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Capítulo 10
El tren que traía a Candy y Terry desde Chicago, llegó a la estación en medio de la fría noche, pocas personas se encontraban esperando a sus seres queridos, paso el tiempo y descendieron junto a Eleonor y Richard, mientras estaban en el hangar un hombre se les acerco dándoles la bienvenida y guiándolos hacia el auto que los aguardaba, no era de extrañarse ya que el duque aviso su llegada.
Se condujeron por las oscuras calles de New York acompañados por la hermosa y suave caída de la nieve de los primeros días de diciembre.
Su primer destino fue la casa de Eleonor, se despidieron, tanto como ella y Richard descendieron, dejando al nuevo matrimonio solos a la espera de llegar a su hogar.
Candy todavía no salía de su asombro, no podía creer que en tan pocas semanas su vida había cambiado tan radicalmente, ella había llegado en un principio a New York con muchas expectativas y sueños, pero nunca pensó que se haría realidad todo lo que ella deseaba, voltio a ver a Terry y se topó con esa mirada tan profunda que la hacía temblar, le sonrió, él le devolvió la sonrisa pero seductora, se acercó a ella y la tomo entre sus brazos, la beso apasionadamente, el beso termino y el castaño comento
- Pecosa espero que no estés cansada – dijo pícaramente
- No, para nada – afirmó con la respiración agitada pero inocentemente, a Terry lo mataba eso, le encantaba que todavía no entendiera sus indirectas
- Me alegro – y volvió a besarla y también a acariciarla
El recorrido se les hizo eterno pero a la vez corto, su casa no se encontraba muy alejada de la de Eleonor, con la poca conciencia que tenían escucharon al chofer que les avisaba que ya habían llegado, se separaron a regañadientes, Terry bajó primero para luego ayudar a Candy hacer lo mismo, pero antes que ella diera un paso la tomo entre sus brazos y la condujo hacia la entrada de su hogar
Lo hizo porque una cosa era su luna de miel y otra muy distinta era el inicio de su vida juntos.
Cruzaron el umbral de la entrada principal y Terry camino con un objetivo claro: su habitación. Mientras subían por las escaleras se besaban intensamente, a pesar de no estar en una posición muy cómoda, con esto la temperatura ascendió y de pronto la ropa les estorbaba, al fin llegaron a su destino ansiado, sin saber cómo Terry ya solo se encontraba en pantalones y Candy en su ropa interior, él la colocó en el suelo y Candy detuvo abruptamente el beso y antes que él pudiera reaccionar empezó a descender con cálidos besos por el cuello de él, se entretuvo un rato ahí para así luego continuar con ese pecho fuerte y firme que la volvían loca, con esto Terry se estremeció y una parte muy vulnerable de su anatomía se volvió loca, no resistió más, tomó a Candy de su rostro y la beso locamente, luego empezó a despojarla de sus últimas prendas y así poder recorrer con sus labios el cuerpo de su esposa, luego acariciar esos montes que lo hacían perder la razón, los torturo lentamente a besos y caricias, sentía como Candy se contraía y gemía dulcemente de placer, no aguanto más, regreso a su boca desesperado, la empezó a conducir a la cama, en el recorrido Candy lo despojo de sus pantalones y demás, se acomodaron en la cama y la pasión dio a rienda suelta.
Terry gemía de placer con cada caricia que Candy le prodigaba y se asombraba por conocer ese lado de su pecosa, pero eso también lo entusiasmaba ya que su pecosa le estaba mostrando completamente como era ella, solo con él se presentaría así, fue el primero en su vida y sería el único, último.
Después de que ambos se torturaron a caricias mutuamente, Terry se acomodó sobre Candy y la hizo suya tiernamente pero apasionadamente, haciendo estremecer a ambos, perdieron la razón, pronto el ritmo se volvió más cadencioso y la habitación se transformó en una hoguera incandescente por la pasión demostrada, así con el pasar de los minutos en la noche fría, pero cálida para los amantes, llegaron juntos al éxtasis gloriosamente, gritando sus nombres exclamaron su placer, no era necesario hablar, con sus ojos y corazón se decían todo.
