UNA EXPLICACIÓN:

Rin estaba en sentada en las afueras de una cabaña en medio de la nada. Hacía once días desde la captura del Sanbi,

Los últimos meses de su vida habían sido un completo caos. Cuando abandonó la Aldea Oculta entre las Hojas, no tenía un plan fijo, lo único que sabía era que no podía permanecer en ese lugar, con él. No podría soportar verlo cada día y sentir que todo se había acabado. Necesitaba un respiro, al principio que sólo serían unos días para darle tiempo a Kakashi para recapacitar, para que se diera cuenta del error que estaba cometiendo.

Así que vagó entre los caminos hasta que algo muy raro sucedió: se topó de frente con un Akatuski, lo único que conocía de ellos era por Kakashi, así que tenía una idea de lo peligrosos que eran. Estaba aterrada de estar frente a uno de ellos, su típica vestimenta y una máscara naranja que cubría su rostro. Comenzó a retroceder, no tendría oportunidad, ella ya no era una ninja, comenzaba a arrepentirse de haberse ido de su hogar. Pero entonces él pronunció su nombre.

-Rin…- se quitó la máscara y todo comenzó.

No se había unido a Akatsuki, sólo estaba con él, iba a todas partes y se enteraba de cada plan. A pesar de estar con él, había conservado una esperanza de volver, no dejaba de pensar en Kakashi y pensó que estaría arrepentido y que la echaría de menos, que la estaría buscando y estaría desesperado por verla de nuevo. Ya debía haber aprendido su lección y ella, a pesar de todo, aún lo amaba.

Pero luego los vio. Había ido a esa misión para acompañarlo a él y por mera causalidad los ninjas de la Hoja también estaban ahí, pensó que sería una buena oportunidad para acercase a Kakashi de nuevo, si le decía que volvieran ella estaba dispuesta a dejarlo todo y se iría de nuevo a la Hoja con él. Pero su compañero de toda la vida estaba besando a otra mujer, la devoraba con tanto deseo que parecía ser la única en el mundo para él, tenía entre sus brazos a su alumna, una joven diez años menor. La encerraba en un pequeño balcón, la tenía sujeta de la cintura mientras besaba su cuello como si no estuvieran en una misión con más ninjas, lo indebido que era, lo prohibido de sus acciones ¿desde cuándo era así de rebelde con reglas? Estaba cruzando todos los límites de lo decente. Esa imagen le revolvió el estómago.

Kakashi por fin pareció notar su presencia y se detuvo, estaba segura de que la veía a ella y por lo menos eso sirvió para que se detuviera. Tenía la máscara abajo, había dejado que ella descubriera su rostro y que lo acariciara con todo el derecho de ser la única mujer.

Notó cómo su alumna se escabulló entre sus brazos y él no tardó en ir tras ella, había ignorado su presencia, no le importó comprobar si era la mujer que había abandonado la Aldea por su culpa, no corrió para asegurarse que estuviera bien y pedirle perdón, en lugar de eso fue tras su alumna de cabello rosado, la estaba eligiendo a ella de nuevo y la llevó de nuevo al balcón para seguirla besando. Se entregaba a ella sin importar el lugar donde estaban, que su antigua mujer los estuviera viendo, no se detuvo, no se concentró en nada que no fuera esa mujer.

-¿Es ella?- le preguntó el Akatsuki a su espalda.

-Sí- respondió antes de que la pareja desapareciera de su vista. Kakashi cargó entre sus brazos a su alumna y la llevó adentro, se le veía tan feliz y complacido. Era más que evidente lo que sucedería. Rin se preguntó cuánto tiempo habían respetado su ausencia.

Después de ver esa escena nada fue lo mismo, se desvaneció la idea de volver a la Aldea, No sólo no volvería a ese lugar, acabaría con él.

-¿Estás segura de esto?- le preguntó el Akatsuki interrumpiendo sus pensamientos -Aún puedes volver-

-No hay nada para mí allí, nunca lo hubo-

Era más que evidente la amargura en su voz, el tono lleno de rencor y su mirada fría y distante.

La habían orillado a ese destino, la empujaron a salir de la Aldea, ¿o qué pensaba Kakashi, que ella se quedaría y compartiría la Aldea con su alumna, que los vería forma una pareja frente a todos? De ninguna manera. No la humillarían de tal modo.

Esperaba que fracasaran, que se arruinara lo que fuera que tuvieran porque no se merecían un final feliz. No después de lastimarla tanto, de traicionar su confianza.

