Capítulo 10: Una tormenta… de dudas.
Definitivamente, la impetuosa lluvia que se había desatado la noche anterior, amenazaba con seguir durante el resto del día, copiosa e interminable. Si había algo que al pelirrojo le gustaba tanto como comer era dormir y más aun con el sonido de la lluvia al golpear sobre el tejado. Pero Ron estaba despierto, sentado en su habitación, mirando la lluvia chocar violentamente sobre su ventana como si quisiera colarse por ella y hacerle daño. No había ido a trabajar pues los días de tormenta el oceanario permanecía cerrado y su madre no le había llamado para desayunar seguramente porque sabía que él amaba dormir en esos días. Hacía ya un par de horas que había abierto sus ojos y que se encontraba sentado junto a la ventana, abrazando sus rodillas y pensando en lo que había sido su vida hasta ese día. Casi todos sus recuerdos eran junto a su, ahora, ex novia y aunque no entendía muy bien porqué, sentía un gran vacío en su interior al saber que las cosas no volverían a ser iguales con ella. No podía dejar de preguntarse como se sentiría Cho y si estaría en la misma situación que él y eso lo desesperaba. En varias oportunidades, había levantado el tubo del teléfono para llamarla pero, al empezar a marcar el número se daba cuenta de lo inconveniente de la idea y colgaba rápidamente. Observó el reloj en la pared y éste marcaba las 11 de la mañana… Dio un hondo suspiro y apoyó la cabeza junto a la ventana desalentado: el día amenazaba con ser largo y tortuoso…
El telefono sonó de pronto, haciéndolo sobresaltar y correr a atenderlo como si su vida dependiera de ello. Sintió una mezcla de alivio y frustración al escuchar la voz de Lavender: alivio porque era su amiga y la necesitaba en ese momento; frustración porque, muy dentro de sí y aunque todo indicaba que era algo imposible, esperaba que fuera Cho.
A pesar de que necesitaba hablar de lo que había sucedido la noche anterior, no sabía porqué pero decidió en ese momento retrasar el tema, dándole prioridad a la noche de su amiga. Aunque la pregunta que le hizo no fue del todo acertada:
- ¡Qué poco me conoces! ¿Pensabas que me acostaría con él la primera noche? ¡Nos habíamos conocido hacía solo unas horas! – su voz sonaba indignada.
- Lo siento… Fui un estúpido, no debí preguntar eso – se lamentó con sinceridad.
- Oye… ¿Qué te sucede? Tu voz está algo rara – se preocupó la rubia.
- No es nada, es solo que… Cho y yo terminamos. – No pudo evitar que su voz temblara levemente.
- ¡¿Cómo?! ¡¿Terminaron?! ¡¿Cuándo pasó eso?! ¡Rayos! ¡Voy para allá en este momento!
- Lav, está lloviendo a cantaros, no es necesario que…
Pero no pudo continuar ya que su amiga había colgado el teléfono. Colgó dando un hondo suspiro y se recostó en la cama, apoyando la cabeza sobre sus manos entrelazadas. Empezó a mirar una pequeña mancha de humedad en el techo como si fuera lo más interesante que había en aquella habitación e intentó concentrarse enteramente en ello; ya no quería pensar en Cho, ni en Hermione, ni en lo solo que se sentía… Porque esa era su situación presente: estaba solo, como aquella mancha en el techo.
Draco Malfoy oía el estruendoso crepitar de la lluvia pensando en la noche que había vivido. Sentía una mezcla de desconcierto y temor por la inesperada situación que había mantenido junto a Pansy al regresar de la casa de Harry. Jamás en sus veintiséis años había pasado por eso y no podía evitar sentirse preocupado. Bajó una de sus piernas al suelo con extremo cuidado para no despertarla y siguió con la otra, observándola cada tanto para asegurarse de que no la hubiera despertado. Mientras levantaba su ropa del suelo, observó a esa mujer que dormía placidamente y tan desnuda como él y no pudo negar que se trataba de una mujer absolutamente hermosa y sensual. Y eso hacía crecer aun más su confusión… ¿por qué su cuerpo la había rechazado? Ella se había entregado a él, dispuesta a hacerle pasar una noche llena de pasión y amor, lo había besado, acariciado y seducido de la mejor manera, pero él no había sentido nada. Pero antes de que la frustración llegase a ella, él había cerrado sus ojos y en su mente había aparecido otra mujer… Una que no era precisamente quien estaba en esa cama junto a él. Y lo peor había sido al final, cuando ella con una sonrisa de satisfacción desmedida, le había confesado que había pasado la mejor noche de su vida… Y eso, al contrario de lo que debería haberle hecho sentir, lo había preocupado demasiado y temía al hecho de que tuviera que recurrir siempre a lo mismo. Porque su cuerpo había tenido sexo con Pansy Parkinson, pero su mente y su corazón le habían hecho el amor a otra mujer. Una mujer rubia, dulce y frágil a la que su novia solía llamar "Lunática".
