Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas!!!

Recomendación musical:

"Bambú" Miguel, Papito, Bosé.

CAPITULO NUEVE

LÍOS DE APUESTAS

Ralph Sherman había visto cosas extrañas durante toda su vida. Cuando iba al orfanato había un niño allí que era muy raro y que daba miedo a los demás, incluso podía hablar con las serpientes, o eso veía él. Cuando cerraron el orfanato, debido a la guerra, y tuvo que valerse por sí mismo, vio muchas cosas extrañas en la calle, hombres que parecía usaban vestidos y agitaban extraños palitos de madera, cosas que aparecían y desaparecían, criaturas extrañas y lechuzas de comportamiento diferente.

Cuando creció un poco, descubrió que sucedían cosa raras a su alrededor, era demasiado observador y perspicaz. Por eso se había hecho policía. Después, llegó Arleen y con ella Shirley, y notó más personas diferentes en situaciones diferentes. Crímenes extraños, inconclusos, en situaciones demasiado fuera de lo normal. Ninguno de sus compañeros parecía darse cuenta de ello.

Pero fue hasta que su hija y esposa murieron en esas mismas circunstancias demasiado extrañas, que se enteró de la existencia de la magia. Un anciano con barbas blancas y chispeantes ojos azules se apareció junto a él y le contó una historia muy rara sobre magia, brujas, varitas y magos oscuros. Le confesó que en circunstancias normales, debería lanzarle un hechizo desmemorizante, pero que esas no eran circunstancias normales, y que, además, él era una persona demasiado sutil y astuto, a pesar de no ser mago ni tener lazos con el mundo mágico, pero sí una afinidad con la magia y una inteligencia por sobre la media. Que en los tiempos venideros necesitarían de alguien como él.

Ralph estaba desolado, y sumido en la depresión y casi en el alcoholismo. El crimen nunca se resolvió, ni con toda la ayuda de aquel tipo extraño y medio loco llamado Alastor, pero la visita de Albus Dumbledore, sirvió para sacarle de su depresión. Y específicamente, sirvió para que Ralph y Albus Dumbledore se conocieran y entablaran una relación de ayuda mutua.

Ralph, policía a cargo del conflictivo barrio londinense de Soho, con contactos en todos los departamentos policiales de Londres, comunicaba, mediante cualquier ave que estuviera a su alcance, los sucesos que, gracias a su sexto sentido y su habilidad para sentir la magia, eran producidos por magos o brujas a Albus Dumbledore.

Durante sus treinta años en la policía, había visto casos que podían volver loco a cualquiera, más trabajando en un barrio como el suyo, donde había gente de todas partes del mundo y donde se daban cita las personas más estrafalarias de todo Londres. Había visto descuartizados, destazados, descabezados, y todos los "des" que se pudiera imaginar. Había visto casos complicados, casos de magia negra, vudú, entre otras muchas cosas. Pero ver al enorme sujeto que llegó acompañando a Albus Dumbledore, y lo que hizo después, le dejó sin palabras.

Esa noche había recibido una nota de uno de esos chicos pelirrojos que el mismo Dumbledore había insistido en meter de incognitos al cuerpo policial, Fabian o Gideon, daba igual, eran gemelos y pocas veces lograba distinguirlos. La nota decía de un nuevo ataque a una familia entera. Ralph se levantó de la cama en el apartamento solitario que rentaba y se encaminó al sur de la ciudad, a Sutton.

Al llegar pudo comprobar que la escena era un caos. Puertas y ventanas rotas, las pisadas en el jardín estropeando las delicadas margaritas, barro en el camino de la entrada, huellas de varias pisadas.

-Interesante- murmuró fijándose en los pequeños detalles que a los aurores se les escapan por carecer de conocimientos de criminalística muggle y a los policías por no tener idea de la magia. Escribió una nota urgente para Dumbledore y la envió con el primer pájaro o lo que fuere.

A los diez minutos el mago llegó, acompañado de un corpulento y enorme sujeto.

-Scott Howard- se presentó con voz sumamente grave y profunda, estrechándole la mano entre una de las suyas con inusitada fuerza. Ralph no pudo menos que mirarlo por su extraña indumentaria.

Vestía una enorme túnica, que parecía una carpa de circo, unas botas gigantescas y nada más. No se veían pantalones por debajo de la túnica, ni camisas, ni nada. La razón la descubrió minutos después.

-Scott es uno de nuestros especialistas- dijo Dumbledore cuando el sujeto, que además medía como dos metros y pesaba como cien kilos, se quitaba la enorme túnica quedando en calzoncillos. –Además es un excelente escritor. Ha escrito varios libros sobre defensa y artes oscuras, entre varios libros de ficción. Por supuesto, nadie como él para conocer sobre defensa y artes oscuras- al instante, el hombretón abrió la boca y emitió un sonoro gruñido, que a Ralph le extrañó que los vecinos no se despertaran.

Unos segundos después, su cuerpo, de por si exageradamente velludo, se cubrió por completo de un vello color marrón, como su cabello, y Ralph vio como su cuerpo se ensanchaba y tomaba proporciones para nada humanas. Después de varios parpadeos, Ralph vio a un inmenso oso grizzli parado junto a él.

-Ah sí…- Dumbledore se mesó la barba -olvidé comentarte este pequeño detalle- le guiñó un ojo -Scott es un Gurahl, un hombre que puede cambiar a forma de oso, le viene por su padre-

Ralph asintió como siempre que el estrafalario mago le contaba sobre su fascinante mundo, del cual él se ilustraba de la mejor forma posible, cuentos infantiles y leyendas.

-Los Gurahl…- continuó el anciano -son seres extraordinarios. Pueden detectar maldiciones y hechizos como nadie, rastrear los núcleos de las varitas, determinar de qué murió alguien. Son como los forenses muggles, solo que además, estos pueden curar a los heridos con unas extrañas palabras y rituales que son complicadísimos de aprender- comentaba emocionado.

-Y este… Gurahl, ¿podrá ayudarle a saber quien hizo esto?- pregunto Ralph, señalando el cuerpecito sin vida de una pequeña de cinco años, que se encontraba en una posición anatómicamente imposible.

-Eso espero, Ralph. Eso espero- el anciano y el policía caminaron por la casa buscando más pistas y datos que les llevaran a descubrir el motivo y a armar el escenario, el primero moviendo las cosas con la varita y lanzando hechizos; el segundo con un par de guantes de látex y su inseparable libreta de anotaciones y su bolígrafo que aun chorreaba en algunas letras.

-Esto es malo Albus- exclamó a sus espaldas la voz ronca de Scott, volviendo a tomar su forma humana, presentándose completamente desnudo. A Ralph, le recordaba a aquellos jugadores de futbol americano que veía en la tele los domingos.

-Susan Calahan- le enseñó un pasaporte muggle -Le pusieron varios hechizos mutadores, por eso no la reconocí, pero el olor es inconfundible. - Dumbledore le pasó su túnica y se vistió. –Gracias ¿Sabes cómo se conforma el equipo de seguridad americano?- preguntó rascándose la nuca.

-La CIA y el FBI, a grandes rasgos- respondió Ralph. Los otros dos asintieron.

-Exacto. El equipo mágico está organizado y funciona casi de la misma manera- continuó Scott. –Son entrenados por expertos en magia de varios lados del mundo, tienen entrenamiento en artes marciales y otras disciplinas. Suelen dividirse de igual manera que cualquier policía, en grados. Como en todo, hay un grupo de elite, los Defcon. Si un agente mágico es espectacular, imagina un Defcon. Ellos han heredado prácticas de los SEAL, Marshall, SWAT… mencióname una y seguro la tienen entre sus entrenamientos. Ahora bien, los Defcon 5, son lo más avanzado entre los avanzados, los más peligrosos y los mejor entrenados de todo el hemisferio occidental, quitando a las guerrillas sudamericanas, ¿y sabes por qué? Esto te encantará, Albus. Las filas de los Defcon la integran puros ferales, muchos de ellos han sido criados especialmente para ello, algunos otros han sido modificados genéticamente y con magia. Ahora, ¿adivina quienes se niegan a integrarse a la sofisticada policía mágica americana?

-Panthros- contestó Dumbledore.

-Exacto. Esos malditos gatos siguen haciendo de las suyas por su lado, se niegan a cooperar con algo, que se joda el mundo mientras ellos puedan guardar sus valiosísimos secretos. Me apuesto la barriga a que podrían darte la lista completa de los mortífagos y la ubicación de su base súper secreta. Que Manitu bendiga a los Señores de los Secretos. Los Defcon harán lo que esté entre sus garras para hacerse de cualquier murmullo de los gatitos, ahora les dan caza por todos lados. Si el gato equivocado, llega a caer ante el encanto de alguien, que Cahlash nos agarre confesados a todos.-

-¿Qué tiene que ver Calahan en esto?- preguntó Ralph, notando que incluso la sociedad mágica tenía sus puntos débiles.

-Era una Defcon 5- les tiró una placa, en apariencia de la CIA, que al iluminarse de cierta manera se podía ver una placa por debajo. –De los coyotes- miró a Dumbledore significativamente. -Tal vez estaba acá para reclutar a alguien, tal vez siguiendo una pista de algo, ¿sabes que guardan en la base de Cuántico?

-¿La famosa Calavera del Destino de Mitchell-Hedges?- preguntó Dumbledore escéptico.

-Exacto- respondió Scott sonriendo. –Sue era una de las guardianas.

-¿Es esa supuesta calavera que puede ver el futuro y no sé que otras idioteces?- preguntó Ralph.

-Exacto- volvió a responder Scott -Se cree, inspector Sherman, que tiene otros poderes maravillosos y extraordinarios, ya que fue tallada a partir del magnífico Diamante Negro de Atlantis.

-¿Atlantis? ¿Qué clase de pendejada es esa? Atlantis nunca existió-

-Ah, eso es lo que se les ha hecho creer a ustedes- respondió Dumbledore enigmático -Pero desde luego que existió. Ahora, Scott ¿es real la calavera o no?-

-Desde luego que no podemos saberlo a menos que tengamos a alguien infiltrado entre los Defcon.- calló, meditando unos momentos.

-¿Conociste a Patterson, Maximilian Patterson?- pregunto el anciano de repente.

