SUMMARY: "¿Quién habría pensado que Bella era una completa zorra a los dieciséis años?" Insinuó Sam ojeando el diario de la mamá de su amiga. "Deja de burlarte, Sam, aquí lo importante es saber quién es mi padre." UA/AH.
DISCLAIMER: Personajes obra de SM, la trama mía, y si hay fics parecidos es mera coincidencia (XD)
N/A: LAS INVITO A QUE PASEN A MIS DEMÁS HISTORIAS, PRINCIPALMENTE LAS QUE ESCRIBO CON AnNelice' Y Javii-firsst, LOS LINKS EN PERFIL :D
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ACTIVIDADES PECAMINOSAS
EL DIARIO DE BELLA SWAN
BUSCANDO A UN PIANISTA
14 de diciembre de 2006
Cuando el amor nos falta,
cuando el amor se pierde,
seguimos viviendo,
seguimos amando,
seguimos transcurriendo,
y en la necesidad de remediar la pérdida
encontramos nuevamente la razón de vivir,
de buscar y hasta una nueva razón
para volver a amar.
Cuando uno lee ese poema, le da un significado propio; pero se imagina que el autor de aquellas palabras, había perdido al ser amado, y sin embargo, encontró a otra razón para vivir y amar. Es cierto que cuando amas a alguien, no amaras a otra persona con la misma intensidad pero puedes encontrar alguien que te haga recordarlo; será masoquista pero si no fuera por Nessie, que me hace recordarlo, no creo estar viviendo para escribir estas palabras.
Bella Swan*
.
—… Se cansó de esperar a que un milagro pasara. Se mudó e intentó olvidar a Edward —le conté a Sam todo lo sucedido; ella me tenía que ayudar. —Entonces, ¿me ayudaras?
—¿Ayudarte a qué?—respondió Sam con otra pregunta.
—A encontrarlo —le grité ya algo desesperada.
—Tranquila, Ness. Respira hondo, y suéltalo —en vez de hacer caso a las indicaciones de Sam, le solté una bofetada. Ella dejó que su cara se girara con el golpe, abrió la boca y la torció.
—¿Qué demonios te sucede? —interrogó bajito, con la respiración entrecortada.
—Perdón, pero entiende mi desesperación —Volteó su cara para encararme. Sus ojos brillaban de furia.
—¿Qué te comprenda? Trato de tranquilizarte y tú —me señaló —me bofeteas como una salvaje. Te dices llamar mi amiga y eres una vil bestia… —le corté antes de que siguiera y dijera algo que me molestara realmente.
—Ya, ya… En verdad, estoy con los nervios de punta con esta noticia… —dije llevándome los dedos a la boca para mordisquearme las uñas.
—Que asqueroso hábito tienes —masculló Sam confundiéndome por completo.
—¿De qué hablas? —pregunté, frunciendo el ceño totalmente.
—De tus uñas —gritó horrorizada. Rodé los ojos, y murmuré varias blasfemias. En cuanto me tranquilicé, hablé:
—Esto es serio, Sam… No estamos hablando de Alec ni tampoco de tus calificaciones. Estamos hablando de MI PA-DRE —las últimas dos palabras las deletree alzándole la voz.
—O sea que cuando repruebo no es importante —espetó molesta.
—No estás escuchando —murmuré seria.
—Si lo estoy haciendo, pero estás demasiado perdida y no has escuchado mi plan —ya me estaba empezando a sacar de quicio Sam; que si no la escucho, que si no le hago caso. Al carajo, tendría que recurrir a alguien más.
—Iré con Alec —me levanté de la cama para tomar mi abrigo pero ella saltó de la cama, tomándome desprevenidamente.
—¡Ves! Te digo que tengo un plan, y dices que iras con Alec —puso sus brazos en jarras.
—¿Cuál plan? ¿Cuándo dijiste que tenías un plan? —pregunté irritada y con un poco de sorpresa.
—Lo acabo de decir —puso un leve puchero y frunció su ceño; mostrando que estaba molesta.
—Llevo mucho tiempo aquí y no he escuchado nada sobre un plan —dije algo desesperada e irritada.
—Eres increíble —se sentó en la orilla de su cama, y se cruzó de brazos. Habría sido adorable ver eso: una Sam cruzada de brazos en su cama con un enorme puchero y su ceño fruncido, pero esta vez no se me hizo adorable. Estábamos haciendo un completo drama cuando deberíamos de estar buscando a mi padre.
—Dime cuál es tu plan —susurré con molestia contenida y seriamente.
—Buscarlo en la sección amarilla —cerró los ojos de irritación.
—No sabemos en qué estado está… —comencé a decir, pero ella me interrumpió.
—Pero no muchas personas se llaman Edward Masen; tienes que admitirlo, es un nombre de viejito —su comentario me hizo sonreír ligeramente. Ya un poco más calmada le dije:
—Ok, buscaremos en la sección amarilla, pero si no lo encontramos, tendrás que pensar en un mejor plan.
Como si Sam no estuviera enojada, se paró de la cama y empezó a correr hasta el directorio.
—Busquemos… —murmuró frente al enorme libro. Se sentó en el piso en forma flor de loto, y colocó el libro a sus pies. Buscó apresurada, como si estuviera poseída. Fue sorprendente verla de esa forma; nunca había visto a Sam trabajar tan duro frente a una especie de libro.
—¡Encontré a un Edward Anthony Masen! —gritó emocionada, después de un rato. Fui hacia ella y me di cuenta de ello. Con pequeñas letras, al final de la página decía: Masen Edward Anthony.
—Genial —una enorme sonrisa fue creciendo en mi cara.
—Espera, hay que comprobar que no haya más —dijo con el ceño ligeramente fruncido. Pasó la hoja lentamente hasta que la abrió totalmente.
—Oh, decepción —cuchicheó para darle un manotazo a la página. No entendí qué quería decir hasta que vi la página.
Aquella hoja estaba llena de "Masen Edward Anthony" y lo peor es que eran de diferentes estados algunos.
—Mierda —grité frustrada.
—Así nunca lo encontraremos —murmuró molesta Sam.
—Si —al ver que mi cerebro solo había una pequeña oración, la dije sin haberlo pensado: —¡Puta madre!
