Capitulo IX: EL DESENGAÑO
Chichi se dispuso a llevarle algo de comida, no había probado nada desde el día anterior. Se tomó un momento fuera antes de entrar, ningún ruido llegó hasta sus oídos, al parecer después de los gritos y protestas; sólo el silencio dominaba ahora la habitación. Abrió la puerta despacio y la vista no le sorprendió. La penumbra dejaba adivinar el caos reinante, todo se encontraba revuelto, algunos muebles tumbados y pedazos de lo que anteriormente debía haber sido un espejo sembraban el suelo. Sin duda, la ira huracanada de Bulma había pasado por allí.
El volumen sobre la cama le hizo suponer donde se encontraba, aunque no lograba verla entre la sábanas, que la cubrían completamente. Depositó la bandeja en una mesa, uno de los pocos muebles, que todavía seguía en pie después de la tormenta y se acercó a ella.
-Bulma, querida- su voz estaba llena de ternura- tienes que comer o acabarás enfermando.- ni tan siquiera se inmutó.- Vamos Bulma, he cocinado tu plato favorito. Has de animarte un poco. ¡¿Dónde está la Bulma fuerte y luchadora que yo conozco?!
La zarandeó suavemente, pero tan pronto su mano la rozó supo que algo no andaba bien. La puerta se cerró a su espalda al tiempo que descubría, la almohada que había utilizado para engañarla. Corrió hacia ella pero ya era demasiado tarde, debía haberse mantenido oculta tras la misma; la llave que dejó en la cerradura giraba dejándola encerrada. Asió el pomo tratando de abrirla, el esfuerzo resultó inútil, golpeando con fuerza sobre la madera gritó:
-¡Bulma, sácame de aquí inmediatamente!- no obtuvo respuesta alguna- Sé que estas ahí, ¡Abre la maldita puerta!
Una áspera risa llegó hasta sus oídos
-¡Ja!, ¿por qué habría de hacer eso? No he sido yo quién ha puesto de moda eso de encerrar a la gente en contra de su voluntad. ¿Cómo se siente uno estando prisionero en su propia casa?
- Por favor, se razonable. Ábreme y podremos hablarlo- rogó- Lo lamento tanto, en serio, quiero ayudarte.
-¡Ni lo sueñes! –gritó- Tú y ese sayajin cabezota han empezado esto. Te has puesto de su lado, sin tener para nada en cuenta lo que yo quería. Tuviste la oportunidad de apoyarme y decidiste no hacerlo. Así que ahora no me vengas con eso de que quieres ayudarme porque no me lo trago.
El resentimiento y la rabia que imprimió en sus palabras, traspasó la conciencia de Chichi que no pudo dejar de sentir, como los remordimientos la ahogaban. Tenía razón, en todo, en cada uno de sus amargos reproches. Las lágrimas rodaron por sus mejillas. No era lo suficientemente fuerte para poder aguantar, la desesperación en que sus acciones habían sumido a Bulma.
-Tengo que irme- la oyó decir nuevamente- Goku volverá en un rato y te liberará- La inflexión de su voz sugería cierto pesar. Estaba convencida de que aquello le desagradaba tanto como a ella.- Lo siento- murmuró. Yo no quería que las cosas fueran así- Sus pasos se alejaron deprisa perdiéndose en la distancia.
Caminó rauda hacia la entrada de la casa. Era la única solución. En su fuero interno, sabía que las buenas intenciones acompañaban las acciones de sus amigos, que estos tan sólo querían protegerla; pero su cerebro no se permitía registrar esa posibilidad. La idea de tener que alejarse de él era, simplemente, insoportable y ofuscaba cualquier pensamiento coherente. Lo único que deseaba era perderse entre sus brazos y dejar que estos la sostuvieran. Confiaba en Nappa ciegamente, por eso le resultaba aún más difícil llegar a entender el absurdo comportamiento de Goku. Lucharía con uñas y dientes si fuera necesario pero nadie iba a lograr separarlos, ni siquiera ellos.
