Este capítulo contiene escenas de sexo explícito, que se marcarán entre corchetes. Si eres sensible a este tipo de contenido, salta la parte entre corchetes. En la nota de la autora al final del capítulo habrá una breve explicación para aquellos que no quieran leer esta clase de contenido.
El móvil empieza a vibrar sobre la superficie de la mesa, un ruido que me saca de las operaciones de análisis financiero o como leches las llame el libro de economía. En cuanto recupero el sentido del espacio, me doy cuenta de lo tarde que es sólo por la luz que llena la estancia: el atardecer se acerca paso rápido y proyecta sombras alargadas por el suelo y las paredes que toman un color anaranjado.
Miro quién me llama y basta con leer su nombre en la pantalla para que se me escape un profundo suspiro. El móvil continúa vibrando en mi mano, a cada instante que pasa menos tiempo queda para decidir, pero al final me digo que ya basta. Descuelgo:
-¿Sí?
-Hola, Sasuke.
Su voz suena tan dulce como siempre, una dulzura que me trae un torbellino de recuerdos. Las tardes caminando hasta su casa tras el instituto, comentando el día, los fines de semana perdidos en librerías de segunda mano, leyéndonos sinopsis y párrafos el uno al otro, aquella noche en su casa, susurrando teorías sobre una serie que veíamos… Los pedazos sueltos de lo que hicimos, de lo que un día fuimos.
-Hola, Hinata – contesto, sonando neutral. Horrible.
-Pensé que nunca más te oiría pronunciar mi nombre.
-Pensé que nunca más lo haría.
-¿Hasta ese punto ibas a castigarme?
-Sí, no lo sé, supongo.
Creo que se ríe al otro lado de la línea, incrédula, y puedo imaginar su sonrisa sin problemas y cómo probablemente niega con la cabeza y se le agita el eterno flequillo recto.
-Me alegra que hayas cambiado de opinión.
-No tiene sentido, en realidad.
-Pero sigues dolido, ¿verdad? -. Guardo silencio – No pasa nada. Lo… lo entiendo, claro que lo entiendo.
-¿Para qué llamas? – pregunto, buscando cambiar de tema. No me apetece hablar con ella de si me siento de una manera o de otra. Ni con ella ni con prácticamente nadie, nunca.
-Han pasado unos cuantos meses, Sasuke. Ya va siendo hora de que aclaremos las cosas.
-Bueno.
-Habladlo Ino y tú, ¿vale?
-No lo dudes.
-Y, bueno… ¿cómo te va?
-Estoy bien, no te preocupes por mí – contesto, e intento luchar contra la siguiente parte, pero no puedo y acabo por decir - ¿Tú qué tal?
-Mejor ahora que hemos hablado.
-Hinata, sé que dices esas cosas con buena intención, pero ahórratelas por una temporada. Me harías un favor.
-Oh… - suena triste de pronto – Claro, entiendo. Estoy bien.
-Vale. Tengo que colgar. Ya hablaremos más adelante.
-Te tomo la palabra.
-Hasta otra.
Despego el móvil de la oreja y cuelgo. Recojo deprisa, los movimientos cargados de una ira pesada que se ha ido formando entre mis costillas durante la charla. Y ante esa frase, o lo que ha provocado en mí. Soy estúpido. Me dice una tontería y de pronto el resplandor de la esperanza lo ilumina todo, como si me hubiera dicho de nuevo que me quiere, como si eso significara que quiere volver conmigo. Soy totalmente estúpido.
Me echo la cartera a la espalda y, cuando me giro, veo a Sakura tumbada de lado sobre una de las mesas. Su móvil reposa dentro de su mano, los auriculares conectados llegan hasta sus oídos. La observo, tan tranquila, e incluso oigo algunas notas sueltas de lo que escucha, si es que lo escucha. Juraría que duerme.
Es un contraste interesante, ella totalmente fuera de la realidad y yo aquí, tan dentro. Iba a buscar la sala del club de baile a ver si Ino seguía por aquí, pero ahora me tomo unos segundos para observar cómo duerme, una serenidad contagiosa que apacigua en parte todo lo que se agita y bulle dentro de mi pecho. Acabo por acercarme y, cuidadosamente, colocar unos cuantos cabellos sueltos tras su oreja, una caricia suave que se queda grabada en las yemas de mis dedos y que consigue despertarla.