Sam empezó a reírse calladamente. —Es raro escucharte decir "palabrotas", Ness.
—Cállate —mascullé algo ofendida.
—Hey, no sé que más hacer. Checaré mi facebook. Mientras, piensa tú —me dio una palmada en la espalda, y se dirigió a su computadora de escritorio.
¿Cómo encontrar a una persona que no sabes si está en el país al menos?, ¿Cómo encontrar a una persona que no sabes mucho sobre ella, que solo sabes que es tu padre?
Me quedé divagando al respecto, había sido buena la idea de Sam sobre buscarlo en la sección, pero no había funcionado. Nadie sabe dónde está el tal Edward…
Volteé a ver qué estaba haciendo Sam; respondía preguntas estúpidas del facebook, y de repente, se me ocurrió algo.
—Hey, Sam… —llamé dirigiéndome cerca de su computadora.
—¿Mande? —preguntó distraídamente.
—¿Recuerdas cómo buscábamos a varios compañeros en el facebook? —pregunté esperando que se diera cuenta.
—Sip, solo poníamos su nombre en ese recuadro y aparecían…
—¿Crees que mi papá esté ahí? —pregunté con esperanzas.
—¿Pero no crees que está grande para esto…? —murmuró Sam.
—Vamos, inténtalo —animé.
—Está bien.
Sam escribió el nombre de Edward Anthony Masen en el buscador del facebook; luego aparecieron varias personas…
—Esto será complicado… —murmuró Sam frente al computador.
—Será más tardado, y viendo esto… No creo que tenga Facebook —acepté.
—Piensa en otra cosa. Por cierto, ya me aburrí; ya vi mis notificaciones y no quiero seguir haciendo ése juego de "pregúntale a tus amigos". Mejor haré otra cosa —mientras yo me quebraba con la cabeza, Sam abrió el google y…
Empezó a goglear su nombre…
Fruncí me ceño quebrándome la cabeza.
Eso era.
Goglear su nombre.
—¡Sam, deja de hacer eso! —grité emocionada.
—¿Qué te ocurre? —preguntó espantada por mi grito.
—Escribe Edward Anthony Masen en el google —grité emocionada.
—Será casi como en el facebook, Ness —alegó.
—No importa, inténtalo —apremié.
Aparecieron varios resultados de una página que decía "EMBach" donde mencionaban mucho a un maestro de piano llamado Edward Anthony Masen.
Salté de alegría.
—Apuesto a que es él —aseguré, con la voz bastante emocionada.
—Vamos a checar esa página —Sam le dio clic al link y decía:
Escuela de Música Bach
¿Quieres aprender a tocar cualquier instrumento pero no sabes a dónde ir? Sigue leyendo y descúbrelo:
Clases de:
Guitarra acústica/eléctrica
Piano/teclado
Batería
Bajo
Violín
Cello
Saxofón
Flauta
Xilófono
Canto
Y mucho más (información aquí)
Si aún no cuentas con el instrumento que quieres tocar, la Escuela de Música Bach, te lo proporcionará en sus clases.
Contamos con grandes profesores en música; titulados en Julliard.
Nos ubicamos en Lakeview, Avenida Devon, Chicago, Illinois. Búscanos.
Profesores.
Directora del colegio: Alice Mary Brandon.
Sam entró al link de profesores, donde se supone estaba la biografía de cada uno de ellos; estaba un tal Jasper Whitlock, Bree Tanner, Diego, Fred, Raoul, Kristie, Sara, Shelly, Jen y…Edward Anthony Masen.
Decía:
Edward Anthony Masen
20 de junio de 1988
Estudió en la universidad de Chicago unos meses, se trasladó a Julliard el 2007. Se graduó con honores el 2009.
Da clases de piano, canto y guitarra.
Nuestro mejor profesor.
Y aparecía una foto de él tocando el piano.
Lagrimas de emoción salieron de mis ojos.
Ya sabía dónde estaba.
—Estamos buscando a un pianista; mi padre es un pianista —elevé la voz en la última frase y sonreí de oreja a oreja.
—Hay que ir a Chicago —dijo decidida Sam.
—¿Cómo? —pregunté desesperada. Esto iba a ser grandioso.
—Necesitaremos una coartada, Ness —susurró Sam.
Una coartada. Necesitaba que alguien me la respaldara. Y a alguien que nos llevará a Chicago. Sí, eso necesitaba.
.
Había invitado a Sam a comer, mientras pensaba en mi coartada. No podía decirle a mi madre: "Hey, iré a Chicago por papá. Nos vemos en una semana" Eso sería demasiado absurdo.
—Ness, te habla tu abuelo —me llamó mi madre interrumpiendo mis pensamientos.
—No quiero hablar —respondí, desinteresada. No quería hablar con él.
—Tienes que hacerlo —insistió mamá y yo cedí. Era cierto, tenía que hacerlo.
—¿Bueno? —hablé por el teléfono.
—Hola, cariño —saludó contento mi abuelo.
—¿Qué quieres? —mascullé molesta.
—Ya te dijo, ¿cierto? —me dieron tantas ganas de decir "¿Querías guardar tu secretito por más tiempo?"
—¿Tu qué crees? —pregunté secamente.
—Me arrepiento de haberlo hecho — "¿Y por qué lo hiciste?" gritó una voz dentro de mí.
—No más que yo —entrecerré los ojos.
—Tuve mis razones… —contestó, él iba a decir algo más pero yo lo corté.
—No creo que importen ahora. —No quería escuchar sus razones.
—Solo escucha… —lo dejé hablar, y por un momento, supe que no me agradaría lo que me diría. Suspiró profundamente antes de seguir —Sabía cómo era tu madre, y no lo soportaba del todo. Escuchaba como todos decían: "La hija del jefe Swan es una zorra igual que su madre…" o que no se merecía a ningún chico del pueblo, que se aprovechaba de todos, que se acostaba con los profesores. —su voz sonaba como si estuviera agonizando —Y lo peor era cada vez que hablaban de los chicos con los que salió. Que si botó a Jacob; avergonzó a Newton y divulgó que era gay; si sedujo a James e hizo que le fuera infiel a su prometida; o hasta que asaltó en la casa de Félix para acostarse con él… —tomó una profunda respiración —Podría decirse que era una pesadilla.
