Tenía unos veinte minutos andando hasta llegar a Blackwell, durante los cuales podría reflexionar un poco sobre todo lo que acababa de ocurrir, si mi embotada cabeza me lo permitía. Se había pasado ya la hora de la cena y apenas se veía un alma transitando la zona residencial de Arcadia Bay. Caminando solitaria en medio de la carretera, respiré hondo. Aprovecha la paz y el silencio que te brinda la noche para ordenar tus ideas, Max.
Ha sido, con diferencia, el fin de semana más raro, estrambótico y estresante de mi vida: en sólo dos días he obtenido de la nada unos extraños poderes, me he reencontrado con mi mejor amiga a quien hace más de cinco años que no veía, he fumado por primera vez, he empuñado una pistola, he matado a un compañero mío de clase, he llorado y he reído más intensamente que nunca, he dudado de mi sexualidad… y para poner la guinda al pastel, una chica que acabo de conocer hoy me ha robado el mejor beso que jamás haya recibido. Ahora, si tienes valor, coges una lista y ordenas todos esos acontecimientos del mayor disparate al menor. De hecho, eran tantas cosas en las que quería pararme a pensar, que a la vez no podía centrarme en nada en concreto. ¿Es esto cosa del destino como me insinuó Chloe? ¿Es realmente casualidad que nos reencontrásemos casi a la vez que obtuve mis poderes y teniendo un mismo objetivo en común? ¿Es todo fruto de una caprichosa casualidad, o estoy siendo una mera herramienta para un fin más grande? Tío, todo esto me supera. Lo único que quiero para los escasos minutos que me quedan de fin de semana es ser una persona normal de nuevo. No es que eche de menos la vida de la antigua Max, pero… ¿era necesario pasar de un extremo a otro?
Revisé mi móvil: Hoy había estado desaparecida para casi todo el mundo. Tenía mensajes de mi madre sin responder, y también de Warren tirándome fichas, como de costumbre. Me sentí mal por no haber podido dedicarle hoy a Kate ni un mísero mensaje… prometo escribirla algo luego en mi habitación sin falta. La diría de cenar juntas, pero cualquier persona medianamente normal que no juega un domingo a Arcada Bay ha cenado ya, si es que no se encuentra directamente durmiendo.
Aunque justo la persona con la que más me apetecía escribirme ahora mismo desconoce mi teléfono. Joder, Max, eres imbécil: ¿por qué no la pediste su número? Si te hizo señas para que la llamaras y todo…
Rachel. Esta chica merece un análisis aparte. Justo cuando pensaba que no podía haber nada más especial que haberme reencontrado con Chloe, va y aparece ella. Si lo pienso bien, es prácticamente mi antítesis: yo soy una chica cortada, me gusta pasar desapercibida y prefiero ser la lente silenciosa que ve al mundo pasar en vez de tener un papel protagonista. No me caracterizo precisamente por ser una chica de excesos: siempre he sido comedida, me gusta tener bajo control todo lo que hago y planificar mis cosas con tiempo suficiente. Rachel sin embargo es un torbellino que arrasa allá por donde va: tiene la capacidad de caer bien a casi todo el mundo sea cual sea su procedencia o carácter, disfruta siendo extrovertida y no se piensa las cosas dos veces antes de hacerlas. Las reglas no están hechas para ella: es un espíritu libre, y a la vez una chica con un carisma increíble.
