogieron a su dueña. Usagi se lanzó a los brazos de Michiru tan sólo un segundo después, por fin desahogándose.
-Ya, ya, pequeña. -Le consoló su amiga, reconfortándola con sus caricias tras abrazarla. -Todo estará bien te lo prometo.
Uranus había tenido razón. Era su única misión y habían fallado...
Pero aún estaban a tiempo de corregir ese error y esta vez velarían únicamente por la felicidad de su maestra, de su única soberana. Incluso si aquello significaba el tener que acabar con la vida que tenía en ese momento.
-Sólo se necesitaba una razón justa para morir. Y yo se la di. -Se recordó a sí misma la sailor de las profundidades marinas, tras recordar cómo había terminado aquella decisión.
-¿Qué has hecho Neptune?
El rey Endimión la veía consternado y perplejo, delante de sí, con ese semblante tan perdido, tan ajeno a ella misma. Mientras el maremoto de Neptuno se elevaba como un muro que envolvía aquella torre del palacio, negando el acceso a cualquiera que intentara entrar. Había varios cuerpos inertes por delante de la sailor.
-No se preocupe majestad, este planeta seguirá siendo la Tierra prometida. -Le dijo con una sonrisa ausente en su rostro. -Ahora elija el camino que quiera seguir. -Le pidió, levantando el brazo derecho en esa dirección haciendo que aquella muralla de agua se abriera como un pasaje, sólo lo justo para que pasara aquél hombre. -Yo guardaré silencio hasta el final.
Esta vez los ojos del rey se abrieron en asombro, no porque ella le diera el paso, sino porque podía distinguir al fondo la silueta de Eos y su esposa luchando contra aquellos zombies. Y porque en ese momento entendió, de qué iba aquél ataque y lo que significaría el dar un paso al frente.
Cuando aquello terminó para dar comienzo a lo verdadero, Uranus la había buscado, justo antes de que sus resplandores volvieran a dormirse. La plática, el encuentro había sido mucho más largo; pero lo único que recordaba Michiru de aquél encuentro era una sola frase.
-Prometo que en mi próxima vida, seré yo quien cuide de ti.-Le había dicho su compañera, estrechándola en sus brazos. -Haré realidad tu más grande sueño Michiru.
Su más grande sueño, pensó la muchacha de regreso al presente. Preguntándose cómo era posible que su compañera supiera mejor que ella qué era lo que su corazón deseaba.
-¿Lista Michiru? -le llamó el director, tras verla de nuevo de pie en el escenario (aunque pareciera que la chica no estuviera segura de en qué momento o cómo exactamente había llegado ahí, pero no podía importar menos).
Michiru sonrió.
-Desde luego.
Y tocó una vez más aquél violín, en busca de la respuesta que Haruka tenía.
Darien Meio se detuvo a la entrada de un viejo laboratorio, cerca de la catedral de St. Paul, a penas a una cuadra de la misma. Y se detuvo un instante a admirar aquella edificación; maravillado de que a pesar de los cambios que habían azotado la ciudad, aquella catedral siguiera de pie casi inmune al tiempo. Suspiró con pesar antes de tocar el timbre de la reja negra que tenía en frente.
Tan sólo un instante después la puerta del pórtico se abrió y un hombre de mediana estatura, cuyos blancos cabellos brillaban bajo la luz de la Luna, se asomó por ésta hasta bajar los escalones para poder abrir aquella reja negra.
-Profesor Tomoe -saludó el moreno, analizándolo.
-Mamoru Chiba -saludó de igual forma. -Pero supongo que ahora sería más correcto llamarte Darien.
El aludido bufó antes de responder.
-No creí que me reconocería.
Ganándose un gesto de severo desagrado por parte de su compañero.
-¿Y qué te hizo pensar que tú me reconocerías a mí, sin que fuera porque yo me quería descubierto?
Darien enarcó una ceja, esta vez mirando a aquél hombre bajo una nueva luz.
-Así que planeó el que lo buscara. -Concluyó.
-No tengo intenciones de volver a ver a Setsuna -fue su cortante respuesta. -No volveré a entregarle a Hotaru -Declaró, sin dejar de transmitirle la amenaza a través de sus ojos.
Darien suspiró con pesadez tras entender la razón detrás de aquél comportamiento tan brusco.
-Ya no es la misma persona -intentó convencerle.
-Eso a mí no me consta -Pero el padre de Hotaru no se dejaría persuadir tan fácilmente, no como lo hiciera siglos atrás tan sólo para perderla bajo la rota promesa de que su hija volvería a él tras terminar con su misión. Lo cierto era, que su misión nunca terminaría a menos que la misma soberana a la que seguía así se lo ordenara. -Como sea, entra, no podemos hablar esto aquí afuera. -Le espetó dándose la vuelta y perdiéndose dentro de la estancia.
El moreno le siguió cerrando la puerta tras de sí, no sin antes murmurar para sí mismo...
-No. No podemos.
Setsuna Sailor Plut.
The flavor of life - Utada Hikaru
-Argh, me siento tan ridícula.
