Acto X. Mi respuesta eres tú…

Las palabras que su abuelo había pronunciado para él antes de dejarlo volver a Japón seguían repitiéndose en la mente de Yurio como una suerte de maldición profética que no hacía más que torturarlo dentro de su cabeza. Porque su abuelo no se había sentido feliz al saber que Yuri Katsuki y él por fin estaban juntos y aquello había decepcionado al joven de los ojos verdes a tal grado que, después de asegurarse de que Nikolai Plisetsky estaría bien, había decidido volver a Japón donde le correspondía estar porque no tenía gana alguna de seguir escuchando cosas que lo herían profundamente porque quizá lo que su abuelo le había dicho era verdad, una verdad que él quería negar hasta las ultimas consecuencias.

El joven volvió a sentir que una daga se hundía en su corazón cuando a las palabras de su abuelo se unió también la imagen de aquella escena en la que Yuri y Victor habían bailado para todo el mundo como si nadie más existiera en aquella habitación salvo los ojos de los dos. Porque Yurio se había dado cuenta de la perfecta sincronía que existía entre aquellos dos cuerpos, dos cuerpos que se conocían ya piel a piel y aquel pensamiento hizo que las tripas del rubio se revolvieran de un modo inhumano.

No. No podía ser. Yuri no podía estar enamorado de la zorra. Sí, era más que obvio que Victor tenía sentimientos por el Rey Cisne pero Yuri no ¿o sí? No, claro que no. Pero si no era sí ¿Por qué Yuri había bailado con él una vez más sin que nadie tuviera que pedírselo? Si Yuri no sentía nada, ¿Por qué su mirada se perdía de aquella forma en los ojos de Victor quien parecía feliz, feliz de ver que sus sentimientos eran correspondidos? Si Yuri no sentía nada por Victor ¿Por qué él ni siquiera se había dado cuenta de que Yurio había llegado ya y que su corazón estaba muriendo de miedo?

Porque si Yuri había descubierto ya que en su corazón había algo por Victor y Yurio no era lo suficientemente ingenuo para seguir pensando que no pasaba nada entre esos dos ¿qué sería de él? ¿Yuri rompería con él aquella noche cumpliendo de una vez la profecía que su abuelo le había hecho?

-Nadie puede obligar al mundo a que traiga la primavera cuando en él reina el invierno- había dicho Nikolai Plisetsky y aquellas palabras terribles resonaron en la mente del rubio quien tuvo que sostenerse del barandal dorado de las escaleras que estaba bajando con rumbo a la calle-. Lo mismo sucede con los corazones humanos, Yuratchka, no puedes forzar a Yuri a sentir un amor que jamás sentirá, al menos no por ti ¿entiendes?

-¿Por qué dices esto?- había respondido Yurio con un horror que no podía evitar- ¿Por qué no te sientes feliz por mí? ¿Por qué hablas cosas de las que no sabes? Tú conoces Yuri, abuelo. Tú lo conoces ¡Maldita sea!

-Y porque lo conozco sé que para él tú eres otro tipo de amor, no menos valioso pero sí más profundo- dijo el abuelo de Yurio sabiamente-. El amor que te une a ese chico es el tipo de amor que hace que una familia esté junta por siempre, ese es el amor que Yuri siente por ti y si sigues obligándolo a que pretenda sentir lo que no siente vas a herirlo a él y vas a herirte más a ti ¿Crees que no he visto como este amor te ha hecho daño? Desde que eres un niño, quizá desde la primera vez que viste a Yuri tu corazón ha sentido por él algo que se asemeja más a un capricho y puedo entenderlo, Yuratchka. Yuri ha sido tu Yuri toda la vida y temes que alguien lo aparte de ti pero alguien que te ama como parte de su familia no te dejará solo ¿entiendes?

-Yuri y yo somos otro tipo de familia ahora- dijo Yurio sintiendo que su corazón no podía tolerar las palabras crueles de su abuelo-. No entiendo por qué no te sientes feliz por los dos. Yuri me dijo que debía decirte que él está enamorado de mí ahora, él me lo dijo. Él no puede mentirme abuelo, él sabe que lo conozco y me hace tan feliz, de verdad se empeña tanto en hacerme feliz…

-Pero él no es feliz, no debe serlo- dijo Nikolai con una sonrisa triste que de pronto lo hizo parecer muy viejo y cansado-. Él debe sentirse culpable por no poder amarte. Él está aferrándose a ti del modo equivocado porque le has hecho creer que no puede seguir al lado tuyo sino de esta forma. Sé que has deseado la vida entera que Yuri te ame del modo en el que parece hacerlo ahora pero tú sabes que en realidad no será posible…

-¡Ya es posible, carajo!- dijo Yurio sorprendiéndose al notar que por primera vez en su vida estaba gritándole a su abuelo quien además de eso, tenía que soportar los dolores de su fractura de cadera que era la razón por la que estaba hospitalizado-. Te estoy diciendo que ya es posible y no quieres creerlo. Jamás pensé que tú de todas las personas del mundo pudiera decirme cosas tan crueles, no sé por qué estás haciendo esto abuelo…

-Te digo esto porque no quiero que salgas herido y no quiero que pierdas a la persona que más amas, no quiero que pierdas a tu mejor amigo- dijo Nikolai con paciencia-. Yuri es tu mejor amigo, Yuratchka, Yuri es como un hermano para ti y esa clase de amor no debe perderse, no debe pretender ser otra cosa si no puede serlo…

-Abuelo…- dijo Yurio con sus ojos verdes llenos de dolor.

