Disclaimer |©"Shingeki no Kyojin/進撃の巨人" y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama, esta obra es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos. Por MagiAllie a la plataforma de FanFiction. Cualquier modificación o re―subida a un sitio diferente sin autorización será reportada en Support de Google. Todos los derechos reservados.
Notas | ¡Esta vez no me tardé tanto! Lo que me alegra, al menos algo bueno tendría que salir de estar de vacaciones, por ahora estoy concentrándome en este fic, para que así pueda llegar al final pronto y tener un pendiente menos. Espero tener el siguiente, y ahora sí, último capítulo la próxima semana.
Planeaba terminar todo aquí, pero quedó más largo de lo que pensé así que esperen un poco más. ¡Besos!
「 La mística para jugar a cazar 」
Me verás en retrospectiva
Enredado contigo toda la noche
Quemandome
Algún día, cuando me dejes
Apuesto a que estos recuerdos
Te seguirán por todas partes
Apartado de su costado la pena máxima acongojaba su pecho, en cambio no cesaban las lágrimas de mojarle el rostro y el cuerpo entero, sus botas fieles no escapaban del inmenso lodazal en el que se sumergía cada vez más, el bosque entero le traicionaba con la fuerza del tifón que azotaba la isla, no había piedad por más mínima que fuera en el ciclo de lluvia torrencial, que chocaba con villanía frente a los árboles, desbarataba el pueblo como la mano gigante de un Dios y sobre todo le impedía caminar cuesta arriba.
Le impedía verle.
Por más que se movía, el agua era tanta que no encontraba camino, él, en toda su experiencia gloriosa, una noche como esa, los truenos retumbaban en sus tímpanos y las ramas donde se sostenía se desvanecían en sus brazos como arena. Tenía la sensación de asfixia, estaba casi bajo un océano inmenso, podía ver peces flotando a su alrededor, mirándole con burla y a lo lejos, el quejido máximo de intenso dolor de una extraña contracción que partía la espalda de alguien.
Enlodado y maldito seguía luchando por salir de ese bucle de tormenta, el ojo de huracán en donde se había metido, jadeante y lloroso, los ojos rojos se le salían de las orbitas, con cada rayo un nuevo grito. Con cada pequeño intento de caminar más se hundía en la profunda oscuridad del bosque que había ocultado a esa criatura tan bien, con magia, con solo saber su nombre era capaz de encontrarle y los demás, los demás no podían.
Pero ahora le necesitaba y no podía alcanzarle.
''Espera por mí, ya llego, ya voy.''
era imposible, el agua se levantaba, caía en ríos cuesta abajo arrastrándole cada vez más, a sus espaldas el pueblo estaba muerto, las casas se caían y las personas yacían inertes de agua, moradas con los ojos desorbitados, un nuevo grito de contracción fuerte y el sonido de Eren gritándole, diciendo su nombre:
''Levi, ven.''
Se levantó de la cama con la mano en el cuello, como si hubiera recuperado la habilidad de respirar solamente una vez que dejó el sueño. Estrangulado, sus pulmones hiperventilaron y suplicaron que llegara aire a ellos, necesitados, seguía en cama, la misma cama de la posada, rodeado de muebles de mal gusto y una ventana que proyectaba los primeros rayos de un sol que pronosticaba buen clima.
Despertaba de la pesadilla para entrar a la honesta primavera de la realidad.
Levi llevó la mano a su frente y tocó todo el sudor que escurría de sus sienes, sintiéndose traicionado y asqueroso, por sus propios nervios y su humanidad. Habían pasado demasiados meses desde que Eren había recibido vida en su interior, gracias a la unión de ambos, a cada segundo se aproximaba el momento de recepción y eso tenía al pelinegro en un estado de ansiedad constante.
El sueño no era otra de sus multifacéticas formas de mostrarse a sí mismo que debía estar con Eren pronto, porque en cualquier momento iba a suceder el famoso acontecimiento y todos sus sentidos apuntaban a la fatalidad. Desde que había conocido al castaño tenía miedo mucho más seguido que de costumbre.
No quiso comentarle al chico que tenía la sensación de que algo malo iba a ocurrir, porque él se apreciaba sereno y constante, como si estuviera seguro de que algo así, como tener hijos, le iba a suceder tarde o temprano, le gustaba seguir el orden natural de las cosas y Levi luchaba constantemente con su lógica para que no interviniera. Honestamente creía que tarde o temprano iba a despertar y a encontrarse recostado en la mullida cama de su mansión en Francia, nada de lo ocurrido iba a ser realidad y aquello le acomplejaba.