Por segunda vez en esa noche Setsuna suspiró con cansancio y fastidio. Para alguien que había deseado pasar por una persona normal, sin duda actuaba como toda una excéntrica. Estaba en el aeropuerto de Puerto Rico y simplemente no se animaba a acercarse a la taquilla para comprar un boleto de avión. La verdad era que le daba miedo. Nunca se había subido a uno. ¿Y qué pasaba si el avión dejaba de funcionar de repente? ¿Y si quedaban sumergidos debajo del mar? Era una larga distancia después de todo...
Arrggg -volvió a gruñir frustrada, dejando caer los hombros para terminar con un puchero en su rostro moreno. -Tal vez debería volver después... -suspiró.
Siendo la sailor del tiempo y el cambio, la verdad era que no necesitaba realmente de transporte para viajar esa distancia. Su poder le permitiría simplemente moverse de tiempo en tiempo en el lugar en el que lo deseara. Pero había usado demasiadas veces su cristal sailor después de haberlo tenido prácticamente fuera de servicio por años, que ahora se había quedado sin reservas. Y si quería alcanzar a su primo tendría que subir a un avión.
Suspiró con pesadez dejando caer los hombros. Trayendo a su mente el recuerdo de una niña de coletas rosadas que en su tiempo, también había tenido miedo de viajar. Si la pequeña Rini había podido viajar sola, en el estado en el que se encontraba, ella con más razón debía poder hacerlo. Tendría 19 años en dos días más y ni una sola excusa para seguir siendo cobarde.
-Ánimo Karen, tú puedes hacerlo -se dijo a sí misma, usando el nombre que sus padres le habían dado en esta vida (donde sí tenía padres), seguía aferrándose a la posibilidad de ser alguien diferente, al menos esta vez en serio.
Dos horas después estaba dentro del avión esperando a que despegase. Los nervios seguían allí, sí, pero estaba resignada. ¿Qué estaba haciendo? No lo sabía realmente. ¿Tenía al menos un plan? Lo cierto era que no. Poco quedaba de la mujer madura, centrada y decidida que había sido antes. Ahora sólo era una muchacha asustadiza la mayor parte del tiempo. Siendo quien era tenía toda la información de su propia historia, pero no necesariamente porque la recordara, sino sólo porque la había visto a través de aquellas puertas del tiempo. Y quizá por eso había estado tan renuente a aceptar a su sailor interna. Aunque tampoco sería correcto decir que no recordaba nada. Claro que recordaba! Pero los recuerdos que tenía eran aquellos que la apoyaban en su decisión de tener una vida común y corriente.
Tan perdida estaba, mirando sin mirar a través de la ventanilla, que no fue plenamente consciente del momento en el que el avión había despegado. Pensaba en tantas cosas al mismo tiempo en que no pensaba en nada.
¿Por qué le habría tocado una existencia tan complicada? Cierto era que no tenía propiamente una vida entera de drama y que no había tenido que pelear ni por, ni con amores pasados ni futuros. Pero había tenido otro tipo de sentimientos. Otro tipo de peleas.
Plutón. La segunda hija de Chronos y la que había tenido que cargar con el peso de cuidar su celda. Chronos se había convertido en el tiempo mismo, aquellas puertas, resguardadas celosamente por ella, no eran otra cosa más que las rejas de una cárcel que le mantenían prisionero. El gigante había sido dividido en sus dos hijas, y con ello se había debilitado al grado de ser sólo un concepto, una energía pero nunca un ente. O al menos, mientras estuviese cautivo nunca lo sería. Ella y Saturn habían sido en cierta forma rescatadas, pero mientras que su hermana estaba condenada a renacer para morir una y otra vez, ella se había congelado en una edad, atorada en la misma prisión que era de su padre. Y durante mucho tiempo no supo realmente quién era el prisionero de quién.
Claro, salía a pelear de vez en cuando. Siempre que el enemigo fuera externo y ameritara el uso de su ataque dañino. Pero realmente no tenía una vida fuera de eso. Su único seguidor, Caronte, estaba condenado también a vagar en el río de la muerte, aquél que llevaba a los recién muertos al inframundo. Era una existencia "seca", por llamarle de alguna manera. Y nunca sintió que lo fuera o que necesitara más, hasta que la conoció a ella.
A la pequeña dama.
La morena se había quedado dormida. Algo raro en ella si le sumábamos el hecho de estar soñando con su pasado. Un pasado que difícilmente era capaz de SENTIR como suyo, a pesar de que sabía que lo era.
Recordaba su mente, siguiendo el hilo de sus últimos pensamientos, los rumores contra los que siempre había tenido que pelear. Cuando la acusaban de querer más a la hija de la soberana de la Luna más que a la soberana misma.
-Quiero a esa niña como si fuera mi hija, pero nunca he menospreciado a la princesa. -Se había defendido aquella vez, antes de la batalla contra Neherenia. -La razón por la que quiero tanto a su hija, es porque fue la primera que entró en contacto conmigo cuando aún estaba recluida. -Les había explicado a sus compañeras las outers, que recién habían conocido a la niña que venía del futuro, la que sería su nueva princesa en el siglo XXX -Todo estaba destinado para que ocurriera de cierta forma, pero ella me salvó.
