Es ridículo como el tiempo parece pasar mas rápido cuando tienes una sentencia de muerte sobre esperando por ti, cuando un montón de vampiros milenarios vienen a buscarte para poder tener la cabeza de los Cullen y la mía en sus manos, pero sobretodo es cruel.
La vida es cruel, y durante cada día mientras esperábamos nuestra muerte no deje de pensar aquello. Edward también lo sentía, lo sabía en sus ojos, en la manera que cada vez que hablaba sobre el futuro su voz se volvía vacilante y su elocuencia desaparecía, nunca sería capaz de decírmelo, pero con cada día que transcurría su esperanza parecía disminuir, a diferencia de la mía.
-- Estas callada últimamente.-- susurró suavemente antes de dejar un beso sobre mi cabello -- No estas planeando nada, ¿cierto?
"Claro que se dio cuenta, Bella. Es listo"
-- Estoy planeando mucho. – respondí antes de sonreír ligeramente -- tienes que ser mas específico.
-- Sabes bien a que me refiero, Bella. – esta vez, su voz sonaba dura, los músculos de sus brazos estaban tensos.—Carlisle, Esme y los demás están viajando hacía aquí ahora mismo, llegarán antes del anochecer…
-- Shh… -- mi dedo índice se posa sobre sus labios para lograr que se detenga.— basta de pensar, Edward. Tenemos dos días, dos miserables días.
Edward movió la cabeza. – No, Bella. Tienes que mantener tu promesa, dijiste que no harías ninguna locura.—su mirada analizó cualquier expresión que me delatara.—tendría que detenerte.
"Será por tu bien, me perdonaras algún dia"
-- ¿Es una amenaza?.—pregunté alzando una ceja, intentando irradiar una calma que no tenía porque por dentro sentía mi pecho presionarse cada vez que lo miraba en los ojos y pensaba en lo que estaba apunto de hacer. – porque debo admitir que verte siendo rudo es algo sexy.
-- Bella…
Mi mano se deslizó por su brazo, hasta la parte posterior de su cuello, mis dedos se movieron lentamente. – Estoy aquí, ahora. ¿no es eso suficiente?
" siempre estaré aquí, siempre".
Un asentimiento débil y casi imperceptible fue mi luz verde.—Solo por ahora.—respondió lentamente.
-- Por ahora me parece perfecto.—dije simplemente. Y mi mirada bajó de sus ojos a sus labios, ¿Qué importaba lo que hiciéramos? La guillotina estaba sobre nosotros.
-- No estarás queriendo distraerme, ¿cierto?
-- Quiero estar contigo.—respondí con una sonrisa tentativa.—así que técnicamente si quiero distraerte.
Un silencio se extendió entre nosotros antes que Edward soltara una risa suave.—Mira como has acabado, intentando seducir a un vampiro.
Una risa brotó de mis labios.—Soy una vampiro también, ridículo.
-- Lo sé, solo que tu versión humana… -- un tono nostálgico irrumpió el ambiente.— bueno, era mucho mas tímida.
"La chica que eras, la chica que nunca mas serás".
-- Era humana.—contesté sin más. – durante estos ocho meses Edward recorrí un camino un tanto diferente, supongo que el pudor se quedó atrás con mi mortalidad.—una duda golpeó mi mente.—¿La extrañas? ¿A la chica que fui?
Edward se sorprendió. – No me malinterpretes.—se apresuró a responder.— extraño cosas como el sonido de tu corazón, o tus mejillas sonrojadas, pero... tu eres tu, eso no cambia.
-- Eso es bueno.—contesté con un ronroneo.—hay cosas que realmente amo de la inmortalidad. – mi voz bajo hasta convertirse en susurró suave, mi otra mano se posó en su nuca, sus cabellos salvajes enredándose entre mis dedos. – ¿Sabes que amo mas que nada?
Negó con su cabeza, comprendiendo la dirección de mis manos y palabras, cuando habló su voz era ronca.—Ilumíname.
-- Que no me voy a romper.—respondí enredando mis dedos entre su cabello y empujando su rostro hacia el mío.