Hermione se encontraba sentada en la cocina, bebiendo una espumante taza de café, en un sepulcral silencio solo roto por la extraña melodía que producían la incesante lluvia y la ronca respiración de Fleur que dormía pesada y profundamente a causa del estado al que había llegado la noche anterior. Pensaba en lo extraño que había culminado esa fiesta de bienvenida en la que Ron y Cho habían desaparecido cuando se había desatado la lluvia aunque se imaginaba que, como eran pareja, se habrían ido juntos a la casa de alguno de ellos. Se sintió una estúpida por sentirse mal por ello; en definitiva, ellos habían procedido de manera normal y ella no debía esperar lo contrario. Desde que había llegado, su mente había jugado una mala pasada con ella y le había hecho hacer llegar a un estado en el que no debía estar. Ella estaba allí de vacaciones, para reencontrarse con sus viejos amigos y no para vivir un amor de verano; ya tenía uno y duraba las cuatro estaciones. En ese momento empezó a pensar en Cedric y en cómo estaría en ese momento; seguramente trabajando duro para terminar con su caso de una vez por todas y poder estar junto a ella, en cambio ella estaba pensando en otro. Sin pensarlo un minuto más, tomó el teléfono y marcó el número de su novio. Necesitaba escucharlo, hablar con él, olvidarse por un momento de en dónde estaba y porqué; sólo quería sentirlo de nuevo, aunque solo fuera su voz la que pudiera percibir.
- Hola mi amor – la voz de Cedric se escuchaba lejana y somnolienta.
- Hola vida… Te extraño mucho – Hermione hablaba con sinceridad en su corazón.
- Yo también… Pero ya nos veremos pronto, no te preocupes. ¿Cómo la están pasando?
- Bien… La isla es maravillosa y los chicos están muy bien, estoy muy feliz de volver a verlos. Pero estaría mejor si tú estuvieras aquí conmigo…
- Lo siento cariño, estoy haciendo lo posible para poder estar contigo lo antes posible.
- Lo se… Lo siento, no pretendía apresurarte.
- Oye, ¿te encuentras bien? Pareciera que estás un poco… apagada – ahora su voz era de preocupación.
- Si… Debe ser la lluvia y que me siento un poco encerrada, es todo… No te preocupes por mí, ocúpate de tu caso para terminarlo pronto y poder venir aquí conmigo – contestó, intentando sonar tranquila.
- Lo haré… Ahora debo irme, te llamaré esta noche ¿si?
- Está bien.
- Te amo Herms, adiós.
- Adiós.