-Es tarde ya – le digo mientras se quita los auriculares, los ojos entreabiertos como si le molestara la luz – Yo tengo prisa, si no te esperaría, pero deberías ponerte en marcha.
-Ah, vale… gracias.
-No es nada. Nos vemos mañana.
-Claro. Hasta mañana.
Me marcho deprisa, recorriendo los pasillos a pasos largos hasta que encuentro la sala del club de danza moderna. Llamo a la puerta y me responde Ino. Menos mal.
Entro y descubro que sólo está ella, que me mira con cara de circunstancias. Estupendo, ella también ha recibido una llamadita.
-Me estaba cambiando y me llama, el muy imbécil. Yo que estaba tan contenta porque, tras horas practicando, me han salido bien todos los pasos – dice, claramente molesta – Que me había quedado sola y todo, para estar más a gusto. Que en realidad mira, mejor que me haya pillado sola aquí que acompañada en mi casa, pero vamos, ya no estoy tan contenta.
-Yo tampoco.
-¿Has contestado?
-Sí. Insiste en que tenemos que aclarar las cosas.
-Sabes tan bien como yo que tienen razón.
-Sí, pero… - me echo el pelo hacia atrás, sin saber exactamente a dónde mirar, qué decir, qué pensar o siquiera qué sentir - Me cuesta.
Me mira preocupada durante unos segundos y después se acerca. Pasa los brazos por mis hombros, me abraza, y sin dudarlo yo hago exactamente lo mismo. Los minutos pasan y me siento incapaz de salir de este sitio, siquiera de abrir los ojos, de dejar de sentir el consuelo de su cariño.
-Todavía la quieres muchísimo, ¿eh? – susurra, separándose un poco de mí, dejando las manos en mis hombros. Me niego a apartar las mías de su espalda.
-A veces creo que nunca dejaré de hacerlo.
-Ya te adelanto que sí.
-¿Tú ya no le quieres o qué?
-No es eso, es sólo… noto que está cambiando, lentamente. Que se queda un cariño que siempre le tendré, y nada más, nada más – me explica – Pero no te voy a negar que días como hoy pues se hace más difícil, y… - sube una mano por mi nuca, perdiendo los dedos en mi pelo, un escalofrío templado – me siento un poco desesperada de nuevo.
Se pega un poco más a mí, sus ojos fijos en los míos, y recuerdo aquella única vez en su cuarto, todo aquello de no pensar. Estaba en un estado similar al de ahora. Hace cosa de un mes de aquello y no hemos vuelto a caer. Pero seguimos jodidos, supongo, o al menos así lo siento en este momento.
-No es buen sitio – le digo, pero todavía no me aparto.
-Tienes razón.
-Ni deberíamos.
-Coincido.
-Y sabes que no es más que un parche, un parche para un rato.
-Lo sé, pero quiero sentirme bien – ladea la cabeza, y en apenas un susurro que choca contra mis labios, añade – Hazme sentir bien.
[Atrapado por esas palabras, muevo la cabeza y la beso, y ella me responde. Muerde a ratos mis labios, mece su lengua con la mía, recorre mi cuerpo con las manos. Un grito corto de sorpresa brota de su garganta y se ahoga en mi boca cuando la levanto del suelo, pero se aferra a mí con las piernas.
Camino hasta una mesa cercana. No hay muchas en esta sala, es todo un espacio abierto para bailar y un espejo que cubre una de las paredes, pero la que he elegido me vale. Ino se sienta sobre la misma, las piernas colgando del borde. Muerdo su cuello con cuidado, un suspiro que brota de sus labios, otro de los míos cuando siento su mano dentro de mis pantalones.
Desabrocho su camisa mientras me toca, mientras la beso o la muerdo. Me recuerda que cerrarán el instituto dentro de poco, que debemos darnos prisa, mientras se recuesta en la mesa, así que levanto un poco su falda y meto la mano bajo su ropa interior. Contiene los gemidos mientras la toco, su rostro enrojeciéndose, la respiración entrecortada, mis dedos a cada instante más mojados.
Me dice que tiene condones en la chaqueta. No sé quién se trae condones al instituto, pero tampoco sé ni qué estoy haciendo, por eso prefiero limitarme a buscarlos y ponerme uno. Cuando vuelvo a su lado, tiene las bragas colgando de la rodilla. Acerco más su cadera al borde de la mesa y, sin pensarlo demasiado, voy entrando. Una oleada placentera me recorre, y es apenas la primera de muchas.