Era cierto, de no haber sido por Rini que había logrado entrar en contacto con Plut, Usagi no la habría conocido, ni tampoco la habría recordado después de tantos siglos para revivirla una vez consiguió el poder para hacerlo, después de su coronación en el siglo xxx; dándole la oportunidad a la sailor de tener una vida relativamente normal en el siglo xx al lado de las demás chicas.
-No es justo que estés aquí sola -le había dicho entonces, con esa mirada tan llena de amor que le caracterizaba.
-Es mi deber como sailor -había respondido la sailor del cambio, insegura de sus propias palabras que sonaban más como un texto ensayado que como algo en lo que creyera realmente.
-Querrás decir tu castigo como hija de Chronos -refutó la Neo Reina Serenity -No es justo. Hace tiempo que ese mal dejó de ser malo o bueno. Simplemente es. El tiempo no puede juzgarse. -Le dijo.
Y sus ojos se habían cerrado con sus manos juntas en una plegaria. De pronto ya no estaban en los aposentos del guardián del tiempo. Eran sólo dos soberanas, en un espacio en blanco demasiado cálido para considerarse vacío. Y Plut no tardó en dejarse envolver por aquella luz que la soberana de la Luna y la Tierra irradiaba.
-Voy a darte una nueva vida. La vida que debiste tener desde un principio -le habló extendiendo los brazos hacia ella.
La sailor lució alarmada de pronto.
-¿Pero y las puertas del tiempo?!
-Seguirán aquí cuando te vayas, solamente tú las puedes abrir. -Respondió sonriendo. -Es cierto que hay quienes pueden viajar a través del tiempo, pero el desgaste que sufrirán al hacerlo es algo que los consumirá poco a poco hasta acabarlos y que al contrario de ellos a ti jamás te alcanzará. -Le aseguró.
Plut bajó la mirada luciendo consternada, asustada, insegura y con ganas de llorar. Haciendo evidente que en su interior era tan sólo una niña pequeña que a penas y había vivido. Serenity le sonrió con ternura.
-Sailor Plut -Volvió a llamarle su reina, consiguiendo el que ésta por fin le mirase a los ojos. -Mereces tener una vida.
El sueño cambió entonces, volviéndose pesado, denso, casi asfixiante. Vagando cerca del final de aquella existencia que le habían entregado, de la que había disfrutado hasta mucho después de alcanzar el momento en el que la historia la alcanzara. En esas paradojas en las que había sido capaz de estar en dos puntos al mismo tiempo, en el que su pasado era su presente y su futuro también. En el que había alguien igual a ella ocupando un espacio distinto.
En el que su hermana, había vuelto a ser su hermana, la primera hija de Chronos y la más sanguinaria de las dos. La había enfrentado entonces, cuando la habían seguido a Kinmoku en busca de su reina.
-Así que ahora volvemos a ser hermanas de la discordia. -Había sido el saludo que había reservado para ella, planeando el que fuera una bofetada con guante blanco, una acusación y una advertencia.
-Nunca dejamos de serlo. -Pero para ese punto, Saturn era incapaz de sentir cualquier cosa que amenazara con desviarla de su objetivo. -La diferencia está en que yo nunca lo olvidé.
Aquello hizo que Plut apretase el gesto, rechinando los dientes y cerrando las manos en puño, la izquierda sobre su báculo.
-No. Sólo lo escondiste de ti misma.-Señaló elevando la voz con molestia. -Pudiste habernos advertido.
-¿Para qué? Para que interfirieran como siempre? -Esta vez fue el turno de su compañera de lucir enfurecida. -Si lo hacía así ella no sería directamente culpable. -Se defendió.
-Tal vez no, pero terminaste complicando más las cosas. -Acusó Plut, cerca de levantar el báculo en dirección a la sailor de la destrucción y el renacimiento en una clara declaración de guerra -¿Qué ganas con despertar los recuerdos en la mente de tus compañeras a tu antojo?
Saturn le dio la espalda, con gesto altaneramente elegante.
-No planee que fuera así, sencillamente no tenía el poder necesario para devolver los recuerdos de todas. -Respondió restándole importancia como quien acaba de leer un poema sin sentido. -Así que me concentré en las importantes, las que no interferirían.
-Claro, y de las outers sólo tú eras digna o no? -Inquirió con cinismo, dejando la nota de enojo resbalar por su temple.
-Uranus siempre ha sido recelosa de nuestra princesa, no podía arriesgarme.-Se defendió. -Siendo Neptune su compañera quedaba eliminada también. Y tú... -Se detuvo para dedicarle una larga mirada, pero pareciera que sólo la había despreciado. -Bueno, está más que obvio que tú no requerías mi ayuda. No es mi culpa si nunca te atreviste a usar esas puertas. -Se burló sonriendo ladinamente y con sorna.
Al final había sido Saturn quien había dado la bofetada.
-Tienes tu oportunidad de hablar con ella, igual que todas. -le dijo, volviendo a atraer su atención. -Elige bien tus palabras, pues puede que sean las últimas.
-¿Es una amenaza?
-Es una advertencia. -REspondió, y en sus ojos se desataba un mar de furia que no se expresó en el resto de su cuerpo. -Te lo debo, por haberme arrancado de mi padre incontables veces. -Murmuró en tono sombrió.