-Tienes que liberar a Yuri de todo esto pero sobre todo, hijo, tienes que liberarte a ti- dijo Nikolai tomando la mano de Yurio entre la suya-. Tú también estás asustado de sentir amor por alguien real ¿No es así? Por eso siempre te has escudado en la fantasía de estar con Yuri porque te da miedo sentir algo real, algo tan fuerte y poderoso como lo que sentiste por Beka ¿No es así?

-¿Qué tiene que ver Otabek en todo esto?- dijo Yurio sintiendo que tenía que largarse de ahí para que las palabras de su abuelo no siguieran confundiéndolo más-. Cuando lo conocí yo no era más que un niño y…

-Y te enamoraste de él, Yura- dijo Nikolai con una sonrisa menos triste-. Te enamoraste de él y casi te olvidaste de Yuri ¿no es así? Otabek te hizo sentir extraño, Otabek te hizo ver que un mundo más allá de Yuri existía y eso te asustó ¿no es así? A veces los seres humanos somos muy complicados. La felicidad está ahí, al alcance de nuestra mano y sin embargo nos gusta dar rodeos innecesarios y confió que tu relación con Yuri sea uno de esos rodeos. Sé que me odias ahora Yuratchka, pero le prometí a tus padres que siempre cuidaría de ti y cuidar de ti incluye no mentirte. No puedo mentirte hijo, no puedo dejar que Yuri y tú se hagan daño, no después de verlos crecer juntos…

-Yuri y yo no nos hacemos daño- dijo Yurio levantándose de la silla al lado de la cama de su abuelo donde había permanecido quieto durante unos instantes-. Tengo que irme ahora, no puedo escucharte más, lo siento pero no puedo…

-Yuratchka…

-¡No, no me llames así si no puedes sentirte feliz por mí!- dijo Yurio tratando de no ponerse a llorar como bebé de pura decepción-. Deja de llamarme así, deja de fingir que te preocupas por mí cuando todo lo que haces es ser cruel conmigo…

-Estoy diciéndote la verdad, hijo y la verdad siempre tiene una veta cruel para todos los seres humanos- dijo Nikolai sintiendo que su corazón se partía por la mitad al ver a su nieto en aquel estado-. Pero si no quieres escucharme, entonces dejare que cometas todos los errores que quieras y cuando estés lastimado por ellos, me encargaré de ayudarte a sanar como cuando te caías en uno de los ensayos de danza…

-Yuri no es un error, deja de fingir que te preocupo- dijo Yurio comenzando a alejarse de su abuelo-. Yo solo quería que te sintieras feliz por mí, solo eso…

-Yuratchka…- dijo Nikolai sintiendo que ya no había nada más que decir- ¿De verdad quieres que me sienta feliz por ti cuando estás enredándote en una mentira que te hará mucho daño? Si eso quieres lamento decepcionarte pero no me es posible. Así que mírame a los ojos y dime que Yuri te ama de verdad, mírame a los ojos y dime que tú sabes que no hay nadie más en el corazón de Yuri y que por eso él es el único que puede hacerte feliz y entonces me uniré a tu dicha…

Las palabras se quedaron quietas en la punta de la lengua de Yurio mientras sus ojos verdes bajaban al suelo un tanto avergonzados porque era verdad, su abuelo tenía razón al decir que no podía mirarlo a los ojos sin sentir que estaba mintiéndole porque él también sospechaba a veces que el corazón de Yuri estaba en otro lado, que el corazón de Yuri había quedado atrapado para siempre entre las manos y los malditos ojos azules de la zorra Nikiforov.

Fue por ello que el joven Plisetsky había salido de la habitación de su abuelo sin decir nada más, sin despedirse de él, sin pensar más que en el dolor que sus palabras le habían causado. El chico había corrido al aeropuerto sin siquiera recoger la pequeña maleta que había llevado consigo de casa de su abuelo. No quería estar más ahí, no quería estar en un lugar donde la persona a la que él más amaba aparte de Yuri, claro, sentía lastima por él, lastima y no felicidad como hubiera deseado.

-¡Yura!- gritó una voz de pronto haciendo que Yurio detuviera su paso por la larga escalinata del salón que había estado bajando sumido en recuerdos que venían a él en contra de su voluntad.

El chico se detuvo porque aquella voz podía hacer que él hiciera cualquier cosa. Yurio detuvo su andar porque Yuri Katsuki estaba llamándolo y él no podía resistirse a esa llamada aunque lo cierto era que estaba enojado, asustado y muerto de celos una combinación que no auguraba nada bueno en realidad. Por eso simplemente se dio la media vuelta y espero a que Yuri llegara a él.

-¿Terminaste tu espectáculo con la zorra?- dijo el joven rubio haciendo que la sonrisa que se había estado formando en los labios de Yuri al verlo se borrara antes de completarse.

-¿Cuál espectáculo?- dijo el chico Katsuki un tanto confundido y avergonzado con las mejillas arreboladas de culpa como si Yurio lo estuviera acusando de haber cometido un crimen imperdonable.