-No habrá vuelta atrás- le advirtió él.

-No planeaba volver-

EN LA ALDEA Y UN MES Y MEDIO DESPUÉS:

Sakura estaba llegando a la Aldea Oculta entre las Hojas después de más de un mes de ausencia. Se había ido como prometió y ahora estaba volviendo.

El tiempo a solas le había sido de mucha utilidad, su mente estaba más despejada y más llena de su sensei. No hubo un día que no pensara en él, que no recordara su calor y todo lo que despertaba en ella. Lo extrañaba, su corazón latía desbocado cuando pensaba que pronto lo vería.

Aún tenía miedo, aún se sentía insegura de no poder se suficiente para un ninja de tal calidad, no quería aburrirlo y cansarlo de ella, no soportaría que dudara de su compañía o que terminara por arrepentirse de interesarse por ella, por una jovencita de cabello rosado. Pero si él aún la estaba esperando, entonces no habría dudas. Haría lo que fuera para que funcionara, para llenarlo de ella y esperar que eso fuera suficiente.

Ni siquiera quería imaginar lo que sucedería si alguien se llegaba a enterar, la Aldea entera se escandalizaría al saber que el reconocido ninja que copia, poseedor del Sharingan, y que hasta hace poco formaba, junto a Rin, la pareja más perfecta en todo el País del fuego, ahora estaba con su alumna.

¿Qué ocurría si Rin había vuelto a la Aldea durante su ausencia?, quizás la habían encontrado y ahora estaba con su sensei. No quiso seguir pensando en eso, lo mejor sería confiar en que, como prometió su sensei, la estaría esperando. La noche que habían compartido juntos, estando en plena misión y con más ninjas en el mismo lugar, no estaba segura de que fuera un buen comienzo, cruzar los límites, pero no se arrepentía y lo volvería a hacer.

En la entrada de la Aldea la esperaba Naruto, su compañero estaba sentado bajo una sombra pero apenas la vio se echó a correr para alcanzarla.

-¡Sakura-chan!- gritó sacudiendo la mano con fuerza. No tardó mucho en alcanzarla y se detuvo justo enfrente, casi terminaba por estrellarse contra ella.

-También me alegra verte- no esperó más y lo abrazó con fuerza. Lo había echado de menos, su personalidad tan vivaz y su actitud positiva. Estaba acostumbrada a tenerlo cerca, a su voz escandalosa y sonrisa eterna en el rostro. Era su equipo.

-Promete que no volverás a irte- le pidió su rubio amigo que aún la abrazaba con fuerza.

-Bueno, por lo menos ya sientes un poco de lo que yo sentí cuando te marchaste a tu entrenamiento con Jiraiya-sama-

El abrazó terminó y el ninja la acompañó hasta la entrada de la Aldea. Era el único que la estaba esperando. No pudo evitar sentirse un poco desilusionada.

-¿Qué ha pasado durante mi ausencia?- preguntó con doble intención.

-No ha pasado nada interesante, algunas misiones, pero nada es lo mismo sin ti- era egoísta, pero suspiró de alivio. Todo seguía igual y sin embargo él no estaba ahí. Intentó controlar el sonrojo en toda su cara cuando preguntó:

-Kakashi-sensei, ¿está bien?-

-Sí, igual que siempre. Luce más recuperado, llega tarde a todos lados y lee a todas horas, pero creo que en el fondo así es él- Sakura sonrió de acuerdo con lo que su compañero decía -Le recordé toda la semana que llegabas hoy, pero no creo que me estuviera escuchando. Dijo que tenía algo importante qué hacer, una cita o algo así-

-¿Una cita?-

-Sí, algo así. La verdad no estoy muy seguro-

Naruto cambió de tema y comenzó a contarle algo sobre su última misión pero la verdad era que la joven no estaba escuchando nada. Su mente luchaba por asimilar lo que acababa de escuchar, su sensei en una cita, con una mujer que no era ella. ¿se había olvidado tan pronto de ella, de su promesa?

El día pasó eterno, se reportó con la Hokage, tuvo que detallarle toda su estadía en la Arena, el aprendizaje que obtuvo y los acontecimientos más relevantes. Respondió cada pregunta y aclaró cada duda que la Sannin pudiera tener en cuanto al corto entrenamiento en la Arena. Al final, la Hokage vio como una gran decisión el entrenamiento, estaba ansiosa de ver las nuevas técnicas y programó un espacio para verlas al día siguiente.