Esa noche se amaron tres veces más, Terry ni en sus mejores sueños se imaginó algo así.
En una hermosa casa se despertaba el nuevo matrimonio Grandchester, pasaron tres días que si les iba bien salían de la habitación para comer, pero esa mañana era radiante y optaron por dar un paseo.
Primero visitaron a Eleonor y Richard, ya que no los habían visto desde que llegaron, también porque ellos no decidieron molestar a la pareja enamorada y no se equivocaron ya que los jóvenes se miraban radiantes, espectaculares y ante todo transpiraban amor. Se quedaron hasta el almuerzo, pasaron un rato muy agradable, Candy agradeció todas la molestias que Eleonor se tomaba con ella, ya que ella le había contratado el servicio para la casa, que llegarían el mismo día que Candy y Terry reanudarían actividades, así podían disfrutar su luna de miel, esta afirmación sonrojo ambos, ya que era verdad, provocando la risa de Eleonor y Richard, también llegaría Dorothy como dama de compañía para Candy como asunto especial por parte de Albert ya que tenía conocimiento de la especial amistad entre ambas chicas, llegaría el mismo día que el demás servicio.
Salieron de la casa con la promesa de que se verían en 4 noches para cenar en el hogar del joven matrimonio Grandchester.
Candy y Terry continuaron con su paseo por las calles de New York, se dirigieron al área de comercios con su habitual acercamiento, les daba igual si los criticaban además para ellos era esencial y estaban casados, las argollas en sus manos lo constaban.
De repente se detuvieron, como si algo los llamara, frente a una tienda de cosas para bebes y a ambos les dio un vuelco el corazón y se unieron en pensamientos
- Un hijo de ella y mío sería maravilloso – pensaba Terry
- Dios mío, un hijo nuestro sería lo mejor en esta vida – deseaba Candy
Y se voltearon a ver perdiéndose en el alma del otro y encontrándose con un nuevo brillo hermoso que se mostraba gloriosamente en el verde y azul, estaban conscientes que la posibilidad de un hijo era latente, dado a los últimos acontecimientos, se sonrieron y rubor extraordinario cubrió el rostro de Candy haciendo que bajara la mirada, con esto una sonrisa pícara se pozo en Terry demostrando que ambos recordaban todo lo bellamente vivido, él la rodeo con su brazo por la cintura y así continuaron su caminar, soñando el mismo paseo pero con angelito acompañándoles, para así llegar a Central Park.
Lo recorrieron y después de un rato se acomodaron en una banca que se encontraba bajo la sombra un frondoso árbol, les recordó el glorioso padre árbol, en silencio y abrazados, disfrutaron del paisaje que se les presentaba, encontraron parejas, abuelitos, niños y todos irradiaban felicidad como ellos, el silencio duro hasta que él lo rompió
- Gracias – tiernamente afirmo, cerca del oído de Candy que tenía su cabeza recostada en su pecho
- ¿Por qué? – pregunto levantándose para verlo a los ojos
- Por esta felicidad que me embriaga – la beso – y todo es gracias a ti
- ¿Yo? – dijo claramente sorprendida
- Si, tu pecosa, desde que llegaste a mi vida le encontré sentido, tú me trajiste cosas extraordinarias
- Y tú con tu amor le distes a mi vida todo lo que un día soñé, ¡gracias! – ahora ella lo beso
- ¿En serio? – ahora era él, el sorprendido, nunca se imaginó que él le daría algo ya que el desafortunado era él
- Si – lo volvió a besar para confirmarle con hechos lo que decía – me has dado amor, alegría y una familia, así al fin perteneciendo a un lugar – poso sus manos sobre el pecho de Terry – y tu corazón
- … - no pudo decir nada, solo la abrazo fuertemente, a pesar de todo él concia sus raíces, en cambio Candy solo conocía lo que la vida le digno a dar y a la larga dejándola sola, más de lo que él un día pudo sentir – Siempre será tuyo, como el tuyo será mío
- Para siempre
- Para siempre – confirmo Terry
Se fundieron en un beso donde dejaban sus tristezas en el pasado, para luego abrazarse, y así desahogar sus almas al viento y llenando su corazón de felicidad. Como el día terminaba, terminaba su soledad y como nacía la noche nacía la semilla de ese gran amor.