Yurio se sintió ridículo al estar a punto de hacer una escena por nada, porque de verdad aquello era nada. Sí, Yuri había estado en los brazos de Victor pero solo por indicación de Minako, Yuri no había tenido nada que ver con eso. No era como si él hubiera propuesto aquella estratagema para conseguir inversores en la representación, no era así. Además, si Yuri de verdad hubiera querido quedarse en los brazos de Victor Nikiforov ¿Por qué estaba ahora ahí con él, en medio de la penumbra de la escalinata mirándolo con aquellos hermosos ojos marrones llenos de tristeza y arrepentimiento? Aunque la verdadera pregunta era ¿Por qué Yurio quería dañarlo ahora, por qué quería que aquella tristeza no desapareciera de los ojos de Yuri? ¿Era por qué él mismo estaba demasiado dolido y era lo suficientemente cruel como para desear que Yuri sintiera lo mismo que estaba consumiéndolo a él?

Aquel pensamiento, demasiado terrible como para expresarlo en palabras sacudió a Yurio como un terremoto que desinfló su furia e hizo que se acercara a Yuri para tomarlo entre sus brazos a falta de una respuesta que jamás pondría poner en palabras.

-Lo siento, de verdad lo siento- dijo el muchacho de los ojos verdes mientras el alivio corría por sus venas al sentir las manos de Yuri acariciando su espalda-. No quería decir eso pero… ¡Ah, soy un idiota!

-Yo sabía que ibas a enojarte conmigo- dijo Yuri intentando calmar a Yurio con el tacto de sus manos-. Sé que te ha disgustado verme bailar con él pero eso es todo lo que pasó, no pasó nada más…

-Lo sé, claro que lo sé- dijo Yurio aferrándose a Yuri con más fuerza-. Es solo que estoy cansado. Estoy molesto. Lo siento Katsudon, después de todo soy un estúpido que se deja llevar por los celos pero no lo soporto, no puedo soportarlo…

-¿Qué no puedes soportar?- dijo Yuri intentando que su corazón todavía agitado por la cercanía de Victor se calmara de una vez y se volviera a acostumbrar al calor de Yurio.

-Odio que él te toque- dijo Yurio sonando como un posesivo de mierda-. Odio que él esté cerca de ti porque sé que eso desea. Él te desea a ti, odio poder ver eso en sus ojos cuando te mira, cuando te tiene cerca…

Los dos chicos se quedaron en silencio por un largo momento, los dos abrazados, los dos intentando que sus almas encontraran la tranquilidad de nuevo. Pero en el estado agitado en el que se encontraban era casi imposible lograrlo porque el pelinegro estaba tratando de borrar con todas sus fuerzas las palabras que Victor le había dicho y el rubio a su vez, intentaba aferrarse al calor de Yuri para no morir de dolor con la resonancia de las palabras de su abuelo que seguían ahí presentes como el zumbido de un mosquito especialmente molesto.

Lo cierto es que Yuri y Yurio estaban intentando asirse a la seguridad de su relación porque estaban asustados, asustados de seguir el llamado de sus corazones. Con ese abrazo buscaban hacer más fuerte su lazo aunque en el fondo de su ser los dos sabían que aquella cadena era frágil, que siempre lo sería, que el mundo entero estaba en contra de ellos y que para salvar aquello que había empezado era necesario mentirse con más fuerza, mentirse hasta que la mentira tuviera al menos un dejo de verdad.

Fue Yuri el que sintió que era su deber volver a traer la calma a los dos. Yuri pensó, ahora que estaba lejos de la pista de baile y lejos también de los brazos y el encanto de Victor que sería mejor olvidarse de lo que el ruso le había dicho, sería mejor pretender que él jamás había escuchado aquellas malditas y benditas palabras que le habían hecho ver lo frágil que era su relación con el joven rubio que seguía aferrado a él.

-¿Por qué miras sus ojos en lugar de mirar los míos?- dijo Yuri separando un poco a Yurio de su cuerpo para que éste pudiera mirarlo a la cara.

-¿Qué quieres decir?- dijo Yurio notando que el dolor se iba de su pecho ahora que Yuri estaba mirándolo a él con tanta intensidad.

-Que si quieres saber las respuestas a todas tus preguntas deberías mirarme a mí y solo a mí- dijo Yuri acariciando la mejilla del rubio con suavidad-. Haz tu pregunta y mírame a los ojos…

-Yuri…- dijo el joven Plisetsky sintiendo que las manos de su amado eran como una suave orden que adormecía su voluntad- ¿De verdad quieres estar conmigo? ¿Aún no te arrepientes de estar conmigo? ¿Qué quieres en verdad, Yuri? ¿Soy yo lo que quieres?

-Claro que lo eres…- dijo Yuri y acto seguido besó los labios de Yurio sintiendo que con aquel acto su corazón se calmaba por fin y se entregaba al placer suave y calmo de besar la boca de alguien que lo amaba de verdad-. Tú eres la respuesta para mí, tú eres mi única respuesta…

Los dos chicos siguieron besándose con abandono después de que Yuri pronunciara aquellas palabras sobre los labios del rubio quien definitivamente había dejado de escuchar las palabras de su abuelo porque todo lo que estaba oyendo en aquel instante era el sonido de la respiración de Yuri y la melodía que sus labios creaban al unirse y separarse de los suyos.