Eso acabó por destruír la paciencia de Plut.
-¡Titán no es tu padre!
-No. -Le cortó la amatista. -Pero es lo que queda de quien alguna vez lo fue.
La había dejado sola tras decir aquello y Plut había entendido bien a lo que se refería. Era curioso, el soñarse recordar algo dentro de un recuerdo. Pero así era como se veía entonces. Evocando las palabras que su reina le había regalado cuando le había devuelto su libertad.
"Mereces tener una vida."
Y era perfectamente razonable el recordar aquello, estando a un instante de hablar con quien en ese momento era su reina 'fugitiva'. De todas las sailors, ella era sin duda la que más le debía.
-Aunque pareciera lo contrario, nunca desee encadenarte a la pesadilla de un futuro perfecto. -Le había dicho entonces, dentro de aquella habitación en la que se había hospedado, después de que Neptune la hubiese llevado ahí tras revisar la sanación de su herida en su brazo izquierdo. -Siempre quise ser imparcial, es sólo que los malos hábitos a veces permanecen inmunes al tiempo mismo. -Se quiso justificar, pues era evidente que se había comportado como una segunda madre con ChibiUsa al grado de a veces responder en el bien de ella más allá del bien mismo del futuro.
-Él también es su rey. -Había sido la respuesta de Serenity, sentada en aquella amplia y mullida cama; que no era la suya, se recordó al verla. No. Aquella habitación era de Seiya.
-Tan sólo porque tú lo elegiste como pareja.-Le aseguró y en sus ojos no hubo mentira. -Si pasas de él, nosotras haremos lo mismo, nuestra lealtad siempre ha estado contigo.
Pero la joven mujer había dejado salir un quejido en forma de risa.
-Eso irónicamente sólo consigue complicarme las cosas, ¿pasar de él? -se reclamó más a sí misma. -¿cómo puedo hacerle eso después de haber sido yo quien lo hubo elegido?! -le cuestionó mirándola al fin.
-No sabías de
-No. No sabía. -Le cortó, a sabiendas de que había estado por mencionar a Seiya y de quién representaba en su pasado. -Pero le reconocí, algo en mí se encendió aquella vez y no hice nada por cambiarlo, ¡nada! -Dijo elevando la voz una octava, tras recordar aquél primer encuentro en el aeropuerto de Tokyo.
-Porque no deseabas hacernos daño. -Trató de razonar Plut. -Usagi, todo este tiempo siempre te has dedicado a dar, incluso en lo respectivo al amor. Sé que le amas y sé bien en la encrucijada en la que te encuentras; pero incluso así, tu corazón sólo clama por uno ¿o no?
En su rostro había preocupación, porque realmente quería a esa chica, a esa mujer en la que se había convertido, la adoraba. Y estaba arrepentida de haber perdido de vista el hacerla feliz. Por un instante sus palabras parecieron tener peso en el corazón de la rubia. Pero el instante se desvaneció tan pronto como le vino.
-Hice un juramento.
'Necia hasta el final', había pensado la sailor del cambio. -No interferiré en tu decisión, la apoyaré sea cual sea pero no sin antes darte todas las opciones.
Primero el silencio. Y después Usagi suspiró.
-Gracias. -Le sonrió débilmente. -Tal vez si el destino nos lo permite, podamos tener la oportunidad de corregir todo esto en una nueva vida.
-Tal vez. -Asintió Setsuna, por fin sonriendo sintiéndose algo aliviada al ver aquella sonrisa honesta en el rostro de su amiga.
-Setsuna -Pero al notar aquella inseguridad en el rostro de ella, Usagi, siendo tan noble como era, se había puesto de pie de inmediato, no deseando que alguien más pasara por lo mismo que ella. -De todas, eras la que tenía más derecho de ser libre de esta carga. -Le dijo envolviendo sus manos con las suyas propias. -Si vuelves a renacer, me gustaría que lo recordaras.
Aquella última petición, aquellas últimas palabras, resonaron en los oídos de la morena antes de que el sueño terminara de esfumarse de su ser...
"No te ates a ésta vida, si no es lo que deseas."
Era por eso. Justamente por eso, que había estado tan pero tan renuente a despertar a su sailor interna. Pero también entendía que eso era todo lo que era, su esencia.
-Sólo deseo hacerte feliz. -Murmuró, a sabiendas de que para lograrlo, debía volver a su lado para defenderla. -Devolverte en gratitud el regalo que me diste.
Derramó un par de lágrimas tras decir aquello, lloró tan sólo un pequeño instante, justo cuando el avión comenzaba a aterrizar.
La haría feliz y para lograrlo, ayudaría a quien ya tenía un plan bien elaborado para defender a quien hubiese sido su única mejor amiga.
Molly.
Cuando Nephryte entró en la habitación lo primero que vio fueron las ropas acomodadas sobre la cama y las dos maletas que Molly iba llenando tras decidir qué se llevaría para el viaje. Y no pudo evitar el asombro que acompañó a su pregunta cuando la formuló.
-¿Vendrás conmigo?
