¡Tras meses, o años quizá, sin subir nuevo capítulo quién lo diría! No me lo creo ni yo. No sé si después de tanto tiempo alguien lo esperaba, pero tengo buenas y malas noticias. La buena noticia es que ya tengo planteado un final para este fanfiction. Y me sorprende ver que es bastante diferente a lo que seguramente todo el mundo se espera.
Y la mala noticia (o a lo mejor para algunos no lo es) es que en este capítulo va a haber contenido "no homo". Básicamente, hetero. El Prompto que yo escribo es claramente de orientación bisexual, espero que a nadie le moleste.
¡Vamos con el capítulo! Haciendo un breve resumen, nos quedamos en el fatídico capítulo en el que Ardyn se interpone entre estos dos polluelos y Noctis tira del tren sin querer a Prompto. Así que, este capítulo es sobre el ¡ESPECIAL CAPÍTULO DE PROMPTO! No pasa nada si no lo habéis jugado, no hay spoilers ;)
CAPÍTULO 10: UN GOLPE DE MADUREZ
– Aranea, ¿Tú qué piensas del amor?, ¿Crees que existe? – se atrevió a decir, con tal nerviosismo que la lata de habichuelas de su mano por un momento creyó que se le caería de las manos.
La mercenaria de cabello grisáceo le miró con osadía por su pregunta. El rubio se rio con torpeza y luego se rascó la cabeza por encima de su gorro. Trató de excusarse:
– No importa. Era sólo curiosi...
-– ¿Tienes curiosidad sobre el amor, jovencito? – le instigó. Chasqueó la lengua, haciendo una negativa con la cabeza y dejó su lata en la piedra fría de la cueva. Apoyada en la pared, estaba un poco más alejada del fuego que él. – Por mucho que exista, el problema es que nunca escoges de quién te enamoras. – Mirando hacia el fuego, arrojó unas pocas ramas entrecerrando sus ojos. – Y quién escoges no suele ser el más indicado.
La cueva en la que descansaban después de su huida estaba oscura por la falta de luz solar. La nieve le disgustaba, el frío en general. Las noches allí eran gélidas y horribles. Prompto añoraba esos veraniegos días de campamento.
Pero aún así, tampoco podía quejarse. No estaba solo. Aranea, aquella bella mercenaria le había estado ayudando. Su ayuda le había sido indispensable, pero más que eso, había sido alguien con quien hablar un rato. Alguien con quien compartir algunas palabras, algún que otro trozo de comida, allí en medio de la montaña mientras superaba aquel obstáculo tan importante de su vida. Eso había sido su salvación.
Se perdió en la nieve convencido de que había sido un estorbo para su grupo de aventuras. Pensando que moriría congelado allí en medio de la nada, terminó descubriendo sobre su origen, sobre un pasado al que nunca quiso enfrentar. No estaba pasando por sus mejores momentos. Jamás habría imaginado tener una crisis existencial tan importante, sin alguien con quien socializar unos minutos habría perdido la cordura.
– ¡Vaya, eso ha sonado muy maduro! – Pensó, con verdadera sinceridad, al escuchar a la mujer. Le miró de reojo; nunca hubiera creído que Aranea pudiera decirle palabras tan sabias acerca del amor.
- Espero que no te estés enamorando de mí.
Pero lo que más destacaba de ella, sin duda era su franqueza. Prompto agitó las manos, con ojos incrédulos.
– ¡Ni se me ocurriría! – se excusó, riéndose. Tomó las pieles con las que se arropaba, inquieto. Como no sabía qué hacer, empezó a extenderlas en el suelo, para tumbarse.
– Así me gusta. – sonrió, ella, alzando su mano para que le ofreciera alguna piel también.
Prompto le dio varias piezas y tras un incesante parpadeo, se recostó. Sin habérselo propuesto, había sido rechazado por otra chica más. En que mal momento se le había ocurrido hablar sobre ese tema, por no decir que el consejo de Aranea había sido como describir su desastrosa vida amorosa.
Tumbados, uno a cada lado del fuego, de espaldas, escuchaban como el viento chocaba contra el orificio de la montaña. Haciendo sus tremulantes sonidos que, para que engañar a nadie, le daban miedo.
¿Pero cómo decirle a Aranea que estaba temblando, y no por el frío? Ojalá estuviera allí Noctis. A él sí podría decírselo. Con él sí podría acurrucarse mientras dormía, plácidamente.
En la tienda, cuando dormían juntos, a veces sólo bastaba quedarse mirando su rostro yacido en sueños. Era como un dardo somnífero; se quedaba observando como su pecho bombeaba suave, su leve respiración, y terminaba quedándose dormido junto a él.