Aquel beso era intenso por mil razones distintas y Yurio tuvo la necesidad de apresar el cuerpo de Yuri entre la pared de la escalinata y su cuerpo. Solo quería sentirlo más cerca, solo quería fundirse con él y proteger el amor que le hacía sentir. Sus manos estaban delineando los costados de Yuri y de pronto aquel precioso traje blanco que se pegaba al cuerpo del rey cisne como una segunda piel parecía demasiado pesado, demasiado frío. Yurio se descubrió deseando poder arrancar de Yuri aquellas prendas que ahora mismo eran una barrera sólida que le impedía estar más cerca de aquella persona de la que no quería separarse.

Yuri pudo notar la inquietud en las manos de Yurio y el joven pelinegro de pronto se sintió enfebrecido como si él mismo estuviera también deseoso de sentir cómo las manos pequeñas y frías de Yurio resbalaban por su piel y aquello era nuevo, era deliciosamente nuevo. Sin poder contenerse, Yurio deslizo sus manos desde la espalda de Yuri hasta el bien formado trasero del pelinegro quien no pudo evitar suspirar en medio del beso al sentir las manos de Yurio jugueteando con su cuerpo de aquel modo.

La lengua del rubio estaba haciendo estragos en su boca, Yuri sentía que estaba perdiendo la cabeza en medio de aquel beso y se dijo que quizá si besaba a Yurio de aquel modo la noche entera, las palabras de Victor se borrarían. Quizá si dejaba que Yurio lo tocara por fin, si al menos dejara que Yurio se metiera en él ¿no borraría eso a Victor de su mente y de su cuerpo para siempre?

El beso intenso y pasional se prolongó un minuto más que dejó a los dos muchachos sin resuello y mirándose a los ojos de forma ansiosa y febril, como si entre los dos, llamas de un rojo fulgor estuvieran próximas a estallar.

-Vamos a casa- dijo Yurio acariciando el rostro de Yuri que lucía mil veces más hermoso cuando éste estaba sonrojado-. Déjame mostrarte que soy mejor que él en todo, déjame tocarte y hacerte conocer el verdadero amor, el verdadero placer. Déjame ser tuyo Yuri, déjame…

Antes de que pudiera terminar con su declaración, Yuri volvió a atrapar sus labios en un beso suave que era toda la respuesta que estaba esperando y Yurio decidió que bien valdría la pena quedarse en aquella escalinata, besando a Yuri Katsuki sin reparo alguno sobre la pared blanca que sería el único testigo de aquel beso ansioso que era solamente el inicio de una noche mágica, de una noche especial que Yurio había esperado desde el momento en el que se había dado cuenta de que él podría desear tocar y besar a Yuri del modo en el que lo hacía en aquel justo momento…


Sus ojos azules estaban perdidos en el fondo de la bebida que había pedido. El bar de Takeshi Nishigori estaba más vacío que de costumbre aquella noche y Victor pensó que aquello se debía principalmente a que los clientes habituales, es decir, los bailarines de Minako estaban aun de juerga en el gran salón de la cena de gala de la compañía que él había abandonado varias horas atrás.

Victor sonrió con amargura al recordar un vez más la entrañable escena que sus ojos habían contemplado antes de salir del salón. Aquella escena había hecho que él se olvidara de todo porque su mundo particular había vuelto a derrumbarse. Y es que el había creído tontamente que el baile que había tenido con Yuri Katsuki había significado algo para el pelinegro pero era evidente que aquello había sido una ilusión solamente.

Pero es que Victor aun podía recordar el modo en el que los ojos de Yuri se habían llenado de luz cuando él le había dicho que estaba enamorado de él. Victor recordaba aun la sensación de dicha perfecta que lo había embargado a él al tener al Rey Cisne entre sus brazos bailando con él, bailando con él ajenos a todos incluso a los ojos que los veían moverse por la pista de baile, aquellos ojos para los cuales nada de lo que Victor sentía importaba de verdad porque ellos querían un espectáculo y Yuri y él habían sabido como entregarles lo que deseaban.

Quizá lo que estaba molestando al hombre de los ojos azules, era el hecho de que para él aquel baile había significado otra cosa. Aquel baile le había dado esperanza pero la esperanza era un arma de doble filo y justo en aquel momento la realidad había desecho aquella ilusión imponiéndose sobre él como la luz del sol que se abre paso en el cielo cuando está a punto de amanecer.

Victor volvió a suspirar y al hacerlo la imagen terrible de Yuri Katsuki besándose apasionadamente con el gatito que estaba tocándolo de modo febril volvió a atenazar su alma como el cuchillo que vuelve a hundirse en una herida recién abierta pero era imposible para Victor quitar de su cabeza aquella imagen: el modo en el que los labios de los dos bailarines se habían unido, el modo en el que las manos de Yuri acariciaban la espalda del jodido gatito en un vaivén perfecto que Victor recordaba haber sentido también muchas noches atrás o quizá en otra vida.