-¿Maxi?- el ursino rió moviendo los cimientos de la vivienda con su atronadora risa -Claro, quien no conoció o tuvo tratos con Max, si necesitabas algo se lo pedías y listo, lo tenias a punto. Cualquier cosa de cualquier lugar del mundo…- Dumbledore sonrió -Maxi Patterson - levantó una de sus enormes manazas y la metió dentro de un bolsillo escondido de su túnica -Decían que tenía unas bóvedas donde guardaba documentos y muchas otras cosas comprometedoras, y más de uno hubiera dado la cola por ponerle la garra encima.

-Sería cuestión de averiguar dónde está la bóveda, ¿no?- preguntó Dumbledore con un plan en marcha.

-Eso va a ser lo difícil Albus, nadie como un panthro para guardar secretos, y entre los Panthros, ninguno como los yaguar- se levantó colocándole una mano en el hombro, que le hundió un poco.

-¿Panthro has dicho?- se volvió Dumbledore hacia él.

-Exacto, cualquier feral sabía que Maximilian Patterson era uno de los gatitos más escurridizos de este lado del charco.

-Gracias Scott. Ralph, seguiremos en contacto. - El anciano se despidió de ambos, giró sobre sí mismo y se desapareció.

Apareció frente a las rejas con los cerdos alados de Hogwarts, con la cabeza hecha un lío. Tenía varios asuntos que resolver y aun no encontraba la manera de hacerlo. Aunque… tal vez si… ¡claro! Podría resolver el asunto de contactar con alguien en América y mantener ocupados a sus estudiantes, de paso, averiguar sobre la bóveda del padre de Katrina Patterson, porque ahora no le quedaban dudas. Nadie en la familia Black, que él supiera, tenía genes ferales.

Como una intrépida libélula

Ante el espejo toda incrédula

Pone un reparo a su extrafécula

Yo me la como ¿o no?

Mediados de octubre.

-Te digo lobito, exactamente: "es algo grande Minerva, pero estoy seguro que con tu entereza podrás soportarlo. Te necesito en esto". Y McGoni va y contesta: "sabes que haría cualquier cosa por ti Albus, pero aun tengo dudas sobre esto"…

-Y luego él dijo: "Venga, vayamos a ver a Raze, él podrá ayudarte con tus dudas". Lo has repetido hasta el cansancio, James- respondía Remus paciente a su amigo.

-Pues eso, a poco no suena a que se traen líos de cama…- Remus miró con extrañeza a James, mientras Sirius asentía con la cabeza - y este- señaló a Sirius que sonreía burlón –insiste en que son suposiciones mías.

-Es que te lo digo Cuernos, a mi me más bien me da que a Dumbi le da por jugar en otras ligas…

-¿Tú también?- preguntó Remus sorprendido, Sirius le miró de igual forma -Creí que era el único que pensaba así- sonrió con malicia.

-¿Qué te apuestas querido Jimbo?- le pasó un brazo a Remus por los hombros -¿vas contra yo y Caperucita?

-Contra Caperucita y yo.- corrigió Remus.

-No Lunático, porque Caperucita y tú son el mismo, ¿o es qué además de lobito feroz tienes otra personalidad?

-Olvídalo Sirius- Remus suspiró.

-¿Otras ligas?- preguntó Peter rascándose la nuca. -¿Es qué no le gusta el quidditch o qué prefiere un equipo extranjero?

-Pete, Pete, Pete,- Sirius movió la cabeza negativamente, sin soltar a Remus -Quiero decir que Dumbi batea por la izquierda, que toma el arroz con pajilla, que se le hace agua la canoa…- sonrió con intenciones nada buenas -algo así como Rem y yo…- atrajo al licántropo bruscamente como si fuera a darle un beso, mientras los otros tres ponían cara de sorprendidos.

-Aghhhh- exclamó Peter con cara de asco, cuando Sirius se detuvo a poca distancia de la cara atónita del castaño -No jueguen con eso-

Los otros tres merodeadores rompieron en estruendosas carcajadas.

-Qué poco aguante tienes Pete- dijo Remus burlón, volviéndose hacia Sirius -Siri, chiquito bebé, te he dicho que no eres mi tipo…- habló con voz fingida de mujer.

-¿Y cómo quien es tu tipo?- preguntó el moreno, mitad ofendido, mitad amenazante.

Venían del Gran Comedor, después de un suculento atracón, dispuestos a tirar las mochilas en el rincón de la habitación y disfrutar del fin de semana en ciernes.

Mientras caminaban, entre bromas y risas escandalosas, eran seguidos por varias miradas femeninas. Sirius, como siempre, llevaba la camisa por fuera, la corbata desanudada y los botones de arriba desabrochados, la túnica enrollada en la mochila. James no se quedaba atrás, aunque él llevaba la corbata floja, con varios botones igualmente desabrochados. Remus, como buen prefecto, llevaba el uniforme como se debía, aunque algo más suelto de lo normal, mientras Peter lucía el uniforme completo con sendas manchas de salsa de tomate en la camisa.

-Más bien parece que hablaban de algo más importante, no sé, algo secreto y complicado- dijo Remus pensativo, ignorando el comentario del moreno.

Los cuatro se detuvieron frente a una ventana del tercer piso. A pesar de ser todavía octubre, las lluvias habían comenzado ya, y el cielo estaba gris, el exterior húmedo y ventoso, por lo que pocos se habían animado a pasar tiempo en los jardines.

-¿Qué crees que sea?- preguntó Peter sacando un dulce todo pegajoso del bolsillo de su pantalón.

-No lo sé- se encogió de hombros -Me da la impresión de que es algo en contra de Voldemort, como si…- Peter se estremeció.

-¿Estuvieran reclutando gente?- comentó Sirius recargado en la pared, con pose elegante y rebelde a la vez, haciéndose para atrás el flequillo, provocando que unas niñas de Ravenclaw de tercero rieran tontamente y chocaran contra una pared.

-Algo así- confirmó Remus, riendo cuando las niñas se perdieron por los pasillos.

-¿Tú crees?- preguntó James revolviéndose el cabello, al tiempo que unas alumnas de sexto de Hufflepuff pasaban y le miraban tontamente. –Sería interesante averiguarlo.- sonrió, mostrando sus hoyuelos. Las Huffies suspiraron.

-Esa sonrisa no me gusta- dijo Peter, algo asustado -esa sonrisa trae problemas.

-Venga Pete- Sirius le dio un pequeño golpe en el hombro -si reclutan gente para patear traseros de esos mortífagos, que me apunten- declaró solemne.

-¿Sirius Black pateando traseros?- comentó Remus irónico

-Qué te apuestas a que conseguimos averiguar de qué va todo eso en menos de un mes.- le retó Sirius.

-Me huele a apuesta de las buenas- Remus se relamió la boca, pensando en la dotación de chocolates que compraría -Va, le entro. Diez galones a que son dos meses.

-Van diez a quince a antes de Halloween- dijo James.

-Cinco a regresando de navidad…- finalizó Peter.

-Colagusano, son diez no cinco- le riño Remus.

-Bueno, diez…- los cuatro se escupieron en las manos y las chocaron entre sí, dando por sellada la apuesta.

-Qué asco- comentó Lily que pasaba por allá en ese momento de la mano de Dominiq y algunos alumnos de Hufflepuff.

-Hablando de apuestas…- Sirius la señaló con la cabeza cuando daban la vuelta al pasillo -La próxima semana vamos contra ellos, deberíamos hacer más interesante el partido- sonrió de medio lado.

-A mí solo me interesa una cosa de lo que los tienen los tejones- dijo James con voz ronca, sin despegar la vista de Lily.

-¿Entonces vas a seguir detrás de Evans?- preguntó Peter, que ya veía una nueva apuesta.

-No Colagusano, la voy a conseguir y va a ser mía a como dé lugar…-

Sus amigos le miraron extrañados.

-James, sería mejor que la dejaras en paz- trató de calmarle Remus -Si ella está bien así es…- siendo interrumpido por unos gritos a medio pasillo, que les hicieron darse la vuelta.

-¡Katrina Helena Patterson detente ahí!-

Los cuatro chicos no supieron de donde venían los gritos, cuando Kat, que venía corriendo como loca, chocó accidentalmente contra James y Remus.

-¡Hey tarada!- gritó Sirius -aparte de demente, ciega. A ver si te fijas por donde…

Cuando Kat se giró para responderle, esbozó una sonrisa maliciosa que le dio muy mala espina al moreno. Se acercó a James y, poniéndose en puntillas, le tomó de la nuca y lo atrajo hacía sí.

Al principio James se sorprendió, gratamente, hay que decirlo, pero después se dejó llevar por el beso, ¡y vaya beso!, y colocó una mano en la cintura y la otra en la espalda de la chica, olvidando que estaba frente a sus amigos, y la pegó más a su cuerpo, profundizando más el beso sorpresa, mientras Kat le tomaba del cabello con fuerza.

Sirius y Remus carraspearon, cuando el beso comenzó a subir, aun más, de tono, y las manos de James comenzaron a descender peligrosamente, mientras Peter balbuceaba algo sin sentido.

-¡KAT!- gritaron Cory y Mary a coro, que venían corriendo por el pasillo

-Claro que veo por donde…- le respondió Kat a Sirius con una sonrisa retorcida en los labios rojos y un brillo malicioso en la mirada -Y pregúntenle si le molestó- les dijo a sus amigas, antes de darse la media vuelta y salir corriendo de nuevo.

-Loca- dijo Mary jadeando, cuando llegó junto a los chicos, que aun miraban incrédulos por donde había salido corriendo la castaña. Menos Sirius, que fusilaba con la mirada a James. -¿Todos en tu familia actúan como pervertidos?- le preguntó a Sirius medio en broma, medio en serio.

-La gran mayoría…- respondió sonriendo a la broma -Yo soy el más normal- esbozó la sonrisa de ligue y se recargó de nueva cuenta en la pared, de manera sensual. -¿A qué te refieres?- preguntó después de haber recapacitado la pregunta.

-A qué tu hermanita está más loca que una cabra- respondió Cory llegando hasta ellos con igual aspecto de cansancio.

-Eso lo he sabido siempre- contestó un tanto borde.

-Sirius- le reprendió Remus.

-Me voy tras ella, antes de bese a todo Hogwarts- dijo Cory, comenzando a caminar, mientras miraba de mal modo a Mary.

-¿Cómo que bese a todo Hogwarts?- Sirius la agarró del brazo.

