CAPÍTULO 6

EL INMORTAL

"Madara estaba acostado en su lecho con los ojos cerrados. Habían pasado casi 12 meses desde que Konoha se fundó y todo parecía aun colgado entre finos hilos. El clan Uchiha estaba debilitado. A escondidas de las otras familias, era un secreto en el seno del clan que Madara había perdido la visión de ambos ojos.

Uchiha Madara…estaba ciego.

El fantástico y envidiado Magenkyo Sharingan tenía un defecto. Al fin lo había descubierto luego de entrenar hasta caer y romper los límites del dolor al crear sus técnicas oculares. Madara perdió la luz de sus ojos. Fueron meses duros para la familia, meses donde nadie se atrevió a entrar al cuarto del líder por temor a morir. Madara estaba furioso, era pleno poder el que había obtenido con su Sharingan, para luego perderlo devorado por ese mismo don. Solo Izuna estaba junto a él. Izuna Uchiha, el único de su familia que comprendía a Madara y lo cuidaba no solo por ser su hermano; sino porque comprendió desde el principio que esa forma sanguinaria de conducirse como líder de su Onii-san, no era más que una fachada. Madara nunca dañaría a su hermano menor. Madara nunca dañaría a su anciana madre.

—Nii-san, –susurró Izuna a Madara que se encontraba acostado en su lecho— la vida no se terminó por no poder ver. Entrenaremos duro y juntos seguiremos conduciendo al…

—Cierra la boca Izuna, –Le cortó el mayor— no tienes idea de lo que pasa. Piensas….que todo es color de rosa. Piensas en casarte con esa Uzumaki y que la aldea nos cobijara. Piensas en formar una familia…una familia que no podrás defender cuando nuestros enemigos nos destruyan.

— ¡Es ridículo! –Golpeó el suelo junto a la cama Izuna— ¿crees que disfruto verte así? ¿Crees que al clan le agrada tener a su mejor Shinobi en ese lamentable estado? ¡¿Eso crees?!

—Seguro lo adoran…—sonrió dolido Madara y las lágrimas caían de sus ojos blancos cuando los abrió— adoran que ya no tienen que arrastrarse ante mí. Adoran que Hashirama dicte sus actos.

— ¿Crees eso de mí también? –Nervioso

—No...—Respondió sincero el Shinobi tendido— pero no evitaras mi muerte.

Ellos enviaran a matarme ahora que estoy ciego. Ellos me mataran, o serán los Senju. Lamento no poder estar en tu boda….eso si se realiza…

— ¿Qué….quieres decir con eso? – Preguntó confundido Izuna

—Nuestra madre me leyó una carta que enviaron los Uzumaki…—confeso Madara limpiando sus lágrimas con la mano izquierda— en ella dicen que retrasaran su respuesta sobre el compromiso que quieres con esa mujer del remolino. Dicen que hay otros candidatos y deben evaluar los acuerdos de todos para después decidir.

—No… No es posible…—dijo Izuna y se paró caminando por el lugar anonadado— Yo…ella….habíamos hablado frente a su padre. Estábamos de acuerdo…

— ¿Creíste que tan solo se unirían a nosotros por acuerdos? –Sonrió Madara triste— se unían a nosotros porque estaban los Senju aquí también. Es con ellos que se quieren unir, pequeño hermano. Ahora no tengo el poder para defender tu sueño. Soy un maldito ciego…

Izuna abrió la puerta corrediza del cuarto que daba al jardín. El aire del día le golpeó de frente suavemente. Cerró los ojos un momento, imaginó estar ciego, imaginó….no poder ver. Tomó una decisión. Él amaba a su clan, él amaba a su Onii-san, él amaba a Mito Uzumaki y quería tener una familia viviendo en paz. Esa aldea llamada Konoha se erigió para encontrar la paz. Había muchos integrantes de los clanes ninja que ya no querían las guerras. Querían ser comerciantes, escultores, arquitectos o simplemente maestros. Izuna no quería otra guerra ni con los Senju, ni con nadie. Pero Madara era un ninja por naturaleza, era un guerrero nacido al calor de la cruenta batalla. Izuna sabía que su querido hermano mayor no sobreviviría sin poder luchar.

Así que tomó una decisión…


Madara no supo cuando pasó, no supo ni que día, ni a qué hora. Simplemente se quedó dormido una noche. Y al día siguiente despertó con algo en el rostro. Se tocó con su mano derecha algo confuso, y encontró una venda. Su madre le instó a que no se la quitara, que tenía una posible cura a su problema de la vista. Fue tanta la emoción que sintió en el corazón que se sentó de la cama como resorte. Sonreía, como nunca en su vida. ¿Acaso el milagro era posible? ¿Podía volver a ver?

Sintió algo extraño, un poder emanando de sus ojos como llamas. Sintió la presencia clara de su madre a escasos metros. Ella se retiraba del cuarto con las vendas sucias y tal iba a preparar el almuerzo. Sintió la presencia de su hermano menor justo a su lado. Estaba acostado junto a él, su lecho preparado a escasos 4 metros de la cama donde Madara descansaba como siempre. ¿Por qué podía sentirlos? ¿Por qué se sentía tan poderoso?