"Llegué a pensar que Bella no cambiaría y se quedaría sola… —rió tristemente —Y luego llegó ese chico, que hacía que volviera la apariencia inocente de Bella… —dijo con ternura y juraría que había una pequeña sonrisa en su rostro —Se veía tan contenta ella. Aunque, supe que Edward no merecía aquello. En cualquier momento ella le podría ser infiel; no quería que el chico sufriera —"Maldito egoísta" pensé.
—Pero de seguro lo está haciendo. Está sufriendo —dije con algo de dolor.
—Eso ni tu ni yo lo sabemos —respondió mi abuelo.
—Pero hiciste que tu nieta no tuviera un padre —lo acusé tristemente.
—No pensé que todo se complicaría —se defendió, nervioso.
—Debiste haberlo pensado —mi voz sonó molesta, porque realmente lo estaba.
—Sí, y lamento no hacerlo. —"ya lo dijiste una y otra vez" quise decirle, pero me aguanté —Cuando le dije al chico la mentira, me sentí muy culpable instantes después. Me pidió, o más bien me exigió hablar con Bella por una explicación. Lo corrí, excusándome que Bella ya no lo quería ver y que había alguien más en su vida. Edward intentó aguantar sus lágrimas, pero no lo logró. Un momento me sentía terriblemente mal por él y en otro, se había derrumbado en mis brazos; yo le di consuelo. Él me pidió apoyo, pero no sabía que el verdadero villano de la historia era yo.
—Fuiste un bastardo —mascullé con algunas lágrimas en mis ojos.
—Lo sé, y lo lamento —volvió a decir.
—Con lamentar no resuelves nada —le acusé.
—Quisiera arreglarlo, pero no puedo —respondió con pesar.
—¿Por qué no? —pregunté exaltada.
—Edward no será feliz con Bella —susurró débilmente.
—¿Eso como lo sabes tú? —le reté.
—Simplemente lo sé —contestó con sencillez.
—Te equivocas —le acusé.
—Por mi culpa no tienes padre; lo lamento —su voz era cada vez más baja.
—No lo hagas —Ya no quería escucharlo lamentarse; no serviría de nada.
—Perdón. Discúlpame —rogó de nuevo, sin haberme escuchado.
—Mi madre te perdonó, pero yo no lo haré —le respondí con la verdad. No me servía de nada perdonarlo cuando en el fondo lo culpaba de todo.
—¿Por qué?—interrogó agónico.
—Me quitaste a mi papá —respondí con un encogimiento de hombros a pesar de que no podía verme.
—Intenta perdonarme —pidió.
—¿Perdonar a la persona que hizo que pierda a alguien que es importante para cualquiera? —Entrecerré mis ojos y fruncí el ceño —Hasta este instante no sé lo que se siente tener a un padre. —Empecé a gritarle sin contener mi enojo —Todo este tiempo he vivido bajo una mentira; creyendo que él era un patán y que había abandonado a mi madre como si fuera basura pero ahora… me doy cuenta que el único patán siempre has sido tú: fingiendo ser un gran abuelo al que podía admirar, o verlo como si fuera un padre; simplemente un mentiroso —le acusé descaradamente.
—Nadie dijo que Edward había abandonado a Bella… Nadie te dijo eso —se defendió torpemente.
—Pero tampoco hiciste algo para desmentirlo —espeté.
—No hay nada que pueda hacer para arreglarlo, ¿cierto? —preguntó, cansado.
—Si lo hay… —pensé rápidamente. Tenía que ayudarme, de todos modos él había provocado todo esto.
—¿Hacer qué? —interrogó.
—Ayudarme a buscarlo —contesté sin dudar y con decisión.
—Estoy demasiado viejo para ello —se excusó.
—Por una vez en tu vida, ayúdame a tener un papá, mi verdadero padre —grité por el teléfono.
—¿Pero cómo te ayudaré? —preguntó en ruego.
—Tú tienes que averiguarlo —con eso, colgué suavemente.
—Fuiste muy dura con él —susurró Sam detrás de mí. Di un pequeño brinco; me había sorprendido.
—¿Lo crees? —pregunté bajito.
—Sí, pero a la vez tienes mucha razón —concordó.
—No quiere ayudarme a buscarlo —murmuré descontenta.
—Ya lo pensé, y mi madre puede llevarnos a Chicago; ella quiere saber cómo terminó la historia de Bella —dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
—Pero, ¿Qué le diremos a mi madre? —pregunté un poco más tranquila.
—Podríamos… —dudó al decirlo, pero prosiguió —podríamos decirle que iremos a visitar a tu abuelo Charlie en Arizona —alzó las cejas en busca de aprobación.
—Ella hablaría con mi abuelo, y se daría cuenta de la mentira —hice una mueca de disgusto.
—Él debe ayudarte —su sonrisa era cínica, pero me gustaba la idea. Era la coartada perfecta.
—¡Mamá! —Grité esperando que me escuchase —Tengo que ir a ver al abuelo Charlie para hablar.
Una sonrisa fue dibujándose en mi cara.
Iría a Chicago.
.
—Pero sigue habiendo escuela, Ness —se quejó Alec, encontrando otra escusa para que me quedara en Forks.
—Lo sé, pero quiero verlo… y entre más rápido, mejor —me dolía tener que dejarlo, pero ver a mi papá era más importante que un chico.
—Iré contigo —ofreció.
—Lo más seguro es que te aburras… —comencé a decir, pero me interrumpió.
—¿Acaso importa? Solo quiero hacerte compañía —me hizo sonreír ampliamente, era muy tierno.
—Para eso tengo a Sam —intenté defenderme, pero estaba nerviosa y la voz me tembló.
—Pero Sam no se parece a mí. Déjame ir contigo —pidió.
—Eres insistente —mascullé con fingida irritación.
—¿Eso es un sí? —preguntó esperanzado, tomando mis mejillas.
—No —su brillo en sus ojos azules, se fue apangando de a poco —Esto es un sí —me incliné para darle un pequeño beso en sus labios y disfrutar del momento juntos.
.
—¿Ya tienes el equipaje listo? —preguntó mi madre inclinada en el marco de la puerta de mi habitación.
—Claro, solo falta que me llame Rosalie y salgo —dije distraídamente mientras apagaba mi computadora.