Por fin pudo salir de la Torre Hokage, Naruto la acompañó hasta su casa, era ya bien entrada la tarde y aún no había visto a sus padres. Quería darse una ducha y descansar un poco. El viaje la dejó exhausta y escuchar que su sensei estaba en una cita, porque aún no lo olvidaba, la había dejado sin ánimos, no lo había visto en todo el día.

-Gracias por acompañarme todo el día, Naruto, y por recibirme- le dio el último abrazo del día.

-Me alegra que estés de vuelta-

La joven entró en su casa donde sus padres ya la esperaban con una gran comida. La recibieron entre abrazos así que su baño y descanso tuvo que esperar. No la dejaron libre hasta unas horas después. Ya cuando la noche había caído.

Subió hasta su habitación arrastrando los pies, realmente estaba exhausta pero su humor había mejorado mucho, había tenido dos grandes y amorosas bienvenidas y era más de lo que podría esperar.

Entró a su habitación y prendió la luz. De su boca salió un grito lleno de sorpresa, no estaba sola.

-¿Qué tal estuvo tu viaje?- su sensei estaba recargado en una de las paredes con un aire de despreocupación que la enfureció. Había estado todo el día en esa Aldea y se le ocurría verla cuando era bien entrada la noche. Cuando tuvo tiempo.

-Bien- respondió con simpleza. Dejó su mochila en el suelo y buscó su pijama para meterse a bañar -¿Ya terminó su cita?-

Se dio la vuelta dispuesta a marcharse. Era sólo su sensei y no tenía que estar en su habitación. Estaba celosa y resentida. Le dio la espalda pero las manos de su sensei llagaron hasta su cintura y la abrazó por la espalda. Hundió su rostro en su cabellera rosada e inhaló su aroma, sentir su aliento contra su cuello le provocó un escalofrío.

-¿Estás celosa?- el tono tan divertido en que lo preguntó la hizo enfurecer. Y se hubiera alejado si él no la tuviera bien sujeta de la cintura.

-No. Yo también conocí a alguien en la Arena-

-Estás mintiendo- el cuerpo de su sensei se tensó y aunque su voz sonaba segura, sus músculos delataban en ligero temor de que fuera cierto -Eso no es cierto, y tampoco que yo estuviera en una "cita"-

-¿Qué?-

-Le dije a Naruto que debía reunirme con una compañera ANBU y él automáticamente asumió que era una cita. Se supone que debía ir en misión…-

-¿Y qué hace aquí?-

-Ya deberías saberlo-

Por primera vez en el día, Sakura pudo respirar tranquila. Se dejó envolver en los brazos del ninja. Una sensación tan cálida la invadió por completo, nunca hubiera imaginado sentirse tan completa, tan segura y satisfecha estando en brazos de un hombre. Jamás había disfrutado tanto de un aroma, nunca le pareció tan perfecto un calor como el de él. Cuando estaban juntos no parecían tan malos los años que los distanciaban ni el hecho de que él fuera su sensei, el encargado de instruirla y el líder del equipo siete. Cuando la abrazaba sólo eran un hombre y una mujer, sin pasado y con mucho futuro.

-Te eché mucho de menos- le susurró el ninja contra su oído- Dime que tú también me extrañaste-

-Cada día-

-No vuelvas a alejarte de mí y si te vas, llévame contigo-

La joven se dio la vuelta y se encontró con el rostro de su sensei, la veía con cierta preocupación. Ese hombre ya había sufrido varias pérdidas, demasiadas para una sola personada, aunque fuera un ninja talentoso y reconocido. Acababa de perder a su compañera de toda la vida, pero estaba con ella. La estaba eligiendo.

Bajó la máscara que cubría el rostro de su sensei, no pudo evitar sonreír, era un sensación tan íntima poder verlo sin esa tela que incluso se sentía afortunada. Era un hombre atractivo, lo que todos las mujeres suponían era cierto, no había hombre que se le comparara. Se paró de puntillas y lo besó, lo hizo con tanta dulzura como le fue posible. Acarició su rostro y dejó que él la tomara de la cintura y la acercara todo lo que fuera posible a su cuerpo. Compartían un beso suave, lento, sin prisas ni fuerza. Sus lenguas se enredaron con calma y saborearon al otro.

