Funbari Onsen abrió nuevamente sus puertas al público pocos días después de la boda, una vez que se hubieron retirado del patio todos los elementos de la fiesta (los hombres de la agencia no parecieron darse cuenta de que una de las sillas era notablemente más baja que el resto. No que se hubieran fijado demasiado mientras las tiraban unas sobre otras y luego al camión. En todo caso, Horo-Horo se había perdido misteriosamente de vista para ese momento) y que el resto de los invitados que ocupaban las habitaciones se marcharan. Por supuesto, debido a que también se reanudaron las remodelaciones del edificio, el negocio funcionaba sólo a una pequeña escala, lo que favorecía bastante a sus empleados luego de las terribles semanas pasadas anteriormente.
Manta había regresado a América prácticamente el día después de la boda, mientras la mayoría se recobraba un poco de los excesos en los que acaecieron. Según el pequeño, había escapado de clases expresamente para ese evento, lo que significaba que había faltado a un MUY importante examen del que dependía toda una materia y, por ende, su vida. Dada a la tendencia de Oyamada por las exageraciones (algo templada a estas alturas, hay que admitir), nadie tomó demasiado enserio tal aseveración. Lo que sí prometió fue dar una visita a Chocolove en cuanto pudiera, tanto para contarle sobre todo y todos, como para entregarle varias fotografías y recados.
Por su parte, Lyserg se quedó varios días más, tanto compartiendo con sus antiguos compañeros de lucha, como recorriendo Tokio. Por fortuna, sirvió también para mantener entretenidos a Seyram, que le había tomado un gran cariño al chico inglés y, principalmente, a Redseb, que, de otra manera, continuaría encontrando formas poco saludables para pasar su tiempo. Como gastar bromas cada vez más pesadas al resto de los habitantes de la pensión. A pesar de que ambos chicos tenían vacaciones hasta inicios del año siguiente, era cuestión de días para que viajaran a Izumo, donde tendrían un entrenamiento intensivo de shamanismo hasta que les tocara reincorporarse a las clases.
Si el período vacacional en el caso de Redseb podía ser considerado como una maldición para sus cohabitantes, en el caso de Tamao, fue una bendición para la joven Shugensha. Anna había sido bastante clara en que Tamamura sería quién la sucedería al frente de Funbari Onsen y quién estaría a cargo de la educación y cuidado del pequeño Hana, por lo que necesitaba todo el tiempo disponible para adaptarse a la cantidad de cambios abruptos. Al menos de momento, los empleados a su cargo se estaban portando como corderitos y lo seguirían haciendo mientras se convencieran de que realmente Anna no iba a aparecerse de un momento a otro para corroborar que continuaran con sus tareas y mientras sustituyeran lentamente la rutina por una cada vez más cómoda. Con el tiempo, la actitud de la banda de locos que tenían como empleados ante la figura carente de autoridad de Tamao, sumado a las clases de instituto, la entrada en la adolescencia de Redseb y Seyram, las remodelaciones y el difícil carácter de Hana llevarían lentamente a la joven a un quiebre psicológico que duraría tres días completos. De este, emergería como una copia fiel de Anna para retomar de manera eficaz todo el control y encarrilarlos a todos de una buena vez por todas. Pero en realidad, me estoy adelantando a los hechos y nada de esto sucederá hasta dentro de algún tiempo.
A lo que realmente quiero llegar es que, después de unos días, las cosas habían regresado a la relativa normalidad en el Funbari Onsen, quedando apenas unos pocos de la enorme lista de invitados inicial. Durante los primeros días, Pirika y Jun solían salir, en ocasiones también con Tamao y regresaban con enormes paquetes que amontonaban en el cuarto de la última. Sin embargo, pronto la joven china se separó de ellas, ocasionando que la ainu pasara cada vez más tiempo con Dietrich.
Cuando Len la confrontó, Jun confesó que se había topado con un problema relacionado con la presencia de Pailong, pero confiaba (y quería) solucionarlo por sí misma. Su hermano aceptó a regañadientes, en parte porque tenía sus propios inconvenientes. Como por ejemplo hablar seriamente con cierto shaman capaz de controlar el hielo, más aún cuando este se empeñaba en desaparecerse prácticamente todo el día.
