CAPITULO 9
ISABELLA
Van dos semanas y lo que sienten como cincuenta galones de café después, Edward y yo hemos cerrado todos los acuerdos que comenzamos en nuestro gran golpe playero.
Parece que la mitad de Nueva York sigue zumbando por la fiesta. El futuro financiero de nuestra compañía es casi tan seguro como eso: tenemos una docena de nuevos y gordos contratos y tres veces más contactos de red prometedores para aprovechar en los años venideros. Cullen & Swan Enterprises lo está haciendo increíble. Debería estar en la cima del mundo…
Excepto esta mañana, me desperté con un correo de voz del hospital. La salud de papá ha empeorado repentinamente.
Hace dos semanas, la noche de la gran gala de contactos, papá aparentemente estaba trabajando hasta tarde en su estudio, lo cual no debería haber estado haciendo, maldita sea, pero nunca he sido capaz de mantenerlo alejado de su trabajo. De alguna manera cayó en el pasillo, probablemente de camino al baño. Tropezó o simplemente se desmayó. Su enfermera nocturna lo encontró inconsciente y llamó al 911.
Esa noche, todo lo que pude hacer fue estallar en aterradoras lágrimas de ira mientras conducía al hospital a toda velocidad. Cada cosa horrible que le pudo haber pasado a papá brilló en mi cabeza en un espectáculo de diapositivas horripilantes. Dios sabía cuánto tiempo estuvo allí tumbado en la alfombra. Él podría haber muerto en ese momento.
Al diablo la fiesta. Debería haberlo visitado más a menudo. Demonios, debería haber encontrado una manera de mantener su terco trasero en cama en primer lugar. Si hubiera intentado más, lo hubiera cuidado más de cerca, ser una mejor hija…
Un sonido de una bocina hace que mi atención vuelva a la carretera. Intento concentrarme en llegar al hospital sin agregar otra víctima a la mezcla. Esos pensamientos de autocompasión no eran productivos hace dos semanas, y reflexionarlos ahora no es mejor. Pero carcomen el fondo de mi mente.
Después de lo que parecen horas, pero probablemente solo sean veinte minutos, llego al hospital. Aparqué en el estacionamiento trasero, metí un puñado de monedas en el parquímetro y entré corriendo. Me dirijo a la enfermera en la recepción, pero ya no necesito que me guíe a la habitación de papá en el ala de oncología. Ahora sé su ubicación de memoria: tercer piso, giro a la derecha dos veces, última puerta a la izquierda, habitación 302. Demasiado impaciente para esperar el ascensor, tomo las escaleras de dos en dos.
Cuando abro la puerta, respiro hondo cuando veo a papá. Incluso después de visitarlo media docena de veces en las últimas dos semanas, todavía es aterrador verlo en tan grave condición. El gigante amistoso de mi infancia, el dios sabio y gentil que siempre sabía exactamente qué hacer, ahora yace pálido y demacrado en una cama de hospital con una increíble variedad de tubos y cables y máquinas pitando a su alrededor. Su mortalidad acechando más y más cerca, lento pero inexorable, no tiene que darse prisa, porque sabe que va a atrapar a su presa al final y no tengo más remedio que mirar a la bestia directamente a los ojos inyectados en sangre.
Odio esto.
Quiero arreglar cada cosa, hacer desaparecer todo su dolor y enfermedad.
Pero estoy impotente.
Cuando me siento en la única silla en seguida de su cama, papá se agita y abre los ojos. Se sienta con un leve esfuerzo.
—Isabella… ¿cómo estás, cariño? —Tal vez es solo mi imaginación, pero su voz suena un poco ronca.
Una risa melancólica suena en mi garganta. Está mintiendo y parece tan débil, ¿y me pregunta cómo estoy?
—No importa, eso no es importante. ¿Tú estás bien? ¿Qué pasó? ¿Cuánto tiempo creen que estarás aquí?
El lugar donde se golpeó en la cabeza y necesitó puntos es ahora una línea tenue sobre su ceja. Se curó muy bien. Pero son las cosas de adentro las que cuentan. Ahí es donde acecha la enfermedad que no puedo ver o luchar contra ella.
—Calma, cariño, una pregunta a la vez. Solo tuve otro pequeño mareo. Probablemente de la quimioterapia más que del cáncer en sí. Y todavía no lo saben; están haciendo pruebas. Juro que esos vampiros han absorbido la mitad de mi sangre. Pero el doctor dijo que podría pasar un par de semanas hasta…
Trago el nudo en mi garganta. Papá deja que su frase se apague, pero sé lo que iba a decir. Hasta el final.
Papá se mueve un poco para apoyar su mano húmeda sobre la mía.
—Ahora, dime cómo van las cosas contigo.
Viejo obstinado. Pero si quiere una distracción, creo que no puedo culparlo. Y probablemente le aliviará la idea de escuchar sobre nuestra buena suerte. Me pongo mi suéter sobre mis hombros ya que el aire acondicionado en este lugar siempre está frío y me inclino más cerca de papá.
