¡Hola!

Sé que he tardado una eternidad, pero sinceramente he estado muy desinspirada últimamente, espero que puedan perdonarme.

Les dejo un nuevo capítulo que me ha costado mucho poder armar, no sé por qué terminé decidiendo que tenía que continuar así, pero bueno, así funciona mi loca cabeza.

Disfrútenlo y nos vemos después.

Gracias por leerme.

Love-Dreamer-HP

Capítulo 10

Cajita de secretos

POV Ginny

Hay una mujer frente a mí, me mira tranquilamente, al mismo tiempo que se encarga de analizar cada movimiento que hago, tiene muy pocas líneas de expresión en los ojos, los cuales también tienen unas marcadas ojeras de al menos dos días, el cabello es largo, mucho más largo de cómo lo recordaba y su boca marca una firme línea que no expresa más que seriedad. No es como la recordaba, la mujer que yo recuerdo era alegre, llena de vida y felicidad. Cuando levanto una mano e intento tocar el rostro de aquella mujer, me percato que ella hace lo mismo. Sí, se trata de mí misma, pero es como si ella y yo fuéramos completamente distintas, y quizá lo somos. El espejo me dice que se trata de mí, pero mi mente me reclama que eso no es verdad. Hace casi una semana la chica del espejo se parecía más a la antigua yo, pero después de los acontecimientos pasados, no estoy segura de que en serio se trate de mí. Soy una desconocida para mí misma.

—Ginny, cariño, ¿estás bien? —gritó mi madre fuera del baño, al tiempo que tocaba la puerta con fuerza.

—Sí, mamá, estoy bien.

—El desayuno está listo.

—Voy enseguida —anuncié a la puerta.

Escuché cómo mi madre salía de la habitación y entonces volví al espejo, le di una última mirada y salí del baño.

Tenía apenas una semana que había dejado de ver a Harry y aún no me había atrevido a hablar del tema con alguien. No estaba segura si eso era exactamente lo que tenía que hacer, porque no estaba segura de en quién tenía que confiar.

Lo primero que había hecho fue salir de la casa que compartía con George, estaba segura que él sabía la situación y estaba muy enojada con él por no habérmela comunicado. Lo siguiente que hice fue ir a casa de mis padres, en donde, de alguna manera, me sentía más segura. Estoy consciente de que había decidido salir de ahí junto con George porque estaba detestando la manera en la que me estaban tratando y parecía que me tenían reclusa, pero en ese momento me sentía como una niña que necesitaba que su madre le dijera que todo estaba y estaría bien.

A pesar de todo no sabía exactamente en quién confiar. La versión que me había dicho Harry era la única que conocía y cada vez que pensaba en ella y recordaba la enorme sonrisa que tenía en aquella foto que vi en la cabaña de Harry, me convencía de que su historia era la verdadera. Pero a cada momento que veía a mis padres, no los creía capaces de separarme de la persona que amaba.

Después estaba Dean. Si la versión de Harry era la verdadera, no entendía cómo era que Dean había aparecido en mi vida. ¿Había sido antes? ¿Había sido después? ¡¿Por qué tenía que tomar mi vida desde un "antes del accidente" y "después del accidente"?! Ah, sí, porque no recordaba nada de lo acontecido antes del accidente y eso era completamente frustrante. Perder tantos años de tu vida en lo que lo único que sabes es que viviste y ya, es completamente frustrante.

OoOoO

Cuando bajé al comedor, mi padre y mi madre estaban comiendo tranquilamente. Se sentía extraño estar tan solitaria con ellos. Extrañaba ver a mis hermanos reunidos a la hora del desayuno o la cena, pero la realidad era que no sabía mucho de ellos desde que recomencé mi vida trabajando con Percy.

Sabía que Percy trabajaba en la empresa de la familia, que Bill estaba casado, que George estaba trabajando en un negocio que había iniciado con Fred, pero no tenía idea de donde estaba él, no sabía nada de Charlie, ni de Ron, y mis padres no los habían mencionado nunca en todo el tiempo que había estado con ellos.

—Dean vendrá a visitarte en la tarde —comentó mi madre un momento después de que me sentara con ellos—. ¿Pasa algo entre ustedes? Noté que no has querido contestarle el teléfono, ¿hay algo en lo que pueda ayudarlos?

Miré a mi madre con delicadeza, aún no le había contado sobre lo que había pasado durante la fiesta a la que me había llevado y en la que había terminado borracho y golpeándome.