No quería mostrarlo, no quería que viera que tras mi deseo por él estaba el miedo, y la necesidad de estar lo mas cerca que se puede estar de alguien, para cuando nuestro destino nos alcanzara podría consolarme con el hecho de saber que habíamos estado tan cerca como era posible.
Me besó, un beso violento y salvaje. Sus manos ocupadas agarrando mi cintura con firmeza hasta quedar sobre él. Ese era el punto donde no había retorno, la línea que él nunca estaba dispuesto a cruzar. Mi labios se deslizaron hasta su mentón, y mas hasta su cuello, un jadeo se escapó de sus labios.
Necesito esto, por favor. Tu también lo necesitas.
-- Bella...
-- No. – le corte con rapidez, levante mi mirada hasta encontrarme con sus ojos. – se que piensas de esto, del matrimonio y de tu moral, pero Edward… no tenemos tiempo, desearía que fuera así pero puede ser que esta sea nuestra última oportunidad, ¿importa si tenemos un anillo?.—me detuve, mi garganta sentía la presión de soltar la palabra que no tenía vuelta atrás.
-- Importa lo que sientas. – replicó acariciando mi cabello.—nunca ha sido algo…
-- Te amo, Edward Cullen. – dije interrumpiendo su discurso.— algo ha cambiado estos días, intente que no fuera así, pero no puedo pelear contra esto, ni controlarlo.
Edward parpadeo sin comprenderlo.—Dilo de nuevo.
-- Te amo, y te deseo.—mis manos sujetaron sus hombros.— siempre lo he hecho, solo que antes no podía recordarlo.
-- No sabes cuanto deseé escuchar eso… -- su voz se quebró.— soy tuyo, Bella Swan.
Una sonrisa surgió de mis labios y por primera vez en meses sentí mi corazón vibrar, y mi mente estar en calma. Él era mi paz.
-- Mas te vale.—respondí alcanzando los broches de mi blusa, desatando las pequeñas piezas de metal ante sus ojos oscuros, cuando todos los broches estaban abiertos deje caer la delicada tela por mis hombros.— tu puedes disfrutar de lo que es tuyo.
No iba a mentir, agradecía ser irrompible.
El sol se alzaba escondía entre los árboles cuando escuchamos los motores de los coches acercarse.
-- Es una lástima—susurró Edward arrastrando los dedos por mi espalda desnuda.—ahora viene la parte aburrida.
-- ¿No estas asustado? – pregunté sin alzar mi cabeza de su pecho. – ya sabes, la amenaza de muerte asusta a muchos.
-- No es miedo lo que siento.—dijo con lentitud.—simplemente no he tenido suficiente tiempo contigo, no estoy listo para eso aún.
"Estarás bien, los corazones sanan."
-- Ni yo. – respondí cerrando los ojos.—pero no me arrepiento de conocerte, Edward.
Eso nunca.
El resto de los Cullen había mantenido su promesa, era algo que tenía claro antes de que ellos comenzaran a buscar aliados por lo que no me sorprendió cuando una cantidad alarmante de vampiros de todas partes del mundo estaban en el salón principal cuando Edward y yo bajamos. El clan de Irlanda, Egipto, Rumania y los Denali, como también nómadas se aglomeraban causando un susurro casi imperceptible, nadie se volteó para mirarnos a excepción de Alice, que nos lanzo un vistazo rápido antes de continuar la charla con una de las mujeres del clan Denali.
-- Si quieres puedes quedarte aquí…-- susurró Edward.—se que esta cantidad de vampiros puede ponerte tensa, y que después de lo que ocurrió en Denali…
-- Me gustaría estar sola.—le informé con una pequeña sonrisa.—esto… son demasiadas personas, necesito un poco de espacio.
Edward asintió, apartando un mechón de cabello de mi rostro.—nadie te juzga, no te preocupes.
Tu no me juzgas.
Apreté mis labios y le di una última mirada antes de regresar a las escaleras. La habitación de Edward era como un oasis, podía respirar ahí.
Cerré la puerta y alcancé papel y lápiz, mi mente ya había planeado todo.