Ahora, no sabía ni dónde él estaría. ¿Lo estaría buscando?, ¿Estaría... preocupado por él? Porque ambos habían discutido. Más bien, habían terminado. Y, ese dolor le hacía confundir el accidente del tren. Creyendo a veces que Noctis lo había arrojado a propósito.
Su parte racional le decía que había sido sólo una confusión del momento, que su ruptura amorosa, si es que podía llamársele así, no había sido tan extrema como para odiarle hasta ese punto. Llegó a distintas conclusiones: Ardyn tenía la capacidad de recrear ilusiones con sus poderes, de recrear esos miedos que atormentaban el interior de la mente de uno. Aunque fueron unos escasos minutos allá arriba en el tejado del tren en movimiento, Prompto se sintió desnudo ante Ardyn, como si hubiera visto dentro de él. Todos sus secretos, todo su amor hacia su príncipe. Y así, lo que más temió , ocurrió.
Pero todo fue tan rápido, tan difícil de ingerir en sucesos tan veloces. Sus emociones eran siempre más fuertes. Se terminaba olvidando de Ardyn y de sus poderes, y sumido en su inseguridad, terminaba creyendo que Noctis no quería volver a verlo y eso, le dolía demasiado. Incluso aún más que la idea de que no se volverían a besar nunca más porque su relación se había quebrado.
Dolía tanto, que por unos días, el antiguo príncipe y actual Rey dejó de ser prioridad en su cabeza. Tenía que afrontar su viejo yo, su pasado. Si quería dejar de parecer un alma en pena, debía dejar atrás los malestares: descubrir su identidad, el propósito de su verdadera existencia y seguir adelante.
Aranea era de carácter fuerte pero tendía a acortar las distancias entre ellos. En dos ocasiones, incluyendo su encuentro, había tironeado de su chaqueta, sentándose sobre su cuerpo para imponer autoridad. En la segunda ocasión, Prompto no se mostró tan dócil. La arrojó de vuelta y se colocó sobre ella, con gesto decisivo.
Ya sabía muy bien lo muy cobarde que era, lo muy inútil que debía parecer desde fuera pero no era fácil enfrentar las situaciones cuando tu propia confianza era tu enemigo.
La mujer de cabellos grises se sorprendió por su reacción y no pareció cuestionárselo mucho cuando se irguió y plantó un beso en sus labios.
No supo bien qué fue lo que le hizo continuar su beso. La mercenaria era una mujer hermosa, la primera mujer que había tomado sus labios y posiblemente, la última. Aquel día desnudaron sus cuerpos calientes y no notaron el frío gélido al unir sus cuerpos. Había una necesidad corporal visible, especialmente por parte de la chica.
Empezaron con gestos algo rudos despojando el uno del otro sus ropas, como dos feroces animales en celo (quizá la fría montaña incitaba el espíritu animal de uno), pero a los minutos, los movimientos se fueron suavizando, cada vez más calmados. La joven tomaba las riendas, meciéndose sobre él repetidamente, mordiendo su cuello y sus labios y gimiendo ante sus besos dulces.
Aranea tenía una delgada cintura que podía amarrar con las manos y unos grandes pechos que bailaban con ella seductoramente. Saboreó uno de ellos sin detenerla y a ella le gustó tanto el juego de su lengua que presionó su cabeza con los dedos.
Aquello estaba siendo una nueva experiencia para él y aunque la ligereza y diferencia de cuerpos era muy diferente a sus usuales prácticas, al cerrar sus ojos sumido por el placer perdió casi la consciencia, recordando por un fugaz momento a la persona no indicada para la situación:
– Noct...
– No soy tu chico – jadeó, ella, rompiendo su ilusión.
Prompto entreabrió sus ojos y nublado por el éxtasis tardó en comprender qué había hecho. A Aranea no le pareció sorprender, un atisbo de tristeza se reflejó en sus ojos antes de besarlo en los labios. Ambos llegaron al orgasmo besándose.
No fue necesario decir nada después, sabían que eso no iba a volverse a repetir. Prompto pensó que fue una demostración de afecto que Aranea no fue capaz de decirle con palabras. También sabía que no tenía ningún significado profundo ni romántico.
Se vistieron en silencio, acostándose aquella noche más pronto que cualquiera. El resto de días, transcurrieron igual que siempre. Como si nada hubiera ocurrido entre ambos, pese a que a Prompto a veces se le escapaba algún tartamudeo y todavía no se acostumbraba a la cercanía que ella originaba constantemente.
Hacía unos meses, hacer algo así le habría parecido inimaginable. Era como si una ráfaga de madurez le hubiera azotado desde que estaba allí. No había remordimientos, había más cosas importantes de las qué preocuparse. Y además, aunque era doloroso, también era cierto que Prompto desde que tenía uso de razón, nunca había tenido compromiso con nadie.
