Se devela algo... Gracias por los follows, por las reviews, por estar ahí!

Si no actualizo más es porque el 16.4 (pueden googlear si sienten curiosidad) acabo conmigo.

Crucen los dedos el sábado.

Disfruten, buen fin de semana.


Al Rescate

Ser nueva en una ciudad y que tu mejor amiga se haya ido de fin de semana sexual y que tu asistente aspirante a mejor amigo se hubiera dedicado por completo a su nuevo leal y pasional amigo fogoso, me dejaba tan desdichada, que ninguno de los cientos de libros que había en mi piso, pudieron solucionar el vacío en el que me encontraba el domingo por el medio día.

El sábado había sido un día especial dedicado a mi cuerpo, había optado por hacerme las manos, cambiarme el corte de pelo e incluso me hice unas californianas que me dan un aspecto por completo desenfadado y sexy, el flequillo un dedo sobre mis cejas. Luego pase por la sala de depilación (y no porque esa materia estuviera desatendida) quería tener una atención hacia mi extraña, la cuestión es que cuando salí del centro de estética fui a cenar, como si eso fuera un último mimo. Por lo tanto cuando llegué a mi piso estaba prácticamente exhausta. En definitiva el domingo estaba siendo una mierda en todo su esplendor, podía sin embargo, escribirle a ella…

No lo hice, porque eso sería romper el trato una vez más y crearía más conflictos en mí por sobre todo. Conflictos que me llevaban a repasar cada una de las veces que nos vimos, la forma en que me miraba, la fuerza que ejercía en mis caderas cuando se acercaba por atrás, queriendo marcar territorio, queriendo ser ella la dueña de mi piel. Y no se sentía mal, porque ella en ninguno de todos nuestros encuentros, casuales y no tantos, había actuado sin pasión, ella siempre dejaba todo y un poco. Por eso el aliento siempre me faltaba, porque ella arrasaba con todo lo que tenía en frente y era por eso que no podía dejar simplemente de pensar en ella.

El sexo siempre había sido algo parte de la vida adulta, pero nunca fue algo que me desesperara, no obstante en ese momento y por supuesto en este, no puedo parar de pensar en ella, en su piel blanca como el marfil, en la firmeza de la misma, en como sus ojos cambiaban de color por la intensidad de sus deseos. En como besaba mi cuello, con delicadeza, con suavidad, pero asegurándose que se me erizara cada parte de mi cuerpo.

Y para cuando mi lunes llegó a diferencia del de prácticamente todos en la oficina, fue tan liberador como salir a correr por Central Park, porque deseaba estar ahí sintiéndome útil, incluso salude a cada persona que llevaba cara de antipatía con una gran sonrisa levantando mi taza de té verde, el domingo me había tenido tirada en el sillón, porque cuando me acorde que tenía de vecino a mi Noah ya era demasiado tarde, estaba en su bar atendiendo a diestra y siniestra.

Al llegar al pasillo que conectaba a mi oficina vi a Kurt, mismo que llevaba unas ojeras que ni con todo el corrector de Nueva York podría tapar, sin embargo al verme quedó con la boca abierta.

-Vamos que es solo un simpático cambio – espete con un guiño de ojos. El me siguió a mi oficina con las manos en su boca.

-Querida dime que es lo que comes – mascullo sentándose en mi escritorio con la mirada atónita – no me mal entiendas, eres hermosa pero… Dios te odio- agregó y no pude evitar reírme con fuerza.

En ese momento Kitty entró en mi oficina a paso lento (demasiado lento).

-Afuera – indico severa a Kurt y este camino hasta su escritorio murmurando algo inentendible, Kitty se quedó parada, saco sus gafas oscuras y pude ver que sus ojeras eran aún más grandes que las de Kurt. Reí más fuerte que antes, hasta que ella frunció su ceño y me calle de forma automática.

-Me sentaría, pero no puedo – espeto con la voz grave – y mis zapatos no son nada cómodos y odio a Weston – musito sin perder su seriedad – y te odio a ti por verte como una jodida modelo un lunes tan temprano – me cruce de brazos dejando que continúe desahogándose – pero odio más a Weston por convencerme de entregarle mi culo – dijo apretando los dientes.