Y es que vistos desde lejos, aquellos dos jóvenes le habían parecido a Victor un par de amantes legendarios que se reúnen después de una larga ausencia aunque no habían pasado sino dos días desde que se habían separado. Pero había ansiedad en sus besos, Victor casi había podido escuchar el sonido de sus respiraciones agitadas y aquel susurro que Yurio había pronunciado sobre los labios de Yuri, un susurro que no era otra cosa más que la propuesta de seguir con los besos y las caricias intimas en otro lugar, un lugar donde la penumbra los protegiera de los ojos curiosos como los suyos.

Sí, Victor estaba seguro de que aquella noche las manos de Yuri Plisetsky tocarían la piel desnuda del Rey Cisne deteniéndose en ella una y mil veces, tocándola de norte a sur, borrando del cuerpo de Yuri Katsuki todos los rastros que de él había aun sobre el cuerpo de aquel joven que estaba matándolo poco a poco, que estaba haciendo agonizar a su corazón en medio de una tormenta de celos inútiles y una envidia terrible que lo había hecho desear beberse de golpe la botella de sake de la que Takeshi le había servido.

Odiaba al gatito con todas las fuerzas de su alma pero también deseaba ser él, cómo deseaba ser él para que fueran sus manos las que deslizaran el traje blanco de Yuri sobre la piel desnuda y sonrojada del Rey Cisne. Deseaba ser Yurio para calmar el dolor de su alma, para poder besar una vez más aquellos labios que se aparecían en sus sueños siempre sonriendo, siempre diciéndole que lo quería a él.

Victor bebió el sake de un solo golpe al pensar de nuevo en lo cerca que había estado de Yuri aquella noche. Odiaba aquello, odiaba tener a Yuri solamente en momentos robados, odiaba darse cuenta por milésima vez que su corazón estaba condenado a jamás tener lo que deseaba. Quizá debía secuestrar a Yuri un día, solo un día ¿No bastaría un solo día para mostrarle a él que la verdadera felicidad estaba a su lado? Un solo día no era demasiado tiempo, un solo día entre sus brazos quizá bastaría para convencer a Yuri de que él era la respuesta, de que estaba muriendo de ganas de ser la respuesta para él…

-¿Este es el bar donde todo el mundo cura el corazón roto?- dijo una voz profunda haciendo que Victor se olvidara de su miseria para observar con los ojos abiertos que la persona que estaba sentada a su lado era el solitario Otabek Altin en persona.

-Nadie puede curar un corazón roto, mi amigo- dijo Victor con calma-. Aquí solo venimos a emborracharnos los que no tenemos nada mejor que hacer después de una cena de gala…

-Pensé que tú y el Rey Cisne terminarían la fiesta juntos- dijo Otabek sin poder evitar sentir un poco de resentimiento al pensar en Yuri Katsuki-. Es decir, el modo en el que se miraban…

-Somos un par de tremendos actores ¿no crees?- dijo Victor sonriendo amargamente- Él y yo podríamos protagonizar cualquier obra porque somos especialistas en actuar para el mundo una historia que no estamos destinados a vivir en la realidad ¡Salud por el Rey Cisne y por mí! Si no hemos logrado que Minako se llene la cartera de yenes para la obra me sentiré decepcionado en serio…

-¿Te has rendido ya?- dijo Otabek riendo un poco por las dramáticas palabras de Victor-. Me parecía que no dejarías que el Rey Cisne se escapara de ti. A veces hasta creo que de verdad estás enamorado de él…

-Estoy enamorado de él, Altin- dijo Victor sin poder evitar sentir dolor dentro de su alma-. Búrlate todo lo que quieras, puedo soportarlo esta noche porque sí, estoy rindiéndome ¿sabes? Dejemos que el Rey Cisne y su príncipe se amen ¿Por qué no hacerlo? Me rindo ¡Joder! Me rindo, mañana mismo le presentaré mi renuncia a Minako. Ya no puedo soportarlo, no puedo…

-Claro que puedes…- dijo Otabek haciéndole una seña para que le sirviera una copa a Takeshi quien escuchaba su plática sin hacer ningún comentario-. Si yo he lidiado con esto años enteros, tú podrás soportarlo igual ¿Sabes qué es peor que verlo a él con alguien más? No verlo, no verlo te matará. La distancia no sirve de nada cuando la persona de la que estás enamorado vive en ti, puedo decírtelo por experiencia propia así que deja de mentirte. No puedes alearte de Yuri, no presentarás renuncia alguna, no puedes rendirte y ¿sabes por qué no lo harás?

-No…- dijo Victor quedándose sin palabras al reconocer que Otabek Altin tenía toda la razón del puñetero universo con su declaración.

-Porque tú sabes que Yuri Katsuki siente algo por ti- dijo Otabek haciendo que el corazón de Victor latiera con fuerza una vez más-. Victor, haces que él se estremezca, lo haces dudar, lo haces desear lo que no puede desear. Yo vi eso en sus ojos y solamente fui un espectador. Lo que pasa entre él y tú no es una actuación, creo que no lo podrá ser jamás. Creo que Yuri Katsuki te ha pertenecido desde siempre…

-¿Por qué te interesa tanto mi futuro con el Rey Cisne?- dijo Victor quien sentía que el efecto del sake estaba perdiéndose para ser sustituido por una dudosa euforia fruto de las palabras de Otabek, palabras malditas que él no quería creer tan fácilmente.

