Hola, gracias por sus reviews, Patricia Bustos y AnaMa... y sobre todo a ti, mayita canadiense, veo un review largo y me emociono mucho jeje. Gracias de verdad :D :D :D


10. Almas sin Destino.

Ji Hoo estaba en sus propios pensamientos, así que no estaba tomando mucha atención a lo que le decían, pero al parecer, los dueños del Teatro de Vayu habían ya firmado un acuerdo prometiendo no remodelar el recinto, con lo que la huelga, por fin, había cedido y el Festival de Invierno no se vería afectado.

—¿Le parece bien, director? —le dijo el secretario buscando su mirada.

—¿Qué? —Ji Hoo al fin alzó los ojos.

—De las ligeras modificaciones que sufrirá el programa del concierto de apertura del Festival debido que no se podrán completar todos los preparativos debido a la huelga —explicó pacientemente el hombre.

—Sí, claro —Ji Hoo asintió dándoles por su lado—, lo que sea necesario.

—La escenografía ya se está montando, estará lista desde hoy.

—Perfecto —masculló incómodo—, entonces lo dejo en sus manos...

Hizo una leve reverencia y salió de la oficina; estaba cansado y sin ganas de nada, no sabía qué le habría pasado a Ye Jin, después de que ella había organizado casi toda la fiesta y había contratado todo sin que ni él ni Jae Kyung supieran excusándose bajo el argumento de que no se arriesgaría a que el evento no se llevara a cabo, no encontraba un atisbo de lógica a su comportamiento del día anterior. Un par de minutos después, el secretario también salió y se despidió. Ji Hoo seguía recargado en la pared de la oficina, cuando entonces, empezó a escuchar a los dueños del Teatro discutir dentro.

—Tú estabas feliz de aceptar la administración del Teatro de Vayu —se oyó la voz del hombre—, ¿qué acaso pensabas que se trataría de sólo mudarnos a la ciudad y tú te dieras la vida de lujos y compras? Esto venía con muchas responsabilidades.

—Pues sigue sin parecerme que tengamos que presentarnos aquí un domingo en la mañana... —replicó la mujer en tono molesto.

—Esto es excepcional por todos los problemas que surgieron por la huelga y porque el Festival comienza en un par de días. Son nuestras obligaciones.

—Nuestra mayor obligación y responsabilidad es nuestro hijo —ella alzó su tono de voz—, lo hemos descuidado y se ha dedicado a juntarse con esos —su tono dudo y luego dijo con desdén— jóvenes millonarios que lo han hecho cambiar tanto, no estoy de acuerdo con la situación de nuestra familia.

—Deja a tu hijo en paz. Ya tiene dieciocho años.

—Que tenga dieciocho no le da ningún derecho de llegar drogado a mi casa.

—No puedes asegurar que estaba drogado, mujer —él también alzó la voz.

—¿Y qué más era? Llegó a las tres de la madrugada balbuceando cosas sobre hechizos y las almas atrapadas en el Teatro y demás. Pero claro, tú no lo viste porque preferiste irte a dormir en vez de estar al pendiente de tu propio hijo.

—Para con tu drama. Yun Sung tiene derecho a salir con sus amigos y no estaba drogado; conozco a mi hijo lo suficiente para saberlo.

Ji Hoo frunció en ceño y decidió retirarse; tras escuchar aquello, su mente trabajaba veloz recapitulando las palabras de Ga Eul del día anterior,

"Sang Hee jamás ha sido rebelde en realidad, pero los últimos días ha estado llegando sumamente tarde a casa, le pregunto dónde ha estado y sólo responde que 'haciendo cosas importantes'... aunque no olía a alcohol, creo que llegó tomado porque solo balbuceaba algo de los hilos, el destino torcido y las almas perdidas... es por eso que me empecé a preocupar un poco..."

Gruñó. Quizá era hora de aceptar que algo extraño realmente estaba ocurriendo. Mientras bajaba las escaleras llamó a Jae Kyung, ella tardó un poco en contestar.

—¿Hola?

—¿Dónde estás?

—En casa —ella no parecía animada en lo absoluto— ¿por qué?

—¿Y Ye Jin? —continuó sin responder la pregunta.

—Seguía dormida hace un rato.

—Hay cosas que tienen que aclararme ustedes —dijo y luego de un par de segundos, la escuchó resoplar pero no le contestó—. Nos vemos en un momento en casa.

—Está bien... —contestó con la voz apagada y él colgó.

Jae Kyung botó el celular a un lado con fastidio. Estaba sentada en la barra de la cocina comiendo de los restos de la comida de la fiesta. Gruñó enterrando las manos en su cabello; la noche estuvo horrible, no pudo dormir, cuando despertó Ji Hoo ya no estaba. Se sentía preocupada, ansiosa, enojada con Ye Jin y ahora Ji Hoo venía en camino, sabía que estaba molesto y ya veía acercarse una bronca con él, justo lo que necesitaba, pensó irónicamente mientras recargaba su frente en la mesa.

A los pocos minutos, él apareció con su cara de pocos amigos. Ella no le dijo nada; esperó con la mirada fija en él a que comenzara a hablar.

—El chico Park está igual.

—¿El chico Park? —Jae Kyung parpadeó— ¿De qué hablas?

—Con él y con Sang Hee —Ji Hoo la miró seriamente—, Ye Jin pasa todo el día con ellos ¿no? Los tres se comportan de la misma manera...

Jae Kyung tragó saliva expectante.

—No conozco a ese chico —continuó él—, pero ni Ye Jin ni Sang Hee eran así hasta hace unos días.

Sin decir más, se enfiló hasta la habitación de Ye Jin y Jae Kyung se levantó de la silla para seguirle el paso, al llegar, tocaron la puerta, pero no al no recibir respuesta, entraron. El cuarto estaba vacío y la cama desecha. Ji Hoo le lanzó una mirada fulminante a su esposa.

—Hará una hora que vine y ella estaba acostada —se defendió ella negando lentamente con la cabeza.

