Listo el nuevo capítulo, es más corto pero espero que les guste. Los personajes Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer, por supuesto y Persuasión a Jane Austen, mis respetos para ambas.

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Capítulo 10. La Ventana

Quería estar en casa. Ahí podría llorar a mis anchas todo lo que quisiera. Me sequé las lágrimas, respiré hondo y fui por mis cosas caminando de prisa, pero me eché a correr cuando faltaban unos metros para llegar donde estaba la mochila, porque al lado de ella había una hoja pequeña, de algunos 20 centímetros de alto por 12 de ancho. La reconocí inmediatamente, sabía de que libro era y que decía, pero no por eso la leí con menos emoción y avidez, sobre todo por lo que al final había escrito con pluma.

Persuasión, capítulo 23, página 275. La carta escrita por el capitán Wentworth a Anne Elliot.

"Me resulta imposible seguir escuchando en silencio, y para dirigirme a usted empleo el único medio de que dispongo. Se me parte el alma y vacilo entre la desolación y la esperanza. No me diga, por Dios, que ya es tarde y que esos bellísimos sentimientos no anidan ya en su pecho. Nuevamente me ofrezco a usted, y mi corazón es aún más suyo ahora que cuando me lo destrozó hace ocho años. No me diga que el hombre olvida más pronto que la mujer ni que en él el amor tiene vida más corta. A nadie he amado más que a usted. Podré haber sido injusto, he sido débil, y lo reconozco, pero inconstante, jamás. Sólo por usted he venido a Bath. Sólo en usted pienso y en usted sólo cifro mis ilusiones y proyectos.¿No ha adivinado ya? ¿Es posible que no haya adivinado mis intenciones? Créame firmemente que no habría esperado estos días si hubiera podido leer sus pensamientos del mismo modo que usted, sin duda, ha leído los míos. ¡Qué difícil se me hace escribir! A cada instante llegan a mis oídos palabras que me dejan anonadado... Usted baja el tono de voz, pero yo percibo claramente esos acentos, aunque se pierdan para los demás. ¡Dulce y admirable mujer! Nos hace usted justicia al reconocer que también cabe el afecto sincero y persistente.

Crea en el amor ferviente e invariable de

F.W.

P.S. : Tengo que marcharme sin saber qué me depara el futuro, pero no tardaré en volver o en buscarla donde se halle. Una palabra, una mirada bastarán para decidir si he de ir a casa de su padre esta tarde o nunca".

Dos letras al final elegantemente escritas : E. C.

¿Cuantas veces había leído aquella carta y soñado con alguien que fuera capaz de escribirla? Eso me ayudó a leerla con todo y el temblor de las manos.

Después de eso salí corriendo viendo a todos lados, seguí así hasta llegar a casa. Era más temprano y tendría suficiente tiempo antes de que llegara Charlie. Me puse a hacer la comida tratando de acelerar el tiempo que transcurría demasiado despacio. No podía haber error en cuanto a quien dejado esa hoja ahí para mi. Pensaba en las últimas líneas, ¿significaba algo concreto o simplemente era como había quedado escrita esa parte por casi 200 años? De la forma que fuera, a la hora que fuera, ¿vendría a mi?

No sé como llegó la hora de cenar con Charlie y de – finalmente – irme a la cama. Me acosté por aparentar, con la misma hoja doblada cuidadosamente entre mis manos. La traje conmigo todo el día.

Presté mucha atención a los ruidos que hacía Charlie para saber si ya se había dormido y poder levantarme. Lo hice con mucho desasosiego. No me iba a quedar dormida a una hora adecuada para poder ir sin sueño a la escuela y no me importaba, como tampoco me importaba descansar el cuerpo por lo menos. Me levante y empecé a andar descalza en mi cuarto sin saber que hacer con las manos, me abrazaba, las mecía a los lados, las recargaba en la cadera con los codos hacia atrás y luego abría y cerraba las manos. Fui al baño a mojarme la cara como pretexto para salir de mi cuarto.

Cuando entré lo sentí más frío y seguí con mi comportamiento compulsivo hasta que vi, aquello que la oscuridad no me había permitido ver inmediatamente al entrar, un trozo de papel sobre la cama. Si uno se comporta rigiéndose según sus prioridades no había duda que las mías distaban de lo que objetivamente deberían ser. Ese papel no debería estar en mi cama porque no había dejado ningún papel suelto en el cuarto. Cuando las letras que estaban escritas aparecieron ante mis ojos me sentí recorrida por un calor que me llegó hasta la cabeza, aún sin haberlas leído. Reconocí la letra en esas tres palabras.