—Espero que arregles todo con tu abuelo —dijo con una sonrisa de esperanza.
—Yo también —mascullé culpable "Calma, Ness; en navidad podrás verlo y arreglar todo" me animó una voz en mi interior.
—Lamento no poder ir contigo; tengo una junta con la editorial y firmar varios papeles… —eso me hacía sentir peor. No quería que ella fuera para que no descubriera lo que haría.
—Tranquila. Entiendo; Rose me llevara —dije contenta.
—Mi niña está creciendo —Ok, eso no me lo vi llegar. Abrí mis ojos como platos al ver que mi madre comenzó a sollozar y acercarse a mí.
—No te preocupes mamá —"¿Por qué demonios estará llorando?" pregunté en mi mente.
Madres masculló otra voz en mi interior, contestándome.
Claro, el amor maternal tenía que ser.
—Prométeme que no harás nada malo —dijo entre sollozos.
—Lo prometo —la envolví en mis brazos, sintiéndome torpe al no saber qué hacer.
—Y también prométeme que seguirás siendo virgen cuando vuelvas a casa —¿Qué?
Abrí mis ojos más, espantada por lo que decía —¿Qué quieres decir?
—Alec irá con ustedes, y no quiero que hagan cosas que no estaría orgullosa de ver.
Ni si quiera había pensado en eso… Esto era tan… vergonzoso.
Mis mejillas empezaron a sonrojarse fuertemente, en realidad, nunca había tenido la plática de sexo con mi madre, y tampoco la quería tener en este momento y gracias a Dios, una bocina sonó desde afuera.
—Esa deber ser Rosalie. Me tengo que ir. Adiós, mamá —le di un beso en la cabeza, y me separé de ella.
Bajé las escaleras como alma que lleva el diablo; tenía que escapar antes de que me diera la "charla"
Cuando vi el coche de Rose, ahí estaba ya Alec listo, sentado en la parte trasera del convertible.
—¿Por qué huyes? —gritó riendo Sam.
—Cosas… de madre a hija —no pude evitar el maldito rubor que se fue extendiendo por mis mejillas. Me senté en la parte trasera junto a Alec, y Rose arrancó el auto.
—Ya sé de que debieron haber hablado —insinuó Rose soltando una carcajada.
—¿De qué mamá? —preguntó Sam, divertida.
—De… —por favor Dios, que no lo diga, que no lo diga, que no lo diga —sexo —susurró suavemente —Genial, ni si quiera Dios escuchaba mis plegarias.
—Asco —Sam fingió un escalofrío. En cambio, Alec se ruborizó profundamente.
—¿Por qué eres así Rose? —pregunté más para mí, desesperada.
—Vamos, es divertido —dijo, colocándose los lentes de sol.
—Para ti —entrecerré los ojos.
—Sam y yo ya la tuvimos, así que en vez de decir "Asco" tendría que tomar el tema serio —"y tú no deberías de reírte", pensé.
—Pero Bella era tan… liberal —Sam lo dijo algo espantada —Quien sabe que le habrá dicho a Ness —"Como si Rosalie no hubiera sido liberal" pensé y rodé los ojos.
—Al menos no estoy traumada, ¿cierto? —pregunté descaradamente hacia Sam. Ella sabía que me refería a cuando vio a sus padres tener sexo.
—¿Traumada de qué, Ness? —preguntó Rose perdida.
—Oh, que Sam te diga —Sam no abría la boca y cerró los ojos fuertemente —Vamos Sam, cuéntale a Rose de aquello —dije la última palabra con un tono insinuador.
—Sí, cuéntame —apremió Rose.
—De… —Sam empezó a tartamudear torpemente. Era tan adorable verla así.
—¿De…? —preguntó Alec, curioso.
—De ti y papá, en la cocina. —Rose no entendía; "esto se pondría bueno" pensé con una gran sonrisa —Jarabe de chocolate. —Sam se sonrojó como un tomate —En la barra de la cocina. —tenía que admitir que nunca había escuchado exactamente cómo los vio —Haciendo…
Rose seguía sin entender, y siguió insistiendo.
—No te comprendo, cielo; vuélvelo a decir. —Sam tomó una profunda respiración.
—Papá y tú teniendo sexo en la barra de la cocina. Estabas cubierta de jarabe para choco… —Rosalie la cortó antes de que Sam terminase.
—Por dios, ¡detente! —gritó con las mejillas sonrojadas. Sam soltó el aire retenido, y se sintió aliviada.
No pude evitar mis pequeñas risitas.
—No es divertido —masculló Sam.
—Rose sabe que si —se burló Alec.
—¡Basta! —Rose se veía bastante avergonzada, pero no se veía molesta o algo parecido.
—Y no fue solo una vez —insinué.
—Ness —murmuró Rose.
—Cuéntale, Sam —animé burlonamente.
—Por Dios, no —suplicó Sam.
—Sí que debe estar traumada —susurró Alec.
—No lo digas, Sam —pidió Rosalie.
—Claro que no lo haré, ¿me crees capas? —preguntó histérica Sam.
—No, claro que no, cariño —dijo con calma Rose.
—¿Crees que diré la vez que los encontré en el Jeep, o cuando estaban jugando futbol sin ropa en el jardín, o acaso cuando creí que tú te estabas bañando sola y no con mi padre en la ducha y pase solo a lavarme la cara y los encontré en plena acción…? —antes de que Sam dijera algo más, Rose soltó el volante y le tapó la boca.
—Lo estás haciendo en este momento —susurró Rose.
Esto era divertido.
—Ups, perdón mamá —dijo Sam avergonzada. Rose volvió a tomar el volante, se acomodó un poco y empezó a decir:
—Pero no olvidemos que la canción de cuna de Nessie son golpes en la pared y unos gritos que dicen "Oh, sigue cariño. Eres la gloria. Me estoy corriendo"
—¡Ya! —grité desesperada. Sólo había sido una vez que ocurrió eso; tenía 13 años y para callarla tuve que tocar la puerta y gritar "Intento dormir; deja de gritar, mamá" En el momento no sabía muy bien lo que eran esas cosas, pero con el tiempo crecí y me di cuenta de la terrible verdad.
—¿Verdad que no es lo mismo? —preguntó cínicamente Sam.