-¡Ay! Suéltame bruto, que me duele- el moreno la soltó pero se paró frente a ella esperando una explicación.

-Espero una explicación- lo dicho.

-No fue mi culpa- dijo Mary rápidamente.

-Claro que no. Todo fue mi culpa.- le respondió la morena cínica -fui yo la que la retó a besar a todo miembro masculino del colegio.- la fulminó con la mirada.

-Pues de hecho si…- respondió Mary con el tono angelical que usaba para escapar de los regaños.

-¡Explíquense!- gritaron Remus y Sirius al mismo tiempo. El primero más por cotilla que por otra cosa, el segundo más por otra cosa que por cotilla.

-Pues verás, es algo tan gracioso, aunque a la vez no… es algo complicado en realidad, como todo lo que tiene que los Black, que yo no sé porqué son tan complicados en esa familia…-

-¡Marianne!- le gritó Sirius impaciente.

-Cómo veo que te las arreglas muy bien, me voy detrás de la loca número uno de Hogwarts- Cory se dio la media vuelta y comenzó a caminar por el pasillo.

-Cory- la llamó Remus. Cuando la morena se dio la vuelta, el castaño señaló el otro lado del pasillo con la cabeza -se fue por allá- sonrió pícaramente -Venga torpe, te acompaño.

-¿Y James?- preguntó de pronto Peter, notando la ausencia del de gafas.

-Espero que haya ido a darse una ducha fría y no a terminar lo empezado- respondió Remus, carcajeándose de la cara de Sirius. Tomó a Cory del brazo y salieron por el lado correcto del pasillo, caminando de prisa para alejarse del radio de furia del moreno.

-L o mato- respondió Sirius levantándose de la pared y comenzando a caminar detrás de ellos. Peter se encogió de hombros y se fue por otro lado.

-Te digo, todos los Black son iguales…- suspiró Mary, caminando detrás de Sirius.

-¿Por qué lo dices?- preguntó ofendido, acoplando su paso al de la rubia.

-Lo mismo dijo Regulus cuando la cachó besando a Crouch…- comentó como si nada.

-¡¿QUÉ!?- el grito de Sirius fue escuchado por todo el castillo.

-Por eso fue todo. Según Kat, estaba agradeciendo a Crouch no sé que de una tarea, cuando llegó Regulus y comenzaron a discutir sobre los besos y sobre a quién podía besar y a quién no, yo llegué y le di la razón a ella, ¿cómo pueden decidir a quién puedes besar o a quién no?- Mary no notó la mirada de Sirius, dividida entre darles la razón a ellas, apoyar a Regulus sobre el tema de los besos de Kat y el malestar que le causaba saberla atada a un futuro decidido de antemano.

-Entonces llega Coray y arruina el momento- continuó Mary -diciendo que no debe ser, que se deben tener en cuenta los sentimientos de los demás antes de besar a alguien, y que no puede andar besando a todo el mundo nada más porque sí. Kat preguntó que por qué no, y ahí fue cuando yo dije que si ella quería, podía besar a todo Hogwarts…-

Sirius se rió escandalosamente.

-Imagino que el idiota de Regulus la retó a no hacerlo y ahí comenzó todo el lío.- la rubia sintió.

Sin darse cuenta, habían llegado a la sala común de Gryffindor. Le dieron la contraseña a la Señora Gorda y entraron. Se sentaron sin ponerse de acuerdo frente a frente en uno de los sofás frente a la chimenea.

-Explícame una cosa Marianne.- dijo Sirius mirándola fijamente, causando que las mejillas blancas de la rubia se tiñeran de un rojo tenue. -¿Cómo es qué llamas al idiota de mi hermano por su nombre?- el rubor aumentó de intensidad mientras Mary bajaba la cabeza.

Sirius le tomó de la barbilla y le obligó a mirarle.

-¿Saliste con él?- Mary recordó las palabras de Kat, "son competitivos. Si hay algo que ninguno de los tolera, es que el otro obtenga más atención".

-Si- respondió mordiéndose el labio, gesto que Sirius encontró encantador y sensual -pero ya sabes, sus "principios"- dijo remarcando las palabras haciendo comillas con los dedos -le hicieron terminar conmigo.

-Pues que idiota- respondió el moreno echándose para atrás en el sillón, colocando los brazos detrás de la nuca, sin dejar de mirarla provocativamente, dejando a Mary con la boca abierta por lo sensual de la pose y lo intenso de la mirada. Volvió a morderse el labio, nerviosa. Sirius sonrió.

-Y que conste que no todos los Black somos iguales. Por cierto nena, me debes una vuelta en moto- le guiñó un ojo y Mary sonrió, esperando que su sonrisa fuera igual de sensual que la del moreno.

Va y se maquilla su melancolía

Haciéndose la que no ve me espía

Y guiña un ojo y sé que es toda mía

Me la como ¿o no? ¿Y tú?

Después del beso, James pensó que definitivamente necesitaba una ducha fría, "vaya con Kat y su lengua, definitivamente es más peligrosa que una espada". Pero sobre todo, necesitaba un exorcista, porque había soñado, por una fracción de segundo, que quien le besaba de esa forma tan apasionada, era Lily y no Kat. "Y con un carajo que necesito sacármela de la mente pero ya".

Se encaminó al campo de quidditch, dispuesto a descargar un poco de su frustración volando (últimamente no le apetecía descargarla al "método Black", es decir, a base de sexo, pero claro, para Sirius, todo era sexo), encontrándose con que el equipo de Hufflepuff cogía las escobas para comenzar el entrenamiento.

"A la mierda", pensó, avanzando decidido. "James Potter nunca se echa para atrás".

Conforme se acercaba al armario de las escobas, escuchó los comentarios sarcásticos de los Huffies sobre el próximo partido, destacándose la voz de Lance por sobre las otras.

-Este año la copa será nuestra- Dominiq divisó a James y sonrió -Algo más que adornará mi escritorio- dijo parándose detrás de él, con los brazos cruzados.

-Vaya Lance- respondió James socarrón, dispuesto a tomar alguna de las escobas. "Que joder, vuelo en otro lado, pero de que vuelo, vuelo".

-Qué pena que tu novia se dedique a adornar tu escritorio, se verá mejor adornando mi cama, y mi escritorio o donde ella quiera, no tengo limitaciones al respecto.- respondió al reto, girándose y encarándose al capitán, sonriéndole despectivamente, cruzándose de brazos

Dominiq se dirigió directo hacia James, dispuesto a arreglar el insulto a golpes, pero los miembros del equipo le detuvieron.

-No vale la pena Dominiq- le dijo Gudgeon, guardián del equipo, quien durante primer año se había golpeado con el recién plantado Sauce Boxeador. Como casi todos los Huffies, era algo calmado y prefería evitarse problemas, más si esos problemas se apellidaban Potter o Black.

Dominiq le dio la espalda a James y comenzó a caminar hacia la mitad del campo.

-Tú y yo Lance, cuando quieras- le retó el merodeador.

-No vales mi tiempo Potter- respondió sin darse la vuelta.

-¿Acaso tienes miedo de perder?- gritó más alto James.

-¿Contra ti? Baja de tu nube Potter.

-Hagámoslo más interesante entonces- Dominiq se dio la vuelta y James sonrió, ya le tenía donde quería.

-Habla.- James sacó la snitch que había robado desde quinto año y se puso a juguetear con ella.

-Te daré ventaja- sonrió mostrando sus hoyuelos. La única mujer del equipo suspiró encantada, ganándose una mirada de reproche de su capitán -jugaré como buscador, esto será entre tu yo-

-¿Qué gano yo con eso?- pregunto el Huffie acercándose a James. -¿Qué tienes que pueda interesarme?

-Pide- el Hufflepuff pareció pensárselo un poco.

-Tu escoba- James asintió -¿tú?- y sonrió, ahora con malicia.

-Tu novia- Dominiq cerró los puños. Varios de los jugadores le pusieron una mano en el hombro para detenerlo, mientras James seguía jugando a soltar y atrapar la snitch. – ¿Qué dices?

-Que Lilian no vale lo que una escoba- James amplió la sonrisa, que sin embargo no le llegaba a iluminar los ojos.

-Súmale cien galeones, entonces- respondió arrogante. Dominiq Lance pareció meditarlo unos segundos.

-Qué nadie se entere- contestó el Huffie aceptando el desafío -pero recuerda que jugarás como buscador, y que, independientemente de la puntuación del partido, el ganador será quien atrape la snitch.

-Descuida Lance, que tengo la copa, y a tu novia, aseguradas.- James se dio la vuelta, arrogante, sin dejar de jugar de con la snitch hacia el interior del castillo, ya no le apetecía volar, aunque tal vez la ducha fría no estaba del todo descartada, o descargar la frustración al método Black, lo que sucediera primero.

Ahora veía como obtendría al fin a Lily, tan solo le faltaba convencer al equipo del cambio de posiciones.

Cuando James se alejaba del campo, Lily llegaba, saliendo del baño de las jugadoras.

-¿Ese era Potter?- preguntó a Dominiq antes que este se subiera a la escoba y diera por iniciado el entrenamiento -¿qué hacía acá? Dom, ¿te has peleado con él?- preguntó molesta.

-Aclarar algunas cosas del próximo partido Lilita- respondió sin notar la molestia de la pelirroja por el sobrenombre. -¿Y tú qué haces acá? Quedamos en que no vendrías-

-Es que no entiendo por qué no puedo ver tu entrenamiento, que de todas formas no entiendo nada y no pienso ir a contarle al equipo de Gryffindor.- algo totalmente cierto, Lily no recordaba siquiera el nombre de las pelotas que se usaban en el quidditch, y más aun, le tenía un pánico terrible a las escobas desde que durante las clases de vuelo en primer año había caído de tres metros de altura.

-Aun así Lilian, este no es lugar para vernos- contestó Dominiq impaciente, mirando hacia todos lados.

-¿Por qué Dom? - se acercó a él y le abrazó por la nuca.

-Lilian, te digo que no. Aquí no.- respondió deshaciéndose del abrazo y subiéndose a la escoba -Nos vemos luego, ¿vale?

Lily bufó molesta, pero el Huffie no alcanzó a escuchar la inconformidad de su novia porque ya se encontraba a varios metros sobre ella.

Dado el éxito obtenido con su novio, la pelirroja decidió irse a su habitación, frustrada, tal vez a darse una ducha y leer un rato, sin darse cuenta que un par de ojos color avellana lo habían visto todo y que el dueño de dichos ojos sonreía enormemente.