Molly detuvo su tarea tras escucharle hablar, ligeramente sorprendida de verlo ahí con ella. Y tras un instante respondió.
-Sé que no puedo ir contigo. -Le dijo sonriendo de forma comprensiva, pues entendía la alarma que se había reflejado en los ojos del muchacho. -Pero puedo alcanzarte en España. -Le aseguró, divertida del alivio que se reflejaba en su novio para luego tensarse con sospecha. -Descuida -le sonrió con más fuerza acariciándole el brazo, -no interferiré si es lo que te preocupa. Sólo quiero verla, aunque sea un instante. -Le aseguró, con la plegaria brillándole en los ojos.
El pelirojo sonrió dejando escapar un suspiro, su sonrisa nunca alcanzó sus ojos.
-Quisiera que fuera diferente.
-Sí bueno, no basta con quererlo. -Respondió ella quitándole importancia, devolviéndose a la tarea de guardar su ropa.
-Neprhyte -fue en ese momento que Ziocyte apareció como una especia de holograma frente a ellos. -Ha llegado la hora, hemos localizado a Beryl
Los dos se tensaron al oír aquello. Pero mientras ella sentía excitación anticipación a lo que deseaba, él sentía su pecho oprimirse de tener que dejarla. Ella lo sabía y por eso le devolvió la mirada.
-Ve. -le dijo volviéndole a sonreír. -Yo estaré bien, lo prometo.
Él asintió, recordándose que había prometido el confiar y creer en ella.
-Te veré en dos semanas. -le dijo, dándole un beso en la mejilla.
-Sí. -Respondió, cerrando los ojos para que él no viera la tristeza que comenzaba a posarse en ellos.
Tras un instante, él desapareció junto con su compañero. El semblante de la peliroja cambió a uno de determinación, pero casi ausente de emoción alguna. No era descuidada, así que salió al balcón, recargandosé en el barandal de espaldas, sólo por si acaso él volviese aparecer allí mismo. Y sacando su celular del bolsillo hizo una llamada.
Sonó dos y tres veces, hasta que la llamada fue tomada.
-Con Andrew Aino por favor. -Fue lo primero que dijo y no tuvo que esperar mucho antes de escuchar la voz del mismo. -Andrew, soy Molly, ¿conseguiste que aceptaran la oferta? -Sonrió tras escuchar la respuesta. -No, Darien estará allí también, no te preocupes. Pero necesito que convenzas a Serena. -Su vista se permitió perderse en el cielo nocturno, tras comprobar que la habitación seguía vacía. -Descuida, sé cómo lidear con Mina.
Helena Sailor Star Fighter
Finale - L'Arc en Ciel
Era domingo, el último día que permanecerían en aquella playa. Volverían al día siguiente al centro de la ciudad. Justo a tiempo para las clases del medio día. Pareciera como si el sueño se hubiese terminado, pues en un abrir y cerrar de ojos aquél último día ya casi se había acabado. Faltaban dos escasas horas para la media noche y Seiya estaba recargado en el sillón de la ventana, con la guitarra entre sus brazos y una libreta en medio de las piernas, tenía además una pluma sostenida encima de su oreja derecha, con la que al parecer había hecho anotaciones.
Y cantaba mientras tocaba y luego escribía para dar comienzo otra vez con el canto. Cumpliendo con la tarea que se le había encomendado, de escribir una canción que pudiera compartir con la artista francesa, Michiru. Lejos de mostrarse en problemas por aquella enmienda, se sentía motivado; había estado deseando el componer desde que hubieran llegado a la playa. Pero con la cantidad de trabajo le había sido imposible. Ahora pareciera que el mismo trabajo estaba intentando recompensarle.
Pues sabía exactamente la historia que ahora quería contar. Y dicha historia estaba cantando justo ahora.
-"Awaku hakanage na utsukushisa
kowasarenu you chizuka ni dakitoseta"
Su voz resonaba por toda la habitación, llenando cada recoveco con la magia que sólo él poseía. Una magia a la que su conciente aún era ignorante. Era como si una bruma hubiese cubierto de pronto el espacio en el que se encontraba. Había algo místico en la letra de esta nueva canción.
"Tsuki no kakurega de motomeau
kanjiteruno wa sadame no setsunasa yo"
Aunque no estaba seguro de si aquella letra sería la más adecuada, no era capaz de despegarse de esa melodía. Era como si un lejano espíritu le hubiese dominado, llamándole constantemente hasta convencerlo de cantarle.
"Shinobiyoru kehai fusaidate
oitsumerareta urei no kuchimoto ni fureta"
-¿Estás trabajando en una nueva canción?
Seiya abrió los ojos ligeramente sobresaltado y en un instante la escena se desprendió tras reventar la burbuja mística en la que se había encerrado. Serena estaba de pie frente a él con una mirada curiosa y su clásica sonrisa, esa que dedicaba sólo para él.
-Bombón -exclamó al verla, tranquilizando su corazón en el proceso.
La rubia tomó la libreta del chico y se dispuso a leer lo que llevaba escrito, en un intento de evitar el que él le cuestionara desde cuándo estaba en la habitación. No quería tener que responder aquella pregunta o de lo contrario se vería obligada a responder que no quería escucharle cantar aquello, por una razón que no lograba elaborar.