Hermione colgó sintiéndose peor que antes. Había creído que se sentiría mejor al llamarlo pero había comprobado que no era así. Escuchar su voz le había dado tranquilidad porque lo quería y la hacía sentir bien pero… No había sentido lo que esperaba. Comenzó a pensar si realmente quería que él llegara pronto a la isla para tenerlo junto a ella o… para alejar a Ron. Ni siquiera había podido responderle que ella también lo amaba, aunque sus labios habían intentado articular esas palabras, su voz no había salido. ¿Y si ya no lo amaba? Al preguntarse aquello, un temor mayor la invadió: ¿Y si nunca lo había amado? Dudas… Era todo lo que ocupaba su mente. Por primera vez, desde que habían empezado su relación, comenzó a dudar seriamente de si querría pasar el resto de su vida junto a él. Se sentía desanimada y confusa, en ese momento deseaba estar viviendo una pesadilla que se solucionaría al despertar, pero no era así; aquella era su realidad, su confusa e inestable situación presente. Se llevó las manos al rostro y negó vehementemente con la cabeza, no podía creer que una persona como ella, cuya vida siempre había sido perfectamente ordenada y segura, estuviera en ese momento cayendo por un precipicio plagado de preguntas sin respuestas que amenazaban con hacerle perder el certero juicio que siempre la había acompañado. Un gruñido lastimero la hizo sobresaltarse y girarse hacia donde había provenido aquel sonido. Fleur estaba apoyada contra la pared completamente despeinada, frotándose la nuca con una mano, con el ceño fruncido y observándola con los ojos entrecerrados. Se acercó a ella arrastrando los pies y maldiciendo en voz baja por los malestares consecuentes de su estado de la noche anterior. Al sentarse, apoyó sus manos sobre la mesa y luego su cabeza cayó sobre ellas, siguiéndole un nuevo gruñido de lamento. Hermione pasó sus dedos por la cabeza de su amiga y con voz dulce y preocupada le preguntó:
- ¿Te sirvo un café?
- Si… Bien cargado por favor – contestó, sin levantar la cabeza – Oh por Dios… Voy a morir…
- Estarás bien, no te preocupes – dijo levantándose para ir a servirle la infusión – tómate esto y después pégate un baño relajante, te hará sentir bien – apoyó un vaso con agua, una aspirina y la taza de café – iré a prepararte el baño.
- Gracias, a veces creo que no te merezco – comentó su amiga intentando hacer una sonrisa que fue rápidamente cambiada por otro gruñido.
- Yo creo lo mismo – bromeó la castaña removiéndole el cabello suavemente para luego dirigirse al baño.
Al terminar, se sentó junto a Fleur con la esperanza de que tuviera más ánimos para decidirse a hablar sobre lo que había acontecido en la casa de Harry. Pero antes de que pudiera llegar a abrir la boca, Fleur se le adelantó:
- ¿Notaste que Bill no se parece mucho a Ron? Creo que se parece más a su hermana…
- ¿Ron o Bill? – inquirió contrariada.
- Bill – respondió con fastidio como si fuera algo obvio – ¿Puedes dejar de pensar un poco en Ron y concentrarte en lo que digo?
- ¡No estoy pensando en él, tu lo mencionaste! – se defendió, alzando la voz.
- Shh… - la calló cerrando los ojos -Por favor, no grites, se me parte la cabeza.
- Lo siento… ¿quieres ir a darte el baño y después seguimos?
- ¿Seguimos con qué? – preguntó desconcertada – Ah nooo… ¡Quiero que me cuentes donde estabas ayer antes de tu fiesta de bienvenida! – se mostró completamente interesada en ello, por lo que Hermione no pudo evitar responderle.
- Estaba con Ron… - había enrojecido y no era para menos porque al responderle, el semblante de su amiga se iluminó completamente y una sonrisa llena de picardía se había dibujado en sus labios.
- ¿Con Ron eh? Con razón piensas tanto en él…
- ¡Te dije que no estaba pensando en él! – ante el gesto de dolor de su amiga, bajó un poco la voz – nada pasó.
- ¿Y qué hicieron?
- Nada… Merendamos en la playa y luego me llevó a conocer a los delfines con los que trabaja – hablaba con neutralidad, como si le estuviera diciendo que había ido a hacer un trámite, algo que no pasó desapercibido para su amiga que la observaba con la misma sonrisa maliciosa.
- Una cita perfecta… - opinó, intentando contener la risa.
- No era una cita, solo salimos como… amigos, eso es todo.
- ¿Y volverás a salir con él? – curioseó, intentando sonar seria.
- No lo creo – contestó, sin atreverse a mirarla.
- ¿Por qué no? Si sólo es tu amigo y no hay ninguna intención escondida, no entiendo porqué no volverás a salir con él.
- Bueno… Si, quizás lo haga… ¡Pero porque es mi amigo! – se defendió, aunque Fleur no había acotado nada.
- Exacto… Es tu amigo – finalizó, palmeándole suavemente el hombro antes de levantarse y dirigirse al baño.