—Yo me encargo de él, gracias mamá.

Mi madre me lazó una mirada insegura que decidí ignorar concentrándome en el desayuno.

—Iremos a casa de tus abuelos este fin de semana, ¿quieres acompañarnos?

—Claro, hace un buen rato que no los veo —respondí, era en parte verdad, pero lo que tenía en mente era otra cosa, había mucho que tenía que investigar y mi casa era lo primero que tenía que revisar.

OoOoO

Dean llegó a casa con la misma puntualidad que había tenido en todo el tiempo que tenia de conocerlo. Mi madre lo invitó a pasar de inmediato y le ofreció algo para tomar, mientras esperaba a que yo bajara.

Yo, sin embargo no tenía ni un poco de ganas de verlo, creí que todo le había quedado claro desde el momento en el que le había dicho que todo se había terminado entre nosotros. Claro que me había buscado antes y había puesto como pretexto que estaba ebrio y que no quería hacerme daño, pero estaba tan molesta por todo lo que acababa de pasar que solo le había respondido que lo hablaríamos después.

Y ahí estaba, esperando que "lo habláramos después".

—Está esperándote abajo —anunció mi madre. No me di cuenta cuando había llegado a mi habitación.

—No pienso hablar con él.

—No puedes hacer eso, Ginny.

—¡¿Por qué no?! Si no quiero, no lo veo y punto —refuté con enojo.

Mi madre puso las manos en la cintura y me miró detenidamente, parecía que quería regañar a su pequeña hija, esa que yo había dejado de ser desde hace mucho tiempo.

—Vas a bajar y hablarás con él, es mi última palabra —dijo antes de salir de la habitación.

Estuve en mi habitación, pensando las cosas, si quería hablar con él y si quería saber la verdad. Opté por bajar y obligarlo a decirme la verdad.

Estaba sentado en el sillón más grande de la sala. Todo el lugar parecía estar ocupado sólo por él, quien me confirmó el hecho.

—Tus padres decidieron dejarnos solos para hablar —dijo en cuanto lo miré.

Vestía sus usuales pantalones de lana y su usual camisa desabotonada del primer botón.

Con la mano me pidió que me sentara a su lado. No muy segura de que fuera la mejor idea, lo hice.

Nos quedamos mirándonos por un momento que pareció eterno, no estaba segura si tenía que hablar o lo que diría si hablaba.

—Quiero pedirte perdón por lo que pasó, sé que fue un error y espero que puedas perdonarme, Ginny —comenzó él—. Vamos a ser marido y mujer y quiero que comencemos de la mejor manera.

Sus palabras me sorprendieron.

—¿Qué? ¿Tú aún crees que vamos a casarnos?

Dean me miró con seriedad, demasiada para mi gusto.

—Por supuesto que vamos a casarnos, Ginny —susurró—. Eso es lo que hemos estado planeando desde hace mucho tiempo —dijo como si aquello fuera lo más obvio.

—Perdóname, Dean, pero creo que necesito tiempo para pensar todo esto —comencé a hablar. Si de algo estaba segura era que lo que menos quería hacer era casarme con él—. Quiero… quiero estar segura que quiero casarme contigo —me excusé.

La mirada de Dean se oscureció.

—No tienes que estar segura —dijo con aparente tranquilidad—. Tú y yo VAMOS A CASARNOS —gritó, haciéndome estremecer y temiendo que perdiera los estribos de nuevo y se atreviera a golpearme. Sabía que no iba a permitírselo, pero dudaba que lo evitara.

—¡¿Y qué hay si yo no quiero casarme contigo?!

Tenía que admitirlo, me estaba muriendo de miedo, pero tenía que mostrar valor.

—Que tú no tienes oportunidad de elegir, ¿me escuchaste? —dijo él, muy cerca de mi cara, no me había dado cuenta que ya me tenía arrinconada en el sillón en el que estábamos.

—¿Por qué dices eso? —mi voz sonó temblorosa y al segundo me arrepentí de dejar que sonara de esa forma.

—Porque si tú y yo no nos casamos, va a pasar algo muy malo con tu familia.

A esas alturas su rostro se asemejaba al de un maniaco que quería hacer entender razones a su víctima.

—¿De qué hablas?

Dean se acercó aún más a mí y comenzó a acariciar mi mejilla, yo quería quitar sus manos de ese sitio, algo me decía que no debía moverme. Me sentía como una presa que tenía que moverse sigilosamente si quería sobrevivir.