Hice un gesto de dolor con el rostro y ella negó con la cabeza – no, en el momento es indescriptiblemente placentero, el momento después es indescriptiblemente doloroso – espeto apoyando su pierna en el en el brazo del sillón.

-¿Cómo viniste hasta aquí? – pregunte por simple curiosidad.

-En el metro, parada, con estos – ella elevó su pie y me mostro un stilleto negro, una tortura para después de su "odisea".

-¿A qué se debe el cambio de look? – quiso saber.

Mordí mi labio y la mire – tenía que dejar atrás a la Rachel aburrida de Boston ¿no crees? – replique y ella sintió.

-Entonces solo vine a decirte que – ella levanto su dedo índice – si quieres tener sexo anal hazlo, pero al otro día procura no tener que trabajar o – levanto otro dedo – que tu amate no la tenga tan grande – concluyo con cierto aire de superioridad.

Pensé en mi extraña de inmediato y como sería el sexo con ella de ese modo. No pude evitar que un calor poco particular recorriera mi cuerpo y se concentrara entre mis piernas, ella había estado entre mis nalgas frotándose y haciendo que mi cabeza diera docena de vueltas, me había acariciado en determinadas partes de mi cuerpo y este no había tardado en precipitarse a un orgasmo más que poderoso.

-Rachel ¿dónde demonios te fuiste?- exclamo Kitty frente a mi rostro. Pestañe rápidamente.

-Yo lo siento, mi extraño – susurre, odiaba mentirle, pero ella tenía un odio por Quinn tan grande y realmente no quería ni necesitaba un sermón en aquellos momentos.

-De acuerdo, Weston necesita de tus dotes por los números – musito antes de salir de mi oficina, a marchas forzadas.

No hubo más que números, cuentas, capitales de riesgo y entonces mi lunes término, al salir de la oficina me apetecía mucho un café, así que encamine mis pies al primer Starbucks para pedir un Dolce Cinamon y volver a las calles de Nueva York, perderme bajo su encanto.

Había tantas diferencias entre Boston y esta ciudad, que nunca me cansaría de ella, se respiraba libertad, sueños y arte de todo tipo. Pare un taxi y mi indicación fue Time Square, porque la vida en aquella parte de la ciudad parecía nunca parar y me fascinaba el ir y venir de las personas. Las historias que podían llegar a esconder, lo agitadas que iban.

Disfrute de mi café lentamente, dejando que la canela deleitara mi lengua con su exótico sabor, con mis ojos perdidos por cada detalle de la ciudad que se sucedía por mi ventana, por el pronunciado tráfico podía disfrutar tranquilamente de mi alrededor, hasta que mis ojos divisaron una cabellera rubia que negaba una y otra vez con la cabeza y apresuraba su paso tratando de esquivar algo, unos metros más atrás pero no tanto pude divisar unos fotógrafos y entonces todo cobro sentido, intentaba escaparse.

-Por favor acérquese hasta la señorita rubia de su derecha– indique con rapidez, el taxista asintió refunfuñando, una vez detenido el coche y bajo un "no se vaya" baje asustando al chismoso que iba detrás de ella, Quinn se giró asustada y agarre su brazo con fuerza – Vamos entra – exclamé con urgencia señalando mi taxi, vi su rostro confuso y no dude en tirar de su brazo – vamos – volví a insistir.

-Sí, santo cielo- afirmo tirando su bolso en el asiento, cerré la puerta y el taxi se puso en marcha.

-¿Acechada? – pregunté, ella rodo sus ojos y cruzó sus piernas.

-Ya tienen tu espalda Rachel…

-No hubo ningún flash, creo que los asusté – dije riendo – ¿estas bien? – quise saber.

-Ellos siguen insistiendo en algo que no existe – contesto entre dientes, fijo sus ojos en mi escote y de repente su rostro se suavizo, sonriendo de esa manera provocativa que hacia brotar liquido caliente de mi cuerpo – Hola – dijo mirando mis pechos – las extraño, puedo saludarlos – cuestiono con seriedad.

-Nada de obscenidades en mi taxi – grito el pobre conductor, yo le hubiese dicho que si indudablemente - ¿A dónde vamos? – pregunto queriendo saber el rumbo ahora que había una nueva pasajera.

-Siga hasta el parque – contesto ella sentándose de costado para poder mirarme mejor – cena conmigo Rachel – pidió con voz amable.