—Nii-san… —dijo Izuna a su lado— trata de no agitarte. La operación fue un éxito según el médico. Pero tienes que calmarte y esperar que las plantas medicinales hagan efecto. Me dijeron que estarías algo confuso por unos 3 días. Pero que con suerte…volverías a poder ver.

— ¿En serio? –Sonrió Madara emocionado— ¿Cómo? ¿Qué jutsu pudo devolver mi vista a la luz? ¡No puedo esperar a quitarme estas vendas malditas!

—Ya, ya…tranquilo. –Se reía Izuna aunque Madara escuchó un eco triste— más te vale unir al clan cuando vuelvas a tus funciones. Se han peleado desde que quedaste postrado y no hay poder para calmarlos.

—Déjamelo de mi cuenta Ototo…—sonrió Madara contento y se volvió a acostar— pondré en cintura a esos idiotas y restaurare el respeto Uchiha. Pronto arreglare ese matrimonio para ti, solo necesito mi Sharingan y tres minutos con los líderes del clan Uzumaki. Je je je.

—Ah…Onii-san…. —susurro débilmente Izuna— no…te preocupes por eso. Yo ya arregle ese asunto por ti.

— ¿Lo arreglaste? –dijo el mayor sorprendido— que bien Ototo que bien… ¿para cuándo es la boda? Ojala pueda ver para entonces.

—Bueno…no habrá…boda…—se escuchó en el inmenso silencio del cuarto."


En algún lugar del país del agua. En una taberna de mala muerte donde los criminales solían buscar algún trago y diversión para adultos. Un hombre encapuchado golpeó la puerta del lugar y espero a que la pequeña ventanilla se abriera. Fue entonces cuando la cara de un hombre calvo, con una cicatriz atravesando su rostro trasversal, se apareció. Era el tabernero.

— ¿Qué quieres? –Inquirió grosero— lárgate de aquí antes que te saque a patadas.

—Vengo por la reunión del gremio…—dijo el encapuchado serenamente

— ¿Contraseña?— preguntó el hombre

—No me acuerdo la puta contraseña…— respondió neutral el visitante.

El tabernero no dijo más, el aspecto rudo y misterioso de ese sujeto lo hacía participe del gremio seguramente. Era cuestión de suponer en ese hombre lo peor de lo peor entre los criminales. Así que lógicamente era parte del gremio. Cerro la ventanilla firme, luego se escuchó la cerradura crujir y la puerta abrirse. El misterioso encapuchado entro cerrándose la puerta tras su ingreso.

Minutos después el tabernero y el sujeto misterioso descendieron por un sótano de escaleras muy profundo. Casi 20 metros en descenso. Pasillos oscuros apenas coloreados por antorchas en la escalera tipo "caracol". El tabernero no intercambio palabra con su visitante. Bien sabía que a esos sujetos no les agradaba hablar de más. Molestarlos, era un seguro paso a la tumba. Por fin llegaron a un salón donde una mesa redonda reunía a una veintena de sujetos. Desde todos los países habían venido, criminales de todas las calañas habidas y por haber. Piratas, ladrones, asesinos, usureros y demás basuras. Por supuesto también había desertores de todas las aldeas ninja. Todos con el objetivo de salvar el pellejo de la alianza Shinobi, y de paso…buscarse una buena veta para obtener riqueza fácil.

— ¿Tú quién eres? – le preguntó un hombre enorme con armadura de placas y aspecto de líder— responde ahora.

— ¿Realmente quieren saber mi nombre? –dijo el misterioso sujeto— ¿con que motivo? Solo deben saber que quiero unirme al gremio. Y que traigo beneficios al grupo.

—Te unirás a la lista de cadáveres si no respondes, –sugirió un Shinobi con su banda de Kumo rasgada— habla ya…

El hombre de negro no dijo nada, solo estiro su mano lento, para que nadie sospeche un ataque, justo al centro de la mesa redonda. Allí dejo 4 objetos brillantes, a lo que todos prestaron debida atención. Una mujer obesa con kimono rojo que la hacía parecer más una especie de sofá que una persona, estiro su mano regordeta para tomar uno de los objetos. Lo reconoció al instante, merced de sus viajes de contrabando por todos los países.

—Increíble, son los anillos de los señores feudales…—dijo la mujer impresionada— los feudales…asesinados.

Todos lo miraron con evidente temor. Se decía que nadie había sobrevivido cuando ese asesino había actuado. Los señores feudales y sus herederos muertos sin poder resistirse. Todo el poder de 4 países se vino abajo tan solo por ese hombre. Era de temer alguien con ese poder y atrevimiento.

—Todas las aldeas ninja te busca tipo listo –señalo un sujeto con sombrero pirata— Eres un blanco viviente. ¿Y quieres unirte a nosotros para que también seamos cazados?

— ¿Cazados por quién? –Respondió rápido el sujeto de negro— ¿por aldeas de Shinobi que no tienen más dinero para enviar a sus cazadores lejos? ¿Por ninja que cobran mucho menos que antes y ahora piensan más en desertar que en servir a su aldea? He dado un golpe de muerte a las villas Shinobi. Ahora se sacaran los ojos unos a otros desangrándose. Ju ju ju. ¿No creen que he aportado a este gremio más que todos ustedes juntos?