-Debo tomar una ducha, por qué no te pones cómodo en lo que regreso-

-Lamento no haber podido darte el recibimiento que merecías, en la entrada de la Aldea-

-Olvídalo, esta es mi bienvenida favorita-

Lo dejó y se metió en la ducha. Todo parecía tan natural entre ellos, el hecho de que él la estuviera esperando en su habitación, que la hubiera esperando en su propia casa, que la abrazara con tanto derecho y que pareciera tan cómodo ella, la sorprendía de buena manera, la joven pensó que necesitarían años para llegar a tener esa clase de intimidad.

Cuando salió del baño, el ninja estaba recostado en la cama, se había quitado el chaleco Jounin y también la camisa de manga larga, sólo llevaba una negra sin mangas, tenía el rostro al descubierto, también se había despojado de su banda ninja y también de las sandalias, se veía tan en calma y tan distinto a cuando compartían misiones. Fue hasta la puerta y le puso seguro.

El ninja que copia había estado preocupado todo el día, no hacía falta que Naruto le recordara que ese día llegaría Sakura, él lo sabía perfectamente y tenía dos grandes problemas: el primero era que debía salir de misión. Necesitaban a alguien con experiencia ANBU y él era el más indicado, se suponían que partirían al medio día, así que él pasó toda la mañana intentado convencer a una compañera ANBU que fuera en su lugar. No quería salir de la Aldea ese día, y aunque al final pudo convencerla, tuvo que terminar el día cubriendo a la ANBU en sus tareas, vigiló la fronteras de la Aldea durante todo el día, no pudo moverse del mismo lugar durante horas, demasiado tedioso para él. Si hubiera ido de misión, habría vuelto al día siguiente a primera hora, se habría entretenido más y hubiera sido más provechoso, pero entonces no habría visto a Sakura. El segundo problema era precisamente su alumna, le preocupaba que hubiera cambiado de opinión, que hubiera decidido alejarse de él por los problemas que cargaba, que decidiera que no era el hombre indicado para ella, o peor aún, que hubiera conocido a alguien más, a un joven de su edad, con las misma aspiraciones y sin un pasado tan miserable, no quería ver sus ojos jade llenos de arrepentimiento cuando le dijera que todo debía terminar, que se olvidara de ella y que continuaran cada uno por su lado.

Así que por primera vez en el día, y en más de un mes, pudo respirar tranquilo. Kakashi estaba completamente cómodo, le fascinaba el aroma que reinaba en la habitación de su alumna, le gustaba estar en su cama. No olvidaba la manta que ella le había llevado cuando estaba convaleciente en el hospital y lo mucho que disfrutó de tener algo de ella tan cerca, le gustaba lo que el dormitorio de su alumna reflejaba, a una jovencita un tanto desordenada, los libros no estaba en su lugar y había ropa donde no debería estar, pero de alguna todo funcionaba de esa forma. No era como Naruto, el sí que tenía un desastre, Sakura tenía pequeños toques de desorden que la volvían encantadora a sus ojos.

Cerró los ojos y disfrutó de la calma de estar con su alumna, sonaba tan extraño pensar que estaba compartiendo tanto con ella, pero así eran las cosas, así las quería él.

Sintió que la joven se recostaba a su lado, su piel estaba un poco fría por el baño, su cabello aún esta húmedo pero seguía conservando su peculiar aroma, ese que lo volvía loco. La abrazó y la acercó a su él. La médico se refugió en su pecho y suspiró con tranquilidad.

-¿Ahora sí me dirás cómo te fue en la Arena?- le había encantado verla celosa. Había valido la pena el error de Naruto para verla de esa forma.

-Fue una buena experiencia, disfruté mucho estar allá…- Kakashi pudo notar que el silencio que le siguió no fue uno tranquilo, como si no tuviera nada más que decir, era más bien como si estuviera decidiendo si seguir hablando o no.

Kakashi abrió los ojos y levantó el rostro de su alumna, sus ojos jade lo esquivaban, pero sus manos se aferraron más a él.

-¿Qué sucede? ¿Pasó algo en la Arena?- besó su frente -Puedes confiar en mí-

-La ultima semana, antes de regresar…- comenzó su alumna aún indecisa -Hubo una misión a la que me ofrecí ir como parte de un grupo médico. Fue una misión de dos días, y la última noche, cuando todos dormían, escuché un alguien me llamaba. Me levanté, estábamos en pleno desierto y no había lugar dónde esconderse y aún así no veía a nadie. Pero seguía escuchando mi nombre, antes de que me diera cuanta me alejé del grupo, seguí la voz. Dejé de escuchar mi nombre y pensé en volver, me di la vuelta, todo estaba muy oscuro y las antorchas del campamento estaban muy lejos. Pero frente a mí estaba alguien, podía sentir su presencia, oía su respiración, creí que era Sasuke…-