—¿Nunca te has preguntado qué ha sido de tus hermanitos? —susurró—. Quizá no lo recuerdes, cariño, pero si tú te rehúsas a casarte conmigo, toda tu familia va a terminar de la misma manera.

Lo miré con cierto temor.

¿Qué había dicho sobre mis hermanos?

Ron, Fred… ¿sería posible que él…?

Una parte de mi mente pareció hacer clic al entender qué era lo que estaba pasando, pero no quería creerlo.

—Entonces, mi amor, ¿en cuánto tiempo es la boda? —preguntó con todo el cinismo que pudo.

Cerré los ojos y solté un suspiro.

—En tres semanas.

Y esa sonó como mi propia sentencia de muerte.

OoOoO

Decidí no hablar, mantenerme silenciosa y vigilar a todo aquel que me rodeaba. Fingía frente a mis padres que todo estaba perfectamente bien con Dean, mientras que con él procuraba no cruzar palabra a pesar de que me moría de ganas por entender lo que estaba ocurriendo.

Dos días después de que había hablado con Dean, le pregunté a mi madre si tenía noticias de Ron, ella simplemente dijo que no.

Había una persona en todo ese teatro que me había hablado del pasado, que se había involucrado en mi vida más de lo que me hubiera gustado, no por todo lo que hizo en algún momento, sino por lo que ahora significaba. Lo extrañaba tanto. Tenía tantas ganas de verlo y preguntarle tantas cosas. Estaba segura que cualquier cosa que Harry dijera sería suficiente y lo creería. Pero tenía miedo, miedo de lo que Dean había dicho, miedo de que todo fuera verdad y de que eso pusiera en peligro a mi familia.

No tenía idea de qué era lo que estaba haciendo en la Cafetería que estaba fuera del Hiltson, pero fuera lo que fuera, no estaba ayudando en nada, porque solo lograba que extrañara más a Harry, porque ese era nuestro lugar especial, el lugar que sólo nosotros conocíamos para nosotros mismos; y yo solo tenía ganas de salir corriendo hasta el departamento de Harry, decirle que lo sentía y que teníamos que hacer algo, que él me dijera que todo era una farsa, que Dean no se atrevería a hacer daño y que podíamos quedarnos juntos para siempre. Pero estaba segura que eso no era posible.

OoOoO

Decidí que tenía que averiguar cosas por mi cuenta, ya no tenía en quién confiar y tenía la necesidad imperiosa de comenzar a buscar la verdad en casa, estaba segura que ahí encontraría algo. Así que, tres días después, cuando el fin de semana llegó y mis padres anunciaron que nos íbamos a casa de mis abuelos, yo fingí enfermedad.

—Podemos quedarnos, si quieres —dijo mi madre poco después de que entró a mi habitación y me encontró aún recostada en mi cama. Primero había intentado regañarme por no estar lista, después había tratado de comportarse tan maternalmente como recordaba que lo hacía cuando mis hermanos y yo éramos niños.

—No es necesario, mamá —contesté con la mejor actuación que había hecho en mi vida. Ni siquiera cuando quería saltarme alguna clase del colegio había hecho todo esto—. Creo que solo necesito de un descanso en silencio.

Mi madre me miró con angustia.

—No quiero dejarte aquí sola.

—Sólo necesito descanso, tú ve y diviértete, relájate, creo que te hace falta —y de verdad creía que le hacía falta, la había notado muy tensa en los últimos días, lo que no ayudó en nada a mi propia mente.

Mi padre entró un segundo después.

—¿Están listas? —preguntó—. Ginny, ¿estás bien?

—No me siento muy bien hoy, papá —mencioné—. Le dije a mamá que fueran ustedes, yo puedo quedarme aquí, no hay problema.

Mi padre miró a mi madre un poco inseguro.

—Creo que Ginny puede cuidarse sola, Molly.

Mi madre soltó un resignado suspiro.

—De acuerdo, estaremos aquí mañana —dijo, levantándose de mi cama, en la que había estado sentada todo el rato—. Pero si algo ocurre, no dudes en llamarnos, los números están en la agenda.

Asentí con tranquilidad y tratando de mantener mi papel de enferma.

—Cuídense y diviértanse —le di un beso a cada uno—. Saluden a los abuelos de mi parte.

—Claro, cariño.

Mis padres hicieron su camino hacia la salida.