—Todavía no he terminado de correr los números… —Antes de que todo se saliera totalmente de las vías hoy, mi plan era finalizar todo a la hora del almuerzo—. Pero creo que ya volvimos a la normalidad. Mis proyecciones se ven mejor que nunca. Diría que las cosas están mejor que bien.
La reunión con la junta directiva no es hasta dentro unos días, por lo que aún está por verse su decisión, pero salvo que ocurra un desastre, Cullen & Swan seguramente estará a salvo de su hacha oscilante.
Papá interrumpe mis pensamientos con una risa grave.
—Eso no es lo que quise decir, cariño. Quería saber cómo estás tú.
Oh. Me toma un momento procesar la pregunta.
—Estoy bien —dije con un encogimiento de hombros. Agotada de sacar dos semanas de locas horas extras y en pánico por la salud de papá… pero una buena noche de sueño puede encargarse de todo. O de un problema al menos—. ¿Por qué lo preguntas? —Seguramente tiene cosas más importantes de qué preocuparse.
—Porque eres mi hija, y pase lo que pase, siempre serás mi bebé. Y porque no suenas tan segura. ¿Eres feliz? ¿Cómo están las cosas con Edward?
Oh mierda, No tengo idea. ¿Por dónde empiezo?
—Supongo que… no lo sé —admito.
—¿Todavía? —Sus cejas se alzan.
—Con tu salud y toda la locura en el trabajo últimamente, no he tenido mucho tiempo para centrarme en mi propia vida —dije, defendiéndome. Y el último episodio de papá ha sacado todo lo demás de mi cabeza.
—Esa no es razón para ponerte último, cariño. Algún día me iré y el éxito viene y se va a su propio tiempo, pero tú eres la única tú que hay. Y el amor… si lo alimentas bien, siempre estará ahí para mantenerte fuerte. Así que, es importante tomarse el tiempo para poner en orden tu propia casa.
Sus palabras me golpean. Incapaz de estar en desacuerdo, asentí.
—Está bien, papá. Prometo que trabajaré en eso.
Por no mencionar el hecho de que tiene razón, por supuesto. Ya no puedo evitarlo. Esta incertidumbre sobre nuestra relación me ha estado devorando por dentro. Y ninguna cantidad de tiempo centrada en mi trabajo me ha ayudado.
—Esa es mi chica inteligente. Ahora, ve y sigue con tu día. Estaré bien sin que estés sobre mí. —Me guiña un ojo y sonrío a pesar de las circunstancias.
Con un apretón de mano, le doy un beso en la mejilla y sacudo la cabeza.
—Si no te importa, creo que me quedaré un par de horas, papá. El trabajo puede esperar.
La necesidad de estar en su presencia, de escuchar su respiración suave, sentir su olor almizclado a jabón es casi un dolor físico. Ni siquiera quiero pensar en el hecho de que llegará el momento en que ya no pueda tener esas cosas.
Él asiente.
—Bien por mí, cariño.
...
Más tarde, de camino del hospital al edificio de oficinas, las señales de construcción de color naranja bloquean el camino que normalmente tomo. Tomo el volante con un gruñido para encontrar otra ruta. Hoy, de todos los días posibles, ¿es cuando finalmente arreglan los baches? Dulce Jesús, no tengo tiempo para esta mierda…
Bueno, realmente tengo mucho tiempo. Paciencia es lo que no tengo. Una cosa más y mi cabello podría incendiarse por el estrés.
El laberinto de calles de sentido único de Manhattan me obliga a dar un gran rodeo. Esperando una luz roja que es tan larga, juro que debe estar descompuesta, tamborileo mis dedos al volante, miro alrededor de la calle solo para pasar rato. A menudo no vengo a esta parte precisa de la ciudad. A pesar de…
Eh, esa tienda de té parece familiar.
Una lenta sonrisa se forma en mis labios. Es el lugar donde le compré a Edward nuestra tetera japonesa como regalo de inauguración. Todavía recuerdo esa noche, la primera noche que compartimos nuestro nuevo penthouse. La tetera era una ofrenda de paz. Un reconocimiento de que aún no estábamos en armonía, pero podríamos lograrlo si lo intentábamos, y estaba dispuesta a intentarlo.
Dios, y había estado tan nerviosa esa noche. Mudarse a un nuevo y brillante penthouse con un hombre tan hermoso, sexy y audaz como Edward. Cuando recuerdo la forma cuidadosa en que aceptó ir despacio y estar una tierna sesión de besos, parece casi cómico.
Calidez fluye por mi pecho y tengo que reír fuerte. Sigo perdiendo esa imagen, así que el destino tuvo que golpearme en la cara con eso. Es casi irónico que una coincidencia tan simple me diga lo que debería haberme dado cuenta hace tiempo.
Estoy enamorada de Edward.
En algún lugar entre nuestra infancia compartida y la primera vez que dormimos juntos, me enamoré de este maravilloso hombre, enloquecedor y apasionado, sin esperanza de que siempre vuelve. E incluso cundo estaba tan enojada con Edward que podía escupirlo, todavía estaba enamorada de él. Supongo que papá tenía razón sobre el amor siempre estando allí… aunque probablemente no sea de la manera que lo decía en serio.