—Márcale —ordenó—, que se regrese ahora mismo.

Jae Kyung obedeció de inmediato, sin embargo, la llamada saltó al buzón de voz sin entrar siquiera.

—Lo tiene apagado...

Ji Hoo giró los ojos, se adentró en la habitación hasta llegar al escritorio y recorrió con los ojos todo lo que tenía allí; debajo de unos folios, lo que parecía un Diario sobresalía, lo tomó, parecía viejo y estaba maltratado. Jae Kyung miró la libreta y luego alzó los ojos hacia él, sentía dudas, nunca revisaban las cosas de su hija y mucho menos tratándose de un Diario, aún así, decidieron abrirlo.

Ye Jin se adentró en el teatro, caminó por el lobby y luego entró a la zona de asientos con su cara de inocencia, observando con fingida curiosidad a los trabajadores que montaban una escenografía y hacían pruebas de luz y sonido.

—¡Goo Ye Jin! —gritó Park Yun Sung desde el escenario, al lado de Sang Hee.

—¡Obrero! —sonrió la chica y se dirigió a ellos, subiendo rápidamente por los escalones al escenario— ¡Sang!

—Te tardaste —Yun Sung alzó una ceja—, alteza.

—Tuve que esperar a que mi mamá se distrajera —sopló para quitarse el desordenado cabello de su rostro—. Ayer se pusieron tan densos que hoy no me habrían dejado salir por las buenas —recorrió con la vista el lugar y el trabajo que se realizaba—. Obrero, ¿a qué hora terminará todo esto?

—Pues en teoría, a las siete todo debe estar listo —contestó sin mucha convicción—. Mañana no se desocupará pues el ensayo no tiene hora de terminar y pasado será el concierto de apertura del Festival. Esta noche será la única oportunidad.

Ye Jin sonrió feliz y satisfecha. Esa noche sería la noche, a dos días del solsticio, la conexión con el Otro Mundo ya era lo suficientemente fuerte, si lo dejaban pasar debería esperar hasta el verano, se había preocupado por el concierto, pero ahora estaba tranquila de que completaría el hechizo esa misma noche y sus padres, por fin, serían liberados después de casi dieciocho años de estar atrapados.

—Sí... lo lograré al fin —murmuró sonriente—. A las diez de la noche, ¿crees que el Teatro ya esté vacío?

—En teoría lo estará.

Ye Jin asintió.

—Ye Jin —la llamó Sang Hee— ¿estás segura de esto?

—Mis padres confiaron en mí para hacerlo —juntó sus manos entrelazando los dedos—. Hoy será el último esfuerzo. Estoy tan ansiosa.

Sang Hee le sonrió y asintió un poco. Los trabajadores se movían de un lado a otro y al reconocerlos, hacían reverencias para saludarlos que ellos respondían. Tuvieron que hacerse a un lado pues era hora de colgar el telón histórico el cuál no se usaba casi nunca, pesaba casi setecientos kilogramos y necesitaba de veinte personas para montarse.

—Es un telón italiano —dijo Ye Jin a Yun Sung cuando lo notó mirar fascinado la tela—, tiene casi cien años y pesa una barbaridad.

—Es enorme... —comentó el joven.

—Trescientos sesenta metros cuadrados mide cada hoja del manto —sonrió ella con superioridad—, es muy valioso; lo ponen muy pocas veces. Tienes suerte de verlo, obrero.

Ji Hoo abrió el Diario y en la primera página, una fotografía de Jan Di y Joon Pyo saltó a la vista, los dos juntos y riendo sentados sobre unas rocas con el mar de fondo. La primera entrada estaba fechada veinte años atrás...

"Ya me decidí a hacer mi Diario, toda la vida me han parecido bobos, me siento algo ridícula contándole a la nada mi vida, pero Ga Eul lleva Diarios desde que aprendió a escribir y ella insiste en que es una genial idea, además dice que con el tiempo podré volver a abrirlo, ver cuánto he cambiado y sonreír al recordar viejos tiempos, ya sean buenos o malos.

Yo creo que estoy en un tiempo bueno y malo. Bueno porque soy inmensamente feliz ya que he encontrado mi vocación; yo seré médico, está decidido. Seré la mejor cirujana del país algún día y estoy ansiosa por comenzar la universidad, además Ji Hoo sunbae va a estudiar medicina también, me lo dijo ayer, yo salté de emoción; pensé que él estudiaría alguna carrera musical, pero estoy muy feliz de que haya tomado esa decisión pues significa que estaremos los dos juntos ayudando al abuelo en la clínica, adoro la idea, además con Ji Hoo sunbae como mi compañero de estudios, estoy segura de todo será más fácil.

Malo porque mi Joon Pyo se marcha mañana a Estados Unidos, estoy tratando de no llorar, no lo veré en unos cuatro años. Me pidió matrimonio para que me fuera con él, pero no puedo, no estoy lista y mi sueño está aquí. Estoy feliz por él, se convertirá en un gran hombre y estoy segura de que no pasará un solo día en que él no piense en mí y cuando vuelva seguro llegará en su helicóptero con toda la pompa y fanfarria y me pedirá matrimonio nuevamente y entonces por fin podremos ser felices para siempre

Geum Jan Di"

La nota estaba adornada con su firma y una carita feliz. Ambos lo leyeron al mismo tiempo y por algunos segundos se quedaron simplemente observando su caligrafía y la foto. Tenía mucho que no se detenían a pensar en todo lo que Jan Di había perdido; había muerto a los veintitrés años, cuando tenía demasiados planes, talento y una hija de menos de un año. Encontrarse de nuevo ante sus palabras y sus deseos de ser feliz para siempre se sentía como un nudo en la boca del estómago.

Ji Hoo pasó las páginas rápidamente, leyendo por encima; sus primeras notas relataban lo feliz que era de haber sido aceptada en la Facultad de Medicina, estaba llena de optimismo y alegría. Narraba a sus profesores, a sus antiguos y a sus nuevos amigos así como los extravagantes presentes que Joon Pyo le hacía llegar desde el extranjero; una vez llenó su casa con mil rosas rojas y en uno de sus cumpleaños mandó hacer que en los créditos de una serie que ella jamás se perdía por la televisión apareciera una felicitación.

