Limitaciones y Engaños
Zetsu se fue tres días después con instrucciones precisas las cuales cumplió al pie de la letra. ¿Cómo puedo estar tan seguro de que así fue? se preguntaran, bueno la respuesta es simple: obtuvimos una carta de parte de Pain donde nos hablaba de la forma que esperábamos si todo salía acorde al plan.
Ni bien recibió respuesta, Katsu envió una muestra de sangre a Orochimaru. Después de hablar mucho sobre el tema, habíamos decidido que lo mejor sería esperar a tener noticias de Amegakure en caso que aun tuvieran un espía secundario del que no nos hayamos percatado. Y aunque la idea de depender de Orochimaru no me gustaba para nada, el sujeto se había ganado la confianza de Kasumi y con eso me bastaba.
La pelirroja y yo estábamos ahora mismo disfrutando de una taza de chocolate caliente mientras el frío invernal rodeaba nuestro hogar sin poder afectarlo en lo absoluto.
-El fin de la lluvia solo trajo un frío endemoniado –comentó mientras quitaba la vista de la chimenea, esa que iluminaba aún más sus grandes y brillantes ojos, para colocarla en la ventana. El viento resoplaba con fuerza esa noche de otoño muerto pero, a pesar de todo, yo me sentía más vivo que nunca.
-Parece ser que nevara esta noche –anuncié recordando las nubes de esa tarde. Acto seguido tomé ese diario ajeno que había hecho mío para ponerlo al tanto de la situación en los últimos días.
-Le das mucha importancia a esa libreta, siempre que vuelvo la vista estas escribiendo en ella –respondió la pelirroja con curiosidad y entonces me detuve un minuto para sonreírle.
-Estas son las memorias inconclusas de un niño pero yo me encargaré de completarlas con nuestras memorias, para que su alma acompañe nuestros días –le expliqué y entonces todo tuvo sentido para ella. Creo que hasta recordó ese momento en el que llegamos al poblado devastado por Akunin, ese lugar donde encontré le diario, mi pasado y mi melancolía. Pero nada de eso tiene fuerza ya, nada excepto el diario. Y aunque los dolorosos recuerdos del pasado no han podido irse aún, estoy agradecido porque que todavía recuerde todo tan bien me hace creer que todo coincidirá algún día y, ese día, podré irme pensando que todo valió la pena.
-Espero que te esfuerces, no queremos decepcionar a ese niño –soltó con una expresión serena el rostro acurrucándose en la manta que la rodeaba.
-Haré lo mejor que pueda –contesté con calma y voz suave.
Para cuando volví a alzar la vista, la noche había avanzado con voracidad y Kasumi dormía profundamente frente a la hoguera mientras las llamas iluminaban su cabello. Sonreí sin planearlo y suavemente me levante para colocarla con lentitud en el sofá. Se quejó un poco pero ni por asomo se despertó. La arropé bien y pareció retomar la paz paulatinamente, cuando estuve seguro de la profundidad de su sueño me abrigué y salí afuera.
La inmensidad de la noche era proporcional al frío invernal que sofocaba mi respiración. Pero pecho conservaba un calor singular, uno que me traía cálidos recuerdos a los cuales no me quería aferrar. ¿Cuál era el punto de cualquier manera? Solo eran personas que no iban a volver, palabras que nunca volvería a tener la oportunidad de decir y situaciones que no se repetirían. Elevé la vista al firmamento y sonreí a la inmensidad de ese cielo negro que paulatinamente comenzaba a separar sus tormentosas nubes para que la luna me iluminara y a liberar pequeños y delicados copos de nieve para acompañarme.
-Esta sería una escena perfecta para recordar cuando las cosas no vayan tan bien –escuché la voz de Kasumi y me volteé apresuradamente, como si ella fuese a irse pronto.
-¿Te desperté? –pregunté mientras veía como la dama de cabellos rojizos se acercaba a mí, envuelta en la manta con la cual la arropé, para quedar con la vista clavada en cuelo como yo mientras sonríe.