-¿Sasuke?-

-Sí, era el Sharingan- un escalofrío la recorrió por completo cuando recordó aquella noche. Kakashi la apretó con fuerza, más de la necesaria -Creí que sería él así que lo llamé, pero nadie respondió, estaba a unos metros de mí. Veía el Sharingan, pero era sólo uno, un solo punto rojo. Creí estaba imaginando todo, pero luego escuché su voz… dijo que pronto pagaríamos todo, que no estaría a salvo contigo porque tú no sabes proteger a nadie…- cuando terminó su relato estaba temblando. A Kakashi le costó mucho poder dominarse, estaba tan asustado como su alumna, no por él, por ella. Porque era cierto, no había protegido a nadie.

-¿Se lo dijiste a la Godiame?- no tenía ni idea de quién podría ser. Era evidente que no era Sasuke, él no tenía razones para hablar con Sakura, para asustarla de esa forma.

-No. Eso fue todo lo que recuerdo, desperté en mi campamento por la mañana, todo fue un sueño- Kakashi no lo creía. El miedo que estaba sintiendo no era cosa de una pesadilla.

-¿Estás segura de que no viste o escuchaste nada más?-

-No, desperté en mi tienda. Tenía unas marcas en el rostro, pero eran de arena…-

-¿Qué marcas?-

-Eran rectangulares, una en cada mejilla. No las vi, sólo me quité la arena del rostro-

No podía ser cierto, debía ser sólo una coincidencia que Rin hubiera tenido marcas similares cuando aún era una ninja.

No quería pensar que aquella noche, la primera vez que estuvo con su alumna durante la misión del Sanbi, realmente pudiera haber visto a Rin. Y si eso pasó, no estaba relacionado con Sakura, no podía estarlo. No había nadie que quisiera dañarla, no tenía sentido.

-¿Fue un sueño, verdad?-

Kakashi se frotó el rostro, pero se esforzó por parecer más tranquilo de lo que en realidad estaba. Tenía que dejar de imaginar cosas, no habría nada que los pudiera separar. Ambos necesitaban tiempo para que la culpa terminara de desaparecer.

-Sí, lo fue- la abrazó con fuerza y besó la punta de su nariz. Sus ojos jade aún estaban asustados -No dejaré que nada te pase. Estoy contigo-

Quería prometerle que todo estaría bien, pero no se atrevía a hacer una sola promesa más, no podría romper otra, esta vez tendría que dejar que sus acciones hablaran por él.

La besó con fuerza, se colocó sobre ella y esperó a que el miedo a perderla desapareciera. No podía seguir imaginando que Sakura no hubiera soñado aquella noche, que realmente alguien la había amenazado y que estuvo en verdadero peligro. Razón de más para que a partir de ese momento no se volviera a alejar de ella, para no perderla de vista ni un solo segundo.

De apoco sintió que comenzaban a relajarse, el cuerpo de la joven se relajó bajo sus caricias y comenzó a responder al deseo que surgía.

La necesitaba en ese momento. Las dudas desaparecerían y sabría que esa noche estaría a salvo entre sus brazos. No había planeado tocarla esa noche, supuso que estaría muy cansada, pero mientras un beso así cada sentido comenzó a despertar. El miedo y la preocupación se convirtieron en excitación, la quería sentir más cerca, necesitaba estar dentro de ella.

No dejó de besarla ni un solo segundo, estaba desesperado por esa mujer, por lo que ocasionaba en él, nunca nadie lo había llevado de un extremo a otro, de la tranquilidad de estar recostados en la misma cama, hasta encender cada fibra de su cuerpo en minutos, nunca hubiera pensado que sería su alumna la responsable. Sus manos bajaron hasta las piernas de la joven, ni siquiera se había dado cuenta de que ella no llevaba shorts de pijama, sólo una blusa larga que llegaba hasta sus muslos, perfecta para el momento. No quería perder tiempo, habría más noches para ser romántico y seductor, tomarse las cosas con más calma, pero en ese momento sólo quería hacerla suya. Su mano se escabulló entre las piernas de la joven y la sintió húmeda, ella también lo necesitaba, eso terminó de encenderlo y ocasionó que perdiera la última gota de autocontrol que había intentado conservar.