—Claro que no es lo mismo —respondí molesta.
—Eso nos enseña a no hablar de sexo frente a las madres o contar la vez en la que vieron a sus padres tener sexo… —espetó Rose, poniéndole punto final al asunto.
Ahora que lo pienso, Alec se debió haber divertido bastante.
Idiota y suertudo.
El resto del viaje hacia el aeropuerto de Seattle fue tranquilo, bueno, se podría decir tranquilo, pero no lo fue teniendo a una avergonzada Sam, a una Rosalie enojada, a un Alec cagándose de la risa y a una Nessie ansiosa por llegar a Chicago.
Sí, creo que no fue tranquilo.
Ya en el avión, pude hablar con Alec.
—Así que… ¿disfrutaste de nuestras vergüenzas? —pregunté con sorna.
—Claro, nunca había imaginado nada de eso. Cielos, Rosalie es tan divertida… —se rió a carcajada suelta.
—Pero ahora, —murmuré suavemente —me dirás tu experiencia en esto.
—¿A qué te refieres, Ness? —toda la alegría despareció de su rostro.
—Vamos… Eres un hombre —pensé en la palabra correcta y di en el blanco —experimentado.
—¿En el sexo? —preguntó cuidadosamente.
—Si quieres podemos hablar de eso, o de las cosas que te han dejado traumado; elije el primero que quieras —le ofrecí descaradamente.
—Esto es incomodo —murmuró para sí.
—¿Cómo crees que me sentí en el auto? —le reté.
—Ok, ok —pensó un momento y empezó a decir en susurros —Una vez vi a mi madre haciéndole sexo oral a un tipo. Fue bastante asqueroso —verlo tan avergonzado me dio tanta risa, y solté mis carcajadas.
—Eres cruel —me acusó.
—Lo sé, lo sé —acepté cínicamente.
—¿Y si es cierto que escuchabas cosas sucias? —preguntó muy curioso.
—Solo fue una vez —aclaré —y fue cuando tenía trece años.
—Interesante —murmuró con una sonrisa enorme.
—Y vamos, cuéntame de tu primer beso —dije animada.
—Es raro contártelo —murmuró, incómodo.
—¿Qué tiene de malo contárselo a tu novia? —pregunté, entrecerrando los ojos.
—¿Quién dijo que eras mi novia? —preguntó seriamente y con el ceño fruncido. El ánimo se esfumó y empecé a sentir mi garganta arder cuando él dijo —Es broma —y estalló en carcajadas.
—Estúpido —acusé molesta.
—Pero la verdad, es que aún no te lo pido; así que oficialmente no lo somos —eso me confundió.
—¿Cuándo me lo pedirás? —pregunté cautelosa.
—En una lugar especial, y sabiendo que será mágico —mi novio era todo un cursi, ups, perdón; mi novio no oficial era todo un cursi.
—Bueno, ¿cómo fue tu primer beso? —pregunté dejando el tema a lado.
—Fue… —empezó a decir —corto. Para ser exactos, fue jugando la botella cuando iba en tercero de primaria —"tan chiquito y tan precoz" pensé, risueña —No recuerdo el nombre de la niña; no me gustaba, así que se lo di rápido —terminó sencillamente.
—Pensé que sería más divertido —murmuré con fingida decepción.
—¿Y tú? —preguntó.
—Fue contigo —dije satisfecha.
—¿En serio?
—Claro, ¿se notó? —le reté.
—Me sorprende, eres linda y apenas diste tu primer beso —ignoró mi pregunta, pero me halagó lo que dijo.
—Gracias —estaba sonrojándome —¿Y has pasado de segunda base?
—¡Ness! —Gritó, nervioso —eres una chismosa.
—Vamos —apremié.
—Solo una vez —empezó a sonrojarse profundamente —toqué los pechos de una chica en tercero de secundaria. Eso fue todo —acabó rápidamente.
—Bueno, al menos eres virgen igual que yo —dije contenta.
—¿Qué? ¿Acaso te preocupaba que te pegara una enfermedad si llegáramos a tener sexo? —preguntó desvergonzadamente y con sorna.
—No, pero me preocupaba que dijeras que no tuviera experiencia —la expresión de Alec cambió por completo, parecía entre enfadado y ofendido.
—¿Por qué las chicas piensan que somos así? —preguntó demasiado irritado y algo sorprendido.
—¿Qué quieres decir?
—Que piensan que los chicos somos iguales y por lo tanto, pensamos igual —aclaró.
—Yo nunca dije que eres igual a los demás chicos —me defendí.
—Pero lo pensaste —acusó con las cejas alzadas.
—Claro que no —negué con la cabeza.
—Vamos, ¿crees que todos pensamos en si una es experimentada o algo así? —preguntó ceñudo.
—Sí, la verdad sí. Sólo piensan en sexo —acusé.
—No, no sólo pensamos en eso. A parte, me vale madres si eres virgen o no —espetó con los brazos cruzados.
—¿Qué hubieras dicho si te dijera que no soy virgen? —reté con una ceja alzada.
—No me habría sorprendido; eres linda, y una chica tierna. Cualquiera se enamoraría de ti —a pesar de estar molesta, sus palabras me suavizaron.
—¿Pero qué habrías dicho? —pregunté un poco más seria. Él se puso nervioso y se ruborizó.
—La verdad, creo que me habría dado curiosidad morbosa, así que te habría seguido preguntado… sobre… tú ya sabes, —tomó un gran respiro — preguntaría sobre tu experiencia.
Pensé en lo que dijo, y yo también tenía más curiosidad sobre cómo tocó los pechos de una chica, pero me sentía demasiado avergonzada para preguntar. Será morboso, pero hay una curiosidad extrema en ello.
—Te creo —dije satisfecha.
—Está bien… ¿pero en verdad piensas que me importa que no seas experimentada? —preguntó serio, pero ésta vez, lo dijo sin un rastro de enojo.
—Sí lo pienso; creo que todos los chicos se la pasan diciendo que se acostaron con una chica después de haber tenido sexo. No son discretos, y presumen demasiado —respondí esperando a que la bomba explotara.
—Es un estereotipo estúpido —declaró Alec.
—¿Solo dirás eso? —pregunté sorprendida.