Me sentí afortunada que el viaje fuera largo y ellos no pudieran cancelar, sin contar que tendrían que regresar al día siguiente, eso me daba el tiempo suficiente para investigar todo lo que quisiera.

Dejé pasar unos minutos después de escuchar que el auto se había ido. Me levanté tomé una ducha rápida y comencé a buscar en los lugares que me sonaron más lógicos.

Mi punto de partida fue el estudio de mi padre, el cual, a pesar de estar cerrado con llave, había logrado abrir, pues había visto unos días antes en dónde él guardaba la llave.

Busqué entre folders, carpetas, sobres e incluso algunos archivos en la computadora. No había nada. Ni un solo papel que no tuviera algo que ver con el Hiltson.

Me dirigí a la habitación de mis padres.

Primero los cajones, después el armario. Nada.

Debajo de la cama, entre la ropa, entre los libros. Nada.

¿Y si la versión de Harry era mentira? No sabía cómo me sentiría si lo que Harry me había dicho era mentira, estaba segura que me destrozaría darme cuenta que había estado jugando conmigo o algo así. Pero tendría que haber razones si es que eso era cierto, y también tenía que haber alguna clase de papel que probara que habíamos estado casados. Así que continué con la búsqueda.

La tarde llegó más rápido de lo que pensé y aún no había encontrado nada. Mi estómago comenzaba a pedir un poco de alimento, por lo que no me quedó más remedio que detener mi búsqueda de pruebas y comenzar la búsqueda de alimento.

Preparé lo más rápido que la alacena me proporcionó. Llevé la comida directo a la mesa de la sala y comencé a comer. Una vez ahí empecé a pensar algún otro lugar de la casa que no había inspeccionado. A esas alturas había inspeccionado prácticamente toda la casa… hasta que caí en la cuenta de un solo lugar que no había revisado: mi habitación.

Literalmente, o casi literalmente, tragué toda la comida que había en mi plato y subí las escaleras.

¿Sería posible que mis padres o quien quiera que estuviera detrás de esto guardara todo en mi habitación? Estaba por averiguarlo.

Seguí la misma rutina que había llevado a cabo en las otras habitaciones de la casa, salvo que en esta ocasión me detuve en el armario. Arriba, detrás de alguna ropa, había una caja. Había visto esa caja cientos de veces, pero nunca me había detenido a ver lo que tenía dentro. Cuando la abrí encontré juguetes y más ropa a un lado de otra caja más pequeña. Saqué esa caja. Dentro había otra cajita, pero esta no era de cartón, ésta era de madera, color escarlata, un poco más pequeña que mi brazo y con un pequeño candado asegurando su cierre.

No pude evitar recordar a mi madre usando aquella cajita, guardando cartas y fotos dentro. Dudaba que hubiera algo importante, no se veía con el tamaño para guardar papeles importantes, sin embargo, continué. El candado era pequeño, pero no requería de una llave para ser abierto, era del tipo de candados que sólo requiere de una simple combinación de tres números para ser abierto. El problema sería que la cantidad de combinaciones existentes de tres dígitos del 0 al 9 era extensa… muy extensa. Intenté pensar en una combinación que sonara lógica para mi madre. El primer número que se me ocurrió fue 9, lógico pues éramos (o solíamos ser) nueve en mi familia… esperaba que siguiéramos siendo nueve y ya; el siguiente fue 7, pues ese era el número de hijos que tenía; y por último, pensé en el 2, mi padre y ella, y todo estaría basado en la familia.

Fallé.

Mi segunda idea fue tomar una horquilla y abrir el candado a la mala. Pero sabía que era mala también haciendo eso, así que lo borré de la lista.

Nueve, tres, cuatro. Nueve, tres, cuatro.

No, cariño, es: dos, tres, cuatro.

Nueve, tres, cuatro. ¡Nueve, tres, cuatro!

Fred, George, ¿qué es tan divertido? —gritó mi madre a mis hermanos gemelos.

Nueve, tres, cuatro —volví a brincar alrededor de mi madre.

Ustedes le han enseñado mal la numeración, ¿cierto?

Yo no tuve nada que ver, aquí el que quiere confundir a la pequeña pelirroja es Fred.

Fred, ¿has sido tú?

Nueve, tres, cuatro.

Tiene tres años, mamá, aprenderá la numeración cuando sea mayor.