Los integrantes de la mesa bajaron la vista levemente. Ese sujeto era inquietante y tenía razón. Desde la caída de los feudales que la confianza entre los aliados mermaba. Ya casi no había expediciones de cazadores ANBU por los países y las misiones se encarecieron a tal punto que poco podían pedir ayuda a los ninja. El pillaje era más fácil ahora, ser desertor era bastante beneficioso.

— ¿Qué piensas lograr matando feudales? –Pregunto un anciano de aspecto muy demacrado— ¿una guerra?

—El fin de las guerras…—declaró el hombre oculto— el fin del sistema Shinobi como se conoce. Aplastare a los ninja de cada aldea. Se comerán unos a otros como chacales. Luego, será el turno de reorganizar la nación.

—Las guerras contra las aldeas Shinobi ya tuvieron mal final –dijo el anciano tomando la iniciativa de la charla— ni el invencible Uchiha Madara pudo con todos los ninja.

—El inmortal…Uchiha Madara –corrigió el sujeto— no lo olviden…llámenme "el inmortal"

Los hombres y mujeres exclamaron un suspiro de la impresión. El hombre se quitó la capucha y la máscara de círculos concéntricos revelo al hombre más temido de la historia. Uchiha Madara estaba vivo, Uchiha Madara no se podía eliminar.

—Es imposible, todos te vieron muerto –gruño el Shinobi de Kumo que era desertor— yo estaba hace años en ese campamento. ¡Yo te vi muerto!

—Lo que has visto fue un cadáver…—señalo de brazos cruzados Madara— pero aquí me ves…

Todos observaron sus ojos…tenía el Sharingan y el Rinnengan. Era él. Era Uchiha Madara. El enemigo del mundo.

—Mi plan B ha iniciado hace tiempo. –Señalo Madara tranquilamente— he venido aquí para que todos ustedes formen parte de él. No quiero que los llamados "criminales" caigan en las garras de los ninjas de la alianza. Ellos son los verdaderos criminales. Ahora nosotros….debemos estar unidos contra los que nos quieren destruir.

Todos asintieron temerosos, pero había un fuego de satisfacción en cada par de ojos que Madara recorrió. Era el momento de la venganza, era el momento de dejar de ocultarse, era el momento de tomar el control de los países que esas villas Shinobi no supieron conducir. Era el momento de los criminales.


Horas después, el supuesto Uchiha Madara se perdió entre los bosques en país del agua. Descendió por la tierra atravesándola como papel, una cueva…perdida en esa isla donde la aldea de Kirigakure tenía asentado sus bases. Zetsu se quitó la máscara que cubría su rostro, sonrió habiendo cumplimentado su objetivo. Su jutsu de trasformación podía igualar en todo aspecto a Madara. Tenía que dejar asentado entre los criminales que su antiguo amo estaba vivo. Era parte del plan, era parte de la misión que debía cumplir. Miro sobre sus hombros viendo llegar al Zetsu blanco, se miraron sonrientes y el Zetsu oscuro sacó de entre sus ramas un frasco en el cual se veía los ojos del Rinnengan y el Sharingan. Se lo dio al Zetsu blanco sin mediar palabra. Eran partes de su mismo ser, sabían sin palabras lo que el otro conocía. Pero cuando estaban juntos, algo que no ocurría hace tiempo.

—Me llevare el frasco hacia mi misión, –señalo Zetsu blanco— quédate cuidando la estatua en la cueva del fuego. Iré por ti en cuanto termine lo mío.

—Naruto-sama no se ha comunicado –indicó la oscura criatura — ¿está en Konoha?

—Si…—dijo el blanco— recuperara las técnicas de sus padres. Y eso es solo el comienzo. Nosotros debemos reunir las otras técnicas como lo ordenó.

— ¿Qué pasara con Kabuto Yakushi? –Preguntó el oscuro— él tiene los tesoros de Rikudō.

—No te preocupes por eso, —señalo Zetsu blanco— el amo se encargara de todo a su debido tiempo. Nosotros no debemos retrasar nuestros encargos. Ju ju ju.


Anko tenía esa manera de conducirse tan irritable. Ino, Sakura y Shizune gruñeron molestas cuando la vieron cruzar frente a ellas, aferrada con mucha familiaridad al brazo de Naruto. La habitación del hospital estaba desierta. Era un salón amplio, sin muebles ni nada que estorbe al gran sello dibujado en el suelo. Naruto y Anko se pararon en medio del lugar mientras Sakura, Shizune e Ino se colocaron alrededor de la circunferencia, preparadas para utilizar sus jutsu de sanación. Kakashi y Sai vigilaban las puertas para que nadie interrumpiera la operación que se desarrollaba. De brazos cruzados observaban con atención todo el lugar. Kakashi había tomado la responsabilidad frente al Hokage sobre este tratamiento. Había posibilidad de recuperar a una excelente Jounnin de elite con esta operación. La falta alarmante de ninjas no les hizo considerar al consejo, el posible peligro sobre la lealtad de esa mujer.

—Anko…—susurró Naruto a la mujer— te explicare lo que he averiguado entre el estudio de tus sellos y los análisis que Shizune-neechan me entregó. Las marcas malditas absorberán tu chakra para defenderse a sí mismas cuando intente quitarlas.

—En pocas palabras…—señaló Shizune sería— te quitaran la vida para evitar ser apartadas de ti.