Las manos atenazaron sus hombros justo en el momento en que cerraba la puerta tras ella. No fue necesario ver de quién se trataba, las azules muñequeras revelaron su identidad.
- Goku… -siseó con la incertidumbre que provoca la derrota.
Sentada contra la pared; con las rodillas flexionadas contra el pecho y la cara hundida en las mismas, Chichi escuchó los gritos procedentes de fuera de la habitación, antes de que entraran en ella.
-Suéltame de una maldita vez. Te lo advierto, si no me sueltas haré que te arrepientas.
Goku caminó decidido hasta el centro de la estancia sujetándola por el antebrazo. Esta se revolvió, soltándose al fin, al tiempo que se giraba para encararlo.
- ¡Te odio!- pronunció y aunque su voz sonó verdaderamente llena de rencor, su rostro reflejó la turbación, que sus palabras acababan de causarle. Él la miró con incredulidad, paralizado por esta afirmación, como si no acabara de comprenderla, mas no contestó.
Chichi levantó la vista, fijándola en Bulma. Su rostro y sus ojos enrojecidos, enmarcados en unas ojeras profundas, revelaban toda una noche de insomnio. La visión de su compañera, su hermana; en ese estado formó un nudo en la boca del estomago. Entendía demasiado bien, cómo se sentía. Ella misma, había padecido una angustia similar hacía apenas unos meses, cuando pensó que tenía que separarse de la persona que amaba. En esa ocasión, estuvo a su lado, poniendo en riesgo incluso su vida para hacerlo. ¿Acaso no estaban provocando algo igual en ella? ¡Incluso la estaban convirtiendo en alguien que no era!
Se levantó caminando hasta la puerta ignorándolos a los dos.
- Dijiste que me ayudarías- La sintió reprochar a su espalda. Se detuvo un instante y sin mirar atrás, reanudó el paso saliendo de la habitación.
Goku cerró la puerta con llave y la siguió. Oyó, entre los gritos de protesta, los ahogados gemidos que escapaban de su temblorosa figura, inmóvil en medio del pasillo. Acercándose, la rodeó para atraerla a él en un abrazo. Sosteniéndola un rato, intentando darle y recibir todo el consuelo del que era capaz.
Finalmente, se separó un poco para poder mirarla. Las lágrimas, resbalaban sin parar por sus mejillas. Intentó secarlas con las yemas de sus dedos.
-¡Oh Goku!- se abrazó a él fuertemente, enterrando de nuevo la cabeza en su pecho- No puedo soportar verla así, no seré capaz de mantenerla encerrada. ¡No puedo hacerlo!- su llanto se hizo un poco más sonoro con esta afirmación.
Él pasó su mano por la lacia y sedosa melena al tiempo que contestaba:
–No tendrás que hacerlo, volvemos a Kurai. Partiremos pasado mañana. Por fin se acabará todo esto y podremos continuar con nuestras vidas.
Se mantuvo un rato en su abrazo, quieta, acunada por los latidos de su corazón, separándose al fin para mirarlo directamente a los ojos. Había dejado de llorar.
–No, no podremos continuar. Nada volverá a ser igual, no se olvida el dolor y ella no nos perdonará. ¡No podemos irnos como si nada hubiera pasado, debemos dejarla decidir!- su determinación era firme y nada la doblegaría. Había que hacer lo correcto.
La conocía lo suficiente como para saber que la decisión ya estaba tomada, aunque no acababa de ver claras sus intenciones, así que la interrogó sobre estas.
-¿Qué quieres decir?
-Quiero decir que Bulma, realmente ama a ese tal Nappa. Quizás sea cruel y despiadado, quizás nosotros pensemos que no le conviene y quizás realmente no le convenga. Pero sólo ella puede decidir su futuro. Así que mañana la llevarás a verlo. Merece poder elegir y nosotros tenemos que darle la oportunidad- la explicación fue dada con total serenidad.