-Shuumakue mukau hizashi no naka, mabushisugite ashita ga mienai, furimuita kimi wa toki o koete mitsumeteiru, adokenai shoujo no mama -leyó y de inmediato sus ojos se abrieron en asombro, tras haberse deshecho del semblante tenso y fruncido por el trabajo que le costó leer aquello. -Estás escribiendo en japonés.
Seiya rió por lo bajo.
-¿Oxidada?
-No del todo. -Aceptó sonriendo de nuevo. -Pero lo entenderé mejor si me lo cantas. -Le animó, usando secretamente la psicología inversa.
-Aún no está terminada. -Confesó el moreno para alivio de la rubia.
-Pero la terminarás. -Quién seguía intentando desprenderlo en secreto de aquella tarea. Y tomándolo de ambas manos, tras haber dejado la libreta en el sillón junto con la guitarra que le quitara después de las manos. -Debes dormir, anda ven conmigo.
Él la siguió de buena gana, sonriendo ladinamente mientras enarcaba una ceja de forma coqueta.
-¿Dormiremos juntos?
-Sí, pero será del verbo dormir, no del verbo tendremos relaciones sexuales.
Él volvió a reír dejandose guiar por ella hasta la mullida cama.
-Lástima -se expresó, restándole importancia con un ligero subir y bajar de hombros. -Algún día habrás de ceder bombón. -Le advirtió adentrándose con ella en ese lecho debajo de las cobijas.
-No pierdas la esperanza Hino. -Fue la respuesta de ella, rodando los ojos.
Y se dejó abrazar por él, dejándose envolver bajo el refugio de sus brazos. El moreno suspiró tras haber respirado el aroma a cereza que desprendía el aún húmedo cabello de ella. A sabiendas de que de nuevo en la ciudad, no podría compartir cama con ella. Acarició la piel de ella, mientras ésta conciliaba el sueño. Aquella vieja melodía envolviéndolo de nuevo. Sus ojos nublándose de aquél pasado, de ese bizarro sueño que constantemente le llamaba.
Su canción incompleta se completó poco a poco bajo el encantamiento del sueño del que había caído presa. Aún relativamente consciente de la presencia de su compañera, pero tan lejano como para visualizar ya el lugar en el que estaba. Quedó profundamente dormido y el sueño empezó así, con aquella canción de fondo.
El Universo era un lugar oscuro y frío, lleno de la Nada. Y cuando las estrellas fueron creadas, con su refulgente poder habían dado vida a un mundo interminable. Pero por esa misma infinidad, la oscuridad no había podido ser desterrada del todo. Había muchas galaxias, pero ninguna tan brillante como la Vía Láctea. Había muchos sistemas solares, pero ninguno tan hermoso como el Sistema Solar de la Luna.
El Cielo, había vertido sus esperanzas en la Tierra. En un Reino que prometía ser una especie de mundo intermedio. Apolo había creado aquello junto con Artemisa. Pero también había concedido el que dicho mundo tuviera su propia realeza. Permitiendo con ello el que la tierra llamada Ilusión fuese el centro del mundo mismo. Pero nada de esto era importante en aquél sueño.
Aquél sueño que empezaba con la visión de una joven peliroja. Hermosísima. Sentada al borde de un río de bajo nivel, con los pies descansando dentro de aquél riachuelo lleno de piedras, el agua hasta los tobillos. Su rostro tenía finísimas facciones, pero su mirada lucía triste.
Bendecida como era con aquella belleza, la calamidad la perseguía incluso en sus momentos de silencio. Seiya lo sabía, aún a pesar de escuchar las voces de aquellos recuerdos y simplemente viendo cómo desde niña, había sido robada por múltiples hombres. Hombres que quisieron poseerla, pero incapaces de conseguirlo. Pues tan pronto alguno se hacía de ella, otro aparecía para robarla justo en ese momento. Y luego corrían y corrían, con ella como prisionera, huyendo de cuanto ser quisiera pelear hasta conseguirla.
Y así el ciclo se repetía.
Joven y hermosa. Y además longeva. Seiya supo que aquella mujer poseía las mismas características de un resplandeciente sol. Pero demasiado inexperta, hacía causado calamidades sin quererlo alrededor suyo. Desatando guerras por su nombre tan sólo con la intención de conseguirla.
Helena era su nombre. Y Apolo fue al final quien la rescató tras el final de aquella legendaria guerra entre Grecia y Troya... Ahora esa doncella descansaba frente a aquél río, en donde en medio de éste, dicho guardián le miraba atento; tras un instante se sentó por delante de ella, dejándose humedecer por aquella cristalina agua. Él no escuchó las palabras que intercambiaron aquellos personajes, pero sí pudo apreciar cómo la tristeza de ella desaparecía para llenarse de una genuina esperanza.
Kono ude no naka de mezameyuku
kimi no kanashimi ga tada kanashikute
Kuruoshii made ni koishitau
itsumademo soba ni ite hanarerarenu you nia
Apolo había ocultado su roja melena, haciéndola tan oscura como la suya propia, y la había hecho aún más longeva, para que éste pudiera volver a encontrarse con ella cuando reencarnara.