¡Quiero que la aprenda ahora! Así que tú mismo te encargarás de enseñarle correctamente la numeración a tu hermana, ¿entendiste?

Ok, ok, de acuerdo, no te enojes.

El recuerdo era extraño, borroso y como si en realidad no tuviera por qué recordarlo, pues en realidad no había un cómo para hacerlo. Mi madre y Fred me habían contado la historia cientos de veces y creo que yo misma me había armado el recuerdo imaginándome a mí misma brincoteando al ritmo de nueve, tres, cuatro, pero el simple recuerdo me dio una idea.

Nueve, tres, cuatro.

Nueve. Tres. Cuatro. Y voilà, el candado estaba abierto.

Estaba casi como lo recordaba, con una foto familiar al principio, seguida de cartas, y más fotografías. Una muy pequeña flor seca estaba del lado derecho, la tomé con delicadeza y me pregunté por qué mi madre la guardaría. Fotos, cartas y más fotos, no pensaba que fuera el mejor descubrimiento, pero terminé embobada con cada foto. Esas fotografías me recordaban el mundo en el que creía que estaba cuando había despertado, en el que toda mi familia estaba unida y no teníamos que ir a trabajar, cuando nuestro deber era simplemente estudiar y ya. Seguí mirando cada fotografía dentro de la cajita… hasta que llegué a un papel que de inmediato llamó mi atención.

Estaba doblado por la mitad, de otro modo dudo que hubiese entrado en tan pequeño espacio, y no se veía tan viejo como algunos otros papeles que ahí se encontraban. Cuando lo abrí, las grandes letras de "Registro civil" hicieron que se me acelerara el pulso. Era una demanda de divorcio. Mi divorcio.

Tragué.

La fecha estaba clara, había sido dos meses después de que había despertado. Estaba completamente segura de ello pues había hecho un calendario en el que trataba de recordar lo que había pasado días previos a mi regreso al mundo, el cual nunca funcionó más que para estar segura en esos momentos que había sido engañada para firmar ese papel.

Se formó un nudo en mi garganta.

Dejé ese papel a un lado y seguí con el de abajo. "Registro civil" y sentí que el corazón me daba un vuelco. Era mi acta de matrimonio. La fecha era la misma que se podía leer al pie de foto de la fotografía que había visto en la cabaña de Harry, aquella en la que me veía tan feliz como me recordaba.

Soy divorciado, mi ex esposa y yo fuimos separados por sus padres

Las palabras que Harry me había dicho alguna vez resonaron en mis oídos.

Tuvimos un problema bastante grande y sus padres decidieron alejarla de mí

¿Qué era ese problema tan grande? ¿El accidente? ¿Desde cuándo tus padres te separan de tu marido por un accidente?

Jamás me aproveché de la situación. Tú me amas, siempre lo has hecho

Las lágrimas comenzaron a salir sin control. Harry había dicho la verdad.

Me sentí como una tonta por no haberle creído nada, por haber pensado que él había tratado de aprovecharse de mi pérdida de memoria. Pero había una parte dentro de mí que aún no entendía qué era lo que había pasado. Harry nunca me había contado qué era lo que nos había separado, y yo confiaba en mis padres lo suficiente para haber creído que mentía, así que ahora me sentía perdida, traicionada y en peligro, estaba con las personas equivocadas. Pero ¿por qué? ¿Por qué mis padres tenían que ser los malos en la historia? ¿Sería eso posible?

Y entonces recordé a Dean.

Es muy amable conmigo y me trata bien, pero no lo amo

Había razones para ello, ahora podía entenderlo.

Se supone que si te enamoras de alguien una vez, puedes enamorarte de nuevo de la misma persona, ¿no crees? Y con Dean, simplemente no hay nada

Nunca había habido nada, Dean no formaba parte del "Antes del accidente", así que no había por qué enamorarse de él de nuevo. Quizá por eso estaba tan estúpidamente enamorada de Harry, él siempre había sido mi "Antes y después del accidente".

Mi madre estaba tensa, ¿sería por lo que Dean me había mencionado días previos?

El siguiente papel en la cajita de los secretos me hizo entender tres cosas:

Uno, que Dean había dicho la verdad.

Dos, la posible razón de todo este teatro que no terminaba de entender.

Y tres, la flor dentro de la cajita.

El último papel dentro de esa cajita era el acta de defunción de Fred…

OoOoO

Hacía frío.