-Porque tu Rey Cisne es quien tiene atrapado a la persona que me interesa a mí- dijo Otabek sintiéndose un poco ridículo al exponerse de aquel modo ante un hombre que apneas conocía-. Lo ha tenido atrapado desde siempre pero él no quiere entender que Yuri busca otra cosa, que Yuri estaba esperando por alguien como tú…

-¿Tuviste algo que ver con el gatito antes?- dijo Victor sintiéndose realmente curioso- ¿Por qué no lo obligaste a quedarse a tu lado?

-Él y yo tuvimos algo especial en Rusia ¿sabes?- dijo Otabek con la mirada llena de recuerdos-. Fui su mejor amigo por dos años. En aquel entonces yo era un practicante aún bajo las órdenes del director de escena del ballet de Madame Baranovskaya. Fue ahí donde lo conocí. Él tenía apenas quince años pero en seguida nos llevamos bien y después, cuando él cumplió diecisiete las cosas simplemente siguieron su curso… yo ya estaba enamorado de él con todas mis fuerzas y él… sé que él también lo estaba pero el recuerdo de Yuri era demasiado fuerte, demasiado intenso. Su Yuri siempre fue un fantasma entre él y yo y entonces… un día simplemente me dijo que estaba decidido a vivir en Japón, que iría ahí con Yuri porque Yuri lo necesitaba. Él no tuvo contemplación alguna cuando le dije que entonces aquel era un adiós definitivo entre los dos, él simplemente me dijo que hiciera lo que mejor me conviniera y se fue. Yo no corrí tras él, no pude hacerlo en aquel momento pero cuando Minako me llamó… si vine aquí fue por él, Victor y jamás esperé que Yuri hiciera real su capricho, yo simplemente no lo entiendo…

-Me temo que eso fue mi culpa, amigo- dijo Victor sintiéndose un poco responsable incluso del enredo que incluía a Otabek-. Si al menos yo no hubiera sido un idiota con Yuri, si al menos me hubiera acercado a él como una persona normal y no como un jodido depredador…

-Creo que al Rey Cisne le gusta incluso la idea de que seas un cazador- dijo Otabek bebiendo un largo sorbo de su copa-. Créeme, Victor, él siente algo por ti…

-Quizá lo sienta pero no tiene caso- dijo Victor levantándose de la barra del bar, las conversaciones sobre sentimientos siempre lo hacían sentirse ridículo-. Él y el gatito vivirán felices para siempre y ¿sabes qué haremos tú y yo? Tú y yo seguiremos siendo patéticos…

-Victor…

-Nada amigo, así es el universo- dijo el ruso caminando con calma al piano del bar-. Voy a pasarme la vida entera deseando lo que no puedo tener y si voy a hacer eso al menos me pondré ebrio noche tras noche y voy a tocar canciones tristes de amor para echarle sal a mis heridas. Escribe una novela acerca de mí. Escribe una novela del patético hombre del piano que noche tras noche le canta a un amor que no será. Escribe del jodido hombre del piano que fue vencido por un estúpido gatito con cara de príncipe…

Victor se sentía mareado al caminar y una parte de su mente estaba consciente de que todas las tonterías que estaba diciendo se debían principalmente al alcohol que había en su sistema pero le importaba un carajo. Aquella noche podía sentir toda la lastima por él mismo que quisiera ¿qué más daba? ¿A quién le importaba?

Por eso, el hombre de los ojos azules había decidido que curaría sus heridas del único modo en que sabía hacerlo: dejando que el alcohol desvaneciera la realidad y dejando que su alma se perdiera entre las notas de una canción triste porque en realidad era así como se sentía. Estaba triste, estaba jodidamemte dolido porque por dos canciones había sostenido al Rey Cisne entre sus brazos solo para ver cómo éste se enredaba en las caricias de otras manos como si en ellas pudiera esconderse de él mismo.

Aquel pensamiento aguijoneo nuevamente su alma y Victor dejó que sus manos se estrellaran sobre el teclado del piano causando un ruido de los mil demonios que hizo que Otabek produjera una mueca molesta. Sin embargo, el estruendo inicial poco a poco se fue convirtiendo en un conjunto de notas lentas que en seguida incitaban a la mente y al corazón a la melancolía.

La música que Victor estaba produciendo era como una lluvia gris y fría de noviembre; la música de Victor era como el vistazo a la herida de un corazón que se había sentido indestructible por mucho tiempo y que de pronto había descubierto que no era tal cosa y que estaba hecho polvo en ese mismo instante. La canción de Victor era tristeza pura y cuando a las notas del piano se unió la voz del ruso, Otabek sintió que aquel hombre que sabía también de heridas de amor estaba cantando también un poco de su propia historia:

Quizá piensas que soy fuerte, quizá siempre estoy sonriendo pero la verdad es que la mayor parte del tiempo estoy solo.

Tú crees que no hay en mí ninguna preocupación pero tengo muchas cosas que confesarte:

Desde el primer momento en que te vi me sentí tan atraído a ti, así que no mediré mis palabras y simplemente te diré que la respuesta eres tú.

Mi respuesta eres tú.

Te mostraré todo lo que soy porque tú eres mi todo, estoy tan seguro de ello.