La ventana. Edward

No había posibilidad de que mi mente se desviara por los insignificantes detalles de la procedencia de aquel papel en mi habitación. Eran irrelevantes para mí cuando el corazón me latía con tanta fuerza. Me llevé la mano al pecho para controlar mi corazón, jadeé y cerré los ojos para controlar el vértigo. Lo primero que hice al abrirlos fue mirar la ventana. Leí de nuevo el papel para cerciorarme que no había leído mal, aún siendo tres palabras, tan simples y claves. Caminé nerviosa hacia la ventana. La adrenalina hacía que sintiera el golpe de sangre en cada parte de mi cuerpo. Abrí la ventana sin saber que esperar, pero esperando todo. De alguna parte de mi cerebro la sensatez alcanzó a lanzar el pensamiento de que no debería esperar nada más que la noche, pero era demasiado tarde para prestarle atención. Me asomé y la sensatez tuvo que sucumbir ante la razón de la esperanza. En medio de la oscuridad estaba Edward, inmóvil y bello, de la forma que puede solo puede serlo alguien que tiene el corazón de otra persona. "Una palabra, una mirada bastará..." No necesitamos decir nada ni dar ninguna explicación. Sería una noche sin cuestionamientos, en la que no me importaría saber el porqué ni el como de las cosas. Se movió hacia el frente de la casa y apoyó la mano en la pared.

- Cierra los ojos un momento- dijo.

No necesitó elevar la voz para que yo pudiera escucharlo. Le pregunté con la mirada cuales eran sus intenciones.

- Confía en mí- respondió- y no te asustes.

Yo lo hice y cerré los ojos. Esa noche la esperanza estaba de mi lado.

- No te asustes, Bella, por favor- susurró de nuevo, pero ahora lo oía demasiado cerca, no lo había oído llegar.

- No lo haré- le respondí y con los ojos cerrados.

- Puedes abrir los ojos- dijo Edward.

Lo hice lentamente para observar su mirada que me parecía más hermosa sin el dolor de aquella mañana. Mi pulso ya no era tan descontrolado, pero ni se acercaba a la normalidad. Edward estaba parado fuera de mi ventana. Continuó mirándome en un breve silencio.

- No entraré si tu no lo deseas, si tu no lo quieres. Eso es lo que puedo ofrecerte, Bella, solo eso, porque no hay forma de que pueda evitar quererte. Eso está más allá de mi alcance – hizo una pausa mientras hundía su mirada en la mía, llegando a no sé que profundidades-. La existencia nunca ha sido más hermosa desde que morir es la única forma posible de dejar de quererte.

No sabía si mi corazón latía tan rápido que ya no lo escuchaba o es que se había parado, no escuchaba nada que no fuera su voz y ni veía nada que no fuera su rostro, que no se alejaba del mío. De pronto sentí el borde de la ventana debajo de mi, ahora estaba sentada, embriagada por su presencia y sus palabras. Su brazo me sostenía muy cuidadosamente. Seguramente me había sostenido para que no me cayera dejándome apoyada en el marco. Sentía puntos fríos que me sostenía. A pesar de mi evidente correspondencia a lo que él declaraba sentía su miedo, me sostenía delicadamente pero apenas tocándome.

- He esperado toda mi vida a que quieras entrar- le confesé.

Esta vez fue él quien cerró los ojos y adelantó su frente, acepté su invitación acercando la mía hasta tocarnos. Escuchaba su respiración suave mientras lo contemplaba, simplemente no podía dejar de hacerlo. Ahora sentía todo su brazo rodearme con la misma delicadeza de antes. Moví ligeramente la cabeza para poder sentir más de cerca su frío aliento en la mejilla. Era maravilloso.

- Bella- comenzó a hablar de nuevo-. ¿Estás segura?

¿Qué podría hacerlo dudar? Me alejé un poco para ver su expresión y con este nuevo ángulo me vi que estaba de rodillas en aquel precario espacio de un metro, ¡fuera de mi ventana!

- Absolutamente- le dije y retrocedí con cuidado al tiempo que sujetaba su brazo con una mano y su hombro con el otro echando mi peso para atrás para anclarlo.

Sonrió con fascinación e impidió que terminara el movimiento que había comenzado. Apenas me dejó retirarme los suficientes centímetros para acomodar los brazos cuando me tomó en los suyos y no sé como, sin apoyo de las manos, se puso de pie y entró. Me llevó hasta la cama y me sentó en ella, se quedó de pie. Todo parecía nuevo, el cuarto se veía tan diferente con él dentro, se veía como el lugar del que nunca querría salir. Se acuclilló frente a mí y me tomó una mano con las dos suyas. La acercó a su boca y levantó la mirada a mi rostro.