Ya se cumplía un año desde su llegada al pueblo.
Se alistó lo más pronto que pudo, sin entrar en muchos detalles, pues su prioridad era ver a Eren lo más pronto posible.
Isabel había dejado de intervenir en su estadía, desde aquella lejana noche en la habitación donde le dejó las cosas en claro de una buena vez la pelirroja apenas se dirigía a él y pasaba la mayor parte del tiempo ignorándole cosa que hacían mutuamente y le otorgaba muchas facilidades. Complacido por ello volvió a su trabajo de llevar animales grandes y jugosos para los lugareños, gracias a ello los hombres del pueblo le miraban complacidos, gracias a él sus estómagos estaban siendo alimentados con carne salvaje y eso les encantaba, aunque eran adictos al pescado, ahora le tenían más aprecio. Aunque eso no podía importarle menos al pelinegro.
Tan contrario a su sueño el día estaba resplandeciente, el bosque le recibía como a un viejo amigo y aliado, abriendo sus caminos para él y otorgándole calor mañanero que se filtraba entre las espesuras de los árboles. Los pájaros cantan y los animales le observaban inquietos desde sus madrigueras. Gracias a tan amable acontecimiento Levi no tardó nada en encontrarse cara a cara con el rio que hacía las de camino a la casita que compartía con Eren.
Por un instante tuvo la sensación de que iba a encontrarse con Eren en el rio, que iba a verle con sus largos cabellos en el agua y su cuerpo desnudo lleno de flores, el vientre abultado y una sonrisa. Sus ojos le hacían tener alucinaciones, era como si todo el camino que tuvo que recorrer hacía el bosque le presentara diferentes visiones de escenarios entre la fatalidad y la belleza, ninguno era real.
Finalmente cruzó el rio y vislumbró a lo lejos el árbol que hacía las de casa para ambos. Eren no estaba en los alrededores ni afuera, así que debía encontrarse en el interior de ese lugar, lo que hizo que el pelinegro se precipitara con más ansiedad hasta ese lugar, sus botas crujían con mucha intensidad debajo del pasto seco que rodeaba el lugar. Las aves se escuchaban lejanamente.
Abrió la puertecilla que no tenía ninguna chapa o seguro, no sin antes tocar con sus nudillos suavemente entre los pliegues rugosos de la madera, no espero la respuesta e ingresó, observando detalladamente la naturaleza del lugar, es decir su esencia, su aroma tan floral y majestuoso, ese pequeño espacio desordenado casi vacío estaba aún más revuelto, más desprovisto de cosas, con cada paso que daba pudo darse cuenta de eso, Ere había movido todas sus pertenencias hacía un punto en específico de la casa.
Lo encontró justo con las manos llenas de telas y cojines que llenaban el pequeño lugar, tirándolos en una lejana esquina del bosque, una esquina lejos de la puerta de la ventana, de cualquier mueble, casi oscura y encima rellena de más objetos extraños, flores y pasto.
- ¿Quieres explicarme eso? – preguntó Levi levantando una ceja
Eren pareció considerarlo.
-No.
Levi suspiró, el pequeño no cesaba en su tarea de juntar cosas en la esquina desolada y de ignorarle, pero sonreía. Sin duda esa era otra de sus extrañas formas de manejar su naturaleza hibrida. El pelo le llegaba debajo de los hombros y estaba lleno de ramitas y flores, que seguramente él había colocado ahí, estaban un poco desordenadas. Sin duda estaba muy redondo, cada que Levi le miraba solo un poco no podía dejar de sorprenderse por su absoluta masculinidad envuelta en el halo de la maternidad que el abultado vientre le otorgaba, contrario a cualquier mujer preñada que él hubiera visto, Eren tenía un aspecto extraño.
Había comentado, hacía unos meses, como si fuera nada, que no se trataba de una cría ni de dos, sino de tres, pero Levi no puso particular atención en esos detalles, porque la verdad es que ser padre no era una idea que le enloqueciera, en realidad no estaba en sus compromisos serlo, jamás se había considerado a sí mismo en ese papel y al entrar en contacto con Eren, un hombre, o una criatura, pensó que jamás lo sería, pero la vida fantástica del interior del bosque decidió que él era la persona indicada para esa tarea. La idea de tres pequeñas cositas revoloteando alrededor de Eren y de él no era mala, pero no terminaba de asimilarla.