Poco a poco, todo cambió de tono lentamente... los dibujos de soles y estrellas en las orillas pararon y su caligrafía comenzó a descomponerse hasta que legaron a una hoja marcada con separadores rojos que habían sido pegados ahí para que sobresalieran, como si fuera lo más importante del Diario. A partir de esa separación, todas las cartas estaban dirigidas a Ye Jin...

"Ye Jin,

Si esto está en tus manos es porque las cosas no salieron como las planeamos y no pudimos estar contigo. Quizá no sepas a ciencia cierta qué ocurrió con nosotros, quizá sea que simplemente nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió con nosotros, pero tú debes saberlo..."

Ji Hoo y Jae Kyung se miraron antes de seguir pasando las hojas hasta llegar a la última anotación, la que estaba fechada el día anterior a su muerte...

"Ye Jin,

Lo logramos.

Después de semanas y semanas de permanecer día y noche dentro del Teatro, un espíritu eterno ha contestado nuestra plegaria y nos ayudará a unir nuestro hilo negro. Mañana, en el solsticio de verano, que es cuando la magia es más fuerte, él y yo estaremos juntos al fin y jamás seremos separados.

Pero si quedamos atrapados, ¡demonios! Si quedamos atrapados todos pensarán que hemos muerto.

Pero no moriremos, claro que no moriremos, tú debes saber que ahora nosotros no podremos morir jamás porque al fin lo hemos logrado"

Y finalmente, había instrucciones escritas y un pequeño croquis dibujado que marcaba dónde podría encontrar a la bruja que los había ayudado en caso de que su plan fallara..

Sin pedir la opinión de Jae Kyung, Ji Hoo decidió ir a buscar el lugar que Jan Di indicaba; le daba una terrible mala espina todo lo que había leído, en especial porque, al parecer, tanto Jan Di como Joon Pyo sabían que iban a morir, lo cual no lograba entrar en su entendimiento, estaba harto de todo y tenía que descifrar lo que ocurría.

Se montaron los dos en el auto y pronto llegaron a las afueras de la ciudad, donde la zona boscosa empezaba.

Al arribar al lugar indicado, fue imposible pasar por alto aquel sentimiento siniestro que ahora caía sobre ellos. Habían dejado el coche atrás en la carretera y tuvieron que avanzar caminando, adentrándose en el terreno boscoso; una ligera neblina los cubría, pero supusieron que era la normal del invierno.

Llegaron hasta la casa; era antigua y tradicional, la pintura de sus paredes estaba desgastada y las ventanas estaban sumamente opacas, sucias y rayadas, el edificio era rodeado por un viejo jardín que claramente algún día fue de estilo taoísta pero ahora estaba cubierto por larga maleza. Observaron el panorama por unos segundos antes de que Ji Hoo diera el primer paso. Jae Kyung lo siguió hesitante; pasaron al lado del descuidado estanque de loto, lleno de agua podrida, y, al final, él tocó la viejísima puerta de madera, la cual se abrió lentamente con un rechinido al primer golpe...

—Vámonos —masculló Jae Kyung tomándolo del brazo y tratando de jalarlo hacia atrás—, este lugar es horrible...

—Sólo es una casa muy vieja —le contestó sin mirarla y adentrándose.

—Pero se siente un aura tenebrosa...

—Eso es porque has visto muchas películas y relacionas lo viejo y descuidado con lo maligno.

Él, sin parecer perturbado, atravesó normalmente el amplio porche lleno de hierba mala y Jae Kyung no tuvo más opción que caminar tras él. Subieron los tres escalones que los llevarían a la primera habitación, sus pasos resonaban fuertemente en la madera putrefacta, las puertas shoji estaban abiertas y en medio del cuarto, sentada sobre sus rodillas frente a una mesa baja, una mujer los observaba.

Jae Kyung tragó saliva y frenó en seco al verla mientras que Ji Hoo la miró con recelo. La mujer no pareció tener ninguna reacción ante su presencia, les clavó sus profundos ojos negros y señaló con ambas palmas la mesa indicándoles que se sentaran frente a ella. La pareja intercambió una mirada y se sentaron en el suelo como se les señaló.

—¿A qué debo su visita? —preguntó la bruja con la voz calmada.

—¿Lo ves? —Ji Hoo miró a su esposa y le habló en tono irónico— Si fuera una verdadera bruja sabría quiénes somos y a qué vinimos.

Jae Kyung arrugó el rostro con preocupación, le asustaba que Ji Hoo actuara de esa forma pues no quería hacerla enojar. La mujer, en respuesta, mostró una enorme sonrisa.

—Nunca te dedicaste a la medicina —dijo la bruja—, pero sí piensas como un médico; lógica y ciencia ante todo.

Jae Kyung abrió los ojos más y echó su cuerpo ligeramente hacia atrás ante la afirmación pero él torció la boca incrédulo.

—Ustedes son los padres de Ye Jin.

—¿Ella ha estado aquí? —preguntó de inmediato Ji Hoo.

—Ha estado varias veces aquí.

—Genial —resopló Ji Hoo— ¿y qué clase de cosas le has estado metiendo en la cabeza?

—Yo sólo estoy aquí para contestar sus preguntas y si me es posible, ayudo en las peticiones que se me hacen.

—Charlatanería —la acusó Ji Hoo con desprecio—, lo único que has hecho ha sido sugestionar a mi hija.

—Ji Hoo, basta —le susurró Jae Kyung en una súplica, pero él continuó.

—Si conoce a Ye Jin no le sería difícil adivinar quienes somos —le dijo a su esposa antes de volver su vista ante la extraña—. Todo lo que puedas "adivinar" de nosotros será porque Ye Jin ya te lo dijo, por ejemplo, que yo estudié medicina —se cruzó de brazos—. No trates de sorprenderme; no es nada difícil engañar a la gente supersticiosa.