—Tengo dos cosas para hacer en tu cuerpo— indicó Naruto— te colocare un sello que reemplazara tu falta de chakra propio, cambiándolo por el mío.

— ¿Me darás tu chakra? –Se relamió ella divertida y se abrazó a la cintura de Naruto quedando cara a cara con él— ¿Qué más piensas hacerme, muchacho travieso?

— ¡Anko-sempai! –Estalló Sakura roja de celos, a lo que Ino se reía— ¡deje de coquetear con Naruto! ¡Esto es serio!

—Ah…si claro…ku ku ku— se arrodilló Anko bajando sus manos sensualmente sobre el cuerpo de Naruto— ojala estuviéramos solos….cariño….ku ku ku.

Naruto se reía divertido de las ocurrencias de Anko. La rodeó quedando a espaldas de ella, para luego observar a su alrededor dando la señal a las médico, para posicionarse en los tres puntos dibujados alrededor del sello en el suelo. El ritual comenzó, Anko tenía una prenda tipo bata, de color crema. Esa pieza de tela se abría en dos pequeños cuadrados en su espalda. Naruto aparto la tela, y concentro en sus manos una impresionante cantidad de chakra color azul. Sus ojos se cerraban delicadamente cuanto más poder surgía de las palmas de sus manos. Parecía estar creando una especie de Rasengan. Pero el chakra no se arremolinaba, sino que fluía en sus manos como llamas azules.

— ¿Qué está haciendo Sempai? –Pregunto Sai a Kakashi mirando desde lejos

—Ojala lo supiera…—declaro neutro— solo podemos confiar que no nos mate a todos.

Naruto pronuncio una extrañas palabras que no pudieron entender, el chakra dejo de destellar para situarse en su mano derecha, más precisamente en los 5 puntos de sus dedos. Naruto coloco su diestra en el centro de la espalda sobre Anko, y un sello de complicados trigramas se formó en color azul. La mujer de rebeldes cabellos violeta, sonrió suavemente al sentir esa marca, pero enseguida abrió sus ojos sorprendida. Unas imágenes se cruzaban por su vista como si realmente toda la habitación hubiera cambiado. Como si pudiera verse en un bosque, en una aldea diferente.

Anko comenzó a sentir mucho dolor, en su cuello los sellos comenzaban a retorcerse como serpientes de líquido negro. Sakura e Ino comenzaron a emanar chakra al ver como Anko sufría. Comenzó a gritar la mujer, desesperada se agarró la cabeza con las dos manos. No podía moverse de lugar central en el gran sello. Estaba prisionera y Naruto la sostenía por detrás aferrándola de los hombros. Ino y Sakura usaron chakra y curaban el cuerpo de la mujer que gritaban por el profundo dolor. Sus gestos se deformaban por la profunda ira, por el rencor de la maldición.

Pero lo que Anko veía con sus ojos, nadie más podía verlo. Veía una noche en particular, en la antigua aldea del remolino. Un festival, que se bañó de sangre Uzumaki. Veía niños correr, madres tratando por todos los medios de defenderlos. Veían batallones ninja corriendo de aquí para allá. Casas quemarse, jutsu chocar entre los gritos desgarradores de la noche. Vio….con todo el dolor en su cuerpo y corazón…como el clan Uzumaki fue erradicado esa triste noche.

En el salón del hospital, Shizune comenzó a intervenir en la operación. Los sellos estaban siendo extraídos de Anko que comenzó a tiritar como si un frio glaciar la asaltara. Sus manos se volvieron garras y lanzo un par de zarpazos al aire aullando de dolor. Naruto la detuvo, con chakra dorado surgiendo de él, atrapo los brazos mientras la mantenía sometida de rodillas.

Fueron dos horas muy crueles, dolorosas desde todo punto de vista. Cuando la operación terminó, Anko cayó desmayada. Ino, Sakura y Shizune se arrodillaron extenuadas por el esfuerzo. Kakashi y Sai pudieron acercarse al sello que por dos horas les había impedido intervenir, ayudando a Naruto para trasladar a la debilitada paciente a una cama de hospital. Anko tendría muchos días para luchar por su vida. El primer paso estaba dado y además, había ganado una inesperada comprensión del por qué Naruto había cambiado tanto en 4 años.


Sakura abrió los ojos apenas y estaba en su cama. La oscuridad de la noche no había mermado pero claramente sabía que en su departamento, no estaba sola. Una sombra, parada frente a su cama la observaba desde la puerta del cuarto dormir. Sakura estaba boca arriba, instintivamente metió una mano bajo su almohada y sacó un kunai que guardaba allí. Lo elevó expectante, si el atacante se acercaba por ella, lo pasaría muy mal.
Las sombras dejaron de cubrirlo, era Naruto…

—Naruto…—dijo ella al verlo tan solo con un jean negro y sin camiseta— ¿Qué haces en mi casa? Idiota...

—ssshhh –le silenció él, mientras sonreía hechizante— vine por ti amor mío.

Ella se paralizó, Naruto se acercaba a la cama y Sakura tenía tan solo una tanguita rosada y una remera blanca cubriéndole el cuerpo. El hombre estaba casi desnudo, ¿acaso tenia intensiones de…?