-No –soltó levemente mientras los copos de nieve se asentaban muy cómodamente en sus mejillas– el mundo entero está llorando y nosotros sonreímos sinceramente, supongo que hasta las rosas son crueles con el invierno al negarle su belleza al mundo.
-Es como una encrucijada y aun así no siento culpa alguna, es un poco extraño –opiné ante nuestro egoísmo bajo esa tenue luna que resaltaba los brillantes ojos de Kasumi que, abiertos de par en par, reflejaban el cosmos entero.
-No me parece extraño, después de todo no solo confrontaste al demonio que hay en ti, sino que también al que hay en mí y de alguna manera aprendimos a vivir con eso porque es parte de quienes somos –explicó y no pude evitar bajar totalmente la mirada para verla directamente ante lo que cual ella me imitó sin abandonar esa preciosa sonrisa de gratitud.
-Entonces la culpa es ilógica –completé y ella asintió.
-Hay un montón de cosas que aun no entiendo, y probablemente nunca las entenderé del todo pero –manifestó abrazándome con fuerza para luego completar– estoy segura que para sonreír solo necesito estar contigo.
La abracé contra mi cuerpo queriendo grabar sus palabras en mi corazón. Nosotros somos los hijos horribles, horribles y malditos de alguien y hay fuego en nuestros corazones porque ya nos han quemado en la hoguera. Hemos sido juzgados y condenados una y otra vez y, tan es así, que no importa si las piezas están cayendo y estamos siendo torturados nuevamente porque ya no hay dolor y destrucción en nuestra alma, porque aprendimos a ser nosotros mismos y amarnos por sobre todas las cosas. Ya no tengo miedo del mundo y a las voces que me expresan que me estoy muriendo, les digo que se siente bien. Precisamente así es como el paraíso se siente, no es la eterna armonía sin calor en medio del frío invernal, es sentir como el cielo se cae sobre ti y continuar sonriendo porque sabes que tu alma ha sobrevivido.
Nos recostamos en la nieve un rato y continuamos contemplado el cielo en silencio casi hasta el amanecer. Decidimos entonces entrar a tomar algo caliente que reforzara esa tibiez que parecía no renunciar a nosotros. Tomé su mano, la cual se encontraba sobre la mesa de la cocina, y volvió a sonreírme.
-¿Estas cansada? –le pregunté al notar que estaba un poco pálida, igual que yo desde que estoy enfermo.
Ella negó con la cabeza antes de agregar– de hecho quiero entrenar.
-¿Ahora? –inquirí un poco inseguro que fuese bueno para ella entrenar sin haber dormido en toda la noche.
-Sí, el desayuno estuvo delicioso y ahora tengo fuerzas para entrenar –explicó serenamente– después de todo, no dejaré que Mei me venza así como así, si quiere vivir tendrá que derrotarme realmente.
-¿Crees que su deseo de vivir sea tan fuerte? –indagué esperando que el de Sasuke si lo sea.
-Si su deseo de vivir no es suficiente, entonces su odio la hará dar lo mejor de si –me aclaró esperanzada. Kasumi no se estaba suicidando, la batalla que esta por afrontar era seria, ella no permitiría que su hermana siguiera viviendo si no era capaz de detenerla. Ahora ya no tenía tiempo para esperar a que la Mizukage se fortaleciera, así que esta vez era en serio.
-Bueno entonces que no se diga más –señalé poniéndome de pie– vamos a entrenar.
Y con una sonrisa en el rostro la seguí en silencio para volver a salir afuera, a ese mismo bello paisaje que comenzaba a blanquearse con la purificadora nieve que caía grácilmente.
Me paré frente a ella sintiendo nuevamente la frialdad del invierno rosando mis mejillas y le pregunté– ¿qué quieres entrenar puntualmente?
-Para esta altura Mei no debe ser la oponente que recuerdo, pero hay un jutsu que comencé a entrenar hace mucho tiempo y nunca perfeccioné, si logro dominarlo no tendré problema alguno –me informó y por la seriedad de su rostro dilucidé de inmediato que se trataba de una técnica muy segura.