—Mira, es como si yo dijera que todas las chicas son zorras; no todas son así, así que no puedo juzgar a todas sólo por una persona. Y hablando al respecto, ¿alguien dijo que se acostó contigo o qué ocurre? —fue directo al grano.
—¿Cómo lo sabes? —Pregunté ceñuda, él sólo rodó los ojos —Bueno, fue cuando entré al instituto; no tenía novio ni nada por el estilo, pero un tal —la furia se quedó atorada por un momento en mi garganta; sentía la bilis en la boca —Kevin, dijo que se había acostado conmigo, y que yo era una completa zorra —una lagrima se me iba a escapar, pero la detuve a medio camino —Fue tan molesto… por eso ninguna chica me habla; piensan que es cierto, y eso pasó hace un año. No lo han superado.
—Nunca había escuchado eso —espetó Alec.
—No importa; ese maldito rumor me hizo darme cuenta que varias personas del instituto se dejaban llevar por los rumores —me encogí de hombros. En su tiempo, había sido difícil; pero Sam me había ayudado a mandarlos a la verga; no debía hacer caso a algo que sé que no es cierto.
—Siento no haber estado en ese momento —se lamentó Alec.
—No tienes por qué hacerlo; yo tampoco te hablaba, pero me alegro de haberlo hecho —le regalé una sonrisa que no me llegó a los ojos.
—Te quiero, Ness —susurró para besar mi mejilla suavemente —Descansa, será un viaje largo —me abrazó y yo me dejé llevar, esperando que el sueño me ganase.
.
—Ness, despierta —llamó Alec, agitando un poco mi brazo —Ya casi llegamos, y tienes que ver esto —dijo suavemente.
Asomé mi cabeza por la ventanilla y estaba Illinois de día, un hermoso lugar. Se veían los lagos y los bosques que lo rodeaban.
—Increíble —susurré sorprendida.
—Sí que lo es —concordó Alec.
Me quedé admirando aquello por un largo momento, hasta que Alec me interrumpió.
—¿Conoces a Benito Camelo? —preguntó, ¿Qué?
—¿A quién?
—A este —respondió tocándose la polla encima del pantalón.
Cerré los ojos alterada, ¿otra vez lo había hecho? Solo que, de nuevo, no había entendido el albur. Sam se acercó a nuestro asiento.
—Bajen la voz; quiero dormir —se quejó, somnolienta. Estaba a punto de volver a su lugar, cuando la detuve.
—Espera, ¿Cuando te preguntan si conoces a Benito Camelo, cuál es el albur? —Sam soltó una risita y rodó los ojos.
—Ben-i-tócamelo —respondió separando las sílabas para que entendiera. Entrecerré los ojos; lo peor de todo esto es que no he aprendido a responder a los albures.
—Pervertido —mascullé en cuanto Sam se fue.
—Vamos, es divertido; y deberías de aprender a contestar antes que te hagan uno —acusó gracioso.
—Idiota —rodé los ojos.
—¿No me digas que otra vez harás tu drama? —Lo vi con ojos furiosos, pero él se veía divertido y no pude evitar reírme de su expresión —Eres bipolar —murmuró soltando risas.
—Es que no me puedo enojar cuando te ríes —me quejé.
—Pues no te enojes —dijo haciendo un pucherito.
—Favor de abrocharse los cinturones, en unos momentos aterrizaremos —dijo la voz de una aeromoza por el alto parlante.
.
Minutos después, ya estábamos en un taxi dándole la dirección de la escuela de Música al conductor.
Me encontraba temblando de arriba abajo, un sudor frío se escurría por mi frente y me mordía las uñas como si mi vida dependiera de ello. Nerviosa era quedarse corto.
—¿Qué le diré? —pregunté, alterada.
—Ya lo habíamos dicho: Te inscribes para clases en dos semanas, excusándote que son de prueba o son sueltas; obviamente a piano y pide al profesor Masen; cuando estés frente a él, empiezas a practicar y sacas preguntas sobre sus gustos —dijo con voz monótona Sam.
—¿Y si no funciona? —pregunté preocupada.
—Funcionará —alentó Alec.
—Aquí es —dijo el taxista.
—Gracias —Sam le pagó y salimos para ver a un enorme edificio con letras musicales en frente de nosotros.
—Cielos —murmuré, asombrada por el local; no me imaginaba que fuera tan… tan grande.
Un chico güero, con el cabello negro y lindo —tenía que admitirlo aunque estuviera con Alec. Aunque el chico iba vestido como si fuera abuelito: camisa blanca y chaleco de rombitos— salía del aquél lugar.
No iba a darle importancia, hasta que vi a esta Sam embobada viéndolo —Es… lindo.
Sam nunca decía eso de ningún chico, ni si quiera se quedaba observándolos durante tanto tiempo. Lo miré detenidamente, en realidad, era lindo pero se vestía de una manera que se veía… teto. Fruncí el ceño, ¿Había escuchado bien a Sam?
—¿Sam? —la llamé, pero ella seguía perdida.
—¿Por qué no vas hacia él? —preguntó Alec, palmeándole la espalda.
—Es que… —Sam empezó a tartamudear muchas veces; se veía, adorable.
—Ve por él —la animé.
Sam caminó hacia aquel chico con un profundo sonrojo.
—¿Disculpa? —El chico tardó en reaccionar, pero en cuanto vio a Sam, se sonrojó profundamente —¿Es esta la escuela de música Bach? —"Por Dios, es demasiado obvia" pensé. Quería ayudar a mi amiga, pero Alec me detuvo.
—Bueno, no estoy seguro, creo que te confirmaría leer el gran letrero enfrente de ti —dijo burlonamente el chico.
—Niño de mami —masculló Sam. Sé que fue difícil para ella, pero me dio bastante risa verla enfurruñada.
—Oye, ¿te conozco o de donde sabes mi apodo? —al parecer al chico se le había zafado esa, ya que se tapó la boca y se sonrojó.
—En realidad, no soy de aquí; por eso no sabía si esta era la escuela —dijo con un poco de irritación y diversión; era raro ver a Sam con esas dos emociones juntas, en realidad, nunca la había visto así.
—Oh, lo siento; debería darte la bienvenida, ¿de dónde eres? —Cielos, estaba empezando a creer que era una completa chismosa, y que Alec no se quedaba atrás.