—Amor mío…—susurro el arrodillándose en la cama— mi querida Sakura-chan…

La chica se recluyó en sus piernas, atemorizada por la cercanía del hombre. Nunca había estado con uno, nunca tan cerca casi desnudos y en una cama. Estaba sonrojada y no tenía valor para echarlo. ¿O tal vez no lo quería echar?

—Aléjate Naruto…—rogó suplicante— No…estoy lista. Por….favor…

Naruto no se alejó, la tomó de un tobillo obligándola a estirar las piernas hacia él. Luego se subió a hojarascas y acercando su cuerpo al de ella intento escalar a los labios. Con una mano sometió la derecha de Sakura quitándole el kunai y dejándolo caer al costado de la cama. Ahora estaba desarmada y sería suya.

—Ah…no...—Susurro apenas Sakura pero no tenía fuerzas para resistirse

—Sé que lo deseas Sakura-chan…—sonrió el levantando la camiseta de ella y besando su vientre— deseas ser mía. Añoras que sea tuyo. Me buscaste tantos años, me amas….lo sé muy bien.

—No, Naruto….no…—cerró sus ojos entregada a los besos que escalaban por su cuello— no…puedo….no…

Al fin llegó a los labios. Como un baile perfecto esos labios se trasformaron en uno. Naruto le dio un beso profundo, lleno del eterno amor que siempre profesó desde niño. La amaba tanto, se notaba en esos besos llenos de fuego y miel. Sakura rodeó con sus brazos el cuello del rubio y ya no lo dejó escapar. Se afirmó a él, dispuesta a entregarse completamente. Había esperado desde siempre esos besos, quería descubrirlo todo.

Las manos del rubio escarbaron en ella con ternura, acariciando los desnudos pechos de la pálida chica que solo atinó a gemir con entrega.

Naruto no se conformó, con infinita dulzura observó toda la escultura de mujer debajo suyo a la luz de luna. Le quito la remera blanca, para luego descender ambicioso con su boca sobre el rosado pezón izquierdo de Sakura. Hacerla delirar, ese era su objetivo y encontró el camino perfecto para recorrer.

—Esta endurecido…—lamió Naruto suavemente – deseabas esto desde hace mucho…Sakura-chan...

—No es cierto…—se revolvía ella toda colorada— no…más… (Me volveré loca si no se detiene)

Naruto sonrió al ver como Sakura se cubría el rostro por la vergüenza pero aun así espiaba. Fue un gesto de tanta ingenuidad que le agrado. Mientras que su derecha amasaba un pecho de Sakura, su boca hacia un buen trato con el otro seno. Iba camino a la locura esa mujer, Naruto la estaba arrastrando invariablemente.

—Ah….ah….Naruto…—rogó ella— me….estas…

Naruto no hizo caso de nada, simplemente uso su mano libre para bajarla la tanguita rosada y prepara la invasión de sus dedos. Pronto sería suya, muy….muy…pronto…


—AAAAAAAAHHHHHHHH

El día había amanecido y Sakura se sentó de golpe en su cama. Estaba nerviosa, traspirada como nunca y sus ropas de cama estaban empapadas de sus propios deseos.

— ¡Maldición!

Se estaba volviendo loca. Cada noche desde que vio a Naruto en la celda de la prisión. Sueños húmedos la acechaban constantemente. Sentía el cuerpo arder literalmente, sentía cada resquicio de su ser inundado con un deseo que nunca llegaba al fin.

Ese sueño donde Naruto entraba a su cuarto se repetía cada noche. Cada vez avanzaba un poco más, cada vez terminaba con menos ropa y más excitada pero nunca se concretaba. Cada ver era peor. Naruto estaba en sus deseos más bajos, en los más íntimos y en la vida real estaba más lejos que nunca.

Lo deseaba… ¡Maldita sea cuanto lo deseaba!

Deseaba poder ser tocada por él, poder ser poseída por él. Deseaba que ese cuerpo tallado por Kami-sama estuviera una noche sobre ella, alrededor de ella, dentro de ella. Lo cierto era que parecía estar enloqueciendo. Si no calmaba estas ansias terminaría matando a cualquier idiota que la sacara de quicio. Estaba como lunática porque Naruto no la veía como antes. Tenía que hacer algo. O los sueños terminarían por matarla.


Naruto caminó con tranquilidad por las calles de Konoha. Habían pasado casi 15 días desde que logró sacar a Anko de la prisión. Y unos 7 días más, para que con la ayuda de Sakura y Shizune, la domadora de serpientes saliera del hospital ilesa. Era ya de tarde y luego de una agitada mañana con entrenamiento de sellos. Era hora de un poco de acción, fue a un campo abandonado. Había árboles, piedras y bastante terreno disponible.

A lo lejos pasaba el rio, ese campo estaba justo al lado del lugar de prácticas donde Naruto tuvo su iniciación con el viejo equipo 7. Lo recordaba perfectamente, pero era un recuerdo sin nostalgia, era tan solo una remembranza de algo gracioso, pero para nada extrañado.
Se quitó la chaqueta, le habían otorgado su chaleco Jounnin y la combinaba con pantalones clásico negro con naranja. Se la quitó y también la camiseta azul con el remolino en su pecho. Su torso desnudo revelaba a quien lo viera de frente un águila con las alas extendidas mirando amenazante y en posición de ataque. En su espalda, un dragón se elevaba desde la cintura subiendo por la espina hasta definirse en la parte posterior de su cuello. Unas serpientes de oro parecían enrollarse en el dibujo de su brazo. Mientras que el otro miembro superior era adornado por avispas de plata brillantes.