"¿No ves que ella es fotógrafa y yo soy modelo? Estamos hechas la una para la otra". Recordé esa frase de Rachel, y me pregunté hasta qué punto lo decía en broma. ¿Realmente… he recibido un trato preferente por su parte, o simplemente ella es así con todo el mundo? Vale que es palpable que hemos conectado increíblemente bien y puedo tener la casi total certeza de que para ella no soy una más: nuestra conversación en la playa así lo atestigua, pero… esas caricias por debajo de la ropa en el Two Whales… esos guiños… y ese beso final… ¿qué significa todo eso para ti, Rachel? ¿Simplemente estabas actuando bajo el efecto de los narcóticos y te dejaste llevar? ¿Me ha tocado a mí porque me encontraba a mano hoy, pero mañana podría ser otra persona? No lo entiendo, Rachel. No me considero tan influenciada por las pelis de Disney de mi infancia como para pensar que has tenido un flechazo romántico conmigo nada más conocerme, y menos siendo tú una chica de primera división y yo de tercera regional. Entonces, ¿me estás haciendo sentir tan especial para nada?
Incapaz de encontrar respuestas, se me escapó un suspiro. Mala señal… me daban ganas de darme de bofetadas hasta que mis mofletes alcanzasen un nuevo tipo de rubor desconocido hasta ahora. Mírate, Max: tu vida está en peligro real, y tú concentrando tus pensamientos en Rachel. En cualquier momento los Prescott se pueden meter de por medio para joder las cosas un poco más, y no debería tomármelo a cachondeo. Viendo dónde mi mente estaba poniendo el foco, descubrí que todavía tenía mucho que madurar.
Vislumbré a lo lejos la residencia de estudiantes. Aunque había visto ya cientos de veces el letrero de la entrada, en esta ocasión me vino un escalofrío al leerlo: «Residencia Prescott». Obviamente el nombre tan sólo es un reconocimiento a los aportes económicos que la familia hizo a la academia, pero me daba la sensación de que Nathan y los suyos eran los dueños y señores de mi habitación, y en cualquier momento tenían el derecho de entrar y tomarse su venganza. Sí, no es más que un pensamiento paranoico, pero oye… este finde me han ocurrido cosas infinitamente más raras.
Con esta última desagradable sensación me adentré en los pasillos de la residencia. Había un silencio casi total, exceptuando una música reggae a bajo volumen que se oía de una habitación que no pude identificar. ¿Quizás Stella o Alyssa? En apenas un mes que llevo en Blackwell no me ha dado tiempo a conocer los gustos musicales de todas mis compis. Pensé que por mi parte, mientras comía algo, me pondría algo tranquilo de fondo que me ayudase a coger el sueño: quizás algo de Daughter o de Old Man Canyon.
A estas horas la cafetería de Blackwell está cerrada, así que me conformé con un sándwich de la máquina de vending. Se podía elegir entre sabor a suela de bota, o bien chicle mascado. Pero en fin, lo cierto es que ahora mismo me tragaría cualquier cosa con tal de que quepa por la garganta y me quite el hambre. Con mi cena en la mano, entré por fin en mi santuario.
Empecemos el ritual: minicadena encendida y reproduciendo a un volumen que me permitía relajarme, pijama puesto, yo tirada en la cama con el sándwich en una mano y el móvil en la otra. Qué paz. El plan perfecto para acabar el domingo.
Lo primero es lo primero. Contesté a mi madre, que únicamente quería saber qué tal me iba todo. Lo siento, mamá: te quiero mucho, pero no pienso decirle nada de lo acontecido este fin de semana a ninguna persona que me llame Maxine. Como mucho ya le contaría mi reencuentro con Chloe, pero mejor otro día, y sin dar demasiados detalles. Por mi parte, sólo la escribí que todo bien por aquí, y poco más.
Warren es un amor, pero a veces satura un poco. Estuvimos chateando un rato al mediodía cuando estaba yendo al granero en el autobús, pero se ve que por la tarde no tenía nada mejor que hacer que seguir mandándome mensajes, preguntándome que si quería ir al cine con él a "hacer el mico": por lo visto echaban una maratón de las películas clásicas de El Planeta de los Simios. No me parece mal plan, Warren, pero me temo que de momento tendrás que esperar. Después de la invitación, le seguían una retahíla de mensajes en plan "¿hola?" "¿hay alguien ahí?" y similares. Pobre. Seguro que agradece que me esté tomando la molestia de contestarle antes de dar por finiquitada la noche.