Comprendía, por sus sueños y pensamientos que el embarazo le tenía ansioso porque tenía miedo de todo y una creciente paranoia por la pérdida que solo el amor que tenía por el castaño podía haberle infundido, pero la emoción no estaba precisamente en sus emociones primarias.
Levi se sentó en el colchón desnudo y admiró el bello trabajo de Eren para crear esa especie de madriguera cómoda y cálida en el interior del árbol.
- ¿Acaso vas a tenerlos hoy? – preguntó Levi casi seguro de la respuesta.
-Si – fue un suspiró corto y aliviado, su carita se contrajo en una sonrisa feliz y luego se acomodó en el interior del abultado nido, con la mejilla contra el borde y las manos cubriéndose el cuerpo.
Se veía cansado y adormecido.
Tenía los pezones de un rosa brillante e irritado, abultado en la punta y jugosamente sostenidos entre la piel de sus pectorales, Levi se sentía atraído a él, a todo, su figura redonda su piel suave, su hermoso rostro brillante y su pelo creciente, estaba enloquecido de amor por su imagen y su hermosa personalidad de infante curioso.
Quería ir, tomarle la mano y besarle los dedos y la frente, pero no podía, algo le mantenía atado a su lugar, sentado, con los ojos fijos en Eren a lo lejos, enrollado en un débil huevo con sus propias piernas, el rostro sereno y solo a la expectativa.
Levi se preguntaba sobre muchas cosas, como Eren tenía conocimiento de cosas raras… como la cantidad de niños o el momento en el que su cuerpo le solicitaría expulsarlos ¿Era algo de cualquiera que fuera a tener una cría o era algo suyo? Otra especie de magia extraña…
Pasaron las horas sin que ninguno de los dos se moviera de su lugar, Levi había llegado temprano y a buena hora, sin embargo, un cálido sueño comenzó a invadirle, aunado a su inmóvil figura y la tranquilidad del espacio, sus parpados se volvieron lentos y sus pupilas admiraban figuras difusas. Sin embargo, su mente no descansaba. Para evitar dormirse Levi tomó una pequeña silla de madera y la colocó cerca de la puerta y la ventana, así podía mantener un ojo en el exterior, darle espacio a Eren y moverse un poco.
Apenas los primeros rayos del sol comenzaron a ocultarse, Eren volvió a moverse, sacándole al pelinegro un suspiro aliviado, tenía tanto tiempo en la misma posición que comenzaba a preguntarse si no se trataba de una estatua o algo peor. El castaño sonrió, suspiro y se revolvió entre las cobijas, miró abajo y evitó el contacto visual con el pelinegro. Le dio la espalda.
Así fue como comenzó esa noche de pesadilla.
No necesitó ayuda alguna, Levi apenas tuvo tiempo a reaccionar cuando los movimientos de Eren le hicieron abrir los ojos tan rápido como pudo, estaba presenciando una escena extraña y desconcertante, donde Eren se posicionaba rápidamente en la comodidad, fruncía su ceño compungido y apretaba sus dientes. Las uñitas de sus manos se aferraban aterradas a lo blando del nidillo construido de pertenencias del hogar, se sostenía de sus codos, le daba la espalda a Levi y soltaba extraños ruidos.
No se parecían a los ruidos que hacía cuando se tocaban, ni cuando se besaban, o cuando estaba feliz, ni siquiera se parecían a los ruiditos que hacía cuando algo le molestaba. En realidad, eran raros sonidos de un dolor profundo que parecía brotarle desde el interior del estómago y salía por su garganta y nariz, el sudor resbalaba en sus poros y mojaba las cobijas.
Levi se levantó, precipitándose un poco hacía donde estaba, inseguro y confundido sobre lo que él podría hacer, siendo tan inútil era probable que no pudiera hacer nada, pero al menos querría tomar su mano, acariciarle y decirle que todo estaría bien. Esa era su intención; cuando Eren se percató y tras una larga mirada de advertencia le suplicó que se quedara atrás y esperara que el momento pasara.
Incapaz de mantenerse de pie como simple espectador, Levi abandonó la casita.
Se topo con la luna y el cielo negro manchado de estrellas y raras nubes grises que amenazaban con llover un poco, pero las gotas que caían nunca se estrellaban contra su rostro. Los animales ya no hacían ruidos matutinos, ahora los animales nocturnos los observaban con sus ojos de cazadores, Levi se sentía como una víctima, además cada que giraba el rostro a la casita, y la veía así, con las luces apagadas y los débiles ruiditos de Eren desde el interior, se aterrorizaba, ni siquiera un ritual satánico o un enfrentamiento con un depredador peligroso le aterraba tanto como la escena que se desarrollaba en el interior de la choza.