Naruto dejo las prendas a un costado, activó un par de sellos en su cuerpo que brillaron levemente. Luego de eso, comenzó a practicar los movimientos de combate en Taijutsu que había adquirido del maestro Kentari Uzumaki. El guerrero definitivo del combate cuerpo a cuerpo. Recordó las palizas que recibía, una tras otra hasta comprender a base de golpes como moverse para vivir más tiempo. Kentari no era amable. Había pateado el orgullo de Naruto hasta que lo tuvo enterrado 3 metros bajo suelo. Así aprendió a luchar en las artes marciales. Cuando ya no le quedo nada de soberbia en el corazón.

Sabía que era observado, no importaba demasiado pero aun así lo sabía. Comenzó a lanzar golpes al aire. De manera lenta, apretando los músculos del cuerpo como dándole peso real a cada impacto. Como si intentara dañar el oxígeno a su alrededor. Una patada giratoria, apoyo los pies lentamente para lanzar una serie de tres puñetazos a su derecha. Giro su cuerpo como si la pelea imaginaria estuviera programada. Como si evitara y golpeara a sus enemigos en cámara lenta. Pero se notaba a lo lejos como sus músculos se estremecían ante cada impacto lanzado al vacío.

— ¿Qué haces? –pregunto una voz femenina observando

Naruto no dejó de practicar sus movimientos, pero sabía a la perfección que se trataba de Anko. Hacía casi 7 días que había salido del hospital bajo su custodia, ya no tenía los sellos malditos en su cuello. Había recuperado parte de su chakra y en los sucesivos meses estaría al máximo nivel nuevamente. Anko había sufrido horas enteras por el ritual de extracción. Naruto se valió de Sakura que pidió a ayuda a Ino y Shizune para asistir en la difícil operación que casi le costó la vida a la kunoichi domadora de serpientes.

—Ahora estoy maldita de chakra Uzumaki –dijo con su típico humor ácido Anko— buen cambio.

—Al menos tú controlas ese poder y no al revés –respondió Naruto lanzando una patada al aire y la mantuvo suspendida un buen tiempo— deberías ser más agradecida.

—Lo soy, —respondió Anko mirando el espléndido cuerpo que Naruto exhibía— te lo pagare una noche de estas, ku ku ku.

Ambos se quedaron en silencio, Anko se sentó bajo un árbol y comía sus dangos recién comprados con tranquilidad. Respiraba el aire puro del bosque, había extrañado tanto la libertad. Naruto siguió con sus movimientos lentos, ponía mucho peso en sus golpes al aire, mucha concentración en lo que hacía, pero jamás descuidando el entorno.

—Nunca me dijiste el porqué de ese cambio tan radical en ti. –Indico Anko— recuerdo que eras el típico niño bueno que no rompe un plato. Ku ku ku, hasta Shizune se sorprendió que le coquetearas. Y tus planes….no parecen quedarte muchos escrúpulos chicos.

—No me quedan, —respondió calmado— los perdí cuando supe que todo lo que había aprendido en esta aldea era tan solo una mentira. "Nunca abandones a tus amigos" la…"voluntad de fuego" puras patrañas para inspirar a niños y mentirles.

—Admito que los consejeros no son trigo limpio, y tu sello en mi espalda me mostro parte de lo que paso con tu familia. –Señalo Anko aburrida— Pero no tienen que pagar todos en esta aldea por ellos.

—No pagaran todos…—respondió al punto Naruto— solo los que se me opongan.

Anko supo que no obtendría mayor respuesta que eso, y decidió no insistir. Pero luego recordó que cuando ella contó lo que le había sucedido para caer en prisión, Naruto quiso saberlo todo. Naruto se interesó en las razones de por qué estaba presa, lo hizo para no juzgarla.

—Me gustaría que me contaras por qué piensas hacer lo que me dijiste –dijo la mujer acercándose— si vamos a hacerlo juntos, si te voy a ayudar en esto…al menos quiero saber la razón.

Naruto detuvo su ejercicio, la miró sonriendo de lado. Vaya que si se parecían, Anko no juzgaba a la ligera, quería saber antes que actuar. Tener una razón poderosa, hacer lo necesario pero tener un motivo por el cual actuar. Anko Mitarashi era como él.

Naruto se acercó a ella sentándose a su lado. Miró al rio pasar a lo lejos, cerró los ojos levemente para captar el entorno averiguando que cerca estaban los oídos indiscretos. Y al saberse solo con ella, comenzó a contar su propia historia.


Flash back: hace casi 4 años…

Naruto ingresó a la extraña cueva donde los sellos se hacían fuertes y protegían el lugar. La completa oscuridad de la zona no le impidió avanzar con cierta confianza, bajo algunos metros en su camino, luego subió y fue a su derecha. Tocaba las paredes lisas. Encontraban los muros tallados con formas dispares por momentos, para luego regresar a la contextura plana. Naruto no podía ver nada.