-¡¿Te has vuelto completamente loca?!- sus ojos estaban apunto de saltar de las órbitas por la impresión y su quijada se desplomó hasta el suelo- Además, ¿como se supone que voy a llevarla ante Nappa? Ni tan siquiera me dejarán aproximarme hasta alguien tan poderoso
Sonrió alegremente, su rostro había recuperado su dulzuranatural, esa que lograba embelesarlo.
–¡Oh! Ya se te ocurrirá alguna cosa. Confío plenamente en ti. Sé que harás lo correcto- depositó un tímido beso en su mejilla- ¡Voy a avisar a Bulma!- y diciendo esto desapareció tras la puerta, dejando un más que sorprendido Goku. Realmente esas mujeres siempre acababan convenciéndolo de las mayores locuras.
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-¡No insistas! Ya te he dicho que: el comandante Nappa está por empezar su entrenamiento y no se le puede molestar, ¡bajo ningún pretexto!- un imponente saiyajin con cara de pocos amigos miraba con impaciencia un más que nervioso Goku.
-¡Esto no es ningún pretexto! Me han ordenado entregarle esta esclava personalmente. Al parecer tiene algo importante que tratar con él – Se aproximó a su oído susurrando en tono confidencial- Tú ya me entiendes- dijo guiñándole un ojo.
-¡Ninguna esclava hará que el comandante abandone su entrenamiento y a buen seguro me caerá un castigo si le molesto!- contestó el soldado, conocedor del irritable carácter de Nappa.
-¿Estás seguro? Te mostraré algo- de un solo movimiento dejó caer hacia atrás la capucha de Bulma - ¿Crees que a tu comandante le importará perder un poco de su entrenamiento por ella?
La sorpresa del guardia era evidente. Con una mirada lasciva, fijó sus ojos en Bulma.
–¡Y lo mejor lo esconde bajo la túnica!- exclamó Goku, aproximándose y golpeándolo en las costillas con el codo - Puedes ir ahora a avisar o seguirás privando a tu superior de algo así.
-Está bien, ¡llévala al despacho del comandante!, tercera puerta a la derecha al final del pasillo- dijo sin dejar de mirarla lujuriosamente, turbándola por la vergüenza.
-¡Eso está mejor! Sabía que entrarías en razón.
Entró en la sala y, no sin cierta vacilación, se aproximó al grupo de saiyajins reunidos en un rincón. Tenía suerte, al parecer todavía no habían comenzado. Una vez estuvo frente a Nappa, le dirigió un respetuoso saludo.
-Señor, hay alguien que desea verle, le hice pasar a su despacho.
-¿De quién se trata? Ahora no puedo atender a nadie- contestó malhumorado- estamos esperando al príncipe, para comenzar el entrenamiento de estos cadetes.
-Eso mismo pensé yo, pero traía un presente para usted y creo que merece la pena que le eche un vistazo. ¡Nunca vi algo igual!
La curiosidad se apoderó de Nappa. Debía ser algo realmente sorprendente para hacer que, a pesar del terror que sabía sus guardias le profesaban, se atrevieran a molestarlo.
-¡Está bien iré a ver! Tú quédate aquí y avisa al príncipe del motivo de mi ausencia.
-Como ordenéis Señor.
Salió un tanto enojado consigo mismo, ¡no podía creer que algo le hiciera alejarse de sus obligaciones! Sólo esperaba que el presente valiera la pena, o alguien tendría que pagar el hacerle perder el tiempo. Con este último pensamiento, abrió la puerta de su despacho, quedándose boquiabierto ante la imagen de Bulma esperándolo. En realidad, sí merecía la pena perder un entrenamiento.
-¡Así que tú eres mi regalo!- exclamó cerrando la puerta tras de sí.
Bulma estaba perpleja, no entendía la presencia de aquel saiyajin calvo frente a ella. Sobreponiéndose, se decidió a responder respetuosamente.
-Disculpe. Estoy esperando al comandante Nappa.
-¡Yo soy el comandante Nappa!- respondió esbozando una jocosa sonrisa.
Lo observó detenidamente, sin comprender qué estaba pasando. La mirada que le dirigía aquel saiyajin la sobrecogió.
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Vegeta entró, notando rápidamente, que su tutor no se encontraba en la sala de entrenamiento.