-Lance es idiota- dijo James recargado con pose arrogante en una columna, jugueteando con la snitch, cuando Lily pasó frente a él.

-Tú eres mas- respondió Lily sin mirarlo, pasando de largo.

-Eso quiere decir que aceptas que es idiota- James guardó la snitch y avanzó detrás de ella, perdido en el ondulante movimiento de su melena pelirroja.

-No te permito que hables así de MI novio- Lily se volteó y le amenazó con un dedo -es mi novio Potter, ¿por qué no te haces a la idea y te suicidas de una vez? Te juro que nadie lloraría por tu ausencia.

James pareció meditárselo un poco, sonriendo. Lily avanzó de nuevo, con el moreno detrás de ella sin hablar.

-¿Por qué me sigues Potter? ¿Es acaso tanto golpe de bloger te ha dejado más estúpido de lo que ya eras?- James se rió.

-Son bludgers Lily. Y me alegra que te preocupes por mi salud, eso demuestra que te importo un poco.- volvió a reír.

-Me importa un rábano lo que te pase Potter, por mi como que te estrelles contra un poste y te abras el cráneo- Lily siguió caminando, tratando de dejar atrás a James, en vano, ya que él, con un par de zancadas, se colocaba enseguida a su lado. -¿No tienes una vida Potter? ¿Alguna admiradora con la cual revolcarte y dejarme a mi tranquila?-

-Ya tuve mi dosis del día- respondió recordando el beso de Kat, se relamió los labios, donde aún quedaba el sabor a menta de los labios de la castaña. –Pero puedo repetir si quieres. Me tiene sin cuidado el lugar.

Lily bufó molesta y envidiosa. No entendía porque Dominiq no se mostraba apasionado con ella. Se limitaba a tomarle de la mano, a acariciarle el cabello cuando estudiaban juntos, todos los días, a despedirse con un beso en la mejilla, si es que nadie les veía, y muy de vez en cuando a darse, sosos e insípidos, besos a escondidas. Lily quería más. Quería sentir esas mariposas de las que sus amigas hablaban, ese cosquilleo en el vientre, ese calor que subía por las piernas, daba vueltas por todo el cuerpo y estallaba en la cabeza, o en el ombligo, o más abajo, daba igual, ella quería sentirlo.

Y sus amigas no eran de gran ayuda, en realidad. Todas y cada una comentaban lo apasionados que se volvían los chicos con los que salían. Habían comparado, riendo, tamaños, formas y colores, ante la mirada extrañada de Lily ("que no todos son iguales, Lily. El tamaño sí importa, digan lo que digan"), formas de besar, incluso de tocar y acariciar de cada una de sus conquistas. Mel les había contado "lo que casi hacía con Connor" cuando se besaron, dejando a Lily con una gran curiosidad. Incluso Mary se había atrevido a contar sus experiencias con el frío y déspota Regulus Black, dejándoles claro que, a solas, de frío no tenía nada.

James sonreía para sí mismo con las muecas que hacía la pelirroja cuando recordaba algún comentario de sus amigas. "Se ve tan graciosa cuando frunce la nariz así... Me gusta cómo se muerde las uñas cuando está pensativa, realmente se ve sexy cuando está tan concentrada".

-¿Qué me ves?- preguntó bruscamente Lily al sentir la mirada penetrante sobre ella.

-El culo- respondió James sin perturbarse.

-¿Cómo te atreves a…- Lily se detuvo y se giró para colocarle una cachetada bien puesta al insolente Potter, pero este fue más rápido y le sujetó el brazo, después de todo, la había provocado deliberadamente.

Con el brazo derecho de Lily bien sujeto a su espalada, James la acorraló contra la pared, sujetándole posesivamente de la cintura con el otro brazo.

-Suéltame Potter- pidió Lily, a escasos centímetros de la boca del merodeador de gafas.

-¿O qué?- James recorría su rostro con la mirada, contando sus pecas, perdido en los labios carnosos -Lance está lejos para escucharte, no hay nadie a esta hora…- susurró con voz ronca.

-Qué me sueltes- dijo bajito, tratando de zafarse de los brazos de James, pero solo logró pegarse más al cuerpo del chico, notar la dureza de su pecho y perderse en su aroma masculino. Sintió un extraño cosquilleo en el estómago.

-No quiero- Lily alzó la cabeza y se encontró con los ojos de James fijos en ella. Detrás de la gafas, pudo distinguir un brillo que jamás había notado en los ojos de Dominiq, una urgencia, una caricia, una súplica.

-Potter, alguien puede vernos- dijo Lily sin despegar la vista de James.

-Te he dicho que me tiene sin cuidado- Sin poder sostener más la mirada castaña, Lily bajó un poco la vista, centrándose en los labios, sorprendentemente carnosos, de James. Esa era señal que el chico esperaba para arremeter contra los labios, semiabiertos y rojos, de la pelirroja.

Lily suspiró contra la boca de James cuando sintió el golpe del beso. Él le recorrió la comisura de los labios con la punta de la lengua, lentamente le soltó el brazo y colocó ambas manos en la breve cintura de la pelirroja, atrayéndola hacía sí. Lily se dejó hacer, llevando las manos a la nuca del chico y atrayéndolo más hacia ella, abriendo los labios y dándole permiso para entrar.

Durante unos minutos, James se dijo que ninguna de sus fantasías más pornográficas, ("que no son pornográficas, Cornamenta, son situaciones y escenas que nos permiten descubrir los misterios del género femenino") podía compararse con la sensación de besar a Lily.

La sensación de ser besada, realmente besada, no eran las maripositas que decían sus amigas. Era una manada de elefantes brincando en su estómago. Tampoco era una caricia suave de lengua contra lengua. Era más bien una danza frenética, y candente, que aturdía todos los sentidos de Lily.

Un gemido, escapado de su propia garganta, despertó a Lily del embrujo al que la habían sometido los ojos de James. Se separó bruscamente de él, con los labios hinchados por el beso, la respiración entrecortada y las mejillas ruborizadas. James sonrió, pero no era la sonrisa maliciosa o de superioridad que Lily siempre le había visto. Era más bien una sonrisa tierna, cariñosa, lo que chocó más a Lily.

-¿Por qué me pegas?- gimió James, llevándose una mano a la mejilla donde se veía marcada la mano de la pelirroja.

-Nunca, óyelo bien Potter, nunca vuelvas a hacerme esto.- le empujó bruscamente.

-¿Hacerte qué?- preguntó James molesto y confundido por la reacción de la chica -¿Hacerte sentir de verdad?- le gritó cuando ella salió corriendo por el pasillo solitario.

-Definitivamente, ahora si necesito esa ducha fría- se dijo James, con una sonrisa tonta en la cara, y la mano marcada en la mejilla.

El va y se enreda con su pátina

Con su elegancia neo diplomática

No atina a ver cuál es mi táctica

Si me la como o no

I wanna get through the night…

-¿Cuándo piensas decírselo a Lily?- preguntó Cory, cansada de dar vueltas por el castillo buscando a Kat.

-¿Qué cosa?- preguntó Remus haciéndose al tonto.

-Qué te gusta, que la quieres.

-Yo no…- Cory le interrumpió.

-No me digas que no es cierto Remus John Lupin, que se te nota a millas de distancia, creo que la única persona en todo Hogwarts que no se ha dado cuenta, es la misma Lily.

-James- respondió Remus bajando la mirada, pensando en los otros pretextos que no se atrevía a nombrar. Pretextos como su licantropía, que si bien le permitían relaciones casuales y ocasionales, le impedían verse en una relación más formal.

-Pero está visto que James no ha logrado avances, tal vez tú…- caminaban platicando rumbo a la sala común de los Premios Anuales - Espera, ¿no se lo has dicho a James tampoco?- preguntó deteniéndole por el brazo.

-No me atrevo- suspiró -ha sido un buen amigo, de los mejores, no me atrevo a fallarle a James con algo así… él realmente la quiere, lo sé, aunque se enterque en decir que no. Algún día se dará cuenta de que de verdad la ama…

-¿Y Kat?- preguntó Cory.

-¿Qué con Kat?

-¿Te gusta? ¿La quieres? ¿Qué?

-¿Celosa, cariño?- Remus sonrió pícaramente, pasándole un brazo por los hombros a la morena, y dándole un cariñoso beso en la cabeza.

-Remus- le reprochó sin soltarse -Tengo que conocer a la competencia…- le guiñó un ojo risueña. –Pero ese no es el punto y no has contestado a mi pregunta.

-Dime Cor, a quién no le gusta Kat.- raro en él, puso cara de extasiado -Tendría que ser ciego, o gay, para no notar sus…- comentó haciendo gestos con las manos.

-¿Atributos femeninos?- preguntó Cory con una mezcla de diversión y una pizca de celos en la voz. Remus asintió sonriendo -¿Y?

-Nada más- el licántropo se alzó de hombros.

-¿Nada más? ¿Te gusta en serio? ¿Sería solo una aventura? ¿Te la tiras y ya?- la voz de Cory comenzaba a tener cierto deje histérico.

-Mira Cor- Remus la tomó de los hombros y se agachó un poco para quedar a su altura -entre Kat y yo sería imposible que hubiera algo más que simple atracción…

-¿Lo dices por qué ella es feral y tú un licántropo?- apenas terminó de hablar, Cory se llevó las manos a la boca, dándose cuenta que había hablado de más.

-¿Desde cuándo lo sabes?- ahora el que preguntaba histérico era Remus.

-¿Importa acaso? Lo sé y ya. No soy tonta… no mucho- Remus bajó la mirada y la volvió a subir, mirando ansioso a la morena -No se lo he dicho a nadie, y no pienso hacerlo a estas alturas.

-Gracias- el castaño sonrió, y su sonrisa iluminó su rostro. –Espero que tampoco en las mazmorras…-

-Serás necio- ambos rieron más relajados. Entraron a la sala común, y unas voces que salían de uno de los sofás les llamaron la atención.

-¡Pero si solo tengo dieciséis años! ¿Cómo piensan en casarme ya de una vez? ¿Es qué tanto les molesta mi presencia?-

-¿Kat?- preguntó Remus acercándose hasta el sofá, viendo a la castaña que estaba acostada en las piernas de Mel, platicando animadamente, quejándose de los padres y/o tutores y sus absurdas decisiones.