—Washington —Sam sonrió ampliamente.
—Muy lejos, ¿a qué instrumento te inscribirás? —preguntó el chico.
—Yo no tocaré ningún instrumento —dijo Sam como si fuera obvio —mi amiga vino a clases de prueba —Sam me señaló; yo alcé mi mano en señal de saludo.
—¿Por qué tan lejos? —preguntó con una ceja alzada el chico.
—Cosas… personales —Sam hizo una mueca.
—Entiendo… —murmuró el chico distraídamente, de repente, chocó su palma contra su frente —Se me olvidaba, me llamo Austin Whitlock —extendió la mano para tomar la de Sam y llevársela a los labios, luego para soltar un leve beso. Sam se sonrojó profundamente, y no faltó su sonrisa de boba enamorada.
—Samantha McCarthy —respondió Sam con una amplia sonrisa.
—¿Necesitas que te enseñen la ciudad? —preguntó Austin aun con su mano sosteniendo la de Sam, cerca de su cara.
—Sé cuidarme sola —Sam necesitaba ayuda para esto, es demasiado despistada.
—¡Acepta, Sam! —grité sin pensar; ella se sonrojó profundamente y Austin simplemente soltó una pequeña risita.
—¿Qué dices? —preguntó el chico con la voz temblándole.
—Que me invites a comer; en el vuelo no dieron nada y estoy que muero —Sam soltó su mano para llevarla a estomago. Ésa era la Sam que conocía; la quien le valía lo que pensaran los demás por sus ocurrencias y muy confiada.
—Claro —sonrió ampliamente Austin —solo que...acompáñame a sacarle copias a estas notas —señaló los papeles que tenía en la mano.
—¿El chico de las copias? —preguntó Sam, divertida.
—Algo así —y así se fueron a la papelería que no veía por el camino.
—Sólo quedamos tú y yo —susurró a mi oído Alec.
—Y dentro de poco, solo yo —subimos los escalones, y entramos a la oficina.
—Alice Brandon, ¿Qué se le ofrece? —preguntó una señorita detrás de un escritorio; sus cabellos eran revueltos, y por alguna razón se parecía bastante a Austin.
—Quisiera ver si puedo tomar clases de prueba —murmuré nerviosa.
—Claro que sí, pero te costaría más que pagar por el mes —dijo tecleando varias cosas en su computador.
—No importa; clases sueltas quiero —esta vez, soné más segura.
—¿En qué instrumento? —preguntó distraídamente.
—Piano —respondí.
—¿Horario?
—A cualquier hora podría.
—Ok, su profesor sería… —leyó una lista y encontró el que buscaba: —Bree Tanner.
—¡No! —grité, horrorizada.
—¿Disculpa? —la señorita soltó una risita, al parecer se le hizo gracioso.
—Leí su página de internet, y me interesó el profesor Edward Masen —dije titubeante.
—Lo siento, pero él está muy ocupado —dijo checando otros horarios.
—Vamos, debe haber un vacante —su teléfono del escritorio comenzó a sonar.
—Espera un momento —me dijo apresurada.
—¿Bueno? —Llamó por la línea —Ah, hola, Ed.… No, no estoy tan ocupada —rodé los ojos ¿Qué no me estaba atendiendo? —Espera, espera, ¿por qué? Es una excelente alumna; es de las que paga puntual… ¿acoso sexual? ¿Por qué no lo habías dicho antes?... Claro, claro. Hey, espera, ¿tienes espacio para darle clase a alguien más? —preguntó, viéndome, ¿Cuánto se tardaría? —Genial. Al parecer, tienes admiradores. Bueno, adiós, Jazz te espera para cenar. Nos vemos —al fin cortó la llamada.
—¿Y bien? —pregunté con una gran sonrisa e intentado no fruncir el ceño.
—Al parecer, El profesor Masen tiene espacio para una alumna más —dijo con tono profesional. Yo solté un grito y abracé a Alec. Al darme cuenta que estaba en un lugar público, me acomodé y voltee a ver a la señorita, la cual estaba muy sonriente.
—Estupendo —le dije a la señorita.
—Muy bien, ¿Cuántas clases quieres que te den? —preguntó.
—¿Podría ser todos los días durante estos quince días? —preguntó esperanzada.
—Claro que si… —tecleó en una calculadora unos números y rápidamente dijo: —Serían 375 dólares, a veinticinco la clase —casi me desmayo cuando dijo la cantidad; era mucho dineral, tendría que pagar con la de crédito, no traía tanto en efectivo.
—¿Acepta tarjeta? —mi sonrisa no se apagó en ningún instante.
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Rosalie nos veía ceñuda a Alec y a mí desde el comedor del Hotel.
—¿No harán nada? —preguntó sorprendida.
—¿A qué te refieres? —levanté mi cabeza del pecho de Alec para verla mejor.
—¿No se besaran?, ¿No tendrán sexo?, ¿No intentarán nada? —sonó totalmente sorprendida. Mi sonrojo no se hizo esperar, y mucho menos el de Alec.
—¡Rose! —grité mostrando mi incomodidad.
—No tiene nada de malo, me sorprende que no sean… precoces —dijo con los ojos como platos; me sonrojé aun más si era posible.
—Que aburridos son. Yo a su edad ya… —gracias a Dios la puerta se abrió e hizo que interrumpiera a Rose a punto de contar una de sus experiencias sexuales.
—¡Me siento… bien! —juraría que Sam se acababa de drogar; sonaba demasiado relajada.
—¿Sam, te drogaste? —preguntó horrorizada su madre; al parecer, yo no era la única que lo pensó.
—Seee… —contestó de una forma muy extraña.
—Oh, por Dios, ¿con qué? —pregunté apresurada.
—Con el amor —sonaba ridículo en una situación así, pero me hizo reír bastante.
—¿El amor de quién? —preguntó alzando una y otra vez las cejas Alec.
—De… Austin —tomó un gran respiro, como si transpirara algo.
—¿Sam enamorada?, ¿Qué pasó hoy? —preguntó totalmente perdida Rose.
—Conoció a un chico —dije con una boba sonrisa en la cara; estaba muy feliz por Sam, nunca la había visto así por algún chico.