Terry al ver una pareja como ellos peleándose por una broma que el joven le había hecho a la dama sonrió
- ¿De qué te ríes? – cuestiono la pecosa
- Recordaba nuestras vacaciones en Escocia
- ¿Y qué recordabas específicamente?
- A ti y todo lo maravilloso que fue tenerte a mi lado
- Para mí también fue especial, por eso acepte tu invitación – eso siempre Terry lo supuso pero confirmarlo era grandioso, se volvieron a quedar en silencio pero no incomodo
- Solo una cosa que no me gustó – expreso el castaño
- ¿Así? ¿Cual fue?
- La forma en la que trató Eliza cuando le salve la vida, de haberlo sabido dejo que se ahogue
- Por eso te fuiste molesto ¿verdad?
- Sí, no podía permanecer viendo eso y permitirlo, quise llevarte conmigo pero tus primos no me lo hubieran permitido - su abrazo se hizo más íntimo, pero la voz de él se hizo más seria – no sé ¿cómo no la enfrentaste?
- Amor – se volvió para verlo – ya estoy acostumbrada a los desplantes de ellos, y eso fue lo mínimo que me hicieron – lo dijo tan tranquila
- ¿Lo mínimo? – se enfureció
- Si, veras…
Así fue como Candy le conto todo lo que tuvo que soportar de los hermanos Leegan, Terry la tomo entre sus brazos y la beso tiernamente, maldiciéndose por no estar al lado de su pecosa para impedir todo aquello, el beso termino y se acomodaron nuevamente con Candy en el pecho de Terry y el silencio volvió
- Perdón – se dejó escuchar la dulce voz de Terry acariciando el alma de Candy
- ¿Perdón? – Candy lo miro extrañada
- Nunca debí… - Le acaricio la mejilla derecha, siempre le dolió haber reaccionado mal cuando la beso por primera
- Que quieres decir Amor con … - no pudo terminar de hablar Terry la beso apasionadamente
- ¿Recuerdas nuestro primer beso? – un rubor cubrió el rostro de Candy
- Si – su voz apenas se escucho
- Sabes desde antes de ir a Escocia quería hacerlo, pero quería que fuera especial para ti, para nosotros – Candy lo escuchaba atenta – y pensé que el mejor lugar era cuando tuvimos nuestra fiesta blanca, ¿la recuerdas? – Candy solo asintió, no podía hablar, siempre se preguntó que había llevado a Terry a besarla – pero algo me dijo que no era el momento y cuando terminaban las vacaciones no pude evitar hacerlo, desde ya te amaba y esa era la mejor forma de demostrártelo – la vio tiernamente y tomo su rostro con sus manos, la acaricio – pensé en tu reacción, pero una afirmativa ya que me habías dejado ver que no te era indiferente, pero cuando me golpeaste – bajo la mirada – tuve miedo y mi autodefensa salió, lastimándote… - sintió como una suave mano tomaba su barbilla y hacia que viera esas esmeraldas que adoraba estaban llenas de lágrimas, no aguanto y la limpio con sus labios
- No me lastimaste, al contrario – lo beso fugazmente – le abriste los ojos a mi corazón solo… - ahora ella bajo la mirada – no supe cómo decirlo, perdón por pensar mal, pero me tomaste desprevenida - Ahora él fue quien levanto el rostro de Candy
- No tienes por qué disculparte el tonto fui yo, al no entender y hacerte ver que si lo hice fue por arrebato y no por amor – la abrazo y le dijo al oído – fue la primera vez que abrí mi alma y corazón, me alegro que haya sido contigo, eres mi alma gemela, ¡Te Amo más que a mi vida!