Sí, desde el primer momento Victor había sentido que Yuri Katsuki era la respuesta para él, que Yuri era la respuesta exacta a miles de preguntas que él ni siquiera sabía que tenía sino hasta ver aquellos ojos marrones que lo habían embrujado, esos ojos marrones que ahora quizá estaban perdidos en el rostro extasiado y sonrojado por el placer de aquel jodido gatito.

Victor arremetió el piano con fuerza cuando aquella imagen llegó a su cabeza, la imagen del cuerpo desnudo de Yuri siendo acariciado por otras manos, la imagen de Yuri susurrando palabras de amor a otros odios. Victor todavía recordaba el sabor de la saliva del pelinegro pero seguramente ahora la lengua de Yuri dibujaba paraísos en otra piel. No en la suya. Jamás en la suya porque él no era lo que Yuri deseaba, él no podría serlo.

El dolor de aquel pensamiento se dibujó en su rostro mientras Otabek Altin bebía en silencio dejándose llevar también por el sonido de la melodía que le recordaba su propia estupidez, su terquedad. Él sabía que había ido a Japón buscando lograr una vez más lo imposible pero Yurio seguía siendo su respuesta, la única respuesta para todas las preguntas adoloridas del latido de su corazón. Pero él no podía rendirse, él no podía renunciar a Yurio del mismo modo en el que estaba seguro de que Victor no podría renunciar a Yuri.

El joven Altin suspiró con fuerza y dejó que la canción de Victor siguiera su curso. El ruso aquel no cantaba nada mal y su voz llenaba el bar de mil emociones distintas, emociones que eran difíciles de soportar, emociones que Otabek podía entender en realidad:

Sé que debí haber sido más cuidadoso, sé que debí intentar salvarme a mí mismo y no resultar herido.

Jamás me había sentido así antes, como si una sola mirada tuya pudiera detener mi respiración.

Mi mente está llena de ti, de tu rostro, del sonido de tu risa.

La respuesta eres tú, mi respuesta eres tú.

Te mostraré todo lo que soy porque tú eres mi todo, estoy tan seguro de ello.

No puedo decirte todo lo que he esperado por ti así que escribo mi mensaje y lo borro nuevamente.

Siento curiosidad por saber cómo fue tu día y eso me consume.

Pero esperaré por ti, por ti, por ti.

Abre tu corazón, por favor.

No puedo evitar que en mi corazón seas todo y lo serás por siempre, mi amor.

¡Oh, sin ti soy nada!

No sigas huyendo, solo déjame estar a tu lado porque no importa cuánto lo piense, la única respuesta eres tú.

Las manos de Victor se quedaron quietas encima del piano. El pianista ruso sentía que estaba exhausto como si aquella canción hubiera sido una especie de maratón emocional para él. Se sentía triste, estaba cansado, quería renunciar a Yuri pero también sabía que no podía hacerlo, que jamás encontraría la fuerza suficiente para hacer algo así. Por eso Victor dejó que el silencio lo envolviera de pronto. Victor quería refugiarse ahora en el silencio y dejar de pensar, dejar de sentir que su vida se consumiría deseando a Yuri Katsuki. Eso. Quería dejar de desearlo, quería que su anhelo fuera real…

-Tenemos que detener esto- dijo Otabek parándose de la barra para llegar al lado de Victor-. Tenemos que encontrar una forma de detenerlo, tenemos que terminar con esa mentira…

-¿Y si no es una mentira?- dijo Victor débilmente- ¿De verdad romperás el corazón de la persona que amas solamente porque no puede amarte a ti?

-Sí, si así logro que deje de hacerse daño- dijo Otabek con la mirada triste-. Ayúdame a salvarlo, Victor, eres el único que puede entenderme, salva tú a tu Rey Cisne, tenemos que hacer algo…

Victor miró el rostro suplicante del director de escena de la compañía y el ruso se dijo que el joven aquel tenía razón. Tenían que terminar con aquello, tenían que hacer algo para cambiar su destino en vez de esperar a que todo cambiara por arte de magia… pero ¿Qué tenían que hacer? ¿Qué demonios debían hacer? Esas eran las preguntas para las que ninguno de los dos tenía una respuesta verdadera…


Los ojos del Rey Cisne estaban perdidos en el reflejo de la luz de la fría luna de octubre que entraba por la ventana y que se reflejaba en la espalda desnuda de Yurio quien, después de amarlo aquella noche, se había quedado dormido con una sonrisa feliz y apacible en sus labios.

Yuri suspiró sintiendo que sus mejillas se sonrojaban al recordar una vez más el modo en el que las manos de Yurio lo habían tocado, las manos de Yurio habían sido ambiciosas al igual que sus labios que lo mismo había besado su boca de forma profunda y después, se habían deslizado en un vaivén enloquecedor sobre su pene haciendo que Yuri perdiera la cordura.

El rostro del pelinegro se cubrió una vez más de rubor al recrear aquella imagen, el modo en el que los ojos de Yurio se habían clavado en los suyos sin miedo como si estuvieran preguntándole si aquello le gustaba y Yuri tenía que admitir que sí, que le había parecido agradable. Porque los labios de Yurio eran sensuales pero también gritaban amor en cada beso aunque se tratara de un beso fruto de la pasión.