Bajó las bragas de su alumna y separó sus piernas. Levantó un poco su pijama para que nada pudiera estorbar. Muy a pesar suyo tuvo que separar, se arrodilló frente a ella y bajó su pantaloncillo junto a su ropa interior. Su miembro erecto palpitaba dolorosamente, no podía esperar más. Se acercó a ella, levantó sus piernas hasta colocarlas sobre sus hombros, su cadera se levantó ligeramente, era la posición perfecta. La penetró de una sola embestida, se deslizó con tanta facilidad entre su humedad.

Se comenzó a mover contra su pequeño cuerpo, se encontró se encontró con sus suaves labios y la besó con fuerza, los mordió con desesperación. Lo estaba volviendo loco la fricción que se estaba creando entre sus caderas, lo húmeda que estaba, sus largas piernas que estaban en sus hombros, permitiendole entrar más profundo.

Quizá no era la posición más romántica, pero esa noche sólo quería saciar el deseo que los consumía a ambos y estaba seguro de que su alumna lo agradecería, podía sentir que ella lo estaba disfrutando. Sus jadeos eran más ruidosos, su cadera le devolvía el placer moviendose sensualmente contra él, sus manos no podían estar quietas pero se aferraban a las cobijas con fuerza, tenía la cabeza echada hacia atrás, estaba entregada a él, cada fibra de ella. Sin vergüenza, sin restricciones, dejaba que la tomara llena de confianza y eso era más estimulante.

Siguió embistiendola, incluso con cierta brusquedad pero ansiaba llegar más hondo, quería exprimir hasta la última gota de su esencia y lo estaba haciendo. No se había dado cuenta de que troncos gemidos estaban saliendo de su garganta hasta que sintió la boca seca, lo estaba disfrutando, demasiado. Por esa mujer estaba rompiendo muchas reglas, la primera era estar con ella precisamente, con su alumna diez años menor, la segunda fue susurrarle al oído cómo le haría el amor, en el hospital mientras estaba convaleciente y cuando tenía a alguien más, la tercera fue pasar una noche con ella, la cuarta fue hacerle el amor en plena misión y arriesgandose a que los descubrieran, y la quinta era estar haciéndole el amor de nuevo, pero en casa de sus padres, en su propio dormitorio. Nunca habían importando tan poco los límites estando con ella.

El ritmo desenfrenado duró más tiempo del necesario, la sintió llegar al final pero no se detuvo, no quería que terminara. Siguió moviendose, entrando en ella, la forma en la que su humedad lo rodeaba y cómo se expandia hasta sus muslos, era una fortuna que la cama no crujiera bajo el peso de ambos, con las rudas embestidas.

Estaba excitado, le fascinaba la forma en la que Sakura seguía repondiendo, su cuerpo comenzaba a despertar de nuevo y seguía entregandose a él como si fuera la primera vez. Lo dejó entrar en ella hasta que sus ansias se convirtieron en una descarga de placer que lo sacudió y la sintió llegar con él, esta vez, juntos.

Por un instante su mente quedó en blanco, fue en ese instante en el que la llenó con su esencia. Invadió de una forma completamente íntima su tierno cuerpo.

Acabó con una ligera capa de sudor sobre su frente, su corazón parecía salir de su pecho y su mente no generaba un sólo pensamiento cuerdo. Se concentraba en el punto donde sus cuerpos se unían, su intimidad que aún lo envolvía, un líquido blanco que escurría por sus muslos.

Abrió los ojos y se encontró con el sonrojado rostro de su alumna, su boca ligeramente abierta, sus ojos jade vidriosos pero satisfechos, era la mujer más hermosa que hubiera visto.

En ese momento lo supo, fue como un golpe de realidad que por un instante lo dejó sin aire para luego llenarlo de tranquilidad. Sakura era la mujer que toda la vida había estado esperando para formar una familia. Quería ver esos ojos cada día durante el resto de la vida, quería verla caminar vestida de novia, verla con un vientre abultado y sostener un bebé con el cabello rosado como el de ella, o con sus ojos jade.

La protegería, esa mujer era su futuro. Quizá no era el único que le quedaba, pero el único que quería.

Os dejo la explicación en la primera parte porque es necesaria para entender un poco lo que está sucediendo en diferente escenarios. Debido a que no podré extenderme mucho más, no soy dueña de los personajes y no puedo reescribir cada capítulo hasta llegar al final, les dejo esta aclaración.

Espero que disfruten este capítulo, el último antes de nuestro esperado EPÍLOGO, donde intentaré desenredar toda esta maraña de problemas y darle el final adecuado y que ustedes se merecen.

Le mando un beso con musha musha baba.

YOYO