- ¿Puedo?- preguntó.

Asentí y colocó sus fríos labios sobre mi mano. Podría haberme pasado años imaginando el más perfecto primer beso y se hubiera visto opaco en comparación a este. Mi cuerpo se inclinó hacía adelante equilibrándose con la mano con que había sujetado las sábanas para contrarrestar el impulso de ponerla sobre el corazón para calmarlo. Todo aquello era demasiado hermoso para ser cierto, incluso demasiado para ser un sueño.

- ¿Puedo pedirte algo más? No es tan común ahora, pero quisiera...

- Hazlo- lo invité, el que él no fuera común difícilmente sería una preocupación para mí.

- Que seas mi novia- lo dijo con una expresión de profunda alegría, como si atreverse a aquello ya fuera un logro.

Si fuera yo quien por los convencionalismos tuviera que pedírselo a él sin duda que sería un logro. Cuando el sentimiento es tan profundo es maravilloso poder expresarlo, aún más a quien es su objeto. Pero era yo a quién él se lo pedía. Sentí un mareo y volví a juntar mi frente con la de él, una mano entre las suyas y la respuesta que ascendía desde mi pecho se debatía por salir con tanta fuerza que lo hacia con más lentitud.

- Sí- quería reír y quería llorar.

- Gracias- dijo él.

Lentamente me envolvió con mis cobijas, tomó mi cabeza entre sus manos y las bajó hasta recorrer con ellas todo el largo de mi pelo. Aún cuando se levantó para andar por el cuarto no se rompió la conexión que teníamos en aquel momento. No sabía exactamente que hacía, por la oscuridad y porque no hacía ruido, hasta que tomó mis pies. Me dejó muy bien abrigada.

- Ahora debes dormir- suspiró-. Es mejor que me vaya.

- No, no – dije mientras sujetaba su manga con fuerza-. No es mejor- terminé, sabiendo que en realidad era algo que sí tenía que hacer.

- Supongo que no, pero a más de una persona no le gustaría saber que estoy aquí- me dijo y rió suavemente-. Tenemos muchas cosas de que hablar mañana.

Me acomodó en la cama con la espalda recargada en el respaldo y se sentó a un lado, tomó mi mano y la apoyó contra su pecho, sobre su corazón. Sonrió de nuevo.

- Siento tu corazón. Late por todo mi cuerpo.

Después de un momento volvió a llevar mi mano hasta su boca, me miró de nuevo pidiendo permiso con la mirada y le respondí con un suave pestañeo. Colocó sus labios ahora sobre la palma de mi mano y mi corazón volvió a latir rápidamente haciendo que un calor recorriera mi cuerpo. ¿Siempre se sentiría igual? Me acostó y me envolvió diligentemente con las cobijas.

- Quédate- le pedí aunque sabía que él tenía que negarse y yo tenía que aceptarlo.

- Siempre estoy cerca. No te preocupes y descansa. Te veré mañana- me prometió.

- Tendré que soñar contigo- se me escapó decirle.

- Si.

Sonrió y regresó a la ventana. Volteó antes de salir y vio mi expresión asustada porque entendí que se proponía hacer.

- Confía en mí, como antes.

Volví a quedarme quieta y él salió. Duré acostada algunos minutos que probablemente para el resto del mundo fueron solo segundos. Después ya no pude quedarme acostada ni quieta. Corrí a la ventana, la abrí y me asomé. De nuevo esa lluvia ligera que ya me era familiar me mojó el rostro. No vi a Edward, ya debería estar en su auto. Volví el rostro al cielo y la lluvia, tan fría, me pareció perfecta. Cerré la ventana y volví a mi cama en la que casi no dormí. Es muy difícil dormir cuando se tienen ganas de correr y reír.

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Ahora si podremos hablar (bueno, Bella podrá) con Edward y saber que es y que fue, y de paso nos enteramos también que piensa y todo.

Inicialmente había pensado que esto fuera diferente, pero me gustó la idea de que pasara antes de que Edward le dijera a Bella que es vampiro. El intento era hacerlo romántico, pero en pedazos creo que me salió más bien cursi.

Lo de que le pidiera directamente a Bella ser su novia fue porque hace años una compañera de la escuela decía que a ella le gustaría eso, que era romántico y que a ella solo le habían preguntado ¿quienes andar conmigo? o ¿andamos?

El nombre de La ventana fue porque el año pasado fue a ver Romeo y Julieta en musical y la canción de la escena donde se declaran se llama El balcón, bueno también así se conoce esa parte y pensé que quedaba.

Besos y espero que sigan leyéndome.