—¿Y qué haces aquí entonces?

—Está claro que quiero saber en qué está metida mi hija, obviamente ha sido engañada por ti —resopló— ¿Cuánto dinero le has sacado?

—Yo jamás he recibido un solo centavo de nadie —contestó sin perder la compostura—, cómo te he explicado, yo sólo contesto preguntas y si puedo ayudar con peticiones, ayudo. Tú hija vino a mi hace algunos meses preguntándome por sus padres biológicos, pues ellos le dejaron las instrucciones para encontrarme; ella sólo quería saber qué fue lo que ocurrió con ellos ya que ustedes no pueden contestar esa pregunta.

—Y según tú, ¿qué les pasó? — Ji Hoo la desafió con la mirada y su voz de desdén.

—Geum Jan Di y Goo Joon Pyo estaban condenados a separarse siempre. El destino les negó estar juntos pues las personas destinadas a ellos... eran ustedes. No importaba nada de lo que hicieran o cuantas veces trataran de juntarse, siempre pasaba algo que los hacía volver a ustedes; sus almas gemelas, pues tú, Yoon Ji Hoo, estabas unido a Geum Jan Di por el Hilo Rojo del Destino, al igual que tú, Ha Jae Kyung, estabas unida a Goo Joon Pyo. Ellos debían resignarse a su realidad, la cual les tenía preparada felicidad, pero en vez de eso, acudieron a mi para preguntarme si era posible romper sus Hilos.

Ji Hoo entrecerró los ojos. Reconocía esa historia, era lo que Jan Di mascullaba una y otra vez durante sus últimos meses de vida.

—Aunque romper los hilos es un hechizo relativamente sencillo para mí, eso no les garantizaría que podrían estar juntos, ya que podrían quedar restos de hebras de los Hilos rotos que podrían volverlos a unir con sus almas gemelas, por eso, la única forma era que ellos tejieran su propio Hilo, lo cual es un hechizo muy largo y difícil que salió mal...

—Sí, ya he oído todo eso antes —Ji Hoo expresó con voz aburrida—; es totalmente absurdo.

—Entonces tú dime, doctor —la bruja lo miró con una sonrisa un tanto divertida—, según tú, ¿qué le pasó a Geum Jan Di y a Goo Joon Pyo?

—Chocaron —contestó—, lo que desencadenó una falla masiva en ellos.

—¿Y cómo es que tu ciencia médica explica eso?

Ji Hoo gruñó molesto por no tener una respuesta concreta.

—No lo explica —aceptó—, sin embargo, cuando la ciencia médica no puede explicar algo no es porque sea sobrenatural, sino porque simplemente no se ha descubierto aún.

—No estoy tratando de convencerte de nada —continuó con la misma paciencia que al principio—, ni cuestiono tu ciencia. Simplemente contestaré las preguntas que tengas.

—Si ellos cortaron nuestros Hilos... —susurró Jae Kyung dirigiéndose a la bruja por primera vez— ¿cómo es que el destino terminó uniéndome a Ji Hoo? ¿cómo fue que él se convirtió en mi destino?

Ji Hoo exhaló aire con fastidio y estuvo a punto de decirle que dejara de seguirle el juego, pero optó por dejar a la extraña mujer hablar.

—Ustedes cuando se quedaron sin su Hilo se convirtieron en Almas sin Destino. Las Almas sin Destino no van a ninguna parte, sólo viven de sus propias acciones, no de las acciones del Destino... Y no se confundan; ustedes dos no están unidos. Ustedes dos no son nada.

—¿Cómo...? —Jae Kyung parpadeó repetidamente.

—Cuando las almas nacen ya tienen un destino trazado y van siempre en esa dirección. En el caso de ustedes, que su destino les fue arrebatado, van a ciegas. Ustedes están juntos por una mera casualidad, porque están en el mismo lugar y han tomado decisiones que los han mantenido en ese lugar, pero en cuanto uno de ustedes mire en otra dirección y su alma ciega se desvíe, se acabará; no volverán a juntarse porque sencillamente, no se pertenecen.

Jae Kyung se llevó la mano al pecho cuando sintió que todo dentro de ella se comprimía y Ji Hoo entrecerró los ojos con un sentimiento similar.

—No es, como por ejemplo, cuando estabas unida a Goo Joon Pyo —prosiguió mirándola a los ojos fijamente—, lo conociste de pronto, luego sus familias trataron de casarlos y tú valientemente te separaste, pero poco tiempo después no pudieron huir más y se casaron; todo era obra del Destino que los mandaba a estar juntos. O tú —desvió los ojos a Ji Hoo—, ¿cuántas veces Geum Jan Di quiso irse, pero por alguna razón siempre terminaba volviendo a tu lado? Una y otra y otra vez. Ese era el Destino actuando... —se detuvo un momento— pero ustedes dos... —negó suavemente con la cabeza— no están destinados, nada los une así que si se separan, no habrá más.

—Pero... —Jae Kyung se mordió el labio ligeramente— ¿cómo así...?

—Yo tengo el poder de ver el Destino, puedo saber a dónde llevan las acciones de la gente y qué es lo que pasará con ellas, pero con ustedes, sólo veo oscuridad; no tienen un Destino. Puedo ver el Destino que tenían antes, el que ya nunca será, pero lo que ocurrirá, es de las pocas preguntas que no podría contestar.

La pareja se quedó callada mirando con atención a la bruja, quien de pronto bajó los ojos.

—Goo Ye Jin también es un Alma sin Destino —siguió con su explicación—; ella nunca debió nacer, por lo tanto no tiene a dónde ir. Las Almas sin Destino son perfectas para hacer hechizos... Yo también soy un Alma sin Destino, la gente que muere inesperadamente también deja a sus almas gemelas sin Destino...

—Son sólo palabras —dijo al fin Ji Hoo, aunque esta vez con menos seguridad—, nada de lo que dices es real. ¿cómo sabrías que es lo que hubiera pasado? ¿cómo sabrías cuál era mi verdadero destino? Es imposible saber lo que no pasó.