Kate… por Dios, que no se me olvide Kate. En cuando me acordé de ella la escribí preguntándola que si estaba bien. Pensé que a estas horas podría estar durmiendo ya que es una chica tremendamente escrupulosa y disciplinaria, pero para mi sorpresa me contestó al momento: por suerte parecía estar bien. Me disculpé por no haberla podido prestar atención hoy, pero me dijo que no pasaba nada y que igualmente se alegraba mucho de que la hubiera escrito. Me preguntó si será del todo consciente de lo que ocurrió el sábado… al estar drogada, es posible que una parte de los acontecimientos hubieran pasado desapercibidos para ella. Me acordé del cuerpo serrano de Kate en todo su esplendor y al hacerlo me recorrió un escalofrío. En cierto modo, mis sensaciones con la rubita cristiana el sábado fueron la antesala de lo que vino hoy con Rachel, y me sirvió para que no me pillara tan de sopetón. Mira, visto así, todo parece cobrar sentido…
Y hablando de la reina de Roma… adivina quién me acaba de enviar un mensaje. Un remitente desconocido con la foto de perfil de cierta rubia impulsiva apareció de repente entre mis contactos diciéndome: "Hey Max, Justin me ha dado tu número. No te importa, ¿no?". Por enésima vez en el día de hoy, me noté las mejillas hirviendo. La foto que tenía puesta Rachel probablemente fuera de una sesión profesional: salía muy posada, con ropa a la moda, amplia sonrisa, y asquerosamente fotogénica. También averigüé por su perfil que su apellido es Amber. Así que Rachel Amber, ¿eh? En cierto modo le va bien: ella, al igual que el ámbar, tiene la capacidad de arder y electrizarse con facilidad. Según contestaba que por supuesto que no me importaba que tuviera mi número, me sentí como una plebeya hablando con la nobleza. Me pregunté si haría mención a nuestro beso de despedida, pero únicamente me contaba que no me preocupase por Chloe ni por nadie, y que las tres permaneceríamos siempre fuertes, pasase lo que pasase. No pude hacer sino estar totalmente de acuerdo con ella, y no sería yo quien sacase el tema del beso: podría hacer que Rachel se sintiera mal y cometer una cagada monumental. Mejor de momento corramos un tupido velo… Siguió escribiéndome que mañana teníamos que quedar las tres sin falta y reunir información sobre el caso Prescott para decidir qué hacer a continuación. Me ofreció ir a Blackwell a la hora del almuerzo y comer juntas, y como colofón, para terminar de volverme loca hoy, se despidió de mí con un "Buenas noches, Max, ¡te quiero!" acompañado de un montón de emoticonos de besitos. Me dio un vuelco el corazón. Deja de desconcertarme, Rachel… desde luego, no contribuyes nada a que te deje de odiar…
Sólo me quedaba la peliazul para completar mi ronda de chateo nocturno. Casi a la vez que Rachel, Chloe me escribió para decirme que teníamos que hablar mañana sin falta. Cuando la contesté que por supuesto, que quedaríamos las tres chicas para comer en la cafetería de Blackwell y hablar del caso Prescott, me respondió algo bastante inquietante: "Antes de eso, quiero quedar contigo a solas un momento, Max. Tenemos que hablar sobre Rach". Me quedé sorprendida… ¿hablar sobre Rachel? Le pregunté a Chloe que qué ocurría con ella, acompañando mi mensaje con varios emoticonos de carita asombrada, y su respuesta únicamente fue que ya me lo diría mañana. También me echó la bronca por usar emoticonos. ¿Qué tendría de malo usarlos y desde cuándo Chloe los odiaba? Tras mostrar mi desacuerdo poniéndola un puñado de caritas tristes, la comenté fue que si había tenido problemas con David al volver, pero según me informó, Chloe no había regresado todavía a casa, precisamente porque "pasaba de movidas con su mierdastro". Me reveló que estaba matando el tiempo en el vertedero hasta que fuera lo suficientemente tarde como para que David se encontrara durmiendo profundamente. No pude evitar preocuparme: tal y como iba vestida por la tarde, tan sólo con su fina chaqueta negra y una camiseta sin mangas debajo, tenía que estar helándose… pero viendo de qué pasta está hecho su padrastro, la verdad es que quizás haya tomado la mejor decisión. Pobre Chloe. Al menos, ya no lleva su pistola encima, así que no puede hacer ninguna tontería. Durante toda la tarde de hoy, me dio la sensación de que Chloe no estaba del todo cómoda. Tenía toda la pinta de que había algo que quería decir o hacer… y se contenía. La verdad es que para ella ha tenido que ser raro que te cagas el ver como pasé de insultar a Rachel a ser superamigas en apenas un momento. ¿Lo me querría comentar mañana tendría algo que ver con eso?