Él sabía que aquella noche él y Yurio habían pasado el punto de no retorno, que después de aquella noche su amistad estaba comprometida para siempre por el recuerdo de aquella noche. Las caricias de Yurio alocadas y febriles, los besos que él había correspondido, el modo en el que Yurio se había metido dentro de él con cuidado, con suavidad, todo eso había sido un epitafio para su amistad que ya no existiría jamás como había existido siempre y aquel pensamiento que había venido de la nada mientras Yurio lo embestía sobre las blancas sabanas de su cama, aquel pensamiento hizo que el orgasmo de Yuri se extinguiera de forma inevitable.

Sí, había existido placer pero todo lo que había dentro de Yuri cuando la locura de la pasión se había desvanecido era tristeza, una tristeza profunda e inamovible que no tenía explicación, que quizá jamás la tendría. Quizá era el hecho de que él sabía que había perdido a su mejor amigo por siempre, que después de aquella noche, él tendría que hacerse a la idea de que Yurio ya no sería jamás la persona en la que él podría apoyarse o contarle que se sentía terrible, terrible por lo que había hecho a pesar de que Yurio había estado tan feliz al derramarse sobre su piel, al ser uno con él y al gritar su nombre en medio de un orgasmo enorme que lo había hecho arañar la espalda de Yuri.

Pero la tristeza seguía embargando el corazón del joven Katsuki al grado de que al contemplar el rostro dormido de Yurio delante de él, el joven no pudo hacer otra cosa más que llorar. Lloraba porque sentía vergüenza, porque sentía dolor, porque en medio de la vorágine de sensaciones él se había dado cuenta de que estaba mintiéndose, de que ni siquiera una noche entera de caricias de otras manos o de mil manos podría borrar el deseo de tener Victor Nikiforov ahí, a su lado.

Sí, descubrir que deseaba estar al lado de Victor después de entregarse a Yurio sin duda era ridículo, era despreciable pero él no podía evitarlo. Porque lo que había pasado con Yurio era tan distinto, tan diferente, apasionado sí, tierno también porque después del final de la locura Yurio lo había besado dulcemente hasta quedarse dormido sobre su pecho. Pero lo que los dos habían hecho no se parecía en nada a lo que Victor le había hecho sentir y Yuri se odió por eso, se odio por pensar que Victor era una mejor opción para él después de todo lo que había pasado entre los dos pero aquella era la cruda verdad: él deseaba estar con Victor, él deseaba estar con él ahora que aquellos ojos azules le habían dicho que estaban enamorados de él.

Las lágrimas siguieron brotando de sus ojos y Yuri tuvo la necesidad de levantarse de la cama y envolver una sábana blanca a su cintura para pararse de pie frente a le ventana mientras se preguntaba en qué maldito momento él había empezado a mirar a Victor de forma distinta, en qué jodido instante Victor se había metido también en su corazón.

¿Había sido mientras bailaban juntos, en cada uno de aquellos instantes en que la danza les permitía estar cerca el uno del otro? ¿O todo había comenzado aquella noche, aquella noche e secretos y de luz de luna que los dos habían jurado no duraría para siempre? ¿Victor se había metido en él por medio de sus miradas silenciosas o de sus sonrisas furtivas? ¿Victor lo había hecho suyo en más de un sentido con la cadencia de la música de su piano, con la suavidad de sus brazos al bailar con él o con la seguridad de su mirada azul? ¿En qué momento Yuri se había convertido en esa clase de monstruo, un monstruo que desea para sí lo imposible? y la pregunta más importante de todas ¿Qué demonios iba a hacer ahora, podría seguir con su teatro, de verdad podría convencerse de amar a Yurio cuando era evidente que su corazón gritaba otro nombre?

El chico suspiró y limpió sus lágrimas diciéndose que aquellas preguntas no tenía una respuesta, que quizá jamás la tendrían pero que tenía que seguir siendo fiel a lo que había prometido: tenía que hacer feliz a Yurio aunque se estuviera condenando a él a una vida llena de dudas, llena de temor. Él no podía herir a su mejor amigo, de verdad no podía. Quizá se sentía así porque aquella noche había sido la primera noche de pasión para los dos pero ¿y si algo cambiaba después? Yuri sentía que tenía que aferrarse a esa posibilidad, tenía que hacerlo.

Yuri decidió en ese momento que seguiría adelante con lo que se había prometido porque después de todo él mismo era quien había decidido alejarse de Victor y así estaba bien ¿Verdad que así estaba bien, que aquello era lo correcto? El joven sintió que un peso oscuro y amargo se hundía en sus entrañas pero Yuri estaba decidido a seguir adelante con su decisión, prefería mil veces hacerse daño a si mismo que dañar a Yurio. Podía soportarlo, de verdad podía soportarlo aunque si alguien le hubiera preguntado en aquel justo instante quién de verdad lo había hecho sentirse infinito a la hora del amor, la única respuesta posible para esa pregunta habría sido Victor.

Porque aquella era la cruda verdad, aquella era la única respuesta posible para todas las preguntas que su corazón albergaba: Solo Victor Nikiforov lo había hecho sentirse infinito de verdad…


Canción: My answer- EXO la traducción al español es mía.