Me muevo y ella se encarga de recordarme, como la última vez, empujándome con los tobillos, que le gusta profundo. Así es más difícil, pero al mismo tiempo me gusta, y sobre todo disfruto de la cara que pone, de los gemidos que contiene, las veces en las que me habla y me dice que quiere sentirme entero. Me pierde completamente que me hable.
Entonces me doy cuenta de que su sujetador tiene el broche por delante. Bajo un poco el ritmo, apoyándome en un brazo, y lo desabrocho. Sus pechos se vuelven todo lo que puedo ver. Me reclino sobre ella, agarrando la mesa para que no se mueva, mientras yo lo hago con fuerza. Beso sus labios, bajo a su clavícula, y noto que baja una mano que cuela entre mi cuerpo y el suyo. Empieza a tocarse y tengo que subir de nuevo a sus labios para taponar sus gemidos.
-Voy a llegar – dice poco después, el tono de voz más excitado que he oído jamás – Si sigues así, voy a llegar.
Lo hago, sigo así, alejándome apenas un poco. Ella sigue tocándose y yo la observo, mi cabeza llena de su imagen, de su escote brillando de sudor, de cómo se muerde el labio inferior, de la melena revuelta; y mi cuerpo lleno de placer, más todavía cuando siento el suyo tensarse. Su interior parece volverse más estrecho durante un instante, y mientras ella tiene un orgasmo que arquea su espalda, yo sólo pienso en que me aprieta y arde, toda ella arde, y yo estoy igual de caliente.
Cuando su cuerpo se relaja y la oigo respirar de nuevo, aprovecho las fuerzas que me quedan. El corazón me late desbocado en el pecho, pero me da igual. Todo me da igual. Me muevo más deprisa y ella acaba por acercarse a mí y taparme los labios con una mano, la mano con la que se ha tocado. En un movimiento rápido, meto sus dedos dentro de mi boca, y entre el sabor y lo que ella me dice, una vez más haciéndome perder la razón sólo con palabras; entre su estrechez y humedad y todo el placer que me da cada movimiento… acabo por venirme. Mis músculos se tensan, todo parece volverse negro, o blanco, no lo sé, mientras el placer se libera por mi piel.]
Cuando todo se relaja, descubro que Ino me rasca la nuca y que jadeo, exhausto, apoyado en la mesa.
-Lo has hecho, Sasuke – dice entonces, y levanto la vista a su rostro. Tiene una sonrisa de satisfacción que no se me va a olvidar en la vida – Me has hecho sentir increíblemente bien.
Nota de la Autora:
Antes de nada, breve nota para aquellos que no hayan leído la parte entre corchetes: básicamente Sasuke e Ino han vuelto a tener relaciones sexuales, esta vez en el aula del club de Ino, dado el motivo de la anterior ocasión. De nuevo se trata de un encuentro rápido, van a lo que van, a olvidarse de lo que les duele en base a justo lo contrario, es decir, el placer.
Y ahora: Dicen que cuando algo pasa una vez puede pasar dos y en fiiiin... pues sí, poder puede xD
Nuevamente me iba a poner a dar explicaciones pero dicen que a buen entendedor pocas palabras bastan y no sólo eso, sino que dejaré que el texto hable por sí sólo y prefiero ver lo que me contáis en las reviews si yo influyo poco o nada en estas notas. Simplemente espero que estéis disfrutando con la montaña rusa de fic que tenemos aquí todos entre manos. Yo desde luego me lo estoy pasando en grande escribiéndolo xD
Por otro lado, al anónimo que me dejó una review, respondiendo a tu pregunta (quizás sea un poco spoiler): es ItaIno. No sé si eso va a hacer que sigas leyendo o no, peeero ahí lo tienes. ¡Espero no perderte como lector!
Dicho esto, mil gracias a RocioFri por los dos estupendos comentarios que me dejó ^^ También mil gracias a todos los que leéis semanalmente, y por favor, no dudéis en dejarme reviews. Me encanta leeros tanto como espero que os guste leerme a mí.
En fin, nos leemos... quizás el viernes, pero no lo tengo muy claro. Definitivamente el próximo martes, eso sí, haya actualización el viernes o no.
¡Un abrazo!
Misora