Edward.
Antes que todo, lo lamento.
Se que hay promesas entre nosotros, recuerdo cada una de ellas. Y sé que te miré a los ojos cuando las hice, pero temo que tendré que romperlas.
Hay cosas de las cuales tengo certeza, eres un chico increíble, eres tan bueno Edward, y no merezco estar con alguien como tú, nunca te he merecido, pero agradezco el tiempo que estuvimos juntos.
Tu familia es diferente, y las palabras que dijo Rosalie tenían razón, es mejor que yo pague el precio a que alguno de ustedes lo haga, especialmente tú.
Si las cosas hubiesen sido diferentes, yo estaría contigo por el resto de mi vida, cada día y cada noche, seríamos felices, porque estamos amarrados Edward, incluso antes que nos conociéramos ya estabamos atados, una desgracia o una bendición.
Para mi fue lo segundo, pero para ti, querido fue lo primero, y me disculpo por eso. Pero ahora es mi turno, yo tengo que cortar nuestra unión.
Durante los ocho meses que llevo en esta vida comprendí que hay cosas mucho peores que la muerte, por eso no tengo miedo, estoy feliz incluso, porque vivirás, tendrás un futuro y ese es el mejor consuelo de todos, aunque yo no forme parte de el.
Técnicamente estaré lejos, pero siempre, siempre pensaré en ti, y siempre estaré contigo, eso nadie puede cambiarlo. Nunca.
Olvídame querido, pero tienes que saberlo. Que no este contigo, no significa que no te ame.
No me busques. No me sigas. Te prometo que estaremos juntos en la otra vida.
Mi corazón es tuyo.
Bella.
Solté el lápiz sobre el escritorio en un sonido pulcro.
-- Supongo que esa es una carta de amor. – dijo una voz femenina desde la puerta. No cualquier voz, la de Rosalie.
Me giré en la silla, mi rostro imparcial. – Necesito tu ayuda.
Una sorpresa irritante cruzó su rostro.-- ¿mi ayuda?
-- Necesito que me ayudes a salvarlo a él y a todos ustedes. – respondí con voz neutral. – y necesito que le entregues esta carta cuando todo este hecho.
Rosalie frunció su perfecto ceño, y dio un paso en mi dirección. -- ¿Qué harás?
-- Me entregaré. – contesté fríamente.—Alec, y su familia lo harán, no puedo luchar, no puedo resistirme, entonces me uniré. – me levanté con la espalda recta.—tienes suerte, no me volverás a ver.
Ella se mantuvo seria, sus ojos observando la carta sobre el escritorio.—Él jamás te dejará ir. Irá tras de ti, quemara el mundo si es necesario para rescatarte.
-- Lo hará. – mis brazos se cruzaron sobre mi pecho.— los corazones se curan, solo necesitan tiempo.
-- No, no.—sus ojos dorados estaban abiertos y brillantes.—Tú no lo conoces como yo, Bella. Él no lo superará, solo conseguirás destruirlo. Él no puede.
-- Tendrá que hacerlo. – le interrumpí sintiendo la desesperación apoderarse de mi.—¿Tu que harías si fuese Emmett?, esta es mi única oportunidad, no podremos ganar una batalla.
Rosalie apretó sus labios.—Te ayudaré.—respondió con compresión.—solo porque yo haría lo mismo, pero no puedo prometerte nada.
-- Eso me basta.-- respondí con un suspiro.
-- ¿Qué necesitas que haga?
-- Debo encontrarme con Alec mañana, diremos que me acompañaras a una cacería, pero no lo haremos del todo. – mi voz bajó de volumen—y necesito que le entregues la carta a Edward y le digas que no estaba asustada, ¿lo harás?
-- Creo que estas loca.—respondió, sus ojos destilaron por primera vez amabilidad e incluso tristeza—pero cuenta conmigo.
Lo siento tanto por el retraso.
He tenido unos problemas de salud, y pido disculpas por hacerlos esperar tanto!
Espero que les guste el capítulo.
Lo escribí escuchando la canción de The Lumineers llamada "My eyes"