Y ella espero recluída en aquél jardín secreto. Siglos después de, siendo resguardada celosamente por el Guardián del Cielo del que ella misma se hubiese hecho cargo desde que fuese creado, concebido por el Cielo mismo, Jedaite. Pero Apolo no volvió entonces, cuando Endymión nació en la Tierra. Cuando el príncipe de la Tierra tras salir en una expedición se encontró con ella. Justo cuando el poder mismo del guardián del sol se había desvanecido, y aquella cabellera roja brillaba de nuevo como una halo mágico.
Y ella, creyendo en principio que se trataba de su viejo amigo, se había acercado a él sin reparos, hasta que había sido demasiado tarde como para ocultarse, pretendiendo esconder quién era ella por temor a recaer en su vieja historia; en la que los hombres desataban guerras por ella. Para su suerte, aquél heredero era el espíritu mismo de Ilusión y su corazón carecía de oscuridad. La respeto y la hizo su amiga. Y secretamente sin que ambos lo supieran, también se hizo de su corazón.
Cuando Apolo finalmente regresó por ella, en la forma de Eos, ella ya había descubierto sus sentimientos. Y, habiendo aceptado seguir al joven príncipe, había negado el cristal sailor que Eos le ofrecía. El guardián fingió darle la opción de elegir, pues aún tenía un plan para aquella mujer y de momento decidió seguirle el juego llevándose la gema consigo.
Furisosogu tsumi ni irodorareta
kareta michi o samayoitsuzukeru
Ella había sido conquistada por el príncipe Endymion, quien le hubiese dado también su corazón y su confianza, su fe en que ella lograría el dominio de aquél poder oculto dentro de sí misma, para poder usar su belleza en beneficio de la humanidad, como un ser que diera paz en lugar de guerra.
kono ai wa daremo furesasenai
sore ga kami ni somuku koto dearou to
Y convencida de ese amor, se había ido al centro mismo de Ilusión bajo la protección de Eos para "purificarse". Había sido por eso que no había sido conciente de cuando su guardián había perdido la vida. Lo cual le había impedido despertar a tiempo y perder aquél cristal sailor. Pues ella ya había aceptado convertirse en otra piedra. Una enteramente terrestre, una verde aguamarina llamada Beryl.
Y aún con la tristeza de saber la muerte de su amigo, estaba emocionada de reencontrarse con su príncipe.
Y cual sería su sorpresa tras descubrirlo perdidamente enamorado de una mujer que desde el inicio tenía una belleza que irradiaba paz y bondad y llenaba de calor el corazón de cuanto ser vivo se le atravesaba. Que tenía y que era todo lo que ella había buscado ser.
Seiya fue capaz de oír entonces la dulce voz de la mujer quebrada por el dolor y la decepción de aquella escena.
"Desde el Reino Lunar, princesa del Milenio de Plata y heredera del místico Cristal de Plata."
A través de esas palabras fue capaz de sentir el nacer de aquella rabia. De aquél odio nacido del amor mismo. Porque ante la presencia de Serenity, había sido completamente ignorada por aquél que años atrás la había elegido.
Quizá se habría resignado, quizá lo habría aceptado con el tiempo.
Si tan solo no se hubiese encontrado accidentalmente con Pandora, quien la llevó hasta donde se encontraba Metalia.
Kagami no kimi wa sakasama no hohoemi de
togiresou na yume tsumugi no ito o kitta
Aquella entidad maligna había despertado la oscuridad en la joven descendiente de las estrellas. En aquella luchadora. ¿Cuál era el propósito de su belleza? Si Serenity existía como luz, ¿no era justo que ella existiera como oscuridad? Sí. La culpa la tenía la princesa de la Luna. Ella era la verdadera usurpadora en aquella historia y era ella misma, quien debía rescatar al príncipe, a la Tierra del dominio de aquél despreciable reino.
Renunció a su humanidad y se entregó a las sombras.
Eien ni shizumu sono inori ni
kotae mo naku minamo ga yureteru
Lideró aquél ejército en contra del Reino Lunar. Abusando de su amistad con Jadete para ser el primero al que conquistara, logrando con ello el que éste persuadiera al resto de sus hermanos. Pronto tenía un séquito que la adoraban y la reclamaban como legítima reina. Helena la terrible. No. La Reina Beryl, la liberadora.
kuzureyuku kimi o sukuenakute
ayasu youni nemuraseta ano toki
Su resentimiento a Endymion había sido tan fuerte entonces que le había asesinado sin miramientos. Pero el brillo que aún permanecía en su interior la había hecho lo suficientemente débil para dejarse herir de gravedad por Venus. Fusionada con Metalia reencarnó en el siglo XX. Pero el dominio de ésta sobre ella ya no era tan fuerte y cuando recordó a Endymion en Tuxedo Mask, le había secuestrado, obligándolo a seguirla, tan sólo porque deseaba salvarlo...
...Sin conseguirlo.
Seiya abrió los ojos, al percibir el que Serena estaba medio despierta. Aún era de madrugada y no tendrían que levantarse sino hasta dentro de varias horas más. El sueño aún le dominaba y un temor le martilleaba la cabeza. Después de todo, ¿qué tan diferentes podían ser dos mujeres con amores tan pasionales?