Y peor aún, si algo salía mal… ¿Qué iba a hacer él? Que había hecho el… todo este tiempo, se había involucrado con una criatura mágica espectral, mítica, hibrida, extraña y perseguida por un grupo de cazadores maniacos, se obsesionó con él y después se le acercó hasta llamarlo parte de su propiedad, incluso se había atrevido a unir sus cuerpos en un lazo pasional, a sabiendas que no podía ser humano aquello que tenía celo, e incluso se quedó, permaneció a su lado cuando estaba increíble extrañado por tener que observar el cuerpo de esa misma criatura deformarse debido al embarazo. Nada era normal y él había estado ahí, se había quedado, pero… que haría si Eren se iba, si moría intentando dar a luz unos niños que no se suponía que un hombre pudiera tener ¿Cómo lo haría? ¿Qué haría él? Tendría que deshacerse de ellos… que pasaría si esas criaturas eran animales, que tal si no eran humanos, si tenían patas y pelo en el cuerpo, que haría él ¿Eren estaba preparado para expulsar tres de esos de su interior? ¡Como podría el quedarse a su lado!
El grito desgarrador de Eren le hizo volver a la realidad, había un poco de sangre en su mano, se estaba mordiendo los dedos, jaló de la puerta e ingresó al interior, movido por el sonido extraño que provenía de la esquina. Aturdido tomó de la esquina la lampara y la encendió con una rapidez increíble, aproximándose más y más a la escena que le quitaba el sueño todas las noches.
Eren ya no se quejaba, no salía de él ni un solo sonido, apenas se movía y tenía los ojos cerrados. Su corazón palpitaba rápido y ensordecedoramente, Levi miró con mucho cuidado la escena, pausadamente, pues parecía un campo de batalla, lleno de sangre y lucha, quejidos suaves y respiraciones acompasadas brotaban de ese lugar. Aliviado Levi dejó la lampara un poco apartada, sus ojos observaban con cuidado las figuritas débiles y humanas de unos pequeños niños sostenidos de los brazos cansados de Eren, quien no daba la cara, la tenía agachada, las pupilas puestas sobre los cuerpecitos suaves de dos niños con pelo negro espeso y despeinado en todas las direcciones posibles.
Levi se aproximó más, cada vez más, lo más que pudo. Hasta que Eren suspiró y le miró con una sonrisa exhausta, las piernas encogidas y llenas de sangre. Todo su cuerpo estaba lleno de sangre.
-Son… son – balbuceó confuso
-Dos – explicó Eren – me equivoqué.
Levi quiso decirle que no tenía idea de que hablaba, ya no recordaba nada de lo pasado, sus ojos estaban fijos en un milagro natural hermoso y completamente sagrado, bebés que buscaban a tientas la figura materna y palpaban con débiles manitas entre la sangre y la piel. Los ojitos cerrados y los labios entreabiertos, cuerpos rosados y preciosos, eran todo lo que jamás pensó que tendría y estaban sujetados en los brazos de Eren, la criatura que él amaba más que nada nunca.
Estiró sus manos suavemente, intentando acariciar con mucho cuidado la mejilla regordeta de uno de ellos. Pero deteniéndose en el acto, incapaz de mancharla con sus manos.
Se levantó tan nervioso como al principio, el castaño se sobresaltó y siguió sus movimientos.
-Agua, traeré agua, para limpiare y limpiarlos… la calentaré. Diablos – salió corriendo sujetando una cubeta de metal, trastabillando con el pasto y sus propias piernas.
En lugar de perder el tiempo pensando tonterías debió prever todo lo que necesitarían para este momento, sin duda iban a necesitar muchas cosas, ropa, comida, un lugar donde dormir, juguetes… todas las cosas que los niños necesitaban, porque por fin se habían hecho, es decir, era padre ¡El! Era padre, esa cosa tan increíble, ¿Cómo pudo pasar? Siempre frente a sus narices y sin percatarse de ello, que extrañeza, que deleite, ahora se lograba todo y él podía decir abiertamente que lo era y que adoraba serlo.
Sonrió ampliamente.
Eren le había hecho padre.
Era como magia, pero real.
- ¿Levi, a dónde vas?
Aquella extraña pregunta le sacó de una ensoñación, un estado en el que había estado viviendo por un largo rato sin que él se hubiera percatado, totalmente inconsciente habían pasado semanas sin escuchar aquella voz y extrañamente oírle de nuevo no le había desagradado, en cambio, acababa de ponerle alerta.
