Caminó confiado hacia el callejón, su hermanito de seguro se encontraría allí.

Vio a las criaturas de cuatro patas acercársele a un cuerpo muy bien escondido entre las cajas que ahí se podían observar. En posición fetal, el Matsuno de buzo morado escondía su rostro entre sus piernas, pequeños sollozos podían escucharse no solo de los gatos que demandaban cariño de su acompañante sino también de cierto chico de cabellos alborotados.

Se le partió el corazón al verlo de esa manera, nunca pensó que una pelea lo pondría así. Casi podía vérsele incomodo al estar parado a su lado, esa inseguridad que le asaltó sólo podía compararse con la imposibilidad de no poder hacer nada que ahora mismo sentía.

No podía ponerse así, su hermanito lo necesitaba y no era momento de echarse atrás en su intento de reconfortarlo.

El menor intentaba no ser escuchado y al parecer no se había dado cuenta de que se encontraba ahí.

El suspiro que salió de sus labios lo delató e hizo que su hermano volteara a mirarlo. Sus ojos cristalinos reflejaban la luz de la luna, señas de que había estado llorando un buen rato. Los hipidos decían claramente que estaba tratando de reprimir sus sollozos. Esquivó su mirada al instante, no soportaba el ser juzgado otra vez.

O

No quería mirarlo, ya había tenido suficiente con las críticas que recibió en la casa.

Esperaba que Karamatsu se fuera, necesitaba estar solo y la sola idea de que se encontrara así por su causa lo incomodaba aún más. Deseaba que se diera cuenta que no era necesaria su ayuda.

Pero, en contra de que lo que pensaba que haría, recibió un abrazo.

O

No era como si esto solucionara todo, pero esperaba que entendiera el mensaje.

Estaría ahí para todo lo que necesitase.

O

El menor se quedó un rato sin hacer el más mínimo movimiento, reflexionando sobre todo esto y, sujetándose con fuerza de su hermano, correspondió al abrazo.

O

Las lágrimas no tardaron en reaparecer mojando el hombro del de azul, dio leves palmaditas en la espalda de su acompañante diciéndole que no debía reprimirse con él. No lo juzgaría por lo que sea que haya hecho, sólo estaría allí para calmarlo y apoyarlo.

O

¿Cómo podía ser tan comprensivo si ni siquiera sabía el motivo de la pelea? ¿Cómo era posible que una simple muestra de cariño lo reconfortara tanto? ¿Por qué se sentía tan bien a su lado sin haberse dirigido la palabra siquiera?

Bueno tal vez era porque estaba enamorado.