-¿Bombón, ya no estás molesta? -le llamó, a sabiendas de que la rubia entendería al instante de lo que le hablaba.
-No. -Respondió al instante, sin abrir los ojos.
Seiya juntó las cejas, inseguro.
-¿Segura?
Y Serena hizo una mueca.
-No presiones Seiya. -le advirtió, rehusándose aún a verlo. -Pero no, no lo estoy. Además, la última vez que vi a Michiru su interés estaba en Haruka. -Le dijo, su semblante más relajado y el sueño un tanto más difuminado.
Él abrió los ojos con sorpresa.
-¿En serio?
-Sí. -Asintió y tras dos segundos de silencio por fin abrió los ojos cayendo en cuenta de algo, Seiya agradeció poder ver aquellos hermosos zafiros. -Ahora que lo recuerdo, también había mencionado que estaría en el campeonato de NASCAR, debí suponer que también participaría en la liga de Europa -se quejó.
Y él levantó las cejas con genuina sorpresa, al notar la carencia de celos en el semblante de ella.
-En serio no estás molesta -advirtió.
-Ya te había dicho que no. -Esta vez fue el turno de ella de juntar las cejas en gesto molesto. Y luego sonrió altanería. -Además, no hay nadie más importante para tique yo, ¿cierto? -señaló, poniendo su dedo índice sobre los labios de él.
-Cierto -quien le sonrió al instante, antes de tomar su mano completa para depositar un beso en ella. -Y nunca lo habrá. -Le prometió.
El rostro de ella se sonrojo y pronto ambos estuvieron de nuevo envueltos en brazos del otro, con las bocas unidas y los cuerpos apretándose en un intento de fusionarse, encajados por las partes correctas con el estorbo de la ropa impidiendo el contacto directo... Al final ella volvió a caer en brazos de Morfeo. Y cuando él estuvo seguro de que ella dormía, se levantó para escribir aquella canción. Comenzando a cantarla por donde se había quedado al principio.
-"Shuumakue mukau hizashi no naka... mabushisugite ashita ga, mienai. Furimuita kimi wa toki o koete... mitsumeteiru adokenai shoujo no mama"
Incluso si ella no se lo había dicho, había entendido porqué no quería que se la cantara. En respeto a ella, decidió no llevar aquella canción consigo más allá de esa noche.
La hoja quedó olvidada entonces, sobre la cómoda al lado de la cama. El viento parecía querer arrancarle aquellas palabras, justo cuando ellos se hubieron ido... Aquella melodía viajó a su destino. Jadeite tenía el poema en sus manos y se encargó de recitarlo frente a la tumba de cristal en la que dormía su mejor amiga. Pronto, pensó el rubio, Eos volvería por ella para cantarle aquellas notas mientras la liberaba...
Desvaneciente, transitorio signo de belleza
Sin destruirlo, lo mantuve cerca mío
Buscándonos en el escondite de la luna
siento el dolor del destino.
La preocupación acercándose sin ser vista
está el camino llevándome a la entrada
a la tristeza
El interior de la luz que lleva al final
es tan brillante, que no puedo ver al mañana.
Volviste hacia atrás, a través del tiempo,
mirando como una pequeña.
Despiertas en estos brazos,
con tu profunda tristeza.
Amando hasta el punto de enloquecer,
quédate siempre a mi lado,
para que nunca me separe de ti.
Coloreado por la tormenta de pecado,
sigo vagando por el seco camino.
Nadie tocará este amor,
Esa es nuestra desobediencia a Dios
Tu en el espejo,
con esa sonrisa al réves
Cortó el hilo que apenas sostenía tu sueño
Eternamente hundiéndose
en esa súplica
que nadie puede contestar,
el agua está subiendo
No te pude salvar
en ese tiempo, te puse a dormir.
Y dormida estaba.
Pero ya no por mucho tiempo.
A/N: Quizá muchas de ustedes ya lo dedujeron, pero aproveché la vasta variedad de nombres que tuvieron los personajes de Sailor Moon en distintos países; haciendo que los nombres japoneses fueran del siglo XX, cuando vivieron en Japón y los nombres latinos de esta nueva era, donde sólo Rei vive en Japón. Aún no decido de cuántos capítulos haré esta historia. Confieso que es la primera en salírseme de lo planeado, digo casi siempre me absorbe la historia como si tuviese vida propia; pero e¿ésta es la segunda que se sale del contexto que tenía planeado en un principio, en donde no pretendía usar a las sailors pero bueno... ya estamos aquí y me siento contenta con el resultado.
¿Qué tal ustedes? Por cierto, ¿creen que estaría bien hacer un capítulo completo también para los guardianes?, justo como hice con las sailors? ¿o pasamos ya a que interactuén todos? Lo cierto es que no quisiera enfocarme demasiado en las historias de su pasado más que la historia de su presente, si me entienden a lo que me refiero. Háganmelo saber porfa, para saber bien qué escribir y cómo escribirlo en el siguiente capítulo.
Bueno, espero su respuesta.
Ja ne!