No caía en cuenta de que su vida en el bosque era ya: su única vida. Casi como si el también se hubiera convertido en una criatura mágica y desconocida.
Por supuesto, no podía evitar volver al pueblo tenía responsabilidades, tenía compras que hacer, una familia que mantener. Pero sí que era verdad que había pasado demasiado tiempo sin concentrarse en ningún aspecto que incluyera la civilización, todo eso le parecía ahora un mundo del que él no formaba parte y en el cual no se sentía interesado, Isabel formaba parte de ese mundo y por fin se había quitado de encima el velo de la vergüenza del rechazo y se había dignado a hablar, e a interceptarle cuando entraba a la posada con los ojos solamente puestos contra las escaleras, dispuesto a quizá dormir en su cama.
- ¿Qué? – preguntó saliendo de su turbio pensamiento - ¿Cómo que a dónde?
Sorprendido por su propia voz, Levi sacudió su rostro, extrañamente no tenía ganas de hablarle con condescendencia, de alguna manera parecía que todo lo que había sucedido entre ambos, esos roces de odio ahora no eran más que insignificancias para Levi, lo que Isabel había dicho o pensado de él ya no podía importarle menos, ahora tenía serios pensamientos y amores sobre otras cosas muchísimo más importantes.
Isabel también se sorprendió de la propia dulzura en la voz de Levi, tenía la mano en el pecho. Antes de hablar desvió su mirada.
-No es mi intención meterme en tus asuntos como antes, ni causarte una molestia – suspiró incómodamente – pero has estado ido últimamente, quiero… quiero saber si te encuentras bien.
Levi frunció el ceño, una sonrisa se escurrió por sus labios.
-Mejor que nunca – admitió
-Levi, escúchame bien lo que te digo – le tomó del hombro, nerviosa, un poco temblorosa – los cazadores, Levi, los cazadores han seguido tus huellas, ellos te están vigilando todo el tiempo. Yo… lo sé, porque… estaba molesta contigo y fui a contarles sobre ti y las cosas raras que hacías yo… lo siento mucho, sé que debes odiarme, pero.
-Isabel, no te odio – le tomó de los hombros – creo que a estas alturas no tiene sentido pensar en eso, es más te pido que me perdones y te perdono, nos hemos hecho la vida imposible, el uno al otro. Pero ahora eso ya no me importa, tengo cosas más importantes en las que pensar…
Isabel intentó detenerle, pero Levi hizo caso omiso a ella, en realidad solo tenía la apariencia de haber despertado de sus ensoñaciones, no podía estar más equivocado, tan pronto Isabel se acercó para hablar con él su mente voló a una nueva y remota posibilidad, por supuesto los cazadores, esos malditos cuyo objetivo de vida era tener a Eren, pero que gracias a las precauciones del castaño habían mantenido contacto nulo con él, no pararían hasta encontrarlo, en ese caso… y viendo la actual vida del pelinegro, no podía perder más el tiempo, el prácticamente ya no vivía en esa posada, ni tenía ningún interés en el pueblo, además aún tenía mucho dinero guardado en el banco y entre sus cosas, podía comprar una casa, podía salir de esa isla, de ese lugar, llevarse a Eren, a los bebés, iniciar una vida nueva y mejor.
Era una posibilidad difícil, pero no imposible, apartar a Eren del boque… seguramente no querría, pero si le planteaba que se trataba de seguridad, de una buena vida juntos, probablemente el castaño aceptaría, no querría separarse de él, por supuesto que no.
Con eso en mente Levi se fue a la cama, dispuesto a sacar el dinero que tenía mañana mismo y llevarlo en brazos donde Eren ofrecérselo como una posibilidad y suplicarle que aceptara a una nueva vida juntos, una vida por fin entera, ya eran una familia, no podía seguirse dividiendo entre ambos mundos, deseaba por fin unirse de una forma digna y completa a esa mística criatura, deseaba pertenecerle tanto como en mente y corazón lo hacía, sin duda tenía que proponérselo.
No fueron necesarios todos los preámbulos que Levi había planeado, mentalmente creado discursos largos y listas de argumentos sobre él porque ceder a esa opción era una gran idea, pues en cuanto el pelinegro golpeó suavemente la puerta sus intenciones se vieron nubladas al encontrar a uno de los pequeños gateando juguetonamente en camino a la salida. Apenas lo vio, desnudo y sucio, le tomó en brazos y le mimó cariñosamente unos instantes antes de fijar sus pupilas en Eren que bañaba con cuidado en una gran cubeta de lámina al otro niño pequeño, haciéndolo reír mientras le daba besos en sus gordas mejillas.