-¿Dónde está Nappa?- preguntó extrañado por su ausencia, ya que siempre era el primero en llegar.
-¡Señor! El comandante Nappa me ordenó esperar para informar de su retraso.
-Qué extraño- murmuró Vegeta, más para si mismo que para los demás- ¿Te dio algún motivo para el mismo?
-¡Por supuesto, Señor!- el guarda bajó un poco la voz a modo de confidencia, no quería que los demás se enterasen de la visita que Nappa había recibido. Eso formaba parte de la intimidad del comandante, aunque el príncipe tenía derecho a conocer la verdad –Un soldado preguntó por él hace un rato. Le habían ordenado entregarle un presente.
-¡¿Un presente?!- Su sorpresa iba en aumento, más teniendo en cuenta el halo de misterio con el que aquel soldado parecía revestir los acontecimientos.
-Sí, señor-el guardia insistía en continuar la conversación en voz baja- Una esclava- calló un momento para observar la reacción del príncipe ante su revelación y continuó hablando -Si se me permite decirlo la más hermosa que he visto nunca- sus ojos brillaron lujuriosos. -Con una exótica melena azul y unos ojos del mismo color. ¡Algo excepcional! Claro que solamente pude observarla un instante antes de que la llevaran al despacho del comandante.
No pudo continuar hablando, muy alterado Vegeta lo quitó de en medio empujándolo fuertemente a un lado antes de salir corriendo.
Melena azul, ojos azules, debía tratarse de Bulma. ¿Qué diablos estaba haciendo allí? Había preguntado por Nappa. ¡Creía que ese era su nombre! Fuera de sí abrió la puerta del despacho, sólo esperaba no llegar demasiado tarde.
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-Creo que ha habido una confusión- dijo Bulma bajando los ojos para no tener que mirar al saiyajin directamente a la cara.
Nappa recorrió su figura, empezando a sentir un enorme deseo de saber como sería el cuerpo de la mujer, que se escondía tras la amplia túnica. Nunca había visto una criatura semejante, decididamente su pelo y sus ojos, la hacían muy diferentes de cualquier hembra que hubiera conocido y tenía la sensación de que, si la despojaba de su absurdo atuendo, se llevaría una sorpresa aún mayor. Comenzó a excitarse sólo de pensarlo.
-Le pido disculpas, no debí entender bien a mi amo…- mintió Bulma -. Solicito su permiso para retirarme.
Él no contestó, simplemente seguía mirándola. Ella, inclinó la cabeza en señal de respeto e hizo ademán de irse, pero enseguida notó unas manos firmes en su cintura.
-¿A que vienen tantas prisas?- Levantó la vista sobresaltada, la lasciva mirada la traspasó. –Ese estúpido tenía razón, ¡hay cosas por las que merece la pena perder un poco de tiempo!- con un rápido movimiento la atrajo hasta él y se inclinó para besarla.
Sacudió su rostro, moviéndolo de un lado a otro, para evitar su beso y empezó a revolverse, tratando de liberarse del amarre, sin embargo era inútil. Nappa no sólo era mucho más fuerte si no también, infinitamente más grande.
-Vaya, vaya con que tenemos ganas de jugar- su excitación era visible a través del espandex de su traje.- Eso está bien, ¡cómo a todo buen guerrero no me gustan las conquistas fáciles!-. Soltó una de sus manos y mientras estrechaba su agarre la llevó al pelo. Tirando de su cabeza hacia atrás intentó besarla de nuevo.
Bulma notó que perdía movilidad y cuando sintió la lengua empujando violentamente, intentando abrirse paso en su boca, el terror hizo presa en ella e instintivamente lo mordió.
Nappa soltó un grito, mientras su labio inferior empezaba a sangrar.
-¡Maldita perra! Vas a pagar muy caro esto.
Cerró los ojos al ver como, furiosamente, levantaba su mano y esperó temblorosa a que la golpeara. En su lugar sólo oyó un grito en una voz que le resultaba familiar.