—Sorprendente —susurró Rose contenta.
—Iré a bañarme y a dormir, me he cansado mucho —Sam no había dejado su tono de "estoy-drogada" pero a pesar de eso no importó mucho, ya que mañana le preguntaría después de ir a practicar el piano.
Sería un día largo.
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Esa mañana desperté totalmente ansiosa; vería por primera vez a mi padre en carne viva. Esto era totalmente desconocido para mí; pensar que hace menos de unos meses, creía que a mi padre no le importaba y que había abandonado a mi madre, ahora pensaba que era totalmente absurdo.
La única pregunta que tengo es… ¿por qué mi madre no buscó a Edward? Ese tipo de preguntas se arremolinaban en mi mente, ¿en verdad lo habrá querido? ¿O mi abuelo Charlie tenía razón? Eso no lo sabía, pero al menos estaba seguro que mi padre me quería.
Tardé mucho para arreglarme; traía maletas repletas de ropa para éste viaje y ninguna prenda se me hacía adecuada para la primera vez que vería a mi padre… ¿debía vestirme como si me gustara el rock; de gótica? ¿O como si mi pasión fuera la música clásica, vestida de una forma como el tal Austin; de camisas y chaleco de rombitos?
No traía nada de ese tipo, pero con solo pensar qué le parecería a mi padre, me ponía nerviosa.
Sam entró a la habitación.
—Dice mamá que el desayuno está listo —se sorprendió al verme en ropa interior —¿Aún no te vistes? —negué con la cabeza y contesté:
—No sé qué ponerme, ¿debería ir de gótica o clásica? —pregunté nerviosa.
—Sólo debes ser tú misma; si vas a fingir que eres otra persona con tu padre, no vale la pena ir a verlo —susurró colocando sus brazos en mis hombros. Sonreí tímidamente, me había sorprendido que Sam hablara así, pero tenía razón.
—Gracias —la abracé y se alejó para que me vistiera cómodamente.
Minutos después me encontraba con Sam frente aquella escuela de música; ella esperaba a Austin, mientras yo esperaba que dieran las nueve y media.
—¡Ahí está! —gritó Sam emocionada. Me puse nerviosa, esperando ver a mi papá en donde señalaba, pero me equivocaba, era sólo Austin.
—Me has dado un gran susto —mascullé algo molesta.
—¿Verdad que es lindo? —preguntó Sam admirándolo e ignorando mi comentario.
—Sí lo es, pero no sé… ¿no crees que es algo… niño de mami? —pregunté bajito.
—Lo sé pero… es tan caballeroso; como si lo hubieran hecho a la antigua —sonrió bobamente.
—Lo que digas Sam —Austin se nos acercó.
—Renesmee, —asintió con la cabeza hacia mi dirección —pensaba llevarme a Sam, si es que no te molesta —creo que me había pedido permiso o algo parecido; por completo, Austin era muy extraño.
—Claro que te la puedes llevar; yo estoy esperando a que inicie mi clase —sonreí en dirección al edificio.
Austin tomó la mano de Sam y se la llevó a la boca, besando parte de sus dedos. Sam soltó un suspiro tiernamente.
—Mi madre quiere verte —susurró Austin; Sam se sonrojó profundamente.
—¿En serio? —preguntó.
—Claro, y si quieres, lleva a tu amiga; sería para la comida —Oh, esto estaba siendo algo serio.
—¿Vas a ir, verdad Nessie? —preguntó Sam con un brillito en sus ojos.
—¿Por qué no? —pregunté con una sonrisa.
—Bueno, nos vamos. Nos vemos después —se despidió Sam, tomando la mano de Austin y arrastrándolo escaleras abajo.
Creo que se veían tiernos.
Volteé a ver mi reloj y eran las nueve veinticinco, entraría ahora, no aguantaría ni tres minutos más, sino, explotaría.
Entré por la puerta, y la señorita Brandon me saludó desde su escritorio, yo le sonreí devuelta, y me dirigí al salón B-1.
Antes de girar el pomo de la puerta, dudé en hacerlo; me encontraba temblando, con las manos sudando, el corazón latiendo una y otra vez, y mi respiración entrecortada."A esto vine" Cerré los ojos, girando el pomo y entré en aquella habitación. Abrí mis ojos lentamente, y lo primero que vi fueron unos ojos llenos de tristeza, con un intenso color esmeralda.
—Tú debes de ser Nessie —dijo el dueño de aquellos ojos.
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*Es una hoja que se encuentra en la caja de recuerdos de Bella; la había escrito esperando ponerla en el diario, pero preferí que fuera como anexo. El poema lo saqué de un libro de pensamientos de amor, no tiene autor.
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¡Hola!
¿Me extrañaron? D: Bueno, me tardé porque la verdad, he estado leyendo libros más que escribiendo; a veces también escribía otros fics o One-shots, pero ¡aquí estoy! Con un capitulo que me hizo acelerar el corazón y decir, ¡SIGUE! Ja, ja… El próximo capítulo es el que me hizo escribir el fic; fue el inicio de esta loca idea :D y por lo tanto, será el capítulo más ansiado para mí.
Pronto llegará el final y ¿saben?, extrañaré los personajes y lo peor es que no quiero que termine :S
Quería mencionar algo que me tiene como que angustiada; si dejas de leer la historia, avísame, para saber si ya perdí la esencia que tenía al principio. Eso me haría un gran favor ;)
LAS INVITO A QUE PASEN A MIS DEMÁS HISTORIAS, PRINCIPALMENTE LAS QUE ESCRIBO CON AnNelice' Y Javii-firsst, LOS LINKS EN MI PERFIL :D
PREGUNTAS EN COMÚN:
¿Cómo será Edward con Renesmee?
¿Charlie tendrá razón?
¿Edward está casado o tiene novia?
¿Sam dirá cómo es Austin?
¿Qué pasará?
¿Cuándo le dirá Nessie a Edward que es su papá?
Respuestas en el próximo capítulo, titulado: LOS AÑOS PERDIDOS
Bueno, agradecimientos a Isa_Culle_Pattinson_Volturi, quien sigue mis historias desde hace mucho, ¡besos, chica!
¡Y gracias a ti por leer mis porquerías XD!
¡Biie..!
Gely