Hermione se quedó sentada observándola mientras se iba. No podía negarlo, al menos no a ella misma. Le gustaba estar con Ron y quería volver a verlo, ¿para que engañarse? Después de todo, ellos eran solo amigos, nada iba a pasar… Aunque no estaba completamente segura de que era eso lo que quería.
Ron y Lavender conversaban en la habitación de éste desde hacía unos minutos, cuando la rubia había irrumpido en la casa echa un nudo de nervios. Molly se había preocupado bastante al verla así pero ella había arreglado la situación, diciéndole que su estado se debía a que se le había inundado la casa a causa de la fuerte tormenta, agregando que ya lo había solucionado antes de que la señora Weasley intentara ofrecerse para ayudarla en su infortunio. Ron le había contado con detalles lo que había ocurrido cuando ella se había ido con Cormac y frunció el ceño contrariado cuando el primer comentario de su amiga había sido su sorpresa por la virginidad de Luna, aunque automáticamente se había disculpado y había centrado su atención en el verdadero problema.
- A ver si logro entender bien… ¿estás preocupado por cómo puede estar Cho o… porque ya no estarás con ella como antes? – indagó con curiosidad la rubia.
- Las dos cosas.
- Pero… Tú no quieres arreglarte con ella ¿no? ¿No me digas que quieres volver? – preguntó, sintiéndose algo desorientada.
- No, no quiero regresar con ella, solo quiero que estemos bien. Antes de ser novios éramos muy buenos amigos y temo que ahora ya no lo seamos nunca más. Yo la quiero y no quiero perderla.
- Entiendo… Deberías decírselo.
- ¿Y si ella no quiere? No puedo obligarla a que quiera lo mismo que yo – se lamentó el pelirrojo.
- Yo creo… bah, estoy bastante segura, que ella siente lo mismo. Después de todo, fue ella quien rompió contigo ¿no?
- Bueno… en realidad, creo que no tenía opción… Si yo le hubiera respondido que sí la amo, ¿hubiera terminado conmigo de todas maneras?
- Eso nunca lo sabremos… Al menos, no hasta averiguarlo.
- ¿Estás sugiriendo que se lo pregunte? – preguntó con incredulidad – porque si eso esperas…
- ¡Claro que no! No tienes que preguntárselo directamente por supuesto, pero sí creo que deberían sentarse y hablar seriamente sobre ustedes. Esto no puede quedar así, con un "adiós" y basta. Ustedes tenían una relación bastante firme y eran mejores amigos, se deben una charla extensa y concisa. La falta de amor es un factor clave y el más importante para terminar una relación pero eso no quiere decir que a partir de ahora vayan a tratarse como extraños.
- Tienes razón… Dejaré pasar unos días para que nos tranquilicemos un poco e intentaré hablar con ella – dijo, un poco más animado – gracias Lav, no se que haría sin ti – finalizó, abrazándola con cariño.
- Lo se – bromeó su amiga y agregó al separarse de él - ¿y qué hay de la tercera en discordia? – Ron chasqueó la lengua y Lavender sonrió.
- No lo se… No te olvides de que está en una relación seria.
- Tú también lo estabas y eso cambió ¿no? ¿Por qué no puede pasar lo mismo con ella?
- Yo no planeaba casarme con Cho… - le recordó bastante desanimado.
- Creo que no deberías basarte en eso Ron… ¿Dejarás que ella se vaya de aquí sin al menos intentarlo? – preguntó tomando sus manos entre las suyas, casi implorando.
Ron la observó por un momento sin poder dejar de pensar en lo que acababa de decirle. Tenía razón… Una cosa era estar seguro de que Hermione no sentía nada por él y otra muy distinta era dejarla ir y quedarse para siempre con la duda. Asintió con la cabeza, dándole a entender a su amiga que había entendido a lo que se refería y Lavender sonrió abiertamente y muy entusiasmada, como si le hubiera dicho que irían a Disney Land.
- ¡Bien, eso es lo que quería escuchar! Bueno, ahora debemos pensar en el siguiente paso – reflexionó, poniendo seria de repente.
- ¿Siguiente paso? – indagó el pelirrojo confundido - ¿A qué te refieres?