Con un rápido movimiento, Vegeta, se situó a la espalda de Nappa justo a tiempo para sujetar su brazo.
-¡Basta Nappa, suéltala!- se le oía bastante enfadado.
Dudó un poco desconcertado mas, en cuanto reconoció la voz, obedeció al instante soltando el pelo de Bulma que, muy despacio, abrió los ojos para encontrarse con la conocida figura de su amante. Este deshizo su agarre sobre Nappa que se giró para mirarlo, llevó su mano al pecho e inclinó la cabeza.
-Alteza, siento haberme retrasado para el entrenamiento. Alguien pidió verme con urgencia y yo pensé que sería importante…
Vegeta ni tan siquiera lo escuchaba. Tenía los ojos puestos en la mujer incapaz de descifrar su intensa mirada.
-Ve a la sala de entrenamiento y espérame allí- dijo sin apartar la vista de Bulma.
-Pero señor…- no pudo terminar.
-¡Sal de aquí inmediatamente!-. Chilló amenazante
-Como ordenéis, mi príncipe-con una visible mueca de sorpresa, Nappa realizó una reverencia y abandonó la habitación.
Una vez se hubo marchado, Vegeta se acercó a Bulma, alargando la mano hacia su rostro mientras preguntaba:
-¿Estás bien?
Ella, dio un paso atrás, alejándose de él e impidiendo así su contacto.
Avanzó nuevamente hasta alcanzarla, ignorando el rechazo y volvió a preguntar, mientras acariciaba levemente su mejilla:
-¿Te hizo algo?
-¡No me toques!- alzó la voz apartando la mano con rabia. Su mirada, antes indescifrable, reflejaba una mezcla de tristeza, desilusión y enojo –¡Has estado mintiéndome todo este tiempo!- aseveró.
-Yo no te he mentido.
-¿¡Ah no!? ¿Acaso te llamas Nappa?- un silencio profundo se impuso entre los dos-¡Contéstame! –Exigió - Creo que es lo mínimo, que merezco de tu parte.
La miró intensamente. Sus neuronas trabajaban deprisa, intentando dar con una explicación coherente a su absurdo engaño. ¿Qué le iba a decir? ¿Cómo explicar algo, que él apenas entendía? Fue tan sólo un impulso, le dio otro nombre porque su intuición se lo ordenó. Confuso por el cúmulo de sensaciones desconocidas a las que su primer encuentro lo había arrastrado y sometido; esa alarma interior, que siempre lo avisaba de algún peligro, se encendió obligándole a mentir. Una manera sencilla de mantenerse al margen. Después, muchas veces estuvo tentado de confesar la verdad, pero no lo hizo. Su instinto así lo decidió y ahora, sencillamente, era demasiado tarde.
-Mi nombre es: Vegeta- reveló al fin.
La ira brilló, en su mirada azul un instante y entonces explotó, su mano impacto con fuerza sobre la cara que continuó, inmutable, mirándola de frente.
-¡El príncipe de los saiyajin!- su voz se apagó en un susurro con esta afirmación. Una falsa calma inundó la estancia. Vegeta sentía la oleada de furia expandiéndose en ella con rapidez, pudo ver como sus pupilas se dilataban y los nudillos de sus delicadas manos, se blanquearon debido a la fuerza con que apretaba los puños. Llena de rencor preguntó -¿Te has divertido con esto? ¡Seguro que sí!- gritó- Lo has debido pasar en grande a mi costa. Al fin y al cabo sólo soy una esclava estúpida con la que pasar un buen rato, ¿verdad?- y está afirmación, lo hirió más dolorosamente que cualquier castigo físico. El silencio se cernió una vez más sobre ellos. Continuó hablando sin esperar su respuesta, tampoco la hubiera dado -Pues déjame decirte –sentenció-que tu pasatiempo termina aquí.
Él observó su cuerpo temblar. Quiso sostenerla entre sus brazos para intentar aliviar su tristeza. No lo hizo, sabía que rechazaría cualquier aproximación. Si tan siquiera las palabras acudieran a su mente para poder expresar lo que quería decirle, pero sólo era capaz de hilvanar frases incoherentes carentes de sentido. Se odiaba a sí mismo porque su estúpido orgullo, lo incapacitaba para poder expresar libremente lo que ella despertaba. Se mantuvo en silencio.