—Puedo saberlo porque puedo verlo; puedo ver lo que sería de tu vida en este momento si no te hubieras quedado sin destino alguno... —contestó con tranquilidad— y puedo hacer que tú lo veas también.

—¿Ah, sí? —Ji Hoo la miró con sorna desafiándola— Muéstramelo entonces.

La bruja sonrió completamente por primera vez enseñando los dientes. Entonces, la habitación cambió en un instante; no se encontraban más en la casa vieja sino ahora estaban sentados en el suelo de una sala de mullidos sillones blancos. Ante la visión, tanto Ji Hoo cómo Jae Kyung quedaron pasmados e inmóviles, tan sólo recorriendo con la mirada el lugar; era un hogar que se notaba acogedor y había tres chicos allí.

La bruja se se levantó y caminó un poco entre los muebles, era obvio que los jóvenes que contemplaban no tenían idea de su presencia.

—Aunque te fueron arrebatados, tu alma debe ser capaz de saber quiénes son —habló señalándolos— Yoon Ji Hoo, ¿puedes reconocer a estos niños?

Ji Hoo observó fijamente a cada uno; el mayor, de unos dieciséis años, estaba sentado en el sillón de una plaza, unos delgados anteojos descansaban sobre su nariz mientras, con una aparente gran concentración, leía un libro. Luego, una niña de unos doce o trece estaba sentada en otro sillón, pero ella tenía la vista fija en su celular y contenía su risa, se veía emocionada por algo y escribía con mucha velocidad en su móvil. La más pequeña, de unos cinco años quizá, jugaba en el suelo con unos coloridos cubos de juguete que mostraban en sus caras números y letras y tenía un trozo de tela roja atado al cuello a modo de capa.

—Son... —Ji Hoo entrecerró los ojos— mis hijos.

Jae Kyung se desencajó en sorpresa y miró a su esposo con incredulidad pero sin emitir ni una palabra.

El sonido de una puerta llamó la atención de todos. La niña mayor botó su celular a un lado y sonrió.

—¡Ya regresaron!

Unos segundos después, Jan Di apareció del brazo de un Ji Hoo igual, pero al mismo tiempo diferente del que estaba sentado en el suelo; no habrían podido decir con exactitud cuál era la diferencia; tal vez sus gestos y la manera en que se movía, o tal vez simplemente su cabello y su ropa eran lo suficientemente distintos...

Jae Kyung y Ji Hoo miraron aquellas imágenes con la boca ligeramente abierta y los ojos incrédulos.

Jan Di avanzó y se dejó caer en un sillón pesadamente con un gran suspiro, el Ji Hoo de la visión se sentó junto a ella.

—Al fin en casa —dijo Jan Di cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás—, estoy sumamente agotada, pero estos momentos con mi familia son toda la recompensa que necesito...

—¿Cuánto duró la cirugía, mamá? —preguntó el joven levantando su vista del libro.

—Un poco más de veinte horas —se acurrucó en el pecho de Ji Hoo—, no siento las piernas, pero la cirugía fue un éxito y mi paciente se recuperará por completo sin duda alguna.

—¡Increíble! —exclamó la jovencita que rondaba los trece años— ¿No descansaste en ningún momento?

Jan Di negó con la cabeza.

—Es la cirugía más larga de la que has estado a cargo —comentó Ji Hoo apretándola entre sus brazos—. Estoy muy orgulloso de ti.

—Hace unos años asistí una cirugía de dieciocho horas con el doctor Jung —masculló Jan Di agotada—, pero fui eso, una asistente... esta vez fue un reto mucho mayor. Y todo gracias a ti, amor.

—¿A mi? —Ji Hoo le sonrió— Pero yo ni hice nada. Y sin duda eres mucho mejor médico que yo.

—Pero si no hubiera sido por ti jamás habría terminado ni la Universidad, estoy donde estoy gracias a tu apoyo, además, también eres un médico muy valioso en el hospital.

—Me superaste totalmente...

—¡Sí! —la niña más pequeña se levantó de un brinco botando sus cubos de juguete— ¡Mi mamá es la mujer maravilla y yo seré como ella!

Dicho esto, la pequeña empezó a correr por todo el salón asegurándose de que la tela que la hacía de capa se ondeara con sus movimientos.

—¡Ah Min! —Jan Di rió siguiéndola con la vista— Cuidado, te tropezarás.

El silbido de la tetera interrumpió y la otra hija se levantó para ir por ella, regresó segundos después y sirvió tazas de té tanto como para sus padres, su hermano mayor y ella.

—Toma, mami —le ofreció la taza—, ya verás como dormirás como un bebé tras beber mi té.

—Gracias, princesa —Jan Di aceptó la taza, se separó un poco de Ji Hoo para que él también pudiera tomar la suya y probó el té—. Delicioso. Tu té es el mejor.

—Sólo lo mejor para ti —comentó la chica con una sonrisa de satisfacción.

—Tengo lo mejor —Jan Di los miró a todos con ternura—; los mejores hijos y el mejor esposo del mundo —rió un poco girando el rostro hacia Ji Hoo—, te amo tanto, cielo.

—Y yo a ti —bajó la voz—, mi mujer maravilla...

—Gracias...

—¿Por qué?

—Por haberme esperado, por haberte quedado a mi lado a pesar de todo...

—No me agradezcas eso, te amo y sabes que te esperaría toda la vida...

—¿En serio? —Jan Di sonrió enternecida— Si yo no hubiera venido a ti, ¿no habrías buscado a alguien más?

—Quizá para no estar solo me habría juntado con alguien que me agradara —contestó Ji Hoo mirándola con adoración—, pero si de algo estoy seguro es que jamás habría logrado amarla, de haber estado estado con otra persona, mi vida habría sido infeliz y vacía. Sé que la única que podría estar en mi corazón eres tú y de no ser así, jamás, jamás habría dejado entrar a nadie más —la tomó de la barbilla—. Sé que nací para amarte sólo a ti —y dicho esto, se acercó a Jan Di y la besó suavemente en los labios.