–Yo te mato, te hemos estado buscando por todo el maldito castillo, ¿tienes idea de lo grande que es?- pregunto Cory lanzándole un cojín a la castaña.

-¡auch!- respondió ella incorporándose y lanzándole otro en respuesta -No te he pedido que me busques. Mi sentido de la orientación es superior al tuyo, puedo cuidarme solita.

-Si no me preocupa que te pierdas - Cory le volvió a lanzar el cojín, que esta vez fue esquivado -Estaba preocupada porque siguieras traumatizando a niños de primero con besos escandalosos.

-No los traumaticé- contestó haciendo pucheritos, lanzando cojines y esquivándolos -Tienes que reconocer que estaban encantados de haber tenido su primera experiencia sexual…-

-Me imagino- interrumpió Remus sentándose frente a las chicas -al igual que James- le lanzó una mirada pícara. Kat sonrió.

-¿Qué hiciste qué?- preguntó Mel abriendo mucho sus ojos azules.

-Besé a James- respondió Kat como si nada -Y no creo que haya sido su primera experiencia sexual, Remus, al menos besaba, y tocaba, como si no lo fuera…- lo miró -Ahora solo me faltas tú…- se acercó a Remus, sensual, con una sonrisa de diablilla, mientras el licántropo retrocedía todo lo que podía en el sofá. -¿Tú ya has tenido tu primera experiencia sexual?

-¿Tengo que contestar a eso?- respondió con cierto brillo en la mirada, deteniéndola con las manos, mientras ella insistía en besarle.

-¿cómo que solo te falta Remus?- preguntó Cory sacando cuentas de que los merodeadores eran cuatro y no dos. -¿Has besado a Peter?- Sirius, según Cory, quedaba descartado.

Cuando Kat estaba a centímetros de la boca de Remus, mientras este hacía intentos, tan vanos como falsos, por escaparse, entraron Mary y Sirius.

-¡KAT!- gritaron a coro. La aludida bufó, miró hacia la puerta, lanzó unas cuantas palabras mal sonantes y se levantó saliendo a la terraza.

-¿Pero qué te pasa?- Sirius, hecho una verdadera furia, intentó salir detrás de ella -tú y yo hablaremos- le dijo a Remus señalándolo con un dedo brusco. Sorprendentemente, Mel, con firmeza, le cerró el paso.

-Déjala Sirius. Estaba jugando nada más. No hace falta que le atosigues más en este momento- le obligó a sentarse, sentando a Mary a su lado para evitar que el moreno se volviera a levantar, cosa que la rubia aceptó encantada.

El moreno se volvió hacia Remus con una expresión asesina.

-Estábamos jugando- respondió alzándose de hombros -De todas formas, no sé porque te molestas, cómo si tú no hicieras lo mismo.

-Tal vez- sonrió -pero a mí no me han prometido en matrimonio con un psicópata celoso abusivo.

-¡huy!- rió Mary -eso sería como prometerte contigo mismo.

-ja, ja. Me parto de la risa, Marianne.- le gruñó Sirius. Como la rubia seguía riendo, coreada por los demás, se colocó encima de ella y comenzó a hacerle cosquillas -Ahora si te enterarás… - Mary comenzó a soltar algunas lágrimas mientras se retorcía de risa bajo las manos de Sirius.

-¡Guerra de cosquillas!- gritó Remus, haciendo lo propio contra Mel y Cory que estaban junto a él, pero al ser ellas dos y él tan solo uno, el que terminó desternillándose y contorsionándose fue él.

Estaban en esos pormenores lúdicos cuando Lily entró como zombie. Los cinco Gryffindor se detuvieron, quedando en extrañas y comprometedoras posiciones. Mary, quien no se quejó en absoluto, medio recostada en el sofá, con Sirius entre sus piernas. Remus con una pierna sobre el sofá, y Mel atrapada con esa pierna, y Cory detrás de él, apresándole a su vez con las piernas.

Si Lily no hubiera llegado murmurando algo, les habría pegado de gritos, acusándoles de estar protagonizando escandalosas orgías, que de orgías no tenían nada, hasta ese momento, pero de escandalosos, si que tenían.

Al verla tan callada y concentrada, gesticulando como si ahorcara, golpeara, o abrazara a alguien, todo a la vez, sus amigos pudieron ver que estaba visiblemente afectada, se sentó en el sofá libre, mientras fruncía el ceño y continuaba murmurando cosas y pasándose la mano por los labios.

-¿Lily, cariño, estás bien?- preguntó Cory quitándose a Remus de encima. Lily parecía no reaccionar.

-Está catatisónica- dijo Sirius, pasándole una mano por los ojos.

-Se dice catatónica Canuto, y no creo que lo esté, porque habla y se mueve- le corrigió Remus, arrodillándose frente a ella -¿Lily?

-Yo diría que está traumatizada por algo- comentó Mary mirándola fijamente.

La puerta se abrió y entró James, con una sonrisa de niño atrapado en plena travesura.

-¿Qué hay?- al escuchar la voz de James, Lily se levantó como si tuviera resortes en el trasero.

Lo miró, James acrecentó su sonrisa, se revolvió el cabello, adoptó una pose insolente, Lily bufó, chasqueó la lengua y se salió a la terraza sin mediar palabra.

-¿Qué pasó?- los cinco Gryffindor miraron a James. Este se encogió de hombros.

-¿Te la tiraste?- Sirius se acercó a su amigo, quien no podía dejar de sonreír, y le dio una palmada en la espalda. –Bien allá- levantó el brazo para chocarlo con James, cuando Remus les interrumpió.

-Canuto- le amenazó, acercándose a ellos -¿Lo hiciste o no?- preguntó a James sacudiéndolo de los hombros.

-Todavía…- respondió, haciéndose el interesante. Se encaminó a su cuarto con las manos en los bolsillos. Sus amigos se miraron entre sí y salieron detrás de él.

-¡James!-

-Hombres…- suspiró Mary, dejándose caer en el sofá.

-¿Qué habrá pasado?- preguntó Mel tímidamente, mirando alternadamente a la terraza y al cuarto.

-Te apuesto a que…

-No seas cotilla- le reprendió Cory -Es entre ellos…- las otras dos se miraron, y como accionadas por un botón, se levantaron y corrieron a la terraza. –Espérenme- pidió Cory levantándose detrás de ellas.

-¿Saben qué es lo que necesitamos?- dijo Lily de pronto.

Estaban las cinco tiradas en dos de los tres camastros que había en la terraza, apretujadas y hechas ovillos humanos, Mel, Kat y Mary, y en el otro, Lily y Cory en una posición menos complicada. Originalmente eran sillas, pero Cory tuvo la genial idea que podían servir para tomar el sol, un delicioso coctel, contemplar la luna y las estrellas o revolcarse salvajemente, y las transformó en tumbonas. A Lily le pareció una idea genial, lo de ver las estrellas, lo de revolcarse le costó a Cory un sermón de una hora sobre las prácticas sexuales de riesgo, adoraba ver las estrellas, le recordaban a su madre y cuando le contaba cuentos inventados sobre los nombres de las estrellas.

-¿Un hombre?- preguntó Mel ansiosa. Le habían convencido que la manera más fácil de hacer reaccionar a Connor era ponerle celoso y se había dedicado a sonreír coquetamente a cuanto ente masculino apareciera en su rango de visión.

-¿Unas vacaciones?- preguntó Cory, pensando en el cerro de tareas que debía entregar el lunes, que evidentemente no entregaría, estaba aburrida y hastiada y así no podía concentrarse.

-¿Un romance con un chico apuesto?- preguntó Mary, pensando en lo bien que se lo había pasado toda la tarde platicando con Sirius.

-¿No es lo mismo que pidió Mel?- preguntó Kat acurrucada entre Mel y la rubia, pensando en que ella necesitaba escapar de todo.

-No- Mary movió la cabeza -Mely quiere sexo salvaje con un cualquiera, yo quiero sexo salvaje con alguien especial- sonrió, recordando las manos de Sirius, aprovechadas, que mientras le hacían cosquillas, le recorrían el cuerpo, provocándole descargas de adrenalina y ese cosquilleo en el bajo vientre, y de no haber estado sus amigos presentes, habría hecho hasta lo imposible por terminar usando las tumbonas según las ideas de Cory.

-Aghhh…- Kat puso cara de asco, viendo la cara de tonta de su amiga -No me hagas pensar en eso. Ahora tendré que lavarme el cerebro.

-Kat, el cerebro no se puede lavar…-

-¿Cómo que no se puede lavar? ¿Y los lavados de cerebro qué?-

-Esos no son lavados, lavados, sino convencimientos para que hagas algo que no harías normalmente…-

-No- volvió a retomar la palabra Lily.

-¿Cómo que no? Eso es un lavado de cerebro aquí y en China

-Me refiero a que lo que necesitamos es una noche de chicas, no a todo lo que dicen-

-Claro- contestó cínicamente Mel -y que vuelvan a hacernos alguna de sus jugarretas, ¿no? por cierto Kat, ¿Cómo está Jakie?

-Insoportable, con antojos, se la pasa pidiendo que la mimen…

-Kat, los gatos no pueden tener antojos.

-¿Es qué pretendes destruir todas mis creencias, especie de güera oxigenada?- castaña y rubia se miraron retadoramente.

-¿Quieren escucharme de una buena vez?- gimió Lily exasperada. Las cuatro chicas se volvieron a mirarla -Quiero decir que necesitamos ir a un lugar donde podamos liberarnos de la presión que nos ocasiona la vida diaria, algún lugar donde podamos desahogarnos del estrés emocional, un sitio en el que seamos nosotras mismas y a la vez gocemos de la libertad de…

-Eso me suena a un antro- resumió Kat.

-A mi también- confirmó Mary.

-Vaya, hasta que me das la razón en algo.

-No seas así, te di la razón de que podías besar a quién quisieras…

-Claro, porque era para llevarle la contraria a Reg.

-Y gracias a ti, le metió la lengua a Potter hasta el estómago- Cory se fue para atrás en la tumbona, cuando Lily se levantó como si tuviera un nuevo resorte en el trasero.

-¡¿QUÉ HICISTE QUÉ?!- preguntó casi, casi, histérica. Digo casi, porque solo le faltaba tirarse de los pelos y gritar desesperada, porque la cara de salida total, ojos abiertos, mandíbula caída, expresión de furia, ya la tenía.