- ¿No pretenderás acercarte a ella y preguntarle de repente si quiere quedarse contigo, no? – preguntó, levantando una ceja - ¡Hace solo unos días que está aquí! ¿Qué esperas, que se lance a tus brazos de repente, solo porque la has llevado una vez a ver los delfines? – ante el gesto contrariado de Ron, suspiró y continúo – Ay Ron, ¿crees que es una niña tonta a la que le das un caramelo y ya la tienes de tu lado? ¡Debes seducirla! – las orejas del pelirrojo se pusieron moradas de repente y Lavender resopló cansada – Ron… Sabes que te adoro pero… honestamente, no se como has tenido novia en algún momento – bromeó y empezó a reír con ganas cuando su amigo protestó y se lanzó hacia ella para hacerle cosquillas.
Los amigos siguieron conversando el resto del día, sobre Hermione, Cormac, el trabajo y sus amigos. Criticaron especialmente a Pansy por lo mandona y antipática que era y a Draco por su falta de carácter. Se rieron un poco de Fred y sus ampollas y hablaron maravillas sobre Neville y su nueva novia. Ron no paraba de reír, por primera vez desde que se había despertado, se sentía realmente bien… Especialmente porque su mejor amiga, una vez más, le había demostrado que jamás estaría solo en la vida mientras ella estuviera a su lado.
En la casa de Cho, la situación había sido bastante parecida. La oriental había tenido una noche bastante mala ya que le había costado bastante conciliar el sueño a causa de lo que había vivido en la playa junto a Ron. Pero su insomnio no se debía a que estuviera triste o sola, sino a la confusión que la invadía por encontrarse sintiéndose… aliviada. Nunca se había planteado la posibilidad de que su relación con Ron terminara pero si lo hubiera pensado alguna vez, lo último que hubiera creído es que se sentiría aliviada. Quería al pelirrojo, lo adoraba pero… ella tampoco estaba enamorada de él. Incluso empezó a preguntarse si todas aquellas señales que había percibido en cuanto a Ron y Hermione eran realmente obvias o solo las había visto ellas por estar pendiente de encontrarlas. Y no pudo evitar cuestionarse cómo habría procedido si ante aquella pregunta que le hizo bajo la lluvia, él hubiera respondido afirmativamente. Pero sí había algo que le daba temor y era la posibilidad de haber perdido a Ron para siempre; ella lo quería y no podría estar mal con él. Entonces, segura de que era la mejor decisión en ese momento, planeó dejar pasar unos días y hablar con él seriamente, para ver si podrían llegar a la posibilidad de continuar siendo amigos. Cuando su madre llamó a su puerta y le notificó que Luna había venido a visitarla, sintió una emoción reparadora invadirla de lleno. Necesitaba de una amiga más que nunca y la rubia era la más especial en ese momento (ella o Harry, aunque el pelinegro la ayudaría más en lo mental que en lo emocional).
Abrazó a su amiga con entusiasmo y, después de concordar en que por la brutal tormenta que amenazaba por continuar el resto del día era mejor quedarse adentro, comenzaron a conversar de sus cosas. Se sorprendió para bien cuando notó que Luna no se alteraba con la gran noticia, sino más bien hacía un gesto de obviedad, como si era algo esperado lo que le estaba contando. Incluso se sintió algo tonta al saberse ignorante de algo que todos habían sabido ver antes que ella pero no se dejó atormentar por ello. El que Luna hubiera ido a su casa le daba dos motivos de provecho: uno, el de "descargarse" por su relación fallida y el otro, porque podría preguntarle eso que hacía quizás años que quería escuchar de su boca:
- Luna… ¿qué te sucede con Draco? – habló con seguridad, aunque temía que su pregunta molestara a su amiga.
- ¿Con Draco? ¿Por qué me preguntas eso? – inquirió, mirándose las manos con nerviosismo.
- ¿Por qué? Te lo acabas de responder cuando evadiste completamente mi pregunta – contestó, levantando el rostro de su amiga para que la mire a los ojos - ¿confías en mi?
- ¡Claro que sí! Es que yo…
- Lo amas ¿verdad? – le preguntó con dulzura y tristeza en su mirada.