Eran cerca de las once de la noche cuando el ritmo de mensajes empezó a decaer progresivamente. Se nota que a todo el mundo, y me incluyo, nos estaba dando sueño. Ni siquiera tuve ánimos de levantarme para apagar la minicadena: tan sólo estiré el brazo para dejar mi móvil encima de la mesilla y en la misma postura, me quedé dormida casi al instante.
No importa si el tono que te pones de alarma es tu canción favorita: la terminarás aborreciendo. Me desperté con los suaves acordes de guitarra iniciales de Obstacles de Syd Matters, torcí el morro e imploré poder remolonear unos minutos más. Tío, que se calle ya el puto móvil… en un impulso, agarré el terminal y lo arrojé con toda la fuerza que el sueño me permitía contra la pared. El móvil se silenció… tras hacerse pedazos, y para más inri la pared quedó con un bonito picotazo. Bien, Max, veamos cómo andan hoy tus poderes: rebobiné sin mayores contratiempos unos segundos hasta antes de que sonara la alarma: tanto la pared como el móvil volvieron a estar como nuevos. Todo bajo control. Pensé que era una idiota por haber hecho eso sin tener la certeza completa de que mis poderes seguían intactos: perfectamente me podría haber quedado incomunicada por culpa de un estúpido pronto, pero en fin. Debe que ser que se me ha pegado un poco de la faceta impulsiva de Chloe y Rachel… El caso es que al final todo sigue en su sitio y yo sigo siendo la superheroína de Arcadia Bay, ¿no? Sintiéndome bastante reparada, me levanté de la cama de un brinco.
Lunes... Puede que parezca una maldita empollona por decir esto, pero lo cierto es que me alegra el volver a clase. Por lo menos, eso significa rutina, sosiego… normalidad. Justo lo que necesito ahora mismo después de tanto estrés del fin de semana. Pero en el fondo sabía perfectamente que el empezar una nueva semana en el calendario no cambiaba nada de todo lo acontecido hasta ahora: tendría que seguir lidiando con el hecho de ser una asesina, y vivir con la tensión constante de me pueden acechar en cualquier momento. Venga, Max, deja de ser tan aguafiestas y piensa en positivo… no todo lo que te ha ocurrido hasta ahora es malo: tienes a Chloe y a Rachel. Tienes un poder que te hace casi invencible… tú tienes el control de todo. Vamos a por el día.
Todavía con el pijama puesto, me miré al espejo. Tenía unas pintas terribles y no podía más que preguntarme qué narices habría visto Rachel en mí. Esto no puede ser, Max… necesitas un buen chute de autoestima para hoy. Hum, creo que sé cómo puedo obtenerlo…
Para el atuendo de hoy decidí ser todo lo llamativa que Max Caulfield podía llegar a ser: cogí una minifalda violeta que apenas uso, unas medias negras gruesas, una camiseta escotada blanca con el estampado de un pájaro azul, una chaqueta color crema, ropa interior roja de licra, y cargué con todo ello en la mano. Irónicamente, hoy lunes me iba a poner infinitamente más mona que el sábado cuando estuve en la fiesta del Club Vortex. Evidentemente, el hecho de que hoy haya quedado con Rachel para comer no tiene absolutamente nada que ver. Faltaría más.