-Besé a James- respondió Kat con una sonrisa ladina -y, pelirroja, permíteme decirte que te has perdido el cielo…

-El problema es precisamente ese… que lo he visitado.- respondió Lily tan bajito, que solo la mosca que pasaba junto a ella le escuchó.

-¡Y qué beso!- dijeron a coro Mary y Cory.

-Nada más de verlo se antojaba una ducha fría…- comentó Mary maliciosa.

-Pues Black no tiene cara de ducha fría- le respondió Cory burlona.

-Pero tendría el mismo efecto, bajar la calentura, o subirla, según se mire…

-¿Entonces?- habló Mel, queriendo cortar el rollo que soltaría Mary sobre los atributos de Sirius, y emocionada ante la perspectiva de ir a un antro, nunca había ido a un antro. -Nunca he ido de antro.

-Vamos- Lily se encogió de hombros.

-¿Te sientes bien?- Cory se acercó a ella, fingiendo tomarle la temperatura y el pulso.

-Sí, no seas pesada- se la quitó de encima y miró a sus amigas expectante.

-Por mí, va- dijo Kat poniéndose de pie -tengo unos trapitos que no he estrenado aún.- Cory la miró suspicaz. -¿Qué?- preguntó picada.

-Que temo esa definición de trapitos-

-¿Me prestarías algo sensual?- preguntó Mel, interrumpiendo una nueva discusión sobre el vestuario, o la escases de él, de la Raven.

-Claro- las dos castañas se pusieron de pie y caminaron hacia las puertas de cristal -Voy a buscar mis cosas y nos arreglamos aquí…

-¡Alto ahí!- dijo Lily. Las chicas se volvieron desilusionadas, pensando que la razón había vuelto a la pelirroja cabeza de la pelirroja -No podemos vestirnos acá, Potter y compañía nos verían. Además, tenemos que ultimar los detalles de la salida, como vamos a salir, a donde vamos a ir, quienes vamos a ir, todo eso.

-Lily, le quitas la emoción de lo espontáneo al asunto- respondió Kat, abriendo las puertas -del como salimos me encargo yo- sonrió.

-¿Qué vas a hacer?- preguntó Lily, entrecerrando los ojos, suspicaz.

-Ir de caza, engatusar a alguien, llámalo como quieras.- se dio la vuelta y salió rumbo a su ratonil objetivo.

-Un detalle menos- la pelirroja se volvió hacia las otras tres, Mary ya estaba casi adentro.

-Quiénes iríamos es lo más fácil, nosotras cinco, Dorcas y Evolet si se anima- respondió Mary -Yo voy a avisarles.

-El dónde, mi querida Lilian, solo tiene una respuesta: "El Nefertari"- Mel sonrió y salió detrás de la rubia.

-Para no haber ido nunca de antro, Mel sabe de antros- Cory miró a Lily -Ahora que estamos solas, desembucha Evans- Lily suspiró.

-Me besó-

-Pero que descarado. Qué se cree ese infeliz de Lance, el que sea tu novio no le da derecho a besarte si tú no quieres… aunque pensaba que eso era lo que querías… no, si ya lo decía la madre de Melinda, todos los hombres son iguales, menos su padre, porque aunque sea tu novio no debe besarte si no se lo has autorizado…

-Cory…- la morena interrumpió su discurso "insultemos a al género masculino" y miró a Lily –Potter. Me gustó. Mucho.

-Los dioses del panteón romano nos asistan- Cory cayó sentada de golpe.

Alí Baba que estoy haciendo ¡oh!

Trágame tierra, ábrete sésamo

Que en esta historia acabo siendo el malo yo

Ya me la coma o no

-¿Cómo se te ocurre eso James? ¿Te has vuelto loco?- gritó Remus.

-No es mala idea Cachos, de todas formas no vamos a perder. Aunque deberíamos entrenar un poco más, solo para estar seguros.

-Deja de darle cuerda Sirius, no importa el partido ni el estúpido quidditch…- Remus daba vueltas cruzando el cuarto.

-Calla Lupin, no quiero que vuelvas a decir una herejía como esa, nunca jamás- el moreno se levantó y miró de malos modos a Remus, amenazándole con una varita de regaliz.

-Es que no ves lo relevante, Lunático- respondió James revolviéndose el cabello indomable -El imbécil de Lance ha sido capaz de apostarla, contra una estúpida e insignificante escoba…-

-Calla Potter, no quiero que vuelvas a decir, nunca jamás, una herejía como que tu escoba es insignificante, mucho menos estúpida - Sirius miró amenazante ahora a James.

-¡Cállate Sirius!- le callaron los otros dos.

-El punto es que si la ha apostado, es porque no la valora lo suficiente, que no le importa. Eso quiere decir que tarde o temprano la va a dejar y…- James calló cuando notó las miradas de sus amigos fijas en él -¿Qué?

-¿O sea que tú si la valoras?- preguntó Remus, burlón, sin que la sonrisa le llegara a los ojos.

-¿Más que a tu escoba?- preguntó Sirius con cara de angustia.

-Claro que no- respondió James poniéndose nervioso -Dije que Evans sería mía y eso es lo que pretendo… ¿Qué?

-La quieres- contestó tajante Remus.

-No lo escuches Jimmy- Sirius se tiró encima de él y le tapó los oídos -Vade retro, Satanás- dijo mirando a Remus como si estuviera realmente frente a un demonio.

-Quita Canuto- respondió James, empujándolo -Y no Lunático, te he dicho que Evans solo me gusta, mucho, es cierto, pero de ahí a sentir algo por ella…- puso cara como diciendo "no inventes, que cosas dices, el loco eres tú".

Mientras una vocecita le recordaba lo dulce que sabían sus labios, a frutillas, lo suaves que eran, el tacto de su cabello sedoso y lo bien que se amoldaba su esbelto cuerpo al suyo. "No Potter, no puedes sentir nada por ella. Te gusta. La conquistarás, será tuya y fin de la historia. Se acabará la malsana obsesión que te ha entrado con la pelirroja".

-La quieres- volvió a afirmar Remus.

-Joder, pero que manía tienes tú con que Bambi quiera a la furia pelirroja- le reprochó Sirius poniéndose de pie, -Ya dijo que no, que no siente un carajo por ella, ¿verdad Bambi?- James asintió con la cabeza -¿Ves? Deja de dar ideas lobito.

-Ya me darás la razón, James.- Remus les sonrió, sacando su libro de DCAO.

-¿Cuánto?- preguntó Sirius.

-¿A qué James está enamorado de Lily y me dará la razón tarde o temprano? Sirius, no deberías apostar con la felicidad de tu amigo- Remus puso su mejor cara de prefecto poniendo orden, mientras Sirius le sonreía.

-¿Otros diez?-

-Hecho- los dos cánidos volvieron a realizar el acuerdo de los términos de la apuesta.

-¡Hey!- protestó James. –Qué están apostando sobre mí y mis sentimientos…- Sirius lo miró amenazante, gruñéndole y enseñándole los colmillos -sentimientos que no tengo ni llegaré a tener - Sirius le sonrió, mostrando toda su blanca hilera de dientes.

-Quince días- dijo Remus mirándolo de arriba abajo -En menos de quince días ha reconocido sus sentimientos- declaró. "Y yo ya no tendré oportunidad nunca de decir lo que siento. A ninguno." Pensó tristemente.

-¿Dónde coño se mete Colagusano a todas estas?- preguntó Sirius, ignorando las protestas de James, notando que faltaba la chillona vocecita del cuarto merodeador, tratando de apostar una menor cantidad.

-Ni idea- respondió Remus anotando los términos de la apuesta en una libreta negra, donde tenían todas las apuestas realizadas desde primer año, estadísticas de ganadores, dinero apostado, dinero ganado, apuestas pendientes, etc. –Le perdí de vista después de la exhibición de exploración de lenguas de Jimmy en el pasillo.

-Bien Lunático, bien, ¿quieres mi prematura muerte o que Sirius termine en Azkaban?- comentó James irónico, cuando notó la mirada asesina de Sirius.

-Ninguna- Remus alzó la vista y sonrió -solo quiero saber si fuiste por una ducha fría o a terminar lo que empezaste- James tragó saliva cuando vio que el moreno se acercaba con intenciones nada buenas.

-Con amigos que te traicionen de esta manera, quien necesita enemigos…- se paró sobre la cama.

-¿En qué pensabas cuando le metiste la lengua, degenerado?- preguntó Sirius con voz grave. – ¡Pervertidor de menores!

-¿Cómo que en qué pensaba?- preguntó James tratando de sonar calmado y de calmar a Sirius, pero sin poder dejar pasar la broma -¿en qué piensas tú cuando le metes lengua y mano, entre otras cosas, a una chica?

-Error Potter- Sirius seguía acercándose, y la verdad daba un poco de miedo verle en esa actitud amenazante, usando todo su poder intimidatorio patentado por los Black.

-Ella me besó Canuto, ¿qué podía hacer? ¿Herir sus sentimientos rechazándola?- la verdad era que James pensaba en Lily, ahora que lo pensaba, pero primero se dejaba matar por Sirius que reconocer que pensaba en ella mientras besaba a otra, con todo y que su cuerpo reaccionara ante el contacto de Kat. "Joder, cualquiera no reacciona con esos… atributos"

-Meterle mano, desde luego que no- dijo Remus, buscando un espacio para poder asentar su libro, mientras Sirius comenzaba a perseguir al de gafas por todo el reducido cuarto.

-No me ayudes Lupin- le gritó pasando por su lado -Y a todas estas ¿a ti qué más te da?- James corría, tirando almohadas y sillas, para dificultar el camino de Sirius -Has dicho mil veces que te importa una mierda lo que Kat haga, pues déjala que haga, que lo que hace lo hace muy bien.- sonrió pícaro.

Remus había encontrado una silla, la había puesto en pie, se sentó en esta y comenzó a repasar, levantando los pies o el libro, según sus amigos pasaban, sin interrumpir un solo momento su lectura.

-¿Qué lo hace bien? Te mato Potter, te entierro, te descuartizo y te mato- amenazó Sirius tirándole una almohada, que logró romperle las gafas.

-Será que lo matas, lo descuartizas y lo entierras Canuto- corrigió Remus dando vuelta a la página. –De otra forma es imposible.