— ¿Quién eres? –Escucho un susurro en su oído

— ¿Dónde estás? –preguntó Naruto girando sobre sí mismo y no podía ver nada en esa oscuridad

Siguió caminando ya más prevenido, alguien estaba jugando con él. Alguien podía atacarlo tal vez.

— ¿Quién…eres tú? –Preguntó el susurro más firme

—Mí nombre es Naruto Uzumaki.

—No quiero tu nombre…—respondió la voz más fuerte— sino conocer… ¿quién eres tú?

—Soy el guerrero que contiene al demonio, el niño sin familia, el hombre sin amor. Soy un ninja…soy…nadie.

Vio una luz, su cuerpo se iluminó y podía ver todo el pasillo con sus muros sellados. Naruto notó que el camino delante de él se torcía levemente a un costado, como una espiral. Había estado caminando en círculos.

—Para vivir…—dijo una voz femenina en el aire— para ver…es necesario saber quién eres.

— ¡¿Cómo mierda voy a saberlo?! –Estalló molesto Naruto— ¡dejen de jugar conmigo y muéstrense!

—Ser impetuoso, avanzar sin un plan o una meta, —remarcó la voz de mujer— es lo que haces mejor. ¿Pero adonde te diriges?

—No lo sé, —sentencio Naruto serio— quiero saber….porque mi familia fue destruida. Por qué debo pagar siempre con mi vida, aunque nunca hice daño a nadie. Quiero saber… ¿por qué?

Hubo un silencio, Naruto sintió que su cuerpo comenzaba a perder chakra absorbido por las paredes selladas. Todos los muros comenzaron a brillar en azul, como un resplandor.

—Entonces adelante –dijeron ambas voces— entra a tu pasado, conoce tu presente y cambia el futuro. Bienvenido a casa….hijo del remolino.

Una luz fulgurante, un destello de sol bajo esa inmensa montaña oscura. Naruto ingresó a su pasado. Un sello le mostraría las memorias perdidas de una antigua aldea origen de su madre. Un sello le golpeó con la triste realidad, una que cambiaría su forma de pensar para siempre.
Imágenes de muertes, de terribles muertes. Imágenes que Naruto jamás podría olvidar.

Fin del flash back:


— ¿Un sello con memoria? –Pregunto Anko muy sorprendida

—La cueva completa se alimentó de mi chakra. –Aclaro Naruto— un cuarto completo con almas selladas. Despertado por mi chakra para entrenarme, para mostrarme lo que mi familia fue.

—Significa que tú… —susurro Anko sorprendida— ¿tú conoces todas las técnicas de sellos antiguos del clan Uzumaki?

— ¿Conocerlas? –Sonrió el rubio— ojala hubiera podido…aprendí muchas es cierto, pero me llevaría toda una vida conocer la mitad de toda mi herencia. Había 25 estilos de combates diferentes con sellos. Son casi 900 técnicas de sellado y eso que se perdieron algunas. No, Anko….apenas soy un maldito novato en esto de los sellos je je je. Lo positivo fue que esa cueva no solo había memorias de los Uzumaki selladas. No solo conocimiento sino una montaña de dinero. Joyas, oro, plata y rubíes. El suficiente dinero como para comenzar una nueva familia.

— ¿Y Kyuubi? –Preguntó la mujer con interés— ¿Qué pasa con él? Nadie puede captar tu chakra, y eso pone nerviosos a la mayoría por aquí. Ku ku ku

—Es una técnica de sellos que oculta mi poder. –Remarcó Naruto serio— pero el zorro en cuestión, no puedo usarlo con libertad como antes. Es demasiada maldad para controlarla toda, recibí un regalo cuando estaba en mi peor momento….pero fue un regalo…algo….venenoso.

— ¿Un regalo?

—Si…se podría decir que si…—suspiro Naruto cansado— bien…creo que estos días tuviste el suficiente tiempo para pensar en ayudarme o apartarte. No puedo esperar más por tu decisión. ¿Estás conmigo…o con alguien más?

Anko miró el desolado campo frente a ella. Lo que Naruto planteaba prácticamente desafiaba todo, y por si fuera poco a todos. Pero una cosa de sus años en la cárcel le quedó en claro, no quería volver a estar sola. Aunque le fuera la vida, trataría de conservar los vínculos que tenía. Y su único vínculo era con Naruto.

—Estoy contigo hasta el final –señalo sería

— ¿Aunque ambos podemos morir?

—No será diferente a otra misión ninja

— ¿Aunque tal vez tengamos que matar a muchos?

—Hai

Naruto supo que la tenía, supo que ella no lo dejaría. No hacía falta jutsu o demás cosas para ponerla de su lado. Anko estaba ya de su lado, siempre lo estuvo. Ahora Anko Mitarashi estaría con él para bien o mal. Era un hecho que nadie podría cambiar.


Los días comenzaron a trascurrir en la villa de la hoja. Naruto y Anko se mantenían juntos muchas horas del día. La mujer entrenaba con el rubio buscando su mejor forma física y mientras tanto se ocupaba de obtener la información que Naruto le había pedido buscar. Anko Mitarashi había sido la capitana más talentosa de las divisiones de infiltración en toda la aldea. Tenía muchos trucos y muchas puertas secretas en toda la aldea para revisar datos ocultos. Naruto obtuvo detalles exclusivos sobre los clanes de Konoha, sabia como se estructuraban, sabias sus puntos fuertes y débiles. El truco para quitarles el poder que cada clan había ganado era, contrariamente a lo pensado, otorgarles aún más poder.