- Le agradezco a la vida por ser tu mi alma gemela y enseñarme lo que en verdad es el amor, ¡Te Amo con toda mi alma!
Se fundieron en un beso, mientras el ocaso continuaba dos corazones dejaban miedos y dudas atrás. Con una nueva determinación se dirigieron a su hogar, para mostrarse con hechos lo que su alma decía.
Los días pasaron y llego la noche de la cena en la de la familia Grandchester Andry.
Terry estaba verdaderamente sorprendido al saber que Candy tenía grandes dotes en la cocina, su primera sorpresa fue la primera mañana que estuvieron ahí, lo recibió con un estupendo desayuno, la verdad la embromo diciéndole que estaba horrible pero pago las consecuencias ya que no almorzó, porque Candy le dijo que si no le gustaba lo que cocinaba que viera que hacía, y vaya que se las arreglo ya que comió Candy a la Orange, y no tuvo quejas de ella, pero había que ser sincero siempre dudo de ella en la cocina, pero ahora debía admitir que Candy era una cajita de sorpresas y todas eran fantásticas.
Ahora estaba recostado en el umbral de la puerta de la cocina y miraba como Candy caminada de un lugar a otro, revisando el horno, sacando cosas de la despensa, lavando y demás, pero lo que más le llamaba la atención era que Candy vestía unos pantalones y una blusa ligera, "es para sentirme cómoda", era lo que Candy decía, si la viera su Tía Abuela pegaría el grito en el cielo, pero para él esa era su Candy y por nada del mundo la cambiaria.
El tiempo paso y la noche llego, se alistaron, ya que la cena no era formal, ambos vistieron cómodamente, listos para disfrutar de un rato familiar.
La mesa estaba bellamente puesta con un juego para cuatro de china, con un centro de rosas blancas, un vino de la mejor cosecha, engalanando a un filete suizo, delicioso arroz blanco y una ensalada cesar.
Richard y Eleonor quedaron encantados con la cena ya que Candy demostró que podía ser una perfecta ama de casa y con su dulzura una estupenda madre, ambos ya soñaban con los nietos.
Agradecían a la vida por ponerla en su camino. Y que su hijo se enamorara de esa extraordinaria mujer.
Pero la noche paso y la velada termino, dejando un adulce sabor de boca de una feliz familia en ambas parejas, eso era la Felicidad.
La velada fue encantadora ya que la familia Grandchester ya no mostraba recelo, orgullo o incluso odio, ahora toda era paz y armonía, Eleonor y Richard sabían que la única autora de todo esto era Candy y se lo agradecía inmensamente, ya que recuperaron a su hijo y ganaron una estupenda hija.
Para Terry y Candy esa la vida que siempre soñaron, donde había una familia que reinaba el amor, respeto y la unidad.
Donde todo podía ser tan sencillo como acurrucarse juntos a leer un libro, hablar de todo y de nada, amarse, velar el preciado sueño o solo disfrutar de la compañía del ser amado.
Y agradecían al cielo por esa dicha. Y clamaban para que cada minuto fuera más grande y el amor que quemaba sus entrañas nunca se extinguiera. Y así demostrar lo que el amor verdadero puede hacer.
Continuara….
Comentarios Feb 08, 2018
Me encanta que esta pareja disfrute de su amor.
Cometarios originales
¡Hola Chicas!
Aquí ando de nuevo, y si siguen conmigo es un logro
Espero no aburrirlas con este capítulo, pero quería expresar muchas cosas espero les guste, si no ya saben los abucheos son bien recibidos.
De verdad muchas gracias chicas por apoyarme en esta aventura sus palabras son un aliento para seguir, se los agradezco de corazón
¡Un millón de gracias! Y si miran que la historia decae díganme sin pena.
Hasta pronto, nos leemos pronto.