Sin más dilación, salí de mi habitación y, tal como hice ayer, bajé al piso de abajo a las duchas de los chicos con la intención de llevar a cabo mi plan de aumento de autoestima. Por el camino me encontré a Stella.
—¡Buenos días, Max! Si vas a las duchas, creo que te equivocas de dirección… —me dijo con cara de sueño. Todavía no se había puesto sus gafas ni se había recogido el pelo de su forma habitual.
—¡Hola, Stella! No te preocupes, tú no has visto nada…
Seguí mi camino como si nada y cuando ya me encontraba a mitad de las escaleras de la residencia, fuera de la vista de Stella, rebobiné unos segundos. De algún modo, me pareció como malgastar mi poder ahora que conozco que tengo un límite, pero no se me ocurría que explicación razonable podría darle a mi aplicada compañera de que me voy con mi ropa limpia hacia las duchas de los chicos. De todas formas he aprendido la lección y hoy me dosificaré mucho más. Estoy segura de que ayer se me fue gran parte del poder sobre todo cuando rebobiné casi media hora del tirón al salir del granero de los Prescott, con lo cual por unos pocos segundos o minutos no pasaría absolutamente nada, y el plan que tengo entre manos es importante para mí, para poder sobrellevar el día de forma más positiva.
Veamos a quién me encuentro en la planta de los chicos… para empezar, por ahí andaba Luke. Creo que es la primera vez que le veo sin su habitual gorra. No le conozco demasiado y daba la sensación de que es demasiado serio, pero en el fondo seguro que es buen chaval: parece que entiende con el mismo tipo de personas en Blackwell que yo, y su odio por la familia Prescott es notorio.
—¿Max? ¿Qué haces en el pasillo de los chicos de buena mañana? —Luke me miró pasmado a la que se llevaba la mano a su rebelde pelo moreno.
—Hola, Luke… ¿Te puedo hacer una pregunta? —dije poniéndole ojitos.
—Tus duchas están arriba, Max, si es eso lo que quieres saber…
—No es eso… Esto… —jugueteé con mis dedos índice— Luke, ¿tú me encuentras atractiva?
Le puse a Luke la mirada más penetrante que me salió. Con lo bien que se te da esto, Max, y sólo eres así cuando tienes la certeza de poder rebobinar. Deberías aprender un poco de ti misma en tu papel de loba.
—¿Estás fumada o algo, Max? ¿A cuento de qué viene esto? Que son las siete de la mañana…
No engañas a nadie haciéndote el incrédulo, Luke. Te he visto tragar saliva y mirarme a las tetas. Me acerqué un poco más a él hasta ponerme a distancia de peligro.
—¿Me encuentras atractiva, sí o no? ¿Te pongo?
—Joder, Max, yo… —Luke desvió la mirada.
—¿Sí o no? —me acerqué a él más todavía si cabe. A este paso le aprisionaría contra la pared del pasillo.
—¡Vale, Max, tu ganas: sí, si me pareces atractiva! Oye, ¿tú no eras la hostia de tímida antes…?
—Interesante… dime que es lo que más te gusta de mí… —traté de poner un tono de voz aterciopelado que lograra llevar a Luke a mi terreno.
—Pues… creo que tienes unos ojos muy bonitos…
Puede ser… aunque estoy tan acostumbrada a ellos que no le doy importancia, no le quito la razón a Luke: tengo los ojos de un color azul zafiro que son bastante exóticos, y por la general a la gente les suele llamar la atención.
—¿Y nada más?