Claro que continuaba enamorado de Noctis, aunque creyera que lo de ambos no había ya salvación. Pero nunca tuvieron una relación seria, y tampoco habrían podido tenerla nunca. Ni aún ahora estando así las cosas, si hubiera un hipotético caso en el que ambos se reconciliaran, Prompto debía seguir siendo su mejor e íntimo amigo. Ese era su papel.
Por unos días, creyó en si Aranea y él podrían terminar teniendo algo más. Pero, tanto por sus actos, como por sus propias conclusiones, lo entendió. Aranea no había tenido ninguna intención al besarlo. El rechazo que recibió sin que él hubiera querido en su primer día no había sido una mentira, Aranea no quería mantener una relación seria junto a nadie. Y él no era una excepción. Y más aún sabiendo que había otra persona ya en su corazón que ninguna mujer por muy hermosa que fuera iba a reemplazar.
Había sobrepasado la línea que él mismo creaba ante esos amores imposibles y era un poco confuso, pero sabía que eso sólo había sido para esa ocasión. Estaba de vuelta en el otro lado: en ese amor platónico, aunque ahora con imágenes más explícitas para fantasear. De todos modos, así estaba bien.
Una noche, Prompto se atrevió a preguntarle a Aranea por Noctis y el resto. El primer día que se vieron ella le contó que se los había encontrado. Pero no le explicó apenas detalles ya que hubo otros temas, como su supervivencia allí o el enfrentamiento al enemigo, más importantes.
Hasta ahora, había temido preguntar un poco más acerca del encuentro, ¿Noctis estaría enfadado?, ¿Notarían su ausencia? Pues, él nunca había sido muy útil en el grupo. Había tenido tanto miedo por la respuesta que había sido imposible para él hacerle frente.
Aranea le contó en cuanto preguntó. Fue muy consolador saber respuestas ante tanta confusión.
Sí que le estaban buscando, y además, estaban muy preocupados. Sabía muy bien que ella no le habría mentido si hubiera sido lo contrario. Aliviado, llevó una mano hacia su pecho agitado.
Tras liberar tanta ansiedad, se vio más resistente, más fuerte. Era como si saberlo le hubiera hinchado de un espíritu más valiente, más capaz de todo.
– Deberías haber visto la cara del chico, no paraba de decir "¡¿Y Prompto?! ¡¿Y Prompto?!" Maldición, ambos sois iguales – le seguía explicando, Aranea, hablando más extensamente sobre el día que vio a Noctis y los demás.
– ¿D-de verdad?, ¿Noct dijo eso? – dijo, él, incrédulo. Llevó una mano hasta sus cachetes para que no se vieran encendidos.
– Ese idiota tiene que salvar el mundo pero piensa en un rubio polluelo que anda perdido con una mujer.
El sonrojo acrecentó en su cara hasta tener las orejas y el cuello como un tomate, había entendido la doble indirecta. Según lo que le fue contando Aranea, parecía Noctis el más afectado de los tres tras su perdida.
Así que, Noctis no estaba enfadado. Lo del tren había sido todo un accidente.
"Claro que fue un accidente, Noctis nunca me habría tirado por un tren aún estando más enfadado que nunca" pensó. Ahora era tan obvio que se avergonzaba de días atrás haber estado en aquel mar de confusiones.
Era su Rey, maldita sea. Su querido Noct que había estado queriendo desde niño. Sabía que no era una excusa pero ese viaje, ese descubrimiento allí en los helados montes sobre él mismo y su razón de existir, había sido muy complicado de afrontar. Había alterado aún más sus inestables emociones.
Llegó el día de despedirse de Aranea, agradecido por todo ese gran soporte que le había dado y acabando su objetivo allí, decidió ir en busca de sus amigos. En busca de su Rey.
Pero no iba a ser tan sencillo. Ardyn lo atrapó antes de alcanzar su meta. Borrando toda esperanza en él. Lo aprisionó en una oscura y húmeda celda, amordazando sus muñecas y tobillos hasta herir cada extremidad de su cuerpo. Lo maltrató, de maneras dolorosas e inimaginables y colapsó su mente; bloqueando su fuerza, avivando sus miedos.
Sólo había una pequeña esperanza suspendida en la nada que aún conseguía mantenerle medio cuerdo: Noctis sabía que él era real. Para Noctis él era Prompto. El auténtico, ninguna copia. Creía en ello, y cada día que pasaba allí en la oscuridad a punto de perecer por cansancio o hambre se aferraba a que Noctis llegaría hasta él para decírselo.