- ¿No sería más fácil para ti bañarlos al mismo tiempo?
La criatura de largos cabellos giró su rostro sonriente y le recibió con gran cariño sonriendo de su interior.
-Creo que es bueno dar un tiempo a cada uno…
De esta forma extendió al pequeño limpió y chorreando agua tibia a los brazos de su padre, mientras que este le entregaba el otro y recibía con el mismo cariño al otro gemelo. Sujetándole de las manos y colocándolo en su regazo aun cuando le mojaba, Eren no tenía toallas y hacía que ambos se secaran con la cálida luz del sol. Era una vida bastante natural y los niños se veían saludables y felices, Levi hubiera deseado que algunas cosas fueran más higiénicas, pero no podía pedir mucho, había renunciado a tantas cosas por Eren.
Silenciosamente Levi se sentó con el niño entre los brazos sobre el colchón de la cama, desde lejos observó con todo el afecto posible a Eren. Fuerza, amor, realidad, misticismo, todo en él le hacía sentir vivo, la forma en la que jugaba con el agua, su maternidad, su infantil figura y su hermoso rostro. No había ni una sola cosa que no le gustara, en cambio cada día se sentía más atraído a él, hasta en los más mínimos aspectos.
-Eren – le llamó Levi
- ¿Sí? – preguntó el castaño sin dejar de usar sus manos para tirar agua en el cabello del bebé.
- ¿Sabes que te amo? – preguntó como si ese chico supiera el significado de esas palabras – te amo demasiado Eren, por eso quiero decirte que estoy cansado, cansado de mi libertad.
Eren se quitó el pelo mojado de la cara y se levantó con el bebé a medio bañar entre brazos, observándole desde una distancia considerablemente, el ceño fruncido y los labios curveados ligeramente hacía abajo, no estaba familiarizado con ese tipo de discurso.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó tartamudeando
-Anoche, antes de irme a la cama he pensado cautelosamente sobre algunos aspectos. Hoy vine aquí dispuesto a convencerte de aceptar una propuesta que puede parecerte demasiado alocada…
- ¿Qué cosa?
-Quiero pedirte que nos vayamos juntos a vivir, que dejemos el bosque y vivamos juntos, con los niños como una verdadera familia. Como humanos, Eren.
Apenas lo soltó se dio cuenta de lo equivocado que estaba, pero su orgullo le impidió contradecirse. En el rostro de Eren estaba clara su respuesta y por supuesto todas sus inseguridades. Una risita nerviosa apareció entre su sonrisa.
-Pero… ¿Qué dices? No estás pensando bien – se tocó la cabeza como si aún no pudiera expresar bien lo que quería decir – yo no puedo, no sé vivir en otro lugar, pertenezco aquí, a mi hogar, a mi esencia, sin este bosque no soy yo, no soy nadie. No sé quién soy. No soy un tú, uno como tú, tengo esto, y estos… mi madre vivía aquí, ella me ató aquí. Si me voy perderé el bosque, mi hogar y los demás, los que quieren dañarme ellos… no lo entenderían, no me aceptarían. No puedo irme.
Le dio la espalda y volvió a su labora de bañar al pequeñito que se había quedado esperando con una mirada confundida.
- ¿Acaso no quieres darle una oportunidad a lo que te propongo? Sé que no es fácil lo que pido, pero tampoco es imposible Eren… tú no eres humano, pero no te pido que lo seas, no te pido que…
- ¿Cómo puedo llegar a donde tú con esto? ¡Ellos querrán lastimarme! – le gritó desde el piso - ¡No puedo! ¡no pertenezco allá!
- ¡Yo tampoco pertenezco aquí! Sin embargo, aquí estoy, he sacrificado mi tiempo y vida por permanecer a tu lado… ni en mis sueños más salvajes me imaginé que esta sería mi vida y aun así aquí estoy – le tomó de la espalda, abrazándole por detrás y dejando su mejilla en el hombro de Eren – por mi parte he cambiado todo… he dejado todo…
-No quiero pensarlo. – negó Eren sin soltarse
-Dame la oportunidad de llevarte a mi mundo.
- ¡No saldrá bien! ¡Me llevarás a la muerte! – le empujó con los codos
- ¿Acaso crees que yo te arriesgaría? ¡Yo te amo, jamás dejaría que te hicieran daño!