Pero mi euforia pronto se desinfla. No importa lo que siento, todavía no sé dónde nos encontramos. No importa cuán duro trato de ver las cosas desde su punto de vista, no importa cuántas veces dice que cometió un terrible error y que nunca, jamás va a hacerlo de nuevo, nada puede borrar el hecho de que me mintió. Me ocultó información vital para controlar lo que siento por él.
No te dije nada porque tenía miedo de perderte, es una debilidad humana comprensible, pero sigue siendo manipulador. Y el recuerdo de verlo en el baño con esa aguja todavía me eriza la piel.
Incluso si lo amo, no tengo idea de qué hacer con esta información. O incluso lo que quiero hacer. Mi corazón todavía está dividido entre golpear a Edward y extrañarlo tanto que se siente como si me hubieran arrancado un brazo.
Dejé escapar un bufido de frustración. Cada vez que estamos juntos, inmediatamente me encuentro gravitando hacia él como si nada malo hubiera pasado entre nosotros. Nuestra atracción es una fuerza de la naturaleza. Los polos opuestos que siempre han sido, y siempre estarán unidos.
Y no es solo mi cuerpo, aunque Dios sabe que no puedo apartar mis manos de él, sin importar cuánto lo intente. Nuestras mentes y personalidades encajan en el otro. Nuestras estrategias comerciales no eran suficientes de por sí, pero cuando se unieron, sacaron a la empresa de la red. Y cuando de repente me llamaron en la fiesta, automáticamente confié en Edward para manejar todo. Yo, la fanática del control que tardó una eternidad en aprender cómo delegar a su propio amigo.
Nos complementamos. Tan perfectamente, no puedo evitar preguntarme…
Tal vez haya una manera de que podamos hacer que esto funcione después de todo.
Durante las últimas semanas, he estado haciendo lo que siempre hago en situaciones sociales estresantes: reprimir mis malditas emociones sumergiéndome en mi trabajo, como un avestruz escondiendo su cabeza en la arena. Esperaba que, con suficiente tiempo y espacio, mis sentimientos se asentaran lo suficiente como para permitirme ordenarlos.
Pero eso claramente no funcionó. Congelar mis emociones era solo una excusa para procrastinar, no era una verdadera estrategia para solucionar problemas. Simplemente no quería lidiar con el problema en absoluto. Una relación no es el tipo de cosa que puede solucionarse con un poco de filtración. Dios, el matrimonio es difícil.
Y mis otras estrategias favoritas tampoco funcionarán. Puedo ser hiper lógica y organizada, puedo hacer una lista de pros y contras todo el día, y todavía no me ayudará a llegar al meollo del asunto. Todo finalmente se reduce a mi elección. Mi elección desordenada, aterradora y sin seguridad.
Si lo amo… ¿voy a terminar herida algún día?
Odio lo vago y doloroso que se siente todo. Estoy tan acostumbrada a los números fríos y duros, a tener algo objetivo que captar, a dejar que los hechos, las cifras y las estadísticas me dirijan hacia la respuesta correcta, o al menos me ayuden a guiarme en una parte del camino. Ahora, estoy sola.
Bueno, en realidad no lo estoy. Tengo un compañero en todo esto. Lo cual es parte del problema, pero también es parte de la solución.
El perdón completo es una cosa; aun no sé si estoy lista para eso. Pero en este momento, todo lo que realmente necesito es un cierre. Necesito tener una idea de hacia dónde nos dirigimos, porque no puedo soportar vivir en este incómodo limbo por más tiempo. No puedo seguir con mi vida diaria, tratando de no mirar ni tocar al hombre cuyo lugar de trabajo comparto todo el día y cuya cama comparto todas las noches. Dormir acurrucados, mirando en direcciones opuestas, el metro entre nosotros se siente como un frígido kilómetro.
No podemos seguir a la deriva a través de este incómodo espacio, mirando nerviosamente el borde de la brecha entre nosotros, esperando que algo nos arrastre de vuelta o nos lleve al abismo. Necesitamos dar un paso bajo nuestro propio poder. Necesitamos resolver las cosas y tomar una decisión bien pensada a la que podamos apegarnos.
En cuanto a lo que esa decisión podría ser…
No quiero terminar nuestra relación. La única alternativa es continuar, y eso es un salto de fe. ¿Sería realmente el fin del mundo si le diera a Edward otra oportunidad?
Casi tengo que sonreír. Otro período de prueba: nuestra relación parece tener un patrón aquí. Aunque este podría ser el más importante de todos. ¿Puede Edward pasar de mi enamorado a mi enemigo a mis felices por siempre?
No, me estoy adelantando. Todo lo que sé con certeza es que necesitamos tener una larga conversación esta noche.
Dirijo mi coche hacia casa, con la intención de hacer exactamente eso. Pero parte de mí todavía espera que tal vez, solo tal vez… algunas cosas realmente sean así de simples. O al menos, más simple de lo que parece últimamente.