—¡Noooo! ¡Qué asco! —exclamaron al unísono las dos niñas haciendo muecas. Ji Hoo y Jan Di se separaron riendo.

Jae Kyung no se dio cuenta del momento en que dos gruesas y silenciosas lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, y, a estas, le siguieron más y más que se desbordaban sin piedad; sin sollozar, sin temblar, con los ojos totalmente fijos en aquellas imágenes y atenta a aquellas palabras.

—¡Ugh! —la niña mayor arrugó la nariz— ya empezaron con sus cursilerías otra vez. Párenle.

—Exageradas —comentó el muchacho resoplando con fastidio—. Anda, madre, cuenta la historia de como te enamoraste de mi papá.

Jan Di se agachó riendo y luego miró a Ji Hoo con amor.

—No, otra vez no —la más pequeñita hizo un puchero—, siempre cuentan esa historia.

—Eso es porque contar la historia hace feliz a mi mamá —puntualizó él, aclarándole con la mirada a su hermana pequeña que no se quejara—. Cuenta, mamá, fue aquella vez en el jardín...

—Sí... —Jan Di terminó su taza y se estiró para ponerla sobre la mesita— Yo fui muy tonta durante años al no notar que el amor estuvo frente a mi todo el tiempo —acarició la mejilla de Ji Hoo y él, tomó su mano y la besó en el dorso—, fui terca y ciega, afortunadamente su padre siempre estuvo a mi lado, por eso aquel día, no pude evitar ser yo la que corriera a él y le pidiera que fuera mi novio, fue como si todo tuviera sentido de pronto —ahora parecía que sólo se dirigía a Ji Hoo pues lo miraba intensamente a los ojos—; lo que hiciste ese día me hizo comprender cuánto te amaba... me abriste los ojos en el momento en que tú...

—¡Basta! —gritó Ji Hoo golpeando con su palma la mesa, la visión desapareció de golpe— Ya entendí, ya basta.

La bruja sonrió de nueva cuenta y Jae Kyung se apresuró a secar sus lágrimas, empezando entonces a tener un fuerte sentimiento de furia que la quemaba por dentro.

—¡¿Ya ves como todo es cierto?! —Jae Kyung se giró hacia Ji Hoo, a punto de llorar otra vez, levantándose— ¡¿Tenías que mostrarme eso para que me creyeras?!

—¿Te creyera qué?

—¡Que realmente pasó algo fuera de este mundo con Jan Di y Joon Pyo! —vociferó furiosa por lo que acababa de presenciar— ¡Que el Teatro tenía que ser protegido a toda costa! ¡Porque todo es real!

—Todo el mundo está obsesionado con eso de proteger el Teatro —Ji Hoo giró los ojos fastidiado mientras se levantaba también—, fue por eso que inició la huelga, según los empleados si... —de pronto, cerró la mandíbula cuando su mente ató cabos y miró a Jae Kyung —Espera... la huelga... fuiste tú —no era una pregunta, sino que la acusó directamente, señalándola—. Tú incitaste a la huelga.

Ella tragó saliva y abrió los ojos asustada. No respondió.

—¡Por dios, no puedo creerlo! —bufó Ji Hoo enojado— ¡Para ti todo es un juego!

—No es un juego —replicó Jae Kyung enfadada también—, fue una promesa.

—Una promesa, ok —se rió con sorna—. Siempre tienes que hacer cosas irracionales y estúpidas, pero definitivamente esto es lo peor.

—¡No me hables así! ¡No tienes idea de lo que significa!

—¡Tú eres la que no tiene idea! ¿sabes todas las pérdidas que causaste? ¡No es posible que haya pasado siquiera por tu cabeza semejante irresponsabilidad, Ha Jae Kyung!

—¡Tenía que hacerlo! ¡No lo entiendes!

—¡Por supuesto que no lo entiendo! ¡No es posible que a estas alturas de tu vida sigas sin tener una pizca de sentido común! —gruñó de nueva cuenta— ¡¿Es que cómo pudiste?!

—¡Siempre supe que las muertes de Jan Di y de Joon Pyo tuvieron algo que ver con el Teatro! —le respondió en el mismo tono— ¡Es cierto lo que se dice! ¡Es por eso que nadie debe tocar el Teatro! ¡Pero obviamente no podía hablar de esto contigo porque tienes la mente tan malditamente cerrada que no eres capaz de ver lo que ocurrió!

—¡No me iba a dejar de llevar por fanáticos idiotas! ¡Y no tengo por qué estar viendo cosas que no existen!

—¡¿Qué sabes de lo que existe o lo que no existe?! ¡Tú y todos los demás sólo se han autolavado el cerebro y han preferido creer que un accidente que no fue grave y que a lo sumo los habría hecho llevar un collarín por diez días los mató! ¡Eso no tenía ningún sentido!

—¡Tenía más sentido que creer que sus almas se esfumaron por hacer brujería! ¡Y de cualquier modo eso no justifica que hayas armado una maldita huelga cuando se podía llegar a otra solución!

—¡¿Cuál solución?! —ella lo señaló— ¡Tú nunca ibas a escuchar mis razones! ¡Lo único que haces es enfadarte!

—¡Claro que iba a enfadarme! ¡Su obsesión llega a límites absurdos! —extendió su palma señalando a un lado— ¡Así que resulta que no sólo tú tienes esa manía con el Teatro sino también Ye Jin! ¡Y ahora que lo pienso, la que tuvo que empezar a meterle tanta necedad sólo pudiste haber sido tú!

—Tenías que decir eso... —gruñó tratando de darle la espalda, pero Ji Hoo la tomó del brazo y la giró bruscamente hacia él.

—¡Siempre has creído lo que el Diario decía! —la acusó frunciendo el ceño— ¡Siempre has creído que Joon Pyo no está muerto!

—¡Nunca te ha importado lo que yo creo!