La mente del Shinobi no razona con equilibrio cuando el poder fácil le es otorgado. No mide riesgos, no contrapesa las deficientes propuestas. Naruto desarrolló una estrategia para atacar sin derramar la sangre innecesariamente. Muchas de sus ideas provenían de los razonamientos de Anko, una mujer hábil, inteligente y carente de piedad sin concepto.


Una tarde, Sakura golpeó la puerta en casa de Naruto y nadie le respondió. La pelirosa seguía teniendo sueños terriblemente eróticos con su rubio compañero y la verdad, quería la oportunidad de una cena y saber hasta dónde se podía llegar con él. Pocas personas sabían de la liberación de Anko, y menos aún de su actual domicilio, fue cuando Sakura lo descubrió de la peor manera posible. Golpeó la puerta de esa casa por tercera vez ofuscada, y Anko media dormida, con un camisón de seda roja abierta y solo ropa interior ajustadísima le abrió con gesto cabreado.

— ¿Qué quieres rosada? –Gruñó molesta la mujer

—A…Anko-sempai…—tiritaba Sakura roja de celos— ¿Aué….por qué…? –la señalaba con el dedo índice en una mescla de furia y envidia

— ¿Qué? –Dijo Anko aburrida mirándose a sí misma— hace calor y estaba durmiendo. Buscas a Naruto, supongo…—elevando una ceja

Sakura apretaba los dientes chillando del disgusto. Esa mujer estaba casi desnuda paseándose alrededor de Naruto. ¿Qué podía hacer ella? ¿Cómo podía…competir?

—Ah…Sakura…—dijo Naruto bajando de las escaleras que daban al segundo piso— ¿Qué necesitas?

Sakura ya tenía una tonalidad azul en su rostro por Anko y pasó al rojo furioso al ver a Naruto tan solo cubierto por una blanca toalla a la altura de la cintura. El muchacho también se secaba los cabellos con otra toalla pequeña y revolvía su pelo rebelde mirando de reojo a Sakura con intriga. En realidad, él sabía porque de la inquietud en la pelirosa, pero era más divertido fingir que no tenía idea.

—Sakura…—serio— ¿Qué haces en mi casa? En serio….te ves….rara…—sonrió apenas

—Ah…yo…bueno…venía a preguntar por Anko-sempai…—tratando de no mirarlo de frente— no sabía que…vivían juntos.

—Su casa fue destrozada por idiotas que la atacaron hace años, además mi departamento no está disponible porque era un préstamo de Sandaime. Si la saqué de la cárcel y le quite los sellos. Es tonto dejarla desamparada. Ya sabes Sakura…—sonrió fríamente— los monstruos debemos estar juntos y cuidarnos.

Sakura no sabía que decir. Ella había ayudado a Naruto con el ritual de sellado, había aportado sus jutsu médico para curar a la mujer porque Naruto se lo pidió expresamente. En el fondo solo quiso acercarse a Naruto, lo de saber la salud de Anko, era solo excusa. La pelivioleta bostezó sin ningún tapujo, le lloraban los ojos del sueño. Miro aburrida a los dos tortolitos, y subiendo la escalera hacia su cuarto declaró:

—Te dejo con la rosada Naruto, y ocúpate de la ciega que no deja de rondar la casa. Ya me está poniendo nerviosa.

la ciega…—pensó Sakura divertida— debe referirse a Hinata ji ji. Aunque me molesta que me diga "rosada", ¡jum!

Bueno…— pensaba Naruto mientras estiró los brazos como desperezándose— será mejor terminar con la espera. Ya me aprendí la técnica de mi padre así que… comencemos la diversión je je je.

De pronto un dolor en su pecho, tan intenso, tan profundo que lo obligó a doblarse cayendo de rodillas. Tosió desesperado por oxígeno. Sakura se preocupó mucho arrodillándose junto a él. Le pregunto "¿Qué te ocurre?" pero Naruto seguían atosigado por el dolor en todo su cuerpo. Los músculos, sus canales de chakra….era terrible ese dolor que le sucedía una vez cada tanto. Los ojos le ardían intensamente, pronto pudo ver una figura en ese comedor de manera espectral. Una persona que en realidad no estaba allí. Pero Naruto podía verla borrosa como detrás de un cristal.

No lo olvides…—escuchó la voz claramente en su mente— no te permitas….olvidarlo.

El fantasma se fue, el dolor también y Naruto pudo respirar con calma nuevamente. Sakura revisaba su pecho con jutsu médico tratando de descubrir por qué los tatuajes en Naruto habían brillado levemente durante la fase de dolor en el hombre. No sentía nada extraño, nada roto ni heridas internas. Sakura se preocupó por qué ese dolor en Naruto le había paralizado por algunos segundos. Pero no tenía forma de saber el origen real.

No lo olvidare –pensó el Uzumaki mirando a la nada, sin prestar atención a las preguntas de Sakura— nunca podré olvidar el dolor, la traición...el exterminio de mi familia. No olvidare tu dolor...