Me acerque a su rostro, mordiendo mi labio y cuando divise un brillo especial en sus ojos mordí suavemente su labio inferior.

-Eso no va a pasar – susurré con una leve sonrisa, besé a continuación su cuello.

-Te ves hermosa Rachel, el pelo y ese vestido, ¿hay algún color que no te siente bien? – me reí suave contra la piel de su hombro, ella también iba con un vestido y dios como agradecía eso. Acaricie sus piernas muy despacio de forma imperceptible.

-El señor se va a enojar – susurro antes de morder el lóbulo de mi oreja. Poco me importaba que se enojara, acomode mi chaqueta en su regazo y mi mano se perdió entre sus muslos.

-Rachel – espeto quedo pero seria, levanté mi vista y sus ojos tan oscuros dejaron fuera de juego de mi consciencia, era todo lo que necesitaba para saber que ella no quería que yo parara. Era hermosa toda ella, de cualquier forma que pudiera presentarse y en cualquier lugar –Ven a mi casa – susurro sobre mi oído.

-No – respondí y entonces mi mano llego a donde quería, su sexo estaba caliente y lo sentía tan ansioso como sus ojos en esos momentos, estaba húmeda y ni siquiera la había tocado, mordiéndome el labio para reprimir un gemido comencé a acariciarla – te chuparía… con tantas ganas – murmuré sobre la piel de su cuello y pude escuchar un gruñido.

Me agarro de la cintura con fuerza para ponerme sobre sus piernas.

-Eres una chica muy mala y una muy pervertida – balbuceo con los dientes apretados sobre mis labios.

-Nada de sexo en la cabina – grito el taxista, golpeando el divisor de plástico.

-Oiga amigo somos dos mujeres discutiendo, conduzca – exclamo mi extraña, se aferró a mi piernas sin dejar de mirarme. Podía seguir, quería seguir tocándola, quería que se deshiciera en mis manos.

Así que me acerque a su boca, lamí su labio y mi mano volvió a meterse entre sus piernas.

-Eres una zorra – murmure a su oído, ella lo había hecho a propósito, conmigo arriba de ella sus piernas quedaban ligeramente abiertas para que pudiera llegar a ella. Mordí su labio y apreté su clítoris masajeando con cuidado.

-¿Qué pretendes? – pregunto acariciando mis piernas.

-No eres nada perspicaz verdad – respondí lamiendo su cuello a la vez que recorría su sexo mojado con mis dedos – quiero que cuando acabes muerdas tanto tus labios que te duela – dios mío Rachel Berry quien eres! Ella se tensó por completo al sentir como entraba en ella pero sin dejar de masajear su clítoris.

-Tendré en cuenta esto para nuestro próximo encuentro – pronunció, entonces mis dedos tocaron cierto lugar sensible que hizo que apretara sus piernas, me pego a su pecho y mordió fuerte mi hombro.

-Vamos Quinn no te contengas – le pedí prácticamente rogándole, entonces sentí como se contrajo alrededor de mis dedos, como su pecho se infló y finalmente mi clavícula se llevó una buena mordida. No había dolor cuando había logrado que acabara en un taxi mientras Nueva York vivía y latía del otro lado de la ventanilla del taxi.

Ella se metió en mi cuello, aspirando con fuerza, acariciando mi pelo con ternura. Dejo un beso por ahí y yo bese su frente.

-Ha sido genial cariño – espeto pero el "cariño" se me había quedado atrapado en la garganta o tal vez en otro lado.

Acomode mi vestido y me senté a su lado, vi los ojos del taxista por el espejo retrovisor – ella no quiere casarse – resolví, la extraña se sonrojo y el taxista dejo de prestarnos atención.

-Sigo sin entender porque te siguen tanto – musite pensativa con la vista puesta en el tránsito.

-Cristine Dae – susurró y mi vista giró tan rápido que mí maree.

-Que tiene que ver el Fantasma de la Opera contigo – cruce mis piernas y mis brazos, esperando por su respuesta.

-Al llegar a la ciudad… fue la primera obra que fui a ver y en el asiento continuo estaba esta senadora por el partido republicano, suspirando tanto o más por Cristine como yo – se quedó callada un momento – ella y yo conectamos en seguida, de ahí fuimos a cenar y por supuesto terminamos en su piso – la vi mirar por la ventana, pensativa o incluso algo herida.