—¡¿Qué importa lo que creas?! —él estaba cada vez más enojado, al igual que ella— ¡Lo que importa es la basura que le metes a Ye Jin en la cabeza1

—¡No es basura! —se soltó bruscamente— ¡Ye Jin debía saberlo!

—¡¿Cómo has podido ser tan irresponsable?! ¡Esa niña esta por completo obcecada con eso, esta ida y perdida y es porque tú empezaste!

—¡¿Qué más da si yo empecé o no?! ¡Ella iba a descubrirlo algún día!

—¡Ese no es el punto, Jae Kyung! ¡Sabes bien que Ye Jin hace todo lo que tú haces y piensa exactamente igual que tú! ¡Al menos debiste tener la sensatez de cuidar que no se metiera en estas cosas que ni entiende, ni controla!

—¡Deja de acusarme y de llamarme irresponsable e insensata! ¡Sabes muy bien que siempre he hecho lo mejor para Ye Jin!

—¡¿Permitir que se obsesione con brujería es lo mejor?!

—¡Ya cállate, ¿quieres?! ¡No te permito que me hables así!

—¡No, cállate tú! —esta vez fue Ji Hoo quien la señaló— ¡Me tiene harto que siempre hagas lo que se le viene a tu maldita gana!

—¡Ya deja de acusarme!

—¡¿Y qué hago entonces?! ¡¿Te aplaudo?!

—¡Ya! ¡Ya entendí, ¿ok?! ¡Ya sé que tú eres perfecto y sacrosanto, sólo te falta flotar en una nube blanca! ¡Yo soy tan sólo una mortal, pero eso no te da derecho, escúchame bien Ji Hoo, no tienes ningún derecho de hablarme de esa manera! ¡Cierra la boca y déjame en paz! —gritó dándose la vuelta con la intención de irse.

Ji Hoo la tomó del brazo y la jaló, obligándola a encararlo.

—¡¿A dónde crees que vas?!

Ella se soltó rudamente.

—¡No me toques! —dio un paso atrás— ¡¿Entendiste?! ¡No me toques!

—¡Jae Kyung! — él la tomó una vez más del brazo, esta vez sin ningún cuidado.

—¡¿No me oíste?! —con ambas palmas, lo golpeó en el pecho para empujarlo y alejarlo de ella— ¡Quítame las manos de encima!—y dicho esto, volvió a girarse y se fue rápidamente.

Ji Hoo la observó marcharse con la respiración algo descompuesta, después volteó hacia la bruja, quien seguía sentada del otro lado de la mesa con la misma expresión.

—Si lo que ahora quieres es que esto ya no continúe —habló con serenidad mirándolo a los ojos—, ve a tu casa y detén a Goo Ye Jin.

Ga Eul tarareaba una canción mientras regaba las macetas que adornaban su sala. A lo largo de los años se había dedicado a llenar su casa de plantas. Tenían sirvientes que hacían todo el aseo y demás tareas; le había costado acostumbrarse, así que aprendió a suplantar su incomodidad de "no sentirse útil" con el cuidado de todas sus flores y plantas, que tan solo atenderlas a todas ya se llevaba una gran parte del día. Dejó la regadera a un lado cuando el timbre sonó y se dirigió a abrir.

—¡Jae Kyung unnie! —le dedicó una sonrisa cuando la vio pero la borró de inmediato al ver la expresión que traía.

—Lamento haber venido sin avisar... —dijo Jae Kyung adentrándose— es que no sabía a dónde ir y no quiero ir a casa...

—¿Ocurrió algo malo?

—¡Esto me tiene harta! —contestó cubriendo su rostro con ambas manos y luego soltándose a llorar— ¡Ya no lo soporto!

—Jae Kyung... —parpadeó sorprendida tomándola de ambos brazos— ¿qué pasó?

No hubo respuesta; Jae Kyung lloraba apretando fuertemente la mandíbula y negando. Se abrazaron y la más joven acarició su espalda.

—Él jamás me había gritado —explicó con la voz quebrada aferrándose a su amiga—. Jamás me había jaloneado...

Ga Eul frunció los labios y apretó su abrazo.

—¿Ji Hoo...? —preguntó con preocupación. Jae Kyung sólo asintió.

—Y yo jamás lo había empujado... —sollozó angustiada— fue tan horrible, Ga Eul...

Preguntó otra vez qué había pasado, pero Jae Kyung ya no dijo otra cosa así que decidió llevarla a su recamara y allí ambas se sentaron sobre la cama. Jae Kyung cada vez lloraba más intensamente.

—Ji Hoo cuando se lo propone puede ser realmente cruel ¿sabes? —sollozó aceptando el pañuelo desechable que Ga Eul le ofrecía— Se puede enfrascar sin ningún problema a echarme la culpa de todo. Y yo ya sé que el señor siempre hace todo bien y siempre está en lo correcto —meneó una mano irónicamente— y que yo no he sido la mejor la madre del mundo básicamente porque soy irresponsable e insensata, pero dentro de mi insoportable personalidad he tratado de dar siempre lo mejor para esos dos...

—No digas eso —frotó su brazo confortándola—, eres una gran madre y esposa, ¿cuántas veces no te he pedido consejo?

—¡Pero ese par no lo cree así! Sobre todo Ye Jin; ella siempre ha sabido la verdad, siempre ha sabido que no es hija nuestra, pero yo quería que me viera como si sí fuera su madre...

—Te aseguro que Ye Jin te ve así.

Jae Kyung negó fuertemente con la cabeza.

—Es que nada debía ser así —sus lágrimas se escurrían sin piedad por sus mejillas, con su semblante totalmente descompuesto— No se suponía que debíamos ser una familia...

—No te entiendo...

—Ji Hoo se graduó de medicina, hizo su año reglamentario de servicio social y completó el proyecto del hospital de su abuelo, pero realmente jamás ejerció su carrera sino que se dedicó más a la fundación de arte, sin embargo él sí debía dedicarse a ser médico; él y Jan Di iban a convertirse en importantes médicos...

—Jae Kyung... —Ga Eul achicó la mirada— ¿Qué tiene que ver Jan Di en esto...? Ella ya no está con nosotros desde hace muchos años...