—Bueno… —Luke vaciló— tienes una expresión muy mona, y… esto… a mí me gustan las chicas con pecas.
Eso es un fetiche particular, pero me vale. Ya notaba como mi ego iba aumentando a buen ritmo, pero no me basta sólo con eso. Quería más.
—Entonces… ¿tú me follarías?
—¡Eh, eh, Max…! Estas yendo a toda leche… —conseguí que la habitual cara de pocos amigos de Luke se ruborizara— Esa respuesta tiene un precio…
—¿Cuál precio?
Me estaba gustando más el estilo de Luke que el de Trevor. Al menos él, aun estando en shock, trataba de seguirme el juego e incluso sacar rédito de ello.
—Si te contesto, me tienes que contestar tú a la misma pregunta. Y si coincidimos en la respuesta… lo tenemos que hacer realidad —Luke esbozó una sonrisilla. Ya no te importa que sean las siete de la mañana, ¿eh, cachondo?
—Vale, trato hecho. Respóndeme tú primero.
—Sí. Sí que te follaría, Max —Luke puso un gesto de firmeza que de exagerado resultaba hasta cómico.
Algo en mi interior se puso a dar palmitas. ¿Ves, Max? ¿A qué no vas a estar tan mal y todo?
—¿Y bien, Max? —continuó Luke— ¿Y tú…?
—Ah, yo no. ¡Hasta luego!
De verdad que me hubiera encantado ver la cara de Luke en aquel momento, pero preferí darle la espalda y volverme por donde había venido para clavar mi papel de calientabraguetas. Es increíble lo divertido que es hacer esto. Hasta cierto punto, ahora podía incluso entender a la gente que acostumbra a hacerlo en su vida cotidiana, pero yo sería incapaz de ser tan cruel si no pudiera rebobinar. Creo.
Tenía las respuestas que necesitaba. Si mi poder fuera infinito posiblemente daría un par de vueltas más por aquí en busca de más víctimas, pero decidí volverme a las duchas de las chicas con la sonrisa puesta. Por supuesto, en cuanto di esquinazo a Luke, rebobiné. Ya puedes volver a ser Max durante un rato, Max.
Cuando llegué a las duchas, se encontraban vacías. Como una chica buena, decente y normal, eché la cortina para indicar al resto de la humanidad que alguien se encontraba allí y me desnudé por completo. Según enjabonaba todo mi cuerpo y sentía el agua caliente sobre mi piel sentí que mis hormonas de adolescente se encontraban revueltas. Durante el fin de semana pasado viví situaciones de un nivel de excitación superior al de cualquier experiencia pasada mía, y era como si todos los poros de mi piel me suplicaran dar un paso más allá. Lo cierto es que ya me iba tocando… me imaginé teniendo "una de esas conversaciones" con Chloe y Rachel y hacer el ridículo confesando que todavía no me he acostado con nadie. Pero no puede ser de cualquier forma y a lo loco… me gustaría que mi primera vez fuera real y sincera, y no una experiencia que después quisiera rebobinar. ¿Conozco ya a alguien que reúna esas condiciones…? No lo sé… o en realidad lo sabes mejor de lo crees pero no lo quieres reconocer, Max…
—Putas hormonas…
Hablando conmigo misma, apoyada sobre una esquina de la ducha y con miles de gotas de agua resbalando hacia abajo por mi pálida piel desnuda, agaché la cabeza y me abracé a mí misma. Me daban ganas de reír, de llorar, de gritar, todo a la vez. Supongo que es una escena que resume a la perfección lo que es tener dieciocho años.
Justo en mitad de aquella vorágine de emociones, oí entrar a gente a las duchas. Eran varias voces, y sonaban muy agitadas para las horas que eran. La curiosidad me pudo: me asomé disimuladamente a través de la cortina para ver qué ocurría. Vaya, era mi queridísima Victoria y su séquito de lameculos: Taylor y Courtney.