-¿De qué año estamos hablando?- interrumpí, porque ella era muy buena ocultando detalles que eran necesarios.

-Amanda Lance – musito con su mirada tensa y entonces mi expresión cambio por completo.

-Demonios tú y ella, Amanda es sorprendente, con toda es mierda de los derechos de la mujer – concedí de inmediato.

-Su tenacidad ante eso me atrapo por completo, pero su personalidad me alejo, es muy inestable psicológicamente hablando y su amor se disparó hacia lo alto y el mío no llegó a ser ni siquiera solido – sus ojos reflejaban dolor, dolor por no haber podido amarla de la manera que ella quería, no estaba orgullosa tampoco de lo que había sucedido eso podía notarlo. Lo que me llevó a acariciar su rostro, delicado e incluso armonioso.

-No eres mala persona Quinn – no, no lo era, solo tenían esta imagen errónea de ella.

-Luego de que nos vieran en reiteradas ocasiones por la ciudad, fue cuando decidí que ya no podía seguir, ella se encargó que todo el mundo lo supiera, ella detallo que yo no respetaba a mi género, solo lo satisfacía – mascullo torciendo los labios.

- Bueno eres realmente buena en eso – dije bromeando y ella levemente sonrió.

-Tú eres tan distinta… sabes – ella se quedó pensativa un momento – si quieres que una mujer o bueno un hombre no deje de pensar ti, solo tienes que establecer una estúpida regla de no citas y solo divertido y poco casual sexo – reí suavemente, aunque ella parecía tan seria en ese enunciado.

-Amanda Lance – murmure, me sonaba su rostro y mucho más su nombre, más allá de que sea una reconocida mujer política.

-Ella finalmente se casó, paso por Boston un tiempo y luego se fue a San Francisco, yo solo espero que sea feliz con todas sus mierdas – había sido tan sincera, que pude notar que no la odiaba, a pesar de lo que le había hecho, estaba decepcionada por supuesto, porque ahora su vida privada no existía y solo por el despecho de una mujer mentalmente desequilibrada.

Cuando levante la vista y mire donde nos encontrábamos me di cuenta que estábamos muy cerca de su hogar, no porque hubiese ido, simplemente porque Kurt es un chismoso y me dijo que vivía en un amplio loft de Tribeca.

-Creo que puedo llevarte a tu hogar, ¿qué dices? Entonces estarás a salvo – espete mirando su rostro contrariado al saber que sabía dónde vivía.

-Me parece perfecto – contesto como si nada, no pude evitar aseverar la mirada, pensé que como siempre insistiría en que vaya a cenar con ella o que suba a tomar algo, era su oportunidad, ¿por qué no lo hacía entonces?

-Un gusto dejarla en su hogar Srta. Fabray – murmure antes de besarla en la comisura de sus labios, necesitaba que lo dijera, que me dijera que subiera con ella, solo para poder decirle que no.

-Nos vemos en la semana Rachel, estate preparada, en cuanto libere la agenda te lo haré saber – indico antes de besar mis labios y abandonar la cabina del taxi, se acercó al conductor y dejo una orden con un billete y luego camino hasta la puerta del edificio, con esa galantería de la que llevaba en cada parte de su cuerpo, como si todo el mundo estuviera a sus pies.

De camino a mi hogar un mensaje me distrajo de todo lo que estaba pensando, "semana de pintura" rezaba aquel confuso mensaje de Kitty, fruncí mi ceño y escribí "estas acaso ebria?"

"Idiota, Weston se va y quiero darle una sorpresa, consigue una brocha" respondió de inmediato, ¿para qué demonios quiero una brocha, no pensará que iremos a pintar nosotras verdad?

Tal vez, simplemente quiere vengarse por haberla dejado coja y arruinar su lujoso piso es la mejor manera de hacerlo.

Abrí la puerta de mi pequeño piso y se me antojo de inmediato una ducha de agua caliente para luego prepararme una taza de café con unos de mis tantos libros. Pase una mano por mi pelo de manera instintiva y no pude evitar sentirla a ella, hacia escasos 30 minutos estaba haciendo que se corriera en un taxi en movimiento y una sonrisa se dibujó en mi rostro de forma inmediato. No estaba bien que pensara en ella, porque sencillamente ella estaba perturbando mi soltería, lo sabía, no me estaba alcanzando un solo encuentro en la semana, no me estaba alcanzando la escasa información que tenía sobre ella, necesitaba más y no estaba bien para nuestro trato.