-¡Mis gafas!- exclamó James cogiéndolas de una pata –Eres perro muerto Black, no tocaba cita con el médico hasta el próximo año- agarró una almohada y se la tiró encima, errando por muy poco.

-Tú eres un ciervo muerto, so pervertidor de menores- Sirius contestó de la misma manera.

Los almohadazos comenzaron a cruzar la habitación, mientras Remus continuaba impasible con su lectura. Cuando alguno de los golpes se acercaba un poco, ponía en práctica sus avanzados conocimientos sobre encantamientos y los desviaba, con tanta puntería que solía atinarle a alguno de los dos morenos.

Estuvieron así durante una media hora, segundos más, segundos menos. Hasta que tanto James como Sirius, cansados de enviar, esquivar y repeler almohadazos se miraron.

-¿Tregua?- preguntó Sirius jadeando, cubierto de plumas, todo despeinado y con la ropa desarreglada.

-Tregua- respondió James, con igual apariencia y una almohada en la mano. Los dos morenos se volvieron a mirar, justo en el momento en el que Remus pasaba la página.

-¡Muerte al lobo!- se abalanzaron sobre el desprevenido licántropo, reiniciando así, una guerra de almohadas, que terminó en una habitación repleta de plumas y tres chicos cubiertos de dichas plumas, y algunos hechizos que les dejaron las orejas bailando, el cabello color rosa y la cara cubierta de mocos.

-Peter ya tardó mucho, ¿no creen?- preguntó Remus cuando las plumas hubieron caído al suelo y los tres se encontraban despatarrados recuperando el aliento en la cama de James.

-Hay demasiado silencio- dijo Sirius, notando que fuera del cuarto no se escuchaba el parloteo incesante de las chicas.

-Esto no me gusta- dijo James abriendo la puerta de su habitación.

Y venga dai amore dai dimmi chi sei

Tú que de repente prendi tutti i sogni mei

Y para los que sienten curiosidad, minutos antes, Peter estaba parado, temblando de emoción, en uno de los pasillos que llevaban a la sala común de los Premios Anuales, mientras una chica le sonreía de forma cautivadora, movía las pestañas provocativamente y le hacía mimitos.

Para cuando le colocó una mano en el brazo, Peter hubiera sido capaz de darle hasta su número de cuenta en Gringotts. Pero a ella solo le interesaba un dato.

-La estatua de la bruja tuerta- respondió Peter, sintiendo un escalofrío en la espalda, cuando la chica le preguntó, casi, al oído, ronroneando, cómo era que llegaban hasta Hogsmeade -Generalmente usamos ese pasadizo que lleva hasta la parte trasera de Honeydukes cuando queremos ir por dulces.

-Gracias Pete, has sido muy útil- le sonrió, guiñó un ojo y se alejó contoneando las caderas felinas, dejando al pobre chico soñando con melenas castañas y ojos verdosos.

Y una gran necesidad de una ducha fría.

Y Eva le cuenta toda su amistad

Que Adán va haciendo obras de caridad

Y al gato mata la curiosidad

Yo me la como ¿O no?

Los tres chicos salieron del cuarto y solo vieron a Connor y DJ sentados en el sofá platicando.

-¿Qué hay chicos?- saludó Connor, mirándolos extrañado por el estrafalario aspecto que traían.

Con un sencillo hechizo, Remus puso en orden lo que estaba desordenado, incluyendo la apariencia de los tres.

-¿No han visto a Peter?- preguntó el licántropo.

-No. Veníamos a ver a Mel, pero creo que aun no ha venido- contestó DJ, mientras el moreno asentía.

-Estaban acá hace más de media hora…- respondió James. -¿No han visto a Lily?- los dos Raven negaron con la cabeza.

-Tampoco está en su cuarto- comentó DJ alzándose de hombros. James frunció el ceño "¿cómo demonios sabía que no estaba en su cuarto?".

-¿Mary y Cory?- preguntó Remus extrañado.

-Ni idea- respondieron a coro. Los seis se miraron entre sí.

Sirius iba a preguntar por Kat, pero sabía la respuesta de antemano. Nadie tenía idea de donde se metía cuando le entraba esos ataques de "necesidad que le rascaran la pancita", palabras textuales, aunque Sirius tenía algunas cuantas sospechas y la idea de verla rodeada de Slytherins, no le agradaba en absoluto.

Remus, James y Sirius se sentaron en los sofás. DJ y Connor reanudaron su conversación.

-Pero Keith Richards será hoy y siempre, el mejor…

-No me jodas Con, ninguno como Brown y Clapton, la caña cuando tocaban con Cream. "Sunshine of your love" fue el despunte de las rolas de un arranque de inspiración generado por ácido. Si quieres una buena rola cuando te des un buen pase…

-¿Cream?- metió su cuchara Sirius -Se nota que de música y rock no tienes puñetera idea, Thomas, los Stones y su "simpaty for the devil" es lo más jodidamente bueno que ha parido madre. No existe nada más sublime. Nada mejor que los requintos de Richards. Aunque los excitantes acordes de Townshend en Quadrophenia, de igual forma son la verga.

-En gustos se rompen géneros Black. Para niños blancos mimados, The Who y los Stones, junto a los Beatles- señaló a Remus con la barbilla y este alzo la mano -son un orgasmo musical, que reflejan su inconformidad y su lucha y esas madres, pero no tienen jodida idea de que hay detrás de la música- le contestó DJ sin perder la sonrisa y la expresión imperturbable característica en él -Pero veo que cuando menos sabes algo de música. Y ya veo de dónde saca Kat su obsesión por Jimmy Cooper y Mick Jagger.

-Katrina no sabe mucho más de música que la orquestina que escucha en las reuniones familiares.- Sirius se inclinó hacia adelante -y siempre ha tenido pésimos gustos en hombres…- le sonrió altanero.

-De que sabe de música, sabe - se metió Connor, tratando de calmar a su amigo, que comenzaba a perder su apariencia de "peace and love" -¿Nunca la has visto tocar guitarra?-

-No- contestó Remus con un destello lobuno en los ojos -pero la hemos visto tocar otras cosas, ¿No Cornamenta?

-¿Es qué no van a dejar el tema nunca?- exclamó James exasperado, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

-¿De qué hablan?- preguntó DJ, justo cuando Sirius les pegaba a James y Remus con los cojines.

-¿Han visto a Dorcas?- Abe llegó en ese momento, evitando lo que habría sido una nueva masacre, con cara de haber recorrido todo el castillo y no haber encontrado lo que buscaba.

Los seis chicos presentes se miraron entre sí, menos DJ y Sirius que evitaron mirarse.

-Esto me huele mal, muy mal…- dijo James poniéndose de pie.

-Perdón- en ese momento entró Peter, con cara de haber tenido el mejor polvo de su vida.

-No tú Pete- comentó Remus, tapándose la nariz, por las dudas. –Las chicas han desaparecido-

Peter calló. Después de todo, a él no le habían preguntado nada, ¿verdad?

Mientras el resto se alejaba disimuladamente de Peter, James sacó el valiosísimo mapa del Merodeador, constatando que las chicas no aparecían por ningún lado. Iluminado por una de sus repentinas ideas, abrió la puerta del cuarto de Lily.

-Lumus- y entró seguido de DJ.

-No creo que sea buena idea que nos descubran acá- dijo Remus entrando detrás del rubio, este se limitó a sonreír, alzarse de hombros y a meterse las manos a los bolsillos.

-Yo tampoco- Connor entró después. –Pueden inventar alguna locura para mantenernos de esclavos de nuevo.

-Como si te hubiera costado demasiado…- le reprochó Abe a sus espaldas.

El cuarto de Lily era un verdadero caos. Había ropa tirada por todo el cuarto, zapatos, de colores imposibles de discernir por los chicos, puestos por doquier, maquillaje sobre la cama y una combinación de perfumes que flotaba en el ambiente.

-Esto no es de Lily- comentó James sosteniendo con dos dedos, como pinzas, un sostén color negro con puntos blancos y encaje del mismo color.

-Es de Kat- respondieron a coro DJ, Peter, Connor y Remus.

-¿Ustedes como lo saben?- preguntó Sirius agarrando su varita y encarándoles amenazante. Los dos Raven hicieron caso omiso del berrinche del hermano celoso, Peter tembló colocándose detrás de Remus, mientras que el lobito se dedicaba a tranquilizarle.

Claro, nadie le preguntó a James como sabía que dicho sostén no era de Lily. La respuesta es obvia hasta para nosotros.

-Qué tú no te fijes en lo obvio, no quiere decir que los demás no lo hagamos- le dedicó una sonrisa, que logró de todo menos tranquilizarle, unas palmaditas, que lograron enfurecerle más, y se alejó rumbo al baño.

Siguieron caminando entre la ropa como si caminaran por un campo minado, cada prenda interior que pasaban, era alejado, hipócrita y rápidamente, como si fuera una granada de mano.

-Canuto- se escuchó la voz de Remus desde el baño -devuelve eso-

-¿Cómo sabías que…?- cuando Remus asomó la cabeza, los demás notaron que del bolsillo izquierdo del pantalón de Sirius sobresalía un pedazo de encaje verde limón.

-Te conozco- todos miraron al moreno con cara de "que depravado eres"-y ustedes también...- Un coro de "aguafiestas" se escuchó por toda la habitación, mientras comenzaron a sacar de sus bolsillos ropa interior de diferentes colores, con cara de "que depravados somos".

Siguieron buscando y rebuscando entre las cosas, sorprendiéndose de la cantidad de maquillajes que podrían tener las chicas y los estilos diferentes de zapatos… ok, ok, no les interesaban ni el maquillaje ni los zapatos, pero no he querido dejarlos mal diciendo que seguían contemplado con caras de degenerados absolutos y totales la ropa interior tirada por todos lados.

Abe se atragantó cuando uno de ellos, omitamos nombres y concedámosles el derecho a la privacidad, levantó una tanga color rosa con coquetos moñitos de encaje del mismo color. El aludido estudiaba dicha prenda con fascinación. Misma que fue interrumpida por Remus saliendo del baño. Todos los chicos, menos del que hablábamos, ya que dichas caras son imposibles en él, incluso cuando lo intenta, pusieron cara de inocencia.

-Después de mucho averiguar, de comparar todas las pistas y los datos proporcionados por la escena del crimen, puedo dar el veredicto...- silencio expectante -Se fueron de juerga- declaró Remus solemne, ajustándose un falso monóculo.