-No lo entiendes… - Eren dejó a los bebés sobre la cama y le dio la espalda molesta
-Tu no me entiendes a mí, solo te pido que lo consideres.
-No quiero.
- ¿No harías esto por mí? Aun cuando yo hice todo esto por ti… - levantó sus manos como mostrándole todo lo que habían construido juntos, incluyendo, por supuesto, su pequeña familia. Pero escondida.
Eren le miró como si el reclamo no tuviera lugar, abrió su boca con ánimo de responder, pero sin hacerlo, le dio la espalda inconforme y se dirigió a cuidar a los niños que ya comenzaban a hacer pucheros de hambre. Levi guardó silencio desde su lugar, estaba molesto, pero más que nada consigo mismo, había sido muy estúpido, debía de fantasear menos y darse cuenta de que todo lo que estaba viviendo era una estúpida fantasía y no tenía por qué seguir entregando su vida entera a algo que no le iba a llevar a ninguna parte…
-Si no quieres pensarlo, bien – gruñó dando pisoteadas molestas hasta la salida –. Pero no me pidas que tome en consideración tu opinión si hago algo.
Salió a trompicones de la casa, con un humor terrible, echando humo y maldiciendo a su suerte y a su maldito destino.
Definitivamente esto era su culpa, ¿En que estaba pensando todo este tiempo? Se había condenado a no poder tener una vida normal, por supuesto que él nunca se había interesado por casarse o tener hijos, pero si antes no tenía oportunidad ahora las puertas se le habían cerrado. Qué vida tan triste, tener que esconder para siempre su amor, lo que más le enojaba es que Eren tenía razón, nadie iba a aceptar que él estuviera con una criatura como él, no era humano, ni siquiera una mujer, además habían tenido hijos, si cualquiera se enteraba los mandarían a la hoguera antes de que el pudiera reaccionar. Y eso que aquella época había terminado hacía siglos, sin embargo, los vestigios de la gente estúpida continuaban y el… en un sanatorio, nadie nunca creería que Eren era real, todo estaba mal y terriblemente perdido.
Asfixiado por el bosque el camino se le hizo más largo de lo normal, su humor había disminuido hasta convertirse en apenas una ligera llama de ira que se avivaba con el aire mientras caminaban por las enlodadas calles del pueblo y se dirigía a la pocilga que habitaba. Era de tarde y el sol estaba, como de costumbre, cubierto por una inmensa niebla negra que hacía que todo se viera gris e intermitentemente naranja.
Al llegar a la puerta de la posada Isabel se le apareció enfrente como un fantasma. Probablemente Levi nunca había apreciado con tanta curiosidad su rostro como ahora, pues en definitivo algo estaba consumiéndola desde el interior, sus orejas y demacrado aspecto lo revelaban.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó ella con voz temblorosa -Pero ¿Qué estás haciendo aquí…?
- ¿De qué hablas? – por un segundo supuso que tal vez había perdido para siempre la razón
-No, no debes estar aquí, debes irte, vete al bosque… ¡Vete! – ella le tomó de los hombros y le empujó con débil fuerza
- ¡Qué demonios haces mujer! ¿Acaso perdiste la cordura? – preguntó con honesta inseguridad, tomándola entre brazos con fuerza, Isabel se resistía.
- ¡Ellos! ¡Los cazadores Levi! – balbuceó de forma incomprensible – Debes irte, vete al bosque, ellos te siguieron, te siguieron mucho y tu… no te diste cuenta siguieron tus pasos. Ahora estás aquí, pero ellos no ¡Te siguieron!
-Isabel no entiendo nada de lo que estás intentando decirme – negó molesto – si quieres advertirme de algo ¡Hazlo apropiadamente!
- ¡Es mi culpa Levi! – se horrorizó tocándose el rostro y dejando sus rodillas caer el piso – estaba molesta y les dije todo… les dije mis sospechas, que tenías escondido a alguien en el bosque, le llevabas muebles y comida, le llevabas todo. Les dije a qué hora te ibas y cuando volvías incluso les dije que clase de árboles había donde ibas… ¡Fui yo, Levi! ¡Yo te delate! Ahora ellos van tras eso que escondes… pensé que todo estaría bien porque tu estarías ahí… pero ahora estás aquí y ellos te estaban siguiendo y ¡Los escuché reír! ¡Dijeron que sería el día…! ¡Que hoy lo atraparían!
-Mientes…
- ¡No lo hago! ¡Debes irte! ¡Vete! ¡Ve a cuidar eso que atesoras con tanto amor!