—¡Porque Ji Hoo se tenía que casar con Jan Di! —masculló entre lágrimas moviendo la cabeza en negación— E iban a tener tres hijos; un chico y dos niñas. Yo, en cambio, no fui capaz de darle hijos —empezó a llorar más fuerte—, pero tú sabes que no fue porque yo no quisiera, sino porque no pude; porque mi cuerpo está incompleto y no sirve.

Dicho esto, se lanzó a abrazar a Ga Eul otra vez, quien de inmediato la abrazó también para consolarla. Estaba confundida; respecto a los hijos, desde hacía más de diez años que sabían que Jae Kyung no podía tenerlos, tuvo la opción de someterse a tratamientos para intentarlo, pero Ji Hoo había opinado que sería un proceso muy largo, agotador mentalmente y con baja probabilidad de éxito, y en caso de lograr un embarazo, muy seguramente sería de alto riesgo, así que sencillamente no lo intentaron y se dedicaron sólo a Ye Jin; era un asunto que nunca pareció afectarles en realidad. Pero de cualquier manera, Jan Di no tenía nada que ver...

—Unnie... —le susurró algo angustiada— realmente me estás asustando, ¿qué fue lo que pasó...?

Pero en respuesta, Jae Kyung sólo negó aún más fuerte con la cabeza. Su amiga no insistió más, sólo siguió abrazándola por un rato hasta que se calmó un poco. Yi Jung apareció un rato después y Ga Eul le pidió a Jae Kyung que esperara un momento, se levantó y salió a verlo al pasillo.

—¿Qué pasó? —preguntó Yi Jung en voz baja una vez que estuvieron a unos pasos de su recamara.

—No lo sé —suspiró—, ha peleado con Ji Hoo y creo que con Ye Jin también.

Yi Jung frunció el ceño, nunca había pasado algo así, ellos no externaban sus problemas con terceros y mucho menos eran dados al drama, por lo que, naturalmente, también le intrigó, sobre todo porque el día anterior había sido su fiesta de aniversario y no parecía haber nada malo entre ellos.

—¿Fue muy fuerte?

—Al parecer... —Ga Eul se abrazó a sí misma y torció la boca— a decir verdad, me preocupa... dijo que se habían gritado, que se habían jaloneado... y... está llorando porque no pudo tener hijos...

Él resopló, no sonaba nada bien...

Ye Jin entró a su casa sigilosamente, al parecer estaba vacía, aún así, procuró no hacer ningún ruido mientras se dirigía a su cuarto, sólo tenía que tomar algunas cosas y volvería al Teatro, en media hora serían las diez de la noche y había quedado con sus dos amigos a esa hora, ya que seguramente, todos los trabajadores ya se habrían ido. Llegó a su pieza sin ser detectada, cerró la puerta y suspiró con alivio. Entonces se encendió la luz y dio un fuerte respingo al encontrarse con Ji Hoo recargado en la pared con los brazos cruzados.

—Papá... —tomó aire después del susto— ¿qué haces aquí?

—Estoy esperándote, por su puesto.

—Sí... —Ye Jin miró nerviosa en todas las direcciones— yo sé que... no me he portado bien, en serio lo sé... pero tengo que irme ahora —dijo tomando un morral y luego rebuscando en su escritorio.

Ji Hoo resopló una risa mordaz.

—No vas a ir a ninguna parte. Te quedarás aquí.

Ella detuvo sus movimientos...

—No. Debo irme...

—No saldrás de esta casa.

—¡No! —Ye Jin se horrorizó— ¡En serio necesito irme!

—No, en serio no vas a salir de aquí.

—¡No puedes hacerme esto! —levantó la voz enojada— ¡Será la última noche que me iré, te lo juro!

—Has estado viéndote con una bruja. Has estado haciendo hechicería.

—¿Cómo lo sabes? —retrocedió un par pasaos y hasta ese momento reparó que Ji Hoo tenía en una mano el Diario de Jan Di— ¡¿Revisaste mis cosas?! ¡No tenías derecho!

—Tengo el derecho puesto que es peligroso.

—Tú ni siquiera crees en ello.

—Si lo creo o no, no es el punto. No seguirás haciéndolo —aseveró endureciendo su tono de voz.

—¡No lo entiendes! —gritó totalmente enojada— ¡He esperado mucho! ¡Mis padres han esperado mucho! ¡Y tú no me lo vas a impedir!

Se lanzó contra él para tratar de quitarle el Diario, pero él simplemente la tomó de la muñeca, le quitó su celular, la obligó a sentarse en la cama y tomó su laptop.

—¡Dame mis cosas! —ella se levantó de la cama y trató de alcanzarlo, pero él abrió antes la puerta, salió y volvió a cerrarla a centímetros antes de que llegara— ¡Oye! —Ye Jin se abalanzó contra la puerta y trató de abrirla, pero fuera, Ji Hoo ya había echado la llave, encerrándola —¡No me hagas esto! ¡Déjame salir!

Ji Hoo dio un paso atrás cuando Ye Jin empezó a gritar más fuerte y a golpear exigiendo que la dejara, entonces, un fuertísimo golpe le indicó que ella había arrojado su silla contra la puerta, lo que lo hizo enfadar.

—¡Déjame salir!

—¡Cállate ya! —le gritó golpeando una vez con el puño la puerta.

—¡No me hagas esto! —suplicó rompiendo en llanto— ¡Por, favor, déjame salir! ¡No lo entiendes, mis padres me necesitan!

—¡Ya te dije que no!

—¡Qué me dejes salir, maldita sea! —empezó a golpear otra vez la puerta— ¡No tienes idea de lo que me estás haciendo! ¡Déjame salir!

—¡Te he dicho que te calles ya!

Ye Jin golpeó con ambos puños al mismo tiempo y luego, se dejó resbalar hasta caer de rodillas, llorando fuertemente.

—Déjame salir, por favor... —gimió con la voz quebrada y los hombros temblando— te lo suplico, déjame salir...