Poco podía contar de las secuaces de Victoria salvo que mantienen bien limpias las almorranas de ésta, ya que nunca he hablado con ellas más allá de simples saludos que además normalmente eran ignorados. Todas ellas van a clase de fotografía conmigo y no me parecen más que el arquetipo de niña superficial cuyo objetivo en la vida es casarse con un hombre rico y fardar de modelitos. Puede que estuviera prejuzgando, pero tampoco es que me hayan dado la oportunidad de conocerlas en mayor profundidad. Taylor es alta, tiene una melena lacia rubia con flequillo largo y viste de forma apañada pero bastante casual; mientras que Courtney, la más baja de las tres, parecía seguir un estilo a la moda similar al de Victoria, con pelo más corto hasta los hombros teñido de morado.
—Pero entonces, ¿no hay forma de recuperar el material del sábado? —Courtney preguntaba a Victoria con voz de preocupación.
—¿Cómo coño quieres que lo sepa? —Victoria sonaba vehemente, como si realmente fuera la jefa de las otras dos— ¡Era Nathan quien se supone que lo tenía todo en su cámara, joder!
—¿Qué habrá pasado con Nathan? ¿Tú crees que está realmente… desaparecido? —Taylor preguntaba con miedo, como temiendo una reprimenda por parte de la pija del pelo corto.
—¡Me cago en la puta! ¡No soy adivina! Sólo sé lo mismo que todo el mundo: que no contesta al teléfono y nadie le ha visto desde el sábado por la noche.
Las tres se encontraban muy alteradas, como si les estuviera yendo la vida en ello. ¿Qué estarían tramando…? Su nerviosismo era tal que ni siquiera se habían percatado de que había alguien ahí duchándose, y por lo tanto, escuchando.
—No me jodas… ya habíamos creado la página web en Internet para subir el material de Kate y todo. ¡Iba a ser la hostia! Pero ahora…
—¡A la mierda la web, Taylor! —Victoria casi gritaba de rabia, con ambos puños cerrados— ¡La cagada va a ser como otra persona descubra lo que hay en la cámara y se nos caiga el puto pelo!
—Pero eso no va a ocurrir… ¿no? —preguntó Courtney— Quiero decir… no hay nadie por encima de los Prescott en todo el pueblo…
—¡No tenéis ni puta idea de la vida! ¡Pero sabed que como yo me venga abajo, vosotras caeréis conmigo! Me largo a clase, estoy hasta el coño de esta puta mierda.
Con la cara roja de ira, Victoria abandonó las duchas.
—¡Victoria, espera…!
Apenas tres segundos después, los minions de Victoria salieron detrás de ella.
Tío, eso ha sido muy duro… Entonces, al entrar Chloe y yo en el granero hemos evitado que se publicase en Internet material del Club Vortex abusando de Kate y vete a saber cuántas barbaridades más… Me vinieron de golpe un montón de sensaciones encontradas: por una parte, gran alivio y satisfacción personal por pensar que al menos el haberme convertido en la asesina de Nathan haya servido para esto. Por otra parte, me sentí mal porque ese material sigue estando por ahí en alguna parte. Cuando estuvimos en el cuarto oscuro no hubo tiempo para mucho más aparte de para sacar a Kate de ahí cagando leches. Me pregunté si no hubiera sido mucho más sabio destruir todo el equipo que allí se encontrase, pero en cualquier caso ya es tarde para ello. Lo único que saco en claro es que las chicas ahora tenemos una motivación extra para tener que volver sí o sí al cuarto oscuro cuanto antes. Mierda, tengo que hablar con Chloe. Respecto a Kate… no tenía claro si debería decirle algo de todo esto o no.
Con el corazón a mil, me sequé para después vestirme con la ropa que llevaba conmigo. Con mi habitual café de la máquina de vending en la mano y mi inseparable bolso con todo el material de clase necesario para el día de hoy, me dirigí a la academia Blackwell.