"¡Hey Len!" Parece que estaba de suerte. El motivo de su enojo le recibió con una sonrisa al entrar a la habitación que compartían. Debía estar buscando algo, porque su bolsa de lona estaba abierta y el contenido estaba desparramado a su alrededor. "¡Mira esto!"
Haciendo gala de sus buenos reflejos, Horo-Horo se paró de un salto de dónde estaba arrodillado, sorteó el pequeño cerco de sus pertenencias y eliminó la distancia que lo separaba del recién llegado en un fluido movimiento. Len se vio forzado a retroceder un paso para enfocar mejor la hoja de papel que el ainu sostenía frente a su rostro.
"¿Y esto es…?" preguntó con indiferencia, arqueando una ceja.
Horo-Horo le dejó la hoja y regresó al puesto que ocupada anteriormente, devolviendo de cualquier manera todo lo que había sacado anteriormente de la abusada bolsa. La sonrisa permanecía en su rostro y parecía muy orgulloso de sí mismo.
"Esa es la prueba. ¡Finalmente lo conseguí! Me costó mucho hacer que lo notariaran, pero ¡Ya el terreno es mío!"
Su acompañante terminó de ingresar a la habitación, cerrando la puerta tras él, mientras ojeaba sin mucho interés las hojas identificadas con el membrete de la prefectura.
"Se supone que fue un campo de batalla en más de una ocasión." Horo-Horo continuó con su parloteo, lanzando finalmente la bolsa ya llena a una esquina con una buena patada. "Hay muchos fantasmas y espíritus, pero por eso fue que lo conseguí con un buen precio. Incluso ya tiene la casa incluida. ¡Con algo de suerte puedo comenzar con el deshielo el próximo año!"
"Hmmm… ¿Horo-Horo?" interrumpió Len. El chino tuvo que repetir, con voz más firme el llamado, antes de obtener la atención que buscaba. "No sé mucho al respecto pero, ¿Las petasitas son comestibles?"
"Si quieres envenenarte." Respondió el sujeto, algo descolocado. "Len sabes que la idea es salvar a los Koropokkuru. ¿Qué coño tiene que ver que no sean comestibles?"
"Probablemente, que hayas firmado un documento que dice que vas a desarrollar 'en base a las necesidades agrícolas de la nación.'" Respondió el chino, marcando algo en el papel que había estado leyendo. Horo-Horo se lo arrebató de malos modos, enfocándose en el punto que le había señalado Len.
…el abajo firmante, Sr. Horokeu Usui, mayor de edad, queda asignado como responsable del desarrollo de la extensión antes referida en base a las necesidades agrícolas de la nación, reseñadas en la lista publicada en…
Los labios del ainu se movían, formando las palabras que leía a pesar de no pronunciarlas en voz alta; sus ojos se abrían cada vez más y el color se drenó completamente de su rostro.
"En caso de que no lo hayas entendido, significa que sólo puedes sembrar allí lo que ellos te digan." Parafraseó Len, supuestamente en beneficio del afectado.
"¿Qué? ¡¿QUÉ?" Reaccionó de golpe, gritando. "¡Mierda Len! ¿Qué se supone que haga con esto?"
"¿Qué no revisaste todo con un abogado? ¿O mínimo con Pirika? Cualquiera se habría dado cuenta de algo como eso. ¡¿Qué clase de idiota no lee cuando firma un contrato?"
A decir verdad, Horo-Horo ya estaba bastante molesto y estresado como para que Len agregara más leña al fuego. ¡Y es que, hasta hace sólo unos minutos, había estado un poco más cerca de cumplir su sueño! Y ahora, por culpa de la letra pequeña (en realidad, no tan pequeña) ¡Estaba de vuelta en dónde comenzó! Crispando los puños, se volvió a su interlocutor.
"¡¿A quién llamas IDIOTA?"
"Pues no veo a más nadie por aquí." Respondió el chino, fríamente. Horo-Horo había buscado a la persona equivocada para desquitarse por SU error.
"¡Repítelo!"
"Eres un Idiota. I-DIO-TA. ¿Quieres que te lo escriba? ¡Sólo tienes aire en esa Cabeza de Tenedor!"
Cualquiera creería que, a estas alturas, estos dos podrían buscar una forma menos… infantil de resolver el problema.
Fin de Capítulo.