Cuando me recosté sobre el sofá, con mi taza de café entre las manos, viendo como la noche estaba cayendo lentamente, como el dorado tan espectacular de las calles de la ciudad bañaban cada parte de ella volviéndola aún más especial. El sonido de mi móvil interrumpió mis pensamientos, una llamada vibraba por ser atendida.

-Hola – salude extrañada, ella nunca llamaba, más bien nuestra comunicación era vía mensajes.

-No recuerdo si te lo dije, pero gracias por lo de hoy – su voz sonaba tan calmada, sonaba a gloria a través del teléfono.

-Solo no quería quedarme sin amante tan rápido – respondí con una risilla simpática.

Escuche una copia de risita divertida a través de teléfono – me ha encantado ese cambio de aire en tu rostro Rachel, eras hermosa, pero hoy me has dejado sin palabras – su convicción sonó tan fuerte y segura que el sonrojo no tardó en llegar – estoy enviando una imagen a tu email, tómalo como un adelanto del creo que será jueves o viernes eso está bien contigo?, – preguntó, se escuchaba como tecleaba algo y entonces recibí la notificación que efectivamente tenía un mail de ella.

-Me acaba de llegar, creo que sí, aunque estoy viajando a Boston la noche del viernes – respondí con demasiada información, de repente se quedó en silencio y me hizo dudar de si la línea había caído – ¿estás ahí? – pregunte.

-Sí, solo estaba viendo mi agenda, podría ser la tarde del viernes y no extendernos demasiado, pero contéstame con seguridad cuando veas el correo de acuerdo? – contesto.

- De acuerdo –

-Bien, entonces estamos al habla, buenas noches Rachel – salude en contra partida y ella dejo que la llamada cayera.

Deje escapar un suspiro, porque ella realmente se esmeraba en cada uno de nuestros encuentros, ninguno tenía una pizca de similitud con el anterior y la pasión que desbordaba era siempre diferente, como si se renovara y alcanzara un nivel superior, como si realmente no conociera su piel o su cuerpo y todo fuera como una loca, fogosa primera vez.

Al abrir mi bandeja de entrada pude distinguir el río Hudson pero visto desde una muy alta azotea, en realidad no tan alta, por lo que los edificios colindantes podrían ver todo lo que fuera a pasar en ese lugar. En el cuerpo del mensaje se podía leer "vistas desde el edificio Franklin, del río Hudson"

Más abajo decía "Quiero comprobar tu capacidad pulmonar"

Agarré mi móvil y mordiendo mi labio escribí. "Te sorprendería" ella no necesitaba más que eso para entender lo que intentaba decir.

Camine hacia mi habitación despojándome de cada prenda de ropa que llevaba, por un momento me sentí completamente liberada, salvaje por hacer aquello que nadie vería. La suavidad de las sabanas envolviendo mi piel, entonces me imagine con mi extraña en una cama sin horas que nos limitaran, descubriéndonos una y otra vez. Cuando me di cuenta mi mano estaba acariciando la zona más sensible de mi cuerpo, esa parte que mi extraña sabia como hacer explotar.

Me imagine la azotea, ella con su cuerpo desnudo sobre el mío, acariciando cada parte de mi cuerpo, su boca en mi cadera, su lengua repasando cada parte mi piel. Entonces me dormí cuando un suave orgasmo inducido me golpeo, me dormí como si ese hubiese sido el sedante perfecto para que mi cuerpo encontrara el camino para tener el sueño más relajante y placentero.

Dejando de lado el ansía de estar allí con ella. Dejando escapar un verdadero detalle que me había quedado dando vueltas y que por culpa de su llamado había dejado de lado.

Había obtenido cierto panorama de información que me decía que esa imagen de rompecorazones que tenían de Quinn era toda una fachada que ni siquiera ella se creía, que en realidad no aceptaba. Había sido víctima del despecho de una mujer y pagaba por ello día sí y día también, del mismo modo que pagaba por los platos rotos de otra persona conmigo.