Bulma aguantó estoicamente el escrutinio de sus profundos ojos negros. El dolor era tan intenso y punzante que apenas podía pensar, tenía que salir de allí antes de que el llanto apareciera, aumentando la humillación que estaba padeciendo en esos momentos. No podía continuar hablando. En unas horas todo habría pasado, ahora apenas respiraba. Se estaba ahogando en la desesperación y cada minuto que pasaba junto a él aumentaba su sufrimiento.
-Me voy- su voz sonó fría y distante.
-Si te arriesgaste a venir hasta aquí, fue por algo… -no sabía qué hacer para retenerla.
-¡Eso ya no tiene ninguna importancia! – contestó tajante.
-Podrías esperar a que acabara el entrenamiento para hablar, o quizás sería mejor que nos veamos luego… -insistió.
-Tengo que marcharme- pasó por delante de él, para dirigirse a la puerta. Se detuvo antes de abrirla y con todo el sarcasmo que fue capaz de reunir, exclamó -¡Espero que su majestad sepa perdonar todas las molestias que le he causado!- dicho lo cual, traspasó el umbral mientras le oía murmurar.
-Te estaré esperando esta tarde.
Se dirigió hacia Goku. Bajo la capucha de su túnica las lágrimas nublaron la vista justo antes de perder la conciencia, mientras pensaba que ella sabía de muchos remedios pero ¿cómo iba a curar el desengaño?
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"Es muy raro que nadie caiga en el abismo del desengaño sin haberse acercado voluntariamente a su orilla." (Concepción Arenal)
¡¡¡Ya estoy de vuelta y antes de lo esperado!!! Siento haberos hecho esperar pero, tal y como dije lo prometido es deuda, así que aquí os dejo el capítulo. Ya me contareis que os parece, como siempre espero ansiosa vuestros comentarios.
Doblemente agradecimiento a Midory por el beteo, este capítulo tuvo que revisarlo dos veces y es que a veces me pongo muy pesada… ¡Mil gracias por aguantarme!
Hubo reviews que no pude contestar antes de marcharme de vacaciones así que lo haré desde aquí, sí ya sé, que diréis que esta no es la manera correcta de hacerlo pero…también sé que sabréis disculparme.
A NOMICA: Ya te dije que septiembre llegaba enseguida. Espero que disfrutaras tus vacaciones, yo lo pasé en grande y de verdad, de verdad, que me porté muy bien.
A Shadir: Espero que te gusté este capítulo y podamos seguir riéndonos. Ya me contaras…
A luPiiTha: Las buenas vibraciones para mis vacaciones hicieron su efecto. Lo pasé en grande. Las dudas se van resolviendo y la incertidumbre… bueno la incertidumbre continúa un par de capítulos más.
A Patty: Tenía especial interés en contestar tu review, el motivo es que parece que me hayas leído el pensamiento. No hay nada de Bulma y Goku en este fic pero, y eso es lo que me sorprendió, yo también he estado pensando en esta pareja, incluso estoy escribiendo una nueva historia donde hay algo de ese triangulo amoroso. De momento no es más que un montón de ideas y varias páginas escritas, pero quién sabe, quizás hasta logre sacar algo de eso. Mil gracias por el review.
A sakuno: La espera no ha sido tan larga. Gracias por el review y esperó haber cubierto tus expectativas con este capítulo.
A Darkalma: Gracias por el review y la felicitación. Si logró mantener tu interés me daré por satisfecha. Ya estamos llegando al ecuador del mismo, así que esperó que, los capítulos venideros no te decepcionen.
Bueno como siempre gracias a los que leyeron, se suscribieron o añadieron mi fic a su lista de favoritos (casi no puedo creerlo).
Nos vemos pronto, que la semana sea benevolente con todos vosotros. Aprovechad lo que queda del domingo y sed buenos.