El aire que soplaba a esa hora de la mañana aún se sentía helado. Había salido con la gabardina más abrigadora que había encontrado en mi armario, estaba usando la bufanda que mi madre me había tejido la navidad pasada y las botas se encargaban de cubrir mis piernas, pero el frío que se sentía dentro de mi pecho era más fuerte. Las lágrimas no habían parado desde el día anterior. Darme cuenta que uno de mis hermanos estaba muerto había sido lo peor que había encontrado en esa maldita cajita. Me dolía saber todo lo que mi familia ocultaba, comenzando por Harry y terminando con Fred.

¿Qué se supone que tenía que hacer con esa información? ¿Reclamar? ¿Llorar? ¿Pedir que me regresaran mi vida y me dejaran ser feliz con Harry? No, ninguna era una buena opción.

—¿Qué hay, Fred? —dije como si él pudiera responder—. Disculpa si no vine antes. Creo que de haber sabido que estabas aquí, hubiera venido hace siglos —sequé mis lágrimas y traté de tragar ese maldito nudo en mi garganta—. Estoy en problemas, hermano. Y te necesito, te necesito como nunca antes. Necesito entender lo que pasó, porque no tengo ni una maldita idea de qué es lo que ocurre. Olvidé a mi esposo, olvidé que estabas muerto —irónicamente, reí—, e iba a casarme con otro… pero no sé por qué, no entiendo el por qué —miré al cielo y me hinqué en la tumba de mi hermano—. Explícame por qué, ayúdame a entender.

—¿Quieres respuestas? —no sé si fue esa voz o fue la manera en la que lo había dicho, pero mi corazón se paralizó—. Conveniencia. Dinero. Poder. Esas son básicamente las razones.

—Tú sabías todo esto y no te atreviste a decírmelo —reclamé.

Él encogió los hombros.

—Sólo intentaba ser un buen yerno. Tu madre dijo que no lo mencionara y no lo mencioné.

—¡Un buen yerno! —me burlé, mientras me ponía de pie—. ¿Qué ganas casándote conmigo, Dean?

—Dinero, poder, ya te lo dije, no miento.

—Entonces quédate con mi dinero, el poco poder que tengo y déjame en paz, no me quiero casar contigo.

—Sí… mira, linda, eso no se puede.

—¿Por qué no? Es simple, yo renuncio a eso y te lo dejo, fin de la historia.

—No se puede. Y no es mi culpa, no me mires así, es solo culpa de tus queridos padres, ellos pusieron las reglas del juego.

—¿Qué demonios haces aquí? —pregunté sin dejar mi mirada de odio hacia él.

—Te seguí —dijo con tranquilidad—. Tu madre me llamó para avisarme que te habías quedado porque estabas algo enferma. Me llevé una enorme sorpresa cuando te vi salir como si nada. ¿Qué te impulsó a averiguar la verdad, ah?

—Nada que te interese.

—¿Nada que me interese? Respuesta incorrecta, vas a ser mi esposa, así que me interesa.

—No te intereso yo, te interesa el maldito dinero y el poder, ya lo dijiste, así que déjame en paz.

—Mira, el dinero y el poder vienen en una fantástica promoción de una hermosa mujer dentro del paquete, que no me pienso perder.

Dean comenzó a acercarse a mí. Di dos pasos hacia atrás y él me alcanzó y acarició mi mejilla.

—Suéltame —dije con el tono más tranquilo que pude encontrar.

—Has estado distanciada últimamente, ¿pasa algo? —preguntó casi con dulzura—. ¿No será que me estás engañando con alguien? —la misma mano que acariciaba mi mejilla tomó mi barbilla y la apretó con fuerza que me hizo daño.

—No —solté con voz ahogada. Le tenía miedo… y me odiaba por eso.

—Vamos a casa, mi amor —volvió a hablar con dulzura—. Tenemos que arreglar cosas para la boda, ¿no es verdad?

Asentí con rapidez y me dejé llevar por su fuerte agarre hacia su auto.

Me pregunté, entonces, por qué no había ido con Harry, por qué si él decía la verdad no había ido con él, por qué había sido tan tonta como para haber decidido visitar primero a mi hermano.

Me odiaba, me odiaba demasiado. Me odiaba por haber dejado a Harry, me odiaba por haber perdido la memoria, me odiaba por temer tanto a Dean y me odiaba porque a pesar de eso, iba a casarme con él.

Desde ese día, todas las noches fueron noches llenas de lágrimas sin control.