Luna solo asintió con su cabeza, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. Cho la abrazó con dulzura, intentado consolarla con todo su ser mientras le acariciaba lentamente la espalda. Luna se separó de ella y se enjugó las lágrimas con manos temblorosas, mientras Cho se levantaba para ir a buscarle un pañuelo y ofrecérselo.
- Gracias… Me siento una tonta – se lamentó, sonriendo con tristeza.
- No te sientas así… ¿Hablaste con él? – ante el gesto negativo de Luna, siguió – él es tu amigo, seguramente no quiere lastimarte. Es más, creo que es uno de los que más te estima.
- ¿Por qué lo dices? – preguntó con curiosidad.
- Porque no te quita la vista de encima. Siempre está muy pendiente de ti y si alguna vez faltas al trabajo, no para hasta averiguar porqué no has ido. Creo que te quiere más de lo que tú crees… Creo que te quiere más de lo que él mismo cree.
- Ay Cho… No se que pensar… Cuando me dijo que me amaba, yo…
- ¡¿QUÉ TE DIJO QUÉ!? – soltó alarmada, levantándose de su asiento con los ojos abiertos como platos - ¿Cómo… cuándo… ¡qué demonios!?
- ¡Tranquilízate! – intentó calmarla, tirándole de un brazo para que se siente de nuevo – fue cuando lo llevé a su casa después de la fiesta de compromiso.
- ¿Te dijo que te amaba? ¡No puedo creerlo! – repetía una y otra vez, negando incrédula con la cabeza.
- Fue justo después de besarme…
Cho volvió a abrir desmesuradamente los ojos y abrió la boca completamente sorprendida. Luna solo asintió, suspirando profundamente sin dejar de mirar a su amiga.
- ¿Y… que hiciste… luego? – Cho seguía pasmada.
- Lo dejé en el sofá y me fui.
- Por eso es que los vimos discutir cuando fuimos a buscar a Lavender… ¿Se habrá enterado Pansy? – preguntó, llevándose luego una mano a la frente.
- No lo creo… Supongo que me lo habría hecho saber, ¿no?
- Si, eso creo… ¿Y no volvieron a hablar después de… eso?
- No, ni siquiera me saludó en la casa de Harry. Creo que lo olvidó… Estaba muy ebrio.
- Luna… si lo hubiera olvidado, habría actuado normalmente contigo, ¿no crees? Si me dices que ni siquiera se acercó a ti, creo que te está evadiendo. Deberías hablar con él – determinó con seguridad.
- ¡¿Estás loca?! Si él quisiera estar conmigo hubiera dejado a Pansy, ¿no crees?
- De lo único que estoy segura es de que es un cobarde. Y si no deja a Pansy es porque ella no se lo permitirá así como así.
- ¿Y entonces que pretendes que haga? ¿Qué obligue a Pansy a que lo deje? – inquirió con ironía.
- No. Que le digas a Draco lo que sientes. Una vez que él sepa que tú sientes lo mismo, quedará en él si decide seguir en esa relación de mentira o jugarse por vivir una vida feliz junto a la mujer que ama.
- Lo haces parecer tan fácil – dijo, con una mueca de resignación.
- No digo que sea fácil pero… no debería ser tan difícil, ¿no crees? Se trata de la felicidad de los dos, esto no es un juego.
- No lo se… Quizás lo haga… Después de todo, ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿Que me acuse de lunática? No sería la primera vez, ¿no? – bromeó, encogiéndose de hombros.
Cho rió junto a ella y se abrazaron nuevamente. Hablaría con él y después de eso si hacía falta, se pondría en marcha para investigar y contratar algún grupo de guardaespaldas que la protejan del brote de ira descomunal que se apoderaría de la novia de Draco si él eligiera precisamente eso que ella esperaba en lo más profundo de su corazón.
Gracias por sus reviews, honestamente estuve muy ocupada toda la semana por lo que no tuve tiempo para cpmtestarles, ya lo haré, siempre lo hago jeje... Veo que tengo cada vez menos reviews aunque muchos me han agregado a favoritos, eso no lo entiendo muy bien jaja, digan si les gusta o no, no necesitan dejar un analisis extenso del capi, con que me digan si les gusto o no, o alguna duda que tengan es mas que suficiente. ¡Besos a tods!