-¿Cómo lo descubrió, inspector?- preguntó James sarcástico.

-Elemental mi querido Cornamenta- respondió Remus sosteniendo una tarjeta de presentación con una pirámide que brillaba a contra luz.

-El Nefertari- respondieron a coro los demás.

-¡Pero Mel es menor de edad! No puede entrar a un lugar así- se quejó Connor, imaginado a la dulce e inocente Mel en brazos de algún mesero, que solo usaban taparrabos y se pintaban el cuerpo de dorado con decorados egipcios, bailando alguna canción sensual.

El crujido de una base de polvo de maquillaje, color peach con apariencia sedosa y corrector de imperfecciones, resonó por toda la habitación.

-Sí, pero va con dos maestras del engaño- contestó DJ, quitándose la camisa del uniforme, agarrando una camisa de manga larga azul pastel con holanes y poniéndosela ante la mirada atónita de los demás.

En primera, por encuerarse de esa forma tan escandalosa (por favor, si el chico está como chocolate blanco, para comérselo de a mordiscos. Ventajas del quidditch, dicen.) Y en segunda, por haberse puesto ropa de mujer.

-No sé ustedes pero no pienso quedarme encerrado mientras ellas se lo pasan bomba.- se miró al espejo, se alisó un poco el cabello, entró al baño y se mojó la cara. A final de cuentas, tenía el aspecto de un hippie pasado de moda. Nada fuera de lo normal en él.

-¿Vamos?- preguntó desde la puerta.

James y Sirius corrieron al cuarto del primero a cambiarse y acicalarse como es debido. "No podemos dejar que nos vean en fachas, Jimbo ¿qué van a decir nuestras admiradoras?" Mientras el resto se arreglaba lo mejor posible.

Después de cuarenta minutos, en los que al pragmático DJ le dio tiempo de ir a darse una ducha, vestirse con ropa masculina, rasurarse la barba ("tú no tienes barba, tienes tres pelos de escoba"), peinarse, colocarse el arete de oro blanco que usaba en ocasiones especiales, coger un poco de hierba, ("por lo que se ofrezca. No nos van a dejar pasar con eso, déjala. ¿Cómo qué la deje? es la mejor hierba que ha dado el invernadero número tres. Vale ¿me invitas?"), a Peter de echarse una siesta, a Remus de terminar los dos metros de tarea que les había puesto Slughorn, a Abe de ir a regañar a una de las zorras de sus hermanas por haber sido cachada en pleno faje con un compañero de Hufflepuff y de paso a la otra, para prevenir; Connor y el resto de los Merodeadores estuvieron listos.

Por si se lo preguntan, porque yo sé que lo hacen, comentemos de pasada como iban vestidos. James con unos jeans azul marino y una polo blanca de manga larga. Sencillo y elegante, como él, y aun así se veía increíblemente atractivo. Sería tal vez la camisa abierta en los botones de arriba, dejando al descubierto su bien formado torso, el cual ha constatado Lily, o que se ajustaba bastante bien a sus brazos formados por el quidditch.

Sirius, haciendo honor a su apellido, con unos jeans negros, ajustados justo lo suficiente como que cualquiera que estuviera miope y le viera a un kilometro de distancia, pudiera notar su insultante buena anatomía. Una camisa gris, a juego con sus ojos, cita textual, y su inseparable chamarra de cuero negro. Inútil, ya que había calor y de todas formas se la quitaría a la primera de cambios. Pero completaba a la perfección su imagen de rebelde sin causa.

Omitamos a DJ, que lo único que cambiaba en su apariencia era que la ropa ahora si le pertenecía. A Peter, porque como fuera, francamente nos da igual.

Connor vestía un pantalón rojo quemado, de esos acampanados que tan cómicos se veían en los hombres de aquel entonces, y una camisa negra. Rara combinación, pero en alguien moreno con el moreno Raven, eran los colores perfectos, que resaltaban sus ojos profundos y templados. Abe usaba una camisa de manga larga, de seda rosa y jeans acampanados. ¿Exótico? Aun así su imagen de niño bueno resaltaba, dándole esa apariencia dulce e inocente que era imán de chicas.

Y por último, pero no menos importante, nuestro licántropo favorito, aunque como él es un alma sensible, que no se deja llevar por las apariencias y cuyo principal atractivo es su cerebro, no se esmeraba en arreglarse tanto como sus dos vanidosos amigos.

Mentí.

El que sea sensible no quiere decir que no deje salir su parte lobuna y cazadora de vez en cuando, por lo que iba preparado para la ocasión con unos jeans azul claro, ajustados a su frágil apariencia de aspecto enfermizo que despierta nuestros instintos maternales, y una camisa, igualmente ajustada, color arena, que resaltaba sus ojos dorados. Es sensible, repito, no de piedra.

-¿Cómo vamos a entrar?- preguntó Connor cuando salían del cuarto.

-¿Por la puerta?- contestó Peter todavía adormilado. El golpe que le dio James en la nuca bastó para despertarle un poco.

-Se refiere a qué no tenemos invitación ni reservación- respondió Remus siempre paciente. Con Peter, se entiende.

James y Sirius se miraron y sonrieron, con esas sonrisas que arrancan suspiros de la población femenina mundial (suspiro).

-Eso, novatos, déjenselo a los expertos-

-¿Sabes que me intriga?- preguntó DJ, después de dar vueltas y vueltas por el castillo, evitando que Filch les descubriera.

-¿La paz mundial?- le contestó Sirius burlón.

-Aparte- DJ estuvo a punto de tirarle un golpe con el puño cerrado al moreno, pero Peter se lo impidió. Su cabeza atravesándose, para ser más exactos. –Cómo es que salieron del castillo.

-Vamos Thomas, ¿no me digas que nunca te has fugado de noche?- preguntó James mirando en el mapa cuando todos estaban distraídos, tratando de responder tan importante incógnita. Y es que no sé por qué nos creen inútiles para esos aspectos de la vida, pero en fin, sigamos adelante.

-Y de día, pero nunca le comentado a Cory el método para salirnos- miró inquiridoramente a Connor y a Abe que negaron con la cabeza, y le interrogaron con la mirada a su vez. –Ni a Kat- contestó adelantándose a la pregunta. –Y no creo que las otras tengan la suficiente capacidad para encontrar la forma de burlar a Filch y escaparse- ¿lo ven? Ingenuos.

Peter comenzó a temblar.

-¿Las maestras del engaño?- volvió a preguntar James con un pícaro brillo en los ojos.

-¿Te pasa algo, Pete?- preguntó Remus notando el nerviosismo de su amigo.

-Tal vez… tal vez…- tartamudeó. Sirius le dio otro golpe en la nuca para destrabarlo -¿por el pasadizo de la bruja tuerta?- aventuró como quien no quiere la cosa.

-No hay forma de que supieran como…- Sirius negó con la cabeza -a menos que alguien se los haya dicho…- miró a Peter que se estremeció notablemente -¿Tú se los dijiste?- preguntó, levemente enfadado.

-Puede que tal vez se lo haya comentado a Kat… a Patterson cuando vino a platicar conmigo…- contestó recordando el momento como el mejor de su vida.

-Ya- dijo Remus de nueva cuenta en su papel de detective -por eso traías esa cara de salido de haber echado el mejor polvo de tu vida.

Sirius se giró rápidamente hacia Peter y lo miró con ojos furiosos.

-Remus, te parecerá bonito seguir estimulando los instintos asesinos de Sirius- le reprochó James antes de halar a Sirius de la manga para evitar dicho asesinato. -Parece que nuestra querida Katrina se ha convertido en toda una rompecorazones.- le dijo cuando caminaban por delante de los demás.

-Es solo que no ha encontrado un hombre que la comprenda- contestó Sirius con demasiada rapidez y seriedad, dejando atónito a James.

El comportamiento de su amigo sobrepasaba los límites de celos de hermano mayor. Más bien parecía que no quería que cualquiera, entiéndase por cualquiera, cualquier ser con cromosomas XY, la mirase siquiera. Y no se diga de recordar sus… atributos. Ya hablarían cuando tuvieran algunos whiskys de fuego encima.

Los siete chicos abrieron la puerta principal, que pocas veces cerraban a cal y canto, y salieron al patio central. Ahí comenzaron las discusiones sobre qué camino tomar. Cuando al final se decidieron, quince minutos después, se dirigieron al campo de quidditch, tomaron algunas escobas del armario, que aparentemente tampoco cerraban nunca, dieron una patada al suelo y se elevaron con rumbo a Hogsmeade.

Teniendo que regresar James cuando Peter no pudo despegar.

Y DJ cuando se le cayó su bolsita de hierba.

Y Sirius cuando no estaba seguro de que estaba bien peinado y quería un espejo, olvidando que traía uno en el bolsillo.

Y Abe cuando…

-¡YA VAMONOS CARAJO! ¡A SABER LA CLASE DE PERVERTIDO QUE MANOSEA A MI LILY Y USTEDES CON SUS GILIPOLLECES!- Gritó furioso James, provocando que un unicornio curioso asomara el cuerno y el hocico para ser atrapado por una acromántula que fue cazada por un centauro.

-La quieres- le retó Remus, ganándose una mirada asesina de parte de James, que no tenía nada que envidiar a las de Sirius celoso, el basilisco y Lily cuando le gritaba al de gafas, todas juntas. Remus enrolló la cola entre las patas, bajó las orejas y se agachó, reconociendo la supremacía de su alfa. O lo habría hecho de estar en su estado lobuno, con todo y que James fuera un ciervo.

Cuando comprendieron la furia de James, y recordaron en donde estaban las chicas e imaginaron lo que podrían estar haciendo, salieron volando, literal y metafóricamente, hacia Hogsmeade.

Y mientras ella plancha el corazón

Yo le doy bambú

Y mientras que ella con pasión

Da la llave yo le doy bambú

Bambú.

Y Juro que lo intento!!! Pero a veces me salen los capis demasiado largos, este es uno de ellos.

Y bueno, después de miles de años, una leve depre por los pocos reviews y las ganas de mandar todo por un tubo, he vuelto. Y si a alguien no le gusta, que lo diga. Y si les gusta, que lo digan!!!!

Prometo que poco a poco se pondrá mejor…

Les dejo un besote a todos aquellos que pasan y no se fijan en las letritas verdes…