-Suena demasiado bueno para ser verdad –acoté manifestando mi curiosidad y ella me sonrió.
-¿Nada se te escapa verdad? –Preguntó aun sonriendo y no pudo evitar ruborizarme, se veía tan hermosa y frágil– el jutsu consume cantidades abismales de chacra.
-Entonces no es para nada seguro –agregué puesto que de inmediato me di cuenta que estaba tramando una estrategia de un solo jutsu.
-La Niebla es una aldea que sabe guardar bien sus secretos, pero si sabes algo de ella hubrás escuchado algo sobre la técnica conocida como Joki Boi –comenzó a explicar y en seguida asocié ese jutsu al segundo Mizukage.
-Tengo entendido que nadie nunca pudo duplicar esa técnica –hablé y ella asintió.
-Yo estuve muy cerca una vez, pero no pude nivel bien las cantidades de agua y aceite necesarias –me relató –así que solo hice un gran desastre.
-Si la técnica falla no podrás ejecutar otra –le advertí un tanto preocupado.
-Pero si acierta no será necesaria otra –refutó convencida de ello, no me quedaba más remedio que ayudarla a lograr su meta, aunque prefería que utilizara otros jutsus sabía bien que ella puede ser muy obstinada cuando quiere.
-Adelante entonces –motivé y ella pareció encenderse nuevamente, su apacible estado fue rápidamente perturbado, parecía feliz y entusiasta de volver a entrenar y no podía culparla después de todo siempre hemos sido y siempre seremos shinobis.
De inmediato comenzó a liberar su jutsu de niebla oculta para poder cumplir con su objetivo. Mis ojos me permitieron seguir observando lo que sucedía a pesar de la niebla y entonces sentí su fuerte chakra concentrarse de golpe y luego solo oí una explosión.
Ya no pude ver más nada, entre el vapor y la niebla la humedad crecía– ¡Katsu! –Llamé adentrándome en ese turbio ambiente pero no obtuve respuesta– ¡Katsu! –volví a decir esta vez más fuerte y entonces la escuché.
-Aquí –respondió levemente, seguí el sonido de su voz para encontrarla y cuando al fin la vi, estaba sentada en el suelo con una mano sobre el pecho y de golpe lo comprendí todo. Cerré el puño con fuerza y me quede inmóvil, no sé por cuanto tiempo me mantuve así, quizás diez, quizás quince minutos. Escuchaba la voz de Kasumi pero no distinguía sus palabras. Lo que ella quería detener con esa mano era la dominación que el virus que le contagie quería ejercer sobre su chakra.
-¿Itachi? –fue lo primero que pude reconocer y entonces bajé la mirada para encontrarme con la suya.
-Joki Boi no es una opción –solté inclinándome para colocar su brazo por sobre mi hombro y poder sostenerla mejor. Sus ojos dejaron de mostrar intriga al instante para pasar a la sorpresa y luego a la dura aceptación.
-¿No puedo hacerlo? –me preguntó con voz suave mientras me dirigía a nuestro hogar.
-No, yo no dejé que pudieras hacerlo –corregí y entonces cambió de actitud con tal velocidad que me paralicé.
-Entonces… entonces ¡desarrollaré un jutsu mejor que este dentro de mi capacidad! –aclamó decidida y no pude evitar detenerme, a ella no pareció importarle el fracaso y no iba a culparme de ello. Solo quería seguir adelante como siempre lo había hecho– si el camino del segundo Mizukage es muy difícil para mí entonces crearé mi propio camino.
Sonreí ante su decisión, ella siempre había sido así. No le importaban sus limitaciones y no tenía miedo de ellas, algunos shinobis no tienen sienten temor alguno eso es lo que los distingue y los convierte en legendarios.
-Primero vamos a descansar –le sugerí sonriéndole y ella no tuvo ninguna objeción al respecto, después de todo estaba exhausta y a mí no me vendrían mal un par de horas de sueño tampoco.