Ni siquiera le ayudó a levantarse del piso o a limpiarse las lágrimas, apenas escuchó eso Levi partió al bosque corriendo como nunca antes había corrido, sus piernas musculosas y sus botas chocaban contra el pasto y las piedras como si fuera arena, su corazón estaba hecho un alboroto tremendo, no tenía la más mínima oportunidad para calmarse, ni de cansarse, tenía que llegar al bosque y encontrara a Eren asegurarse de que los cazadores no hubieran estado acechándole y por fin pusieran sus manos sobre él, sin poder siquiera imaginar los terribles escenarios posibles. Todo estaba oscureciéndose y volviéndose terriblemente abismal.
Sus pulmones parecían de fuego, ni siquiera en sus momentos más desesperados había conseguido tal velocidad para adentrarse en el bosque, corría con la misma velocidad en sus piernas que las de un venado, los animales le observaban correr y se escondían, incluso los sonidos se ensordecían al escucharle jadear desesperado.
Brincó por encima del rio, se deslizó un poco entre las rocas inestables. Torció su tobillo y se mordió la lengua, apenas tuvo tiempo para limpiarse el sudor que corría encima de sus ojos y le picaba. Deshecho llegó hasta el árbol, hasta la casita, ni siquiera se detuvo a observarla desde el exterior, el interior revelaba todo y su corazón dejó de palpitar.
Eren no era una persona muy ordenada, pero cuidaba las cosas y procuraba mantenerlas cerca de donde Levi las había dejado. Sin embargo, ahora mismo frente a sus ojos solo se expandía la aterradora escena de un crimen, las cobijas estaban por todos lados y los muebles rotos en todas direcciones, nada se había mantenido en su lugar, no había orden, solo caos y destrucción.
No había ni un solo sonido en el interior, la puerta estaba rota y ni un solo indicio de vida.
Gritar el nombre de Eren era en vano, no estaba ahí, podía notarse a simple vista.
Se dejó caer. Tuvo la sensación de que ya no existía nada en el mundo que le sostuviera a la vida, estaba solo y vacío como ese tronco, sus pulmones le reclamaban oxigeno, pero el apenas y podía mantener los ojos abiertos, el corazón que tanto tiempo le había mantenido con vida amenazaba con dejar de latir para siempre. O así era hasta que un ligero gemido le despertó de su desolado estado.
Era un gemido familiar, con el que se encontraba muy relacionado, un pequeño chillido de inconformidad, y el sonido de una respiración acompasada.
Levi gateó hasta la cama, encontrando un cajón destrozado, cubierto de sábanas blancas, mullidas y plumas desparramadas. En el interior uno de los niños pequeños hacía vanos esfuerzos por moverse gateando y salir de ahí, mientras el otro descansaba tranquilamente.
Los ojos del pelinegro se llenaron de lágrimas mientras los sujetaba entre sus brazos. Al tacto los dos lloraron, no porque no le reconocieran, al contrario, sentían el corazón adolorido de su padre y la imagen destrozaba a los tres, tan pequeños que apenas podían sostener su cabeza, pero sus ojos eran grandes y expresivos, estaban llenos de lágrimas. Levi besó sus cabezas llenas de suave y abundante cabello negro, restregó sus mejillas húmedas contra sus crestas y les arrulló lentamente mientras los cubría con cobijas suaves para sacarlos de la casita.
Tenía dos bebés en manos. Bebés que necesitaban a sus padres.
Una profunda sed de venganza y determinación le embargó y salió con los pequeñitos acomodados en su pecho, dispuesto a recuperar a Eren donde quiera que lo tuvieran. Si es que aún le tenían. Y si no, pagarían las consecuencias….
Sabía perfectamente a donde dirigirse.
N/A: ¡Muy bien, aquí la dejamos! Muchas gracias por sus rvs, este fanfic ya superó los 100 así que me doy absolutamente por bien servida, también quería avisarles que este sería mi penúltimo fic de SNK, el único que me quedará después de terminar este es Arabian nights, aún tengo proyectos para este fandom, pero sencillamente no sé si pueda llevarlos a cabo, así que si solo lees este fic mío, por ahora nos vamos despidiendo…
¡Nos leemos en el capítulo final!
Luna: Muchas gracias por tu rv, y por tus palabras, espero que te siga gustando la historia hasta el final. Nos leemos más pronto de lo que imaginas.
PERDONEN LOS GUIONES, ME OLVIDÉ DE CAMBIARLOS.