Dormimos todo el día, tal fue así que cuando despertamos el fuego de la chimenea se había extinguido completamente. Me di a la tarea entonces de reavivarlo para mantener el calor del lugar. En ese momento un sonido leve pero perforador taladraba la ventana. Katsu se acercó a ella para abrirla y entonces supe que los resultados del laboratorio habían llegaron por un ave mensajera. La pelirroja tomó el sobre entre sus manos pero no se decidía a abrirlo, probablemente porque ya sabía la respuesta después de tan arduo esfuerzo físico.
-¿No vas a leerlo? –pregunté sin aguardando.
-No necesito saber lo que dice –argumentó sonriente arrojaba el mensaje a las llamas que yo acababa de encender.
No engañaba a nadie, yo también sabía la respuesta pero no podía dejar que su esfuerzo por no hacerme sentir culpable se desmoronara. Así que sin insistir en ello nos fuimos a cenar dejando que el fuego purgara nuestras penas.
00000000
-¿Por qué no solo le dices que quieres ir a verla? –sugerí pero él puede ser muy terco cuando quiere.
-Tenemos trabajo que hacer, no hay tiempo para reuniones familiares –se excusó el rubio quien no quería mostrar debilidad.
-Apuesto que a ella le gustaría verte –argumenté y luego, con más seriedad, agregé–además ustedes tienen cosas de las que hablar.
-Sí, también dudo que Kasumi haya dado una orden como esa… me preguntó que estará tramando Pain –soltó un poco inquieto– no es del tipo de medidas que ella tomaría.
-Pain realmente cree que es el héroe que este mundo necesita, así que no dudará en hacer lo que crea necesario para lograr sus objetivos –remarqué y Deidara pareció entrar en un estado pensativo, cosa anormal en él.
-Héroe… –masculló sin darse cuenta en verdad– ¿qué es un héroe? –preguntó abiertamente.
-¿A qué te refieres con eso? Todo el mundo sabe lo que un héroe es –sentencié sorprendido por la pregunta básica que se me había formulado, pero pronto descubriría que esa pregunta no tenía nada de básica.
-Me refiero a un verdadero héroe, ¿qué es un héroe y que se requiere para ser uno? –volvió a preguntar como un niño pequeño y la verdad es que no supe que decirle así que comencé a explicar por dónde pude.
-¿Qué necesita un héroe? –Repetí pensativamente– supongo que lo primero que necesita son habilidades ¿entiendes?
-¿Qué tipo de habilidades? –continuó indagando.
-Bueno eso depende del héroe, algunos son lo suficientemente fuerte para doblegar a cualquier enemigo, otros son veloces como un trueno, como el Raikage, algunos solo necesitan ser hábiles y sabios para poder planear el mejor contraataque… -comencé a enumerar los que me parecieron más acordes a la historia de este mundo que vengo observando hace ya varias décadas.
-¿Y una convicción? –preguntó cómo respondiendo su propia pregunta.
-¿Una convicción? –repetí sin entender bien como algo como eso podría etiquetar a alguien de héroe.
-Cuando era niño no sabía bien la diferencia entre los héroes y los villanos –declaró reforzando sus palabras– pero cuando conocí a Katsu tuve la sensación de que todo lo que un héroe necesita es una convicción –manifestó y enmudecí, no entendía bien a lo que se refería así que lo deje continuar– no estaba seguro de que eso fuese lo correcto pero, mientras viajaba con ella, aprendí que nada de lo que hicimos hubiese sido realmente relevante sin una convicción.
-¿Crees que Kasumi es una heroína? –cuestioné un poco inquieto.
-Bueno… ella me rescató de mi aislamiento –argumentó y no podía contradecir eso, quizás este mocoso había vivido la mitad de mi tiempo de vida pero demostraba el doble de experiencia.
-Supongo que entonces, podemos decir que Kasumi es una heroína pero no te olvides de que todo héroe necesita a un buen compañero –dije y sus ojos brillaron porque él sabía que no importaba quien la acompañara hoy o mañana, él siempre sería su hermano, su compañero y su amigo.
-Creo que sí debería ir a verla después de todo –soltó orgulloso de su posición y luego agregó con un tono más amargo– además… este plan que Pain está por lanzar no puede ser de Katsu.
